Antes de que me vaya

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Summary

"Dejar lo que amas" es una estupidez, creía que solo era un excusa para no estar con una persona, pero al estar en esa situación, entendí el significado de esa frase.

Genre
Romance/Humor
Author
Aulani
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. Expulsión

Todos estaban aplaudiendo y riendo por el gran espectáculo, sinceramente creo que soy la única que ve el gran desastre que hemos creado mis hermanos y yo.


Mientras los pasillos del colegio están completamente inundados, la tubería rota sin dejar de salir agua sin parar y todos grabando el gran desastre con sus cámaras.


Si que hemos creado un escándalo mayor de lo habitual.


«¿Por qué no me sorprende? Así, ya sé, ¡porque siempre es lo mismo!»


Todos reían y murmuraban mientras mis hermanos y yo estábamos completamente empapados, siendo el centro de atención en todo el público.


Bueno, al menos las risas nunca faltan.


«Solo queda esperar lo peor»


Y como si fuera la gracia divina, el pasillo dejó de ser un escándalo.


Todo el mundo guardó silencio cuando el director dió un grito que se pudo haber escuchado hasta China, de inmediato dirigió su atención en nosotros.


Ese hombre sí que sabe de inmediato quien fue el responsable.


«Será por qué somos los únicos en sacarlo de sus casillas»


Siempre tan positiva,consciencia.




George y Thomás, como siempre comiendo mocos sin importarles la vida, mientras yo recibo todos los gritos que salen del director en su oficina.


Hice lo posible por no reírme de su rostro, lo juro, al principio era rojo, ahora está morado de la rabia.


Es una paleta multicolores, mi parte favorita es cuando trata de arrancarse los pocos pelos que le quedan.


Mientras daba el sermón de siempre, y seguía con su aburrido discurso "está es una escuela respetable" creo que ya me lo se de memoria eso que lo que veo en semanas de una clase aburrida.


Eso me recuerda que hoy tengo exámen de biología, al que claramente no estudie, estaba demasiado ocupada leyendo, como siempre.


Aplicaré el tin marin, muy efectivo por cierto.


En unos minutos no tardarían en llegar mis padres, para que ahora sean tres para que me griten.


Mi escena favorita del día.


«No sería la primera vez»


El director al ver que George y Thomás no le toman la atención, me regaña con más ganas, genial.


Al parecer este hombre nos detesta.


«No, tu crees»


Al llegar mis padres, nos sacan de la oficina, obligandonos a sentarnos afuera de ella donde se encuentran las típicas sillas molestas de siempre.


Deberían ponerles colchón, de lo viejas que están, siempre me pellizcó el culo.


Admito que todo esté tiempo en la escuela, he estado más en ellas que en el campo de deportes.


Odio deportes.


Por lo que implica que todos los días termino lastimada por esas sillas infernales.


Pero ahora no podía pensar en quejarme de esas estúpidas sillas.


Es demasiado fácil hacer enojar al director, se molesta por todo, incluso por qué hay un poco de polvo en algún estante.


Creo que tiene un problema, tal vez con esto estará más que dispuesto a expulsarnos.


«Y con razón»


No es mi culpa que sea un amargado.


Dirijo mi atención a los chicos, mientras a mi derecha George está viendo en algún punto para distraerse, haciendo burbujas con sus babas —eso era completamente asqueroso— no pude evitar mi cara de asco, en mi izquierda está Thomás recargando su cabeza con una mano sobre su rodilla derecha, esperando el gran veredicto de nuestro castigo que se aproxima en cuanto salgan nuestros padres de esa oficina.


O como George lo llama "la cueva del lobo"


—¿Creen que ahora sí nos cruzamos de la raya?


Fue lo único que pude decir, y más con este silencio tan aburrido.


Solo se escuchaba el teclado de la computadora de la secretaria que no paraba de ver la pantalla con el ceño levantado.


Al ver que no me hacen caso, les doy un codazo en las costillas a ambos para llamar su atención —con mucho éxito por cierto —


—¡Auch!


Ambos se quejaron del dolor, teniendo por completo toda su atención.


Siempre funciona.


—¡Les estoy hablando!


Cruce mis pies tratando de buscar alguna posición cómoda en las estúpidas sillas.


Me duele el culo.


—No te molestes hermanita, no creo que pase nada.


Nada.


Esa frase cada vez me está volviendo loca.


