Cabalgando un semental.

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Summary

En mi vida solo había una salida. Una salida que me condenaba a irme al infierno, una salida que sacaba la puta que había en mi. Existía un solo escape para resolver todos y cada uno de mis problemas. Solo había una salida y era cabalgarlo a él. cabalgar al semental. ¿Se podía tener sexo, sin sentimientos de por medido?

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Semental.


Ángela.

"Está noche en Olimpus bar.”

Estas palabras se repiten en mi cabeza sin parar mientras se colocó las bragas de encaje que escogí para esta noche.

—¿Se puede saber qué haces colocándote esas bragas Ángela?

Sin nada de vergüenza me giré para encarar a mi adorada madre.

—Iré a un bar madre. Tomaré alcohol y dejaré que algún hombre exquisito me rompa el... -ella abrió los ojos como platos ante estas palabras.

Qué exagerada madre tengo.

—Calla por favor. -solté una carcajada al ver el leve sonrojo que ella tiene en sus mejillas —¿Por qué tienes que ser tan descriptiva Ángela? No podías simplemente decir que saldrías por ahí...

—Por Dios madre. ¿Qué edad crees que tengo? Ya soy toda una mujer, así que no debes de extrañar que no te oculte lo que hago y lo que no. -mientras inquiría estás palabras me coloque la diminuta falda que había elegido para domar a ese semental. —Así que vete acostumbrando a escuchar todas las barbaridades que tengo para decirte madre.

—No, no. No quiero escuchar lo que me tienes que decir. Déjame con la mente tranquila y quédate en el pedestal de niña decente en el que te tengo Ángela.

Mi madre, mi adorada madre. ¿Qué haré con ella?

—¿No quieres saber cómo tú hija disfruta de la vida madre? Como dejo que me claven la estaca hasta el fondo o, peor aún como lo tiene el hombre que me cogeré.

—¡Por Dios Ángela...! -exclamo mi madre totalmente histérica, a lo que yo solté una gran y escandalosa carcajada.

—Madre deja el drama y más bien dame la bendición para que pueda conseguir un poco de fluido que me quite la sequedad que tengo en el coño.

—¡Me voy a ir al infierno por tu culpa...!

Me acerqué hasta donde mamá se encontraba y sin perder el tiempo dejé un beso en su mejilla.

—Hijas del pecado teníamos que ser madre hermosa. Así que con gusto nos iremos al infierno.

—Solo te diré una cosa Ángela...

—Si madre, cogeré, le chupare la polla y por nada del mundo dejare que el semental me embarace. Lo tengo claro.

—¿De qué semental estás hablando?

—Ah... Se me olvidaba decirte que tu hija cabalgara a un sexi semental que se niega a caer en las garras del pecado. -mamá enarcó una ceja. —Ayer era su última noche como semental salvaje, porque yo esta noche le sacare toda la leche que sea posible y si tengo que utilizar la fuerza lo hare con gusto. Pero a ese semental lo cabalgo porque lo cabalgo. Como que me llamo Ángela.

—No sé cómo se me ocurrió colocarte Ángela, porque tú no eres un ángel hija. Más bien eres una diabla sedienta de pecado.

Mamá lejos de ofenderme logró que yo sonriera.

—Yo soy peor mamá. Soy peor.

—Oh Dios mío, que he hecho.

—Es fácil decir lo que hiciste madre. Solo basta con verbalizar que le disté a mi padre la torta para que él la llenara de crema y de esa barbaridad que cometiste nací yo. Así que, si hay un culpable, esa eres tú.

Ella se quedó de piedra mirándome fijamente y yo aproveché esto para salir de la habitación con una gran sonrisa en los labios.

—Voy por ti semental. Aquí va tu domadora a sacarte la leche. -murmuré estas palabras cuando caminaba hacía la puerta de la salida.

Al ingresar al lugar mis ojos se pasearon por todos los rincones y tras terminar mi escaneo llegue a la conclusión sé que este lugar está repleto de perversión.

