Entre Dimensiones [Hijos del Universo #★1]

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Summary

Para Nashla, su mayor preocupación era evitar a toda costa que sus padres la obligaran a casarse con un hombre al que no amaba, para ella el matrimonio era mucho más que medios para obtener poder, era enlazar dos vidas eternamente por amor. Hasta que un día unas criaturas horribles y desconocidas, al parecer desprovistas de conciencia y con ansias de sangre, aparecen en su vida, su hogar y abrasan todo cuanto ella conoce. Luego de huir, perder la conciencia y despertar en un lugar no identificado, Nashla se verá obligada a aceptar la versión irreal de los hechos de un hombre al que acaba de conocer, pero al que se ve atraída de manera inmediata y que despertará en ella mucho más que curiosidad y desconfianza. Una chica apasionada. Un hombre de otro mundo. Una historia increíble. Y muchos secretos. ¿Estás dispuesto a descubrir las verdades del universo?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1

Abrí los ojos y divisé un poco difuminados los rayos del sol que entraban por las rendijas de mi ventana.


Al otro lado de la habitación escuché un par de sutiles golpes sobre la madera de la puerta.


— Señorita McCloud, su padre la solicita para que baje a desayunar.— Me informa la voz de la señora Mayers, nuestra ama de llaves.


—Por favor, dígale a padre que bajaré en un momento. Gracias.


Con muy pocas ganas de salir de la cama, sin absolutamente nada de hambre y un sueño infernal debido a la faena de pasarme toda la noche leyendo, caminé hacia el baño y luego de una larga ducha continué mi recorrido hasta el inmenso y en mi opinión exagerado vestidor.


Me decanté por un vestido acampanado y largo hasta las rodillas de color rosa pastel y escote en forma de corazón, unos zapatos de tacón de infarto del mismo color, un brazalete dorado y unos pendientes a juego.


Listo.


Llamé a mi sirvienta personal, Phavy, para que domara mi cabellera castaña. Me hizo una hermosa y larga trenza con mechones sueltos alrededor de mi rostro, enmarcando así mis facciones, y colocando adornos florales blancos y rosas en toda la longitud. Este era mi atuendo diario, aunque variaba en color y diseño, siempre usaba vestidos con zapatos a juego. Así vestían todas las familias nobles de Verlex Ulai, al menos todas las mujeres de las familias nobles. Los hombres vestían con trajes.


Salí de mi habitación y caminé por los pasillos de la mansión hasta dar con las escaleras. Me detuve por unos segundos a contemplar el enorme cuadro familiar que había al comienzo de la escalera.


Mi madre, Nadja, se casó con mi padre, el primogénito de la familia McCloud, Archivaldo, a los dieciséis años de edad. Con dieciocho años quedó embarazada por primera vez, aquí es donde entro yo, Nashla, año y medio después tuvo a mi hermana Nahla.


A decir verdad era una historia familiar bastante normal y aburrida.


En mis dieciocho años de edad, no he visto más allá de las montañas que rodean nuestro pueblo, Elexel. Aún así, pretendientes no me han faltado, todos quieren casarse con la primogénita de la familia McCloud, heredar sus tierras cuando mi padre fallezca y quedar al mando de uno de los puestos más importantes del consejo de Verlex Ulai.


Pero yo he rechazado todas y cada una de las propuestas de matrimonio, mi madre me lo reprocha cada vez que puede, diciendo que a mi edad ya estaba casada y esperando una hija. Sin embargo, yo no quiero ser como ella, según mi padre soy una rebelde sin causa, desobedezco órdenes, y salgo de casa en una escapada cada vez que tengo la oportunidad.


Cubierta por una capucha para no ser reconocida, camino las calles de Elexel en compañía de mi sirvienta Phavy. Adoro mi pueblo, adoro el barullo de las calles, adoro ver a los niños corretear sin preocupaciones, adoro ver a las personas riendo y conversando, y sobre todo adoro la sensación de libertad que me da el poder caminar por las calles del pueblo sin ser reconocida, siendo una más entre la multitud, sin tantos modales y reglas.


Atravieso las enormes puertas del comedor, y me encuentro con la no tan agradable sorpresa de que el general Xándar Wellex ll, está desayunando el día de hoy en mi hogar, con mi familia.


Vestido con su habitual traje rojo vino y colgando de su pectoral izquierdo varias medallas. Su cabello azabache casi totalmente rapado, y sus ojos de un color verde musgo me miraban con anhelo y deseo. Odiaba esta sensación, la sensación de ser observada detalle a detalle, de hito en hito.


