El manantial de la felicidad

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Summary

Ella nació para sufrir, o eso cree. Nacida dentro de una red de trata de blanca, ha sido prostituida y dañada de todas las formas imaginables desde que era una recién nacida. ¿Y lo peor? Ha sido consciente de lo que le iba a pasar antes de poder poner remedio. Hasta que tuvo el valor de enfrentarse al destino y hacer elecciones. Correctas o incorrectas, ahora le espera más dolor, o eso cree, a manos de un ser que no es lo que parece. Si hubiera nacido humano, Dimano habría sido un principe, y seguramente un buen rey. Pero las leyes de los demonios son muy distintas de las costumbres humanas. Hijo del Rey Infernal Abricus, tuvo que elegir entre alejar a sus hermanos o verlos morir. Luego tuvo que ver morir a su compañera, porque ella estaba con otro, precisamente, con su mejor amigo. Y tuvo que traicionar al pueblo que amaba para preparar su propia venganza. Pero el destino le ha jugado una mala pasada, ya que le ha devuelto a su compañera en la débil forma de una humana. y para rizar el rizo, ahora no es uno, sino dos los hijos que ella aporta de uniones que no fueron deseadas... El destino va a jugar con ellos, porque tras la guerra en la Tierra, Dimano va a tener que luchar nuevamente, no solo para proteger a su familia, sino para recuperar lo que es suyo por nacimiento. El manantial de la felicidad.

Status
Ongoing
Chapters
7
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18+
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Prólogo.

El palacio bullía de vida, como hacía años que Dimano, hijo mayor de Abricus, anterior Rey Infernal, no recordaba haber visto.

En parte, Dimano no sabía cómo sentirse ante la inminente llegada del nuevo regente. Si estuvieran en la Tierra, su antiguo planeta/dimensión natal, él habría sido coronado, pero en Infierno, las reglas eran muy diferentes.

Ellos eran la raza invasora de Infierno, pero solo los elegidos por los Artefactos Infernales, el Trono del Infierno y el Sello del Regente podían certificar que quien regía el Infierno era su legítimo custodio. Porque Infierno tenía un Rey natural, pero nadie sabía quién y donde estaba.

Algunos murmuraban que debía ser un Perro del Infierno, como se llamaban a las criaturas originarias del planeta/dimensión. Otros creían que el verdadero Rey era aquel que los había salvado de la muerte en la Tierra y los había traído aquí.

Ya nadie recordaba su nombre, pero el Único, el apodo que le sobrevivía era una leyenda viva entre los demonios.

Aunque llamarse a sí mismos Demonios era un eufemismo. Los nativos solo los llamaron Demonios Extranjeros cuando los comenzaron a esclavizar y transformar en bestias babeantes y mortíferas por orden de su padre. Hasta entonces solo habían sido llamados Extranjeros.

Pero Dimano, al ser hijo de Abricus, y su segundo desde que maduró lo suficiente para reclamar su puesto en el Conclave de los Clanes, sabía la verdad.

Hacía siglos, su raza había sido la dominante en la Tierra, cuando los grandes reptiles lo controlaban todo. Más inteligentes y hábiles que las especies de reptiles coetáneos, desarrollaron habilidades sociales, económicas y tecnológicas muy superiores a los actuales dominantes de su mundo patria.

Lamentablemente, la llegada de un enorme asteroide hizo huir a la mayoría a través de los portales que el Único había aprendido a crear y mantener.

La llegada del asteroide tardó tiempo, pero no el suficiente para que toda su patria llegara a huir. Algunos quedaron en la Tierra, pero no se supo más de ellos.

Cuando exploraron el Infierno, lo bautizaron así porque todo les pareció un castigo divino.

Infierno lució un cielo purpura oscuro cuando se ponían los soles gemelos, y un cielo lila cuando ambos astros brillaban en su cenit. Sin luna, la oscuridad era casi total cuando estaban acostumbrados a una oscuridad parcial por la miríada de estrellas del cielo terrestre. Y no había mares.

