REBELDEđŸ©ž

Summary

Jungkook era un centinela y se tomaba muy en serio su deber para con su tribu. Cuando su prĂ­ncipe le ordena que cuide al buen doctor, no tiene idea de que estĂĄ a punto de encontrarse con su rajaaka. Las amenazas a Jimin aumentan y Jungkook se ve obligado a hacer algo que odia hacer. Tiene que hablar con la gente para descubrir por quĂ© estĂĄn acechando a su pareja, excepto que puede que no sea tan fĂĄcil. Alguien estĂĄ trabajando entre bastidores para destruir la paz que los vampiros han conocido durante dĂ©cadas. Si no descubren quiĂ©n es, su mundo podrĂ­a ser destruido. Saga: C. V.đŸ©ž ○Libro 1. Asistente ○Libro 2. Beso ○Libro 3. Toque ○Libro 4. Deber ○Libro 5. Sorpresa ●Libro 6. REBELDE ○Libro 7. Acurrucador

Status
Complete
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO UNO

El Dr. Park Jimin frunció el ceño mientras miraba las células sanguíneas en la pantalla de su computadora. Deberían haber sido rojas. No lo eran. Habían comenzado en rojo cuando jimin las sacó del refrigerador Sub-Zero donde guardaba toda la sangre en bolsas, pero ahora eran blancas.


Simplemente no deberĂ­a haber sucedido.


RegresĂł a la cĂĄmara refrigerada y tomĂł otra muestra. DespuĂ©s de asegurarse de que los nĂșmeros de lote coincidieran, llevĂł la nueva muestra a su estaciĂłn de trabajo. Jimin preparĂł un nuevo portaobjetos y le puso unas gotas de sangre. ColocĂł el portaobjetos en su microscopio y lo mirĂł.


De acuerdo, estas eran rojas. Jimin comenzĂł a respirar aliviado, sabiendo que probablemente acababa de recibir una mala muestra o algo... hasta que los glĂłbulos rojos comenzaron a ponerse blancos.


Oh, esto realmente no fue bueno.


Råpidamente tomó una muestra nueva, esta vez de un lote diferente, y la probó. Al igual que antes, las células sanguíneas comenzaron en rojo pero se volvieron blancas después de unos momentos.


Jimin decidiĂł empezar de cero. LimpiĂł todas las muestras, limpiĂł y desinfectĂł su estaciĂłn de trabajo en caso de que hubiera alguna contaminaciĂłn cruzada, se lavĂł las manos con una barra de jabĂłn nueva y luego comenzĂł de nuevo, documentando cada prueba que realizĂł. Cuando hubo analizado diez muestras diferentes de cinco lotes diferentes de sangre, todas con los mismos resultados, estaba seguro de que habĂ­a problemas.


Jimin se aseguró de que todos sus hallazgos se registraran en su computadora portåtil antes de hacer una copia y enviarla a su cuenta en la nube para poder estudiar los resultados después de llegar a casa. Tenía que haber una respuesta de por qué todas las muestras estaban contaminadas.


También necesitaba informar a su silencioso benefactor. No sabía si la sangre se había contaminado en la fuente o después de obtenerla, pero el príncipe Kim Namjoon necesitaba saber que había un problema. Si toda la sangre estuviera contaminada, los vampiros de todo el mundo podrían estar en peligro.


Jimin limpiĂł su estaciĂłn de trabajo por segunda vez y luego caminĂł hacia el refrigerador Sub-Zero. GuardĂł todas las bolsas de sangre en las neveras portĂĄtiles en las que habĂ­an llegado y luego las llevĂł a su coche y las metiĂł en el maletero.


Realmente esperaba que el prĂ­ncipe Namjoon estuviera de buen humor porque necesitaba reponer su suministro de sangre. No querĂ­a que la clĂ­nica, ni sus pacientes, volvieran a ser como eran las cosas antes de que el prĂ­ncipe Namjoon comenzara a donar en secreto sangre en bolsas y fondos a su clĂ­nica.


