El indicado

Summary

Donde Agustín Giay es conocido por su fama de "gato rompe corazones" o donde Valentín Barco tiene un crush por el famoso chico de sexto año.

Genre
Romance/Erotica
Author
Ab
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Fiesta. Joda. Boliche. Alcohol.


Era una constante en la vida de Agustín Giay.


No había fin de semana donde no saliera a divertirse con sus amigos.


Algunos se preguntarán que le veía de entretenido al salir cada dos por tres. Y a veces ni él tenía la respuesta. Solo disfrutaba del hecho de pasar tiempo con sus amigos.


Aunque también, gracias a su físico y su gran sonrisa, la mayoría de las noches volvía a casa acompañado por alguien.


Y aunque la mayoría de las veces, él era honesto con sus parejas, una gran fama de “gato” lo acompañaba a donde sea que iba.


Él en sí no se consideraba “gato”, al menos no con un mal concepto, sino que consideraba que era un chico amable, responsable, simpático.


Pero no negaba que le costaba formar vínculos amorosos, principalmente por dos motivos, el primero, la mayoría de la gente tenía un mal preconcepto de él y el segundo, le costaba expresar un poquito bastante sus emociones, al menos, verbalmente.


Pero bueno, ahora lo importante era preparar un buen fernet, para arrancar bien la previa.


Estaba reunido con sus amigos del colegio en la casa de su mejor amigo, Alejo. Cada uno tenía un rol en el grupo, el día de hoy el suyo era preparar la bebida. A Maxi, le había tocado de conductor designado, Gino y Ale preparaban unas pizzas, mientras Nacho y Fede jugaban al metegol.


—Che Agustín fuiste hasta un glaciar a buscar hielo o por qué tardas tanto con el fernet — grito Federico desde el quincho.


—Ya va, no apures que si no te lo paso con toda la espuma — respondió, terminando de ponerle la cola al vaso, acercándose primero a Alejo.


—¿Podés creer que hoy también van los de 5to? — le comenta Gino.


—Y si el novio de este se conoce a medio colegio — señala a Alejo, quien solo se ríe.


— quería festejar a gran escala — comenta únicamente Alejo.


Sí, la joda de hoy era organizada por Matías, el novio de Alejo. El pelinegro estaba festejando su cumpleaños y claramente quería tirar la casa por la ventana.


Aunque supuestamente en un principio solo iba a ser algo de los de 5to año, Alejo lo había convencido de ir con sus amigos.


—¡Bueno! Vengan que ya están las pizzas y tengo 15 mensajes de Matías amenazándome para que llegue para ayer.


Mientras se acercaban el grupo de amigos pegó una carcajada, claramente conocían lo pollera que era su amigo.


—Dale, dale muchachos que lo único que falta es que Soule no nos deje entrar — dijo Agustín mientras agarraba una porción de pizza y todos lo seguían.





Valentín Barco era famoso en todo el colegio, por muchos motivos, desde su actitud prepotente hasta la simple belleza que cargaba con él. Pero para todos era una sorpresa verlo en esa noche, ya que no era habitué que el pelirrojo saliera a fiestas. Sin embargo, al ser el cumpleaños de su mejor amigo, no tuvo otra opción.


Hasta le había cumplido los caprichos en la ropa al pelinegro, así que estaba vestido con una musculosa color negra ajustada al cuerpo y unos jeans estilo mom, además, Matías le había puesto un poco de maquillaje pero no para ocultar sus pecas sino para resaltarlas.


Valentín sabía que era lindo, pero la cantidad de miradas que se estaba comiendo ese día, ya le estaban generando un poco de mal humor.


Bueno, menos una.


Claramente, sentía la mirada del ojiverde, en la otra punta de la casa, y obviamente sabía de quién se trataba, porque era casi imposible no conocer a Agustín Giay, uno de los pibes más facheros de sexto año.


Había notado la presencia de Giay desde que había llegado 15 minutos atrás, también sabía que la repentina llegada se debía a las amenazas que Matías había mandado a Alejo.


—quince años tardan en venir estos pelotudos, ya va a ver este tarado — dijo Matías, a su lado, mientras mandaba mensaje tras mensaje.