— Buenos días padre. — Me acerqué a donde estaba encabezando la mesa y besé su mejilla. — Madre. — Incliné la cabeza en su dirección a modo de saludo, no teníamos la mejor relación, me llevaba mejor con papá. — Nahla, ¿Cómo estás hoy hermana? — Tomo asiento frente a ella, en el lado izquierdo de papá. Y por último, dejó caer mi mirada sobre el causante de mi incomodidad.— Buenos días, señor Wellex. Espero se encuentre bien en el día de hoy. — Espero haber sido lo suficientemente cortés y no haber demostrado ni un ápice de mi repulsión hacia ese hombre.


Por alguna razón desconocida me transmitía una mala vibra. Aunque a decir verdad era bastante atractivo, con su corto cabello oscuro, sus inquietantes ojos verdes, y sus labios rosa pálido, buena estatura y porte elegante. No tenía más de treinta años, y era uno de los tantos hombres que quería mi mano para obtener poder, o más del que ya tenían en su caso.


— Buenos días señorita McCloud. Si, el día de hoy me encuentro fantásticamente bien, y mucho mejor después de verla a usted. Dígame, ¿Despertó de buen humor? — Arqueó una de sus tupidas cejas.


— En efecto, el día de hoy me siento tan bien como un hermoso tulipán al sol. — Forcé una sonrisa y tomé una copa de extracto de naranja, dando un placentero sorbo.


Detestaba hablar de esa manera, me sentía idiota, pero no podía hacer quedar mal a mis padres y a la reputación de la familia, decían las malas lenguas que el señor Wellex II tenía la suya un poco suelta y todo lo revelaba.


— Me alegro. Usted es la más bella de todas las flores de este pueblo. — El halago me hizo sentir incómoda. Y al notar la tensión de mi cuerpo, mi hermana decidió intervenir, para mi suerte.


— Nashla, padre nos ha dado permiso para dar una vuelta hoy por el pueblo en el carruaje. — La emoción brillaba en sus iris y una energía muy positiva y de felicidad emanaba de ella. Nahla nunca había dejado la mansión, desde su llegada a este mundo había estado observando las mismas paredes y al parecer hoy descubriría por fin lo que hay más allá de un montón de cuadros antiguos, clases de etiqueta y constantes regaños maternos.


— Eso es emocionante Nahla. Suena divertido, estoy ansiosa de mostrarte Elexel. — Y ahora sí sonrío con ganas.


Terminamos de desayunar y Nahla y yo fuimos hasta la entrada, dónde nos esperaba un bello carruaje de roble y ante este dos caballos blancos aguardaban de pie. Entramos en él y mi hermana estaba que estallaba de felicidad.


— Ya quiero ver cómo es Elexel. Dime cómo es, no, mejor no me digas, quiero sorprenderme. — Su diatriba me causaban gracia, porque yo estaba igual de emocionada cuando salí por primera vez con mamá.


El día pasó demasiado rápido para nosotras.


Fuimos a la mejor pastelería, dónde pedimos una tarta de fresa para Nahla y una de moras para mí. Fuimos a la mejor joyería donde nos compramos un par de collares a juego. Caminamos por todo el pueblo, jugamos con los niños que correteaban. Cuando ya estaba oscureciendo decidimos volver a casa. Al día siguiente regresaríamos a seguir descubriendo las maravillas de nuestro pueblo.


Cuando el carruaje nos dejó delante de las enormes puertas de casa, bajamos con los zapatos en las manos y los pies adoloridos de tanto andar por las calles.

Cómo era de esperarse nuestra madre nos reprendió, dado que esos no son los modales de una dama y que no importaba cuanto fuera el dolor por nuestras prendas, era de señoritas aguantar con la espalda recta y la cabeza erguida.


Nuestro padre la apoyó, pero luego comprendió que mamá no pretendía parar de sermonearnos y nos propuso entrar. Ingresamos al enorme salón donde habían dos sofás de terciopelo azul y justo en el medio una mesita de té. Las paredes estaban decoradas con cuadros de la familia McCloud, desde los primeros, hasta nosotros. Mi hermana y yo tomamos asiento en uno de los sillones y nuestros padres en frente, Phavy nos había traído unas tazas de té humeante y Nahla y yo nos dispusimos a contar nuestra aventura a nuestros padres.


— Ahora que estamos todos... — Comenzó a decir papá— Me gustaría retomar el tema de tu matrimonio, Nashla. — La taza que sostenía contra mis labios resbaló de mis dedos y cayó directo en mi vestido. Miré con los ojos entrecerrados a mis padres para luego cerrarlos fuertemente y tomar una profunda bocanada de aire.


