Kim fue a un cementerio...
Kim era una de las personas más idiotas en el mundo.
Eso podías escuchar de quienes solían decir que eran sus amigos, de su familia, de los niños pequeños cerca de su casa, y hasta de sus propios profesores.
Kim era un idiota.
Además de idiota, era cursi.
Además de cursi, era torpe.
Además de torpe, era tímido.
Además de tímido, era virgen.
Además de virgen, era demasiado crédulo.
De no ser así, NO estaría de pie en un cementerio terrorífico con una linterna diminuta, en la noche oscura del día diecinueve de enero, esperando en soledad con el corazón en la garganta.
Le habían dicho que un "DIOS" despertaba en los comienzos del veinte de enero. Bueno, no "le habían dicho"; escuchó por ahí más bien, porque ya casi nadie le hablaba.
Había estado... en la cafetería de la universidad cuando hombres y mujeres, con demasiada belleza en el exterior para sus negros corazones, se sentaron a su lado y, sin presarle atención —como la gente normalmente solía hacer— comenzaron a hablar:
"Un dios despierta cuando el día veinte de enero llega".
"El dios está tan solo, y sólo busca la compañía de alguien. Alguien que pueda liberarlo de frialdad eterna con su inocente y cálido corazón. Alguien que será afortunado, y será su amante".
"Sólo personas puras (vírgenes), pueden verlo, pueden apreciar su inhumana belleza. Sólo la envidiada pureza puede".
Kim también era muuuuuy descuidado...
Después de escucharlos, se sonrojó y bajó la mirada a sus manos, pensando en todas las historias de amor que antes leyó, en sus bonitos finales, no notando en lo absoluto las miradas burlescas hacia su persona.
No notó que todo era un plan. Uno que iba a la perfección. Porque todos sabían que Kim era un idiota, y sin duda caería.
Su corazón errático y hambriento de un poquito de amor estuvo por encima de toda la importante lógica de la situación.
Así que, ACTUALMENTE, envolviéndose a sí mismo entre sus flacos brazos para protegerse del húmedo frío, sólo estaba pensando en la mucha hambre que tenía. Sus zapatos pesaban por la tierra pegada a ellos. Y cuando caminaba un poquito, solamente para no estar como una de las muchas estatuas del lugar, se negó de manera repetitiva el ver por demasiado tiempo alguna tumba. Tembló, y no solo por el frío.
A veces se acordaba de las películas de terror que vio; las de muertos vivientes, las de fantasmas. Pero las echaba a un lado tan pronto llegaban a su mente. Si sólo se enfocaba en ellas se asustaría, y sabía, SABÍA, que saldría corriendo como si se tratase del mismísimo flash.
—Eso es, no pienses en cosas malas. —susurró para animarse, pero hubo un sonido cerca y Kim casi se orinó. Tomó respiraciones profundas, y se recordó que por allí sólo había animalitos.
Animalitos que se comían a la gente muerta.
—Tú estás vivo —se recordó, retomando la idea de animarse a sí mismo.
Pese a ello, se estremeció sin poder evitarlo, y justo cuando estaba por mirar su reloj, en un tonto intento de alejar el miedo como la repentina sensación de ser observado, algo saltó a la vista...
Gracias 🫂
—Lu ⭐