Sacrifice.

Summary

Cada cierto tiempo el pueblo está obligado a ofrecer un sacrificio al rey de los demonios, en esta ocasión la pobre víctima será el joven huérfano del que nadie quiere responsabilizarse, JiMin. KookMin Os

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Única Parte.

—Por favor, no hagan esto —JiMin sollozó tratando vanamente de removerse en su sitio queriendo soltarse del doloroso agarre que mantenían sobre él, no obstante, sólo recibió miradas de desprecio e incluso de repugnancia —. Piedad, les ruego piedad.

—¡Silencio! —gruñó uno de ellos apretando con mayor rudeza el agarre de su brazo, JiMin gimió adolorido —. Eres la mejor opción, muchacho bastardo, sólo déjate arrastrar a la muerte.

—¡No, por favor! —aun cuando gritaba con todas sus fuerzas sacudiendo su malherido cuerpo para evitar lo que ya sabía que sucedería, no tuvo éxito alguno.

Lo tenían atado de manos y pies arrastrándolo como si su vida no valiera absolutamente nada, como si él fuera simplemente una abominación, un estorbo, tal vez en parte lo era... al menos para el pueblo. JiMin tenía sólo dieciocho años cuando los pueblerinos decidieron que él sería el nuevo sacrificio del rey; no estaba del todo seguro de qué significaba eso, de lo que sí tenía certeza es que, no regresaría.

Justo como el resto de sacrificios anteriores a él tampoco lo habían hecho.

—¡Basta, JiMin! —una patada fue dirigida a su estómago con tal rudeza que le hizo soltar un resoplido de dolor agudo —. ¿Qué acaso eres tan egoísta para no pensar en el pueblo? ¡Tu sacrificio nos mantendrá a salvo a todos!

—No quiero ser el sacrificio de nadie —se quejó en un susurro inaudible, aun así, si lo hubiesen escuchado lo hubiesen ignorado —. Déjenme ir, se los ruego.

—Joder con este muchacho —musitó otro de ellos empujándolo, JiMin soltó otra queja —. Serás un héroe para el pueblo JiMin, piénsalo bien.

JiMin no quería pensar nada de eso, no deseaba ser un héroe si eso significaba el trato que estaba recibiendo en ese momento. Él sabía que eran palabras vacías, esperaban convencerlo de que ser sacrificado por el bienestar del pueblo era un acto valiente y heroico, entonces...

¿Por qué no se sacrificaba uno de ellos en su lugar?

Era clara la respuesta, eso sólo aumentaba el malestar y dolor en el roto corazón del jovencito. JiMin había intentado cientos de veces ser útil para el pueblo, buscaba formar parte de ellos, que lo vieran como alguien que podría ayudarles.

No creyó que lo usarían de este modo.

—¡Basta, por favor! —volvió a gimotear, su cuerpo se sentía terriblemente herido con las piedrecitas que lo golpeaban sobre el suelo —. ¡Me están lastimando!

—Por todos los dioses JiMin, cállate o te meteré un trapo en la maldita boca —gruñó el primer hombre, su mirada llena de desprecio y repugnancia hizo que el rubio se encogiera en su sitio tratando sin éxito alguno de protegerse del sujeto —. Ha sido por voto popular, muchacho, es tu destino servir para el pueblo.

Patrañas. Pensó.

Entre gruñidos, insultos, golpes y más, lograron sacar a JiMin en la zona usual donde solían dejar a los sacrificios.

JiMin observó aterrorizado aquella estaca de madera clavada en la tierra infértil que, dejaba una imagen lúgubre y escalofriante a la entrada del bosque. Soltó un sollozo lastimero cuando, sin delicadeza, lo tomaron de los brazos dispuestos a atarlo en la estaca.

—¡No pueden hacerme esto! ¡se los suplico, por los dioses que nos ven, no lo hagan! —gritó lleno de dolor sacudiendo sus brazos queriendo evitar a toda costa que lo abandonaran —. ¡Por favor!

Un gemido estrangulado de dolor salió desde el interior de su estómago cuando otra patada fue dada allí, sus ojos llenos de lágrimas se cerraron con cansancio mientras su respiración irregular le provocaba náuseas, no tenía fuerzas para luchar más.

Estaba agotado…

—Maldita escoria —musitó uno de ellos, escupiendo en el suelo a un lado de su malherido cuerpo —. Prosigue con ello, San.

—Si —el hombre secó el sudor de su frente observando el bosque con atención, la oscuridad predominaba en bastantes áreas haciéndolo mucho más turbio —. Oh rey de los demonios, tú que gobiernas sobre este extenso bosque y nos permites vivir protegidos de los agresores, toma esta ofrenda como muestra de agradecimiento por tu protección y clemencia para con nosotros. ¡Larga vida al rey!

—¡Larga vida al rey! —exclamaron en coro, sus dos acompañantes.

JiMin soltó un bajo sollozo sin atreverse a abrir los ojos, quería creer que todo era una maldita pesadilla, que nada de eso le estaba sucediendo realmente a él, que la gente del pueblo no podía odiarlo tanto para despreciar su vida de ese modo.

Aún más cuando era una fecha tan importante para él.

Su cumpleaños.

Los tres hombres le dieron una última mirada llena de repulsión y desprecio antes de correr lejos de aquella área, todavía estaban en la entrada del bosque, sin embargo, no tenían permitido presenciar al rey llevándose las ofrendas ofrecidas por los pueblerinos.

Los pasos dejaron de resonar, el silencio pareció caer sobre él de manera densa y pesada. JiMin se sacudió en un escalofrío de temor e incertidumbre abriendo lentamente los ojos para mirar su alrededor, recogió las piernas cerca de su cuerpo ignorando deliberadamente las heridas que punzaban gracias al mal trato que le dieron mientras lo arrastraban por el suelo sin cuidado alguno.

—¿Por qué a mí? —susurró con voz rota encogiéndose aún más, tratando vanamente de protegerse del frío y el dolor de su roto corazón —. ¿Por qué yo?

—¿Por qué tú? —una suave voz tarareó divertida en medio de sus sollozos, JiMin alzó la cabeza inmediatamente con ojos amplios distinguiendo una figura oscura a unos pasos de él de pie —. Es una excelente pregunta, angeláki[1].

JiMin frunció el ceño confundido con la última palabra tarareada, la figura tenía un timbre de voz seductor que ponía los vellos de su cuerpo erizados automáticamente llenos de placer. No entendía su extraña reacción, pero le asustaba y mucho.

—¿Quién está ahí? —preguntó, estrechando sus ojos tratando de distinguir mejor la sombra, esta no se movía —. ¿Hola?

—Aquí estoy, angeláki —tarareó de nueva cuenta, JiMin se estremeció tímido, una ronca risa profunda brotó de la figura —. Este no es un lugar para criaturas preciosas como tú, angeláki.

—¿Ange…? ¿Qué? —su lengua se enredó de manera vergonzosa tratando de pronunciar aquella extraña palabra, la figura volvió a reír —. ¿Qué es eso?

—Tú —contestó con simpleza, JiMin abrió los ojos de manera amplia soltando un sonoro grito cuando repentinamente la figura apareció frente a sus ojos —. ¿Te he asustado, angeláki?

JiMin negó frenéticamente con la cabeza, incapaz de formular una oración coherente. Su boca se negaba a moverse asustado de lo que podría suceder si enojaba al ente por su descortesía.

¿Era este el rey demonio o uno de sus siervos?

¿El rey tendría siervos trabajando para él?

