Not Without You – Larry Stylinson by Ellie_Thiall at Inkitt
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Not without you – Larry Stylinson

Summary

Louis es un alfa que pierde a su omega y debe lidiar con la pérdida de Harry y la crianza de su pequeño hijo Edward. ADVERTENCIA Yo lloré cuando lo escribía y cada vez que lo releía así que léanlo con precaución. Es una historia corta, pero demasiado triste.

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13+

Capítulo único

Hola, ¿cómo están? Esta historia está subida en Wattpad en forma de capítulos, pero acá está todo de corrido. Es una historia corta y triste, narra el duelo de Louis. Es una historia que tenía pendiente, quería escribir algo que me pusiera triste cada vez que la leyera.

Espero que les guste.


☼☼☼

Louis abre sus ojos. Está agotado, tener un bebé de tan solo dos meses demanda más trabajo del que alguna vez imaginó.

—Tranquilo amor, yo me encargo —susurra mientras se dirige a la habitación de su bebé.

Toma a su hijo y comienza a mecerlo.

—Tienes hambre, lo entiendo —le dice en un tono suave antes de ir a la cocina a calentar la leche. Una vez que termina de darle de comer a su bebé, lo hace eructar y lo acuesta a dormir.

Vuelve a su cama y siente el vacío con el que ya convive desde hace unos meses.

La alarma suena y él se despierta de inmediato para apagarla.

Se da una ducha rápida y se cambia antes de que su bebé se despierte.

—¿Qué opinas, Hazz? ¿Me veo bien?

Se observa en el espejo, acomodándose el cuello de la camisa. El llanto de bebé lo devuelve a la realidad.

Continúa con la rutina de la mañana, tomando a su bebé. Lo cambia y se dirige a la cocina para preparar su leche.

—¿Quieres un té, amor? —pregunta mientras pone a calentar el agua. Prepara las dos tazas de té y le da de comer a su bebé.


☼☼☼


Baja del auto con su bebé, haciendo el camino habitual desde hace unos meses. Cuando llega al lugar indicado se coloca de rodillas, manteniendo a su hijo pegado a él.

—Dile hola a papi, corazón —susurra, antes de besar el cabello de su cachorro.

El silencio de cada mañana los rodea y Louis no puede sentirse más miserable.

—Hola omega, te extraño tanto, no sabes lo mucho que te necesito —solloza. El cachorro nunca llora cuando están allí. —Te hice tu té —agrega, con lágrimas cayendo por sus mejillas.

—Necesito que me digas que estoy haciéndolo bien, amor. No puedo hacerlo sin ti.


☼☼☼


Pasó a buscar a su hijo, lo deja al cuidado de una beta muy amable hasta que fuera lo suficientemente grande para poder ir a una guardería.

Con su maletín en mano y la silla de bebé en la otra, entra a su casa.

—Amor, llegamos —dice en un tono relativamente alto.

Deja la silla de su bebé en la mesa de la cocina mientras empieza a cocinar.

—Harry, ¿cómo sé cuánto es una porción de arroz?

Luego de comer, Louis le pone el pijama a su bebé y lo acuesta en su cuna.

Está leyendo tranquilo un libro cuando el cachorro llora.

—Voy yo Hazz, seguro es un cambio de pañal.


☼☼☼


—No te levantes, voy yo —susurra adormilado mientras se levanta para ir a atender a su bebé.

Toma a su cachorro y va a la cocina para preparar su leche.

—Eres demasiado glotón, como tu padre —le dice a su hijo, mirando con cariño esos preciosos ojos verdes.

Louis puede jurar que escuchó la risa de su omega.

—Es la verdad, no lo puedes negar, Harry —susurra con lágrimas en sus ojos.

Luego de hacer dormir a su hijo, Louis se acuesta en su cama.

—Es una copia tuya, amor —le dice al cuadro que tiene en su mesa de luz.

Esa noche llora hasta dormirse.


☼☼☼


La alarma suena y él se despierta de inmediato para apagarla.

Se da una ducha rápida y se cambia antes de que su bebé se despierte.

—¿Qué opinas, Hazz? ¿El azul me queda bien?

Se observa en el espejo, acomodándose el cuello de la camisa. El llanto de bebé lo devuelve a la realidad.

Continúa con la rutina de la mañana, tomando a su bebé. Lo cambia y se dirige a la cocina para preparar su leche.

—Amor, tu té está listo —dice en voz alta mientras deja las dos tazas de té en la mesa.

Baja del auto con su hijo en brazos, haciendo el camino que se sabe de memoria. Cuando llega al lugar indicado se coloca de rodillas.

—Dile hola a papi, cachorro —susurra, antes de besar el cabello de su bebé.

Su hijo hace un pequeño sonido y Louis empieza a llorar antes de lo habitual.

—Hola omega, te extraño tanto, no sabes lo mucho que te necesito —solloza. El cachorro observa con curiosidad la lápida. —Hoy tuviste un saludo especial, cuando menos lo esperes te dirá ‘Hola papi’ —agrega, con lágrimas cayendo por sus mejillas.

—Necesito que me mandes una señal, dime que estoy haciéndolo bien, amor. No puedo hacerlo sin ti.


☼☼☼


“Hola, te comunicaste con el teléfono de Harry. En este momento no puedo atenderte, si quieres puedes dejar un mensaje después del tono. Si eres mi hermoso y perfecto alfa, con que me dejes un solo mensaje alcanza”

—Harry, hoy nuestro bebé cumple tres meses. Tres meses sin ti, tres meses con mi sol. No sé qué hacer, tu olor ya no está en la casa, mi pecho cada vez duele más. Hoy tu mamá se llevó al cachorro por unas horas. Siento que me muero. Te necesito, necesito tu calor, necesito tu amor. Te amo tanto Harry, espero que donde estés, me estés amando de la misma forma.


☼☼☼


Louis se levanta esta mañana por el dolor que siente en el pecho. Nunca nadie le advirtió lo doloroso que es perder a su pareja, a su omega, a su otra mitad.

Se levanta y se lava la cara y los dientes.

—Estoy cerrando la tapa del dentífrico, no puedes quejarte, amor.

Va directamente a calentar la leche de su bebé antes de que se despierte, para ya tenerla lista.

—¿Recuerdas que me daba asco probar la temperatura de la leche? Creo que voy mejorando.

—Louis, creo que lo mejor sería que me dejes a Edward, no estás bien —exclama su madre a través del teléfono.

Louis niega de inmediato.

—Estoy perfectamente —contesta, dándole leves palmadas a su cachorro en la espalda.

—Hijo, vas todos los días al cementerio, a la misma hora.

El alfa se queda en silencio, con lágrimas en sus ojos. Su bebé eructa.

—Louis, deja a Harry descansar en paz.

—No tienes idea de lo que es perder a tu destinado. No tienes idea de lo que hablas. Yo cuido a mi hijo, no sé si lo hago bien, pero le prometí que iba a cuidarlo con mi vida. Edward está bien, mamá —le dice con la voz cada vez más quebrada.


☼☼☼


“Lou, no te olvides de comprarme mi chocolate preferido. Edward y yo estamos antojados. Te amo con todo mi corazón y te voy a amar más si me traes ese chocolate. Gracias”

Louis deja su teléfono a un costado y anota la palabra “chocolate” en la lista de compras. Mira a su bebé que está tranquilo, mirándolo curioso.

—Te voy a comprar ese chocolate Hazz, no te preocupes.

—Mira bebé, este es el chocolate preferido de papi —le susurra a su cachorro mientras toma una tableta. La coloca en su carrito de compras. Mira su lista y sabe que no está llevando todo lo que debería. Suspira.

Harry siempre hacía buenas listas de compras.

Si fuera por él, viviría a base de comida chatarra. Pero no podía darle ese ejemplo a su bebé, tenía que imitar a su omega.

—Tu padre siempre hacía platos llenos de vegetales, tal vez debería intentarlo, ¿no crees?


☼☼☼


La alarma suena y él se despierta de inmediato para apagarla.

Se da una ducha rápida y se cambia antes de que su bebé se despierte.

—¿Qué opinas, Hazz? ¿Me sigo viendo bien?

Continúa con la rutina de la mañana, tomando a su bebé. Hay días en los que Edward se despierta y no llora de inmediato. Lo cambia y se dirige a la cocina para preparar su leche.

—Amor, te dejé el té en la mesa—dice en voz alta mientras deja las dos tazas de té en la mesa.

Baja del auto con su hijo, camina hasta llegar a la tumba de Harry. Cuando llega al lugar indicado se coloca de rodillas, manteniendo a Edward firme en sus brazos.

—Dile hola a papi, cachorro —susurra, antes de dejar unas flores junto a la lápida.

Su hijo extiende sus manos hacia las flores y Louis empieza a llorar.

—Hola omega, te extraño tanto, no sabes lo mucho que te necesito —solloza. —Me enteré que quitan todas las flores cada miércoles, así que vendremos cada jueves con Ed con flores para que siempre tengas unas —agrega, con lágrimas cayendo por sus mejillas.