Más bien, pecado es la palabra ideal para describirlo.

Esa palabra describe a la perfección el ambiente del bar Olimpus.

En cada lugar donde coloco mis ojos veo perversión y una gran cantidad de pecado.

A lo lejos distinguí a las dos chicas de mi clase y también a un grupo de hombres.

Pasee mis ojos por ellos y mis iris se colocaron en el hombre que se encontraba en medio de todos, sin prestarle atención a nadie.

Hay está mi víctima.

—Excepcional. -dije en cuanto observé a quién sería mi víctima de esta noche.

—Si mijita. -giré sobre mis pies, y me encontré con una chica como de mi edad, muy hermosa, a decir verdad. —El semental es lo más hermoso que tus ojos podrán ver, pero, lastimosamente tus manos no lo podrán tocar y mucho menos tu vagina tenerlo dentro. Porque él es inalcanzable para cualquiera.

—Te prometo que esta noche ese hombre deja de ser inalcanzable.

—Suerte bonita porque la vas a necesitar.

—Te vere a las doce de la noche y para que me creas traeré conmigo una prueba.

La chica enarco una ceja a la misma vez sonrió.

—Pues corre cenicienta porque te quedan tres horas y media.

Totalmente decidida empecé a caminar hacia el grupo de chicos.

—Cero nervios Ángela. Cero nervios. Piensa en el dinero, en la operación de mamá, en el colegio de Ángel y la universidad.

Cuando estuve a unos pocos pasos del grupo tomé una bocanada de aire, la cual me dio el impulso de seguir caminando.

Necesito hacerlo.

Por ella, por él, por mí.

Al llegar casi todos colocaron sus ojos en mí, a excepción de él.

—¿Qué busca una muñeca tan hermosa por estos rumbos? -pregunto uno de los hombres que se encontraba sentado al lado del semental.

—Busco al semental.

La sonrisa que mantenía el hombre en sus labios decayó, y poco después codeó al chico que se había mantenido distante.

—Hey, te buscan.

Esperé pacientemente que él colocará sus ojos en los míos, pero eso nunca paso, más bien lo que sí sucedió fue que él se encogió de hombros restándole importancia mi presencia.

Eso sí que no.

Él me mira. Porque me mira.

—Bonita, creo que el semental no quiere nada contigo… pero si estas dispuesta me gustaría ofrecerte.

Alce una de mis cejas.

—No quiero a nadie más.

Esas palabras lograron que de una vez por todas el hombre levantará su cabeza.

Al verlo, tragué saliva porque se trataba nada más y nada menos que el chico al que le robé el auto con todo y la abuela dentro.

Espero que no me reconozca porque estoy frita.

—¿Qué quieres? -pregunto con voz ronca.

Esas palabras lograron prenderme la semilla de una forma impresionante. Puedo decir con mucho orgullo que casi llegó a un orgasmo con solo escucharlo.

Es que la voz ronca es lo más sexi que mis oídos pueden escuchar.

—A ti.

Posterior a esas palabras me atreví a sentarme en su regazo, y una vez que me cercioré de que él no me apartaría coloque una de mis manos en su rostro.

Nuestros ojos hicieron contacto visual, y pude ver como los de él se volvían cada vez más intensos.

¿Será que le gustó lo que vio?

—Te quiero a ti en una cama.

No sé de dónde me salió decir esas palabras, pero una vez dichas el semental acercó sus labios a mi oído.

—Si lo haces por dinero, es mejor que te largues de una buena vez porque no te coronare como la amazona que me cabalgó. -tras esas palabras el mordió el lóbulo de mi oreja. Eso logró que me recorriera una corriente eléctrica. —Si, no lo haces por dinero será bien recibido tener tu cuerpo en una cama.

¿Qué más da decirle una mentira piadosa?

Guíe mis labios a su oído y me permití susurrar algunas palabras. —Cuando algo me gusta no tienen que pagarme para obtenerlo.

Posterior a esas palabras el semental guío sus labios a mi cuello y sin demora empezó a dejar besos en este.