Las leyendas e historias decían que era un ser solitario, pero JiMin consideraba que alguien de su calibre tendría servidumbre que le sirviera. Parecía etéreo con su rostro cincelado, era simplemente hermoso.

Sus ojos grandes de un azul profundo muy claro eran intimidantes, se movían lentamente sobre su rostro cómo si lo estuviese estudiando. Tal vez pensaría que JiMin era insípido o simple, se lo habían dicho en cientos de ocasiones los jóvenes del pueblo. Su cabello estaba oculto entre las sombras, pero parecía ser de un azabache profundo con motas azules que brillaban con los pocos rayos que la luna les daba en aquel tétrico espacio, su mandíbula se veía fuerte, sus pómulos altos, su nariz pronunciada enmarcaba de forma única su rostro, con finas cejas oscuras que estaban fruncidas en una mueca de concentración y labios finos, delgados y rosados.

Definitivamente, era simplemente hermoso.

—Pareces asustado —dijo después de un largo silencio, JiMin no supo qué decir al respecto —. ¿Te ha comido la lengua el demonio, angeláki?

JiMin se estremeció involuntariamente por la nota burlona en su suave voz, sus ojos azules se estrecharon detrás de él como si hasta ese momento fuera consciente de dónde se hallaba. El color pareció oscurecerse dándole un aspecto salvaje y peligroso a sus grandes ojos que puso nervioso a JiMin, un sollozo salió sin querer de sus labios.

—Por favor… —susurró, era evidente que el ser había visto la estaca detrás de su cuerpo.

—¿Qué, angeláki? —musitó desapareciendo de su vista, el jovencito sintió la espesa respiración del ser tras su espalda. Un suspiro de sorpresa escapó de sus labios ante una sutil caricia en sus brazos atados —. ¿Por favor, qué? —repitió en un tono un poco más duro.

JiMin volvió a sollozar. —No quiero morir.

Sus palabras fueron el susurro más inaudible que pudo conseguir soltar, temía de alguna forma u otra ofender a la figura que paseaba a su alrededor con tanta libertad sin una pizca de temor en sus movimientos, como si él perteneciera al bosque.

O tal vez, el bosque le pertenecía a él…

—¿Morir? —la diversión brillaba en sus palabras, JiMin giró ligeramente la cabeza al sentir que la cuerda desaparecía de sus manos —. La muerte es algo subjetivo, angeláki.

—¿Qué significa eso? —sus ojos se encontraron con los azules profundo del ente, una sonrisa ladeada y sensual resplandeció sobre los delgados labios de la figura. JiMin sintió sus mejillas sonrojarse, intimidado —. No entiendo a qué te refieres, señor ente.

—Señor ente —repitió en otro tarareó burlón ignorando sus dudas, JiMin hizo un pequeño puchero por ello. El ser lo tomó de la mandíbula, su piel era tibia comparada con la de JiMin que se sentía fría como el hielo —. Estás congelado, angeláki.

—Hace frío —respondió en voz suave, por supuesto, estaba comenzando el invierno, para sobrevivir al fuerte clima y esperar que las cosechas duren en tal temporada sacrificaban en esas fechas —. Tengo frío —reiteró.

Los ojos azules brillaron ligeramente por unos segundos, JiMin no apartó la mirada de ellos completamente embelesado por lo hermosos que eran. La mano del ente acariciaba dulcemente su mandíbula provocándole somnolencia, hacía demasiados años atrás no recibía caricias tan tiernas.

De repente ya no tenía más frío.

—Descansa, angeláki. Yo te cuido —fue el último tarareo que escuchó del ser antes de que sus ojos se cerraran con pesadez.

El ser lo observó fijamente dormir entre sus brazos, la piel de oso que lo protegía del terrible frío se veía enorme en comparación a su pequeño tamaño. Para ser un jovencito estaba algo delgado y pequeño, sin embargo, nunca había visto una criatura con una belleza tan singular como la de él.

Sus rubios cabellos parecían oro puro, casi como si un ángel hubiese decidido procrear en la tierra dándole vida a la divina criatura que se acurrucaba en busca de calor y consuelo entre sus brazos. Sus esferas avellanas brillaban preciosas compitiendo con las estrellas del manto oscuro que colgaba arriba de ellos, sus pomposos y carnosos labios se veían tentadores como nada nunca antes le había parecido; su pequeña nariz de botón complementaba su imagen angelical.

Él era simplemente hermoso.

Y se lo habían ofrecido como sacrificio.

Su mandíbula se tensó molesta arrastrando con dificultad su mirada lejos de la divina criatura para llevarla a la entrada del bosque. Del otro lado, la pequeña aldea daría inicio a la celebración anual de las ofrendas a su persona, él nunca había tenido problemas con tomar los sacrificios que dejaban para él; aquellas almas pobres y poco brillantes le servían como combustible para sus siervos.

Normalmente, él nunca iba por ellos, permitía que cada año uno de sus cuatro seguidores recibiera la ofrenda. Él no la necesitaba, no le servía, y tampoco le gustaba. Sin embargo, aquel año había sentido la terrible necesidad de ir él mismo al bosque para ver la ofrenda que le ofrecerían. Sus siervos lo habían observado con confusión e incertidumbre y él los comprendía.

Llevaba décadas desde que las ofrendas habían comenzado, negándose a reclamar una. No había podido desistir de esta, y, menos mal había ido. No podía imaginar a tan preciosa criatura ser devorada por uno de sus siervos.

Los adoraba, pero los asesinaría con sus propias manos si aquello sucediera. El sólo pensamiento lo ponía incluso al límite.

Aquello le pareció aterrador como excitante.

¿Quién era esa criatura tan hermosa?

Lo averiguaría.

Levantándose del suelo con el rubio en brazos, mantuvo su mirada fija sobre la celebración del pueblo. Una parte de él quería destrozarlos a todos y cada uno de ellos por haber sacrificado a tan hermosa criatura, no obstante, la otra parte de él se sentía agradecida.

Ahora el rubio le pertenecía.

Con aquel último pensamiento, se teletransportó a su hogar, específicamente, a su habitación.

Las velas se encendieron en cuanto sintieron su presencia, sus ojos azules repasaron nuevamente a la hermosa criatura maravillándose cada vez más de su sublime belleza. Era claro que, cualquier demonio se arrodillaría frente a él con devoción, él más que nadie quería darle su devoción.

Suspiró, él era un rey… no podría hacer eso, sin embargo, había algo que si podría hacer y era tener un cónyuge. Con una suave sonrisa por su reciente decisión, posicionó dulcemente al rubio sobre su cama cubriéndolo mejor con la piel de oso.

—Te ves perfecto en mi cama, angeláki —susurró peinando con dedos tiernos los cabellos color oro de la bella criatura —. Perfecto para mí.

Sus ojos se dirigieron a la entrada de su habitación, un suspiro lleno de irritación brotó de él. Dándole una última mirada al rubio caminó hacía la puerta saliendo de allí justo a tiempo para ver a sus cuatro fieles aparecer en el inicio del pasillo.

—¡JK! —la amplia sonrisa cuadrada del guerrero pelirrojo hizo que sus labios se fruncieran en una mueca malhumorada —. Hombre, ¿por qué tan gruñón?

—Huele dulce —musitó otro de ellos con voz suave y perezosa, sus ojos amatistas[2] brillando sobre él curiosos, JK se tensó en su sitio —. Proviene de ti ese aroma —el tono morado brilló intenso mientras agudizaba la mirada sobre él —. Casi como el amor.