—Necesito escuchar tu voz, creo que estoy haciéndolo mejor que antes pero necesito que me lo digas tú. Te amo como el primer día, Harry.


☼☼☼


“Hola, te comunicaste con el teléfono de Harry. En este momento no puedo atenderte, si quieres puedes dejar un mensaje después del tono. Si eres mi hermoso y perfecto alfa, con que me dejes un solo mensaje alcanza”

—Hazz, soy yo, sé que me pediste que solo dejara un mensaje pero… No puedo. Siempre me resultó muy difícil mandar solo un mensaje, pero fui mejorando. Seguro ya lo notaste. Hoy fui por primera vez al psicólogo. Sabes que odio a los psicólogos pero tu mamá es muy persuasiva y me dijo que tal vez me ayudaría a criar mejor a Ed. Todo lo que sea mejor para Ed, lo voy a hacer. El psicólogo dijo que intente escribir lo que me pasa, que saque todo lo que siento y que me tomé un día para estar sin Ed.

“Hola, te comunicaste con el teléfono de Harry. En este momento no puedo atenderte, si quieres puedes dejar un mensaje después del tono. Si eres mi hermoso y perfecto alfa, con que me dejes un solo mensaje alcanza”

—Perdón, se cortó, amor. Yo le dije al psicólogo que estaba loco. ¿Cómo iba a estar un día sin Ed? Es lo único que me tiene aferrado a este mundo, no estar con él unas horas ya es demasiado para mí. Yo te prometí que lo iba a cuidar siempre, a toda hora. Y… ¿Cómo voy a escribir lo que siento? Hazz, no hay palabras que describan lo vacío que me siento, la falta que me haces, la necesidad de volver a estar contigo. Con una sesión ya recordé porqué no me caían bien los psicólogos.


☼☼☼


Querido Harry,

No sé si alguna vez leerás esto pero aprovecho que Ed está con tu mamá solo por dos horas para escribirte.

No sé si lo has visto pero el cachorro que hicimos es perfecto, se parece mucho a ti pero creo que tiene mi carácter. No sé si eso sea algo bueno.

Te extraño más cada segundo que pasa. Cada respiración es más dolorosa porque no siento tu olor. Ya no quiero abrir los ojos por la mañana porque no voy a ver tu rostro. Tengo miedo de no recordar tu voz, por eso sigo pagando tu teléfono. Me moriría si dejo de escuchar tu buzón de voz.

Mamá insiste en que deje a Ed y me vaya a internar. No puedo dejar a nuestro bebé, el que buscamos por meses, el que amabas tanto incluso antes de que llorara por primera vez. Mamá está loca.

Tu mamá me entiende mejor. Ella también perdió aquello que le daba brillo a sus días.

Necesito estar contigo Hazz, no puedo hacer nada sin ti.


☼☼☼


—Lou, ¿has guardado alguna de sus cosas? —le pregunta su suegra. Louis deja de jugar con su bebé para mirarla.

Niega con horror.

—Tranquilo, yo tampoco he podido —lo calma la omega con una mueca de tristeza. Louis asiente, sintiéndose acompañado.

—Mi mamá un día de estos vendrá con alguien a limpiar seguro, no… No lo permitiré.

—Cada uno pasa el dolor como puede, alfa, ella tiene que entender. Si quieres hablo con ella.

Louis tiene a Ed en su pecho dormido mientras está pasando los canales de televisión.

—Hazz, amor, están pasando tu película favorita, ven.

El alfa se queda mirando la película, llorando al final. Eso era algo que a Harry le gustaba de él. No tenía problemas para llorar. Ambos lloraban en la misma parte, siempre. Y se consolaban el uno al otro.

Solo que esa vez, Louis llora solo.

Deja a su bebé en el sofá, con todas las almohadas a su alrededor para que no se caiga y se dirige a las fotos que están colgadas en el living.

—¿Por qué no pudimos terminar así? Juntos hasta el final, yo te prometí que te iba a cuidar cuando estuviéramos viejitos y tú me prometiste que siempre me ibas a recordar.


☼☼☼


Había días malos y otros muy malos. Louis esa noche no durmió, seguía llorando con el álbum de fotos de su casamiento cuando su cachorro llora.

—Voy yo Hazz, sigue descansando —dice con una voz completamente rota.

Toma a su hijo, llorando y lo pega a su pecho. El bebé siente a su padre y se calma, tan solo quería la compañía de su papá, del único que tenía.

Louis continúa llorando, llenando de besos la cabeza y el rostro de su bebé. Podría haber odiado y rechazado al pequeño cuando nació pero… ¿Cómo iba a odiar aquello que habían buscado con tanto amor? ¿Cómo podría odiar aquello que tanto desearon? Nunca pudo y nunca podría.

—¿Extrañabas a papá? Tal vez hoy podrías oler a papi de nuevo —le dice acariciando su mejilla.

Deja al bebé en la cuna mientras se dirige al gran cofre que tiene bajo llave. Allí tenía todas las mantas del nido de Harry, impregnadas con su olor. Había decidido no ser egoísta y permitirle a su bebé que oliera a su otro padre en el futuro.

Sollozando, toma solo una de las mantas y cierra el cofre. Se vuelve a acercar a su bebé y lo coloca en sus brazos. Lo rodea con la manta y Edward se siente completo con el aroma de su padre omega y su padre alfa. Louis se coloca en la silla mecedora y ve a su cachorro dormir.

Rompe más en llanto, sintiendo el olor a jazmines alrededor.

—Harry, por favor, vuelve, no puedo estar más solo.


☼☼☼


Su cachorro ya tiene cinco meses, ya le sonríe cada vez que lo ve, tan risueño como su padre omega. Sus ojos verdes son cada vez más brillantes, cada vez más parecidos a los de Harry.

Toma a Edward con cuidado antes de dirigirse a donde se encuentra su omega. Ese día es tan especial como doloroso. Deja un muffin con una vela en el suelo y saca un encendedor de su bolsillo.

–¿Quieres cantarle a papá? Estoy seguro que querrá oirte –susurra con una sonrisa forzada, dolorosa. Su bebé balbucea y Louis ya siente las lágrimas en sus ojos. Con una mano temblorosa enciende la vela.

–Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas papi Harry, que los cumplas feliz –canta con la voz completamente rota, con las lágrimas saliendo sin parar. Su bebé se estira, queriendo tocar la vela. Louis lo frena y nota como la vela se apaga sola.

–Hazz… Te extraño tanto, tanto… Te necesito tanto, cada día sin ti es una tortura –comienza–. Deseo lo mejor para ti, como en cada cumpleaños. Sé que querías tener una gran fiesta porque sería la primera con Ed pero… No puedo hacerlo. Perdóname.

Ed vuelve a balbucear y se inclina a tocar la lápida conocida para él. Louis finalmente se quiebra.

–Te amo, te amamos… Y te prometo que cumpliré cada promesa que te hice, amor.


☼☼☼


El pediatra le dijo que Edward está en muy buen estado de salud pero que le preocupa el estado de Louis. Normalmente, cuando un destinado pierde a su pareja, anda sin rumbo, deprimido y muriendo de a poco. Se estiman seis meses cuando aquel que quedó vivo no buscó compañía en alguien más. Por eso, el médico le recomendó a Louis que se hiciera un chequeo general.

Louis se miró al espejo. Las bolsas en sus ojos, ojeras violáceas, los huesos de sus pómulos y mandíbula marcados. Sabe que está más delgado, lo nota en la ropa que usa, nota las miradas que le dan las personas que lo conocían desde antes. Tragó saliva.

–Esto es muy difícil sin ti, Harry –susurra a su reflejo. Tendrían que medicarlo, ayudarlo con una dieta de comida y monitorearlo de cerca hasta que su alfa decida ir con su omega.

Pero eso no debía ser pronto.

Su bebé lo necesita. Es lo único que tenía.

Se lo prometió a su esposo.

Él no lo dejaría, no fallaría a su palabra.

Anota la cita médica en su teléfono y se dirigió a la cocina. Allí está Anne, con su nieto. Le da una pequeña sonrisa antes de ponerse a cocinar. Le había pedido ayuda a la omega para aprender recetas para él y su cachorro.

Ella está muy orgullosa de Louis, de lo fuerte que es. Y no piensa dejarlo solo.


☼☼☼


“Hola, te comunicaste con el teléfono de Harry. En este momento no puedo atenderte, si quieres puedes dejar un mensaje después del tono. Si eres mi hermoso y perfecto alfa, con que me dejes un solo mensaje alcanza”

–Hazz… Nuestro bebé… –hipó el alfa. El llanto de Edward se escucha en toda la habitación–. Está enfermo, no sé qué hacer, ayúdame por favor.

Louis había intentado todo cuando notó a su cachorro con fiebre. Lo había bañado, lo había hecho dormir, le dió una medicina pediátrica para bajar la fiebre y todo fue inútil. Ahora está yendo a la guardia del hospital, en medio de la noche. Se secó las lágrimas y se recompuso antes de salir a pedir asistencia.

