1. El infierno está vacío…
Capítulo U n o
"Como Alicia en el país de las maravillas"
—¿Escuchaste eso? —Carson sostenía la linterna con sus manos temblorosas señalizando cada ruido que su mente imaginaba. —Creo que es la señal de...
Sostuve el cuello de su camisa antes de que esas palabras que tanto conocía se manifestaran. Con fuerza, lo atraje hacia mí para luego colocarle la luz tan cerca del rostro, que lo hizo apartar la mirada como si acabara de recibir un puñetazo—¿A dónde crees que vas cobarde? —Mis ojos fulminaron sus despectivos ojos marrones detrás de esos enormes cristales, que seguían buscando alrededor. Su cabello ya no merodeaba su pálido rostro, ahora estaba atado en un pequeño moño hacia abajo, dejando ver su marcada mandíbula, y esas mejillas que carecían de color. —Ya estás aquí, no puedes dejarme sola. —Solté su cuello y seguí alumbrando la segunda entrada a la fabrica.
—Si muero será por tu culpa, Batman. — Soltó con una perspicaz molestia e ironía, mientras desarrugaba su camisa de mangas cortas que usaba en esta clase de ocasiones. Tal vez quería verse como una persona madura, pero desde mi punto de mi vista parecía un ladrón de pocos talentos que asistiría a un funeral. —¿Qué? —Me miro inquisitivamente desde el piso.
Suspire.
No tenía que traerlo.
—Oye, no quiero estar en esté lugar tanto como tú. —Volví a colocarle la intensa luz en el rostro. —¿Puedes mover tu trasero? —Retorne el camino, escuchando como maldecía cada paso que daba.
La fábrica de madera había estado deshabitada por más de quince años, y una parte de ella había perdido su estructura por los frondosos árboles que se habían combinado con sus máquinas y paredes.
De niños, Carson y yo veníamos a escondidas a ver como sus gigantescos artefactos derribaban aquellos pinos que podían tocar el cielo, y que el mundo parecía ser solo un juguete para el hombre, o eso decía la maestra Corny, que hacía reuniones con los padres para un mejor cambio ambiental. Pero lo cierto, es que la palabra "Juguete" que utilizo en aquel tiempo, fueron tres semanas de castigo por haberle fracturado el pie izquierdo a Carson con un pino de ochenta y siete metros.
Le dije que se moviera de ahí, pero no hizo caso.
Desde ese entonces, las ideas y los muñecos de felpa habían perdido su importancia, ahora, habíamos perseguido el peligro por lo callejones más oscuros de Zee con un propósito; Encontrarlo.
Ahora, aquellos restos de lo que era una fábrica, se había convertido el hogar de criaturas hambrientas que el bosque había ahuyentado, el color amarillento de sus ojos destellaba a lo lejos, sus gruñidos se espacian por cada rincón oscuro, y el repugnante olor, de lo que esperábamos que fuera un animal muerto, hacia huelgas por revolver mi estómago y salir descontroladamente por mi boca.
—¿Qué es ese maldito olor? —Carson se colocó a mi lado llevando la luz de la linterna hasta la esquina. Los restos de lo que había sido un Zorro, se habían convertido en la cena de un montón de ratas blancas, repletas de ese rojo oscuro por todo su pelaje.
—Qué asco...—Apreté la mandíbula y desvié la vista hacia el otro lado. Coloque la linterna en mi bolsillo trasero, intentando apartarme un poco para que el viento del invierno deshaga todas las ganas de vomitar que tenía.
La poca luz de la plateada luna alumbraba solo el centro de la fábrica, parecía hueca, con agujeros enormes por todas partes y esquinas llenas de sombras por las plantas que habían crecido debido al bosque, y la falta de luz claro, que me impedía deslumbrar un mejor camino para seguir avanzando.
La linterna.
