\ PRÓLOGO /
\ Año 2008 /
\ Los Ángeles - California /
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—Le dió una cebé, casi no puede hablar y los tendones de sus pies se amontonaron. —Habló el gran señor de barba larga, mamá tenía mi brazo y lo apretó fuertemente —. Tendrán que mantenerlo en terapia aunque sea dos o tres meses.
Papá se encontraba en una camilla de hospital, no entendía nada de lo que decía el doctor, a penas puedo entender algunas palabras.
—¿Doctor, qué es una cebé? —Pregunté yo, mirándolo con admiración.
Se arrodilló quedando a mi altura, y sonrió levemente.
—Son personas que sufren de la tensión, se da cuando una persona sufre de estrés, o en este caso, porque tienen la tensión muy alta, ¿Entiendes? Pero es normal, tu padre sólo quedó con algunos defectos de la enfermedad, pero con terapias y ejercicios se mejorará pronto y rápido.
Habían mucho brillo en sus ojos, seguro que estaba seguro de lo que decía, se veía seguro de sí mismo.
Asentí y se levantó y miró a mi madre, por lo tanto, yo solté a mamá y corrí hacia los brazos de papá, pero él tenía sus ojos bien abiertos y se le veía que no podía respirar, su cuerpo se movía de arriba hacia abajo. Una y otra vez.
Me quedé paralizada mientras que los doctores y enfermeros lo agarraban, los gritos desesperados de los doctores me hacían sentir rara, escuché un sollozo por parte de mamá y sentí unos brazos jalarme fuera del lugar.
—¿Papi? —Sus ojos chocaron con los míos y después, más nunca volví a mirar el color azul de sus ojos.
Horas después, nos informaron que había muerto, esa palabra si la entendía; eran las personas que no vivían más en este mundo y se iban a un lugar mejor que este.
—Papi, era mi cumpleaños...
\ Año 2013, tiempo después /
\ California /
Habían pasado cinco años de la muerte de papá, desde entonces cambiaron muchas cosas, mamá no era la misma, me maltrataba mucho, se volvió una alcohólica loca, su dinero se vió a la quiebra una que otra vez, pero siempre tuvo la oportunidad de repararlo.
Cuando cumplí los once años este año mamá me regaló una bufanda color roja, trás eso, intentó ahorcarme con la bufanda el mismo día de mi cumpleaño, me gritó muchas veces que por mi culpa había muerto mi padre entre muchas cosas más.
Si no fuese por la Tía Jass estuviese muerta, han pasado tan solo cuatro meses de eso, mi madre fué condenada a veinte años a prisión por homicidio hacia su propia hija.
Un mes después, la encontraron muerta en su selda guindada de una soga desde su techo.
No asistí a su velorio, había quedado con un ligero trauma gracias a lo que me hizo, simplemente no podía perdonarla, sólo quería a mi padre devuelta, conmigo.
Desde el juicio la tía Jass se quedó con mi custodia total hasta que cumpliese los dieciocho, ya que mi demás familia ninguno cumplian con el requisito de quedarse con mi custodia.
Todo el dinero quedó en manos del banco, la tía Jass podía sacar al menos cincuenta dólares al mes, al menos para los gastos de la comida algo así entendí en el juicio del día de mi custodia.
La empresa y todo quedaron a mi nombre, pero quién lo manejaría era mi tía Jass y su esposo hasta que yo cumpliese los dieciocho.
Los años pasaron y la tía Jass me traba muy bien, hasta que llegó él día que cumplí la mayoría de edad y me fuí de casa. Así encontrado una paz inexplicable.
Así encontrándome cada día más y más a mi verdadero yo.
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