—¿Amor? —se burló el tercero, JK suspiró —. JK no sabe lo que es el amor, son cosas de gente blanda, como V.

—¡Oye! —rugió el pelirrojo enseñándole sus colmillos, el hombre sonrió burlón encogiéndose de hombros —. No te metas con mi Seok o te partiré los brazos.

—¿Por qué los brazos? —preguntó el último, su cuerpo flotaba sobre la esponjosa nube mientras sus ojos ámbar resplandecían perezosos —. Podrías partirlo por completo.

El hombre frunció el ceño. —¿Qué demonios Hee? Soy tu hermano mayor.

—Tú empezaste Gyu —murmuró acomodándose mejor sobre la nube, JK rodó los ojos —. Estoy de acuerdo con Wonnie, JK huele a amor… me recuerda a mi Jake.

Beomgyu y Taehyung miraron fijamente a JK frunciendo la nariz como si quisieran olfatearlo. JK se sacudió molesto chasqueando los dedos para llevarlos a otra área del castillo, Jungwon peinó sus cabellos blancos hacía atrás caminando hasta el sillón de la sala dejándose caer con gracia sobre él. Taehyung se recostó en la pared de la entrada junto a Beomgyu mientras Heeseung flotaba por el alrededor aparentemente dormido.

—Escuchen… —comenzó con voz estrangulada, no tenía idea de cómo explicarles la situación sin que quisieran meter la cucharada en sus asuntos. Podían ser sus fieles, pero no tenían un gramo de respeto por su privacidad —. No quiero que se acerquen a mi habitación, es una orden.

—¿Una orden? —Jungwon frunció el ceño, sus ojos amatistas se aclararon ligeramente —. ¿Qué has hecho, JK?

—No es asunto de ustedes, quiero que se encarguen de sus cosas y me dejen en paz —declaró toscamente.

Taehyung y Beomgyu compartieron una mirada extrañada antes de posarla sobre el rey con total curiosidad.

—¿Nos estás queriendo ocultar algo? —preguntó el pelirrojo, sus esferas esmeraldas resplandecieron maldadosas —. Podría colarme sin que te des cuenta.

—Te romperé las piernas donde lo intentes —gruñó con el malhumor exudando fuertemente de él, Taehyung suspiró en un encogimiento casual —. Hablo enserio; V, Gyu, Hee, Wonnie, los quiero lejos de mi habitación hasta nueva orden.

—Sí, rey —dijeron los cuatro al tiempo, aun cuando Heeseung dormía cómodamente sobre su nube.

JK los miró uno a uno queriendo de ese modo enfatizar por completo que era una orden sumamente seria, cuando ninguno de ellos flaqueó o pareció tener intenciones de desobedecerlo dio un burdo asentimiento desapareciendo de la sala dejando a los cuatro seres allí.

—¿Qué creen que trajo, JK? —preguntó Beomgyu peinando sus cabellos cobrizos hacía atrás, sus ojos rojos brillaban completamente animados con la curiosidad carcomiéndolos.

—Sea lo que sea no nos quiere cerca de ello —comentó Jungwon con tono meloso, el color amatista cambió ligeramente ante un parpadeo —. Creo que nuestro JK se ha enamorado de alguna criatura.

Heeseung tarareó dormido. —Es probable que tenga que ver con el sacrificio, este año le tocaba a V.

—Joder si —se quejó el pelirrojo —. Mi lobo quería despedazar algo —rugió enérgico saltando sobre su lugar —. Órdenes son órdenes, es mejor no molestar a JK.

Los tres hermanos asintieron de acuerdo con él.

—¡Bien! —aulló extasiado sacudiendo sus cabellos rojizos —. Creo que iré a correr, si Seok se despierta avísame —comentó en dirección a Heeseung, el ser levantó su pulgar arriba —. ¿Quieres venir, Gyu?

—Está bien —el pálido se separó de la pared con un resoplido —. Necesito buscar alimento.

Taehyung silbó. —Hasta aquí siento tu hedor de hambre, chupasangre.

Beomgyu gruñó ignorando al pelirrojo para caminar fuera de la habitación, Taehyung soltó una carcajada siguiendo al menor en dirección al bosque. Jungwon soltó un suspiro aun peinando sus cabellos blancos delicadamente, Heeseung bostezó abriendo los ojos para mirar al menor; se veía ausente y pensativo.

—Espero que no estés pensando en espiar a JK, se enojará muchísimo si lo haces —musitó con voz ronca estirándose sobre su nube.

Jungwon le miró. —Duérmete, Nefilim[3].

Heeseung sonrió. —Sabes, pequeño íncubo[4], deberías tener cuidado en cómo me hablas. Soy tu hermano mayor.

—Cómo sea —murmuró levantándose de su sitio para salir de la sala —. ¿No tienes curiosidad acaso?

Heeseung suspiró. —Vete con tu novio Wonnie, deja en paz a JK.

Jungwon refunfuñó entre dientes saliendo de la sala en dirección a su propia habitación. Heeseung sacudió la cabeza, por supuesto que tenía curiosidad, pero él más que nadie sabía lo difícil que era sobrellevar a JK. Podía ser el tercer hermano, pero había vivido más tiempo al lado del rey de lo que sus otros hermanos lo habían hecho.

Era mejor no entrometerse en sus cosas, JK podía ser un hijo de puta terrible cuando se lo proponía; por algo era el rey de los demonios.




JiMin parpadeó un par de veces sintiendo sus ojos pesados gracias al largo sueño que había tenido; se sentía descansado, cómodo, abrigado y sobre todo… protegido.

Llevaba años sin tener una buena noche de sueño, usualmente, en el pueblo, debía trabajar hasta entrada la madrugada para poder recibir en la mañana su ración de alimento diario. Lo obligaban a recoger el excremento de todas las casas, a talar madera y amontonarla e incluso a recoger las cenizas de las fogatas anteriores.

Tardaba horas en hacer todo eso y al final de la noche, podía tomar una pequeña ducha en el poso de agua que habían creado especialmente para él; por supuesto, después de una larga madrugada trabajando lo mínimo que quería era una ducha y su cama. No obstante, solía dormir como mucho tres horas antes de que la actividad en el pueblo lo obligara a despertar.

Girando sobre el colchón, se dio cuenta de lo suave y esponjoso que se sentía bajo él. No era nada comparado a su cama en su pequeña cabaña a las afueras del pueblo, soltando un bostezó, finalmente logró mantener sus ojos abiertos percatándose de un pequeño detalle.

No estaba en su casa.

Se sentó de golpe mirando la habitación con ojos amplios y asustadizos, la habitación era hermosa, eso no iba a negarlo. Aun así, no tenía ni idea de donde se encontraba, girando la cabeza notó al ente del bosque sentado cómodamente en una silla de aspecto redondo mirándolo fijamente, sus ojos azules brillaban en contraste con su tostada piel y sus cabellos azabaches. JiMin se sonrojó cuando una sonrisa ladina y coqueta se posó sobre los labios del hermoso ser.

—Veo que necesitabas dormir, angeláki —murmuró sin moverse de su sitio, JiMin apretó las pieles bajo su mano dando un leve movimiento de cabeza —. ¿Dormiste bien?

—Perfectamente… —susurró, el ser estrechó los ojos hacía él por un par de segundos antes de asentir con satisfacción —. ¿Dónde estamos?

—En mi casa, por supuesto —dijo sin tono, JiMin apretó los labios corriendo una vez más su mirada por la habitación —. Justo como piensas, es mi habitación.

