Chapter 1
Manejar en la ruta era una de las actividades favoritas de Brian, disfrutar del paisaje, del momento de paz.
Bueno, tan momento de paz ese día no era, más cuando se encontraba acompañado de dos jugadores, e hinchas de central, que desde que habían salido de Rosario, mínimamente ya le habían cantado dos veces cada una de las canciones de cancha de central.
Pero, faltando menos de media hora para llegar al predio de AFA en Ezeiza, la cabeza de Brian recordaba y viajaba a otros momentos.
—Aunque no nos veamos todos los días, yo siempre pensaré en vos Brian — dijo el castaño mientras acariciaba su rostro.
—¡Brian! — grito de repente Gino, trayéndolo de nuevo a la realidad, mientras le alcanzaba un mate.
—¿qué onda, donde andaba esa cabecita? — pregunto Alejo, chismoso, sentado en el asiento de copiloto.
— seguro anda pensando en Maestro — tira Gino, sin dimensionar que en realidad había acertado.
Brian le devuelve el mate sin decir nada, pero con las mejillas extremadamente coloradas.
Porque sí, lo primero que pensó cuando se enteró de que iban a poder jugar el mundial y de que había sido convocado, fue si iba a volver a ver a Ignacio Maestro Puch, quien era dueño de más de un pensamiento de Brian.
Se conocieron hace varios años, de una que otra convocatoria, pero algo había cambiado entre ellos cuando fue el torneo de l’alcudia, entre los festejos por la victoria, Brian nunca podía recordar del todo bien cómo, pero habían terminado a los besos con el castaño en la habitación que compartían.
Después de eso, no se habían visto ni hablado del tema hasta la convocatoria del sudamericano, donde no les había tocado compartir habitación, ya otro compañero del club de Brian había sido convocado, pero donde habían podido conversar, bueno si se le podía llamar conservación a lo que habían hecho en realidad.
>> El rosarino estaba yendo hacia al comedor cuando de repente una puerta a su costado se abrió, y una mano lo agarró del brazo y lo metió dentro.
—Dios, es la primera vez que te puedo encontrar solo, tienes a Franco pegado a vos veinticuatro siete — dice Ignacio, apenas logra cerrar la puerta — hasta ayer, después del entrenamiento, me iba a acercar y te rodearon gino, alejo y facu, y dije “yo por ahí no voy”. Y después iba a hablarte en la cena, pero estabas hablando con el capitán y no quería interrumpir…
Brian escuchaba, pero a la vez se perdía en los ojos de castaño. Siempre había sentido una atracción por descubrir el tono exacto de sus ojos.
— ¿no me estás escuchando? — atrajo su atención Maestro — ¿te perdiste mirando mis ojos?, hoy están medio grises porque está nublado.
Brian, a veces, odiaba lo directo que podía ser el tucumano. Él siempre se había caracterizado por ser tímido y de cortas palabras, en cambio, Ignacio siempre decía todo sin ningún tipo de filtro.
—Estaba tratando de procesar todo lo que decías — mintió el santafesino, aunque sus mejillas sonrojadas podrían obviar el hecho de que no decía la verdad.
—estás mintiendo — resalta el castaño — pero no importa eso, lo que quería decir que es, tenemos que hablar.
Brian lo miro dubitativo, porque una parte de él se negaba a creer que el tucumano esté hablando de lo pasado en la última convocatoria, su cerebro razonaba que debía ser algo relacionado con algún entrenamiento.
—No te hagas el boludo. — dijo Ignacio al notar la expresión en el rostro del santafesino.
—No me estoy haciendo el boludo, estoy tratando de recordar algo de lo que deberíamos hablar.
— Ah, es eso, yo te ayudo a recordar.
Sin darle tiempo de reacción, Ignacio agarro con una mano la cara de Brian y conectó sus labios con los suyos, pero con desenfreno, con ganas acumuladas.
El tucumano buscaba al santafesino hace meses, dejándole likes y comentarios en Instagram. Mandándole mensajes cada tanto, pero siempre obtenía monosílabos por parte de Brian.
