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Summary

Ryu Leprince es un joven atrapado en su propia vida, rodeado de barrotes dorados y personas que buscan regresarlo a lo que era. Primogénito y heredero de la alianza, vive siendo el orgullo de su familia y todo su legado. Sí, es el perfecto ejemplo de un hijo amado y adorado, bañado en joyas y luz deslumbrante desde su nacimiento, aunque, por dentro las cosas sean muy diferentes. Los que dicen amarlo lo ven con tristeza, y aquellos que son su guía, también son culpables de su mayor tormento. Él mismo. La vida que lleva finge ser perfecta y en la actualidad está cansado de que sea así; la sangre y las miradas angustiadas lo siguen a diario, es así como sucesos tan cotidianos se vuelven un verdadero infierno, al cual pertenece ocupando su lugar como parca. Como marioneta. Él solo quiere que las voces y los ojos se apaguen, quiere una vida; lo malo es que su familia y un extraño dibujante no dejan de aparecer en sus planes.

Status
Complete
Chapters
39
Rating
n/a
Age Rating
18+

Carta de Ryu


Mi nombre es Ryu Patroclo Neus D’Angello Leprince, nací siendo el primogénito y heredero de la alianza. Nací con un destino planeado que nadie debe arruinar, nací... Y ese fue uno de los peores errores que cometió mi familia.

La historia original de la hermandad no es un camino dorado como a muchos les gusta contar, no. No lo es. La historia se remonta generaciones atrás, en la época aquella, en la que todo mundo podía solucionar sus problemas con armas y una orden de asesinato.

D’Angello viene de Italia, viene de la mafia.

Leprince viene de Francia, de los suburbios altos y la corte más cercana a la reina.

Nos apodaban “los perros de su majestad”, en París.

Se nos conocía como los amos de Sicilia en nuestra Italia natal.

Ladrones.

Asesinos.

Mafiosos.

Traidores...

Nada bueno venía de ambos bandos, y su fusión se hizo para cambiar eso.

Poder.

Estatus.

Control.

Dinero.

Sí, mucho dinero.

La alianza trajo consigo el matrimonio de dos potencias que se solidificaron en una. Y con el poder concentrado, los pecados desaparecieron, se olvidaron.

Recuerdo el nombre del fundador por mera obligación, recuerdo los nombres, todos ellos, todos absurdos, todos hermanos.

“Jamás decepcionaré a la alianza”.

Ese es el segundo punto en el código absoluto. Somos perfectos...

Son perfectos.

Por generaciones nos hemos vuelto los títeres del poder supremo, los títeres de carne y hueso que maneja un bufón llamado lord, o una bufona, llamada lady.

En los últimos años, el bufón en la cabeza de esta alianza maldita se hace llamar “abuelo”. Un hombre, mitad bestia, mitad idiota; un hombre sin poder, que fue obligado a desposar a la primera dama, treinta años mayor.

Una basura.

Una realidad.

El poder ciega personas, las atrapa, las consume.

El poder cegó a ese hombre y esa ceguera lo hizo cometer locuras, asesinatos.

Primero su suegro, luego su esposa.

Los Leprince no olvidamos, y tampoco podemos perdonar. No se nos educa para ello.

Él mató a mi abuela, estuve ahí cuando su vida se apagó, cuando su pecho se detuvo en alto y no volvió a bajar. Estuve ahí, y no pienso dejar ese incidente correr como muchos otros.

Porque ese es su error.

Mantenerme vivo.

Mantenerme aquí.

Acabó con quienes me rodeaban, acabó con todos los que se interpusieron en su camino, y eso solo me hizo pensar una cosa... ¿Qué me impide hacer lo mismo?

Su existencia es una mancha, hay que limpiarla.

Nuestra misión se centra en ayudar a la humanidad, pero no puedo ayudar a nadie en mi estado. La R.R Family es la encargada de cargar con sangre... Entonces, ¿por qué? ¿Por qué yo me ahogo con el peso de los asesinatos?

