CAPĂTULO UNO
Estoy acurrucado en lo profundo de mi cama y no quiero levantarme nunca. Todo mi cuerpo estĂĄ pesado, y pienso que puedo dormir un poco mĂĄs. Pienso en todo lo que tengo que hacer hoy y mi mente se queda en blanco. Busco recordatorios pero todo lo que veo en mi mente es un vacĂo negro.
Mis ojos se abren de golpe cuando el miedo se agita sobre mĂ. Cuando miro a mi alrededor no reconozco nada, pero no creo que estĂ© en casa. Pero cuando intento pensar dĂłnde estĂĄ mi hogar, nada mĂĄs que un espacio negro vacĂo estĂĄ allĂ donde deberĂa estar un recuerdo. El miedo se eleva en mi garganta y mi respiraciĂłn se acelera.
Me senté lentamente y miré alrededor del dormitorio gigante. Mis ojos luchan por adaptarse a la luz, pero cuando lo hacen me doy cuenta de que no es un dormitorio sino una especie de hospital de lujo. La intravenosa de mi brazo hace que mi miedo suba mientras me doy la vuelta para mirar a la puerta. Es entonces cuando veo a tres hombres parados a un lado hablando.
No puedo oĂr lo que sus voces silenciosas estĂĄn diciendo pero puedo decir que estĂĄn tratando de estar en silencio. Los miro fijamente por un momento pero no reconozco a ninguno de ellos. Bueno, uno me da la espalda asĂ que no estoy completamente seguro, pero los otros dos estĂĄn totalmente en blanco. Los tres hombres estĂĄn vestidos con trajes que sĂ© que gritan dinero. No parecen mĂ©dicos, asĂ que si estĂĄn en mi habitaciĂłn del hospital debo conocerlos. ÂżQuĂ© otra razĂłn tendrĂan para estar aquĂ?.
Espera, Âżpor quĂ© estoy en un hospital? Me alcanzo para tocarme la cara y no me duele nada. Si no puedo recordar nada, Âżno significa que me golpearĂa la cabeza? Me siento alrededor pero todo parece estar bien hasta que toco la banda de metal en mi dedo y me estremezco. Mis ojos pasan de los tres hombres a mi mano y me quedo mirando el anillo en mi dedo. No es un simple anillo de boda, como la extravagante habitaciĂłn del hospital y los trajes. Hay una piedra gigante brillando hacia mĂ y parece una pista de patinaje sobre hielo. Es completamente imperdible pero no evoca ningĂșn recuerdo cuando lo miro.
â ÂżEstoy casado?â Tengo la boca seca y la voz ronca.
Los tres hombres dejan de susurrar y todos se giran para mirarme. Veo los ojos del hombre que estaba mirando hacia otro lado y algo en mi mente trata de encenderse. Lo conozco, Âżverdad? Tiene los ojos mĂĄs oscuros que he visto nunca, pero se suavizan en los bordes y me resulta familiar. El alivio inunda su cara mientras se precipita hacia la cama. Cuanto mĂĄs se acerca, no sĂłlo veo lo guapo que es, sino que es mucho mĂĄs grande de lo que pensaba. Su traje puede costar una pequeña fortuna, pero estĂĄ claro que ha estado en Ă©l durante unos dĂas. EstĂĄ arrugado y desgastado y estĂĄ un poco sin afeitar. Su pelo es un desastre, haciĂ©ndome pensar que no ha dejado mi cama por el tiempo que he estado aquĂ.
ÂżEste tipo es mi marido? Mi corazĂłn se agita al saber que este hombre es mĂo. Creo que me va a acariciar la cara mientras su mano se acerca a mi mejilla, pero se detiene para no tocarme.
âMi dulce cariño. ÂżCĂłmo te sientes?
¿Cariño? La palabra se siente bien por un momento hasta que me doy cuenta de que no sé mi propio nombre. Abro la boca para responder pero no salen palabras.
âTraigan al doctor. â el hombre les dice a los otros dos tipos que estĂĄn junto a la puerta. Los miro y me doy cuenta de que todos deben estar relacionados.
â ÂżEstamos casados?â Le pregunto al hombre que estĂĄ a mi lado. Hay probablemente un millĂłn de otras cosas que deberĂa preguntar ahora mismo, pero creo que mĂĄs que nada estoy buscando consuelo. Y posiblemente protecciĂłn porque me siento muy perdido. Un marido significarĂa esas cosas.
Uno de los chicos de la puerta murmura una maldición mientras el otro se escabulle de la habitación en busca de un médico.
âSoy tu marido. â dice el hombre junto a mi cama.
Agarro una de sus manos y la sostengo con fuerza. âTengo miedo. â le susurro. âNo sĂ© lo que estĂĄ pasando.
âTe prometo que nunca dejarĂ© que te pase nada. No hay nada que temer, no cuando se trata de mĂ. â Su voz es fuerte y tranquilizadora.
â ÂżMe estĂĄs tomando el pelo ahora mismo?â El otro hombre en la habitaciĂłn dice en voz baja.
âJackson. â La voz de mi marido es baja y con una advertencia.
âTienes suerte de ser mi hermano. â dice antes de salir de la habitaciĂłn y dejarnos solos.
âSupongo que no le gusto a mi cuñado. â pregunto.
âJackson siempre es un imbĂ©cil. Te acostumbrarĂĄs a Ă©l. â Me da una sonrisa suave.