Era la primera en meses que obtenía algo de él, una respuesta física, Ignacio no tardó en ser correspondido por el otro, pudo sentir a través de la conexión de sus bocas que por parte del otro estaban también esas mismas ganas que él sentía.
Capaz fue eso lo que lo llevó a ser un poco impulsivo para agarrar los muslos del mayor y levantarlo para que rodee su cintura.
Ignacio solo quería poder fusionar cada parte de su cuerpo con el de Brian, que para su suerte, era bastante receptivo a su toque y sus ideas.
Quizás esa correspondencia fue lo que lo llevó a ir más lejos, a que lentamente las ropas se volvieran un extra, y se las quitaran.
A que en vez de hablar lo único que escuchará en la habitación sean pequeños gemidos salidos de la boca del santafesino.
—Nacho, la puerta — dijo Brian, recordándole a Ignacio, donde estaban.
Antes de seguir, rápidamente, el tucumano fue hacia la puerta y le puso el cerrojo, y deseo con todas sus fuerzas que a su compañero no le pintara volver a la habitación, al menos, por media hora más.
Así fue como por primera vez hicieron el amor.
Algo que se repitió en varias ocasiones durante el torneo, en especial, como método de descarga de todas las frustraciones que tenían.
Pero algo había faltado en todo ese tiempo, algo que determinó su después.
Brian e Ignacio nunca hablaban, bueno, mejor dicho, nunca hablaban de sus sentimientos.
Y ambos volvieron a casa sin saber si el otro en verdad lo quería o solamente había sido una vez más el calor del momento. <<
De aquella vez, las cosas entre el tucumano y el santafesino se habían mantenido raras.
A diferencia de otras relaciones que conocía entre sus compañeros, parecieran ser los únicos que una vez que pisaban fuera del predio de AFA olvidaban lo había pasado dentro, o al menos eso pasaba en Brian.
Porque Maestro siempre lo buscaba.
Pero Brian y su timidez, o miedos, o lo que sea, siempre encontraban manera de evitar o esquivar cada idea del tucumano.
Hasta cuando hace poco el rosarino había viajado a Tucumán por un partido y el menor se había enterado e invitado a pasear, Brian invento 500 excusas solo para poder seguir escapando de lo que el tucumano le solía generar.
Pero ahora ya no tenía salida, cuando la convocatoria llegó supo que era momento de dejar de esconderse y enfrentar que sentía algo más que una amistad por el ojiazul.
— Vos callate que seguro tenés mensajes de Thiago que responder — le retrucó a Gino.
—¿En serio? ¿Seguís con Thiago? — cuestionó Alejo, sabiendo del historial de esos dos — ¿no se habían peleado hace un mes?
— ehhh sí, pero nos arreglamos.
— Dios, que histéricos que son.
— ¡hey, hey! Ya te quiero ver enamorado a vos.
— no, gracias, paso de eso por ahora.
Brian, se reía internamente, siempre había observado las relaciones de sus amigos/rivales.
Como Gino vivía peleando con su novio por la distancia que tenían desde el otro, se había ido a jugar a Buenos Aires, pero apenas estaban ambos en el mismo lugar, se arreglaban y se amaban como si fuera la primera vez.
O como Alejo, que a pesar de estar soltero ahora, había visto lo amoroso y dedicado que era a sus parejas, que ahora renegaba porque la última no había terminado bien, para él, al menos.
Pero su mayor ejemplo eran Agustín Giay y Valentín Barco, a ambos los conocía desde hace varios años compartiendo selección. Había visto cada paso de esa relación, desde la inseparable amistad, también cuando las nuevas emociones aparecieron y causaron estragos en ellos, hasta que el mayor encaró al colorado, finalmente aceptaron lo que sentían.
A veces se preguntaba porque no podía ser así para él. Solo ir y enfrentar a Ignacio, para aceptar que se imaginaba toda una vida a su lado.
