"¿Quíen es ella?"
 [Prologo] ━━ "Inicio del Todo"
Megumi tenía tan solo seis años cuando encontró la foto.
No fue algo dramático ni especial al hacerlo, simplemente estaba revisando el cajón que normalmente su padre mantenía cerrado por mera curiosidad infantil. Toji no estaba en casa, o eso creía, pero aun así aprovecharía ese lapso de tiempo para inculcar en sus cosas, porqué Megumi tenía esa curiosidad latente a lo desconocido, lo que casi siempre lo metía en pequeños problemas.
El cajón no tenía muchas cosas. Un par de papeles arrugados, multas, algunas monedas, un encendedor... y una fotografía antigua.
Megumi al principio no la noto, estaba demasiado ocupado en revisar cuanto derrochaba su padre el dinero de la casa en apuestas clandestinas, fijándose solo en las multas.
Como de costumbre, Toji sobrepasaba los 20,000 yenes, provocando un bufido molesto de parte del menor de los fushiguros.
Pero antes de cerrar el cajón algo capto su atención, teniendo cuidado en tomarla.
En la foto estaba su padre, más joven pero con la misma mirada cansada. Tenía una mano en el bolsillo y una expresión casi irritada, como si lo hubieran obligado a posar. Pero lo que más llamó la atención del niño no fue Toji.
Era la mujer a su lado.
Estaba bien vestida, elegante, con una sonrisa tranquila. No parecía intimidada por el hombre alto y desordenado que tenía al lado; al contrario, parecía muy cómoda. Incluso se podría decir que feliz.
Megumi frunció un poco el ceño.
La mujer era muy bonita para que este solo interesada en su padre. No lo entendía en su cabeza, que hizo en aquel entonces su viejo para llamar su atención?
—¿Qué haces?
La voz de Toji apareció desde la puerta, interrumpiéndolo.
Megumi levantó la cabeza sin sobresaltarse. Ya estaba acostumbrado a que su padre apareciera sin hacer ruido y tratase de asustarlo.
—Encontré esto.
Le mostró la foto, buscando respuestas.
Toji se quedó quieto unos segundos.
Su mirada pasó de la fotografía al rostro del niño, reflexionando seriamente las cosas.
—¿Estabas revisando mis cosas?
Megumi dudó, no quería tampoco decirle que había revisado también sus multas,
—Un poco..
Toji suspiró, pero no parecía realmente molesto. Caminó hasta la mesa y se sentó, estirando una mano.
—Dámela.
Megumi se acercó y se la entregó con cautela.
Toji observó la fotografía durante un momento largo. Demasiado largo.
Megumi no sabía por qué, pero algo en el ambiente se volvió extraño. Como si la habitación estuviera más silenciosa de lo normal.
El niño observo y señaló la foto otra vez.
—¿Quién es?
Toji no respondió de inmediato.
Pasó el pulgar por el borde gastado de la fotografía. Luego dijo, con un tono más suave de lo que Megumi había jurado que nunca había escuchado.
—Fue mi mujer.
Megumi inclinó la cabeza incrédulo.
—¿Tu mujer?
—Sí.
Toji apoyó el codo izquierdo en la mesa, un tanto reflexivo.
—Mi reina.
Megumi abrió un poco los ojos.
Eso sí que era raro.
Su papá nunca hablaba así de ninguna mujer.
—¿Entonces... —Megumi pensó un momento— ella es mi mamá?
Toji lo miró.
Hubo algo extraño en su expresión, algo que Megumi no supo interpretar bien debido a su corta edad.
—Sí.
Megumi volvió a mirar la foto.
—Es muy bonita en la foto.
Toji soltó una pequeña carcajada ante su comentario.
—Eso es quedarse corto.
Megumi frunció el ceño con curiosidad infantil.
—¿De verdad era tan bonita como en la foto?
Toji levantó una ceja, antes de presumir y pavonear de la belleza natural de su difunta esposa.
—Lo era aun más. Mucho de lo que te imaginas mocoso.
