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El último mes no había sido precisamente el mejor para ella, en realidad, los últimos seis meses no habían sido precisamente lo que ella esperaba, pero bueno, no podía quejarse, finalmente ella era la culpable de parecer un zombie hambriento.
—Licor, licor, licor, más licor—cada semana, sin falta, visitaba aquél mercado para llenar su carrito con todo aquello que ella no podía cosechar en las macetas de su apartamento—. Que rico más licor
Básicamente era para comprar alcohol, aunque llevaba muchas botellas, este apenas y duraba la semana. Todos sus vecinos y los vendedores de aquel mercado, que bien la conocían de años, pensaban que la chica tenía serios problemas de alcoholismo y en más de una ocasión se acercaban a hablar con ella acerca de lo malo que era eso para su salud, incluso la invitaban a grupos de adictos en recuperación. Ella no era grosera, era jodidamente tranquila, así que agradecía la preocupación y solo decía que no era lo pensaban, aunque en realidad si lo era... o algo así.
(...) Sorní, una extranjera originaria de (__), pero que desde hace un poco más de dos años residía en Japón, específicamente en Tokyo. Ella tenía 19 años y ningún familiar vivía cerca, tampoco tenía contacto con ninguno, no le podemos mencionar amigos, pareja o algún conocido cercano y los únicos números telefónicos que tenía eran de su trabajo. ¿Era ella una marginada asocial? No, nada de eso, como mencioné anteriormente, (...) era tranquila en extremo, y dicha tranquilidad permanecía mejor cuando no había nadie que pudiera alterarla, a ella simplemente no se le daba tener amigos, tampoco salir a fiestas o conocer gente nueva, se sentía fuera de lugar cada que la tocaba estar entre más personas, se sentía como un bicho raro que no encajaba en lo absoluto, así que para evitar esa desagradable sensación prefería moverse y vivir sola, siendo las plantas que sembraba y un gato, sus únicas compañías.
(...) amaba la lectura, más aún la escritura, tenía solo 16 años cuando logró publicar su primer libro bajo el sobrenombre de Levana Soleil, pues aunque su sueño era ser una autora famosa, no quería enfrentarlo todo lo que la fama significaba: exponerse socialmente.
Su publicista y un par más de alta confianza de la editorial, eran los únicos que sabían quién era ella, y ya que sus libros se vendían demasiado bien, aceptaban que ella viviera anónimamente, total, aunque los fans más extremos quisieran averiguar su identidad, hasta ahora ninguno había dado con ella, sobre todo porque la misma editorial había regado el rumor que se trataba de un autor varón y que vivía en zonas rurales. Todo parecía ir bien para (...) hasta ahí, incluso tras haber abandonado la universidad, sus ganancias le permitían vivir perfectamente y sin preocupaciones.
Ella podría darse una vida de lujos, tener una mansión, ir al gimnasio, tener un automóvil del lujo y lucir radiante, pero no. (...) era una vaga sin remedio, solía vestir ropas dos tallas más grandes, su cabello siempre lo amarraba en un moño, y del rostro ¡Joder! Parecía que se había tatuado esas ojeras enormes. Últimamente se había hecho adicta a los manwhas, y eso interfería con su trabajo, la fecha límite para entregar el escrito de su siguiente libro estaba próxima a vencerse y ella apenas y llevaba la mitad.
—Buenas tardes (...)—la chica de la caja le saludó con una sonrisa y después miró asustada la cantidad de botellas que había comprado, además de la comida de gato que era por mucho, más cara de lo que ella comía—. A-ah, 15 botellas, no 19 oh ¿D-daras una fiesta?
—No, no me gustan las fiestas—(...) pagó y pidió al "cerillo" que pusiera todo en la bolsa que ella misma había traído—. Gracias
Tomó sus cosas y salió del mercado, a pesar de ir caminando y escuchando el ruido de la ciudad, podía sentir que se iba durmiendo, buscando esa relajación se adentró por un callejón, buen atajo para llegar más rápido a su apartamento, aunque poco seguro pues se sabía que en esos lugares era dónde más ataques criminales se daban, cosa que poco le importaba. Ella simplemente caminaba instintivamente mientras sus ojos se iban cerrando poco a poco, ¡Error!.
(...) escuchó algunos gritos y después se estrelló contra una persona, cayó hacia atrás, más afortunadamente había abrazado su bolsa de compras, evitando así que su amado licor se dañará. Levantó la vista y frente a ella vio a un muchacho de cabellos azules, ojos heterocromaticos y un rostro con cicatrices que llevaban grapas por decoración.
—Lo siento, no te vi—ella se puso de pie ignorando la extraña forma en que ese chico la veí, pasó de largo olvidando que también habia escuchado gritos, y se siguió derecho hasta que llegó a su casa—. Estoy de vuelta
El maullido de un felino la recibió, este venía arrastrando un plato vacío y meneaba la cola.
—Lamento haber llegado tarde Bowie, pero estuve dos horas escuchando los reclamos de Aika por restrasarme en la entrega del manuscrito—tomó el tazón del gato que nombró en honor a su cantante favorito y lo llenó de comida para él—. No hagas tanto desastre por favor
(...) se dirigió ahora a la cocina para acomodar todo lo que había comprado, después sacó la basura (que anteriormente ya había separado) y volvió arriba para tomar una botella e ir a su sala de estudio para terminar con ese manuscrito, el mismo que había llevado a imprimir a la biblioteca porque su impresora se descompuso accidentalmente cuando Bowie hizo que derramara su café sobre esta.