— Ya os lo he dicho, padre, no quiero casarme. — Abrí los ojos y miré directamente a los azules de mi padre, tan iguales a los míos. — Al menos no aún. — Tomé la taza de mi regazo y la recoloqué sobre el platillo en la mesa, con una servilleta traté de limpiar el desastre en el que se había convertido mi vestido y continué. — Deseo casarme, sí, cómo cualquier mujer lo haría, pero el acto del matrimonio más allá del poder y las alianzas políticas, enlaza dos vidas por el resto de sus días. No creo que sea algo que podamos tomar a la ligera. Quiero casarme con alguien del que esté verdadera y profundamente enamorada de lo contrario, me niego.


— Tu padre y yo estamos en total acuerdo contigo y de verdad que entendemos tú punto, querida, pero ya va siendo hora de que te comprometas con un hombre ¿Quién sino se hará cargo de los negocios en el futuro? — Madre a su vez dejó su tacita en la mesa y luego me miró arqueando una ceja.


— Podría hacerlo yo. — Solté con convicción y seguidamente escuché una carcajada femenina.


— ¿¡Tú!? — Dijo mamá horrorizada, como si de un momento a otro me hubiese crecido otra cabeza. — Ya sabes que los negocios y las política son cosas de hombres, cariño. — Sonrió.


— Tal vez también podrían ser cosas de mujeres si tan solo "mujeres" como tú no pensaran así. — Ya estaba, no podía reprimir más mis pensamientos. — ¿Sabes lo que pasa, mamá? — Mencioné la palabra con retintín. — Que el mundo está regido por la creencia ortodoxa de la supremacía del patriarcado, ser del género opuesto al masculino no te hace menos inteligente o incapaz. Las mujeres también podemos dominar temas de política, economía, matemáticas y ciencias. No somos un juguete, y mucho menos muñecas con las que hacer y deshacer a voluntad, no existimos solo para ser una fábrica de bebés, ni un medio de obtener placer. Tenemos voz, conciencia, somos hábiles, intuitivas e inteligentes. Ya es hora de que paren de menospreciar nuestro género, sí, somos mujeres, somos femeninas, somos hermosas y dignas de admiración, pero no debería ser solo por nuestra belleza, es injusto ¿Lo peor de todo? Que nos subestimamos a nosotras mismas con el tipo de comentarios como el que realizaste madre, abre los ojos, no eres una muñeca.


— Nashla... — A mi lado Nahla me miraba con los ojos como platos y la boca entreabierta por la sorpresa.


— ¿De dónde sacaste esas conclusiones tan estúpidas? — Y por primera vez escuché a mamá decir una palabra mal sonante, a su lado papá me miraba con un brillo indescifrable en los ojos.


— ¿Estúpidas? ¿En serio, madre? ¿A caso tú nunca soñaste con la igualdad de género? ¿Con despertar un día y que tú mayor preocupación no fuera que vestir hoy? Porque yo sí y ¿Sabes de dónde saqué esas conclusiones tan estúpidas? De aquí. — Di varios golpecitos en mi sien. — Porque yo también puedo pensar, porque también puedo razonar, teorizar, cuestionar y entender todo ¿Acaso eso es un privilegio exclusivo para los que tienen pene?


— ¡Nashla! Ya es suficiente. — Está vez intervino papá y entendí que tal vez me había sobrepasado un poco, aunque de igual modo no me arrepentía de nada de lo que había dicho.


Un aire frío golpeó mis mejillas y me hizo darme cuenta de las lágrimas que caían por ellas, las toqué asombrada, no me había dado cuenta de que estaba llorando. El gemido de sorpresa de mi madre y el brillo de las lágrimas en sus ojos me hicieron caer de vuelta en la realidad y salir huyendo de aquel sitio.


— ¡Nashla! — Escuché a mis espaldas la voz de mi padre, pero continué el camino hasta mi habitación y me encerré dentro. La espalda contra la puerta y las manos sobre mi rostro, mientras los gemidos ahogados salían de mí como el único sonido que me acompañaba en la soledad de mi habitación.


★†★


Helloooooo Starshine (◕ᴗ◕✿)


¿Cómo están?


¿Ya comieron y tomaron awita?


Y bieeeen!!! Aquí está el primer capítulo!!! Estoy emocionada, pero no pienso hacerles un súper texto, así que no se preocupen (。•̀ᴗ-)✧


Les agradezco la oportunidad que le están dando a esta historia (≧▽≦) y aunque al principio puede parecer un poco sosa, les prometo que a partir del próximo capítulo esto se pondrá bueno jsjs.


Por ahora:


¿Cómo ven el principio?


¿Qué opinan de la familia McCloud?


¿Qué piensan de Nashla?


Les agradecería que me dijeran si encuentran alguna incoherencia y faltas ortográficas. (人 •͈ᴗ•͈)


En fin, los quiero muchísimo mis bellas estrellitas (✯ᴗ✯)🌻