La Primer Canción
Antes del tiempo, antes de los sueños, antes de la vida. Antes de que nuestra realidad viera su nacimiento, para que a su vez y tiempo todo en ella viese su propio nacimiento. El Primer Inicio habla de dos realidades, dos espacios opuestos entre sí, uno llamado Ciral, o la Luz Eterna y otro llamado Dieril, o el Caos perfecto. Cada realidad poseía sus propios habitantes, quienes habían crecido a su manera en esencia y forma, así mismo crecieron en conciencia y persona, desarrollando las artes, forjando pueblos, creando cultura, superando los límites de las ciencias y del pensamiento; en cada realidad se aprendió como superar los desafíos y obstáculos para alcanzar un alto desarrollo. Pocas eran las preguntas sin respuestas entre quienes habitaban estas realidades, hasta que un nuevo desafío y una nueva incógnita surgió, pues al explorar la vastedad de sus espacios hallaron algo que creían imposible: un límite, una barrera cual objeto inamovible al cual llamaron El Muro. Fue así como una nueva incógnita surgió para quienes vivían en aquellas realidades, pues en ambos lados del Muro se repetía la misma pregunta: “¿Qué hay más allá del Muro?” Y es que gracias a sus muy numerosos logros superando límites, más allá de lo concebible por quienes les antecedieron, no se iban a rendir ante un nuevo desafío; mas al contrario, se vieron fascinados por hallar, después de eones, un reto a la altura de sus habilidades e intelectos. El orgullo fue su perdición. Así sucedió que, tanto en Ciral como en Dieril, se propusieron viajar a través del Muro y con ello explorar cuanto se hallase oculto del otro lado. Incontables fueron los intentos así como los fracasos, pero esto no fue motivo de desaliento, ya que cada error era también visto como un aprendizaje; por tanto un aporte más al conocimiento y a la vez un nuevo saber. Finalmente, tras muchas pruebas y errores, sucedió el tan ansiado éxito al unísono en ambos extremos, fue como si la mente de los sabios de ambas realidades se hubiesen conectado; pues se sabe que las mentes excepcionales suelen pensar de la misma forma. Así, los sabios e intelectuales coincidieron al hallar la forma para ir al otro lado del Muro, no atravesándolo ni destruyéndolo, pues era algo imposible, sino Cruzando de Lado. Así se abrió La Puerta, un camino que evadiría a El Muro, permitiendo a ambas realidades conectarse entre sí. Por un momento hubo celebración y júbilo, los cuales durarían muy poco, pues al ver lo que había tras aquella barrera inamovible, más antigua que la vida o el pensamiento, sus ánimos de victoria o euforia fueron reemplazados por el horror y repulsión más profundos. Sin importar si se pertenecía a Ciral o Dieril, la visión de lo que había del otro lado era una afrenta, una aberrante anatema, contra todo cuanto consideraban dentro del orden natural; para ambos el ver a su opuesto era ver materializada una pesadilla salvaje concebida por una mente enferma y perturbada hasta los límites de la locura más profunda. Tras La Puerta se extendía un grotesco panorama que desafiaba toda cordura y todo pensamiento racional dentro de sus mentes, pues aquello que concebían coherente estaba ahora en convulsión ante ellos, retorcido por la demencia más amorfa a sus naturalezas; la locura se había transfigurado en materia dándoles la bienvenida. Tan opuestos y contrarios eran en forma y esencia estas realidades, junto con sus moradores, que al instante comprendieron que el Muro tenía un propósito y uno solo: jamás ser rebasado. Propósito único que ellos violaron con terribles consecuencias, pues ahora La Puerta se hallaba abierta y ya no podría cerrarse de nuevo, habiendo así materializado sobre ellos las peores pesadillas evocables; tarde se dieron cuenta que no pensaron en las consecuencias de sus actos por primera vez en eones. El orgullo fue su perdición. Y así sucedió que al verse mutuamente solo pudieron ver una monstruosa amenaza, un terrible horror desatado capaz de aniquilar aquello que en cada extremo se consideraba puro y digno; con todo cuanto poseían, amaban y protegían en peligro de perderse la guerra fue inminente. Por un tiempo inconmensurable la guerra prosiguió, las consecutivas generaciones nacieron en medio del fragor de las batallas, incluso quienes no llegaban a presenciar estas contiendas podían sentir sus efectos sin importar las distancias, como resultado la vida se había empobrecido en ambas realidades; ya que la destrucción constante y sin control alcanzaba a todos sin excepción. Pocos recordaban