La flora, de color azul, estaba plagada de flores gigantes, las cuales eran venenosas para ellos o eran carnívoras y trataban de comérselos.

Los nativos eran extraños. Alimentaban a sus crías con la leche que salía del cuerpo de las hembras y estas no parían crías completamente desarrolladas.

Tiempo después comprenderían que los Infernales eran mamíferos, mientras ellos, descendientes de reptiles, pero eso no impidió la cooperación y la armonía mientras el Único y el Rey Infernal fueron amigos.

Y así hubiera seguido si el Único no se hubiera marchado para revisar la Tierra. Por dos veces él volvió de cada viaje y contó a su pueblo que esta aún no era habitable. A la tercera, no volvió. Y aparecieron el Trono y el Anillo.

Para cualquiera que no conociera a los Demonios, hubiera pensado que ahí habría acabado todo. Hasta que los clanes empezaron a pelear. Trono y Anillo designaron al primer Rey de los Demonios.

Y con el primer Rey, llegó la división y el desarrollo de las habilidades latentes de cada Clan. Los Visionarios se volvieron retraídos y asustadizos; los Terréanos, bravucones; los Mentales, taimados, y cada Clan dejó de confiar en sus parientes con otros poderes.

El primer Rey vivió cincuenta años infernales, unos diez mil terrestres. El segundo sobrevivió cinco días tras su ascensión al trono. Su padre se sentó en el Trono doscientos años Infernales y para cuando murió, los hombres comenzaban a cazar y usar el fuego para cocinar.

Ahora, quince años después de su muerte, su sucesor había sido revelado. Qué había hecho para que se retrasase tanto su ascensión, no lo sabía, pero como el Dimensional más fuerte, era parte del Conclave y estaba esperando por la comitiva real, que consistía en treinta guardias y los anteriores guardianes de su padre; el consejero Ailas del Clan Visionario y el consejero Rand, del clan Acuariano.

Para Dimano, estos dos no eran confiables, pero había sido su padre quien los eligió, no él. Ailas era apenas un niño, y Rand era demasiado viejo.

Las fanfarrias sonaron, señal de que el Rey estaba en Palacio, y Dimano se levantó de su asiento para recibirlo. Pero quizás debería haber hecho caso a su instinto de sentarse de nuevo, al ver a la pequeña figura encapuchada del nuevo Rey. Algo tan pequeño no debería siquiera ser llevado al Trono para que pasase su prueba de fuego.

El malestar corrió entre los presentes. El nuevo Rey no podía medir más de metro cincuenta. Lo más probable es que era un Demonio que no había alcanzado la mayoría de edad, como Ailas. No podría sujetar una espada para defenderse, y mucho menos portar la armadura que todos los nobles solían usar.

Entonces el Rey apartó la capucha de su cabeza, mostrando su élfico rostro. Luego la bajó y el caos estalló, causando que se subiera de un salto al Trono y se acurrucase allí como un gato asustado.

No ardió, pero si ardieron de furia los miembros más conservadores del Conclave, ante su nueva Reina.

Dimano no podía hablar, no podía moverse. El Trono emitió un silbido agudo para que todos callasen y se adaptó a los deseos o necesidades de la Reina, pasando de ser una silla enorme, como le gustaba a su padre, a ser un enorme sofá, donde la Reina se escondía entre grandes almohadones.

Ailas se adelantó, carraspeó y pronunció con voz aguda, ya que el joven Demonio aún tenía voz de niño, para que todos escucharan.

─ Conclave, les presento a la Reina Infernal, Liriam, primera Reina por decisión de los Artefactos, el Trono y el Anillo. Y mi madre.

Parpadeando, Dimano miró de Ailas a Liriam sin creérselo. La Demonio parecía más joven de lo que era su propio hijo. De lo que era él mismo seguramente. Pero siendo solo dos años mayor que Ailas, Dimano tuvo claro dos cosas.

Que aquella mujer era más poderosa de lo que parecía. Y que era su Compañera.

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