El alfa sabe que es normal que su cachorro se enferme, pero él no estaba listo para lo que tenía que afrontar. No se había preparado para la paternidad como lo había hecho su omega. Pero por sobre todas las cosas, le cuesta mucho volver al lugar donde Harry murió.

Anne se queda con él los próximos días. Sólo era el comienzo de un gran resfrío de Ed, todo en él está bien. Se permite respirar tranquilo y le permiten trabajar desde casa los días que necesitara.

Su suegra es la única familiar que le queda para estos casos. Se había peleado con su madre, sus hermanas la defendieron y se peleó con ellas también. Habían sido unas semanas difíciles y ellas aseguraban que él no lo lograría.

Según ellas, necesitaba estar internado hasta que su depresión se fuera o él se fuera con Harry y Ed debía estar en manos de una familia emocionalmente estable.

Las mandó al carajo, como correspondía.

Y sabía que tenía razón cada vez que veía a Ed hacer algo nuevo, le sonreía con frecuencia y sus funciones motrices están avanzadas.

La fuerte tos de su bebé lo trajo a la realidad y se puso en marcha.

–Yo voy Hazz, quédate tranquilo –susurro.


☼☼☼


Louis observó las fotos con lágrimas en los ojos. Un muy feliz Harry, ya embarazado, con un brillo muy especial, le sonreía a él luego de darle uno de sus regalos. Su último cumpleaños fue muy especial.

–Amor, ábrelo –exclamó su esposo, impaciente. El alfa rompió el envoltorio que cubría el segundo regalo del día. Unas zapatillas de su talla estaban dentro de una caja al igual que unas iguales pero en tamaño de bebé.

–Es muy lindo Hazz.

–¿Sabes qué es más lindo? Yo tengo unas iguales. Porotito, tú y yo vamos a usar las mismas zapatillas.

Louis amaba cada vez que hablaba de los tres. Ver cómo sus ojos brillantes resplandecían, su perfecta sonrisa, sus hoyuelos. Todo de él lo enamoraba cada vez más.

–Deberíamos pensar cómo vestirnos para Halloween –bromea Louis. Su omega asintió y aplaudió. Se colocó sobre el regazo del alfa y besó sus labios, disfrutando del contacto.

–Podríamos ser Los Padrinos Mágicos, tú eres Cosmo, yo soy Wanda y aquí está Poof –sugiere. El ojiazul no puede evitar reír antes de besar a su esposo.

–Seremos lo que quieras que seamos.

Harry le saca la lengua.

–Por eso debería dejarte sin la fiesta que preparé –suelta, indignado porque su esposo no estaba tan entusiasmado como él. El omega abre sus ojos y tapa su boca, notando su error. Se suponía que la fiesta era una sorpresa. Louis vuelve a reír y llena de besos al amor de su vida.

Deja el teléfono a un lado, tratando de apagar los recuerdos pero es imposible. Mira el techo de su habitación mientras siente las lágrimas correr por sus mejillas. Nadie le había hecho el desayuno. Nadie lo había despertado a medianoche solo para decir feliz cumpleaños. No tiene un Harry emocionado a su lado esperando ver su reacción por los regalos. No había sido llenado de besos y caricias. Nada.

El hueco que siente en el pecho es inmenso.

Vuelve a tomar el teléfono, buscando uno de los preciados mensajes de voz que guarda de su esposo. Harry amaba los cumpleaños, amaba saludarlo varias veces a lo largo del día y solía irse por las ramas con frecuencia.

“Sé que este día no te emociona tanto como a mí pero… ¡Feliz cumple otra vez, amor! Te amo mucho, mucho, mucho y espero que disfrutes este día. El próximo cumpleaños va a ser especial, ya no estaré solo para mandarte mensajes y llenarte de saludos. Estoy en el mercado, llevando chocolate, este niño va a dejarme diabético. Probablemente lleve fresas y crema, se me antojan. En media hora vuelvo a casa, ¿sí? Te amo y bebito también”


☼☼☼


Unas manitos rozan sus mejillas y luego la cabeza de su hijo choca contra su nariz. El alfa se ríe con cierto dolor. Louis levanta a Edward, las risas cantarinas del bebé llenan la habitación.

–Buen día, alfita –saluda, su hijo lo saluda con un baboso beso en la mejilla.

El alfa se sienta en la cama, mirando la foto de su omega.

–Creamos algo tan hermoso, amor –le cuenta a la imagen sonriente de Harry–. Me gustaría que estés aquí, que veas cómo han robado tu lugar en la cama y pretender que te ofende.

Edward, sentado en el regazo de su padre, estira sus brazos para tomar la foto. Louis toma el marco y se lo acerca a su bebé de ocho meses.

–Mira Ed, él es papi Harry. Te amaba mucho, te ama y nunca dejará de hacerlo. –El ojiazul besa la foto de su esposo para que su hijo lo imite. –Él te esperaba con ansias, ¿sabes? Podríamos cumplir lo que él quería, ¿no crees? Conocerás el mar y tendremos conjuntos a juego. Tu papi los compró sin saber cuánto crecerías.

Louis llega a la playa con un bolso enorme de cosas que podría necesitar su bebé. Edward se ve muy tierno con su traje de baño. Harry había comprado un enterito para la edad que su hijo tendría en la época de verano. El color es específico: azul como los ojos de Louis. A su vez, compró un short del mismo color para él y su esposo.

El ojiverde tenía una obsesión con tener la misma vestimenta.

Louis camina hacia la orilla y sostiene a su bebé cerca del agua. Se ríe cuando escucha a su bebé gritar.

–A papi le ilusionaba mucho la idea de que te guste el mar. A mí también. Tal vez debemos ir más despacio, ¿no crees? –sugiere antes de alejarse de la orilla para jugar con Edward en la arena.


☼☼☼


Meses han pasado. El cumpleaños de Edward está lo suficientemente cerca como para empezar a hacer preparativos.

–¿Qué debería hacer, Hazz? –pregunta al aire, en la cocina–. No sé si pueda celebrar este año, no duele menos. Cada día te necesito, las cosas no mejoran, no es cierto lo que dicen.

Se prepara su té de todas las mañanas. Ese día decide no servir un té para Harry, no quiere seguir llorando cada vez que debe tirarlo porque nadie lo tomó. Con un nudo en la garganta sube a despertar a su bebé.

Llegan al cementerio a la hora usual. Ya todos lo conocían, incluso Edward saluda a los trabajadores del lugar. Son parte de su rutina.

–Hola, omega –saluda el alfa antes de sentarse en el suelo junto a su hijo. –Saluda a papi, cachorro.

El pequeño saluda con sus manitas a la lápida. Louis debe mirar hacia arriba y concentrarse en no llorar. Edward comienza su momento de exploración, siente la textura del pasto en sus manos y arranca un poco de verde. El ojiazul debe mantener un ojo en él para evitar que coma algo del suelo.

–Hoy no hice tu té, lo siento mucho, amor –admite con una voz rota–. No puedo ver más esa taza llena, no puedo con el pensamiento de que no hay nadie allí para tomar ese té.

Edward mira a su padre llorar y quiere consolarlo. Se levanta como lo ha hecho estos últimos días e intenta caminar hacia él. Da leves pasos hasta llegar a un incrédulo Louis. El alfa llora aún más, su bebé está dando sus primeros pasos.

Frente a él.

Frente a Harry.

–Ed –susurra antes de besar múltiples veces la mejilla de su cachorro–. Te amo tanto –agrega antes de abrazar a su hijo–. ¿Acaso nos querías sorprender? ¿Querías que papi y yo estuviéramos presentes?

Edward balbucea, respondiéndole a su padre.

–Harry y yo estamos muy orgullosos de ti, te amamos tanto, cachorro.


☼☼☼


Louis mantuvo los ojos cerrados el mayor tiempo posible. No quería despertarse, su pecho dolía más de lo usual, no quería recordar más. Hoy es el primer cumpleaños de su hijo. Hoy es el primer aniversario de Harry.

Desde que decidió que Edward podía dormir con él, durmió más en alerta, pero también más tranquilo. Sus mañanas se volvieron más amenas, a pesar del vacío.

Mira a su alrededor y deja su mirada en su bebé. Es la pequeña versión de su omega, sus rizos chocolate caen en su rostro, duerme de costado y con la boca abierta. Un año atrás tenía la misma imagen y estaba completo. Las lágrimas le impiden continuar viendo a su hijo.

Hace un año de la última vez que despertaron juntos, un año desde que besó esos labios por última vez, un año desde que estuvo rodeado del olor a jazmín, un año desde que abrazó a su omega, un año desde que su alfa llora sin parar.

Toma su teléfono y lo llama, lo único que le queda de él es su voz.

