Parte Única

En la perspectiva de Gojo, el cuerpo de Itadori Yuuji es un lienzo de algodón fino. Sus manos tiemblan de emoción por pintarlo con colores rojizos y violetas; arruinar ese cuerpo bien constituido y atlético que Yuuji ha forjado con los años. Piel bronceada invitándolo a un festín, ojos ambarinos brillantes de inocencia que atrajeron a muchos como la luz a las luciérnagas, sonrisa de ángel y gran carisma. Pero lo que más llamó la atención de Gojo fue su amabilidad e ingenuidad. Aunque podía convertirse en un terror andante si llegabas a lastimar a los suyos. Todavía recuerda cuando lo vio darle una brutal paliza a unos pandilleros que estaban intimidando a su amigo Junpei. Jamás pensó que un chico como Yuuji pudiera existir.
Es hermoso sin artificios; una absoluta belleza pura.
Yuuji no necesitaba de reflectores para centrar la atención en él. Yuuji es su propia luz. Satoru lo escucha reír y piensa que el coro celestial debe retorcerse de la envidia por la majestuosa y aterciopelada voz del chico.
Recuerda con diversión el día que se conocieron. Llegó tarde y apenas dio unos pasos en el salón de clases cuando Yuuji dijo —sin vergüenza— que él era un modelo. Los estudiantes se quedaron mudos por el atrevimiento de Yuuji, unos preocupados de que su compañero fuera castigado y otros conteniendo las risitas. Sin embargo, Gojo comenzó a reír y le preguntó a Yuuji si era lo suficientemente atractivo para ser modelo.
—¡Eres un hombre atractivo! —contestó sincero—. Aunque si no eres modelo, ¿qué eres entonces?
—¡Soy tu profesor de ciencias~!
—¡¿Huh?!
Desde ese momento el chico se ganó su atención.
Yuuji y él eran similares en personalidad. Comparten ciertos gustos como mangas, videojuegos y películas. Satoru es un fanático de Digimon y Yuuji de Pokemon, y de vez en cuando se ponían a discutir cuál de los dos es mejor. Debido a que Yuuji estaba teniendo problemas con la materia, Satoru tuvo que darle tutorías y se acercaron más. Si bien tener una amistad estrecha con un profesor es bastante cuestionable, a Itadori no le importaba. E incluso accedió de inmediato a intercambiar números de celular. Se volvió obvio que él se convirtió en su estudiante favorito, y le llamaron la atención por esto. Pero Satoru nunca le subió la calificación a Yuuji por su evidente favoritismo, el chico en verdad se esforzó en su materia y estaba orgulloso.
Al principio, Gojo supuso que se encariñó rápido, luego que consideraba a su estudiante como un buen amigo, y finalmente aceptó la cruda verdad. Le gusta Itadori Yuuji. Y esos sueños eróticos y sus bóxeres manchados de semen son una clara demostración de lo grande que es su atracción por el joven.
Sujetando un batido de fresa y un jugo de naranja, Satoru se acerca a la sala y muerde el interior de su mejilla al observar a Yuuji levantarse del sofá para estirarse. Su visión se enfoca en su trasero redondo y rápidamente la entrepierna de Satoru empieza a palpitar.
Está tan loco por él.
Se tranquiliza y deja las bebidas sobre una mesa de cristal.
Un joven de cabello oscuro retira la mirada de un libro, estira el brazo y coge el jugo.
—Gracias, Gojo-san —dice, y enseguida bebe.
—¡Vamos, Megumi-chan! ¿Cuándo me dirás papá? —Gojo se queja y hace un puchero.
Megumi lo ignora, enfocando su atención en la página que estaba leyendo. Ellos han tenido esta conversación antes, Megumi se siente agradecido de que Gojo haya tomado su tutela. De no ser por él, su hermana, Tsumiki, y él no hubieran sobrevivido. No obstante, no considera al hombre como su padre y jamás lo llamará así.