¿Pero dónde estaba el manuscrito?
Revisó y revisó su mochila y ahí no estaba, volvió a la cocina y tampoco estaba entre las compras ¡Oh! Lo quizás estuviera en la gabardina, claro. Ella corrió hasta donde había colgado su abrigo y lo abrió para revisar la bolsa del interior (lo suficientemente ancha para poner un fólder).
—No me jodas—la bolsa estaba rota y ahí solo veía, pegada a la tela, el clip que había puesto a las hojas para mantenerlas unidas—...
Por primera vez sintió que la calma que siempre estaba presente en su vida se esfumaba, e ignorando que no traía zapatos y que afuera se había desatado la lluvia, salió corriendo por el mismo atajo para probar suerte y recuperar las hojas de su manuscrito antes de que alguien más las encontrara. Recorrió el callejón revisando minusiosamente cada espacio, pero no había ni siquiera una hoja, ningún indicio.
—No, no, no. No quiero volver a escribir todo eso, eran 250 hojas ¿Cómo carajos no lo sentí? —de verdad que debió ir muy dormida para no sentir que 250 hojas se le resbalaban—. Aika me matará
Estaba empapada por la lluvia, de pies a cabeza, el líquido seguía cayendo del cielo y ella lo sentía golpear su cuerpo, deseó fuertemente que le cayera un rayo para no tener que lidiar con los gritos de Aika y un posible problema de chantaje con quién sea que ubiese encontrado el manuscrito.
— ¿Acaso se te ha perdido algo? —se dió la vuelta y recargado en una pared, refugiado en la marquesina, se encontraba el mismo muchacho de cicatrices con el que había chocado ese mismo día, se sentaba en posición de loto y parecía estar leyendo algo—. Te ves alterada
— ¿Que estás leyendo?
— ¡Oh! ¿Te refieres a esto? —el chico mostró el manuscrito que ella tanto buscaba—. Lo dejaste tirado hace rato
—...
—Solo han pasado unas dos horas, pero ya casi lo termino, honestamente no me esperaba este giro en la trama, en el libro anterior la cosa no pintaba tan bien para los protagonistas
Oh, joder, quién había encontrado su escrito era aparentemente un un fan de su saga de libros y había leído algo que no iba a estrenarse hasta dentro de un mes.
— ¿Crees que puedas devolvermelo y guardar el secreto de lo que acabas de leer? —ella se acercó también a la marquesina, más que búsqueda de refugio fue para recuperar el escrito—. Te pagaré por eso
— ¿Eres tú la escritora o solo te encargas de llevar los manuscritos para así seguir guardando la identidad de Levana Soleil? Escuché que el autor era un viejo hombre que odia a las personas y se fue a vivir a las montañas para que nadie lo molestara
—No estoy autorizada para dar esa información, solo devuélveme el manuscrito
El chico se bajó del borde donde leía y se paró a menos de medio metro de la chica.
—Aquí tienes—(...) recibió las hojas, las revisó y después tomó asiento sobre una caja de madera
— ¿Te vas a quedar aquí?
—Sí me voy ahora voy a mojar todo
—Puedes simplemente imprimir todo de nuevo, no creo que un escritor cómo Levana Soleil no tenga un respaldo de su trabajo
¿Cómo explicarle que era tan perezosa que el simple hecho de tener que ir nuevamente a a imprimir 500 páginas le generaba molestia? Además, ya se había arriesgado demasiado al tener que ir a imprimir a un lugar público.
— ¿Qué quieres a cambio de no decir nada de lo que leíste? —(...) trataba de recuperar la serenidad, todo mientras sostenía con dos dedos de cada mano su escrito, no quería mojarlo
— ¿Que quiero a cambio? Veamos—el muchacho se inclinó a su lado y tocó su mejilla, (...) sintió una sensación rara en su interior—. Increíble, nunca había visto algo así ¿Cuántas almas tienes dentro de ti?
La chica lo miró confundida pues no tenía idea de que hablaba ni porque la estaba tocando.
—Almas humanas, incluso maldiciones, todo está ahí, sin mezclarse, ocupando un pequeño especio y uniéndose como sí fuera una misma, incluso cuando daño una, otra parece reemplazarla y de esa forma no te ves afectada
—Ya deja de picarme la mejilla—la chica apartó la mano del chico—. No sé de qué hablas, solo dime cuánto vale tu silencio
El chico sonrió ampliamente y volvió a picarle la mejilla un par de veces más.
— ¿Mi silencio? Bueno, en realidad no creo que eso sea algo por lo que debas preocuparte, después de todo, no soy humano ¿A quién podría contarle lo que leí? Solo a algunos amigos y eso no afectaría el estreno de ese libro
—Así que no eres humano...—pensó que era un loco cualquiera haciéndose el interesante—. Entonces contaré con que no dirás nada
—Estás demasiado tranquila—ahora la tomó de la barbilla para girar su rostro y hacer que se vieran a los ojos—, y aún no respondes mi pregunta ¿Qué es lo que eres?









extrañaba leer tus historias 🥺😭😭