“Hola, te comunicaste con el teléfono de Harry. En este momento no puedo atenderte, si quieres puedes dejar un mensaje después del tono. Si eres mi hermoso y perfecto alfa, con que me dejes un solo mensaje alcanza”

–Dime cómo lo he hecho, cómo he podido soportar esto, la vida sin ti es una mierda –solloza, sin dejar de mirar a Edward–. Él es perfecto, pero… No es suficiente, no quiero vivir esto solo, no quiero ser yo solo el que lo vea crecer, no es justo.

El bebé se despierta y mira a su padre, sin embargo no se acerca.

–Te amo tanto, tanto… Merecías esto, merecíamos esto. Te extraño tanto. –Toma una respiración antes de finalizar–. Por favor, dame una señal, dime que estamos viviendo esto juntos.


☼☼☼


El primer cumpleaños de Edward fue celebrado unos días después, durante el fin de semana. Louis no podía celebrar nada, incluso si le daban el día libre en el trabajo. Anne visitó a su pequeña familia y se encargó de distraer a su nieto para que Louis pudiera tener un momento para poder ir al cementerio y dejar salir todas sus emociones.

Ese día la casa de Anne está decorada para una fiesta de niños. Familiares de ambas familias están invitados, así como también amistades de Louis y Anne. El ambiente es ameno y Edward la pasa más que bien. Disfruta la atención, en especial cuando lo aplauden por dar unos pocos pasos.

La familia directa de Louis decide no ir, el alfa intenta ignorar el dolor que le genera eso.

Edward está contento de poder compartir tiempo con otros niños de distintas edades, normalmente está rodeado de adultos. Los padres de esos niños se encargan de distraer a Louis, de chequear cómo está sin ahondar demasiado. El ojiazul es un caso excepcional. Según los médicos, él ya debería estar junto a Harry.

Luego de abrir los regalos y de volver a casa, Louis sabe lo que debe hacer. Él tiene que regalarle eso a su bebé.

Deja a Edward en su cuna aún despierto. El pequeño ojiverde balbucea algo parecido a papá, intentando que vuelva a él. Sin embargo, Louis tiene otros planes. Él decidió que iba a racionar todas las cosas de Harry para su hijo, él prefería que Ed tuviera de vez en cuando algo de su otro padre en vez de quedárselas él.

Se dirige a una de las cajas que tanto desea abrir, junto al cofre que posee las mantas de su omega. Toma un oso de peluche que le regaló a Harry en uno de sus aniversarios y cierra todo lo más rápido que puede, aguantando la respiración. Sale con el peluche en su mano y antes de entrar al cuarto de su hijo siente el leve aroma a jazmines. Con ojos llorosos se acerca a su bebé y le entrega el oso.

–Este es el regalo de papi y de papá –dice tratando de tragar el nudo en su garganta–. Osito era de papi, tiene su olor. Papá se lo regaló a papi cuando ganó en un juego hace unos años.

Louis casi rompe en llanto cuando ve a Edward pegar el peluche a su rostro y olfatearlo.

El alfa duerme a Ed, que nunca soltó su regalo, y se dirige a su habitación. Esa noche no iba a dormir con él, no podía.

Terminaría robándole el peluche a su bebé.

Esa noche, luego de varias semanas, llora hasta dormirse.


☼☼☼


Los meses pasan en un parpadeo, Edward sorprende a Louis con sus habilidades más que avanzadas. Sabe que se lo debe a su suegra y a todo el staff de la guardería. Su bebé sabe compartir, poner límites, comer solo y ya dijo sus primeras palabras. El ojiazul lloró cuando escuchó a su hijo llamarlo “papá”. Anne lloró cuando la llamó “Abu”.

Esa mañana soleada realizan su camino usual hacia donde está Harry. Los pequeños rulos del alfa rebotan a cada paso que da. Una vez que llegan allí, ambos se sientan junto a la lápida.

–Hola omega, espero que estés bien, te extraño tanto –saluda el alfa, las flores que colocaron ayer están intactas y brillantes—. Dile hola a papi, cachorro.

El ojiverde se acerca a la lápida y la toca. Louis sonríe, es lo que Edward viene haciendo en las últimas semanas antes de saludar.

–Hola papi –dice claro. Louis queda helado mientras su hijo vuelve a su lugar y se sienta. Tiene varias emociones recorriéndole y no sabe qué hacer al respecto. Esperaba que esto sucediera más adelante. Termina riendo con lágrimas en los ojos.

–Es papi, Ed –susurra antes de abrazar a su pequeño–. Hazz, yo… –vuelve a reírse, incrédulo–. Aquí está papi, él te ama, te extraña y está muy orgulloso de ti, eres todo lo que hemos deseado.

Una leve brisa los atraviesa.

–¿Ves? Papi está contigo, siempre.

Edward sonríe y se separa de su padre para caminar un poco. Louis no le quita la vista de encima mientras cae una lágrima por su mejilla.

–Quería vivir esto contigo –admite en voz baja–. No es lo mismo así, pero estoy muy feliz que sepa quién eres –suelta un leve suspiro–. Quería que siguiéramos discutiendo esto, quería que nosotros compitiéramos por este momento.

Louis debe hacer una larga pausa mientras ve como Edward tropieza.

–Me haces tanta falta, omega. Te amo tanto Harry, tanto.


☼☼☼


Esa mañana no puede abrir los ojos, no quiere ni pensar que está pasando otro aniversario solo. Toma la almohada que anteriormente pertenecía a Harry y entierra su cara en ella. Buscando algo, algo que nunca iba a volver a tener. No había ningún olor a jazmines, no había nada que indicara que esa fue la almohada de su omega.

Para su suerte, un amigo sabía que ese día iba a ser difícil para él, tal como el año anterior. Prepara a Edward para pasar unas horas en la casa de su amigo. Ed está contento, tendría una amiga de su misma edad para jugar. Louis le agradece múltiples veces a su amigo antes de ser envuelto en un abrazo reconfortante.

El alfa se enfrenta al silencio de su hogar a los pocos segundos. Lo ahoga. Cada vez que Edward no está con él no sabe qué hacer. No tiene otra cosa en la que enfocar su atención. Solo puede sentir y escuchar el lamento de su alfa, llamando a su omega sin parar.

Los recuerdos de Harry en cada sector de su hogar lo abruman mientras camina hacia la sala. La foto de su boda está allí, ellos felices, sin saber lo que vendría años más tarde.

El ojiazul cae al suelo, sollozando al punto de tener a su alfa gimiendo como lo haría un omega. No tenía a Harry, a su compañero de vida, no tenía a su cachorro para al menos distraer su mente. Muy pocas veces se enfrentó al duelo, siempre se mantuvo ocupado.

“Hola, te comunicaste con el teléfono de Harry. En este momento no puedo atenderte, si quieres puedes dejar un mensaje después del tono. Si eres mi hermoso y perfecto alfa, con que me dejes un solo mensaje alcanza”

–Feliz aniversario, amor. Te amo incluso más de lo que alguna vez imaginé –murmura, con la voz rota–. A veces pienso que es mejor que haya sucedido así, nunca hubiera deseado que pases por esto, prefiero vivirlo mil veces más solo para que no sientas este vacío, esta falta de calor. Me duele hasta respirar.


☼☼☼


Louis le toma una foto a su hijo para mandársela a Anne. Su pequeño Ed ya no es tan pequeño. Habla sin parar, puede correr, ya no irá más a la guardería. El ojiazul no sabe cómo sucedió, pero los días con su hijo pasaron más rápido de lo que alguna vez pensó. Los días más difíciles quedaron atrás, su alfa se fue acostumbrando a que el llamado a su omega nunca sería atendido.

–¿Me veo bien? –pregunta el pequeño al aire mirándose al espejo, copiando lo que hacía su padre. Louis le dedica una pequeña sonrisa.

–Por supuesto, eres el alfita más hermoso de todos.

–Estoy grande, papá, soy alfa. Voy a ir al jardín.

–Tienes razón –concuerda, saliendo de la habitación para ir a desayunar.

–¿Por qué no hay sol? –pregunta el infante, caminando hacia la tumba de su padre omega.

–Porque hay nubes –le responde. Louis sabe la pregunta que sigue y sabe que el cuestionario seguirá por lo que decide hablar antes–. Saluda a papi, cachorro.

–¡Hola papi! –exclama, sentándose junto a la tumba–. ¡Papi! ¡Hoy es mi primer día de jardín! –le cuenta. Louis no puede borrar la sonrisa de su rostro. –Abu Anne dijo que es un día muy importante, ya soy muy grande.

El alfa mayor se ríe.

Louis lloró al ver a su hijo separarse de él sin siquiera mirar atrás. Besa su anillo de matrimonio múltiples veces mientras avanza hacia su auto. Tan solo debía estar una hora allí, los niños deben pasar por un periodo de adaptación antes de quedarse la jornada completa. El resto de los padres se quedaron cerca, conversando entre ellos.

Pero él no puede.

No hoy.

No sin Harry.

No quiere que le pregunten por él, no quiere ver las miradas de sorpresa y lástima. No quiere la compasión de nadie.