A veces, admiraba la paciencia del morocho, porque admitía que su amigo era bastante hinchahuevos.


Pero volviendo a lo importante, obvio, que conocía Giay, y claramente sabía cuáles eran sus intenciones con él en ese momento. Y ante eso tenía una contradicción en su cabeza. Es que a Giay siempre le había gustado, podría decirse que tenía un crush con él, pero conocía de la mala fama del mayor.


Pero igualmente quiso hacer una prueba, correspondió por unos segundos la intensa mirada de Giay y después, empezó a caminar hacia la cocina de la casa.


Una vez llegó a la cocina busco algo en la heladera para poder armarse un trago, vio que había una coca y sobre la mesada una botella de fernet que todavía tenía como para un trago.


En su cabeza se preguntaba si su plan había rendido frutas y Giay lo había seguido.


Al darse vuelta para volver hacia afuera obtuvo su respuesta.


La belleza de Agustín siempre dejaba tieso al colorado, su piel color caramelo hacía contraste con la camisa blanca que tenía puesta con tres primeros botones desabrochados. Los rizos rebeldes, que caían sobre su frente, le provocaban un cosquilleo en la mano de Valentín ante sus ganas de acomodarlos y sobre todo, esa mirada, sus ojos estaban más verdes y brillantes esta noche mirándolo con una intensidad que lo partía a la mitad.


“No puede estar tan fuerte este hijo de puta” pensó Valentín.


En ese momento, el pelirrojo se sintió acorralado, movimiento que hiciese, movimiento que podría ser interceptado por el mayor.


Así que tenía dos opciones: salir corriendo o corresponder ese lazo que había surgido entre los dos.


Así que dio un paso para atrás, invitando a Giay a acercarse. Este, sin perder tiempo, dio un paso hacia el otro.


Continuaron así, hasta que Valentín sintió que chocaba contra algo detrás de él, seguramente la heladera.


— Valentín Barco, ¿no? — preguntó Agustín apoyando una mano al costado de la cabeza de Valentín, haciéndolo sentir totalmente atrapado.


— Si — logro solo responder el pelirrojo, el aura de Agustín era imponente y lo tenía totalmente fuera de su zona.


— Sos amigo de mati, ¿no? — volvió a hacer una pregunta Agustín, tratando de analizar si iba a poder obtener más que monosílabos por parte del menor.


— Sí.


Agustín soltó una pequeña risa, notaba el nerviosismo proveniente del cuerpo de Valentín, pero mezclado con cierta tensión que se había creado entre ellos.


Así que, se acercó lentamente su rostro hacia el del otro, y cuando sus labios se encontraban a milímetros del otro, preguntó:


— ¿puedo?


Valentín no sentía su voz como para responder, así que simplemente asintió, y lo próximo que sintió fue como Giay chocaba sus labios contra los suyos.


El beso subía de tono a una velocidad incomprensible para la cabeza de Valentín, de la nada sentía la lengua de Agustín rozar con la suya mientras el castaño tenía una mano por dentro de su remera apretando su cintura y otra apoyada sobre su culo acercando su cuerpo hacía suyo, robándole un gemido cuando rozó con su entrepierna.


Agustín lentamente sacó la mano que estaba por debajo de la ropa y la subió hasta agarrar la mandíbula del colorado para poder acomodar su cara hacia un costado y profundizar el beso.


Valentín se sentía totalmente atrapado en un trance donde solo podía sentir la existencia de Agustín, rodeándolo y teniéndolo en la palma de su mano.


De manera pausada, el ojiverde empezó a bajar la intensidad del beso, y al separarse enfrentó la imagen que tenía frente a él.


Valentín tenía los ojos brillosos, los labios hinchados, totalmente rojos, y se notaba un movimiento en su pecho que buscaba el aire que le había negado durante el beso.


— Sigamos en otro lado — susurró Agustín en su oído, con una voz suave, pero firme, casi como si fuera una orden.


Valentín no se pudo negar al pedido del mayor, y sin dejar de sostener su mano lo siguió.


Agustín era poco conocedor de la casa de Soule, pero estaba seguro de que por alguna parte tenía que haber un baño.