— Bri tírate más para la derecha, que ya estamos cerca — escucho la indicación de Alejo.
Cuando finalmente llegaron al predio, fueron recibidos por el cuerpo técnico y varios de sus compañeros, que habían llegado antes.
— Bueno, Gino te toca compartir habitación con Mateo Tanlongo — muy lo bajo, Brian pudo escuchar la puteada del ojiclaro —, y ustedes dos comparten habitación, ¿okay?
— sí, no hay problema. —Respondió Alejo.
Los tres fueron por el pasillo que daba hacia las habitaciones del predio.
Cuando Brian y Alejo llegaron a la suya, no esperaban encontrarse con Ignacio apoyado en la pared contigua a su puerta.
— Maestro — lo saludo efusivamente el santafesino, siendo correspondido por el tucumano.
—Alejo, ¿cómo estás?
— bien bien, que te trae a mi puerta.
— te quería preguntar si podíamos cambiar de habitación.
— ¿eh? — Alejo se sentía confundido hasta que recordó la charla que habían tenido en el auto — ah, entiendo. ¿Con quién dormiría yo?
— Con Mati Soule, pero recién llega el viernes.
— Bueno, dale, sin problema.
— saben que yo estoy acá, ¿no? — Brian habla intentando disimular los nervios que le generaba, ya tan pronto, encontrarse con Ignacio.
— Sí, pero vos un culiao y me puedo imaginar tu respuesta — le responde mirándolo directamente a los ojos, Brian podía una chispa de enojo en esos ojos azules.
El azabache ya imaginaba lo que le venía encima, se había preparado para eso desde que vio la lista, ya no podía escapar, o aceptaba sus sentimientos y los del tucumano, o los negaba para siempre.
Mientras Ignacio acompañaba a Alejo a la otra habitación y aprovechaba para buscar sus propias cosas, Brian se sentó en una de las camas y empezó a recitar mentalmente todo lo que iba a decirle al castaño, sabía que tenía que ser totalmente honesto con el otro.
Escucho el ruido de la puerta al abrirse y los pasos de Nacho dentro del lugar, Brian sentia como la atmosfera de la habitacion habia cambiado, seguro pareceria un idiota si decia esto en voz alta, pero podia notar toda la energia negativa, provocada por el enojo y frustracion que sentia el tucumano.
—Antes de que hagas cualquier cosa, puedo decir algo — preguntó el santafesino, conociendo de las costumbres impulsivas del tucumano, que siempre terminaban con ellos dos cogiendo pero sin hablar de nada.
—Bueno — respirando profundo, intentando mantener la calma, Ignacio toma asiento frente a él, en la otra cama y mira directamente hacia Brian.
¿por que tenia que mirarlo tan directo? ¿Era consciente de lo nervioso que lo ponía o simplemente lo hacía por hacer?
Brian queria dejar de hacerse tantas preguntas, pero como siempre, todo lo que habia formulado antes, simplemente se borro en frente de Nacho.
¿eso era el amor que le tenia al tucumano?
A veces odiaba esos sentimientos, que lo dejaban tan desorientado y desarmado, pero recordaba esas mañanas cuando despertaba al lado del menor, y ya sabía que iba a tener buen día.
—Bri — habló Ignacio, ya impaciente, ya que el ni sabia que buscaba esta vez en el otro.
Aunque, en el fondo, Ignacio reconoció que él también estaba mal porque tenía al pelinegro enfrente suyo queriendo hablar, cuando él nunca lo había intentado antes, y eso que él siempre tuvo claro lo que sentía. Pero había pensado que desde lo físico podía comunicar todo. Sin embargo, después del sudamericano, hablando con sus hermanas, la mayor le dijo:
— Pero vos sos culiao o qué, las cosas así deben hablarse. A pesar de la conexión física que tuvieron, si no decís las cosas en voz alta, él no va a adivinar cómo te sentís, Ignacio.
Sí, eran dos idiotas, que si, se amaban, pero nunca lo habían puesto sobre la mesa.