El niño lo miró con atención.
Toji no parecía el tipo de persona que exagerara.
—¿Cómo era?
Toji se reclinó en la silla.
Durante un momento pareció considerar ignorar la pregunta.
Pero Megumi seguía ahí, mirándolo con esos ojos bonitos llenos de interés que a veces le recordaban demasiado a alguien.
Toji volvió a mirar la foto, fijándose en la mirada de su mujer.
—Era... muy rara.
Megumi parpadeó.
—¿Rara?
—Sí.
Toji se rascó la nuca.
—Era la única persona que no parecía asustada de mí.
Megumi no entendía muy bien eso.
—¿Por qué alguien estaría asustado de ti?
Toji lo miró de reojo, antes de responder lo obvio.
—Porque soy un tipo peligroso.
Megumi lo observó unos segundos.
—No pareces peligroso.
Toji soltó una pequeña carcajada.
—Eso es porque eres un niño.
Megumi volvió a la foto.
—¿Ella pensaba que eras peligroso?
Toji negó con la cabeza.
—No.
Una pausa.
—Decía que yo parecía... triste.
Megumi levantó la vista.
—¿Triste?
Toji hizo una mueca, como si ese recuerdo le resultara incómodo.
—La primera vez que la conocí me dijo eso.
Megumi se acomodó en la silla frente a él.
—¿Dónde la conociste?
Toji se quedó mirando la pared por un momento, como si estuviera viendo algo que no estaba allí.
Luego murmuró:
—En un bar clandestino.
Megumi inclinó la cabeza.
—¿Un bar?
—Sí.
Toji apoyó la foto sobre la mesa.
—Yo estaba sentado, tomando... como siempre.
Megumi escuchaba con total atención, ansioso de saber más.
—Ella entró sola.
—¿Mamá ingreso sola a un bar, sin nadie a su lado?
—Sí, y no me preguntes el porque.
Toji recordó la escena con una claridad inesperada, y eso que era un olvidadizo en sus ratos libres.
—Estaba demasiado bien vestida para ese lugar de mala muerte.
Megumi miró la foto otra vez.
Tenía sentido.
La mujer parecía elegante, y se notaba más, ya que el fondo implorado de la foto contrastaba su belleza natural.
—Pensé que se había equivocado de sitio —continuó Toji con calma—. Pero no. Se sentó a mi lado y empezó a beber.
Megumi abrió los ojos sorprendido.
—¿A tu lado?
—Sí.
Toji dejó escapar una pequeña risa, recordando perfectamente como su mujer casi se ahogaba al beber la quinta copa de alcohol, pero omitiría ese pequeño detalle.
No quería que el mocoso pensara que su madre era una bebedora.
—Y luego empezó a hablarme como si me conociera de toda la vida.—admitió con honestidad.
Megumi estaba completamente concentrado ahora, atento a todo.
—¿Qué te dijo mamá?
Toji lo miro de nuevo, antes de encoger sus hombros.
—Que parecía un tipo triste.
Megumi frunció el ceño otra vez, sin entender.
—Pero dijiste que eres peligroso.—dijo con reproche.
—Eso mismo le dije.
Megumi lo miro incrédulo.
—¿Y qué respondió?
Toji sonrió un poco.
Era una sonrisa rara de el. No era burlona ni arrogante como las que solía mostrar habitualmente.
Era... suave y melancólico, casi indescriptible de expresar.
—Dijo que los hombres peligrosos también pueden sentirse solos.—expreso sereno, ocultando lo que realmente sentía.
—Ya veo..
Megumi se quedó en completo silencio sin saber que decir, realmente queriendo almacenar toda esa información en lo que podía su cabecita. El pequeño apoyó la cabeza sobre sus brazos en la mesa y miro atento a su padre.
—Papá.
—¿Qué?—pregunto fingiendo desinterés.
—Quiero escuchar cómo se conocieron de verdad.—admitió en voz baja, no queriendo sonar tan infantil ante su padre.
