Principito

Summary

Luka es el príncipe de Cataluña y es invitado al baile de inicio de temporada del reino vecino, España, donde queda totalmente flechado por un muchacho alto y con pelo castaño con una máscara color roja.

Genre
Romance
Author
Ab
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El lugar era resplandeciente, era notable el empeño de lucirse en cada detalle que había puesto la organización del príncipe. El gran palacio grande hoy brillaba de color dorado, desde las cortinas hasta los manteles. Con amables rosas blancas en los rincones.


El código de vestimenta era fácil: dejarse llevar por la creatividad y traer su mejor máscara.


Luka al principio se habia sentido como un idiota llevando una mascara en su rostro, pero apenas entro al enorme salon, noto la libertad que le traia la misma. Nadie lo miraba mal por ser quien era, el príncipe de Cataluña y nadie se le acercaba con segundas intenciones. Por un instante eran todos iguales.


En medio del gran salón, sin importar nada, todos se encontraban hablando, capaz si se fijaba bien podía reconocer quienes eran esas personas detrás de sus máscaras. Pero, se dio la oportunidad de no descubrirlo.


Se quedó en un costado, apoyado en una columna, observando todo lo que pasaba, aprovechando del ser humano invisible que se había convertido desde que piso ese lugar.


Pero hubo alguien que en la distancia lo encontró, no era que los buscaba, pero el destino haciendo de las suyas lo había guiado hacia él.


Luka sintió una pesada mirada sobre él y la busco. Al otro lado del salón, se encontró con unos ojos marrones detrás de una máscara roja. Llevaba un elegante traje color blanco con un cinturón negro y detalles en dorado. La persona inclinó la cabeza hacia un costado sin dejar de mirarlo, el menor dedujo que preguntando “¿nos conocemos?”.


El castaño quería dejar de mirar, pero quedó hipnotizado por esa silueta que cruzaba poco a poco el salón acercándose a él.


el otro tardó unos pocos minutos en llegar al muchacho de máscara dorada.


—agradable noche, ¿no? — fue lo primero que se le ocurrió decir cuando estuvo finalmente en frente del más bajo.


—mmm un poco — respondió Luka.


—¿se puede saber por qué solo un poco? — preguntó con curiosidad el de ojos marrones.


—todavía no pasaron ninguna canción que me guste — respondió haciendo un puchero — yo que tenía tantas ganas de bailar esta noche.


El otro no tuvo otra opción que soltar una carcajada.


—Que terrible el DJ si aún no ha pasado algo de su agrado.


—Viste, era lo mismo que pensaba.


Y ahí nació algo. Nunca supieron explicarlo. Pero entre risas y malos chistes, una unión inesperada surgió entre ellos.


En ese instante, no importaba quiénes eran ellos detrás de la máscara sino quienes simulaban estar con la máscara puesta.


Y en ese momento, ambos se sentían dos jóvenes de veintitantos conociéndose por primera vez.


—¿Era la primera vez que venías a España? — preguntó el otro, buscando no cortar la conversación. Había algo en el más bajo que lo obligaba a querer seguir hablando con él.


— En teoría, no — respondió Luka. El pelicastaño lo quedo mirando, esperando una explicación más extensa. — vine cuando tenía como 3 años, pero no lo recuerdo.


—¿Y para que habías venido? — Era un curioso por naturaleza.


—creo que mis padres tenían negocios…


Y la charla entre ellos fluyó. Cómo si fueran dos amigos encontrándose después de mucho tiempo sin verse. Pero a la vez, una tensión surgía. Más, cuando poco a poco el pelicastaño empezó a buscar tener algún contacto físico con Luka.


Tocandole sutilmente su antebrazo, acomodándole el pelo detrás de la orejas ,acariciándole momentáneamente su pecho o apoyando su mano en su cintura.


— No puedo creer que no te guste la paella — comentó el lindo muchacho de ojos marrones, en medio de su charla trivial, apretando sutilmente la cintura del otro.


Luka sintió un calor expandiéndose por todo su cuerpo que nacía en el contacto entre ambos.


