Mi Señor |Satoru G. |+18

Summary

▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬ —¿Me seguirías a donde sea que vaya? —Incluso con una venda en los ojos.— contestó _______. —Lo haría sin importar lo que pisara con mis pies; si el mismo infierno o los vidrios rotos que pudiésemos ocasionar al momento de que todos se enteren sobre lo nuestro en algún punto, porque aún sosteniendo su mano, no sería capaz de soltarla a pesar de las adversidades. No importa cuánto me apuñalen, sangraría y seguiría con vida por usted. ▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬❈▬▬▬▬▬ ┏━━━━━━━━━━━━━━┓ ¿𝙎𝙚𝙧𝙖́ 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙡 𝙣𝙤𝙗𝙡𝙚 𝙎𝙖𝙩𝙤𝙧𝙪 𝙥𝙤𝙙𝙧𝙖́ 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙧 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣𝙖 𝙘𝙖𝙢𝙥𝙚𝙨𝙞𝙣𝙖 𝙙𝙚 𝙘𝙪𝙣𝙖 𝙗𝙖𝙟𝙖, 𝙖 𝙥𝙚𝙨𝙖𝙧 𝙙𝙚 𝙦𝙪𝙚 𝙣𝙤 𝙛𝙪𝙚𝙧𝙖 𝙗𝙞𝙚𝙣 𝙫𝙞𝙨𝙩𝙤 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙡 𝙥𝙪𝙚𝙗𝙡𝙤? ┗━━━━━━━━━━━━━━┛ ⚠︎Contenido adulto +18⚠︎ ➥Entretenimiento. ➥Lectora x Satoru. ➥Trama o historia originalmente mía. ➥AU (Alternative Universe). ➥Se llevará una lógica y buena estructuración posible.

Status
Complete
Chapters
27
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

─⊱⋅🍃Habilidades y experiencias en el primer día.⋅⊰─

—Dejen que pase.— pidió aquel hombre mayor.

Tanto plebeyos como plebeyas abrieron la puerta corrediza y dejaron mostrar a la fémina que un tanto nerviosa, jugaba con sus dedos detrás de su espalda.

Aún así, mostró valentía y dejó en alto su rostro para no hacerle saber al líder del clan Gojo su ansiedad.

El hombre con arrugas ligeramente pronunciadas, tez blanca y cabello albino miraron a la joven de pies a cabeza. Sus ojos celestes característicos de su clan dedujeron que sería una buena plebeya para su familia. Necesitaba a una nueva sirvienta en la cocina puesto que las que tenía no lo hacían a tiempo por falta de ayuda.

Así que se vio en la necesidad de hacer un llamado y escrito para el pueblo de alguna plebeya lista para dar sus servicios de por vida.

Porque una vez siendo aceptada, dedicaría sus años restantes para darle el mejor servicio a su clan.

La fémina no dudó en presentarse, durante toda su infancia y parte de su adolescencia fue criada para servir. Aprendió muchas cosas de su madre y familia de cuna baja, siendo una humilde campesina que lo único que quería era poder vivir en un clan donde no la tratasen mal.

Había escuchado en algunas ocasiones sobre rumores de otros clanes donde maltrataban y torturaban a sus plebeyos que no hacían bien su trabajo, a tal punto de asesinarlos pues esa era la condena si se atrevían a negarse. Claramente con la orden del líder del clan que tenía su palabra como veredicto final.

Su nerviosismo se debe a eso, esperar que el clan al que estaba presentándose no fuese como otros.

—¿Qué es lo que sabes hacer?— cuestionó el hombre mayor de ojos celestes y barba blanca.

—Puedo hacer cualquier cosa que se me encomiende, señor.— respondió.

—¿Qué tal te va con la cocina? ¿Sabes hacer los platillos tradicionales?— alzó su ceja. Su dedo daba pequeños toques en el posa brazos de su asiento de madera con decoraciones doradas.

—Sí, señor Gojo.

—Ve a la cocina y hazme un tempura. Tienes veinte minutos contando desde ahora, si no llegas a tiempo no te aceptaré.

La joven asintió e hizo una reverencia para después mirar a las demás plebeyas que también estaban igual de tensas que ella por todo el embrollo.

—Llévenla a la cocina y denle lo que necesite para que haga el platillo.— ordenó el líder, haciendo un ademán.

—Sí, mi señor.

Salieron en dirección al área de cocina, caminando con rapidez para que ella no perdiese más tiempo. El motivo por el cual le pidió ese platillo fue porque tiene estrictas instrucciones y seguimiento de cada paso, si algo se cocinaba mal, no quedaría bien como debería de ser originalmente.

La puso a prueba y con ello se daría cuenta si aceptarla o no. Anteriores días estuvo rechazando a muchas jóvenes que no hacían bien dicha comida, esperaba que ella fuese de su expectativa.

