Capitulo 1
Música clásica, el ruido melodioso del piano, murmullos por doquier, risas y conversaciones recorrían el aire como el aroma de las flores en primavera. El salón estaba repleto de invitados, en cada rincón de la Manoir Levasseur, la mayoría admiraba notoriamente al Coronel Leroux, un joven demasiado presuntuoso, lo cuál le impedía conseguir una consorte, pero eso no le preocupaba ni en lo más mínimo, pues, anotarse en las Guerras Rojas tuvo grandes beneficios para él, con su jornal pudo comprar varias tierras en distintas partes de toda Francia, hectáreas y hectáreas que luego usó para invertir en bienes raíces, fincas, santuarios, iglesias y todo lo que puede llegar a comprar un muchacho millonario. Aunque sus cualidades no sean tan agraciadas era un muchacho demasiado famoso en toda Europa.
Decir que era atractivo es quedarse corto, el joven había heredado los rasgos de su padre, era corpulento, de piel blanca, con unos bonitos rizos dorados, y unos ojos tan azules que parecían lapislázulis. Muchos creían que había salido de una pintura, ya que su belleza era inefable como los hombres que pintan en los cuadros.
El Coronel sonreía con altanería hacia la multitud que lo rodeaba, la mayoría eran jóvenes damas que buscaban esposo, y los demás eran viejos amigos que se acercaban a darle la bienvenida, ya que acababa de llegar a París, anteriormente había estado en un viaje de negocios en Gran Bretaña. Luego de cinco años había vuelto a su humilde morada, a la que su familia llamaba «hogar», aunque para él no era nada más que otra casa, había pasado toda su vida ahí pero no era tan importante para él, era solo una casa y nada más que eso.
Al otro lado de la gran sala, estaba Angélique, quién miraba fijamente a su primo, era irónico aceptar que le tenía algo de envidia en ese momento, pero era la cruda verdad. Ella detestaba que alguien más se llevara toda la atención, y más si era algún familiar de ella.
Angélique amaba ser el centro de atención, le gustaba que la elogiaran por sus esplendorosos vestidos, por su elegancia, por su forma de expresarse con tanta delicadeza y lo que más le encantaba era cuando admiraban su belleza exquisita. Cabello rojizo, delgada y alta, pálida, con ojos celeste claro. Era la envidia de todo el país, muchas mujeres deseaban ser tan hermosas como ella. Y los hombres, era una lista interminable de propuestas de matrimonio, varios insistieron pero luego se dieron cuenta de que era inútil, Angélique Levasseur era una dama muy hermosa pero jamás iba a casarse, y eso todo el mundo lo tenía bien claro. En esa lista interminable también está su primo, el recién llegado, él jamás había sentido algo por ella, fueron sus padres los que habían arreglado el compromiso, pero no dió resultado, Angélique se había negado, tuvo que hacer varias cosas para que no se casaran... Y en cuánto a su primo, a él le daba igual, había aceptado la propuesta sin pensarlo dos veces, ya que conocía bien a su prima y sabía que ella iba a ganar, de todas formas, él no se equivocaba.
Angélique seguía mirándolo con una expresión de disgusto muy notable, ella detestaba al Coronel, él siempre fue su competencia, desde que eran niños. Se había llevado toda la atención y la hizo sentir excluida, como si todas esas horas que desperdició arreglándose no valieran nada. «Un desperdicio total». Pero ella no era así, no iba a dejar que un coronel novato la avergonzara, esta era su fiesta, su noche.
—¡Bastian, querido!—gritó el señor Leroux, dirigiendo su mirada al joven de entre la multitud.
—¿Ya vió señorita, Angélique? Su primo a cambiado bastante—inquirió Fleur, la amiga de la familia, mirando a la pelirroja. Ésta solo hizo un asentimiento con la cabeza.
—Puedo decir, que ha cambiado bastante, pero sus defectos aún no han desaparecido, sigue siendo presumido y la vanidad le carcome hasta el alma—objetó fríamente.
El señor Leroux caminaba hacia Fleur y Angélique, su hijo a su lado, ambos eran exactamente iguales, Bastian era la versión más joven de su padre.
La música resonó en todo el lugar, los invitados habían comenzado a bailar, otros conversaban mientras cenaban.