Pensé que sería más difícil, pero ahora veo que los hombres son tan básicos.

Le calientas el oído y ya tienen la espalda destroza coños lista para hacerte gozar a lo lindo.

—Hey, semental…

—La elijo a ella.

Todos los presentes al escuchar esas palabras abrieron sus ojos como platos al igual que sus bocas.

¿Cómo les quedó el ojo?

Me coronare como la amazona que logró cabalgar a un caballo salvaje y mañana en la mañana todas mis deudas serán saldas.

Así o mejor.

Los labios de él se guiaron a los míos y los unió con los míos en un beso demandante.

Corrí mi cuerpo hacia su entrepierna y empecé a moverme sobre está.

Más me valía calentarlo antes de que se le ocurriera decir que no iba a cobrar el dinero que está en juego.

Abrí mi boca levemente y él ingreso su lengua a mi cavidad bucal.

Si como besa lo hace, creo que este será el dinero mejor ganado que obtendré en mi vida.

Cuando el beso se hizo más demandante, el semental tomó posesión de mi cintura y separó nuestros labios.

—Vamos.

Sí. Hoy se goza, de baila la macarena y se le da rienda suelta al deseo.

Hoy es nuestro día cosita, hoy un semental nos hará vibrar.

—Axel, ¿Qué pasará con tu racha de semental?

—¡Qué se valla a la mierda!

Todos los presentes en el lugar abrieron sus ojos.

Y yo como la gran sinvergüenza que soy sonreí.

Debería montar un altar para que la gente conociera a la mujer que echó por tierra la racha de semental de este hombre. Así me ganaba un par de miles de dólares.

En esta vuelta ganaba, o ganaba.

Aquí no tengo las de perder.

Eso sí que no.

El semental me ayudó a colocarme sobre mis pies y poco después lo hizo él.

Al verlo de pie, mis deseos de perra en vicio se activaron, porque el hombre media cadi dos metros.

Ahora no solo lo consideraba un semental, sino que también un príncipe vikingo por su virilidad.

Oh, padre. Ya me estoy acalorando.

Al parecer la suerte esta de mi lado. Porque bien dicen que los hombres grandes se cargan buena manguera apaga incendios.

Solo espero que sea cierto porque no me gustaría llevarme un mal sabor de boca del semental. Más bien. Me gustaría llevarme esta noche como un recuerdo bastante caliente. Uno que logré hacerme venir en la oscuridad de mi habitación.

Sí, estoy loca. Pero dicha locura estará bien recompensada cuando logré sacar mi familia hacia adelante. No me importa la forma en que lo logré, solo llegar a meta.

—Vamos. -inquirí.

—Vamos.

—Axel. -inquirió el amigo.

—Encárgate de que nadie nos moleste.

El hombre asintió no muy convencido. Pero aun así no dijo nada.

Más le vale que prepare su chequera porque nada más terminar vendré a buscarlo para que me de mi dinero.

Trabajo hecho, cuenta saldada.

El semental unió nuestras manos e inmediatamente sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo por completo.

Aquí voy… sin miedo al éxito.

Cuando nos encontramos al frente de la habitación, el semental se apresuró a abrir la puerta del lugar.

—Una vez dentro de la habitación no habrá vuelta hacia atrás.

—Quiero que no haya vuelta hacia atrás.

Esas palabras lograron que el semental sonriera.

—Entra. -dijo con voz profunda.

Tragué saliva y poco después ingresé a la habitación.

Y no hubo vuelta hacia atrás.

En esa habitación cometí el mayor pecado de mi vida.

Le entregué mi cuerpo al semental y cabalgué al poderoso vikingo indomable.

Disfruté, disfruté de esa noche como ninguna otra y me quedó un candente recuerdo de ese hombre devorando a su antojo mi cuerpo.

El semental, le hace alusión a su nombre.

Después de varias horas en el ajetreo constante por encontrar el placer el semental cerró sus ojos y se quedó dormido.