claramente el inició de aquella guerra más que en viejas historias, así mismo cual lejanas leyendas se recordaban las épocas de vasta prosperidad, eras de antiguas ciencias que permitían obrar milagros. Las antiguas artes y culturas que una vez florecieron, para maravillar a otros, habían caído casi olvidadas o apenas recordadas en ahora mitos, para quizás algún lejano día de paz renacer. En algunas partes los cadáveres se apilaban llenando los campos hasta donde la vista se perdía, las ruinas de monumentos, antiguas ciudades y pueblos ya eran irreconocibles entre los guijarros que cubrían la tierra calcinada, las pocas estructuras sobrevivientes no lograban siquiera emular el recuerdo de lo que una vez fueron; mundos enteros se perdían a la vez que antiguos pueblos solo podían guardar la esperanza de ser recordados tras su destrucción. La devastación de la guerra no tenía limites, pues igual que cualquier otra guerra antes y después de esta el orden natural se invierte tornando toda creación por entropía. Hacía mucho que se había olvidado la era en la cual inició aquella guerra, esta solo continuaba sin razón o motivo más allá del rencor y la venganza; la sed de sangre y hambre de muerte se había vuelto tan insensatas como común entre todos. Ejércitos se formaban casi con la misma velocidad con la que se destruían, no habían victorias claras tras la masacre y destrucción que dejaban por igual defensores y atacantes, lo único notorio eran las ruinas de las dilapidadas fuerzas allí donde se libraban batallas sin fin satisfactorio o vencedor que reclamase los botines de guerra. Fue así que en medio de tanta carnicería finalmente la razón brillo sobre la locura, todo inició con dos guerreros, ambos enemigos, quienes se hallaron frente a frente, ambos los últimos de un vasto ejercito, en medio de un campo de batalla donde acababan de luchar y donde ahora se hallaban cansados, lastimados tanto en cuerpo como en alma hasta la extenuación, ambos con apenas la fuerza necesaria en sus espíritus para aún sostenerse en pie, pues más allá de sus incontables heridas de combate, ambos estaban sufriendo una aflicción aún mayor. Ya que sin importar donde posasen su vista, ambos guerreros solo veían incontables cadáveres, amigos, compañeros, familia, todos se hallaban ante ellos muertos; muchos irreconocibles pero aún así veían siempre a un camarada junto a un enemigo que habían muerto con el afán ciego de vencer. Y fue así que vieron más allá, vieron con aquella visión que pocos tienen y muchos necesitan, vieron a todos aquellos cuerpos ante ellos en una continua masacre sin fin, vieron ruinas y destrozos de incontables mundos en donde alguna vez hubo maravillas admirables, vieron todo ello sintiéndose ahogados en una marea interminable de más muerte, vieron más allá del enemigo ante ellos, más allá del lugar en que se hallaban, más allá del tiempo que les tocaría vivir y con todo ello vieron que al final de esta guerra no habría un vencedor que se alzase para someter o un vencido que se inclinase para ser sometido; al final de todo solo quedarían víctimas y miseria sin fin. Vieron que donde alguna vez hubo prosperidad, donde pudo haber belleza, solo quedaría desolación y desastre, vieron que incluso el recuerdo de lo que fue, junto con la esperanza de lo que pudo ser, sería aniquilado, vieron que la única paz que se podría hallar tras la guerra sería en la muerte. Este presagio fue tan palpable como el suelo bajo sus pies, tan innegable como la sangre en sus venas, ambos conocían sobre los profetas, personas con un alto grado de espiritualidad capaces de ver más allá del tiempo y del espacio, personas cuyas palabras estaban destinadas a dar forma a una religión o nación; por todas esas historias sabían que ellos debían de alzarse para ser los profetas que esta era ansiaba con urgencia. Ambos guerreros vieron aquello con lágrimas en los ojos al comprender el rumbo al que todo se estaba dirigiendo, fue entonces que hicieron el único acto sensato que nadie más pudo hacer antes, ambos arrojaron sus armas al suelo y aunque no hubieron palabras no fueron necesarias para entenderse, ya que a pesar del enorme número de diferencias entre si al fin tuvieron una sola cosa en común; pues de haberse podido intercambiar ideas o conversación de forma inteligible solo una palabra hubiese sido dicha en ese momento: “basta”. El equilibrio fue su salvación. En ese momento los dos guerreros se dieron cuenta que debían realizar una tarea virtualmente imposible, pero a pesar de que aquella