Después de cruzar casi por toda la casa, dio con la puerta del baño, y apenas entraron, apoyó a Valentín contra la puerta, y esta vez, en lugar de atacar su boca, empezó a dejar besos y mordiscos en el cuello del pelirrojo.


—¿Estás seguro? — preguntó Agustín, mientras iba levantando lentamente la remera del menor.


Valentín estaba totalmente perdido, aunque una parte de su cabeza le decía que no debería seguir, por qué después de estar con el mismísimo Agustín Giay, quien iba a cumplir a con sus estándares, pero por lado quién sabría cuando se le daría de nuevo la oportunidad con el pibe que lo tenía loco a hace años.


Pero se dio cuenta de que esa batalla la había perdido desde el momento que cayó rendido bajo las caricias del castaño.


— Sí, Agustín — respondió Valentín y aprovechó el mínimo segundo que Agustín se alejó para observar para empujarlo hacia el inodoro y hacer que se siente ahí, para él colocarse sobre él mientras se sacaba la camiseta.


Agustín quedó sorprendido ante el repentino arrebato del pelirrojo, pero apenas este se liberó de su remera, agarró su cuello y lo acercó para conectar nuevamente sus bocas.


Valentín en ese momento estaba más participativo, agarrando el pelo del castaño mientras este volvía acariciar su torso y su culo. Además, aprovechó para desabrochar la camiseta del ojiverde.


—no te la quites — dijo cuando notó la intención del Giay de sacársela, ante sus ojos la imagen del mayor, con la camisa blanca desabrochada, el pelo despeinado y los labios superrojos, era lo más ardiente que había visto.


Agustín hizo caso al pedido del Valentín, pero a su vez mientras este se dedicaba a dejar besos por su cuello y pecho, aprovecho para ir bajando el pantalón del pelirrojo e introducir sus manos dentro de su bóxer e ir acariciando lentamente sus nalgas, rozando muy sutilmente la entrada de este.


Valentín podía sentir el juego del mayor, y no iba a rogar, aunque las ganas no le faltaban, así que se concentró en seguir dejando besos y uno que otro mordisco en el pecho del mayor mientras acariciaba sus abdominales.

Agustín ya sentía presionando demasiado su erección en su pantalón, así que decidió ponerse de pie, tomando desprevenido a Valentín, apoyarlo sobre el lavamanos y dejarlo ahí por un momento mientras buscaba algo.


Y ese algo lo encontró.


Muy escondido en un rincón del botiquín del baño había una botella de lubricante.


“Apuesto mi vida que esto es obra de Alejo” pensó el castaño, que conocía muy bien las conductas de su amigo con su novio.


El pelirrojo tampoco se sorprendió ante el descubrimiento del mayor, pero si lo hizo, cuando este lo bajó repentinamente del lugar donde estaba, lo dio vuelta, no dándole otra opción que apoyar sus manos sobre la puerta.


El castaño bajó los pantalones de Valentín, con el bóxer incluido, y quedó embalsamado ante la imagen que tenía ante él, toda la noche se había preguntado si el pelirrojo tendría lunares en su culo como en su cara, y en ese momento estaba comprobando que sí.


Además, comenzó a dejar besos en el cuello de Valentín para distraerlo de la siguiente acción que haría. Luego, de colocar lubricante en su mano y alrededor de la entrada de Valentín, introdujo lentamente un primer dedo, que el menor solo sintió molesto los primeros segundos y luego dejó escapar un gemido.


Unos minutos después, el mayor agrego un segundo dedo, y empezó abrir y cerrar ambos dedos simulando una tijera para poder aflojar más el interior de Valentín.


Ante esto, el pelirrojo empezó a soltar más gemidos y además sabia que si no fuera porque el otro brazo del castaño rodeaba su cintura, ya se hubiera caído porque no sentía las piernas.


Sin darle tiempo de procesarlo, Agustín agregó un tercer dedo, y también rozó la próstata de Valentín, robándole un fuerte gemido.


— No me esperaba que fueras tan vocal — le susurró el castaño en el oído, dejando un beso bajo su lóbulo.


Valentín se sentía listo, y además, ya no aguantaba más, necesitaba sentir al otro dentro suyo.


—Agus, ya estoy — dijo con la poca voz que le quedaba.