—¡Gracias, Gojo-sensei! —Yuuji exclama feliz, agarrando el batido y unos sonidos de satisfacción salen de su boca luego de darle un sorbo a la bebida—. Esto sabe muy bien.
Demonios. La manera que soltó esas palabras puso la mente de Satoru a maquinar escenarios lascivos y su polla volvió a palpitar emocionado.
—Qué bueno que te guste, Yuuji-kun~. Y te recuerdo que puedes llamarme por mi nombre. No hay necesidad de ser tan formal conmigo cuando estemos fuera de la escuela.
—Oh, cierto. Lo había olvidado, Go-... Satoru-san. —El adolescente le sonrió y Satoru optó por irse a su habitación, qué desastre sería si Megumi y Yuuji vieran su erección. Su nombre pronunciado por los dulces labios de su adorable estudiante instaló un calor en su vientre.
Megumi le confesó su relación con Yuuji hace unas semanas, convirtiéndolo en un padre de mierda por gustar del novio de su hijo. (Aun si Megumi lo rechaza como padre, ha cuidado de él desde que era un niño y es la única figura paterna que tiene).
Su estómago se retuerce por los sentimientos impúdicos hacia Itadori.
Quiere arruinar a ese chico tan mal.
Se siente terrible por su hijo, pero sus deseos por hacer suyo a Yuuji son más fuertes que su moralidad y papel paternal.
Y Gojo Satoru siempre consigue lo que quiere.
Por las buenas o por las malas.
Su cuerpo se sintió comprimido, como un submarino entrando en las profundidades de las Fosas Marianas. Quiso abrir sus párpados, pero no podía: su mente atrapada en una telaraña y su cuerpo entumecido. Indefenso y medio consciente, la presa en el estado perfecto para ser devorada por la bestia, pensó sarcásticamente.
Luego un dolor agudo se instaló casi silencioso en medio de sus muslos, algo de textura dura y no muy grande está deslizándose dentro de él. Temeroso de no saber qué sucedía con exactitud, nuevamente hizo el intento de abrir sus ojos; sin embargo, no tuvo éxito y la incomodidad aumentó cuando otra cosa ingresó. Ahora la presión es el doble, pero a medida que avanzaba el sigiloso movimiento, una sensación calurosa se asentó en su zona baja.
Es desconcertante cómo el miedo inicial es reemplazado por placer. Una tercera cosa se abre paso junto a las otras y una fuerte necesidad se apodera dentro de él, queriendo más de lo que está obteniendo. El movimiento aumenta, las cosas deslizándose más profundo. El calor en su vientre crece, y Yuuji consigue mover un poco sus dedos. Luego de unos minutos, mientras se esfuerza por despertar el resto de su cuerpo, su interior es vaciado y maldice por la pérdida del contacto. No tiene idea a qué demonios se ha expuesto, y el adormecimiento es una clara señal de peligro. Así que debería entrar en pánico en lugar de sollozar patéticamente por la ausencia del calor.
Su ser se estremeció con la presencia de algo pegadizo y rígido colocándose en el mismo sitio que lo hizo sentir bien. En el momento que sus caderas fueron presionadas, Yuuji entendió por fin que estaba ocurriendo. Cierta región de su cerebro por fin desencadenó el miedo con la nueva información y mandó repetidamente con desesperación la orden de despertar.
Itadori había bromeado con su novio sobre ser follado mientras dormía, una simple perversión que había escuchado de una conversación entre sus compañeros de béisbol y más tarde vió unos vídeos. Por supuesto, únicamente fue eso, una broma. No llegaron a un acuerdo y tampoco el tema volvió a mencionarse. Megumi no se veía tan cómodo con el tema e Itadori no quiso presionar. Entre ambos hubo mucha comunicación, Megumi sabe que Yuuji tiende a encariñarse con facilidad por la pérdida de sus familiares y Yuuji sabe que la madre de su novio murió y su padre junto a su madrastra abandonaron a Tsumiki y a él. Compartir un tema delicado ayudó a fortalecer su vínculo de cierto modo. Su relación se basa sin secretos ni mentiras, ninguno podía actuar o tomar una decisión sin consultarlo con el otro.