Sí, es verdad. Ser asesino no era parte de mi camino. ¿Y por qué es mi trabajo ahora?

Extraño a mi abuela, ella me consolaría con las palabras correctas, extraño a mi abuela... Ella cargaría este peso conmigo. La extraño...

La extraño tanto, porque, en este mundo de joyas y autos de lujo ya no tengo a nadie; mamá y papá tienen que estar lejos por su propia seguridad, él los mataría si se atreven a dirigirme la palabra, mis primos fueron asesinados... Vaya que no me sorprende.

Y Serius... Serius me sigue, pero sus ojos ya no me ven. Esos orbes oscuros traspasan mi cuerpo y se centran en mi alma, la examinan, y sé que le duele. Cada vez más sucio, cada vez más corrompido. Ya no somos los niños que podían contarse secretos y jugar a las traes, ya no somos los primos, hermanos, que viajaban codo a codo haciendo frente al viejo, no, ya no...

Su deber es manejar una familia de poder, que busca traer de regreso a la anterior alianza. En cuanto a la mía... Sigo siendo el perro de alguien. El perro del abuelo.

¡Lo maldigo!

¡Lo odio!

Lo.... Lo quiero muerto.

Creo que este es el único crimen que no me arrepentiré de cometer.

Porque quiero ver libre a mi familia.

Porque quiero volver a abrazar a mis padres.

Porque quiero que Serius vuelva a sonreír.

Y por mí.

Debo hacerlo.

Debo vender mi alma al demonio y consumirme en las llamas altas del infierno.

Porque este es mi destino, y nadie, absolutamente nadie, ni nada, debe de interponerse en mi camino.

.

.

.

Soy el arma que tuvieron para mantener en pie a la alianza, soy el heredero “perfecto” que creó un monstruo, puliendo con sangre y miedo cualquier imperfección que asomaba; entre ellas, una ENFERMEDAD incurable que me impide sentir algo por una mujer, por su cuerpo o su belleza, por sus sentimientos.

Soy un Leprince.

Soy un arma, un utensilio, una herramienta; toda mi vida me han usado y tratado como tal, un engrane más en el funcionamiento complejo de una máquina mucho más grande, de un mundo mucho más basto. En un lugar en el que no tienes voz ni voto, solo quedan dos cosas por hacer, callar, o ir un paso más allá y gritar más fuerte que cualquier otra voz, alzando un poder que él quiere suprimir.

Herramienta.

Perro.

Es verdad, soy ambos, pero, si debo usarme lo haré con gusto, todo con tal de destruir sus sueños, del mismo modo en el que él destruyó a esta familia.

.

.

.


Mi nombre es Ryu Patroclo Neus D’Angello Leprince, soy el primogénito y heredero de la alianza. Soy un monstruo creado en las sombras, y un perro faldero que no puede desobedecer las ordenes de su amo... O eso es lo que aparento.

Hay cosas que no recuerdo, tengo huecos existenciales en la línea de mi vida. He olvidado mi infancia, y también parte de mi adolescencia.

Vivo con este sentimiento constante de que algo no está bien, de que algo falta. Y es esa pieza restante la que me está enloqueciendo.

Sus ojos me persiguen, hermosos y llenos de vida. Hay noches en las que me ven con miedo y preocupación, otras más me miran a través de una cortina de amor, pronunciando frases que no olvidaré, que me mantienen con vida.

Dice que me ama, y por su expresión juro que es cierto.

Dice que “nuestra” hija habló de nuevo, y no entiendo a qué se refiere.

Dice, dice mucho. Y a mí me gusta que me lo diga, aunque no soy yo en realidad, es un cuerpo parecido pero mucho menos roto, mucho menos sangriento.

Me gusta su voz, y creo que también sus ojos. Me gusta él, me gusta mucho. Pero es todo, me gusta como persona, sin embargo no puedo sentir más, algo... Sigue sin estar bien.

Yo... Soy el que no está bien.