—¿Es esta su cama? —gimoteó avergonzado acariciando las deliciosas almohadas de plumas, el ser asintió manteniendo una ligera sonrisa en su rostro —. Oh por todos los dioses, lo lamento… —JiMin soltó un grito completamente sorprendido por el inesperado peso sobre su cuerpo, el ser estaba encima de él mirándole con ojos brillantes y oscuros.

—Aquí no hay dioses, angeláki —musitó en tono ácido y duro, JiMin suspiró temblorosamente incapaz de apartar la mirada de él —. Sólo demonios…

—Demonios —repitió en tono estrangulado, el ente tarareó sonriendo de una manera depredadora —. ¿Es usted su rey?

—Así es —alejándose de su cuerpo, le permitió volver a sentarse cómodamente sobre la cama —. Puedes estar en la cama, dormirás ahí a partir de ahora.

—¿Aquí? —el ser asintió alejándose lentamente de la cama para volver a su lugar, JiMin parpadeó confundido —. Me temo que no… no entiendo, ¿puede explicarme, por favor?

Sus cabellos azabaches se balancearon cuando ladeó la cabeza. —¿Qué es lo que no entiendes, angeláki?

JiMin se sonrojó. —Dice que dormiré aquí —el rey asintió cruzándose de brazos —. En su habitación —reiteró, recibiendo otro asentimiento de su parte —. ¿No soy… su sacrificio?

El rey soltó un suspiro largo y tendido como si hubiese estado esperando aquella pregunta, JiMin se encogió sobre su sitio preocupado de haber hecho enojar al ser.

—No tomo ningún sacrificio, angeláki, mis siervos los toman —declaró en tono aburrido, JiMin hizo una mueca confundida que enterneció al ente —. En pocas palabras, ibas a ser alimento para ellos, pero he decidido que serás mío.

—¿Suyo? —el azabache tarareó con un asentimiento, JiMin se sintió repentinamente acalorado, mareado con las implicaciones —. ¿Su alimento?

—¿Qué? —su ceño se frunció mientras sus ojos azules se oscurecían molestos, JiMin soltó un lloriqueo bajo por ello —. No debes temer de mí, angeláki, no voy a dañarte. Eres mío, de mi propiedad.

JiMin no sabía qué decir al respecto, se sentía ligeramente incrédulo. Aparentemente el rey lo sabía, con una brusca exhalación caminó hacía la cama sentándose frente a él tomando sus manos juntas, el calor que irradiaba de la piel del precioso ser tenía a JiMin sintiéndose sediento de su maravilloso toque.

Tantos años sin alguien que le brindara tal calor.

—Vas a quedarte aquí conmigo, me conocerás y yo te conoceré, entonces sabrás que no hay nada que temer de mí. No tú, angeláki —sus miradas se encontraron, los brillantes ojos azules le miraban con algo indescifrable para JiMin que, a su vez, se le hacía entrañable y cálido. Asintió lentamente a las palabras del rey —. Está decidido, pasarás conmigo todo el tiempo, ¿necesitas de algo? Sé que los humanos requieren alimento.

—¿Usted no come, rey? —el ser hizo una mueca, JiMin se encogió nuevamente —. ¿Dije algo malo? ¿no debería entrometerme en sus cosas? Lo siento mucho rey, no quería ofenderlo ni nada por el estilo, sólo me dio curiosidad saber si un ser como usted…

—Hey, hey… —tarareó interrumpiendo su extraña verborrea, JiMin se silenció inmediatamente —. No me gusta que me llames rey, puedes decirme JK.

JiMin parpadeó con ojos grandes. —¿JK? ¿Por qué JK?

—Soy Jungkook, mis fieles me dicen JK —murmuró todavía con sus manos acariciando las pequeñas del humano —. ¿Cuál es tu nombre?

JiMin soltó un suspiro, tímido. —JiMin.

Angeláki te queda mejor —JiMin volvió a sonrojarse —. En algún momento sabrás su significado.

—Está bien, entonces, ¿debo decirle JK?

Jungkook hizo una mueca. —Dime como te sientas cómodo, y por favor, deja de tratarme de usted.

—Jungkook… —el rey asintió lentamente prestándole atención de manera fija con su mirada aun brillando —. Me gusta más Jungkook, si no es problema para us… —sonrió todavía tímido cuando Jungkook estrechó los ojos sobre él —. Para ti, si no es problema para ti.

Una amplia sonrisa se extendió en el hermoso rostro del rey demonio. —No lo es, angeláki. Puedes llamarme Jungkook.

El silencio se extendió por un par de segundos sobre ellos, JiMin hasta ese momento recordó el motivo de los sacrificios, su estómago se cerró en un nudo ansioso alejando su mirada del etéreo rostro del ente frente a él. Jungkook parpadeó confundido inclinándose más cerca de la hermosa criatura.

—¿Qué sucede, angeláki? —JiMin mordió su labio inferior, dudoso de preguntar —. Puedes decirme lo que quieras, no voy a enojarme contigo.

—Yo… —carraspeó cuando su voz se quebró ligeramente, Jungkook asintió animándolo a hablar —. Mi pueblo… —el rostro de Jungkook se endureció ante la mención de su aldea —. ¿Qué sucederá con ellos?

Jungkook le miró fijamente antes de levantarse de la cama. —Iré a pedirle a Seokjin que prepare algo de cenar para ti, necesito alimentar a mi sýzygos[5].

—¿Tú qué? —Jungkook le sonrió cerca de la puerta —. ¿Qué significa?

—Lo sabrás pronto, angeláki —con esas palabras desapareció frente a sus ojos, JiMin parpadeó consternado un par de veces.

Estaba relativamente incrédulo sobre los acontecimientos recientes. ¿Realmente se había salvado de ser sacrificado? ¿por qué Jungkook no quiso hablar sobre su aldea? ¿habría acabado con ellos por mantenerlo vivo a él? ¿tal vez la desgracia caería sobre su pueblo? ¿era enserio el rey de los demonios? ¿por qué lo había reclamado como de su propiedad?

Tenía tantas preguntas en su cabeza y ni una sola respuesta coherente que pudiera satisfacerlo de verdad. No sabía qué pensar de la situación, pero algo que tenía claro es que no desperdiciaría la oportunidad de vivir. Si el rey demonio quería quedárselo como premio, entonces, JiMin lo aceptaría con gratitud, después de todo, el rey había sido tan amable con él como nadie nunca lo fue.

Eso era todo lo que JiMin quería y necesitaba.

Con eso en mente, volvió a recostarse en la cama a la espera de que el rey regresara junto a él, podría estar enloqueciendo, podría estar buscando salidas, pero con honestidad…

¿Debería hacerlo? ¿a dónde iría?

Tal vez el rey no quería que su tierna carne humana se pusiera rígida por el estrés, tal vez lo atendía dignamente para luego comerlo con gusto, tal vez todo era una vil jugarreta. No trataría de entender la situación, disfrutaría del momento hasta que llegara su hora.

Merecía unos minutos de paz interior.




Beomgyu caminaba junto a su pareja en una charla animada cuando vieron a Riki de pie a unos metros recostado en el muro con una sonrisa divertida plantada en su rostro. La pareja se miró por unos instantes dirigiendo automáticamente sus pasos hacía el íncubo consorte de Jungwon, Riki giró a verlos en cuanto sintió la intensa presencia del vampiro.