Agustín, al escucharlo, no lo hizo esperar mucho, busco entre las repisas del baño un condón, porque deducía que si había lubricante también tenía estar eso, y para su suerte no estaba equivocado.


Se escuchó el ruido del envoltorio siendo abierto, y el cuerpo del menor tembló ante la expectativa. Unos pocos segundos después pudo sentir, finalmente, como la punta del pene del mayor se abría paso dentro suyo.


Al principio, Valentín lo sintió un poco incómodo, ya que a pesar de la preparación, Agustín tenía un miembro bastante grande, pero poco a poco, con las lentas estocadas del castaño, fue entrando en una nube de placer.


El ojiverde cuando sintió el cuerpo de Valentin aflojarse, aprovecho para agarrar sus caderas con ambas manos y aumentar la fuerza con la que entraba y salía del pelirrojo.


Valentin solo podía soltar, gemidos, y modular, intentos de frases que se podían entender como “más rápido” “más fuerte” “ay, Agustín, la concha de la lora” entre otras muchas puteadas.


Pero literalmente se quedó sin voz cuando Agustín dio de lleno contra su próstata, su cabeza se puso en blanco totalmente. Ambos estaban sintiendo una conexión corporal única.


Cuando ambos estaban empezando a sentir la cercanía al orgasmo, Agustín recordó su mala costumbre al coger.


Le gustaba ver la cara de la persona al llegar al clímax, así que repentinamente salió del pelirrojo, para darlo vuelta y levantarlo, obligando a Valentín a rodearlo con sus piernas.


—¿qué pasó? — preguntó Valentín ante el cambio.


— Quiero verte cuando llegues — le respondió el castaño.


Sin darle tiempo a la cabeza del pelirrojo de procesar sus palabras, se volvió a introducir dentro de él, pegando directamente contra su próstata.


— Agustín, más rápido — pidió el pelirrojo con la voz rota, porque ya sentía como estaba llegando al orgasmo.


El castaño, se encontraba en la misma situación, así mientras apretaba con fuerza la cintura del menor, sin dudar que iban a quedar marcas, empezó a salir y entrar con más intensidad.


Finalmente, casi a la vez, ambos llegaron al punto máximo de placer.


El pelirrojo se desvaneció entre los brazos del castaño, apoyando su cabeza en el cuello del otro.


Agustín intentaba recuperar su respiración, mientras que salía del interior de Valentín, a quien dejó sentado sobre el inodoro, porque había notado que estaba un poco ido.


Mientras Valentin se recuperaba, Agustín aprovecho para tirar el condón, acomodar el lubricante donde lo había encontrado y acomodar un poco su ropa. Aunque, claramente, se le notaba que había tenido sexo, especialmente por las pequeñas marcas que tenía en su cuello y lo desastroso que se veía su pelo.


Pero, no podía reclamar nada, ya que cuando dirigió su mirada al pelirrojo, notado los chupones en su cuello, y los hematomas que comenzaban a formarse en su cintura y cadera.


— Valen — dijo poniéndose enfrente del otro, mientras lo limpiaba y le acomodaba el pantalón. Se dio vuelta buscando la remera del menor, y sintió como este le colocaba una mano en el hombro.


Volvió su vista hacia él, notó que Valentin le estiraba los labios formando un puchero, claramente pidiéndole un beso.


Agustín no se negó, y agarró los labios del otro entre los suyos, pero estaba lentamente y con delicadeza.


Cuando se separaron, Valentín ya se sentía bien, así que por su cuenta se puso a buscar su remera y se la colocó mientras que Agustín lo observaba.


El pelirrojo no quería separarse aún del castaño, así que se puso pensar alguna excusa, pero parece que Agustín tenía el mismo pensamiento.


— ¿Vamos a bailar? — dijo el mayor mientras estiraba su mano hacia él.


Valentin no respondió verbalmente, pero agarró la mano que le ofrecían y lo siguió.


Durante el resto de la noche se concentró de disfrutar las atenciones del mayor hacia él, porque era conocedor de como actuaba él otro al día siguiente,


Según los rumores, Agustín se mostraba supercaballeroso durante el acto y te cuidaba posteriormente al mismo, pero cuando el día pasaba, era lo suficiente sincero como para admitir que no quería nada serio.