Al cabo de cierto tiempo y justo antes de que faltasen tres minutos para que terminara el límite que le otorgó el líder, llegó con el plato en bandeja de madera a la mesa. Lo dejó delante del hombre y se alejó unos cuantos pasos para esperar por su respuesta.

El hombre viejo la miró de reojo y después observó el plato, todo se miraba bien y lucía exactamente como debe. Ahora la cuestión era si tenía buen sabor. Tomó un trozo de pescado y lo remojó un poco en salsa aromatizada para después llevarlo a la boca.

A ella se le fue el aire por unos segundos, pensando que no la aceptarían pero fue todo lo contrario. El líder asintió con una sonrisa.

—¡Espléndido!— exclamó. —Bienvenida al clan Gojo.

Las demás plebeyas y plebeyos aplaudieron como felicitación, contarían con su ayuda y así servirían al clan con mayor facilidad.

━⊱⋄⋄⋄⋄⊰━

—Padre... ¿Qué hacemos aquí?— cuestionó con confusión Satoru. Ambos estaban parados a un lado del anciano mientras que éste se encontraba sentado en su asiento como líder.

Vestían kimonos tradicionales de colores sólidos, ubicándose en el área de reuniones.

—Acabo de aceptar a una nueva plebeya. Quiero que la conozcan y le den sus preferencias en cualquier ámbito.

—¿Una nueva plebeya? Pensé que con las que teníamos era más que suficiente.— dijo Suguru.

—Sí, claro. Teniendo un desastre en la cocina y dejando la comida tarde en la mesa.— negó su padre con voz rasposa que demostraba sus años de vejez.

—A veces es algo exigente.— Satoru se dirigió a su hermano adoptivo Suguru.

—Guarden silencio.— gruñó con molestia al escuchar a sus hijos hablar de él como si no estuviese presente. Lo sintió como una falta de respeto.

Las puertas corredizas se abrieron para dejar pasar a la joven que vestía ropa de campesina; un vestido de tela barata y su nuevo delantal blanco que estaba atado a su cintura, cubriendo sólo la parte baja para poder secar sus manos o dejar algún que otro objeto en los bolsillos como palillos de madera.

Tanto Satoru como Suguru vieron a la fémina, quien hizo una reverencia antes de levantar su cabeza y mirar una diferencia. Suguru era de tez clara pero no tanto como el líder del clan y el otro joven que lo acompañaba a un lado de él, además de sus ojos y cabello largo oscuro como la noche.

—Preséntate.— dictaminó el líder.

—Mi nombre es _______, provengo de una familia campesina que vive en el pueblo de Japón. Un placer.

—Ellos son mis hijos; Satoru Gojo.— apuntó al joven que se parecía bastante a él pero mucho más apuesto.

—Un gusto.— hizo una leve reverencia, mostrando seriedad.

—Y él Suguru Geto.— apuntó al de cabello oscuro. —Es hijo adoptivo, pero lo crié y lo quiero como tal.

—Hola.— asintió.

—Te darán los detalles de sus preferencias, para que pongas atención y tomes en cuenta cada cosa.— finalizó el hombre viejo.

Cada uno habló y mencionó cómo querían sus platillos, a qué horas tendría que tener las camas listas, ropa limpia o doblada y demás.

━⊱⋄⋄⋄⋄⊰━

La noche llegó y el cansancio abrazó el cuerpo de ________. Sus hombros pesaban y sus pies dolían de tanto caminar de un lado a otro.

Tenía que estar al tanto de cualquier orden de los integrantes del clan, le enseñaban cómo se llevaba a cabo cada área haciéndola sentir un tanto abrumada por toda la información en un sólo día.

Una plebeya la guiaba a la nueva habitación donde ella dormiría. Estaba cerca de la cocina así que no habría pretexto para llegar tarde y cocinar. La contraria deslizó la puerta para mostrarle la dichosa habitación.

—De ahora en adelante, aquí será tu dormitorio.

Los ojos de la fémina inspeccionaron el lugar; era pequeño, tenía un ventilador, un mueble, una caja de caña y una supuesta cama. Parecía más un tapete de paja.

—¿Ahí dormiré?— apuntó al material en el suelo.

—Sí, nosotros estamos cerca de aquí. La mía es esa.— apuntó a una puerta corrediza. —Y las de otras dos compañeras también. Los demás están ubicados en otras áreas, nosotras cerca de la cocina por ser las encargadas de la comida.

—Entiendo...

—Bien. Cualquier cosa no dudes en preguntármelo. Me retiro.— sonrió y se fue.

Ella entró a la habitación y cerró la puerta, sentándose en la cama de paja. Gestionó una mueca al sentir un ligero picor en su trasero.

—Creo será una noche larga.— bufó. Se refirió al simple hecho de que sentiría toda la noche ese picor y no la dejaría dormir.