El abrazo de oso de Edward cuando salió del jardín ahuyenta todos los recuerdos y los malos pensamientos de su cabeza.

Harry querría esto, Harry no querría que dejara a su cachorro solo.


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El silencio en la casa aún es algo difícil de afrontar para Louis. Sin embargo, sabe que este no es ese tipo de silencio. Es el silencio de un cachorro haciendo alguna travesura. Deja el almuerzo a un lado, sabiendo que su alfa no estaría tranquilo hasta que viera a su hijo. Camina por su hogar y encuentra a Edward en la sala. Los gabinetes de los muebles están abiertos, muchos papeles, películas y cds viejos están alrededor del niño.

Edward tiene un álbum de fotos en sus manos.

Su álbum más preciado.

Su álbum de casamiento.

El cachorro está concentrado observando las fotos, encontrando gente que conoce y que no. Cuando nota el olor de su padre levanta la vista y le sonríe a Louis. Sabe que el ojiazul no puede regañarlo cuando le muestra sus hoyuelos.

–Papá, ¿qué es esto?

–Es… Es el álbum de casamiento de tu papá y mío.

–¿Quiénes son? –pregunta, señalando con su dedo a los compañeros de trabajo de su esposo.

Louis toma una respiración profunda y se sienta junto a su hijo, ignorando el nudo en la garganta y el vacío en su interior.

–Eran compañeros de trabajo de Harry, tu papá –responde, aún nota que el niño está confundido. –Son como Jack y Chris.

Su hijo asiente y señala la foto de su familia. La situación con su madre y hermanas no es la ideal, pero le habían pedido disculpas. Él sólo aceptó porque quiere que formen parte de la vida de Edward.

–La tía no tenía panza –comenta Ed, Louis se ríe y niega, explicándole que en ese momento la tía no tenía un bebé en camino.

Pasan un rato hablando sobre cada persona en la foto. Edward siempre tiene algo más para comentar o preguntar, Louis cada día puede distinguir que su hijo es la copia exacta de su omega.

–Papi era muy lindo –dice luego de mirar varias fotos de la pareja. –Tiene mi pelo y mis ojos.

–Sí, son iguales.

–Mira esta foto –señala, Louis está a punto de llorar. El ojiazul estaba allí, recibiendo un beso de su omega en la mejilla. –Papi te quería mucho, papá.


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Edward está en su cuarto, trabajando en unas hojas lisas que su papá le dio. Louis está ocupado haciendo la cena para ambos y no puede ayudarlo en su dibujo. De todas formas, no quería su ayuda, se supone que le está haciendo una sorpresa a sus papás.

Su abuela Anne lo está ayudando a mejorar en sus dibujos y a escribir nombres. Cuando le pidió que le ayudara a escribir el nombre de su papá Harry pudo ver que la omega contuvo sus lágrimas. Él está acostumbrado a que su abuela y papá siempre sean sensibles cuando se nombra a su papá.

Toma el color verde y pinta los ojos de ese color. Admira su creación unos segundos antes de escuchar a su padre llamarlo. Toma su dibujo con una sonrisa y se dirige a la cocina.

–Debes lavarte las manos, cachorro –habla Louis en un tono suave pero frunce levemente el ceño cuando ve al pequeño Edward quieto en la entrada de la cocina, con las manos en su espalda. –Ed, ¿qué sucede?

–Tengo algo para ti.

El alfa mayor sonríe.

–Es un dibujo de nuestra familia.

Extiende el dibujo y las lágrimas aparecen en sus ojos. Edward se había dibujado a sí mismo en medio de sus padres, había intentado escribir los nombres de todos pero falló en el intento. A Louis le gusta así, no le importa si su nombre no tiene una “o” ni que le falte la “h” a Harry, ni la “w” a Edward.

Es el regalo perfecto.

–Quiero llevárselo a papi mañana.

Edward le muestra su dibujo a la tumba de Harry con una sonrisa, contando con lujo de detalles cómo Anne lo ayudó con los nombres, comentándole cada color que utilizó y que él debía ir en el medio porque él era el hijo de la familia.

–Papá, ¿crees que a papi le gustó mi dibujo?

–Por supuesto Ed, le ha encantado.


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Louis está parado junto a Anne, ambos con lágrimas en sus ojos. Edward está con una gran sonrisa en el escenario, junto a todos sus compañeros y amigos del jardín, todos abrazándose y gritando de felicidad. Alfa y omega toman fotos de ese momento tan importante. La graduación del jardín de Edward es un momento muy importante en la familia. Su madre y hermanas están allí pero a unos metros, el ojiazul solo quería estar con aquella persona que lo apoyó en todo momento.

Edward llegó corriendo para saltar a los brazos de su papá con un diploma en mano.

–¡Papá! Mañana hay fiesta de graduación en casa de Lucy.

–Sí, cachorro. Iremos lo más pronto posible.

–Abu, soy un niño grande, ya voy a ir a un jardín de niños grandes.

Ambos adultos se ríen.

–Irás a la escuela ahora, has crecido tanto. Estoy muy orgullosa de ti.

–¿Vendrás a ver a papi con nosotros?

Es la primera vez que Louis y Anne van juntos al cementerio desde la muerte de Harry. La omega no está de acuerdo que visiten todos los días a su hijo pero no puede negar que Louis ha hecho un gran trabajo con Edward, incluso en los peores momentos.

–¡Hola papi! ¡Terminé jardín! ¡Tengo un diploma! –exclama el cachorro, feliz.

Anne y Louis saludan a Harry y se quedan parados allí, mientras escuchan a Edward hablar trivialidades con su padre omega.

–Papá, ¿crees que papi Harry estaría feliz por mí?

–Harry está muy feliz y orgulloso de ti, eres su cachorrito grande.

Edward está satisfecho con la respuesta y vuelve a mirar la tumba de su padre. Le lee con un poco de dificultad lo que dice en su diploma, sin perder la sonrisa.

Anne observa a Louis por unos segundos, él tiene la vista perdida en su hijo.

–Él está orgulloso de ti también, ¿sabes? Él sabía que ibas a ser un gran padre, siempre lo decía. Lo has hecho bien, alfa.


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–Deberías salir a conocer gente, Lou, te hará bien –sugiere Jack, su amigo y compañero de trabajo. Todos han visto como el alfa pasó de ser una persona que irradiaba felicidad a alguien incompleto, triste y frágil.

–Tu definición de conocer no es la misma que la mía.

–Lo sé, pero han pasado más de cinco años, tal vez te haría bien un cambio.

Louis está negado, él no necesita a nadie nuevo. No quiere que alguien aparezca en su vida, sea amable y luego intente borrar todos los recuerdos de su esposo. Nunca se imaginó estar con alguien que no sea Harry, el omega siempre fue el centro de todo su mundo. Sin embargo, le dijo que sí a Jack, no quería escucharlo más.

–Louis, ella es mi amiga, Emily –presenta Jack. La omega es bellísima, tiene un aroma dulce, a rosas. El ojiazul se contiene de fruncir la nariz. En cambio, sonríe y la saluda apropiadamente.

La conversación no es incómoda, pero Louis siente una opresión en el pecho todo el tiempo. Su alfa lo está torturando, exigiendo que no engañe a su omega. Emily no parece darse cuenta de su conflicto interno.

Nota que la atmósfera cambia cuando le informa que tiene un hijo. Sin embargo, la omega insiste en continuar con lo que sea que están haciendo con normalidad. Todas las alarmas se encienden en Louis, tiene que proteger a su cachorro, no tiene que estar con alguien que pondrá en peligro su estabilidad. La mujer empieza un monólogo sobre su carrera laboral y Louis puede escuchar las advertencias de Harry en su mente.

–Llegas a coquetear con otro omega y te juro que es lo último que harás en tu vida –amenazó un Harry con siete meses de embarazo, cuando notó que una omega le batía sus pestañas.

–Lo único que te voy a pedir Tomlinson es que no me engañes, prométemelo, júramelo.

La voz de un Harry más joven, recién comprometidos, se repetía sin parar en su cabeza.

Cuando la omega toca su muslo, muy cerca de su entrepierna, se alarma. Se para decidido, negando con su cabeza, ido. La omega se enoja y lo acusa de todavía tener alguna pareja. Jack se acerca para salvar la situación de su amigo. Louis deja dinero en la mesa y mira a su amigo.

–Nunca más, no puedo, no puedo hacerle algo así.


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Se despierta esa mañana con su hijo encima de él, quitándole el aire de golpe. Se abrazan unos segundos, Louis con una gran sonrisa. Había quedado atrás ese cumpleaños solitario. Edward aún no le prepara el desayuno, pero se asegura de llenarlo de besos y abrazos, eso es lo único que el alfa necesita para sanar el dolor que aún siente con la pérdida de su omega.

Anne es un gran pilar, ella se lleva a Ed para comprarle un regalo y algo rico para comer durante el día. Su hijo es una copia exacta de Harry, está esperando su reacción a los regalos. Emocionado.