—Hey —saludó Taehyun con una carismática sonrisa, Riki asintió en su dirección —. ¿Qué haces ahí de pie?

—Observo —su cabeza se movió en la antigua dirección, los dos hombres hicieron lo mismo viendo a lo lejos en el bosque, un hombre sentado en el suelo rodeado de enormes bolas de nieve —. El rey JK ha estado toda la mañana con él.

Beomgyu parpadeó completamente estupefacto inclinándose un poco más cerca de la vista.

Un humano. Pensó.

De cabellos rubios y ojos tiernos, cubierto desde la cabeza hasta los pies con ropajes para protegerlo del frío invierno. Sus manos moldeaban algo en una de las grandes bolas de nieve, Beomgyu ladeó la cabeza cuando observó incrédulo a JK aparecer junto al humano cargando otra bola de nieve entre sus brazos, el humano sonrió ampliamente en dirección al rey musitando algunas cosas inentendibles para ellos, el rey dejó la enorme bola de nieve a un lado acuclillándose a la altura del humano para acariciar su mejilla con ternura.

—¿Qué demonios? —susurró abriendo los ojos a más no poder, sorprendido de ver a su rey actuar tan dulcemente con un humano —. ¿JK de verdad está…?

—Wonnie dice que el aroma del rey JK se ha ido espesando con el paso de los días, estás últimas semanas su denso aroma especiado ha tenido a Wonnie trabajando el doble para mantener a los demonios sexuales en orden —parecía divertido mientras relataba lo acontecido, todos seguían observando la tierna escena —. Iba para el calabozo trece cuando lo vi.

—Jodido infierno —susurró Taehyun, Beomgyu asintió todavía en shock —. ¿Alguien más lo ha visto?

Riki negó. —No, pero Seokjin dijo que, el rey JK lo tiene cocinando todos los días platillos humanos.

Taehyun frunció el ceño. —Ninguno de los consortes es humano ya.

—Él es humano —señaló Beomgyu, Riki y Taehyun le miraron, sus ojos rojos brillaban sobre el rubio —. Puedo oler su sangre desde aquí, pero también puedo oler a JK sobre él.

—¿Una marca de olor? —Beomgyu asintió —. ¿Cómo?

—JK debe expedirlo, no siento ninguna ancla sexual entre ellos, aunque ambos expiden muchas feromonas —comentó Riki —. Se desean mutuamente, pero como no se han tenido, debe ser eso lo que tiene a los demonios sexuales tan alterados.

Taehyun rio entre dientes. —Al menos ningún hijo de Gyu lo ha olido, ni siquiera Gyu lo había olido.

—No —Beomgyu se cruzó de brazos —. El aroma de JK es tan fuerte que pasa desapercibido su aroma humano.

—Lo está protegiendo —los tres giraron en dirección a Jungwon, sus ojos amatistas brillaban de un morado profundo. Caminó hasta estar cerca de ellos inclinándose para ver la escena —. JK huele a enamorado al igual que el humano.

—Amor… —Beomgyu pujó manteniendo la incredulidad en su tono mirando nuevamente la escena. El humano ahora estaba sobre la espalda de su rey mientras este les daba vueltas, había una nube de nieve sobre ellos que dejaba caer copos llenos de magia haciendo bailar a todos los muñecos de nieve que el humano había estado haciendo —. No pensé vivir para ver a nuestro rey enamorarse.

—Ni yo —admitió Jungwon, su sonrisa fue suave remarcando sus hoyuelos —. Pero lo entiendo.

—¿Qué entiendes, tesoro? —Riki le miró con duda, Jungwon sacudió la cabeza lentamente —. ¿Qué?

—No es nada, vamos bebé, tenemos mucho qué hacer con los demonios.

Riki asintió dejando el tema de lado tomando la mano de su cónyuge, se despidieron ambos de la otra pareja quiénes observaban todavía la preciosa escena.

—El rey JK se ve feliz —musitó Taehyun con su permanente sonrisa puesta en su rostro —. Nunca lo había visto sonreír de ese modo.

Beomgyu asintió lentamente. —Ni yo amor, ni yo.

Tomando la mano de su amante, se empinó dejando un sutil beso en sus labios para comenzar a alejarse de allí. Estaban seguros de que fueran como fueran las cosas, todos adorarían al humano porque todos querían la felicidad del rey demonio.

Un rey que les había dado cobijo, alimento, protección y sobre todo un hogar lleno de amor y estabilidad para poder tomar una segunda oportunidad en la vida sirviéndoles de por vida, pero con la opción de ser felices.

Jungkook levantó la mirada hacía la ventana soltando un suspiro al darse cuenta de que iba siendo hora de presentarles a su pequeño pedacito de paraíso.

¿Gukkie? —giró la cabeza notando la mirada avellana brillar preocupada en su dirección —. ¿Sucede algo?

—No, angeláki, no es nada —moviendo al mortal entre sus brazos para tenerlo de frente vio sus adorables mofletes sonrojarse aún más y no debido al frío, sonrió inclinándose sobre su rostro para besarle la comisura. JiMin le sonrió ampliamente —. ¿Tienes hambre, sýzygos?

—Un poco, ¿crees que Seokie pueda hacer algo de tteok? —Jungkook asintió comenzando a caminar dejando que los muñecos de nieve se fueran bailando por el bosque —. Hace mucho frío y quiero algo caliente.

—Seguro que sí, angeláki, debe estar en la cocina como siempre —JiMin se abrazó a su cuello de forma tímida recostando la cabeza en su hombro —. ¿Estás cansado?

—Un poco —susurró, su voz suave le provocó un escalofrío de placer en el cuello, Jungkook apretó los dientes ignorando su deseo de consumir al humano —. ¿Estás bien, Gukkie?

Gukkie.

Como adoraba el tierno apodo del humano.

—Sí, angeláki, no te preocupes por mi —Jungkook arrastró su azulada mirada a la avellana del mortal. Sus esferas avellanas estaban empapadas de preocupación —. Está todo bien.

—Anoche no dormiste conmigo de nuevo, me hiciste falta —susurró nuevamente apretando su agarre sobre su cuello, Jungkook hizo una mueca —. Lo siento.

—No, no, yo lo siento, angeláki… necesitaba resolver unos asuntos —JiMin permaneció en silencio mientras ingresaban por la entrada principal en dirección a la gran cocina —. Hoy dormiré contigo, sýzygos. No te dejaré de nuevo.

—¿Es una promesa?

JiMin tendía a orillarlo a las excesivas promesas, la hermosa criatura humana era demasiado susceptible al sentimiento de abandono; temía de forma constante que Jungkook se agotara de él y decidiera finalmente cumplir con el papel que le habían asignado en principio al humano. Jungkook no tenía ninguna intención de sacrificar a JiMin, cómo le había dicho hace varias semanas atrás, era suyo, y él iba a cuidarlo eternamente.

Sin embargo, comenzaba a ser difícil mantener sus impulsos a raya. Por supuesto, sus fieles tenían consortes que habían abandonado su humanidad para poder pasar la eternidad al lado de sus parejas; Jungkook no quería obligar al humano a hacerlo, quería que él mismo deseara dejar su inútil humanidad para pasar el para siempre a su lado, ayudándole a gobernar entre los infiernos. Esperaba que todas esas semanas estuvieran dando frutos y la maravillosa criatura se estuviese enamorando.

Poco o nada sabía Jungkook sobre el hecho de que JiMin estaba más que dispuesto a estar con él eternamente, su vida en aquella pequeña aldea había sido horrible, cruel y dolorosa. Ahora, parecían tan lejanos los recuerdos de lo que alguna vez fue su vida, terriblemente triste y desoladora para él.