era una tarea demasiado grande para ellos sabían que debían hacerla, no solo porque fuera lo correcto, no solo porque era lo necesario, sino porque buscaban el bien mayor y así fue como nombraron a su nueva lucha. Ya no eran solo dos guerreros, ahora eran los Primeros Héroes, dos almas solitarias dispuestas a luchar con lo poco que tenían por algo más grande que ellos mismos. Ambos Héroes convirtieron el ideal del Bien Mayor en su nueva gesta, con ello en mente aprendieron a comunicarse y entenderse, con grandes dificultades superaron las barreras que los volvían diferentes, aún era complicado coexistir entre sí pero el nuevo ideal que compartían basto para ser el puente que los uniese. Intentaron crear un plan para ir con los suyos y hacerles comprender lo que habían vaticinado, compartiendo las visiones que les habían atormentado; pues por el Bien Mayor ellos debían ser los mensajeros que llevarían la paz entre ambas realidades. Así se despidieron marchando a sus hogares con la promesa de volver a verse para compartir resultados, marcharon despidiéndose como más que compañeros de gesta, marcharon despidiéndose como dos grandes amigos y hermanos. El equilibrio fue su salvación. Cuando volvieron a los suyos buscaron con cautela y discreción pero con resolución que oyesen sus palabras, compartieron lo que habían visto, detallaron sus visiones de lo que vendría si no cambiaban las acciones continuas de destrucción. Aunque fueron escuchados no lograron que los suyos entrasen en razón, esto porque tanto jóvenes como ancianos, escolares o guerreros, soberanos y comunes, todos por igual ya habían hallado una solución para el fin de aquella guerra cruenta a más no poder, una solución que podía simplificarse con la palabra “destrucción”; la necedad los había vuelto a todos incapaces de comprender que esta solución les afectaría en igual medida que al enemigo. Ambos Héroes se reunieron y compartieron lo que habían obtenido de los suyos, decepcionados de su propia gente no estaban dispuestos a permitir que el mal floreciera para ahogar la vida, así que decidieron usar la solución que todos proponían pero utilizando un medio distinto, para así llegar a un fin mucho mejor, inspirados y guiados en el Bien Mayor. Pues en esta gesta el fin justifica los medios, pero los medios deben estar sometidos al fin prevaleciendo este por encima de todo. Con un nuevo plan en mente decidieron ahora viajar juntos, en secreto, ayudándose mutuamente, así uno vería aquello que el otro no podía ver para hallar un nuevo medio a la solución que todos buscaban imponer. En nombre del Bien Mayor se enfrentaron a diferentes tabúes, desafiando así leyes y costumbres, buscando entre las diferentes ciencias prohibidas, artes vetadas y prácticas censuradas, pues todo ello había sido ocultado mas no olvidado; ahora era el turno de aquellos Héroes el desenterrar los secretos más celosamente guardados para darles un uso apropiado. Aprendieron de aquellas peligrosas formas y ocultas verdades, fue difícil de hallar aquel saber pues solo se hablaba de ello en susurros, siempre con gran temor a lo que podría ser desatado. Fue una búsqueda tan ardua como peligrosa que tuvo muchos hallazgos inesperados así como serendipias fortuitas, entonces fue que finalmente hallaron la clave a sus plegarias en la forma del acertijo que ayudaba a entender el origen y el por qué de la vida misma: “¿Qué sucede cuando una fuerza imparable choca contra un objeto inamovible?” La respuesta reza: “Algo nuevo ha de surgir”. Fue así que entendieron finalmente: todo habría de finalizar igual que como todo inició cuando abrieron La Puerta, cuando cruzaron de Lado, cuando descubrieron El Muro e incluso antes de todo ello; todo finalizaría de la misma forma en que todo inició. Sin embargo, esta acción, que planeaban hacer, implicaría llevar a cabo el sacrificio del más alto dictamen, pues dicha acción exigía que entregasen toda su esencia y ser a la aniquilación total; serían borrados completamente de toda forma de existencia quedando reducidos a la absoluta nada. Esta tarea cargaba un precio que nadie concebiría impávido o sin padecer el más profundo terror, pero los Héroes debieron afrontar aquel temor y se prepararon para la más excruciante agonía. Pues fieles al Bien Mayor estaban determinados a seguir, no sólo por los suyos, no sólo por cuanto amaban y respetaban, sino porque era lo necesario, porque era lo correcto, pero sobretodo porque sabían que nadie más estaría dispuesto a hacerlo. Perfeccionaron su plan encomendándose