–Te hice una torta de chocolate –le informa, feliz, luego de que su papá le haya agradecido todo lo que le trajo.

–¿En serio? ¿Tú solo?

–No, la abuela me ayudó, es una torta sorpresa para la fiesta –responde y se da cuenta de su error. El pequeño alfa abre sus ojos y tapa su boca. –No le digas a la abuela.

Louis se ríe, le encanta la ternura de su hijo. Se acerca a él y llena de besos su mejilla antes de ir a desayunar.

Louis pretende estar sorprendido cuando entra al hogar de Anne, donde todos sus amigos y familiares cercanos se reunieron para celebrar su cumpleaños. La tarde es amena y la torta que cocinó Ed con Anne es demasiado rica.

Cuando vuelven a su hogar, el alfa nota que su hijo está inquieto. Quiere preguntarle qué sucede pero su hijo se va corriendo escaleras arriba. Louis frunce el ceño y lo sigue. Edward está en su cuarto, con una caja en sus manos y una sonrisa.

–Papá, tengo un regalo para ti, es el que más me gusta.

–Ed, no es necesario, ya me has regalado mucho, ¿no crees?

El niño niega.

–Le pedí a la abuela algo y ella me dejó –. Louis rodea los ojos y toma el regalo. –No puedes abrirlo hasta la hora de dormir.

Louis cumplió con lo pedido, Edward dijo que no quería ver su reacción. Su cachorro está durmiendo y él está sentado en su cama, frente al regalo. Lo abre con lentitud y las lágrimas se acumulan en sus ojos cuando lo ve.

Es un peluche que Harry dejó en su casa de la infancia.

Y tiene su olor.

Su alfa se aferró al perro de peluche de inmediato. Solo lograba oler a su omega levemente cuando le daba regalos a Edward aunque siempre intentaba contener la respiración.

Esa noche lloró hasta dormir, con el aroma de su omega, como hace años atrás.


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Edward odia las tareas que le envían sus maestros, sabe que es lo primero que debe hacer al llegar a casa para poder jugar. Ese día es distinto, es una tarea interesante. Hay que escribir sobre la madre o el padre omega. El niño quiere saber todo de Harry pero no le gusta la sensación que deja en su abuela y su papá, no le gusta verlos tristes, nostálgicos.

–Papá, necesito ayuda con mi tarea –le pide. Louis está en el sillón, leyendo un libro. Deja la lectura a un lado y asiente. Edward se sienta a su lado.

–¿Es de matemáticas?

El niño niega.

–Debo escribir sobre mi papá omega.

Louis asiente.

–¿Qué quieres escribir de él?

–No lo sé, no dice nada más que eso.

–Puedes decir que era periodista, que trabajaba en el diario local –sugiere Louis–. Podrías decir que era hijo único, que le gustaba la fotografía, cocinar y cantar. También que eres la copia exacta de él, que era muy curioso, cariñoso, amable, lindo.

Edward anota todo lo que dice su padre.

–¿Puedo llevar una foto? –pregunta. Louis asiente. –¿Cantaba bien?

Louis se ríe.

–Sí, podría haberse dedicado a eso pero le gustaba más ser periodista.

El alfa mayor se queda pensando unos segundos, perdido en sus pensamientos. Edward se queda mirándolo, sabiendo que su padre está recordando, quería decirle que no quería saber más, no quería que llorara.

–Nunca te hice escuchar su voz –comenta antes de pararse para tomar su teléfono y computadora. Se vuelve a sentar junto a su hijo y llama al teléfono que sabe de memoria.

Edward sonríe con la voz de su padre omega, nunca imaginó que sería más grave que la de su papá. Louis corta la llamada y busca entre los archivos que tiene la carpeta de Harry.

–Mira, esta es la audición de Harry para un programa, fue después de nuestro casamiento.

Edward escucha la hermosa voz de su padre cantando una canción llamada “Something About the Way You Look Tonight”.

–Cantaba muy lindo, papá. Quiero cantar como él cuando sea más grande.


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–¿Cómo estás, Louis? –pregunta su terapeuta. Él siempre dice que está bien, aunque no lo esté. El beta sabe que miente pero lo deja pasar. Es el primer caso excepcional que tiene.

–Bien, estuve bien.

El alfa habla de su hijo, de lo que pasó en la última semana y de los síntomas que son frecuentes en él. Sabe que está demasiado cansado para ser un alfa, que su calor corporal es menor al promedio y que suele enfermarse más de lo normal. Continúan hablando y Louis menciona que se acerca otro aniversario de la muerte de su omega.

–Así que… ¿Has ido al cementerio cada día desde su partida?

–Sí.

–Hace siete años que realizas la misma rutina con tu hijo, sin importar el clima.

–Exacto.

–¿No crees que es hora de que Harry descanse en paz? –le pregunta el profesional, Louis frunce el ceño y abre la boca para protestar. –Me refiero a que tu rutina, tal vez, no esté permitiendo su descanso completo.

–No, no es así, Harry está allí descansando en paz, viéndonos…

–¿Cómo lo sabes? –cuestiona. Louis se queda en silencio. –Yo solo digo que tal vez es hora de una nueva rutina. Harry no será olvidado, no mientras ustedes lo recuerden. Y te puedo asegurar que tu omega estará presente en cada paso, si se lo permites. Piénsalo, no es algo que debes hacer, pero tómate tu tiempo para considerarlo.

Es el séptimo aniversario de la muerte de Harry y está allí, solo. Anne se ha llevado a Ed hace unos instantes. Se sienta frente a la tumba de su omega con lágrimas en los ojos.

–Hola, amor –saluda nuevamente. Observa unos segundos el cielo, tratando de organizar sus pensamientos. –Yo… Estos años han sido muy difíciles, pero nuestro cachorro los hizo más amenos. Aún tengo pesadillas sobre esa noche, a veces son solo recuerdos, algunas noches lloro cuando te echo mucho de menos. No sé qué decir que no haya dicho. Sabes que te amo, con todo mi ser, sabes que no hay otro y no va a haber otro.

Toma una gran respiración.

–Yo… No sé si debería venir todos los días, no quiero molestarte, quiero que estés en paz y… No sé si es lo mejor para Ed, no es un lugar para un niño, todos estos años lo hice mal –solloza– Pero necesito estar contigo, necesito sentir que al menos estoy contigo, pero me hace mal, me hace mal saber que estás aquí, que no hay forma que le respondas a mi alfa –realiza una larga pausa. –Vendré todos los jueves, no dejaré sin flores a mi omega nunca –promete. –Te amo tanto, no quiero que pienses que te olvidaré, jamás podría olvidar a mi persona favorita.


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Louis está animando al equipo de fútbol con el resto de los padres. Su hijo está jugando como delantero en las infantiles del club local. Su alfa se llena de orgullo al notar que su pequeño había sacado al menos algo de él.

En el entretiempo están sentados mientras los pequeños están más lejos descansando. Louis le dedica a su hijo una sonrisa y levanta sus pulgares para demostrarle lo bien que lo está haciendo.

–Eres un encanto con Ed –le comenta Jenna, la madre del mejor amigo de su hijo. Louis le sonríe y asiente. La mujer mira el anillo en la mano del alfa, sabiendo la historia que lleva.

–Lo intento, me alegra no perderme estos momentos.

–¿Cuántos años han pasado? –pregunta la mujer, luego de un momento de silencio, señalando su dedo anular.

–Más de nueve años –responde serio, le incomodaban las preguntas sobre Harry, lo hacían ver vulnerable.

–¿Y cuánto tiempo llevaban juntos?

–Llevábamos seis años como novios y dos de casados.

–Te admiro mucho, yo creo que no podría salir de la cama si algo así me sucediera con Mark.

–Fue duro, pero Ed me necesitaba.

Ambos asienten.

–Noah quiere que Ed venga a casa algún día, después de la escuela… Lo haremos sólo si te sientes cómodo, puedes venir también.

Louis niega, sabiendo que lo dice por la lástima que le tienen.

–Tranquila, puede ir cuando deseen, incluso hoy.

–Bien, hoy sería genial.

El partido se reanuda y Louis se pierde en sus pensamientos. Sabe que está sobre analizando lo que Jenna le preguntó, es curiosidad, nada más. El alfa se endereza al notarlo.

Harry lleva más tiempo muerto que el tiempo que estuvieron juntos.

Le cae como un balde de agua helada. Tiene que levantarse y alejarse un poco del grupo de padres. Toma varias respiraciones mientras intenta mantenerse tranquilo. Harry sigue presente en su memoria, pero a veces sentía que los recuerdos no eran nítidos, o había detalles que ya no estaban en su mente. Por supuesto, sus recuerdos con Harry pasaron hace demasiado tiempo.

Vuelve a la realidad cuando su hijo anota un gol. Le sonríe y lo celebra con él, abrazándose fuera del campo de juego.

Una vez más, Edward lo había salvado de su mente.