— ¿si lo escribis no es más fácil? — sugirió de repente Ignacio, intentando encontrar una solución.
A Brian al escucharlo se le iluminó el rostro, no lo había pensado, capaz de esa forma iba a poder expresarse sin miedo.
—Creo que si — respondio timido.
—Ya vengo — dijo Ignacio, mientras salía de la habitación, buscaba en algún lugar un papel y una lapicera.
Cuando finalmente pudo conseguir, pidiendoselo a uno de los miembros del cuerpo técnico, volvió corriendo a la habitación.
Le entregó una hoja y lapicera a Brian, a la vez, se quedaba con un combo también en él. Solo con una mirada, ambos empezaron a escribir, dejando todo lo que sentían por el otro redactado en esas hojas, aquello que siempre estuvo en sus corazones pero nunca salió de sus bocas.
No pasaron más de 10 minutos cuando ambos terminaron de escribir, e intercambian mutuamente las cartas.
Fueron unos minutos después cuando ambos se abrazaron con los ojos llenos de lagrimas.
—Obvio que también te amo. Era muy feliz al despertar a tu lado cada mañana, y no te imaginas la cantidad de veces que quise decírtelo pero las palabras se me quedaban atrapadas en la garganta. — Brian hablaba con la voz entrecortada por el llanto —. Pero, nunca dude que lo que sentia por vos era más que una amistad, pero tenía tanto miedo.
Ignacio lo acomodo sobre su regazo, donde Brian rápidamente escondio su cabeza en el cuello.
— te amo tanto, que pense que con mis acciones lo ibas entender, pero yo también me equivoque bri — respira — , tenia que haber hablado con vos cuando tuve las oportunidades. Asi que ahora voy a preguntar algo para dejar las cosas clases.
Brian saco su cara de su escodite y miro los ojos de Ignacio.
—¿somos novios, no?
—Preguntalo bien — exigio el santafesino.
— Bueno, ¿queres ser mi novio?
— Si, quiero serlo.
Ambos se sonrieron, y finalmente, unieron sus bocas en un beso, por primera sin segundas intenciones — o si —, donde sobraba amor.
Ambos después de ponerse al día, fueron juntos hasta la sala de juegos, donde estaba la play y la mesa de ping pong.
Se encontraron a la mayoria de sus compañeros, pero en particular podian ver al par de Rosario central discutiendo por algo.
—No lo niegues.
—no estoy negando nada, no se de que estas hablando.
— que no, te vi como mirabas la foto.
— la estas re flasheando gino.
Brian, siendo amigo de ambos, se acerco para saber sobre que estaban hablando. Ignacio, sin intencion de separarse de él, se mantuvo detrás de él, con sus manos en la cintura del santafesino.
— ¿que onda? ¿que paso?
—Este tarado no se acordaba quien era Mati, y lo estaba stalkeando por ig, y en momento, se quedo re boludo mirando una foto.
— Mentira, solo queria ver su tatuaje.
— deja de mentir, Alejo, como sino te conociera.
Alejo estaba por seguir negando la pequeña atracción que habia sentido por el marplatense, hasta que noto en el ambiente calido y de confianza que se encontraban Brian y Ignacio.
—¡Al fin! — grito efusivo señalando hacia la pareja — ¿hablaron? ¿Se arreglaron, no?
Gino que no habia estado pendiente de la pareja, noto lo que decia Alejo y también se puso contento, pero:
— ¡Ay! Ahora ustedes tambien me van presumir que tienen a su pareja en la convocatoria, ¿no? — dijo dramáticamente, recordando todas las veces que su capitan y el colo se ponian mimosos y él extrañaba a su pareja.
— mmm, puede ser — dijo Maestro abrazando con mas fuerza al santafesino.
Quien inmediatamente se puso todo rojo, ante el hecho de estar asi, enfrente a sus amigos.
Pero a la vez, se sentia contento, de finalmente, poder presumir que estaba con el tucumano.
Al final y al cabo, era cuestion de estar de nuevo juntos y hablar, ¿no?