— gustos son gustos — respondió, mientras daba un paso para atrás, se sentía cohibido por estas nuevas sensaciones.


El otro, sin dudarlo, dio un paso para adelante, no pensaba ni por un segundo alejarse del más bajo. Ya que, al contrario, se sentía fascinado por el otro.


Luka intentó una vez más ir para atrás, pero sin darse cuenta había quedado acorralado entre una columna y el cuerpo del otro.


En ese momento, cuando presintió que el chico de la máscara roja iba a besarlo, estaba por cerrar sus ojos , cuando empezó a sonar una clásica canción.


De esas típicas donde se bailan en pareja, tradicionalmente de hombre y mujer. Pero en medio de esa locura y bajo el anonimato de la máscara, ¿Quién se atrevería a negarles la oportunidad de bailar a este par de supuestos desconocidos?


Ambos cruzaron miradas apenas sonó la música, e inmediatamente se dirigieron hacia el salón principal. Se enfrentaron frente a frente y cuando comenzó la melodía principal, empezaron a bailar.


Se mantenían lado a lado, sin despegar la mirada el uno del otro. Fortaleciendo ese lazo que había surgido en medio de la charla, pero sumándole una pequeña tensión.


Que se iba creciendo a pequeños roces.


Cuando las manos de ambos se enfrentaban en medio de la pista, muy cerca pero sin llegar a tocarse, una electricidad los recorría. Más, cuando sus ojos se miraban como si soltaran relámpagos.


Capaz ese éxtasis provocado por la energía que ambos generaban al tocarse, fue lo que los impulsó a salir corriendo del salón apenas terminó la música y buscar el primer lugar donde podrían estar solos.


Luka sintió el fuerte agarre en su muñeca de la mano del castaño, y de nuevo, ese calor volvió a recorrerlo. Pero también le surgían nervios, ¿estaba seguro de lo que posiblemente estaba por hacer?


Pero no tuvo mucho tiempo para pensar, por en el momento en que el otro abrió una puerta y lo empujó dentro del lugar, solo pudo sentir los besos que el más alto le daba.


besos voraces que lo dejaban sin la posibilidad de pensar al de pelo largo. Con lo único que podía conectar era con las manos del otro metiéndose dentro de camisa, empezando a rozar sutilmente sus pezones, robándole pequeños suspiros, o con la boca del otro que iba dejando pequeños mordiscos por su cuello.


— ¿Puedo? — escucho de repente volviendo a la realidad, dándose cuenta que el otro le preguntaba si podía desabrochar su pantalón. Luka sabía cuál era la situación por venir, y sentía miedo de lo que significaba, pero al ver directamente la tranquilidad que le transmitía el de ojos marrones simplemente asintió.


El castaño no tardó ni dos segundos en desabrochar el cinturón del otro y meter su mano dentro del pantalón del más bajo, quien apenas sintió el tacto del otro sobre su pene, soltó un pequeño gemido.


— no te contengas — le susurro en el oído.


Y eso hizo.


Disfruto de las sensaciones nuevas que estaba disfrutando y del mundo nuevo que estaba conociendo entre las manos del castaño y demostrandoselo al otro a través de los sonidos que salían de su boca. También aprovechó para desabrochar el chaleco y camisa del otro para poder tocar su torso, su abdomen y su pecho.


Cuando sintió que su orgasmo estaba cerca, puso su mano sobre la del más alto, y con una sola mirada el otro entendió todo.


Bruscamente, el castaño lo dio vuelta, provocando que Luka tuviera que apoyar sus manos en la pared que estaba en frente de él, dejando su culo totalmente a la merced del otro.


— pregunto por última vez, ¿Estás seguro? — preguntó con voz grave.


Sin responder verbalmente, Luka apoyó su culo sobre el bulto del castaño, dándole a entender que quería.


El castaño se apuro rápidamente en preparar al más bajo, utilizando parte del líquido pre seminal que había salido de Luka.


La impaciencia le ganaba pero a la vez el deseo que ambos disfruten estaba más presente en su mente.


Luka no podía contener más los gemidos de su boca al sentir los dedos del otro en su interior, y su deseo crecía, y ya la ansiedad lo superaba.