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Los años pasan en un parpadeo, Louis tiene que prepararse arduamente para criar a un adolescente. Había hablado con Anne múltiples veces sobre cómo debía dar la charla, cómo prepararse para el primer celo. Está listo aunque aún falten años.

Ese día es muy especial, su cachorro inicia su camino por la secundaria. Es la misma secundaria a la que fueron él y Harry. Le prepara un buen desayuno para que tenga un buen comienzo y deja a su lado el regalo que le preparó la noche anterior.

Un Edward dormido aparece en la cocina, ya vestido para su primer día.

–Papá, no tenías que, es solo otro año escolar.

El ojiazul niega.

–No lo es, es el primero de la secundaria.

El menor rodea los ojos y toma el regalo. Al abrirlo se encuentra con varios cuadernos, frunce el ceño y los analiza. Él ya tenía todos los útiles escolares necesarios, no necesita más. Las hojas se ven algo viejas y la tapa parece tener algo escrito en ella.

Puede percibir un leve olor a jazmines. Eran de su padre.

Abre uno de los cuadernos y en el otro lado de la tapa se encuentra con una foto vieja de sus padres. Sonríe sin poder evitarlo.

–Gracias, papá.

–Sé que no es un regalo muy…

–Es perfecto. Pero solo escribiré cosas importantes aquí, no lo usaré en la escuela.

Louis asiente y se dan un pequeño abrazo.

–Hay uno que está usado, tiene todos sus intentos de escritor, mereces tenerlo.

Louis deja a Edward en la escuela y no puede evitar tener lágrimas en sus ojos al ver la fachada. Nada había cambiado, todo seguía igual, incluso mejor. Veía allí el árbol en el que se apoyaba para esperar a Harry, podía recordar cómo ambos salían tomados de la mano por ese camino que Edward está haciendo.

–Aún no puedo creer que haya pasado tanto tiempo sin ti, amor –susurra y besa su anillo de matrimonio.

Su mirada se dirige a uno de los costados del colegio, al sector donde está la cancha de fútbol.

–Recuerdo que allí, en esa cancha te dije te amo por primera vez. ¿Quién hubiera dicho que más de quince años después seguiría diciendo lo mucho que te amo?

Louis convierte el segundo gol de la tarde y señala al omega ruloso fuera de la cancha. Cumplían tres meses de novios oficialmente y a Harry no le importó pasar ese día especial allí, alentando a su alfa. Una vez que finaliza el partido, el ojiazul se acerca a él.

–Hola, lindo –lo saluda y besa sus labios. –Te dediqué esos goles, por si no lo has notado,

–Puede ser, estaba concentrado en ti, no en lo que hacías.

Se quedan admirando los ojos del otro unos segundos, con una sonrisa en sus labios.

–Te amo –suelta el alfa de repente, sorprendiendo al omega.


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Edward no sabe cómo iniciar algunas conversaciones con su padre. Todas están relacionadas al mismo tema: Harry. El alfa quiere visitar a su padre a solas, hablar con él, confiarle algunas cosas que le pasan pero no quiere que Louis esté allí. Además, cada vez que van, Edward termina triste porque su papá lo está.

No sabe cómo decir que no quiere ir más con Louis porque no quiere ver cómo el alfa deja una parte de él cada vez que van.

Su mejor amigo le dijo que dijera la verdad, pero él sabe que no debería. No debe reprimir los sentimientos de su papá ni tampoco sus visitas. Aún recuerda cómo su papá lloraba por las mañanas cuando dejaron de ir al cementerio a diario.

–Papá –lo llamá Ed. Louis está cocinando la cena para ambos, le hace una seña para que hable. –Yo… Yo no quiero ir más a ver a papá.

El ojiazul siente cómo su mundo se frena por completo, al igual que él. Edward ya se arrepiente de lo que dijo.

–¿No quieres ir a ver a Harry?

–No, papá –responde–. Me hace mal ir allí.

Los ojos cerúleos recorren toda la habitación pero no miran al adolescente.

–¿Por qué no me dijiste? Yo… Ed, jamás haría algo que te hiciera mal. Yo creí que te agradaba ir, compartir…

–Te lo digo ahora –le dice calmado–. No me molesta ir, me gusta acompañarte.

–Pero no quiero que vayas para acompañarme. –Louis vuelve a mirar lo que está cocinando y asiente. –Está bien, cachorro, no te preocupes.

–Gracias papá, te amo –susurra antes de abrazarlo con cariño.

Edward sale de la habitación pero se queda junto al marco de la puerta. Le duele escuchar a su papá llorar, no quiere que piense que hace algo mal, porque no es verdad. También sabe que es la única manera que Louis no cuestionaría. Los ojos verdes se quedan observando una imagen de Harry con ojos llorosos.

–Mañana iré a verte, papá, te amo.


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Edward camina con tranquilidad hacia la tumba de su padre, Harry. Su papá Louis no sabe que a veces escapa de sus clases o de su hora de almuerzo para estar a solas con su otro papá.

–Hola pa –susurra, dejando una flor que había arrancado de por ahí.

–Papá… Papá está bien, ¿sabes? Yo también lo estoy. Tendré una cita pronto con Lexie, esa omega de la que te hablé. Me gustaría que me dijeras cómo tratar a un omega, qué regalo darle.

Suspira antes de sentarse junto a la tumba y se seca las lágrimas.

–Papá no me sirve de ejemplo –sonríe de lado con un sabor algo amargo–. Él no estuvo con nadie más, sólo contigo. Nunca lo vi tratar a nadie de forma romántica.

El viento mueve su cabello ondulado. Edward soba su nariz y se queda en silencio, mirando a su alrededor.

–Quisiera amar así, como él te ama. Nunca lo intentó. Siempre fue fiel a ti, incluso cuando ya no debía. A veces lo sigo escuchando llorar en las noches, a veces lo veo mirando fijo una foto tuya, a veces lo encuentro escuchando audios que se sabe de memoria.

Toma su mochila y saca su almuerzo.

–Papá mejoró bastante en la cocina… Aunque el arroz le sigue saliendo como la mierda.

Un pájaro se coloca sobre la tumba de Harry. Los ojos de Edward lo analizan unos segundos hasta notar que es una golondrina. El ave le canta por unos segundos, como si esperara su reacción.

El alfa sonríe levemente con lágrimas en sus ojos. –Sé que ya lo dije pero… Te devolveré a papá pronto, me queda poco para terminar los estudios, conseguiré un trabajo. Lo convenceré de que ya no me tiene que cuidar. Merece estar junto a ti.


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Edward entra a su hogar, encontrándose con el olor característico de su padre. Entra en la cocina y lo encuentra allí, realizando un té. Luego de hablar una vez más con la tumba de su padre, decidió que hablaría con él de todas formas.

–Papá –llama su atención, el hombre analiza las facciones de su hijo, que son demasiado parecidas a las de su omega. –Puede ser que… Que me guste alguien.

El rostro de Louis se ilumina.

–Sé que papá y tú se conocieron a mi edad. – El ojiazul asiente. –¿Cómo le pediste una cita?

Los ojos cerúleos se llenan de lágrimas, Edward casi se arrepiente de preguntar.

–Harry, yo… –Louis comienza, nervioso, sin saber cómo pedirle una cita al omega. Los ojos esmeraldas brillantes lo analizan. Todos están dirigiéndose a sus respectivas clases mientras que Harry y Louis están junto al casillero del primero.

–¿Louis? ¿Estás bien? –le pregunta preocupado.

–Sí, sí, yo… –murmura antes de tomar una respiración. –¿Quieres salir conmigo el sábado?

El omega sonríe, con ilusión, recordándose que solo son amigos.

–Sí, podríamos ir a ver una película –sugiere Harry. –¿Los chicos que han dicho? ¿Irán?

Louis frunce el ceño, pensando que el ojiverde lo está enviando a la “friendzone”. Tiene que aclararlo, no puede quedarse con la duda.

–No, omega, yo… Sería una cita, tú y yo, solos.

Los hoyuelos de Harry están más marcados que nunca, Louis podría derretirse en el suelo. El omega lo sorprende y lo abraza con cariño, Louis aprovecha para inhalar el aroma a jazmines de cerca.

–Me gusta como suena eso –susurra Harry sonrojado, besa la mejilla del alfa y se va caminando a su clase.

Louis se queda allí, mirando como se aleja su futuro omega. Tiene una gran sonrisa que no puede borrar, se apoya contra los casilleros buscando relajarse. Su mente había sido una tortura, con mil escenarios posibles. Su preocupación había sido en vano, Harry sí aceptó, sin rodeos.

–¡Tomlinson! ¿Sigue en los pasillos? ¡Detención hoy luego de clases!

–Papá, lo siento pero no me sirves… Papi ya quería estar contigo y no quiso que le rogaras.

–Ey, no fue así. –Edward alza una ceja. –Bueno, sí, pero…

–Papá, papá Harry solo estaba esperándote –dice el alfa menor, se para y se dirige a su cuarto para cambiarse por algo más cómodo.

–Está, cachorro, está esperándome –murmura el ojiazul.


