FIND YOU

Summary

Jungkook aparece en la puerta de Jimin 4 años después de que la madre de Jungkook, colocara a Jimin en el primer autobús disponble fuera de California. Amar a su hermanastro le costó a Jimin todo lo que tuvo una vez: su hogar, su familia y la seguridad de su fondo fiduciario, todo.

Genre
Romance/Drama
Author
GCF13
Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO UNO

Jimin dio un paso hacia atrás, acomodó los hombros mientras sus ojos oscuros se abrían con sorpresa detrás de la puerta exterior.


―Kookie.


Los labios de Jungkook dibujaron una sonrisa amarga al escuchar el apodo.


―Jimin. ―Dejó escapar la respiración, que había estado aguantando desde que abordó el avión en Columbus, en un suave siseo―. ¿Puedo pasar?


Jimin palideció, su saludable piel clara se había descolorido. Su boca se abrió y luego cerró. Sus labios se separaron una vez más, pero ningún sonido escapó de ellos. Después de varios segundos, sacudió la cabeza.


Mierda, jungkook odiaba tener la razón todo el tiempo.


―Te ves bien. ―Mejor de lo que jungkook esperaba, a pesar de los informes del investigador privado. Sus ojos eran iguales, el espejo de su alma, y se encontraban rodeados por gruesas y largas pestañas negras que lo habían atraído desde adolescente. La cabellera oscura tampoco había cambiado, aunque jimin la usaba más corta ahora, el cabello ondulado que alguna vez había usado en una coleta ya no estaba. Sus músculos envolvían su delgado cuerpo, pero diablos, jungkook había soñado tantas veces con ese maravilloso cuerpo.


Jimin realmente parecía su hermano, en vez de su hermanastro. Ambos habían luchado para no parecerse el uno del otro. Cuando alguien mencionaba que se parecían tanto debían ser realmente hermanos los había enfurecido a ambos. Entonces comenzaron hacer de todo para no parecerse tanto: Jimin dejó crecer su cabello y en ocasiones lo teñía y jungkook se hizo unos cuantos tatuajes y perforaciones.


Pero cuando su madrastra se encargo de poner miles de millas de distancia entre ellos, jimin había tenido menos motivación para tener actos de rebelión para joderle la existencia, así que finalmente se había cortado el cabello y lo dejó en su tono natural.


Aunque no era que jungkook pudiera tirar la primera piedra.


En vez de rogarle a jimin que le perdonara por haber sido un bastardo y un idiota, jungkook miró alrededor del pequeño bungaló con curiosidad.


―Te ha ido muy bien ―dijo con seriedad.


El lugar era tan diminuto que podría caber en la casa de huéspedes de la mansión de su familia en Beverly Hills, y tener espacio de sobra, pero el hogar que jimin había creado era hospitalario en formas que los lujos minimalistas de California jamás pudieron ser. Alegre y cálido. Alfombras coloridas decoraban el suelo de madera del porche frontal. Plantas verdes en macetas de cerámica decoraban la baranda del porche, dejando un espacio para que el columpio, que colgaba del techo, no tuviera obstáculos. Un libro de pasta dura estaba abierto, viendo hacia abajo, en el asiento. “La importancia de llamarse Ernesto”. Jungkook le sonrió a jimin brevemente, a pesar del dolor. Señaló al libro con la cabeza.


―Oscar Wilde todavía es tu favorito.


Su hermanastro se tensó. Se movió hacia atrás nuevamente.


―Me-me mudé. ―Levantó una mano temblorosa y luego la dejó caer―. Al-al-al otro lado del país.


Jungkook hizo un gesto de dolor al escuchar cómo tartamudeaba. Mierda. Jimin había superado eso a los catorce años.


―Tenemos que hablar.


Jimin tragó fuertemente saliva, su nuez de Adan se movió. Sus pupilas se dilataron, sus nervios y miedo hicieron que los ojos color obsidiana se oscurecieran más.


―No.


―Sí ―respondió jungkook, asintió con lentitud pero decidido. ―Anna vendrá por ti. Está mal. Es injusto… y no hay nada que puedas hacer para detenerla. He venido a advertirte. Déjame pasar, jimin.