Jungkook lo abarcaba todo en sus pensamientos, en su corazón y en su vida.

—Es una promesa —declaró dándole un dulce apretón a sus muslos, JiMin rio cortamente —. Ahora, vamos a alimentarte, dulce sýzygos.

Entrando a la cocina se encontraron con Seokjin mirando enamorado fijamente a su pareja quién comía de forma obscena y grotesca lo que sea que el antiguo humano le había preparado.

JiMin fue puesto en el suelo escondiéndose tras la enorme figura del rey en cuanto el pelirrojo dejó de comer alzando la mirada hacía ellos. Jungkook soltó un suspiro cansino arrastrando su mirada a Seokjin.

Angeláki quiere tteok, ¿puedes prepararlo? —preguntó en su dirección ignorando la intensa mirada del cambiaformas.

—Por supuesto, rey JK —Seokjin se enderezó en su sitio sonriendo dulcemente —. ¿Quieres ayudarme a cocinar cómo siempre, Minnie?

—¿Angelito? ¿a quién demonios llamas angelito, JK? —Taehyung frunció el ceño confundido, ignorando temporalmente su comida.

Jungkook se apretó el puente de la nariz cuando JiMin jadeó sorprendido. Hasta ahora, no le había explicado qué significa angeláki ni sýzygos.

Genial. Pensó malhumorado.

—¿Angelito? —JiMin dejó la timidez de lado plantándose frente al rey demonio, Jungkook le miró inmediatamente. El rubio había puesto las manos sobre su cintura con reproche —. ¿Eso significa angeláki?

—Si —asintió peinando sus cabellos rubios, el gorro había quedado abandonado en algún lugar gracias a su jugarreta —. ¿No te gusta el significado?

JiMin se sonrojó ligeramente desinflándose en su sitio, la timidez regresó a él apartando su mirada de la intensa azulada del rey.

—Me encanta —admitió en voz tan suave que parecía un arrullo, Jungkook ladeó la cabeza esperando por más —. Sólo es curioso que me digas ángel, pensé que no te gustaban las cosas celestiales.

Jungkook sonrió. —Hee me patearía el culo si no quisiera las cosas celestiales, después de todo, él es mitad ángel.

Taehyung observó al humano con ojo crítico, notando la brillante mirada del rey sobre él con su suave sonrisa. Poco a poco las piezas del rompecabezas fueron encajando en su mente hasta que el bombillo se iluminó sobre su cabeza.

Brincó en su lugar abriendo sus ojos verdes ampliamente.

—Oh jodido infierno, ¡Es el humano de la ofrenda! —chilló, JiMin giró a verlo con enormes ojos empapados de terror —. ¿Esa hubiese sido el alma destinada para mi alimentación? —sus ojos verdes se veían incrédulos recorriendo con la mirada al humano —. ¡No me hubiese alcanzado ni como aperitivo!

Jungkook blanqueó los ojos. —No es tuyo, es mío perro estúpido. Y no lo asustes o electrocutaré tu apestoso culo.

Taehyung boqueó ofendido. —¡Mi culo no apesta!

—¿Perro? —Jungkook ignoró los lloriqueos de Taehyung observando al humano, asintió —. ¿Es un… perro?

—Soy un cambiaformas, humano, el Alfa de los cambiaformas y soy el primer comandante del ejército del rey demonio —declaró con indignación —. Mi forma es un lobo sagrado.

—Oh, entonces no es un perro, Gukkie.

—¿Gukkie? —preguntaron al tiempo Seokjin y Taehyung, el de cabellos castaños había comenzado a moverse por la cocina preparando las cosas que necesitaría para el tteok de JiMin.

—Yo soy Gukkie, pero sólo angeláki puede decirme de ese modo —sus ojos azules se opacaron dándole un aspecto aterrador —. Me llaman de ese modo y juro que los mandaré al séptimo calabozo.

—¿Hay calabozos aquí? —Jungkook asintió acercando a su cuerpo el del rubio —. ¿Para qué son?

—No creo que quieras saber eso, humanito —comentó Taehyung desde su lugar, JiMin le regaló un ceño fruncido dirigiendo su mirada a Seokjin quién hizo una mueca asintiendo lentamente —. Puede ser… un tema difícil para los humanos.

—Oh —JiMin hizo un puchero —. ¿De verdad no puedo saber, Gukkie? —sus esferas avellanas se hicieron grandes casi como la dulce mirada de un ciervo indefenso.

Jungkook asintió lentamente inclinándose sobre el humano para besarle un par de veces. Taehyung y Seokjin observaron con gran admiración y estupefacción el cómo JiMin había conseguido doblegar al rey de los demonios a su antojo con una sola mirada.

—Puedo mostrarte si quieres, sýzygos, pero probablemente sea una imagen muy dura para ti —JiMin hizo un mohín —. Te advierto no más, no quiero tener que acudir a Hee otra vez porque no puedes dormir.

—Un momento, ¿Hee lo conoció antes que yo? —Taehyung ignoró deliberadamente el otro sobrenombre que JK le había dado al humano, JK asintió —. ¡Eso no es justo! ¡Yo soy el primer comandante!

Jungkook blanqueó los ojos. —Tú eres un chismoso de mierda, Hee se ha quedado callado con respecto a mi angeláki, al igual que Jake.

El cambiaformas boqueó sorprendido por eso, incluso el consorte del nefilim conoció al humano antes que él. Era terriblemente indignante. JiMin sonrió por los gestos ofendidos del pelirrojo.

Seokjin decidió regresar a la cocina siendo ayudado por JiMin mientras escuchaban de fondo la infantil discusión del primer comandante del ejército demoniaco y su Rey.




—¿Gukkie? —Jungkook levantó inmediatamente la mirada del mapa sobre la mesa, chasqueó los dedos desapareciendo el esquema en lo que el humano ingresaba a la habitación.

Los cuatro comandantes del ejército demoniaco estaban allí discutiendo sus próximos movimientos con el rey demonio escuchando las diferentes ideas, peticiones y pasos a seguir. JiMin observó a los cuatro hombres, desde que los había conocido todos habían sido bastante animosos con él, incluso sus consortes eran amables y cariñosos; trataban todo el tiempo de integrarlo en los planes cuando Jungkook y sus comandantes tenían cosas que hacer.

Sin embargo, algo llevaba tiempo rondando en su mente que Jungkook había deliberadamente ignorado cada vez que había preguntado por ello, un comentario de Jake le había hecho sentir la incertidumbre crecer en su interior mezclado con la ansiedad por lo que, se había armado de valor para enfrentar al ente.

—¿Qué sucede, Angeláki? —preguntó acercándose a él, los cuatro comandantes se miraron entre sí divertidos por la actitud preocupada del rey demonio —. ¿Te duele algo? ¿necesitas algo?

—No, no —JiMin sonrió dejándose cargar del ser, Jungkook había adoptado aquella extraña costumbre de llevarlo en brazos siempre que podía o le apetecía —. Yo… quiero hablar contigo.

Jungkook se tensó irremediablemente estudiándolo con sus profundos ojos azules, JiMin trató de sostenerle la mirada esperando que con eso el rey demonio entendiera que era serio el tema.

—De acuerdo —asintió lentamente girando en su sitio para mirar a los cuatro comandantes —. Seguiremos con la reunión más tarde, largo.