Se había conformado con lo que podía conseguir, recaudar fondos o suplicar a los demås, pero nunca había sido suficiente. La gente del vecindario, humanos y vampiros por igual, había necesitado mås de lo que él podía darles. Era algo que comía a jimin día y noche.


Ahora, con la ayuda del prĂ­ncipe Kim Namjoon y el prĂ­ncipe Woo Jiho, jimin finalmente pudo brindar a sus pacientes la atenciĂłn adecuada que necesitaban, sin importar lo que necesitaran. En ese momento, habĂ­a dado su primer suspiro de alivio desde que dejĂł su tribu de vampiros, se volviĂł rebelde y asistiĂł a la escuela de medicina.


Ese suspiro de alivio ya habĂ­a expirado.


Jimin se asegurĂł de que su maletero estuviera cerrado con llave y luego volviĂł a la clĂ­nica para cerrar. HabrĂ­a alguien en el personal durante la noche, pero solo lo llamarĂ­an si habĂ­a una emergencia. A pesar de lo que la gente tendĂ­a a pensar, necesitaba dormir.


Jimin regresó a la clínica y se dirigió a su oficina. Agarró su computadora portåtil y la puso en su maletín y luego reemplazó su bata blanca con su chaqueta regular. Agarró su maletín, apagó la luz y salió, cerrando la puerta detrås de él.


—Me voy por un rato, Stan —dijo cuando llegĂł al mostrador de recepciĂłn. —Si me necesitas, tienes el nĂșmero.


—Debería ser una noche tranquila, Doc —respondió Stan.


Fue uno de los mejores enfermeros que empleĂł jimin.


También era un vampiro, por eso estaba en el turno de noche.


Jimin trabajaba la mayoría de las noches, desde las primeras horas de la tarde hasta poco antes de que saliera el sol. Reemplazar las bolsas de sangre que habían sido contaminadas era un poco mås importante en este momento. Sin sangre sintética, sus pacientes vampiros necesitarían un donante y eso estaba en contra de la ley.


—TendrĂ© mi celular conmigo, —le dijo jimin al enfermero nocturno antes de girarse y caminar hacia la puerta trasera de su auto. El edificio de oficinas donde vivĂ­a el prĂ­ncipe Namjoon estaba a solo unos kilĂłmetros.


Teniendo en cuenta la hora de la noche, jimin estaba bastante seguro de que lo lograría en diez o quince minutos. Conseguir una cita con el príncipe podría ser el problema. Kim Namjoon era el príncipe de toda una tribu. También era concejal del Consejo de Vampiros. Eso mantendría ocupado a cualquier hombre, vampiro o no.


Jimin había conducido varias cuadras cuando notó los faros en el espejo retrovisor. Sabía que tendía a ser un poco paranoico. Había pasado décadas como un vampiro rebelde. Tenía motivos para estar paranoico. Pero no pudo evitar la sensación de que lo estaban siguiendo.


Mantuvo una estrecha vigilancia sobre las luces delanteras detrås de él mientras cambiaba de carril. El auto detrås de él esperó unos momentos y luego cambió de carril. Cuando jimin tomó la siguiente a la derecha, el auto lo siguió.


Jimin comenzĂł a sentirse desesperado. MirĂł a su alrededor hasta que vio una estaciĂłn de servicio con un mercado adjunto y se detuvo allĂ­. Se sentĂł en su auto por un momento, mirando por el espejo retrovisor. SabĂ­a que estaba metido en una mierda cuando el auto se detuvo en la cuadra.


Jimin saltĂł cuando alguien llamĂł a su ventana. Cuando vio al encargado del gas, bajĂł la ventanilla.


—LlĂ©nala, por favor.


—Tienes que pagar adentro.


ÂĄMierda!


