Brea Nocturna

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Summary

Viene de noche y solo se mueve en la oscuridad. Al principio, piensas que solo se trata de una leyenda urbana. Pero todo cambia cuando se lleva a tu hermanito. Tan solo te quedan dos opciones, huir o morir. ¿Cuál elegirás?

Genre
Mystery/Horror
Author
Ivan
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Presa de la oscuridad


He soñado con una imagen perturbadora de la que no me puedo deshacer. Se ha pegado a mí como una sanguijuela y está empezando a drenar toda mi energía. Me resulta imposible describirla aunque se encuentre tan vívida en mi mente como si estuviera plantada frente a mis propios ojos.

Aunque no he dibujado en mucho tiempo, tomo un cuaderno y dejo que mis dedos se deslicen formando trazos sin sentido, en un intento por deshacerme de aquella imagen. Apenas me doy cuenta de que mi mamá ha entrado en la habitación. Se queda contemplando el dibujo por un tiempo hasta que me sacude.

—Ha sucedido de nuevo. Esta vez se han llevado a Manu.

Desde hace un tiempo, han comenzado a ocurrir desapariciones en nuestro barrio. Al principio fue solo un caso aislado, pero el número sigue aumentando cada noche. Manu vivía en nuestra cuadra; pareciera que el peligro se acerca cada vez más a nosotros. Pero la vida sigue y mañana me toca trabajar, así que trato de olvidar la noticia y procuro descansar.

El día siguiente transcurre con monotonía. Cuando regreso a casa, encuentro la cocina sucia y una pila de ropa espera a ser lavada. Como siempre, los demás no mueven un dedo para ayudarme. He hecho el mismo reclamo tantas veces que ya no tengo ánimos para discutir, pero mi rabia se sigue acumulando.

Para colmo, papá me pide que vaya a comprar la cena. Pero ya estoy harto de hacer todo por mi cuenta, así que le exijo que mande a mi hermano menor. Como no es capaz de rechazar mi petición, termina enviando a Mati. Las calles están heladas y desiertas; no me imagino saliendo ni un paso afuera y pronto comienzo a sentir remordimiento por no haber ido.

Pasan veinte minutos y aun no regresa. Después de tantas noticias sobre desapariciones, mis padres comienzan a preocuparse. Pero les digo que regresará pronto y trato de tranquilizarlos. Salgo a buscarlo y me repito que todo saldrá bien. Estaremos de vuelta en casa y la próxima tendremos más cuidado. Pero cuando llego al puesto de comida rápida, no lo veo por ningún lado.

Según don Mario, mi hermano nunca llegó a su local. Me quedo paralizado, incapaz de asimilar sus palabras. No soporto las miradas de preocupación que se dirigen a mí y salgo a toda prisa. La ventisca de la noche me golpea en la cara; mi pecho se contrae y tengo dificultad para respirar. No sé qué hacer, ¿cómo podría regresar a casa sin mi hermano? Me lo planteo por un instante, pero descarto la idea de inmediato.

Comienzo a recorrer las calles en silencio, buscándolo en cada esquina. Pero al cabo de un rato, la desesperación se apodera de mí y grito su nombre a todo pulmón. En la distancia, veo que mis padres vienen hacia mí y solo quiero morir. ¿Qué se supone que les diga? ¿Qué no he sido capaz de encontrar a Mati? Todo por no haber querido levantar mi trasero de la cama.

No sabría describir con precisión las emociones que me embargaron las siguientes horas. Siento como si estuviera cayendo en un abismo sin fin. Esa noche, acompañé a mis padres para realizar la denuncia en la comisaria. Nos dijeron lo que nadie deseaba escuchar: tendríamos que esperar.

El resto de la semana fui incontables veces a la comisaría para recibir actualizaciones, pero los oficiales tenían las manos llenas con tantas desapariciones. Aun así, sentía que no se preocupaban lo suficiente por encontrarlos. Movido por la ansiedad, acudí a los principales medios de comunicación y me sorprendió recibir la misma respuesta. Ya habían cubierto la noticia y no volverían a tocar el tema hasta que recibieran más información.

Tal vez estaba siendo paranoico, pero tenía la impresión de que estaban intentando ocultar los casos. Incapaz de volver a casa, golpeé cada puerta que me pudiera dar una pista sobre el paradero de Mati, pero fue en vano. Aun así, seguía intentándolo porque me destruía ver la cara de mis padres cada vez que regresaba con las manos vacías. Después de todo, este calvario era culpa mía.

Ellos intentaban fingir que no pasaba nada, pero podía leer lo que se ocultaba detrás de sus máscaras de indiferencia. Me culpaban por todo y no era capaz de contradecirlos. Tenían razón. Pero estoy seguro que su resentimiento ni se acercaba al odio que sentía por mí mismo.

Mi último recurso fue navegar por internet en búsqueda de algo útil. Aunque solo me encontré con teorías conspirativas sin sentido. Enfurecí al leer tantos comentarios insensibles que especulaban al respecto, como si familias enteras no estuvieran sufriendo. Pero entre la pila de basura, encontré el nombre de alguien que afirmaba haber escapado de las garras del raptor.

Tras una exhaustiva investigación, pude dar con su paradero. Aunque no sonaba muy alentador. Se trataba de un hombre de cuarenta años que había ingresado a la cárcel de Tacumbú hace unas semanas.Pero no tenía nada mejor, así que hice le hice una visita haciéndome pasar por un amigo.