Su hermano sacudió nuevamente la cabeza, un mechón de cabello se movió hasta su frente. Lo movió de inmediato, pero el mechón regresó al mismo lugar.


―No puedes hacer esto. ―Sus ojos se llenaron de lágrimas que desgarraron a jungkook ―. No puede.


―Anna hace lo que le da la gana. ―Su boca esbozó una sonrisa amarga―. Sabes eso mejor que nadie. Denny…


―¡Dije que no! ―Se hizo hacia atrás hasta que sus hombros chocaron contra el muro detrás de él. Su cabeza se hizo a un lado por el impacto―. Me marché. Dejé ir todo. Ahora tengo una nu-nu-nueva vida.


―Lo sé. Lo lamento, no quiero herirte. ―El estómago de Jungkook se revolvió, se sentía enfermo―. Pero eso es lo que ella quiere. Y ella siempre consigue lo que desea.


Jimin se mordió el labio.


―Me marché ―dijo nuevamente, su voz quebrándose. Cuando jungkook se le quedó mirando, él se dio la vuelta torpemente. Tropezándose, jimin huyó al interior de su linda casa llena de plantas y un cómodo columpio en el porche, se fue de regreso a la vida sencilla que había construido. La que jungkook acababa de destrozar.



♧♧♧♧♧♧♧


Jungkook se enfocó en las gotas de condensación que se deslizaban sobre el vaso de limonada que había sacado al porche iluminado por los rayos del sol cuando ya no pudo soportar más el silencio proveniente de la puerta cerrada del dormitorio de jimin. El calor de julio lo cocía en el interior de sus vaqueros y camisa de franela que había usado para trabajar esa mañana, la camiseta debajo estaba empapada de sudor incluso después de haber colgado su camiseta en la baranda del porche. Se sentiría más fresco si tuviera sus pantaloncillos y camiseta sin mangas que tenía en la bolsa del gimnasio que había sacado de la parte trasera de su jeep, en vez de irse a casa a empacar y arriesgarse a perder su vuelo. Ni siquiera el dinero de su madre podría forzarlo a regresar a la casa y cambiarse de ropa.


Prefería hornearse debajo del potente sol.


La gota de agua que se deslizó del vaso se fusionó con el charco que se estaba formando debajo.


Ignoró el crujido de la puerta cuando se abrió, prefiriendo concentrarse en su lugar, en la gota que caía del vaso de limonada que ni siquiera había probado.


―Deseo que te marches. ―Sí. Jungkook también quería largarse de ahí―. Por favor.


Sin embargo jungkook no se marcharía sin hacer una diferencia.


―Anna compró la hipoteca de esta casa. Te echará tan pronto como la ley se lo permita. ―Tragó el nudo que tenía en la garganta y se forzó a ocultar su desesperación―. No ha terminado el trato para comprar la tienda de libros para la que trabajas, pero lo hará sólo para verte sin un empleo.


La sombra de jimin, que estaba en la puerta, se congeló.


―No quiero el dinero. Debe saber a estas alturas que no lo quiero.


La boca de jungkook dibujó una sonrisa forzada.


―Jamás se ha tratado de dinero.


―Siempre ha sido por el dinero. Nunca te ha tocado vivir sin él. Tú… ―dijo jimin, su rostro dibujaba una sonrisa llena de orgullo―, no tuviste que ver que el legado de tu padre y todo lo que tuvo te fueran robados.


La mirada hostil de su hermanastro era tan familiar, sabía todo lo que habían vivido y lo que habían significado el uno para el otro. El corazón de jungkook se llenó de calidez mientras se rompía.


―Lo tengo, jimin. Tu fideicomiso. Me tomó cuatro años… no importa. El punto es que puedo devolvértelo, hasta el último centavo y con intereses.


Su hermanastro bufó con asco, mientras pasaba una mano por su cabellera despeinada.


―No regresaré a California, si eso es lo que buscas. Tengo una vida aquí y un empleo en el que soy bueno. Un hogar que no tengo que compartir con cucarachas.


―Y Anna te lo quitará todo. De nuevo. Ya ha comenzado con su plan siniestro. ―Respirando profundamente, jungkook se puso de pie. Cuando se giró para mirar a jimin, su estómago le dio un vuelco al ver los ojos rojos del otro hombre, que se encontraban enfocados en él. Jungkook movió los pies nerviosamente, alejando la mirada sólo para enfocarse en el libro gastado que jimin había dejado sobre el columpio―. Ni siquiera terminaste de estudiar.