—SĂ­, vale. —jimin se asegurĂł de tener su telĂ©fono celular con Ă©l antes de salir de su auto. TambiĂ©n se asegurĂł de cerrar la puerta con llave antes de entrar para pagar la gasolina. Dudaba que necesitara mucho. Rara vez dejaba que su tanque bajara de la mitad. Nunca supo cuĂĄndo podrĂ­a necesitar hacer una visita a domicilio para un paciente enfermo que no podĂ­a ir a su clĂ­nica.


Una vez dentro, jimin caminó hacia la parte trasera del pequeño mercado, tomó una botella de jugo y la llevó al mostrador.


—Creo que estoy en la bomba uno. El Lexus plateado.


El tipo detrås del mostrador parecía muy aburrido. No había un solo destello de emoción en su rostro. Miró por la ventana brevemente y luego volvió a mirar su teléfono. No dijo una palabra.


Jimin tratĂł de parecer casual mientras miraba por la ventana grande hacia su auto y calle abajo hacia donde estaba estacionado el otro auto. No habĂ­a suficiente luz para ver cuĂĄntas personas habĂ­a dentro. Jimin tenĂ­a la sospecha de que no querĂ­a saber.


Cuando sonĂł una campana en el mostrador, jimin casi saltĂł fuera de su piel. El empleado mirĂł la mĂĄquina antes de tocar varios botones en la caja registradora.


—Serán diez cincuenta y tres.


Jimin sacĂł la billetera del bolsillo, la abriĂł y sacĂł once dĂłlares. Le entregĂł el dinero en efectivo al empleado, luego se guardĂł la billetera en el bolsillo y tomĂł su jugo.


—QuĂ©date con el cambio.


Caminó de regreso a su auto como si no le importara nada en el mundo a pesar de que su corazón latía tan fuerte que le dolía el pecho. Abrió su coche y se subió al interior antes de volver a cerrar råpidamente las puertas. Después de colocar el jugo en el portavasos, puso en marcha su coche y se retiró al tråfico.


Ahora sabĂ­a con certeza que lo estaban siguiendo, y dudaba en llevar problemas a la puerta del prĂ­ncipe Namjoon, pero tambiĂ©n detestaba llevĂĄrselo a casa. No era un luchador por ningĂșn tramo de la imaginaciĂłn.


SabĂ­a que realmente no tenĂ­a otra opciĂłn.


Jimin hizo clic en uno de los botones de su volante.


—Llama al príncipe Namjoon.


Al menos podrĂ­a advertir al tipo.


—industrias Kim, —dijo una voz cuando la línea se conectó. —¿Cómo puedo dirigir tu llamada?


—Este es el Dr. Park Jimin. Necesito hablar con el Sr. Kim.


—Espera un momento, por favor.


Jimin volvió a mirar por el espejo retrovisor mientras esperaba. El coche todavía estaba detrås de él, a unos tres coches atrås. Parecían como si estuvieran tratando de no ser obvios que lo estaban siguiendo.


—Dr. Park, —dijo el prĂ­ncipe Namjoon cuando se puso al telĂ©fono. —¿Te puedo ayudar en algo?.


—Estoy de camino a tu oficina, pero me están siguiendo.


—¿DĂłnde estĂĄs? —PreguntĂł Namjoon. —EnviarĂ© a algunos de mis centinelas para que te encuentren.


Jimin mirĂł uno de los letreros de la calle al pasar.


—Estoy en Third y Vine, me dirijo hacia el oeste por Third Street hacia tu oficina desde la clínica.


—Espera un momento. —jimin escuchó una voz ahogada y asumió que el príncipe estaba dando órdenes. Cuando el hombre volvió a la línea, dijo —Mis hombres están en camino. Estate atento a un SUV negro.


—Gracias, Señor.


—¿Puedes describir el auto que te sigue?


—No, en realidad no.


—¿Estás seguro de que te están siguiendo?