George, tan tranquilo como siempre, y despreocupado de la vida, a veces lo envidio en ese aspecto.


¿Cómo puede estar tan tranquilo?


—¿Tú crees?


—Nah, diez dólares a qué nos expulsan de este lugar.


Sentenció Thomás con sus aires de tranquilidad, no me sorprende que llegue a increíble conclusión, teniendo en cuenta que ya teníamos una larga lista de reportes que me sorprendería que el director lo dejara pasar y sacarnos de patadas por la puerta principal —Lo haría sin dudar—


—Veinte a qué solo nos castigarán máximo dos meses.


Continuó George, incitando a Thomás a que apueste más dejándome a un lado.


«Dios dame paciencia para no matarlos a media noche mientras duermen»


Mientras ellos dos siguen apostando, me cruzo de brazos enfurruñada, esperando lo peor.


Y como si lo llamara, mis padres junto con el director salieron de la oficina, el último solo nos dió una mirada resentida.


Ese hombre sí que da miedo cuando quiere.


Pero era divertido hacerlo enojar.


Los tres nos levantamos de nuestros lugares sincronizadamente, pero el menos discreto —George— se acerca a nuestros padres como si nada hubiera pasado.


Sonrió como niño bueno.


—Y.....bueno, no es por dar presión, pero.....¿qué dijo?


Repito, envidio su despreocupación.


—Hablaremos en la casa, con los tres.


Soy yo, o eso fue una amenaza.


«Tu que crees»


Fue lo último que dijo mi padre para salir junto con mi madre para el coche, los tres lo seguimos como tres pollitos detrás de la gallina.


Y como siempre soy la única preocupada.


En el auto ninguno de nosotros hablo, ni siquiera George, tanto silencio me estaba volviendo loca, tal vez esperan a que nosotros mismos nos matemos la cabeza, casi prefiero que nos griten a que se mantengan tan callados.


«¿Segura?»


No.


Entrando por nuestro vecindario mi padre soltó un suspiro y fue ahí donde explotó la bomba, mi mamá sacó toda su furia.


Retiro lo dicho, prefiero el silencio.


Lo que quedaba de camino, solo eran regaños, nunca había visto a mi madre tan enojada.


Creo que prefiero el silencio incómodo de hace rato.


—Pero mamá.....


Trato de hablar Thomás, pero es interrumpido con la furia de nuestra madre, que al parecer se está poniendo roja del coraje.


Definitivamente no era graciosa su expresión.


—¡Nada de mamá, siempre es lo mismo con ustedes tres, siempre!


Está claro que no era bueno darle motivos para hacerla enojar, si seguíamos contradiciendo si que nos cortaría la lengua, y no bromeó.


Mientras aparcaban el coche, madre no dejaba de gritarnos y mi padre fue el primero en salir del auto al estacionarlo en nuestro estacionamiento frente al garaje.


Madre iba a hacer lo mismo, todos la seguimos de inmediato, si tardabanos en salir, si nos iría en feria.


Sin importarnos, comenzamos a empujarnos entre los tres para salir lo más rápido posible de aquella puerta pequeña del coche.


Si no estuviéramos en esta situación, me quedaría de los chicos por estorbar en mi camino, pero era mejor quedarme callada.


Sin decir nada, la seguimos en silencio hasta la casa, hasta quedar en medio de la sala, haciendo lo mismo nosotros.


Ella se para en seco, mientras nosotros la seguimos en silencio, esperando el grito, se voltea de inmediato, claramente molesta.


Parece asesino en serie.


«¿Cómo sabes eso?»


No ayudas.


«Bueno, fue un gusto acompañarte estos hermosos 17 años»


Nos ve uno por uno, sin decir absolutamente nada, esa mirada que tiene sí que podría derretir un glaciar, tal vez esté pensando a quien matar primero.


«Seguro serás la primera»


Mejor cállate, que me está mirando.


«Oh puede que seas la última, no se sabe»


Será mejor que.....


—Se puede saber en qué estaban pensando para inundar el colegio!!


«Uy, si que está enojada»


No, tu crees.


—¿Ninguno me va a responder?


Preguntó cruzándose de brazos, esperando una respuesta, en eso entra papá a la sala en completo silencio quedando a un lado de mamá.


Ya decía yo, por qué tanto silencio por su parte, ahora sí que nos darán el sermón de tres horas, odio eso, y más cuando hablan de su vida de jóvenes.