Empecé a buscar alrededor mientras revisaba mis bolsillos. No la encontraba. —Carson, haz visto...—Antes de que pudiera terminar, el destello de la linterna a unos metros detrás de mí en el piso hizo que me detuviera, parecía haberse rodado hasta allí, así que me encamine a recogerla. Al tratar de levantarla mis músculos se congelaron en esa posición. Mis ojos siguieron el circulo de luz hasta llegar a una fila de insectos, una increíblemente grande, que salían apresuradamente hasta un pasillo oscuro; Uno que no vislumbre hasta que ilumine con la linterna. —Cay, ¿Habías visto ese pasillo?
Carson se acercó hasta quedar a mi lado nuevamente, entrecerrando los ojos con un posible miedo de que algo lo atacara, levanto torpemente la luz de la linterna con ambas manos hasta detenerla en el pasillo. —No. — Soltó un suspiro de alivio bajando las manos. —Creo que es la entrada al sótano.
—Hay insectos saliendo de allí, tal vez entro allá abajo.
—Su rastro se perdió por las rejas de la entrada, Gena. —Apretó los labios y desvió la vista por un breve momento. — Tal vez hay algo muerto allí, y no es un animal.
—O tal vez los muertos aquí son ustedes, y emanan ese terrible olor. —Una voz gruesa se hizo presente en el salón, áspera y muy cerca de nosotros. Gire lentamente para encontrarme con esos ojos cafés que me miraban con diversión. Oslo Vilsun, jugueteaba con una navaja roja haciendo círculos en el aire mientras caminaba torpemente hacia el centro de la fábrica. —¿Qué hacen los niños jugando por el bosque? Tal vez se encuentren con el lobo...—Una media sonrisa dejó ver sus asquerosos dientes podridos, debido a la cantidad de drogas que consumía diariamente.
Estaba a varios metros de él, pero podría jurar que ese hedor que salía de su boca, llegaba con fuerza hacia mí.
—No se caperucita—Ignore las advertencias que el cerebro enviaba a mis músculos, y forzando un tono divertido me acerque más a él. —Tal vez el lobo ya esté aquí. —Mi comentario pareció divertirle por un momento, luego de eso su expresión se tornó confusa y cerraba los ojos con fuerza mientras se golpeaba la cabeza.
—Gena...—Carson sostuvo mi mano. Su rostro ya no expresaba temor o cobardía; Solo regaños contundentes. —Ese tipo puede estar drogado. —Murmuro.
—No no no no no...—Se incorporo nuevamente al escucharlo, guardando el arma blanca en su bolsillo.—Hace tiempo no uso esas golosinas.—Inclino levemente su cabeza aún más divertido y me miró fijamente a los ojos.—Pero no puedo decir lo mismo de tu hermano, preciosa.—Sentí esas palabras bajar con lentitud hacia mi estomago.—Sí...—Dijo mientras se convencía de haber dado en el punto bajo, sus carcajadas parecían chocar con fuerza en las paredes de la fábrica, o no dejaban de escucharse en mi cabeza.
—Sabía que te había visto en algún lugar. —Sostuvo un mechón de mi cabello. —Ese rojo no se olvida fácilmente, ni ese hielo azul en tus ojos.
Puse el arma en su cuello, y sostuve como pude su cabello corto con demasiada fuerza, tanta, que sentía los hilos negros desprenderse de su cabeza. —Espero que tampoco olvides como se siente que te atreviese un cuchillo. —Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras intentaba formular una oración, en medio de quejidos que mi agarre le impedía. -Vas a lamentar haberle vendido tus basuras a mi hermano
Mi amigo sostuvo las manos de Oslo y las amarró con una cuerda que había guardado para este momento. Interrumpiendo su intento de hablar, lo apartó con fuerza de mí, para después empujarlo al piso. —Vas a decirnos ahora, donde distribuyes esa porquería. —El tipo de información que tenga sería prueba contundente para que Carson Finch la filtrará a la policía.
Pero no era suficiente para mí.
—¿Qué les pasa amigos? si querían un poco de magia solo tenían que decirlo.—Dijo con una diversión estólica en su rostro cansoso.