—SĂ­, señor. CambiĂ© de carril varias veces e incluso doblĂ© algunas esquinas. Me siguieron todo el tiempo. Solo para estar seguro, me detuve en una estaciĂłn de servicio para llenar mi tanque, y se detuvieron en la calle y esperaron por mĂ­.


—¿Han intentado acercarse a ti en algĂșn momento?


—No, señor. Ellos solo... —jimin jadeĂł cuando la comprensiĂłn lo golpeĂł. —Señor, creo que estĂĄn tratando de ver a dĂłnde voy.


—¿QuĂ© quieres decir? —PreguntĂł el prĂ­ncipe.


—Me dirigĂ­a a tu oficina para hablarte sobre el reciente envĂ­o de sangre sintĂ©tica que me enviaste. EstĂĄ contaminada.


—¿Todo ello? —Namjoon casi gritó.


—SĂ­, señor. Lo revisĂ© todo, cada lote. EstĂĄ todo contaminado. Lo tengo en el maletero de mi auto, señor.


—EstĂĄ bien, bien, —respondiĂł Namjoon. —¿QuĂ© te hace pensar que alguien estĂĄ tratando de ver a dĂłnde vas, doctor?


—No lo sĂ©. Es sĂłlo un sentimiento—. Jimin no pudo explicarlo, pero fue lo Ășnico que se le ocurriĂł. —Se siente como si me estuvieran siguiendo para ver a dĂłnde voy. Si realmente hubieran estado detrĂĄs de mĂ­, podrĂ­an haberme agarrado en cualquier momento. Ni siquiera han salido de su auto.


—EstĂĄ bien, quiero que te quedes en Third Street y continĂșes hacia el oeste. Yoongi estĂĄ en camino hacia ti, pero estoy llamando al prĂ­ncipe Jiho. DeberĂ­as pasar a su territorio en unos diez minutos, dependiendo del trĂĄfico.


Jimin tragĂł con dificultad.


—¿PrĂ­ncipe Jiho, señor? —Ya tenĂ­a suficientes problemas para lidiar con un prĂ­ncipe. Dos iba a ser una locura.


—Espera un momento.


Jimin no estaba seguro de tener un momento.


Cuando Namjoon regresĂł a la lĂ­nea, jimin estaba listo para estacionar su auto y tomar el autobĂșs. Saber que alguien lo estaba siguiendo, y no saber por quĂ©, era angustioso.


—¿jimin?


—¿SĂ­, señor?


—Cuando pases al territorio del PrĂ­ncipe Jiho, Ă©l harĂĄ que algunos de sus hombres se reĂșnan contigo. Debes seguirlos. Te llevarĂĄn a un lugar seguro. Te encontrarĂ© allĂ­.


—SĂ­, señor. —jimin esperaba que su respuesta sonara segura porque ciertamente no se sentĂ­a asĂ­. —Te verĂ© allĂĄ.


Jimin no tenía idea de lo que estaba buscando hasta que lo vio. Tres todoterrenos negros que se dirigían directamente hacia él. En el momento en que jimin pasó junto a ellos, dos de ellos se dieron la vuelta. Uno se movió frente a él y el otro se detuvo detrås de él, encerråndolo.


El tercer todoterreno negro pasĂł a su lado antes de entrar de lado en el carril de jimin. El sonido de frenos chirriar y bocinas llenĂł el aire mientras los faros del vehĂ­culo que lo habĂ­a estado siguiendo se desvanecieron en la oscuridad. Jimin soltĂł una risa nerviosa.


No tenĂ­a idea de adĂłnde se dirigĂ­a y lo escoltaba una unidad de asesinos deshonestos entrenados. Teniendo en cuenta que todavĂ­a se lo consideraba un vampiro rebelde, incluso si era uno aceptado, este podrĂ­a no ser su movimiento mĂĄs brillante.