Entonces, Yuuji no puede creer que Megumi simplemente optó por follarlo estando dormido sin su consentimiento previo. Además, las manos que se aferran a su cintura son más grandes que las de Megumi y también lo es la polla que lo está abriendo de par en par.
El miedo perfora su estómago, alguien lo tenía a su merced y lo está tomando.
Sus piernas son obligadas a cerrarse alrededor de una cintura, embestidas lentas que expanden sus paredes musculares. Con el ritmo sereno puede acoplarse sin dificultad al grosor de la polla, lo que significa que su violador es lo suficientemente considerado para no provocarle un terrible dolor. Es demasiado confuso, ¿por qué se tomaría esa molestia?
La compasión del hombre que se encuentra sobre él no sería eterna. Yuuji se queja en su mente de que el pene se deslice hacia fuera, quedando sólo la cabeza bulbosa en su agujero. Casi de inmediato, el hombre hundió su polla hasta el fondo, lanzando a Yuuji a una espiral de magnífico placer mientras empuja rápido hacia adentro y hacia afuera. Aun así, el tamaño del sujeto es mucho por asimilar, el pequeño vaivén del principio sirvió para que Yuuji lo tomara sin molestias y sin desgarros, mas no lo preparó completamente para soportar esa monstruosa virilidad. Cada golpe a su interior dolió hasta que el dolor desapareció y el bendito placer se extendió hacia sus sistemas.
Besos y ligeros mordiscos son entregados en su cuello. Itadori se siente culpable por lo increíble que se siente. Las embestidas se tornan más intensas y los jadeos del hombre cerca de su oído no deberían excitarlo. De hecho, ni siquiera tendría que estar disfrutando esto. Pero la llamarada de lujuria tiene a su pene palpitando y chorreando líquido preseminal, y la larga longitud lo está llenando demasiado bien. Su punto dulce es localizado por el glande y quiere llorar amargadamente ante las asombrosas habilidades del imbécil. Él sabe que sitios tocar con precisión, cómo empujar su próstata, chupar sus pezones, que momento es el indicado para disminuir o acelerar el ritmo. En pocas palabras, lo está follando de maravilla. El mejor sexo de su vida.
Nunca se quejó del sexo con su pareja, Megumi supo complacerlo y lo trató con mucho amor. Quiere a Megumi, en serio lo hace.
Pero no es suficiente para odiar los besos húmedos en su cuello, no es suficiente para detener el desenfreno de lascivia y no es suficiente para que su cuerpo deje de sentirse tan bien.
Irónicamente, ambos encajan a la perfección. Esto puede deducirlo cuando el hombre lo aleja de la cama, sosteniéndolo con firmeza. Sus piernas siguen enredadas a la cintura del hombre y, a continuación, rebota sobre el regazo del desconocido. Esta postura consigue que la polla lo empale aún más profundo, los gruñidos ajenos resuenan encima de su oído y Yuuji se reclama por pensar que esa voz es sensual.
Repentinamente, es arrojado otra vez a la cama y las penetraciones son más duras y rápidas. La mente de Itadori se sobrecarga al mismo tiempo que experimenta por primera vez cómo sus órganos son reorganizados por una gran polla. El fuego se expande y necesita apagarlo, o se consumirá hasta ser cenizas. Los graznidos del desconocido son parecidos a los de un animal salvaje en apareamiento y si Yuuji pudiera abrir sus párpados, estaba seguro que el rostro del hombre reflejaba una aterradora y abrumadora lujuria.
Yuuji es sorprendido con unos labios suaves sobre los suyos, el sujeto lo besa suavemente, tan íntimo y desconcertador.