Me acerque más a él, pero Carson me detuvo-No somos tus amigos, imbécil.
—Mejor habla, porque cuando publique toda tu información y se la dé a la policía, te pudrirás en un agujero.
—¿Publicar? —Las otras palabras no pareció procesarlas, o importancia no les había dado. —¿Cómo...Cómo que publicarlas? —El temor de exponer su trabajo era el único miedo que sentía, y fue la primera vez que hablo sin morder su lengua. -Era un dato vago, pero presente; Si el mundo sabía de él, solo era cuestión de horas para que atraparan a sus jefes.
—Sí. —Carson se puso de cuclillas hasta quedar delante de él. —Si no me dices ahora, la policía será el menor de tus problemas.
—Entonces...—Me abajé hasta quedar a su altura, y volví a colocarle el cuchillo en el cuello. —Empieza hablar.
Habíamos conseguido entrar en un terreno privado a varios minutos de Zee. Un pueblo bastante grande, arropado por la neblina constante que se hacía presente incluso en el verano. Zeerum, era un trozo de tierra al sur de California, sin turismo en sus altas montañas, ni falta de personas en sus ambiguas calles. Las indicaciones del imbécil de Oslo, habían terminado en este lugar; El punto de partida, lo hacían llamar. Era la única persona que hacía grandes compras y parecía distribuirlas en todo el pueblo.
—¿Estás seguro que es este lugar? —Aparte las ramas que envolvían mi cabello y volví a mirar hacia atrás. —Oye!
—Que sí, no se cuentas veces te lo voy a decir. —Carson seguía empujándolo a media que seguíamos por el sendero. La luz del reloj iluminó mi rostro después de haberlo encendido, las 3;50 de la madrugada, y no había espacio para el sueño en medio de tanta adrenalina.
—¿Qué ganan ustedes haciendo todo esto? Se que la pelirroja me odia, pero, no parecen policías. —Quite la vista del reloj y lo mire con desprecio.
—Encerrar a basuras como tú. —Me encamine nuevamente.
—Así el mundo no se contagia. —Escuche como terminaba de decir Carson, mientras vislumbró a varios metros una reja de acero. Alta y reforzada, capaz de contener cables eléctricos en su estructura. Avanzar más seria buscar la muerte en manos de personas altamente peligrosas, o una multa de mil dólares por allanamiento del comisario Deyl.
—Es aquí. —Soltó Oslo agitado.
—¿Podemos pasar por la reja? —Pregunto Cay no muy seguro.
—No creo, está reforzada.
—¿Y dónde está la entrada? —Se escucharon crujidos cerca, provenientes del otro lado de la reja, tome a Oslo del cuello hasta quedar agachados. No espere a que cesara el ruido, y giraba mi cabeza de una dirección a otra en busca de información, pero no había nada.
Casi todo está sumido en la oscuridad de la madrugada.
—Vamos a rodearlo...—Murmuro Cay mientras se acercaba con lentitud agachado. —Pero si encontramos la entrada, podrían vernos fácilmente.
Me asomé a la reja y pude notar cables destrozados dentro de tubos de vacío. —Creo que no tiene electricidad.
—No importa, no podremos pasar esa enorme reja. Este idiota se cae en sus propios pies.
—¿A quién llamas idiota?
—Cállate idiota!
Tambalee la reja con delicadeza, empezando a buscar cerca del piso alguna cabina de tubos que pasase hacía el edificio, en vez de eso, a una distancia prudente, un farol que parpadeaba con rapidez llamó mi atención, iluminando cestos gigantes de basura, y una silueta que se estremecía en el piso.
Un animal.
No.
Levantó la vista hacia mí, como si hubiera sido capaz de escucharme, y asomo una sonrisa, una que pude distinguir cuando el farol dejo de pardear. Repleto de sangre, y con un cuerpo delante; Sacudía su mano con entusiasmo, mientras pasaba su lengua por la comisura de sus labios, y sus dientes totalmente rojos, avecinaban una sonrisa aún más aterradora. —¿Les invito la cena?