—Su madre tiene razón, ¿ahora por qué hicieron esto?


Pregunto tranquilo.


Muy tranquilo.


Muy tranquilo.


Ok, quién es este señor y dónde está mi papá.


No sé si prefiero que mi padre nos grite, a que esté tan sereno.


—Es que....


De nuevo, Thomás trató de decir algo al respecto.


—Han cruzado el límite, los tres.


—Esta vez no fue intencional.


Solté en voz baja, tratando de defendernos.


Y era cierto, está vez, no lo habíamos planeado, esta vez sí fue un accidente.


«El desastre nos acompaña»


—Si, ¡también la guerra de comida en la cafetería, el coche del director lleno de gusanos y su oficina hecha un desastre con papel sanitario! ¡¿Eso también no fue intencional?!


Al menos no sabe todo lo demás.


—Bueno....


Respondió George rascándose la cabeza sin saber qué decir, siendo él dueño de las ideas.


Bueno, eso sí estaba planeado y si lo habíamos hecho por diversión.


Con solo recordad el rostro del director al ver su coche, casi se le caía el poco pelo que le quedaba.


Un día memorable, sin duda, valió la pena ir todos los sábados a limpiar los baños de la escuela como castigo.


—Esta vez no fue intencional, solo queríamos confirmar una teoría.


Mencioné agachando la cabeza.


Siendo honesta, era cierto, queríamos comprobar a qué velocidad bajaba de uno de los edificios de cinco metros de altura.


Pero no llegamos a comprobarlo por qué George ladeó la pelota de bolos, lo que provocó que lo soltara hacia el muro, por suerte no le cayó a ningún de los chicos que estaban cerca.


Me hubiera gustado que le diera en la cara a Jess, mi ex amiga que terminó acostándose con mi ahora ex novio.


Pero por lo que veo, mamá no sabe de cómo rompimos el muro, ya que alcanzamos esconderlo.


—Si, con una pelota de bolos.


Aclaró George, mientras yo me imaginaba darle una patada donde no le da el sol. tenía que hablar el menos indicado.


Lo que faltaba, genial.


—Seras idiota.


Susurro Thomás para que no escuchen nuestros padres.


—¿En qué momento se les ocurrió que una pelota de bolos no rompería el muro?


Silencio, nadie respondió, yo sólo tenía la cabeza agachada, no quería ver que estaba pasando, ya con los gritos eran más que suficiente.


Solo esperaba que al menos no se enojen tanto como para quitarnos el aire.


Madre suspiró y carraspeó la voz, ahora sí, más tranquila, haciendo que mis músculos se relajen un poco, y una oleada de alivio se apoderó de mí por completo.


—Los expulsaron de la escuela gracias a esa travesura, ya mañana hablaremos, mientras están castigados.


«Lo que faltaba, otro castigó»


Al parecer no soy la única que se sorprendió, ¿ahora que nos castigaría?


—Tienen castigada la TV.


—Esa ya está castigada.


Dijo George rascándose la cabeza un poco incómodo, no era el único.


—Sus aparatos electrónicos.


—También están castigados.


Dije, aún con la cabeza al suelo.


—No saldrán con sus amigos.


—También ya está castigado.


Ni siquiera tengo amigos, así que ese castigo solo era para los chicos.


Ella respiró hondo, pensando en que más castigarnos, nunca creí que llegaría a ver esto, pero no puedo sonreír, si no, hasta me castiga eso también.


—Mañana hablaré de su castigo, vayan a sus habitaciones.


Demandó cansada mientras tomaba asiento en uno de los sillones que tenía cerca tocándose el puente de la nariz.


Los tres subimos por las escaleras en silencio, los chicos compartían habitación y yo tenía la mía a parte, como siempre nos reunimos en la mía, ya que el cuarto de los chicos era un completo desastre, entramos los tres sin decir nada.


—Les dije que no era buena idea.


Dijo Thomás siendo el primero en entrar a la habitación.


—Oye, al menos nos divertimos.


Siguió George detrás de él con una sonrisa en el rostro.


—Y nos expulsaron.


Dije cerrando la puerta detrás de mí, concretamente no estaba de ánimos como George.


—No veo cuál es el problema.


—George, nos expulsaron, ese es el problema.


Reclamó Thomás cansado de escuchar.


—Calmate Thomy, hay más escuelas.


—Dudo que nos acepten, van a saber la razón por nuestra expulsión.