— metelo — dijo de repente Luka mirando al otro directamente.


el castaño sin esperar más desabrochó su propio pantalón y sacó su miembro para alinearlo hacia la entrada del otro.


Y fue en ese momento, cuando finalmente la conexión física que tanto habían buscado llegó a su punto culmine.


Luka nunca pensó que iba a poder coincidir tanto físicamente y emocionalmente con otra persona.


A pesar de que al principio sintió dolor por la invasión, el placer crecía y crecía en su vientre a medida que los movimientos del castaño aceleraban.


Y finalmente, llegó al orgasmo, y todo su cuerpo se aflojó, y para su suerte, fue sujetado por uno de los brazos del otro, quien se estaba dando las últimas embestidas hasta llegar a su propio orgasmo.


Ambos se quedaron en silencio.


Y cuando estaban a punto de decir algo, algo rompió su atmósfera.


— Buenas noches a todos, esperemos que estén disfrutando esta velada, en unos minutos nuestro príncipe dará un discurso — anunció una voz.


— concha de la madre — pronunció el pelicastaño llamando la atención de Luka.


— ¿Qué pasa? — pregunto rápidamente.


— Tengo que irme, perdón — dijo mientras acomodaba sus prendas y dejaba un veloz beso en la mejilla de Luka.


Luka quedó totalmente en shock. Pero apenas dos neuronas le conectaron, se acomodó la ropa y salió al salón.


Y Cuando el anuncio comenzó y todas las luces iluminaron el pequeño escenario, no podía creer quien se encontraba de pie ahí.


—Les doy a todos las gracias, es realmente maravilloso tenerlos aquí — empezó a decir el príncipe — me siento muy afortunado que todos se hayan entusiasmado tanto como yo con la temática de este primer baile de temporada.


el príncipe tocó su máscara color roja.


El príncipe sigue hablando pero Luka ya había desconectado totalmente su cerebro del lugar donde se encontraba. No podía dimensionar el hecho de que:


“acabo de tener sexo con el maldito príncipe de España” dijo en su mente.


Había caído completamente en los encantos de Federico Redondo, segundo hijo de Fernando Redondo, una vez más.


«eres un idiota Luka» se dijo a si mismo.


Porque si, él y el príncipe ya se habían conocido años atrás.


Por eso sabía que no podía permanecer ahí mucho tiempo más.


Su historia ya que tenía un final, y eso lo había definido sus realidades hace mucho tiempo,


Así que decidió salir corriendo del lugar. Pero antes de salir, miró por última vez hacia el escenario y vio como Federico resplandecía.


«Siempre fuiste una luz demasiado brillante, Fede.»


Estuve encantado de conocerte


Apenas se encontró fuera del palacio, llamó a su chofer, quien tardó menos de 10 minutos en llegar al lugar. Subió rápidamente al auto, donde además de quien conducía se encontraba Juan Gauto, su mano derecha.


—¿Tan rápido se puso aburrida la fiesta? — preguntó el peli plateado.


Luka había escuchado la pregunta de su amigo, pero su cabeza estaba totalmente en otro lado.


Por favor, no estés enamorado de alguien más.

Por favor, no tengas alguien esperando por vos


—Juan — levantó la mirada hacia al otro, sintiendo un calor subiendo a sus mejillas - el príncipe Federico, ¿ está comprometido?


— ¿Te referís al segundo hijo, no? - Luka solo asintió — si, hace unas semanas se anunció, si mal no recuerdo.


— Ah. — fue lo único que pronunció Luka. Su mano derecha iba a decir algo más pero cuando vi que el otro apoyaba su cabeza en la ventana del auto y dirigía su mirada a la nada, prefiero guardarlo.


Luka prefería meterse en su cabeza que pensar en el hecho que Federico estaba comprometido.


Flores.


Si, flores.


Recordaba el aroma de las mismas rodeándolo mientras corrían con Federico a través de los jardines del palacio.


— Dale Lukita no te quedes atrás — gritó un pequeño Federico Redondo de 10 años, mientras un Luka Romero de 8 lo perseguía.