Como no me conocía, tuve que contarle mis intenciones de inmediato. Medí mis palabras porque no quería arruinar la última oportunidad de ponerle fin a este calvario. Al principio, el hombre se mostró reacio. Parecía determinado a dejar ese tema en el pasado, pero le rogué con tanta intensidad que terminó cediendo.

—Antes que nada, quiero pedirte perdón por lo que estoy a punto de contarte.

Es lo primero que me había dicho después de soltar un montón de incoherencias fantasiosas. Ese hombre debería estar encerrado en un psiquiátrico, no en la cárcel. Aseguraba que había ingresado a robar en una casa que lindaba con la planta de petróleo cuando fue acechado por esa cosa.

Era una sombra negra que se expandía como el agua. El recluso aseguraba que se trataba de un experimento fallido de la destilería. Solo había logrado escapar porque la sombra huía de la luz y se había escabullido dentro de los tanques de combustible cuando salió el sol. Tras haber reportado el hecho a la policía, lo arrestaron de inmediato.

Ya había escuchado cosas similares en internet. Algunos afirmaban que los norteamericanos usaban el predio de la petrolera para llevar a cabo experimentos ilegales. También había grupos que exigían la mudanza de la petrolera a una zona desierta, pues representaba un peligro para la comunidad.

Nunca presté demasiada atención a esos rumores. Tampoco debería haber escuchado a ese lunático, pero sus descripciones eran muy similares a lo que había visto en mis sueños. La remota posibilidad de que hubiera algo de verdad en su relato fue lo que me impulsó a actuar con imprudencia.

Ya que el raptor solo aparecía por la noche, comencé a rodear la petrolera durante la medianoche. Los primeros días, nada extraño sucedió. Las desapariciones se habían detenido, pero eso no me frenó. Seguí yendo cada noche en busca de pistas. Ni siquiera sabía lo que estaba buscando hasta que encontré un hueco entre las vallas eléctricas que cercaban la planta.

Crucé con cuidado y descubrí que el alto voltaje estaba desactivado. Tampoco había guardias por ningún lado, lo que me resultó extraño. Pero necesitaba respuestas y ya no me importaban las consecuencias. No fue hasta el amanecer que me di por vencido y regresé a casa, sintiéndome estúpido.

Mi madre se enfadó conmigo por haber escapado durante la noche sin avisarle. No quería perder a otro hijo, pero yo no estaba listo para dejar atrás a mi hermano. Al día siguiente, esperé a que mis padres se durmieran y regresé a la planta industrial. Aunque esperaba obtener el mismo resultado, necesitaba aclarar mis dudas antes de buscar otro camino.

Estuve a punto de regresar rendido a casa cuando sentí su presencia.

Emergiendo de un tanque, la figura de mis pesadillas se abalanzó hacia mi dirección, lista para cazarme. Lucía como un montículo de brea que aumentaba de tamaño a medida que avanzaba. No tuve tiempo de huir, así que corrí hacia las oficinas del predio.

Un miedo primitivo se había apoderado de mí, mientras la sombra a mis espaldas se acercaba sin prisa. Estaba segura de que cumpliría con su objetivo y me devoraría antes de la puesta del sol. Pero cuando estuvo a punto de alcanzarme, logré esconderme en el interior de un salón.

Permanecí oculto debajo de una mesa y no pensaba moverme de allí hasta que amaneciera. Pero vi horrorizado como un fluido negro se filtraba a través de las puertas y ventanas. Me reprendí por no haberlo previsto. Mi falta de atención me había llevado hasta ese punto y tal vez merecía lo que estaba por venir.

Hubiera dejado que la oscuridad me tragase en ese instante, pero estaba haciendo aquel esfuerzo por mi hermano. Me obligué a levantarme una vez más y salí a través de la ventana. La masa amorfa me persiguió con avidez. Se expandió tanto que parecía un tsunami salido del mismísimo infierno.

Por fin estaba comenzando a amanecer; tan solo tenía que seguir corriendo. Pero el cielo estaba nublado y los rayos del sol no lograban alcanzarme. La sombra se enredó en mis tobillos, tumbándome al suelo. Cuando giré para enfrentarla, se derrumbó sobre mí, arrastrándome hacia el olvido.

Sentí que me ahogaba con lentitud. Me encontraba dentro de un cúmulo que parecía estar hecho de petróleo crudo. No era tan denso como para ahogarme al instante, pero lo suficiente para resultar mortal. Había un mar de cuerpos a mi alrededor. Eran todas las víctimas que habían desaparecido.

Mi final estaba cerca, pero la urgencia de encontrar a mi hermano me seguía dominando. Lo busqué a tientas porque no podía ver debido a la espesa negrura. En cuanto palpé su rostro, lo supe de inmediato y el terrible peso de la realidad me aplastó. Reconocería a Mati en cualquier lugar.

Si la planta se hubiera construido lejos de nuestro pueblo, no habríamos tenido este final. Si tan solo hubiera cuidado mejor de mihermanito, no estaría hundido en este pozo de oscuridad. Pero el arrepentimiento no servía de nada y lo último que podía hacer por él era sacarlo de allí.

Con mi último aliento, lo arrastré fuera del petróleo y cuando logramos salir, arrojé mi encendedor contra el monstruo. Sostuve la mano inerte de mi hermano mientras el mundo ardía a nuestro alrededor. Antes de mi final, todo fue muy brillante.