Le habĂ­an ofrecido ser miembro de las tribus del prĂ­ncipe Namjoon y del prĂ­ncipe Jiho. No habĂ­a elegido ninguna de las dos por el momento. DespuĂ©s de todos los años que habĂ­a pasado como un rebelde, no estaba del todo listo para estar bajo el control de otra persona, incluso si probablemente fueran los Ășnicos dos prĂ­ncipes a los que respetaba.


Siguió al SUV frente a él por las calles hasta que giró en una carretera bordeada de almacenes. Redujo la velocidad y dobló en un camino de entrada y luego entró en un almacén que tenía las grandes puertas de la bahía abiertas.


Jimin tragó saliva con fuerza, aplastando su miedo, y luego se giró y siguió al SUV hasta el almacén. El segundo SUV se detuvo justo detrås de él. Ya había un tercer SUV negro dentro del almacén.


El cierre de las puertas de la bahía se sintió como una sentencia de muerte. Cuando nadie salió de ninguno de los vehículos, jimin pensó que sus nervios podrían romperse. No dio un suspiro de alivio hasta que la puerta del vehículo que ya estaba dentro del almacén se abrió y el príncipe Kim Namjoon salió.


Jimin saliĂł de su auto, cerrĂł la puerta y luego esperĂł a que el prĂ­ncipe lo reconociera antes de acercarse. Una vez que Namjoon asintiĂł con la cabeza, jimin se acercĂł, inclinando la cabeza en señal de respeto. Puede que no sea un miembro de la tribu, pero no era estĂșpido. Este hombre estaba mucho mĂĄs arriba en la cadena alimentaria que Ă©l.


—Príncipe Namjoon, gracias por tu ayuda.


El prĂ­ncipe asintiĂł con la cabeza.


—Háblame de la sangre.


—Oh, sĂ­. —jimin mirĂł hacia su coche. —Estaba realizando algunas pruebas estĂĄndar y notĂ© un problema con la muestra de sangre que estaba usando. Las cĂ©lulas comenzaron en rojo pero se volvieron blancas.


—¿Supongo que eso no se supone que suceda?


—No, señor. Las cĂ©lulas deberĂ­an haber permanecido rojas.


—EstĂĄ bien, continĂșa.


—PensĂ© que acababa de recibir un mal lote de sangre—. Jimin se encogiĂł de hombros. —Sucede.


—¿Probaste varias muestras?


—Lo hice. ProbĂ© mĂĄs de diez muestras diferentes de cinco lotes diferentes. Todas eran iguales. Las cĂ©lulas sanguĂ­neas comenzaron en rojo pero se volvieron blancas en minutos. PensĂ© que era mejor recolectar toda la sangre y llevarla a tu atenciĂłn. No podĂ­a correr el riesgo de que algo la contaminara.


—No, hiciste lo correcto. —Los labios de Namjoon se tensaron. —Voy a analizar varias muestras aleatorias en la planta de procesamiento. Quiero evitar esto antes de que se convierta en un problema. Por supuesto, reemplazarĂ© cualquier sangre contaminada que hayas recibido para la clĂ­nica.


Eso fue un alivio. Había gente que dependía de la sangre sintética para mantenerlos con vida y evitar que se volvieran rebeldes.


—Gracias, Señor.


—Ahora, hablemos de quiĂ©n podrĂ­a haberte estado siguiendo. Mis hombres intentaron interrogarlos, pero despegaron y los perdimos en el trĂĄfico. Cualquier cosa que puedas recordar puede ayudar a encontrarlos.


—No tengo idea de quiĂ©n era. No pude verlos. Solo el auto.


—¿Y estás seguro de que te estaba siguiendo?


—SĂ­, señor. Seguro. —O tan seguro como pudiera ser. Ahora mismo no estaba seguro de nada.