Entre las risas y bromas de un simple juego, habían nacido los sentimientos entre Luka y Federico.


Desde puro corazón inocente, ambos se amaban.


Todos en el palacio sabían que donde se encontraba Federico, a su lado estaría el pequeño Luka.


No eran uno sin el otro.


— Deberías jugar a veces con nosotros — se quejó un pequeño Matías Soule, hijo del duque de Barcelona, y su primo.


— pero si vos siempre estás con Alejo — respondió el pequeño mientras comía una manzana, refiriéndose al hijo de unos de los guardias.


— míralo ahora a Fede, está con los niños de su reino.


Luka miró hacía su amigo, a pesar de ser de distintos reinos, como sus padres tenían una buena relación se habían criado juntos pero a veces Federico pasaba tiempo con los hijos de nobles de España, como ahora se encontraba jugando Máximo Perrone, hijo del conde Piedrabuena.


— No importa, él siempre viene a jugar conmigo tarde o temprano — afirmó el pequeño príncipe.


Y no mentía.


Cuando caía el sol y los niños eran mandados al interior del palacio, el pequeño Federico se escurría hasta la habitación del príncipe de Cataluña, y pasaban hermosos momentos jugando con sus juguetes, creando mundos con su imaginación y siendo felices.


Ellos compartían una amistad cargada de sentimientos que muchos irían a juzgar, pero que ellos sentían toda la inocencia de sus corazones.


Pero, lastimosamente, la niñez no es para siempre. Y el crecer rompe la burbuja de pureza de la infancia.


Un día las responsabilidades parecen. Capaz demasiado pronto para Federico.


Los tiempos para jugar se habían terminado y con ello también sus viajes a Cataluña.


Luka se había sentido devastado con la distancia con el castaño, que hasta había tratado viajar él hacia España, pero siempre que iba al castillo recibía excusas por parte de los allegados al mayor “el príncipe no tiene tiempo para juegos” “el príncipe está estudiando” “el príncipe ésta entrenando”



Pero eso no era lo que le había roto el corazón al pequeño Luka.


Cuando él tenía unos 13, se había cruzado al príncipe en el colegio donde ambos asistían.


Él estaba feliz de volver a verlo después de tanto, con su mejor sonrisa se empezó a acercar al mayor, pero cuando estaba a punto de saludarlo, Federico pasó por su lado sin percibirlo, chocando su hombro con el suyo como si fuera un extraño.


Y fue ahí, cuando el corazón de Luka se rompió.


— Su alteza, ya hemos llegado — aviso Juan, sacando de sus pensamientos a Luka.


Luka no dijo nada, únicamente bajó del auto, entró al palacio donde se estaban quedando provisoriamente durante su visita, y fue directamente hacía su habitación.


Agustín, uno de los guardias personales del príncipe, noto el aura rara del pelilargo pero optó por no preguntar nada al mismo sino que esperó a que llegara Juan.


— ¿Qué le pasó?


— creo, que otra vez, Federico Redondo.


No fue necesario decir nada más, todo el círculo cercano al príncipe conocía sobre esa historia y esperaban no volverlo a ver mal por eso.



Ya era media mañana cuando el sonido de la puerta despertó al príncipe Luka de su no muy productiva noche de sueño.


— Buenos días, su alteza — pronunció Juan mientras abría las ventanas de la habitación. — Tengo dos noticias para usted.


— Dios, recién abro los ojos, Juan — se queja Luka — hasta ya te dije un millón de veces que me hables informal.


— Bueno — se sentó en el borde la cama del castaño — La primera noticia es que hoy cocinaron su desayuno favorito, sin que avisemos. Y la segunda, es que el príncipe Federico lo espera para desayunar.


— ¡Ay! Que lindo gesto por parte de gente del palacio — comenzó a decir con tranquilidad hasta que comprendió lo que había dicho su amigo —. ¡Que! ¿Qué hace él acá? — gritó.


Se puso de pie inmediatamente, aunque apenas lo hizo siento un ligero dolor en la parte baja de la espalda y además sentía las piernas sin fuerza.


Ay! Cómo te odio Federico Redondo.


