Capítulo 1. Hello país del cielo nublado eterno. Hola lindo.
Resumen del capítulo: "Uh cierto que este perro solo debe saber inglés, la concha de la lora."
[Borrador, sin corregir.]
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Irse a trabajar para el Manchester constituyó un dolor de cabeza de tal magnitud que, incluso ya en el aeropuerto inglés esperando volver a ver su preciada valija con cintitas de los colores blancos y rojo del club de sus amores, Enzo todavía se cuestionaba si era él el que tenía problemas y le gusta rebuscarse la vida solo para hacerse sufrir.
Lo cierto es que en casa había sido todo un escándalo su decisión de aceptar mudarse completamente solo a la otra punta del mundo. Sebastián, de entre todas las demás personas existentes que eran mucho más probable que se enojaran, fue quién peor se tomó el anuncio de su hermano menor.
(Posta no lo "tomó bien", ni siquiera pudo intentar procesar la noticia antes de ahogarse con el mate que acababa de pasarle Enzo.
Enzo se quebró un poco cuando su hermano mayor se levantó enseguida y le gritó como si fuera un pendejo que acababa de mandarse una macana de las peores.
Discutieron como nunca en su vida habían discutido. No volvieron a hablarse hasta bien entrada la tarde.
Enzo todavía no quería pensar mucho en ese día que suponía alegría y terminó manchado en gran parte con lágrimas y angustia.)
Pero era una oportunidad única, posiblemente irrepetible, y tan extraño como podía ser abandonar tu país por trabajo a pocos meses de terminar el año era una oportunidad que Enzo tenía que aprovechar y algo por lo que no se iba a disculpar.
Lo habían superado como familia, eso era lo más importante.
Lo segundo más importante para Enzo, en este momento, era descubrir cómo salir de allí.
Si bien desde la gerencia del club se coordinó el tema de los pasajes y el traslado hasta su nueva vivienda era un vuelo largo de más de 40 horas y con escala, sus oídos todavía estaban tapados y estaba re matado.
¿Es poco profesional dormir durante todo el viaje en auto hasta donde sea que lo lleven?
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(Unos días después, Sebastián le hace una pregunta importante™ disfrazada de joda mientras toman mate y ven el partido del City con la esperanza de que el 19 juegue.
— ¿Estás contento, nene? Cumpliste tu sueño de venir al país más choto todo por la liga de fútbol y el pibe ese.
Enzo se ríe.
— Con Julián no, eh. No te hagas el pelotudo si sabés bien como fueron las cosas. —su pierna se levanta por si sola y patea el asiento de su hermano mayor casi logrando que se caiga.
— Sí, estoy contento, creo.)
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La casa es muy linda, luminosa, en un buen barrio (no demasiado caro) cómodamente ubicado entre el estadio y el centro de entretenimiento y con patio.
Esta podría ser la casa más blanca reflectante jamás imaginada, pelada excepto por algún que otro mueble básico y con un eco de la puta madre; podía ser la casucha más barata que encontraron los del United para un pendejo nuevo del parte médico, pero esta casita también tenía un pequeño, bien cuidado e indiscutiblemente hermoso patio cerrado trasero que Enzo ya adora.
Y al que sus hermanos acababan de desterrarlo.
Resulta que ya no puedes decirles a tus hermanos mayores lo que tienen que hacer mientras intentan ayudarte a mudarte porque es una cosa de histéricos o algo parecido, Enzo Jeremías. Todos de cristal son ahora.
Y amargos, son todos unos amargos.
Desaprovechando la oportunidad de rascarse a dos manos porque es un culo inquieto y tonto además, Enzo se resignó a boludear en el celu en el escalón de entrada hasta que le removieran el castigo.
O hasta que recibiera un invitado especial.
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Licha era re pelotudo mal. Se había distraído leyendo el mensaje en el grupo del United que les avisaba que iba a arrancar un chico nuevo de la parte de fisio y cuando se quiso acordar Polito hace rato que había volado.
Rápido para evitar el baño el hijo de puta.
— La concha puta que te re parió, Polito. —Licha puteó por lo bajo mientras se agachaba.
Polito, obviamente, no estaba debajo del sofá.
— Perro pelotudo, ¿dónde andás? —Suspiró preocupado mientras volvía a mirar alrededor de la habitación.
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Enzo se dió cuenta de la presencia de un invitado inesperado cuando escuchó rasguños y gruñidos cerca de la valla que cercaba el patio.
El bulldog, gordito y de contextura ancha, rezongó cuando pasó al patio de su nuevo vecino a través de un espacio entre las maderas de la cerca.
Despacito y sin moverse mucho, Enzo lo llamó: —Hola gordo, vení vení.
El perro no le dió bola, muy ocupado en olfatear todo sobre el verde pasto de una casa ajena, pero se acercó cuando Enzo chasqueó la lengua. Mientras lo acariciaba entre sus orejas Enzo se dió cuenta de algo.
—Uh cierto que este perro solo debe saber inglés, la concha de la lora.
¿Ahora cómo se supone que Enzo se comunique con el perro (o con el dueño, también estaría bien) si no puede hablar inglés?
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«Hello, Enzo. Hello es hola en inglés. Tocás la puerta y le decís hello. No es tan difícil»
Tocó la puerta con decisión y el perro en brazos y casi se cae de culo cuando vió quien abría la puerta.
Su primer pensamiento fue este:
«La puta madre. ¿Era necesario que mi vecino fuera tan fachero? Alto lindo. Hola lindo.»
— Hola. —Saluda Enzo como un pelotudo. La concha de la lora.
Su segundo pensamiento fue:
«Lisandro Martínez.»
«¡!!!!!!!!!!!iiiiii»








