Duelo de partida
Ruido, mucho ruido, esas eran ambulancias?
Mi cuerpo pesaba mucho y la cabeza me dolía el doble.
«¡¡Mi hermano!!»
-¿Yan? –pronuncié. Mis labios se sentían secos como si en mucho tiempo no hubiera tomado ni un poco de agua– ¡¡Yan!! – traté de elevar mi voz, pero me costaba mucho.
De pronto todo fue tomando claridad, mis ojos pesaban y las luces del pasillo del hospital no ayudaban mucho. Trate de mover mi mano, pero mi cuerpo no me respondía, me dolía todo.
-Tranquila vas a estar bien – decía el doctor que caminaba rápidamente a un lado de la camilla en la que me encontraba acostada.
-¡¿Yan?! – sentía la boca seca y adolorida – ¿Donde está Yan? – el doctor me miro de una forma extraña, como si se estuviera compadeciendo de mí, entonces un fuerte dolor invadió mi pecho y comencé a entrar en pánico – ¡¡¿Doctor?!! – Hablé antes de entrar al cuarto donde iba a ser revisada.
- Sedante por favor – dijo mientras estiraba su mano esperando la respuesta de la enfermera.
-Doctor – intenté levantar mi mano para evitar que me pusieran el sedante, pero todo esfuerzo fue estúpido – Doctor, ¡¡¿Dónde está Yan y mi hermano?!! – él metió la aguja en el suero y rápidamente sentí una sensación extraña que invadió todo mi cuerpo. Un cansancio tomo mis párpados y todo se oscureció.
Aquel silencio sin respuesta alguna, es lo último que recuerdo.