— Por tu cara, creo que será necesario un ibuprofeno.


— Y un auto para escapar lo más rápido posible y volver a casa.


—Creo que eso será un poco imposible, su alteza — hace una pausa — su alteza el príncipe Federico, nos pidió, cordialmente, darle un día de descanso a todos nuestros choferes.


«Maldito idiota » pensó el pelilargo.


— Llama a Alejo — pidió Luka mientras elegía qué ropa ponerse.


— Lastimosamente, Alejo se encuentra en labor, cuidando a su primo Matías.


— ¿En qué momento llegó mi primo? — preguntó Luka—. Igual prefiero no saber la respuesta —. Suspira — entonces llama a Agustín.


Juan asiente, sale de la habitación en busca de Agustín, dejando a Luka solo con sus pensamientos.


« ¿Por qué venía? ¿Por qué lo buscaba? » se preguntaba el castaño «¿ Lo había reconocido?»


— Su alteza — pronunció Agustín al entrar a la habitación mientras hacía una reverencia.


Luka puso los ojos en blanco.


— Otro más — se exaspera. — cuántas veces les dije que me tuteen, más cuando estamos solos.


— Lu, está el príncipe, lo único que nos falta es que, sin querer te hablemos informalmente frente a él — explicó Agustín.


— Dios — se pasa una mano por la cara mientras camina por el mini living que tenía la habitación — ¿no hay alguna forma de que podríamos salir de acá sin que él lo note?


Agustín se ríe, internamente, era claro que algo había pasado entre los príncipes la noche anterior.


— Lastimosamente, no — empezó a explicar — el príncipe trajo varios guardias con él y están acomodados en todos los puntos de escapa.


«maldito idiota » pensó otra vez Luka.


— Así que mis opciones son, bajar a desayunar con él o quedarme encerrado aquí hasta que sus responsabilidades lo obliguen a irse.


— prácticamente, si — respondió Agustín, quien aprovecho para acercarse al más bajo y tocar su cara — ¿ Que paso anoche Lu?


Era una excelente pregunta, y le gustaría poder responder con un “no me acuerdo”, pero lastimosamente, o no, recordaba cada detalle.


Suspiro.


— Nada relevante — fue hacia el armario y sacó un par de prendas informales para ponerse.


Una vez vestido, con una simple seña le indicó a Agustín que iba a salir.


Afuera de la habitación estaba Juan, quien se acomodo por lado izquierdo mientras que por el derecho estaba Agustín, ambos caminando un paso por detrás de él.


Cuando llegó al gran comedor, fue anunciado por un de los sirvientes del castillo.


Federico se puso de pie al recibirlo. Tenía una expresión sería con un pequeño enojo reflejado en sus ojos, o al menos eso notaba Luka. Además, como se encontraba con zapatos sin plataforma, la inmensa diferencia de altura entre ambos se notaba más. O sólo era una sensación del menor, ya que se sentía un poco intimidado por el otro.


Cuando se encontraban a unos pasos de distancia, Luka realizó una pequeña reverencia y dijo:


— Buenos días, príncipe Federico.


— No es necesario la formalidad Lukita, son invitados del reino después de todo.


Lukita. El uso de su apodo hizo saltar al corazón del menor, pero afortunadamente no lo reflejo en su rostro.


Luka tomó asiento en la punta de la mesa, mientras que Federico estaba en la otra.


— ¿Que lo trae aquí, príncipe Federico? — pregunto después de tomar un sorbo de té —. No estaba en nuestro cronograma esperar una visita suya.


— creo que sabes muy bien que me trae acá.


— No tengo la menor idea de qué hablas.


— Luka — dijo, ya, molesto el mayor.


— Siento no comprenderlo, príncipe Federico — empezó a decir, también, molesto, el más bajo —. Pero llevo creo que 5 años sin verlo, o más, y en ese lapso perdí la habilidad de poder leerle la mente.


Federico apoyó las manos sobre la mesa y se puso de pie.


— podría acompañarme a un paseo por los jardines, príncipe Luka — preguntó.


Luka dudo.


Pero la fuerte mirada que le dirigió Federico, lo obligó a ponerse de pie y seguirlo.


