PRÓLOGO
¿Responsable?
Sí.
Espera tacha ese sí, la respuesta es un, rotundo y perfecto, no.
Como un «NO» en negrita, subrayado y mayúscula.
¿Amable?
Cuando me agradan, lo que se traduce en: muy pocas veces y solo con mi familia… y, claro, mi mejor amigo.
¿Cuidadoso?
No lo creo… al menos no tropiezo con mis propios pies, eso debe ser algo bueno, ¿no?
¿Ebrio?
Omito mi respuesta.
No me haré el interesante, no ingiero licor.
¿Valiente?
¿Es esta una pregunta con trampa?
¿Estúpido?
Ahora me doy cuenta de que sí.
Quizás siempre lo fui.
¿Arrepentido?
Un poco.
¿Qué haré?
Aún no lo sé, estoy buscando respuesta para esta filosófica pregunta.
¿Impulsivo?
Desgraciadamente sí.
¿Maduro?
Definitivamente no.
Tan verde como un mango fuera de temporada.
Como notan no soy la persona más responsable, quizás ni siquiera califico como una persona responsable, soy todo lo contrario: impulsivo, libre, loco y divertido.
Quizás demasiado libre.
Mi expediente policial goza de estar limpio, no consumo licor, al menos no con frecuencia, ni mucho menos ando por la vida drogándome; pero puedo decirles que tampoco soy un ángel del cielo.
He cometido un error y ahora veo mis defectos.
Al observar las preguntas que me acabo de realizar, muy a mi pesar, me doy cuenta de que no soy la mejor persona del mundo.
Tal vez, ni siquiera estoy cerca de ello.
Tengo un problema, bueno, no es un problema, es el resultado de una irresponsabilidad.
Si no puedo con mi vida, ¿cómo se supone que pueda con dos?
La respuesta es simple: Jimin cometiste un error, paga las consecuencias.
¡Y, vaya…!
Estas son unas serias consecuencias.
Dejaré atrás mi niñez, la irresponsabilidad, los juegos y la diversión.
Ahora seré Jimin el responsable, el hombre, el serio…
¡Ja!
Todo esto con solo diecinueve años, técnicamente puedo calificarme aún como un adolescente, ¿no?
¿Quién diría que mi adolescencia terminaría a esta edad?
Aprenderé la lección, me volveré una mejor persona, únicamente espero no encontrarme solo en esta nueva experiencia.