—Lo siento, pero necesito el dinero. -hice una mueca. —Pero te prometo que no te olvidare, semental. Quedaras en mis pensamientos para toda la vida.

Antes de colocarme sobre mis pies deje un beso en los labios del semental.

—Todo sea por salvar a mi familia.

Me coloqué sobre mis pies y tras darle una última mirada me dirigí hacia la puerta.

Una vez afuera el hombre que antes acompañaba al semental se acercó a mí.

—Mi dinero.

—Aquí tienes. -el hombre me extendió el maletín y yo sin dudar lo tomé entre mis manos.

—Fue un placer hacer negocios con ustedes.

—¿Como te llamas?

—Afrodita. La diosa del amor, la bella y sensualidad.

El hombre sonrió.

—Tenías que ser Afrodita, belleza.

—Fue un gusto.

—Nos vemos después.

El hombre asintió, pero lo que él no sabía era que en mis planes no existía la intención de volver a verlos.

No, después de lo que había hecho.

Sin decir alguna palabra más empuñe el maletín y me apresure a caminar hacia la barra del bar.

Una vez allí, la chica que había visto al llegar alzo una de sus cejas mientras sonreía.

—Lo hice.

—Sí, pero también le metiste.

—Necesito el dinero.

—Lo sé. Te entiendo, pero que te quede muy claro que él no te dejará marchar así por así. Te buscará para que pagues por tu mentira, resignarte a pagar por tus hechos.

—No creo que él me encuentre en una ciudad tan grande.

—Cuando el semental quiere algo lo consigue a como dé lugar.

Negué.

—Espero que no lo haga.

—Yo también lo espero porque lo pasaras muy mal… bueno. Quizás no tanto, pero algo es algo.

—Espero que no.

Tras esas palabras me dirigí hacia la salida del lugar, y una vez allí escuché un fuerte gruñido, a pesar de tener música de fondo.

Solo por curiosidad giré sobre mis pies, y cuándo mis ojos de colocaron en el hombre que gruñía, mi garganta se secó.

Aquí es donde pongo en práctica, la frase, patitas para que te quiero.

—¡Atrápenla…!

La he liado, pero por lo menos tengo dinero para cubrir mis gastos.

Es mejor decir de aquí se esfumó, que decir aquí murió.

Fue muy bueno mientras duro, pero no puedo quedarme aquí.

Sali den lugar en bola de humo y una vez en la calle me alejé de una vez por todas del bar.

—Hasta nunca, semental.
















(***)

Axel formó sus manos puños, luego de escuchar lo que su amigo le había dicho.

Esa maldita mujer lo engañó para acostarse con él. Y al final obtuvo lo que vino a buscar, el maldito dinero.

Tonto, tonto.

Se reclamo mientras se alcalizaba.

—Esto no se quedará así. -dijo por lo bajo.

—Axel…

—Encuentra esa mujer. -dictamino él sin mirarlo.

—¿Para qué?

—Si tanto le gusta revolverse por dinero, por lo menos debo de tener un par de acostones con ella.

El amigo abrió sus ojos como platos.

—¿Qué te sucede?

—Quiero a esa maldita en mi cama. ¡¿Qué parte de eso no entiendes?!

—Pero tú.

—Esa maldita logró lo que ninguna mujer había logrado en mí, por lo que deseo que ella apague el fuego que causo. La quiero mañana, tarde y noche en mi cama hasta que logré saciarme.

El semental se tomó de un trago el contenido del baso.

—¿Tienes forma de rastrearla?

—Sí.

Escuchar ese monosílabo lo llenó de satisfacción. Porque eso quería decir que la tendría en la palma de sus manos más temprano de lo que pensaba.

Tarde o temprano volvería a tenerla entre sus sábanas.

—Qué empiece la casa, amazona.

Él está decidido a volver a tenerla entre sus brazos y donde él pone el ojo pone la bala.

Axel Aguilar, no descansará hasta volver loca a esa salvaje domadora.





Nos leemos.

Kim C.💚