La mano del hombre trabaja en su miembro, cuatro sacudidas y Yuuji derrama su esperma por su propio pecho. Después el hombre continuó embistiendo hasta correrse. El interior de Yuuji es llenado de semen del extraño y se alegra que esto haya terminado.
De manera inesperada, sus párpados ya no pesan y, despacio, los abre.
Primero ve una enorme mancha gris hasta que sus ojos se reponen del largo descanso y ahora reconoce a la persona que abusó de él.
—¿Gojo-sensei? —susurra, respirando entrecortado y sin creer lo que su visión le está mostrando.
Definitivamente es Gojo-sensei: su profesor y padre de su novio. Esto es difícil de digerir, considerando que el hombre jamás ha demostrado interés sexual en él. Su profesor y él formaron una amistad y a veces bromeaba preguntándole cuándo sería la boda con Megumi. ¿En qué momento los sentimientos de su profesor cambiaron? ¿O todo fue una farsa y siempre lo ha deseado?
Yuuji quedó ensimismado con la revelación y no se percató que Gojo se alejó para conseguir una jeringa con un frasco.
Era tarde para el adolescente cuando observó la aguja dentro de su vena.
Las próximas dos horas Satoru estuvo paranoico.
No se suponía que Yuuji despertara, se aseguró que la cantidad de la droga lo noqueara por completo. Empero, las cosas no siempre salen como lo planificado.
Vió la hora en el reloj de la cocina y tragó en seco. Tsumiki y Megumi se fueron al cine y luego harían las compras. Haciendo cálculos, ellos estarían en casa en media hora y si Megumi ve el estado de Yuuji sumará dos más dos y, conociendo a su hijo, no tendrá misericordia con él.
Escuchó pasos bajando las escaleras y el corazón de Satoru se detuvo por un instante.
Rápidamente llegó al final de las escaleras y sostuvo a su estudiante antes de que cayera al piso. El joven poseía un aspecto desagradable: pálido y mirada perdida. Con cuidado, dirigió a Yuuji a la sala de estar y lo sentó en el sofá.
Jugando una partida letal, tocó la mejilla del adolescente y éste lo miró desfallecido.
—¿Cómo te sientes? —Está caminando sobre cáscaras de huevo. Si tiene suerte, Yuuji no recordará lo que sucedió, sino la cárcel y el odio de su hijo lo estarán esperando.
—Me duele mucho la cabeza —musitó, y el pulso de Gojo se debilitaba con cada segundo que pasaba.
El adulto apretó los labios.
—¿Recuerdas lo que sucedió?
—No… —contestó, frunciendo el ceño y el alma de Gojo regresa a su cuerpo—. Por cierto, ¿qué hago aquí?
Oh, Gojo tiene al diablo de su parte.
—Viniste a ver a Megumi, pero olvidaste informarle sobre tu visita y cuando llegaste te dije que se había ido con Tsumiki. Te dejé esperarlo en su habitación. —La calma y seguridad en sus palabras son elementales si no quiere que el chico sospeche de la verdad—. Te aburriste y cuando bajabas las escaleras tropezaste y te golpeaste fuerte la cabeza.
Itadori hizo una mueca.
—¿En serio? —Satoru asintió—. Woah, debió ser un golpe muy duro porque no recuerdo haber salido de mi casa.
—No te preocupes. Afortunadamente, no te has herido ni tampoco tienes una contusión cerebral. Quédate aquí mientras busco un medicamento para tu dolor de cabeza.
Se encaminó hacia la cocina, pero Yuuji lo detuvo agarrando su muñeca.
—Gracias, Satoru-san. Eres un buen hombre. —Sonríe—. Envidió un poco a Megumi porque tiene un papá increíble. —Suelta una risa—. Aunque no lo quiere admitir.
Finge que esas palabras no acaban de atravesarlo filosamente. La culpabilidad y asco por violar al novio de su hijo lo han golpeado duro. Es un maldito al permitir que Yuuji siga creyendo que es un buen hombre.