Dije sentándome en la orilla de la cama, mirando a los chicos.


—Bueno, yo me voy a mi habitación a tratar de no aburrirme, a este paso terminaré volviéndome completamente loco.


Dijo saliendo de la habitación.


—Ustedes dos si que me volverán loco.


Dijo Thomás suspirando.


Reí un poco por su comentario, sinceramente no tenía tantos ánimos como en la mañana.


—Lo siento.


—¿Por qué?


Dijo sentándose a un lado de mi.


—Gracias a nosotros ya no estarás en el equipo de fútbol.


—Tranquila, tal vez pueda entrar en otra escuela, si es que tienen equipo de fútbol americano.


Puso una mano en mi hombro, tratando de animarme.


—¿Y si no lo tienen?


—Seré el niñero de ustedes dos.


—Prácticamente ya lo eres, ¿no?


Reí un poco, era divertido irritarlo, odiaba que siempre le dijera que era el niñero.

Teniendo en cuenta que lo es, claro, el solo podía decirse así mismo esa definición.


—Si te sigues riendo, romperé tus libros antes de que cante un gallo.


Advirtió levantándose de su lugar.


—Ok, ya no seas tan agresivo.


El salió de mi habitación dejándome sola, es extraño estar sola a estas horas, pero también es agradable tener mi propio espacio, pobre de Thomás que tiene que compartir habitación con George, tengo entendido que ronca como nunca, y siempre habla hasta por los codos.


«¿No te mordiste la lengua?»


Bueno, yo también hablo por los codos, pero soy más soportable que él.


Lo bueno de todo esto, es que me salvé del examen de biología, esa materia es un dolor en las costillas, y más el maestro que se la pasa regañando me por no saber sobre las estúpidas células, o los cromosomas.





En toda la mañana no dijo nada madre, y eso sí que da más miedo, solo nos dirigía una mirada de advertencia para no hacer algo estúpido mientras no esten.


Que poca confianza tiene en nosotros.


«Es por qué le has dado motivos para no hacerlo»


Ella y papá salieron a una escuela que queda a una hora de aquí, tal vez nos acepten, tal vez no.


No sin antes dejar nuestro castigo, nos castigó la caja de fuegos artificiales que teníamos en el garaje, los vendió en cuanto nos mandó a nuestras habitaciones.


Se suponía que los usaría para la graduación.


Salí al garaje, donde los chicos trataban de arreglar un auto, llevan meses tratando que encienda, no quería estar sola en la casa.


— ¿Aún no funciona?


Pregunte entrando al garaje, al ver la cara de aburrimiento de Thomás mientras George está debajo del auto, acostado en el suelo, que sale de él con los ojos cerrados, y completamente empapado de aceite quemado, probablemente del tanque.


— Como verás, me orinó.


Dijo George levantándose con la ayuda del auto, sin poder ver nada.


Thomás y yo nos reímos al ver su cara cuando salió del auto.


Thomás le aventó un trapo para limpiarse, él lo aceptó, limpiándose la cara, al terminar, se acercó a nosotros y me abrazó, levantándome del suelo, mientras me manchaba de aceite.


Y Thomás reía a carcajadas pasándola increíble.


Idiotas.


—¡Oye!


—Te niegas del amor de tu hermanito.


Me soltó en un instante, riendo junto con Thomás, molesta les aviento a los dos uno de los trapos que encontré en la mesa de herramientas a la cara.


—Es mi playera favorita imbécil.


Mire mi camisa completamente sucia, y era casi nueva.


—Tranquila, ya te compraré una nueva.


Dijo regresando su atención al auto ignorandonos.


—¿Y por qué aún no enciende?


—Por lo que hemos visto necesitamos arreglar el tanque del aceite y de la gasolina

.

Dijo Thomás realmente cansado, tal vez no durmió otra vez anoche.


Teniendo en cuenta que George ronca demasiado fuerte, los escuchó hasta mi habitación.


—Pero ¿la otra vez era por el encendido del motor? ¿No?


—Si, pero también es eso, y probablemente algo más.


—Tal vez es por qué no tiene los mejores reparadores de autos.


Dije bromeando solo para molestar a George,por lo que el solo dejo de hacer lo que estaba haciendo para apuntarme con un dedo amenazante.


—Oye, si logro hacer funcionar esta cosa, creeme que no te dejaré subirte.


—Ok, ya me callo.


—Bueno, ¿por qué está preocupada malandrina?