Pero lo que Valentín desconocía que en realidad Agustín había estado interesado en él hace bastante tiempo, y ahora que había podido concretar no iba a perder la oportunidad.


El castaño se había puesto como meta, terminar de novio con ese colorado, que lo habia vuelto loco, como sea.



Agustín admitía su idiotez, había creído que conquistar al colorado iba a ser fácil, había subestimado totalmente al otro. Que Valentin haya entregado su cuerpo a él nunca había significado que estaría dispuesto a entregar su corazón.


Pero al aceptar su error, a tiempo, le daba la oportunidad de poder redimirse con el menor. Iba a demostrarle que a pesar de los chusmerios que había sobre él, podría ser un hombre leal.


Y así fue como el pasar de los días, con pequeñas cosas, Agustín, despertó cierta curiosidad en Valentin.


Primero, con los mensajes, a pesar de la negativa del colorado a volver estar juntos, Agustín le mandaba buenos días todos los días y preguntaba sobre su vida, y para sorpresa de Valentín, en ningún momento insistió con volver a salir.


Segundo, se comentaba en el colegio, que repentinamente el ojiverde había empezado rechazar todo tipo de propuestas insinuantes, tanto de chicas como de chicos.


Tercero, se había enterado por su mejor amigo, que a su vez se había enterado por su novio, que ahora cuando salían Agustín optaba por ser el conductor designado y además no estaba con nadie.


Y después empezaron los pequeños gestos, contando con la información que empezó a dejar escapar entre líneas Valentín en sus mensajes, Agustín había empezado a darle pequeños regalos, como simples chocolates en medio del recreo o comprarle unas papas fritas cuando le comentaba que tenía hambre durante tiempo para almorzar entre las clases y educación física, y hasta a pesar de su aversión por el club, le había regalado stickers de boca para que decore su termo.


Valentin no era ningún estúpido, claramente reconoció el porqué del repentino cambio del mayor, pero al principio había pensado que iba a durar solo unos días.


Jamás espero, que tres meses después de la fiesta donde se habían conocido y tan próximo a irse a Bariloche, el mayor iba a mantener la misma conducta.


Hasta el colorado había cedido el último tiempo y ambos habían empezado a tener pequeñas salidas, como ir al cine, salir a merendar, hasta habían ido a pasear a La Boca.


Durante esos paseos, Agustín le cumplía todos sus caprichos, le daba la mano y le dejaba un que otro beso en mejilla rozando la comisura de los labios. Pero, por sobre todo, le tenía paciencia y no insistía.


Así que, Valentin ya se encontraba confundido, porque ya era obvio que él también había caído por el mayor, pero ¿por qué el otro no encaraba?, ¿o era otro su objetivo?


—bueno, me cansé — expresó de repente el “colo” en medio de un recreo mientras comían un sanguche con el mayor — ¿qué es lo que querés de mí?


— Estar con vos — respondió con rapidez el mayor, mirándolo directamente a los ojos — no en el sentido sexual, bueno eso también — paró un segundo y respiro profundo — me gustas Valentin, me gustaría que fuéramos novios.


Listo, Agustín lo había dicho, lo que había rondado en su cabeza por meses, finalmente salía a la luz. A pesar de que el principio había sido una mera conexión física, siempre supo que había algo en el pelirrojo que lo atraía sin posibilidad de escape.


Valentin observó al ojiverde, lo había dejado sin palabras pero con demasiados pensamientos. ¿Era seguro? ¿Era correcto? ¿Estaba bien si entregaba su corazón a este idiota con fama de gato embustero?


Igual, lo que más le generaba conflicto era que no sabía si estaba dudando porque tenía miedo de que Agustín en un momento lo cagara o porque ya estaba completamente enamorado de él también.


Respiro profundo.


— A la primera que hagas una, te juro que te mando a la concha de la… — no pudo terminar de hablar porque Agustín le robo un beso.


— Entonces, ¿somos novios? — pregunto al cortar el beso, con esa típica sonrisa ganadora en su rostro.


Valentin sentía tantas ganas de pegarle con tal de que sacara esa sonrisa de su rostro, pero terminó respondiendo:


— Sí, Agustín, sí. — con una sonrisa, y volviendo a juntar sus labios con los de Agustín.