Toji lo miró por un momento largo, dudando.
Luego dejó la foto sobre la mesa, resignado a actuar como un buen padre para su mocoso.
—Es una historia larga.
Megumi se acomodó mejor, restregando sus tobillos.
—No importa.—exigió a pesar del tiempo que requería escucharlo todo.
Toji suspiró fastidiado, el mocoso realmente tenia la personalidad de cierta personita.
Miró nuevamente a la mujer de la fotografía.
La única persona que alguna vez había logrado sentarse a su lado sin miedo a su temperamento. Y la única que lo había mirado como si no fuera un monstruo.
—Bien —dijo finalmente— Pero luego no me molestes cuando acabe.
Sus ojos se suavizaron un poco, tratando de recordar en que punto de su historia había conocido a su esposa, y actual difunta.
—Te contaré sobre la noche en que conocí a tu madre.
— ¿¡Enserio!?—pregunto entusiasmado el pequeño, queriendo saber más.
—Pero para entender esa noche —continuó Toji después de un momento— primero tienes que entender de dónde venía yo.
Megumi levantó un poco la cabeza de la mesa. No dijo nada, pero sus ojos estaban fijos en su padre con una atención casi incómoda. Toji notó esa mirada y chasqueó la lengua ligeramente incomodo.
—No me mires así, mocoso. No es una historia muy bonita al principio.
Megumi ladeó la cabeza, imperceptible.
—¿Peor que tus multas?
Toji lo miró unos segundos... y soltó una risa corta.
—Tsk. No, eso es imposible.
Se recostó un poco en la silla, cruzando los brazos mientras su mirada se perdía un momento en el techo, como si las palabras estuvieran escondidas allí arriba.
—Yo nací en un lugar llamado el clan Zenin.
El niño frunció el ceño, sin entender que era un clan.
—¿Un clan?
—Sí. Una familia grande. Muy grande. —Toji hizo un gesto vago con la mano, tratando de explicarle— De esas que creen que son más importantes que el resto del mundo.
Megumi pensó un momento.
—¿Cómo los villanos de los cuentos?
Toji soltó otra risa nasal.
—Peor. Los villanos al menos son honestos.
El silencio que siguió no era incómodo. Toji parecía acomodarse dentro de sus recuerdos, aunque claramente no le gustaba demasiado el lugar al que estaba regresando.
—Los Zenin tenían reglas para todo —continuó—. Reglas sobre quién valía algo y quién no. Sobre quién tenía poder... y quién debía agachar la cabeza.
Su hijo lo miro con mayor atención, bufando en voz baja cada que describía a su antiguo clan.
—Eso suena aburrido.
—Lo era.
Toji se rascó la nuca con pereza.
—También eran increíblemente machistas. Según ellos, los hombres con talento eran lo único que importaba.
Megumi miró la foto de la mesa, tratando de recordar si había visto alguna foto de su padre al lado del clan, pero no recordaba haber visto alguna.
—Entonces... ¿te querían mucho?
Toji lo miró.
Luego soltó una carcajada genuina, una de esas que casi nunca dejaba escapar.
—Ja. Ojalá.
Megumi parpadeó, confundido.
Toji se inclinó hacia adelante, apoyando un brazo sobre la mesa.
—¿Sabes qué pasa cuando una familia que cree que el poder maldito lo es todo... y tienen un hijo que no tiene ninguno?
Megumi pensó un momento, recapacitando un poco.
—¿Lo entrenan más?
Toji lo observó unos segundos, antes de negar con la cabeza.
—Ojalá hubieran hecho eso los bastardos.
Luego hizo un pequeño gesto con los dedos. Megumi en cambio, miró la mesa en silencio por unos segundos.
El pequeño queria saber la verdad tras la fachada arrogante de su progenitor. ¿Quen realmente era su madre?, pero a pesar de esa duda, solo pudo preocuparse y fijarse mas en la melancolia de su propio padre.
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!No olviden de dejar su apoyo a la historia! Me ayudan enserio con eso.