Juerga
Sacudí las sábanas y me levanté con el afán de siempre: recorrer la sala en puntillas.
Pero solo encontré los restos de una noche loca: unos vasos de ron, rebanadas de limón, un poco de cebolla sin sabor, chorizos tostados sin compasión y unas gotas de sangre sobre el mesón.
El recuerdo no era claro, pero las manchas por todos lados sí.
Observé a mi alrededor y solo encontré:
Paredes con dibujos de caritas felices, los espejos con caritas enojadas y las sillas talladas con caritas lloronas.
El piso estaba lleno de huesitos,que parecían de pollo, el patio tenía huesitos más grandes y ya no distinguía qué animal comimos con mis amigos.
Intenté recordar qué pasó en la noche, pero el dolor en el estómago era tan intenso que decidí bañarme, pero me encontré con marcas en mi estómago y a un lado cosida una carita sacando la lengua.
¿cómo carajos pasó esto?— pensé.
Por fortuna era superficial,como si jugaras pasándote la aguja por la palma de las manos.
Aunque la cantidad de caras no dejaba de inquietarme.
Rufo, estaba más inquieto que de costumbre,le serví sus croquetas,pero no quiso. Corrió y jugó en el patio.
Lo veía de lejos y le tiraba besos, era normal verlo jugar todas las tardes.
Al caer la noche fui a buscarlo,con el afán de ir a merendar y solo encontré a Rufo mordiendo un fémur, un húmero y unas costillas que parecían de Pedro,mi vecino, porque estaban los rastros del mismo conjunto rojo que traía estos días para su trabajo.
La sola idea de que una parte de Pedro esté en mi patio me hacía dudar de la fiesta que tuvimos.
O tendría que decir a la fiesta que los invité.
Sin darle más vueltas abrí la refrigeradora , pinté una carita feliz porque me sentía optimista, preparé una ensalada con las falanges de Lorena, esposa de Pedro y recordé que la última vez que los vi, fue junto a la piscina, diciéndome lo buen vecino que era.
Y sí,si que lo soy.