â ÂżMe he acostumbrado antes?â La pregunta hace que la sonrisa se le escape de los labios.
âLo harĂĄs. â Puedo decir que estĂĄ tratando de tranquilizarme, pero algo se siente mal. Es como si no estuviera recibiendo la respuesta completa.
âNo sĂ© tu nombreâ admito y la culpa me regaña por eso. â Lo siento. â Se me cae la cabeza y mi pelo oscuro cae delante de mi cara. Y me sorprende una vez mĂĄs que no supiera de quĂ© color era.
ÂżCĂłmo puedo saber lo que es un hospital y que el anillo en mi dedo me dice que estoy casado, pero no sabĂa de quĂ© color era mi pelo hasta ahora?
âJungkook.â responde mi marido mientras su dedo pasa por debajo de mi barbilla para levantar mi cabeza. âPuede que no lo recuerdes todo, pero te prometo que haremos nuevos recuerdos. Unos que nunca podrĂĄs olvidar.
âEsa es la segunda promesa que me has hecho. â ÂżLas reparte con demasiada facilidad o son una promesa para Ă©l?
âJungkook puede ser muchas cosas pero su palabra es sĂłlida. â dice el tercer hombre que fue en busca de un mĂ©dico cuando entra en la habitaciĂłn con un mĂ©dico justo detrĂĄs de Ă©l.
Responde a la pregunta formulada en mi mente pero hace que otros se apoderen de él. ¿Qué otra cosa puede ser mi marido, porque los otros dos hombres parecen estar enfadados con él? Al menos eso es lo que estoy viendo ahora mismo.
âEse es San.â me dice Jungkook antes de ponerme el pelo detrĂĄs de las orejas. Su toque es suave pero nada en Ă©l parece suave.
âEstĂĄs despierto otra vez. â El doctor viene al lado de mi cama y empieza a revisarme. Trato de no moverme porque no dice mucho. Me quedo sentado y le dejo hacer lo suyo mientras las preguntas se acumulan en mi cabeza.
âJungkook. â digo en voz baja mientras alcanzo su mano. Su gran palma engulle la mĂa y le da un suave apretĂłn. â ÂżQuĂ© estĂĄ pasando?â Estoy tratando de no asustarme pero todavĂa no sĂ© quiĂ©n soy, o por quĂ© estoy aquĂ.
âNo estamos segurosâ dice el doctor cuando me quita el estetoscopio del pecho. âEl cerebro puede ser difĂcil de entender.
Miro a Jungkook, esperando respuestas de Ă©l ya que el doctor estĂĄ siendo demasiado vago. âTe has despertado unas cuantas veces pero siempre te has vuelto a caer.
No recuerdo que haya pasado nada de eso.
â ÂżCuĂĄnto tiempo he estado aquĂ?â Mis ojos se dirigen a San y Jackson, que nos estĂĄn observando. El doctor revisa mi historial y todo se siente tan fuera de lugar. Pero, ÂżquĂ© sĂ© yo? Ni siquiera puedo recordar cĂłmo soy.
âUnos dĂasâ responde Jungkook.
Un aluviĂłn de preguntas se derrama de mĂ mientras lucho por entender lo que estĂĄ pasando. â ÂżCĂłmo lleguĂ© aquĂ? ÂżCĂłmo me llamo? ÂżPor quĂ©...?
âCĂĄlmate, cariño. â Jungkook se inclina, cepillando su boca contra mi frente. âNecesito que tomes un respiro. No quiero que te desmayes. â Cierro los ojos y entierro mi cara en su pecho, escuchando el sonido de sus latidos. âAhĂ tienes. â dice suavemente mientras su mano se desliza por mi espalda en un gesto relajante.
âEs una buena señal de que no estĂĄ teniendo otro ataque de pĂĄnicoâ dice el doctor, haciĂ©ndome sentir rĂgido.
ÂżTengo ataques de pĂĄnico? ÂżEs eso algo para mĂ?
âSĂłlo vete a la mierda. No estĂĄs ayudando. â La voz de Jungkook es frĂa como el hielo y por alguna razĂłn me empujĂł mĂĄs hacia Ă©l.
âSr. Jeon, si yo fuera usted...
âSi yo fuera tĂș, no pronunciarĂa otra palabra si quieres volver a trabajar. â No sĂ© cĂłmo, pero la voz de Jungkook se enfrĂa aĂșn mĂĄs y trago porque puede que no conozca a mi marido, pero sĂ© que sus palabras son verdaderas. Hay una larga pausa y la habitaciĂłn estĂĄ tranquila, asĂ que sĂłlo puedo suponer que el doctor se ha ido. â Prepara el aviĂłn. Quiero que envĂen a otro mĂ©dico a la isla.
âNo soy tu maldito asistente. â le oigo decir a San.
âNo, pero eres mi maldito hermano y me cubrirĂĄs las espaldas y harĂĄs esto por mĂâ dice Jungkook con firmeza.
LevantĂł la vista para ver a San con los puños apretados a su lado antes de que se rinda. âBien.
âTodo va a salir bienâ me dice Jungkook y yo asiento.
Me rodea con su brazo y me inclino hacia él, no sólo porque se siente bien ser sostenido, sino porque no tengo ni idea de lo que estå pasando. Tengo que confiar en él y rezo por estar tomando la decisión correcta.