Y sin embargo… Él desea hacer suyo a Yuuji de nuevo.
La vida transcurre normalmente. En clases todo es igual, en las tutorías también y Yuuji sigue visitando con regularidad su casa. Gojo ha vigilado discreto al chico, cerciorándose de que nada ha cambiado en él. Su personalidad burbujeante, sonrisa iluminadora y su benevolente corazón permanecen intactos, sin recuerdos de que su cuerpo fue abusado.
Es un hijo de puta con suerte. Ni siquiera tenía idea de que esa droga pudiera borrar la memoria.
Ahora mismo se encuentra calificando trabajos en su estudio. Suspira con cansancio, estirando los brazos hacia arriba y seguidamente se levanta. Se dirige a la cocina a devorar el bote de helado de chocolate. Tsumiki le advirtió de consumir en exceso, pero Gojo nunca la escucha.
Antes de cruzar el umbral para saquear el congelador, el timbre de la puerta lo detiene. Gojo frunce el ceño y camina hacia la puerta. No recibe visitas los fines de semana, excepto por Yuuji y su amigo Suguru. Pero Yuuji está con su equipo de béisbol en un campeonato fuera de la ciudad y Suguru está en un viaje de negocios en Corea del Sur. Tampoco puede ser Tsumiki, se fue a una pijamada en casa de una compañera. Y Megumi también es parte del equipo de béisbol.
Grande fue su sorpresa al ver a Yuuji portando una gabardina oscura y sin zapatos.
—¿Yuuji? —bisbiseó—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No deberías estar haciendo home run en Kioto?
—Le mentí al entrenador diciéndole que no asistiría al campeonato por una enfermedad. —Mordió su labio—. Este fue el único día que encontré para que estuvieras solo.
Satoru traga nervioso.
—¿Y para qué me querías solo?
—Para esto.
Satoru quedó asombrado cuando Yuuji cerró la brecha entre ellos, atrapando sus labios y rodeando su cuello con sus brazos. El chico lo sostuvo con fuerza, casi temiendo que él desapareciera si lo soltaba. Por instinto, Satoru sujetó la cintura de Yuuji y cerró la puerta. Enseguida trasladó a ambos a la sala de estar, sin dejar de besarse. Satoru cayó sentado en el sofá y Yuuji en su regazo.
Entre besos húmedos y caricias a las torneadas piernas del adolescente, Gojo se sintió en el jodido paraíso.
Su polla empezó a entusiasmarse y Yuuji se separó para moler su erección y ponerse a gemir por la fricción. Yuuji desabrochó los botones de la gabardina y se presentó como su madre lo trajo al mundo. Gojo miró la desnudez de su estudiante con un brillo famélico. La presa vino por voluntad propia a la guarida del cazador, listo y dispuesto a ser devorado.
—Quiero que me haga suyo, Satoru-san. —El ferviente deseo en su voz se deslizó como jarabe—. Pero esta vez, no hay necesidad de drogarme.
Gojo palidece por unos segundos, pero la sonrisa perversa de Yuuji le indica que no será castigado por su horrible acto. Todo lo contrario, Yuuji quería más y no se imagina el calvario que tuvo que pasar para no arrojarse a los brazos de su profesor durante las tutorías.
Dentro de Satoru se aglomeran muchas preguntas, pero este no es momento adecuado para una seria conversación. Está ocupado admirando a su dulce estudiante ponerse de rodillas sobre la alfombra, bajando la bragueta de sus pantalones y sacando su polla.
Itadori lamió el tallo y besó la punta. Expandió sus suaves labios para acoger el glande en su húmeda boca. Con su mano derecha sujetó la base de la polla y comenzó un movimiento ascendente y descendente mientras chupa la cabeza bulbosa. Los largos dedos de pianista de Gojo le acarician los cabellos rosados y alienta a Yuuji a ir más rápido.
—Joder, Yuuji. —Jadea—. Lo estás haciendo bien, cariño. Que buen chico.
