Memoria en llamas

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Summary

Kat es una bruja de fuego que va a intentar por todos los medios encontrar una cura a la enfermedad de su abuelo. Neil, su mejor amigo de la infancia la acompañará en su búsqueda. Pero no son los únicos brujos que están buscando esa cura. Les espera una travesía llena de magia, amor y muchos secretos.

Genre
Fantasy
Author
coral
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1

El sonido de los pasos bajando por las escaleras no distrajo a la joven de su lectura. Seguía leyendo línea tras línea tan rápido como su vista le permitía.

—Kat —le susurró su madre al oído—.Tienes que dejarlo ya, vas a llegar tarde.

Sintió la mano de su madre pasando por su pelo en señal de comprensión y apoyo.

Ella asintió cerrando el libro que estaba leyendo y lo tiró sobre la mesa llena de libros amontonados que ya había leído.

—Mamá, aún no he encontrado nada, pero lo haré.

Su madre le dedicó una sonrisa amable. –Lo sé cariño, no me cabe duda.


Kat llevaba diez minutos en la puerta de su casa esperando a su amigo. Se encontraba apoyada en la pared aburrida, cuando por fin vio la cabeza rubia de su amigo aparecer entre las calles.

Escuchó tres silbidos cortos.

Ella respondió con otros tres silbidos.

—Tenemos que dejar de hacer eso.

—Ajá.

—Es en serio Neil, ya no tenemos 10 años.

—Yo te digo en serio que no me importa en absoluto.

El muchacho le puso las manos sobre sus hombros.

—¿Qué te parece si antes de ir a las clases vamos a la taberna?

Kat soltó una carcajada.

—¿Buscas excusas para no ir?

—Busco excusas para estar con mi mejor amiga antes de que nos separen.

—Eres un dramático.

El chico intentó poner la cara más adorable que sus facciones le permitían. —No me das pena Neil. Pero si yendo a la taberna vas a dejar de poner esa cara tan espantosa me parece bien.

—¡Si! —gritó el muchacho—. Eres la mejor amiga del mundo chispitas.

—Si, si, lo que tú digas —dijo haciendo un ademán con la mano—. Pero no pienso llegar tarde el primer día.

—Te prometo que llegaremos a tiempo —le contestó el chico, dándole un beso en la mejilla.


Quedaban unos pasos para llegar a la taberna, pero ya se escuchaba el bullicio de la gente dentro.

—Parece que hay ambiente.

—Y tu dudabas en venir. Seguro que no somos los únicos que antes de ir a clase van a la taberna.

Kat abrió la puerta pesada de la taberna, Neil iba justo detrás de ella.

Al entrar, sus ojos tuvieron que acostumbrarse a la oscuridad ya que la taberna solo estaba iluminada por la luz que pasaba a través de la ventana.

Eligieron una mesa para sentarse.

—Voy a la barra y pido si te parece bien —dijo Neil.

—Vale.

—¿Lo de siempre?

—Lo de siempre.

Su amigo se fue a la barra de la taberna, mientras ella jugueteaba con un anillo que llevaba colgado al cuello. Luego de un corto período de tiempo llegó su amigo con dos trozos de la tarta favorita de Kat.

El chico iba a sentarse en la silla frente a su amiga, pero un hombre la retiró en el momento justo en el que iba a hacerlo.

Se oyeron fuertes carcajadas en cada rincón de la taberna. Kat se levantó corriendo a ayudar a su amigo que se encontraba en el suelo.

—¿Estás bien? –dijo mientras cogía a su amigo por el brazo.

—Si —contestó el mientras se sacudía el polvo invisible de la ropa.

—¿Por qué no te has transformado en gato? —preguntó en forma de burla el hombre que le había quitado la silla a Neil—. Siempre caen de pie.

Neil en silencio agachó la cabeza y recogió la silla. Se sentó y comenzó a comer el trozo de tarta sin decir una palabra.

Kat no le quitaba la mirada de encima al hombre que aún tenía una sonrisa en la cara. Su respiración comenzó a volverse más rápida, casi hiperventilando. El corazón se le aceleró de tal manera que podía oírlo dando golpes en su pecho. Movió la mano y al instante los pantalones del hombre comenzaron a quemarse.

«Apágalo». La chica se estremeció. «Apágalo». Busco con la mirada a alguien, sin saber muy bien a quién.

—¡Es una bruja de fuego! —se escuchó un grito en lo más profundo de la taberna. «Te dije que lo apagaras». La chica reaccionó, movió la mano y el pantalón del hombre se apagó.