Preguntó Thomas.


—Odio que me digas así idiota.


—Pues te aguantas, ya dime, ¿que te tiene tan preocupada?


—¿Cómo sabes que estoy preocupada?


—Para empezar, te estás rascando tu lunar del brazo derecho , siempre lo haces cuando estás preocupada, y si sigues rascando lo, te lo arrancaras y no será bonito.


Dejo de rascarme mi lunar, sorprendida por qué ni yo me he dado cuenta de hacerlo, el río al ver mi expresión, genial, ni disimular frente a él no puedo, ¿tan obvia soy?


«Debo decirte que si, eres un libro abierto»


Tu mejor cállate, nadie pidió tu opinión.


«No necesito que lo hagan, yo solita aportó»


Genial.


—¿Crees que algún colegio nos acepte a medio ciclo escolar?


—Yo creo que sí, además tenemos buenas notas, eso nos salva de alguna manera.


—He estado pensando en que si nos logramos graduar, podríamos hacer una de nuestras aventuras.


Dijo George entrando a la conversación, mientras salía de nuevo del auto, con una sonrisa que conocía demasiado bien.


—Ni de gorra, tú mejor cállate.


Bueno, al menos tenemos Thomás que sabe controlarse, yo de solo ver esa sonrisa, me uno a cualquier plan que le pasa por la cabeza a George.


—No pasará nada, además será como nuestro selló.


—¿Como el de tus calzones?


Dije con una sonrisa divertida, solo para irritarlo, el solo su rostro se torna de rojo carmesí, completamente avergonzado.


—Eso fue hace años, ¡superenlo!


—De hecho fue hace cuatro meses.


Aclaró Thomás, haciendo que George se moleste aún más.


—Y qué esperabas, me hizo daño las megas galletas de esta loca.


Me apunto con el dedo índice, echándome toda la culpa de su desgracia.


—Yo como iba a saber que la leche estaba caducada, además, tu me dijiste que si servía imbécil.


El, al ver qué tenía razón, solo esquivo la mirada unos segundos, después nos mira a los dos.


—Está claro que nos desviamos del tema, solo quería decir que podríamos iluminar nuestra graduación con una aventura de los Loughty.


—Tal vez no nos graduamos, quien nos va a aceptar a mitad del semestre.


—Siempre tan positiva hermanita, nos van a aceptar, quién no querría a la mejor escritora en curso y dos de los mejores jugadores de fútbol americano?


—Se te olvidó la parte de que somos un remolino de problemas.


Mencionó Thomás, alzando una de sus cejas, mientras con su dedo índice haciendo círculos simulando un remolino imaginario.


—Te propongo algo.


—¿Ahora que se te ocurrió?


Pregunto Thomás tan cansado de escucharlo.


—Si nos aceptan en una escuela, prometo comportarme, con la condición que ustedes dos y yo haremos una noche inolvidable de graduación.


—Suena tentadora la propuesta.


Dije interesada, conociendo lo, no duraría ni un mes sin bromas.


—¿Cumpliras con tu palabra?


Pregunto Thomás poco convencido.


—Lo juro por lo más sagrado de mi vida.


Dijo llevándose una mano al corazón dramatizando el momento.


—¿Y qué sería?


Pregunte curiosa.


—Mi colección de carros de mi estantería.


—Por qué no me sorprende.


Dijo Thomás con poco entusiasmo.


—Bueno, ¿trato?


—Por mi parte está bien.


Dije mirando a Thomás con una sonrisa.


—No tengo de otra, con tal de que te comportes y no le llenes de ideas a esta malandrina.


—¡Deja de decirme así!


—Tranquila hermanita, ya me inventare un mejor apodo para ti, solo ten paciencia.


Dijo George sacudiendo mi pelo con una mano como si fuera perro.


—Odio sus estúpidos apodos.


—Bueno ya, regresamos a tratar de arreglar este coche.


Dijo Thomás, tratando de evitar una guerra de herramientas en el garaje.


Regresamos a tratar de arreglar el maravilloso auto, ya no era necesario cambiarme, gracias a George que me mancho mi playera favorita. genial, a este paso me quedaré sin ropa en menos de un año.


Me quedé con los chicos el resto de la tarde, metidos en ese garaje, mientras ellos trataban de arreglar el auto y yo les pasaba las herramientas.

Hasta el punto en que nuestros padres entraron por nosotros para ir a cenar.