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Edward camina una vez más por el camino que ya se sabe de memoria, sus pies incluso podrían ir solos hasta allí. Ese día salió temprano porque uno de sus profesores tuvo que salir corriendo porque su pareja estaba dando a luz. Mejor para él, necesita un momento allí en el cementerio y no encontraba uno. Al menos no uno que levantara las sospechas de sus amigos y de su padre.

–Hola, pa –saluda, sentándose frente a la tumba de Harry. –Han pasado muchas cosas, ¿sabes?

El ojiverde sonríe de lado.

–No usé los consejos de papá, pero estoy saliendo con Lexie, oficialmente –le cuenta, manteniendo la sonrisa–. Es una chica hermosa, atenta y papá ya la conoció, aunque no sabe que somos novios.

El adolescente juega con el pasto a su alrededor.

–Conseguí un trabajo y ya estoy aplicando para universidades, la abuela me dijo que es mejor empezar lo más pronto posible. Voy a estudiar psicología o literatura, aún no me decido.

El viento ondea sus rizos y Ed mira el cielo unos segundos.

–Te amo, pa. Sé que estás aquí, sé que estás conmigo y que siempre me has apoyado –suspira– También sé que papá ya no está bien, pero me miente. Yo… No quiero ser egoísta, ya no más. Ya puedes llevártelo, si quieres, merecen volver a estar juntos.

Edward se seca las lágrimas.

–Cuando tuve esa clase de anatomía lo entendí, él luchó consigo mismo para no irse contigo, para quedarse conmigo.

Edward se queda allí, llorando unos minutos hasta que siente una mano en su hombro. Se voltea, asustado, pero sonríe cuando ve a Anne.

–Hola abuela. –Le da un beso en la mejilla y la abraza. –Vine a ver a papá.

–Louis me había dicho que no venías más, que… Le mentiste, ¿cierto? –pregunta y el menor asiente–. Todos lo hemos hecho en algún momento.

Edward se ríe.

–¿Tú también?

–Le he mentido a Louis el primer día que lo conocí, no lo quería cerca de tu papá, era una mala influencia.

Ambos sonríen. Se quedan un rato allí, hablando, compartiendo anécdotas. Se cuentan los últimos acontecimientos de su vida hasta que Edward tiene que ir a trabajar.


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Edward está a pocos días de graduarse, le va bien en su trabajo, aunque la paga sea mínima. Louis está muy orgulloso de él y se lo deja en claro en cada momento. El alfa menor ya tenía una vida completamente encaminada, se había decidido por hacer psicología y se mudaría con su novia Lexie al campus de la Universidad.

Estuvo varios días pensando cómo decirle a su padre lo mismo que él le dice pero no sabe cómo. Sabe que debe ser como salga en el momento.

–Papá –lo llama, habían terminado el capítulo de una serie que compartían los fines de semana. Louis lo mira con una pequeña sonrisa. –Yo quiero darte las gracias.

El ojiazul frunce el ceño.

–¿Por qué?

–Por quedarte conmigo, por criarme, por no dejarme solo y estar siempre conmigo –dice rápidamente, sin pausas. Sabe que él y Louis se pondrían emocionales y quería decir todo antes que suceda. –Sabes que era casi imposible quedarte aquí luego de perder a tu omega, y te quedaste. Estoy muy feliz y orgulloso de ser tu hijo y te amo mucho.

Louis limpia sus lágrimas y lo abraza con fuerza.

–Te amo tanto, te esperamos tanto, te deseábamos tanto, no podía no quedarme –susurra, aún abrazándolo. –Estoy muy orgulloso de ti, del alfa que eres.

–Es todo gracias a ti, papá.

Se separan y Edward permite que su padre bese su mejilla, como cuando era un niño. Se quedan allí, tomados de la mano.

–Sé que quieres ir con él –continúa, Louis niega pero no dice nada. –Yo siempre voy a necesitarte, no importa qué, pero no soy egoísta, puedo verte.

–Ed…

–Ya cumpliste tu promesa, ya hiciste más de lo que alguna vez imaginaste. Mírame, la semana que viene voy a ir a la universidad, Lexie es lo mejor que me pudo haber pasado, yo siento que es mi omega. Has hecho todo por mí, has estado en cada paso, cumpliste todo y más.

Louis no sabe qué decir, tampoco quiere contarle que, al final del día, siempre espera que alguien le diga que hizo las cosas bien. Su alfa por primera vez en casi dieciocho años está en paz y alineado con él, sin llamar a su omega.

Hizo feliz a su cachorro, le dio todo lo que quedaba de él.

Cumplió la última promesa que le hizo a su omega.


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El día más temido por él llegó y pasó. Edward se había ido del nido, no quedaba nada en su hogar. Louis no tenía más nada que hacer. El silencio lo ahogó desde el momento que cerró la puerta tras de sí. Su vida está completamente formada alrededor de su hijo. No tenía ganas de siquiera levantarse de la cama.

Volvió a la rutina diaria de ir al cementerio a ver a Harry. Sus problemas de salud empeoraron, le dolía moverse, le dolía respirar, le dolía vivir.

Termina su charla diaria con su cachorro y se prepara su té. Mientras lo bebe, se queda mirando la taza de su omega, que lleva dieciocho años sin uso. Toma su teléfono y escucha el mensaje que hace tiempo no oía.

“Hola, te comunicaste con el teléfono de Harry. En este momento no puedo atenderte, si quieres puedes dejar un mensaje después del tono. Si eres mi hermoso y perfecto alfa, con que me dejes un solo mensaje alcanza”

–Harry… No puedo más –solloza– No puedo hacerlo más, me duele el pecho, el vacío, el silencio. No sé qué hacer, ya no puedo ignorar el dolor.

Unos segundos pasan mientras Louis se recompone.

–Nuestro cachorro es un universitario, ya no está en casa, ya tiene omega, ya tiene todo. Lo cuidé mucho, omega. Lo amé por los dos, lo disfruté por los dos, le enseñé todo lo que pude de ti pero ya no puedo. Mi alfa me está matando, no se lo pude decir.

Corta la llamada y sabe que tiene que dejar todo a su hijo. Las dos semanas siguientes se encarga de dejar todo listo, que todo esté a nombre de Edward. Visita a Anne, hablan sobre todo lo que han vivido esos años y promete volver a visitarla pronto.

Edward recibe una llamada de su padre días después, nada parecía fuera de lo normal, habló con él todos los días.

–Cachorro, estoy yendo al hospital, no me siento bien –le informa. –Te amo con mi vida entera, estoy muy orgulloso de ti.

El alfa menor suelta algunas lágrimas, nota lo débil que suena la voz de su padre.

–Te amo papá, todo estará bien, voy para allá.


☼☼☼


Louis se despierta esa mañana, desorientado. Está en su cama, pero no recuerda haber dormido en ella. Puede escuchar a alguien en la cocina, preparando el desayuno. No puede ser Edward, nunca ha hecho el desayuno, tal vez está Anne en su casa. Camina con un poco de cautela hasta llegar al lugar y se debe sostener del marco de la puerta.

Harry está allí.

El aroma a jazmines está allí.

Su omega voltea y le sonríe con cariño. Apaga el fuego y se acerca a su alfa. Lo estrecha entre sus brazos con más fuerza de lo que quería. Louis inhala, el aroma se siente real, no es producto de su imaginación. Se separa apenas unos centímetros para observar la marca, está allí, brillante. No puede evitar acercar su boca a ella y lamerla con entusiasmo.

–Alfa, para, no es momento… –pide el omega, aunque Louis no lo escucha. El ojiverde puede sentir sus rodillas débiles. –¡Louis!

El alfa lo toma de la cintura y los mantiene lo más pegados posibles. Había anhelado por este momento tanto tiempo que no puede separarse de él.

–Te he extrañado tanto, tanto, te necesité todo el tiempo.

–Lo sé, lo sé, he estado allí, te he esperado todo este tiempo –susurra, acariciando el cabello lacio de su pareja. –Lo has hecho tan bien, alfa, tan bien. ¿Has visto el hermoso cachorro que tuvimos? Perfecto, justo lo que deseábamos.

Louis se echa a llorar, se arrodilla y se abraza a su omega. Todo el peso que cargó en sus hombros durante años desaparece, todo el dolor que llevó consigo se esfuma. Harry seca sus lágrimas y acaricia el rostro del ojiazul. Cuando puede, se arrodilla frente a su esposo.

–Ya está, Lou –murmura, abrazándolo una vez más. –No nos vamos a separar más, nunca más.

–Prometo nunca dejarte, omega.

–Tendremos mucho tiempo juntos –besa la mejilla de su alfa y frunce levemente el ceño–. Podríamos empezar hablando sobre esa omega, ¿acaso ibas a cambiarme?

Ambos se ríen y Louis besa los labios de Harry.

–Te amo, te amo tanto, Harry.

–Te amo para siempre, Louis.

☼☼☼



Gracias por leer.

Espero que les haya gustado.

Cuidense ♥♥♥

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