―Dejé de hacer muchas cosas.


―Podrías regresar a estudiar ―dijo, mientras alcanzaba el libro. Acarició con un dedo la espina―. Dios, amabas a Oscar Wilde. Nunca dejabas de hablar de él. ―Sonrió al recordarlo, aunque no podía forzarse a mirar a su hermanastro a los ojos―. Cuando tengas acceso a tu fideicomiso, podrías terminar tu licenciatura y sacar la maestría como lo habías planeado.


Jimin rio, un sonido cruel que carecía de toda calidez y alegría.


―Podrías hacer lo que quisieras ―dijo jungkook de nuevo, con arrepentimiento traspasándolo como un rayo.


Jimin se recostó contra la larga columna del porche, acomodando un pie detrás del otro. Todavía estaba riéndose de esa forma tan perturbadora.


―Quiero que me dejen en paz. Diablos, solo me falto cambiar mi nombre… ¿acaso debo ir a otro planeta?


―No!... Solo ven conmigo a Oregon una semana ―dijo apresuradamente cuando jimin se tensó. Claro que ese tiempo era mentira, ahora que jungkook lo había encontrado, movería cielo, mar y tierra para que el hombre jamás se alejara de él, pero jungkook era un patán, no un idiota. No podía decirle algo así sin que jimin tratara de darle un puñetazo, y lo haría con justa razón. En su lugar, le mostró a jimin una sonrisa prepotente, porque sabía lo mucho que su hermanastro se sentía fastidiado por ella―. El parque estatal de Silver Falls. Ven conmigo a las cataratas unos días y te daré el dinero, cada centavo que mi madre te robó.


―¿Me estás sobornando? ―jimin inclinó la cabeza y levantó una ceja en un gesto de incredulidad―. ¿Con mi propio dinero?


―Sí. ―jungkook haría lo que fuera para alejar a jimin de Columbus antes de que los carroñeros de Anna llegaran a él―. El personal de Anna no tardará en venir. ―Miró su reloj―. Nuestro vuelo partirá en tres horas.


Jimin rio, esta vez no fue tan frío y superficial. Sacudió la cabeza.


―Ya no soy un niño rico. Tengo cuentas que pagar…


―Una vez tengas tu fideicomiso…


―¡No quiero el jodido dinero! ―jimin frunció el ceño, su mirada estaba llena de hostilidad―. Todo lo que el dinero me dio fue a esa perra caza fortunas como madrastra y quince años de miseria.


―Es posible que no quieras tu fideicomiso, pero lo necesitarás. Anna ordenará que te despidan para cuando termine el mes. Podrás olvidarte de buenas referencias para tu próximo empleo.


Jungkook sabía todo al respecto, razón por la cual su puesto actual requería que usara pantalones vaqueros, una camisa de franela y botas para escalar. No era que le importara. Felizmente se había alejado del mundo de los negocios cuando pudo recuperar el dinero de jimin. Los caminos de Silver Falls le habían dado la bienvenida como a un amante perdido. Hablando del tema, le lanzó el libro, el preciado autor de jimin, Wilde, sonriendo cuando el otro hombre se apresuró a atraparlo.


—Empaca suficiente ropa para una semana y lo que sea que tenga valor sentimental. ―jungkook esperaba que su madre no enviara a matones para destruir el lugar y las cosas de jimin mientras este no estuviera, pero…― Siete días y recibirás más de un millón de dólares. Eso es mucho más de lo que podrías ganar preparando cafés con leche en “The Book Nook”.


Jimin hacía más que servir café, había escalado hasta la posición de gerente nocturno de la barra de café dentro de la tienda de libros. ¿Quién diría que el chico sería bueno con los números y el marketing? Jungkook no. El jimin que creció con él había sido un soñador, siempre tenía la cabeza metida en un maldito libro. Había vuelto loca a Anna, ¿pero ahora? El salario de jimin era mucho mayor que el de jungkook, si ignoraba los beneficios que su nueva carrera tenía, pero los beneficios extras de vivir en ese lugar, habían salvado el culo de jungkook y estaba por rescatar a jimin del Annapocalipse.