La taberna por un momento enmudeció, parecía que todos habían perdido la capacidad de hablar.

«Tenéis que iros antes de que os metáis en líos». Por fin Kat logró recobrar el sentido común, agarró la mano de Neil y lo llevó fuera de la taberna casi a rastras. Se alejaron unos cuantos metros con paso acelerado.

—¡Más despacio! —gritó Neil—. No nos están siguiendo.

La chica disminuyó el paso hasta pararse, giró sobre sus talones y miró a su amigo. Ella tenía los ojos brillantes, a punto de llenarse de lágrimas.

—¿Por qué no te has defendido? No hubo respuesta.

—¿Qué por qué no te has defendido? —preguntó de nuevo, esta vez elevando la voz.

—¿Y que querías que hiciese Kat? Soy un brujo animal, mi única habilidad es esa, transformarme en animales —dijo mientras golpeaba una piedra—. Y ni si quiera la controlo aún —siguió diciendo mientras apoyaba la espalda en una pared y se dejaba caer al suelo.

Ella siguió su ejemplo y se sentó a su lado. Tras un corto tiempo de silencio los amigos cruzaron las miradas y sin esperárselo ninguno de los dos, comenzaron a reír a carcajadas.

Cuando por fin pudieron recomponerse del absurdo ataque de risa Neil le pasó el brazo por el hombro a Kat.

—¿Crees que hubiésemos podido con todos ellos?

—Creo que les hubiésemos dado la paliza de sus vidas chispitas.

La chica golpeó el hombro de su amigo.

—¿Cómo está? La sonrisa de Kat se desvaneció lentamente.

—Ayer tuvo un buen día, pero las medicinas poco a poco están dejando de funcionar. Yo sigo buscando en los libros.

—¿Y has encontrado algo?

La chica negó con la cabeza agachada y con la mirada fija en el suelo.

—No decaigas, vamos a encontrar una solución. Kat la vamos a encontrar.

Kat sonrió, cansada, como no estarlo después de tantos meses buscando una solución, que ni si quiera sabía si existía. Pero Neil siempre había estado ayudándola, desde pequeños, eran ellos dos contra todo el mundo.

—Había un brujo de mente en la taberna —dijo Kat intentando cambiar el tema de conversación que tan incómoda le hacía sentir—. Se metió en mi cabeza.

—¿Y que hizo?

—Solo me habló —contestó Kat levantándose del suelo.

—¿Y que te dijo? —reformuló la pregunta sorprendido.

—Solo me dijo que apagase el fuego de los pantalones de aquel tipo y que nos fuésemos.

—Vaya…

—¿Qué?

—No sé, siempre se ha dicho que son peligrosos y que usan su poder para su beneficio. Me dan mal rollo.

—También dicen eso de los brujos de fuego Neil.

—Ya pero…

—Ya pero nada, la gente aquí es imbécil, tu lo sabes de sobra —interrumpió a su amigo.

Neil no rebatió el argumento de su amiga, sabía que llevaba razón. En sus 23 años ambos habían sufrido la discriminación de los demás brujos de diferentes maneras. Asi que se sentía un poco estúpido al haberle hecho caso a los mismos brujos que lo habían juzgado a él.


El transcurso a la universidad Kat y Neil estuvieron hablando de trivialidades. De vez en cuando se paraban para observar a algunos brujos superiores que se encontraban por el camino.

—Ya casi llegamos —dijo Neil.

Kat seguía observando a los brujos superiores ensimismada, así que no prestó atención a lo que decía u amigo.

—Deja de mirarlos así Kat, los vas a incomodar.

—Perdón —dijo susurrando— . No estoy acostumbrada a verlos.

Siguieron andando unos cuantos metros cuando ante ellos apareció la universidad en la que estudiarían los próximos años. En comparación con los otros edificios la univ era inmensa y extremadamente elegante. Conforme iban caminando por el jardín para entrar al edificio Kat se sorprendía más con cada rincón. Nunca había visto un color verde tan vivo como los de esos jardines. —Cierra la boca.

Se oyó la campana que daba comienzo a la primera clase, quitándole la oportunidad a Kat de responderle a su amigo.

—¿Estás lista? —No, ¿y tú? —Tampoco. —Perfecto, vamos. Se unieron a la aglomeración de gente que se dirigía a las puertas del edificio. Allí había un hombre con aspecto serio, que esperaba para darles la bienvenida.