Los elogios de su profesor siempre son bienvenidos, no importa el contexto, Yuuji se siente feliz y orgulloso de complacer a Gojo.
Yuuji se quita el miembro de la boca y le da una sonrisa taimada a Gojo.
—Dato curioso, Satoru-san: carezco de reflejo nauseoso.
Esta vez Yuuji introduce más de la polla en su garganta, haciendo que su nariz se presione contra la piel blanca. Su cabeza subió y bajó, chupando cada centímetro y agarrando los muslos de su profesor. Todo el trabajo lo hizo sin dejar de mirar fijamente a los hermosos iris cerúleo.
Satoru fue arremetido por una corriente de éxtasis desde los dedos de sus pies hasta la cabeza. Mantuvo su mirada en Yuuji mientras sostenía un poco hosco su lindo cabello.
Luego de que Yuuji le diera la mejor mamada de su vida y se tragara su semen, Satoru tomó al chico en brazos y subieron las escaleras para continuar en la comodidad de su cama.
Horas más tarde, Yuuji llegó a su departamento con las piernas débiles, su agujero adolorido y la cabeza hecha papilla. Tomó una ducha junto a Satoru, sin embargo, juraría que el olor a sexo todavía está impregnado en él. Encaminó sus piernas con dificultad hacia una habitación y preparó todo para lavar la gabardina y los pantalones que está usando en la lavadora. Necesitará esa prenda muy pronto. Y sobre los pantalones, pues, son de Megumi y Satoru se los prestó porque los de él no le quedaron. Pero la chaqueta oscura si es de Satoru y se quedará con ella por el resto del día. La chaqueta le cubre un poco los muslos y las mangas ocultan sus manos. Se abraza a sí mismo y piensa que su profesor lo está envolviendo con sus fuertes brazos.
Tras terminar el proceso de lavado y secado de las ropas, Yuuji entra en su habitación y se lanza a su cama. Sus mejillas están sonrojadas y sus ojos poseen un esplendor especial. Cierra los párpados y visualiza a su profesor encima de él, embistiéndolo tan fuerte que la cama se movía como si estuvieran en medio de un sismo.
La vibración de su celular lo saca de su ensimismamiento y mete la mano en uno de los bolsillos de la chaqueta.
Desbloquea su celular y una rafaga de culpa lo estremece.
«Hemos ganado. Todo-senpai dice que la victoria es dedicada a ti».
«¿Te sientes mejor? ¿Quieres que vaya a cuidarte?»
Itadori ha sido arrollado por una amalgama de sentimientos. Tiene que hablar con Megumi sobre su relación y terminarla. Claro, omitiendo que su padre adoptivo y él follaron desvergonzadamente.
Y que no será la última vez.
«¡Estoy feliz de que consiguieran la victoria! ¡Les dije que yo no era necesario!»
«¡No tienes que preocuparte! Me siento mejor y no debes molestarte en cuidarme (⁀ᗢ⁀)».
La respuesta de Megumi tarda unos minutos.
«De acuerdo. Es momento de subir al autobús, te llamaré cuando esté en casa».
Una presión aplasta el pecho de Yuuji. Es un novio de mierda y arderá eternamente en las llamas del infierno.
Recibe otro mensaje y esta vez es de Gojo.
«Esto se verá genial en ti, ¿aceptas?»
El rostro se calienta de bochorno por ver la imagen de una lencería —muy costosa— de color salmón.
Yuuji se ríe y se olvida de su cargo de conciencia. Debe haber enloquecido por meterse con el hombre que abusó de él, y que además es su profesor y padre de su novio.
El recuerdo de su desenfrenada pasión hizo que Yuuji se endureciera y quiso que el tiempo transcurriera rápido para volver a ser follado duramente por Satoru en la hora de tutoría.
«Sí, pero que sea en rojo o(>ω<)o».
«Lo tienes, cariño ☆ ~(′▽^人)».