Los primeros pasos ambos estuvieron callados, con sus guardias acompañándolos, hasta que Federico hizo una seña para indicarles a ambos que se retiren.


Agustín dudó.


— No te preocupes Agustín, ya vuelvo — aseguró el príncipe de Cataluña.


Cuando quedaron solos, Federico guió a Luka hasta unos bancos que había en el centro del jardín.


— Acá es cuando dejas de fingir que lo de anoche no pasó — determinó Federico — y hablamos como dos adultos.


Pero ninguno de los dos dijo nada, hasta Luka recordó su conversación de la noche anterior con Juan.



“— ¿Te referís al segundo hijo, no? - Luka solo asintió — si, hace unas semanas se anunció, si mal no recuerdo.”


— Recuerdo bien lo que pasó anoche, y así quedará como un simple recuerdo — comenzó a decir Luka —. Usted tiene otros asuntos más importantes por los cuales preocuparse. Por ejemplo, su próxima boda.


— Luka — Federico apoyó su mano sobre la del pelilargo. Pero este la saca de inmediato.


— Nada, Federico — se pone de pie —. No hay nada que decir entre nosotros. Así que, si me disculpa, voy a retirarme.


Empezó a caminar hacia el palacio cuando:


— ¡El compromiso es una mentira! — gritó Federico al ver cómo Luka se alejaba de nuevo.


El más bajo frenó su caminar pero no se dio vuelta.


—¿Qué querés decir con eso?


— sabes a qué me refiero.


— No, no lo sé. — Se dio vuelta y miró directamente a los ojos del castaño —. Con vos todo siempre es un misterio.


Federico suspira y respira profundo.


— Es un compromiso arreglado, Luka — da un paso hacia el frente — mis padres pretenden que me case con la duquesa, pero eso no significa que la quiera — se queda en silencio un segundo — bueno, al menos no de manera romántica.


Luka levanta una ceja.


— Es una vieja amiga — explica mientras sigue acercándose al menor hasta el punto de agarrar sus manos.


—¿Y por qué debería importarme todo esto que me decís? — pregunta Luka, simulando que no le importa. No quería volver a ser lastimado por el mayor.


— Dale Lukita, tampoco me la hagas tan difícil — Federico hace un sutil puchero intentando comprar al otro, pero Luka mantiene su expresión sería, así que suspira — porque sé que me amas como yo te amo a vos.


— ¿De qué estás hablando? — Luka se hacía el desentendido, pero el sonrojo en cara indicaba que se había puesto nervioso.


— Yo se que vos también lo sentís, lo sentíamos de niños y lo sentiste anoche, ¿no? — apoyó su frente contra la de Luka, inclinando su cuello — sabes a qué me refiero, ¿no?


Luka se ríe forzadamente, acumulando lágrimas en sus ojos.


— y que si lo siento, que vas a hacer — respiro profundo — mejor, que podemos hacer. Te recuerdo quienes somos.


— Si, somos los segundos príncipes más lindos que existen — dice con humor Federico — luchar, intentar, no tirarme atrás. Ya fueron muchos años de mi vida que te tuve lejos por el miedo a estas emociones.


«Y antes de que digas algo, si fue por eso que no volví a Cataluña, también fue por eso que simule no conocerte en el Santa María. No entendía lo que me pasaba con vos pero pronto entendí que a mi alrededor lo iban a tomar mal. Pero eso ya no importa. No puedo escapar otra vez y tampoco voy a dejar que vos lo hagas»


Luka se quedó sin palabras.


Había obtenido las respuestas que tanto años había buscado y al mismo tiempo, se sentía correspondido.


Así que lo único que pudo hacer fue rodear con sus brazos el cuello del otro, ponerse de puntas de pie y unir sus labios con los del otro, que inmediatamente por la incómoda posición, rodeo con un brazo la cintura de Luka y lo levantó. Su otra mano la colocó en la cara de Luka para profundizar más el beso.


Cuando finalmente se quedaron sin aire y tuvieron que separarse.


— mmm creo que puedo darte una oportunidad después de todo.


Ambos únicamente se rieron.