a sus propias voluntades, pues si antes existió siquiera un dios este, así como sus iguales, hacía mucho que había muerto. Gracias al Bien Mayor ahora entendían como el fin justificaba todo medio por extremo que fuese, pues a diferencia de los suyos habían elegido un medio mucho más sabio, un medio cuyas repercusiones o consecuencias no opacaba al fin mismo en su conclusión, por tanto su medio era más noble, más coherente, pues ante todo estaba el Bien Mayor. VvvTenían un profundo temor, el mismo que cualquier ser consiente tiene a la muerte, pero les consolaba esta idea: si el sacrificio de cien vidas es justo y tolerable para la salvación de mil vidas, entonces dos vidas, dos existencias, apenas eran menos que dos granos de arena en el inmenso océano, aún así eran suficiente para corregir cuanto estaba roto. Ambos aceptaron que ellos solos, comparados con el incontable número de vidas existentes, así como potenciales, representaban un sacrificio tanto aceptable como necesario; esta era una responsabilidad que pocos aceptarían y sabían que debían cumplirla sin cuestionar a pesar del miedo. Se prepararon para la entrega absoluta, no con resignación ni con tristeza, sino con coraje, disciplina y sabiduría, pues con el Bien Mayor como guía, meta y credo lograban hallar las fuerzas para seguir. Aunque todo lucía aciago para ellos tenían un consuelo, pues su única recompensa era la certeza que aquella era de paz y prosperidad, narrada en antiguas leyendas, llegaría para aquellos que viniesen después de ellos. Pero antes debían de derrotar a un enemigo: el miedo que los hacia dudar, el temor que los embargaba. Ya que son pocos los que no temen a la muerte y estos, por lo general, no son personas que gocen de plena salud mental o emocional. En cambio los Héroes habrían de enfrentar a la muerte absoluta y con todo para perder tenían un miedo igualmente absoluto. Así fue que juntos crearon una letanía que los ayudaría en sus peores momentos, palabras que les impulsarían cuando toda fuerza y voluntad parecía extinguirse en los momentos más aciagos. “Enfrentaré al miedo. El miedo es la espina que hiere la mente. El miedo es la enfermedad que daña la voluntad. Dejaré que el miedo y el dolor pasen a través de mi. Pues ambos son efímeros y podré pasar a través de ellos. Yo permaneceré y avanzaré más allá del miedo. Yo permaneceré y avanzaré más allá del dolor. Muéstrame mi meta.” Gracias a esta letanía ambos descubrieron el significado del valor, pues el valor no es la ausencia del miedo sino la fuerza que nos lleva a enfrentar nuestros miedos, sobreponernos a ellos y así avanzar más allá de lo que el miedo nos pueda impedir continuar. Por esto es que recordamos estas palabras como la Letanía del Valor. Ambos Héroes decidieron darse un último momento íntimo personal, dedicado a despedirse de todo cuanto amaban, de todo cuanto les parecía bello y digno de ser salvado. Después de esto partieron mirando hacia atrás con lágrimas en los ojos, partieron despidiéndose con tristeza pero a la vez llenos de resolución, partieron con solo un mantra que guiase sus acciones: “por el Bien Mayor”, partieron con una letanía que les daba fuerza a cada paso. Se encontraron por última vez para prepararse minuciosamente, pues ahora, menos que nunca, no podía haber espacio para el error, sus mejores armas y herramientas eran la disciplina férrea, sabiduría profunda y coraje indomable, con nada más que esto caminaron su último peregrinaje. Caminaron hacia su propia condena, dos penitentes que cargan con todo el peso de las culpas y errores de su gente, caminaron resolutos por la salvación de aquello que guardaban en sus corazones. Sus pasos los llevaron ante La Puerta, específicamente al extremo de cada realidad en sus propios lados del Muro; pues donde todo inició también sería donde todo acabaría. Fue allí, sobre los límites que los separaban, donde convocaron los poderes que los suyos tanto temían con profundidad; temor que con justa razón hizo que los suyos ocultasen esta información y saber esperando que jamás sea utilizada. La meta era simple pero peligrosa y esta consistía en hacer chocar entre sí dos fuerzas imparables a la vez que ambas chocaban contra un objeto inamovible; colisionarían ambas fuerzas una contra la otra y ambas contra el propio Muro. Pues así la destrucción destinada a crear un origen se potenciaría creando algo jamás imaginado antes; con este catalizador tendrían el medio que finalizaría con la guerra de una vez y para siempre. Ambos convocaron los poderes de