Heeseung soltó una pequeña risotada dirigiendo su esponjosa nube hacía ellos, los demás le siguieron de cerca con muecas burlonas saliendo uno por uno de la habitación dejándolos solos. Jungkook los dirigió a la pequeña sala tomando asiento en el sillón. JiMin se acomodó sobre sus piernas quedando frente a frente para la conversación; su corazón se aceleró ansioso por el tema.

—¿De qué quieres hablar, angeláki? —Jungkook comenzó a repartir suaves caricias sobre su espalda.

JiMin inmediatamente se relajó. —Quiero saber qué sucedió con mi pueblo… —la mano de Jungkook se detuvo por medio segundo antes de continuar con sus caricias como si nada, JiMin conocía muy bien al rey demonio para percatarse de esos mínimos detalles —. Quiero la verdad, Gukkie.

—¿La verdad? —JiMin asintió —. ¿Cuál es la verdad que preguntas, angeláki? ¿estás seguro de estar preparado para ella?

JiMin frunció el ceño. —¿Cómo sabes si lo estoy o no?

—Porque te conozco, angeláki —Jungkook suspiró, sus ojos azules se aclararon un tono al cruzar miradas —. Dudo mucho que, si te cuento te liberes de culpas que no te pertenecen.

Aquello inevitablemente hizo un nudo en su garganta. El comentario de Jake regresó a su mente.


“—Recuerdo que hace un par de meses Hee tuvo que ir a un pueblo cercano junto a sus descendientes para deshacerse de los aldeanos. Fue una orden directa del rey, debieron haber hecho algo realmente malo para que decidiera desaparecerlos por completo.”


JiMin había sentido el vacío en su estómago con la casual charla, por alguna u otra razón siempre terminaban hablando de las actividades del rey demonio cuando conversaban. El rubio había absorbido con animosidad cada cosa que los consortes decían del rey y sus comandantes; hasta ese momento, JiMin no había sabido qué había acontecido con su pueblo, incluso, podría decir que, se había olvidado por completo del tema.

El invierno llegaba nuevamente a esa área del bosque trayéndole recuerdos de lo acontecido hace un largo año atrás. Su vida al lado del rey demonio era maravillosa, pero se había dejado engatusar dulcemente del etéreo ser dejando de lado a la gente que en principio lo había entregado como ofrenda para el ser.

Decidió ignorar las palabras del rey dispuesto a conseguir respuestas verdaderas y concisas.

—Jake dijo que enviaste a Hee a deshacerse de un pueblo —Jungkook le miró fijamente sin inmutarse, su tono de voz era bajo mientras hablaba —. ¿Fue a mi pueblo?

—Si —admitió sin tono todavía mirándole fijamente, JiMin contuvo la respiración —. ¿Te molesta eso, angeláki?

—¿Por qué? —preguntó en cambio, dejando de lado la pregunta del rey, Jungkook ladeó la cabeza paseando su azulada mirada por su rostro en busca de algo que JiMin no estaba seguro de qué era —. ¿Fue por mantenerme vivo?

—¿A qué te refieres con eso, angeláki? —JiMin había dejado pasar el tema hasta que se dio cuenta de la época en la que se encontraban, se percató que constantemente pensaba en su pueblo y en la próxima ofrenda pronta a dar para el rey —. ¿Quieres explicarme?

JiMin sacudió la cabeza apartando la mirada. —Según la leyenda, las ofrendas son para que el rey demonio siga permitiendo que el pueblo viva cerca de su territorio, protegidos y prósperos… —su voz se quebró en la última frase, Jungkook lo acercó un poco más viendo las esferas avellanas brillar gracias a las lágrimas —. ¿Y si no tomabas la ofrenda? ¿qué sucedía con el pueblo?

—Nada —murmuró, JiMin parpadeó un par de veces, algunas lágrimas cayeron involuntarias de sus ojos. Jungkook las limpió con cuidado —. No hubiese sucedido nada porque la leyenda está tergiversada, angeláki.

—¿Qué? —musitó confundido sorbiendo la nariz, Jungkook sonrió —. No entiendo…

—Las ofrendas dieron inicio cuando Gyu tuvo su transformación a vampiro madre —comenzó a explicar el rey demonio en voz suave, le recordó a la primera vez que lo vio cuando lo habían abandonado en el bosque atado a aquella tétrica estaca —. La transformación hizo que el hambre fuera difícil de controlar, se nos escapaba seguido a Tae y a mí buscando alimento —siguió relatando, una sonrisa cariñosa se plantó en sus labios seguramente por el recuerdo —. Los pueblerinos creyeron que los dioses les habían abandonado. En una ocasión, un hombre vengativo decidió llevar a su mujer a la orilla del bosque gritándole al demonio que se escondía en su interior que tomara la ofrenda que él le daba.

JiMin estaba completamente absorto en la historia. —¿Qué hizo Gyu?

—Lo escuchó y la tomó —Jungkook se encogió de hombros ante la mueca aterrorizada de JiMin —. La mujer lo había engañado y él aprovechó al temible demonio para vengarse de ella, unos días después lo entregaron a él como sacrificio para ver si era real la historia que él les había dado, efectivamente, Gyu tomó al hombre.

JiMin jadeó. —¿También lo asesinó?

—Sí, angeláki —una grave risa resonó de su pecho por el puchero del rubio, se inclinó sobre él dejando un suave beso —. Debido a que le habían dado alimento dos días, Gyu no salió del castillo y, por ende, creyeron que los sacrificios funcionaban. Se convirtió en una tradición hasta que Gyu logró controlar su nuevo poder.

—Guau… —susurró, sus esferas avellanas estaban abiertas de par en par —. Eso quiere decir que nunca has tomado una ofrenda.

—No, angeláki. Las tomaban los comandantes, todo ser maldito está condenado a beber sangre. Yo no lo hago, pero ellos disfrutan de hacerlo —se encogió de hombros restándole importancia, JiMin se sonrojó con el pensamiento de Jungkook bebiendo de su sangre. El rey pareció consciente de sus pensamientos, pues sus ojos se oscurecieron en un azul profundo que le hizo sentir nervioso y excitado en partes iguales —. Es un acto muy íntimo, también.

—¿Lo es? —susurró, Jungkook asintió —. ¿Por qué?

—Porque como rey, sólo he de beber la sangre de mi sýzygos —murmuró llevando su mano a los cabellos color oro del humano —. Sin embargo, es un intercambio.

—¿Un intercambio? —Jungkook asintió de nuevo —. ¿Intercambio para qué?

—Mi sýzygos me ofrece su sangre voluntariamente y yo le ofrezco la eternidad a mi lado —explicó, JiMin contuvo la respiración —. Sýzygos significa cónyuge, angeláki.

—Cónyuge —repitió con voz suave, sus ojos buscaron los del rey demonio esperando que la verdad estuviera en ellos —. Todo este tiempo me has llamado cónyuge.

—Si —Jungkook suspiró —. No es fácil la transición, abandonas tu humanidad para ser mi consorte; como rey demonio te convertirás en un príncipe demonio —explicó.

Aquello tenía sentido.

Taehyung como cambiaformas había hecho de Seokjin su consorte omega. Beomgyu como vampiro madre había hecho de Taehyun su consorte vampírico. Heeseung como nefilim había hecho de Jake su consorte descendiente. Y Jungwon como íncubo había hecho de Riki su consorte íncubo.

Claramente, Jungkook como un rey demonio haría de él otro demonio superior que pudiera complementarlo justo como los consortes lo hacían con los comandantes.