—Señoritas, con ustedes, el nuevo coronel de ¡Sainte Anne!—dijo el señor Leroux. Las dos damas presentes hicieron reverencia. Bastian miró a Angélique con interés, como si estuviera esperando a que ella atacara.
—Es bueno verla de nuevo, prima, y señorita... ¿usted es?
—Fleur, Fleur Dubois, señor—dijo la morena, Angélique pensó que le estaba coqueteando, pero luego no le tomó importancia—. He escuchado mucho sobre usted, Coronel. Dicen que es el mejor soldado del ejército, y que por eso lo nombraron coronel.
—Así es, señorita Dubois. Por mi buena experiencia en el combate me subieron el cargo a coronel.
Angélique creía que su primo solo tuvo suerte. Ella no creía que su primo tuviera el valor para estar en el ejército.
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Habían pasado tres horas desde la bienvenida del Coronel Leroux, la fiesta ya estaba dando su fin y los invitados ya se estaban marchando. La familia Levasseur se había lucido con la fiesta. Era evidente que todos hablarían de eso luego.
Cosette era una dama diplomática, muy astuta para su época, y perspicaz. En su juventud fue una dama muy anhelada, muchos hombres intentaron desposarla pero no tuvieron suerte, a excepción de uno, Frédéric Levasseur, un mozo soltero que tenía título de Duque, provenía de una gran familia adinerada, su apariencia no era tan atrayente pero sí que era un muchacho de buen corazón, eso era lo que pensaba Cosette. Ella lo había conocido en un restaurante parisino, cuando sus rostros se encontraron hubo una conexión tan especial. La señora Leroux, la madre de Cosette, pensaba que fue gracias al universo que se enamoraron, ya que había sido amor a primera vista.
La familia de Cosette había aceptado a Frédéric, y luego se casaron, años más tarde tuvieron un hijo al que llamaron Gaspard, luego tuvieron a los demás, Giselle, Felix, Angélique y la más pequeña, Anne-Sophie.
Cosette se dirigía a su habitación, ya que el cansancio era notorio en su rostro, tenía grandes ojeras y apenas podía abrir los ojos por el sueño que la dominaba. Cuando llegó a su habitación vió a su esposo con su hija, él la abrazaba mientras ella lloraba en su hombro, ambos al frente del fuego acogedor. El cuarto estaba en silencio, solo se podía oír el suave ruido del fuego que consumía la leña.
Cosette miraba a su esposo expectante, esperando una respuesta.
—¡M-madre!—dijo la pequeña sollozando, sus ojos estaban rojos de tanto llorar, y varias lágrimas se deslizaban por su blanca piel.
—¿Que ha pasado, Sophie?
—Gautier, no la invitó a bailar, ya que el muchacho estaba con otra señorita... Y nuestra querida hija tuvo la desafortunada suerte de verlos—dijo su padre, mientras le contaba a Cosette lo sucedido la pequeña pelirroja comenzó a gemir.
—¿Por qué a mí? Acaso, ¿no soy tan bonita como aquella muchacha?
—Sophie, querida, ¡no digas esas cosas! Tú eres hermosa, y más que esa chica. Jamás dudes de ti misma, y además... Hay demasiados jóvenes de tu edad que buscan pretendiente—dijo la señora Levasseur acariciando suavemente la cabeza de su pequeña hija.
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En el gran patio de la Manoir Levasseur, caminaba una Angélique pensativa. No le importaba estar a esas horas de la noche sola en el jardín, es más, la tranquilazaba. Le gustaba caminar en la madrugada, le gustaba pensar y reflexionar, le daba una paz fascinante, no había quién la molestara, no había ningún ruido que la distrajera, a excepción del canto de los grillos, y los búhos.
Caminaba sin una lámpara de aceite, la luz de la luna alumbraba perfectamente su camino.
Pensaba y pensaba, tramando un plan para llamar la atención del Barón Philips, que actualmente se encontraba en Londres. El Barón era un millonario en demasía, de rasgos muy bellos y de mucha inteligencia. El plan de Angélique era enamorarlo para casarse con él, no le gustaba ningún tipo de compromiso pero valía la pena casarse con un Barón, es por eso que había rechazado varias propuestas, después de todo solo tenía una cosa en mente.
La joven pelirroja sonrió para sus adentros, el plan perfecto había aparecido en su mente.
«Enamora a Philips, cueste lo que cueste»