la creación y destrucción, en una sola fuerza, gracias a los secretos aprendidos de las ciencias ocultas y artes prohibidas, hacerlo fue un espectáculo que habría de quedar plasmado por siempre en toda memoria en los tiempos por venir, sin embargo el sacrificio de llevar a cabo tal hazaña estaba drenando todo de los Héroes; no solo sus vidas, esencias, almas o espíritus sino también su misma existencia. Aquel fue un momento aciago, la vida se les escapaba por los poros, experimentaron mil veces el terrible dolor de nacer y morir a la vez, pero tanto su mantra como su letanía los mantenía en pie; no importaba el dolor, no importaba el sufrimiento, solo importaba que al final la paz reinaría nuevamente. Los poderes fueron convocados al unísono, con el éxito que da el más pulcro cálculo, pero ello a la vez marco el fin de la vida de los Héroes ahora y por siempre, la visión de aquel poder desatado ante ellos hubiese llenado del más puro terror a cualquiera, pero Ellos en cambio solo sonrieron, sonrieron pensando el uno en el otro con sincera alegría, sonrieron ante el recuerdo de todo cuanto amaban, sonrieron al ver que tuvieron éxito; en ese momento vieron no el terror sino el éxito al saber que su tarea, su penitencia en nombre de los suyos, su peregrinaje por el Bien Mayor, todo ello había terminado. Solo tres palabras fueron dichas por los Héroes, mientras sonreían y lloraban a la vez ahora que sabían que su misión tuvo el éxito que tanto buscaron, solo tres palabras pronunciaron como despedida y epitafio: “Finalmente todo terminó”. Y el equilibrio, a pesar de ser asimétrico, se restableció. Finalmente todo termino… Una violenta explosión sucedió, tan poderosa que logró doblar lo indoblable, incluso las mismas leyes que se regían cada realidad se vieron sacudidas, tan violenta fue hasta el punto que la propia estructura de cada dimensión se vio tambalear. Por un instante, el cual fue tan largo como la vida misma y a la vez tan corto como un parpadeo, todos los seres sintieron que la misma realidad y sus propias existencias parecían desvanecerse en la nada. Cuando la normalidad regreso, casi al mismo momento en que pareció irse, cada ser se vio a sí mismo en su hogar y origen llevados hasta allí, por una extraña voluntad, lejos de donde se hubiesen hallado previamente. Entonces miraron a su alrededor y todo lucía nuevo, como si hubiese acabado de ser creado, pero a la vez todo lucía tal como recordaban o sabían que debía ser. Nadie entendía lo que pasaba, pero sus instintos les hicieron volcar las miradas hacía El Muro y sus pasos les llevaron allí, una vez en el lugar descubrieron signos de lo ocurrido, La Puerta ya no existía como tal y comprendieron que fue lo que había sucedido allí; comprendieron como un acto de auto-sacrificio había traído la tan ansiada paz destruyendo para crear. Y así, lo que una vez fuese El Muro, una pobre línea divisoria entre dos realidades, era ahora una nueva realidad, una barrera aún más impenetrable; pues esta era tan vasta como sus antecesoras realidades. Así la guerra al fin se detuvo, pues cruzar aquella nueva barrera representaba cruzar un espacio entre ya dos Muros para hallar un espacio tan nuevo como desconocido; tal esfuerzo no sólo era injustificable para continuar con algo que todos hacía mucho querían detener, sino que recordaron el primer aprendizaje al cruzar de Lado, crear La Puerta y atravesar El Muro por primera vez, hace ya eones atrás: “hay limites hechos para no ser cruzados”. Así prefirieron alejarse y respetar El Muro, prefirieron ignorar lo que sea que hubiese del otro lado, pero supieron recordar la guerra que ocasiono el cruzarlo y reservar todo ello para futuras leyendas. Finalmente era hora de reconstruir sus hogares y volver a permitir que la vida, las artes, las ciencias, los pueblos, las culturas y los mundos diezmados renacieran. Los Héroes tuvieron éxito, la guerra había concluido, el Bien Mayor había triunfado, ahora las antiguas leyendas que hablaban de prosperidad y paz serían un hecho nuevamente tanto en Ciral como en Dieril. Y aquella nueva realidad, creada por el sacrificio de los Primeros Héroes, es la realidad en que nosotros habitamos, donde nuestro mundo, junto con otros incontables mundos y estrellas, se encuentra. Desde ese momento fue posible que todo dentro de nuestra realidad, todo cuanto conocemos y desconocemos en ella, poseyera un nombre, una canción y una historia. Desde ese momento nuestra realidad vio su nacimiento y dentro de ella, a su vez, todo tendría un nacimiento.