—¿Temes que no quiera dejar mi humanidad?

—Nunca te pediría hacer algo que sé es doloroso —respondió en tono calmo, JiMin lo estudió —. Puede que sientas mucho dolor durante el proceso, no hay modo de poder contrarrestarlo. No quiero hacerte daño, angeláki.

—Lo sé —JiMin sonrió, él confiaba en el rey demonio —. Pero esa es mi decisión, ¿no me crees capaz de soportar la transición?

—Te creo capaz —declaró en tono firme, Jungkook nunca le mentía —. ¿Quieres hacerlo?

—Si —asintió varias veces sonriendo con sus mejillas completamente sonrojadas —. Pero quiero saber algo más antes de…

Jungkook parpadeó. —¿Qué quieres saber, angeláki?

—Si me tomas como tu consorte… ¿quiere decir que me amas? —musitó con voz baja y tímida.

Jungkook sonrió ampliamente. —Te amo desde la primera vez que te encontré en la entrada del bosque, angeláki.

—Yo también te amo, Gukkie —exclamó efusivamente abrazando al etéreo ser, Jungkook lo apretó más cerca —. Gracias…

—¿Por qué agradeces, angeláki? ¿no estás molesto por haberme deshecho de tu antiguo pueblo?

JiMin sacudió la cabeza de forma negativa, probablemente había sido chocante, no iba a negar aquello. Sin embargo, ¿quién era él para juzgar las acciones de un rey demonio? ¿quién era él para decir que lo que hizo Jungkook estaba mal?

Probablemente sus razones podrían ser egoístas, algo en JiMin le decía que había sido por él, pero dejaría aquello en el pasado. Jungkook era un ser de siglos, lleno de sabiduría y conocimiento. Él mejor que nadie sabría por qué motivos se movía, JiMin no iba discutir por ello.

—Agradezco que me hayas recogido, era tu sacrificio y, sin embargo, me salvaste. Así que, gracias Gukkie.

—Nunca permitiría que te sacrificaran, angeláki, eres mío —declaró con tono ronco, JiMin sonrió sonrojándose un poco más —. ¿Quieres hacer el ritual de apareamiento y transición hoy mismo?

—Si —asintió, Jungkook sonrió —. Si quiero.

—Hablaré entonces con Wonnie, está noche seremos sólo tú y yo, angeláki, y después de hoy seremos para toda la eternidad.

JiMin sonrió aún más amplio, le gustaba el sonido de esas palabras.




JiMin se removió perezoso en cama soltando un amplio bostezo con su cuerpo completamente adolorido y agotado. Había sido una noche larga e intensa, pero JiMin sentía que había valido completamente la pena cada etapa que había transcurrido durante la noche.

—Buenos días, mi sýzygos. ¿Cómo te sientes? —JiMin suspiró contento cuando sintió besos en su espalda baja ir subiendo poco a poco hasta llegar a su hombro —. ¿Adolorido?

—Un poco —admitió con una pequeña sonrisa sintiendo el intenso aroma del rey demonio cobijarlo —. Mmmh, me gusta tu aroma.

—Qué bueno, seguirás sintiéndolo cada vez que decida beber de tu sangre que debo admitir será seguido, angeláki. Eres delicioso en todos los sentidos.

JiMin inevitablemente rio tímido. —Puedo con ello, puedo manejarlo.

—Estoy seguro de que puedes —declaró en tono divertido el ser. JiMin giró sobre su estómago para poder observar a los ojos de su amado, los cabellos azabaches de Jungkook estaban desordenados de una manera sexy dándole un aspecto salvaje y hermoso —. Te ves precioso, angeláki.

Su sonrisa se tornó incluso más tímida. —Me siento precioso.

Los ojos azules de Jungkook lo recorrieron con parsimonia completamente complacido de la imagen que veía, JiMin no tenía idea de cómo se encontraba, pero podía sentir lo mucho que el rey demonio lo amaba y deseaba. Debía ser gracias al ritual de apareamiento, oficialmente, era un consorte demoniaco.

—¿No te sientes extraño? —su mirada regresó a su rostro, un tinte de preocupación se encontraba escondido en el tono azul profundo —. Es posible que te sientas diferente.

JiMin sacudió la cabeza, lo único que en ese momento estaba sintiendo era ganas de sentir nuevamente a Jungkook en su interior. El rey pareció consciente de ese deseo, sus ojos azules se opacaron de una manera increíblemente sexy que hizo a JiMin mover la cintura recostándose suelto sobre la cama.

—Eres insaciable, angeláki —Jungkook subió sobre él en la cama comenzando a repartir suaves besos en su abdomen, JiMin gimió —. Hermosa criatura he de complacer yo.

—Tú eres la hermosa criatura, mi rey —Jungkook gruñó. JiMin se había dado cuenta que, en la cama, a Jungkook le gustaba que JiMin le llamara rey —. Gukkie…

—¿Sí, mi sýzygos? —su rostro quedó suspendido cerca del propio observando el profundo azul junto al avellana dorado.

—Hazme el amor, de nuevo.

Jungkook le sonrió de forma depredadora. —Con gusto, angeláki.

Su pueblo había hecho de él un burdo sacrificio, lo habían tomado como alguien inútil, poco importante, nada especial y desechable. Pero Jungkook, el rey de los demonios, lo había encontrado hermoso y especial, entrañable y deseable, le había regresado el valor que los aldeanos le habían quitado gracias a años y años de maltrato.

Si no hubiese sido por ellos, JiMin no habría conocido lo que era el amor, la devoción, el cariño y la felicidad.

Jungkook se había convertido en su salvador, en el ser más importante de su vida. Había encontrado una familia y amigos, sinceramente, no podría haber pedido una mayor recompensa por todo el sufrimiento que vivió.

Había sido sacrificado, y al mismo tiempo, había sido salvado.

Valió la pena ser el sacrificio del pueblo.

—Te amo, Gukkie —gimió sobre sus labios viendo todo el amor que resplandecía en las preciosas esferas azules.

—Te amo más, angeláki.



[1] Angeláki del griego angelito.

[2] Es una variedad macro cristalina violeta del cuarzo. El color puede ser más o menos intenso, según la cantidad de hierro que contenga. Puede presentarse coloreada por zonas con cuarzo transparente o amarillo. Las puntas suelen ser más oscuras o degradarse hasta el cuarzo incoloro.

[3] Según el texto esta raza de gigantes, los Nefilim, son fruto de la unión entre «hijos de los dioses» y «las hijas de los hombres»; los dioses a los que se refiere el Génesis son a veces interpretados o comparados con ángeles caídos.

[4] Es un demonio en la creencia y mitología popular europea de la Edad Media, que se supone se posa encima de la víctima durmiente, para tener relaciones sexuales con quien duerme, de acuerdo con una amplia cantidad de tradiciones mitológicas y legendarias. Su contraparte femenina se llama súcubo.

[5] Sýzygos del griego cónyuge.



Hola, Holaaa!

¿Cómo están mi gente?


Oigan, he vueltoooo. ¿Me extrañaron? Yo las extrañé muchísimo. Quería darles un pequeño adelanto porque finalmente y como pueden suponer, he regresado, aunque habrán un par de cambios que comentaré luego en una publicación en mi muro.

Espero que este os de fantasía les guste, que lo apoyen y disfruten de mis nuevos escritos. Fue un mes largo, lleno de muchas cosas, pero nada, regresamos para quedarnos.


Eso es todo, ¡gracias por leerme y permanecer aquí!

Hee.