—Me dijiste por telĂ©fono que sospechabas que no iban detrĂĄs de ti especĂ­ficamente, sino que estaban tratando de averiguar hacia dĂłnde te dirigĂ­as. ÂżQuĂ© te hizo decir eso?


Jimin no estaba seguro de poder transmitir adecuadamente al príncipe por qué se sentía así, pero tenía que intentarlo.


—Hubo varios puntos diferentes en los que podrían haber intentado agarrarme, pero no lo hicieron. Simplemente me miraron.


—¿Podrían haber estado simplemente tratando de ver lo que estabas haciendo?


—Supongo que todo es posible. —Pero jimin no se sintió así.


—Si lo que dices es cierto, ¿puedes pensar en alguna razón por la que alguien estaría interesado en tus movimientos?


Jimin se encogiĂł de hombros.


—¿Podría tener algo que ver con tu trabajo en la clínica?


Jimin querĂ­a descartar esa idea, pero sabĂ­a que no podĂ­a.


—La mayoría de las personas con las que trato están agradecidas por la clínica. Hay algunos en el vecindario que desearían que simplemente me fuera y me llevara mi clínica. La mayoría de esas personas son humanas, pero algunas son vampiros. Soy un vampiro, pero soy un vampiro rebelde. Si fueran humanos, diría cazadores de vampiros.


—¿Por quĂ© los vampiros querrĂ­an que tĂș y tu clĂ­nica se fueran? ÂżNo les estĂĄs proporcionando sangre en bolsas?


—SĂ­ y no. Solo proporciono sangre en bolsas a las personas que la solicitan. No dejo un refrigerador en la acera para que cualquiera lo tome. En cuanto a por quĂ© los vampiros preferirĂ­an que mi clĂ­nica y yo no existiĂ©ramos, una palabra.


Rebeldes.


La frente de Namjoon parpadeĂł.


—PensĂ© que habĂ­amos abordado el tema de los rebeldes.


—No esos rebeldes. Los verdaderos. Ya sabes, ¿los que realmente son rebeldes? Si mi clínica proporciona sangre en bolsas, entonces las personas que no son realmente rebeldes van allí y obtienen un poco, dejando a los verdaderos rebeldes expuestos y a la intemperie porque beben directamente de la fuente. No quieren eso.


Namjoon se estirĂł y apretĂł el puente de la nariz entre el pulgar y el Ă­ndice.


—¿Y los humanos?


—¿Cazadores? —Era lo Ășnico en lo que podĂ­a pensar jimin. Bien quizĂĄs. —O tal vez pandilleros.


—¿Pandilleros?


—Personas involucradas con pandillas. Siempre ha habido amenazas contra la clínica por parte de aquellos en el vecindario que venden drogas o manejan prostitutas o artículos robados. La clínica les da a los miembros de la comunidad una forma de liberarse de las pandillas, y eso no les gusta.


—¿CĂłmo? —PreguntĂł el prĂ­ncipe. —¿QuĂ© tiene que ver el crimen con la clĂ­nica?.


Jimin sonriĂł porque sabĂ­a de dĂłnde venĂ­a la confusiĂłn del prĂ­ncipe.


—Aquellos que pueden pagar por los servicios, sĂ­. Aquellos que no pueden, no lo hacen. AĂșn ofrezco mis servicios de una forma u otra.


—Gratis, ¿quieres decir?


Jimin asintiĂł.


—Si una madre viene a verme con un niño enfermo, no voy a rechazarlos porque no pueda pagar o porque me tenga que pagar con una docena de huevos o algo asĂ­. Los voy a tratar sin importar quĂ©. Eso reduce el crimen porque saben que no tienen que robar para obtener atenciĂłn mĂ©dica o sangre en bolsas o lo que sea.


El prĂ­ncipe Namjoon suspirĂł.


—Creo que necesitas un guardaespaldas.


ÂĄOh diablos, no!


—Príncipe Namjoon, yo no...


—Te asignarĂ© uno de inmediato.


Maldita sea.