―Existe una oportunidad para ti, jimin. Puedes tenerlo de regreso. No la vida que tenías antes, pero puedes crear una nueva. Una que ella no pueda controlar, que no esté llena de trabajo y donde apenas puedes supervivir. James quería mucho más para…


―No metas a mi padre en esto. ―jimin tranquilamente colocó el libro debajo de su brazo y lo miró, sin parpadear.


El repentino movimiento de los músculos que reflejaban la tensión de sus hombros le hizo saber que su pose no era tan relajada como quería. Era algo bueno que el hombre no jugara póker. Jungkook dejó escapar un suspiro frustrado.


―Anna respeta el poder y para ella el dinero es poder. Una semana en Oregon a cambio de tu herencia y ella no será capaz de comprar tu casa de nuevo, además podrás terminar tu título universitario y enseñar como querías…


―No soy el mismo chico que conociste. Mis metas y sueños ―dijo jimin, su voz era plana y sin sentimientos― han cambiado.


Jungkook hizo un gesto de molestia. Claro. De acuerdo con los informes del investigador privado, su hermanastro estaba ahorrando para comprar su parte como socio de la barra del café en la tienda de libros, pero eso era antes de que la madrastra de jimin le quitara todo lo que le importaba. Una vez tuviera su fideicomiso…


―Tus sueños, sean cuales sean, ocurrirán mucho antes con un millón de dólares en tu bolsillo. ―Miró hacia la carretera, su pulso se aceleró cuando vio que un sedán azul se acercaba a la calle y, gracias al cielo, no se detuvo frente a la casa de jimin. Miró el lento avance del coche hacia la intersección de reojo―. Vamos jimin, tenemos que marcharnos.


Jimin entrecerró los ojos.


―¿A qué le temes?


A nada... y a todo.


―A que perdamos nuestro vuelo. Pagué una cantidad exorbitante por los billetes. ―Era la mejor respuesta que se le ocurrió.


Jimin bufó.


―¿Desde cuánto te importa el precio de las cosas?


―Desde hace dos meses, cuando Anna me desheredó y me echó a la calle sin un solo centavo. ―Mostró una sonrisa, pero sabía que había fallado cuando vio a jimin hacer un gesto de dolor―. ¿Podemos marcharnos ya?


―Cielos, jungkook. ¿Estás…? ―jimin dejó caer los hombros―. ¿Estás bien?


Las preguntas en su mirada eran la razón por la que jungkook había esperado no tener que decirle nada a jimin hasta que llegaran a Silver Falls, hasta que su hermanastro estuviera donde lo deseaba jungkook, donde no pudiera ignorar a su molesto hermanastro menor como lo había hecho en incontables ocasiones antes. Cuando jimin no pudiera alejarse


―Sabía lo que hacía y lo que me costaría. Olvídalo, yo ya lo hice. Sólo mete tu trasero en esa casa y empaca tu maldito equipaje.


Jimin plantó los pies en el porche frontal y estudió a jungkook de pies a cabeza y de regreso.


Jungkook luchó por no ponerse ansioso por el escrutinio. Sabía cómo lucía, sabía cómo se había vestido para ir a trabajar esa mañana. Técnicamente, era el día libre de jungkook, no era que el horario importara mucho cuando no había nada que hacer excepto ir a casa a mirar las cuatro paredes y leer los libros de Oscar Wilde que ya hasta se sabía de memoria, simplemente para sentirse más cerca de jimin. Le hubiese gustado que su hermanastro lo viera en su uniforme, en vez de sus pantalones y camisa de franela viejos. Diablos, sus botas probablemente tenían todavía una capa de tierra del bosque pegados, debido a la tierra húmeda cerca de las cataratas.


Sin embargo, jimin no dijo nada. Simplemente lo estudió, como a un insecto. O alguna criatura interestelar que se había transportado mágicamente a su porche. Finalmente asintió.


―Muy bien jungkook. Dame cinco minutos para vestirme. ―Lo señaló con un dedo antes de lanzarle el libro de Wilde de vuelta―. Sostén esto. Mantente lejos de problemas.


Jungkook abrazó el libro contra su pecho y miró el delicioso trasero de jimin regresar al interior de la casa.