Gatita y lobito V: el lobo más grande

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Una extraña neblina cubre una ciudad, causando conmoción y caos entre sus habitantes. La gatita y el lobito observan este suceso, reflexionando sobre ello. ¿A qué se debe este hecho? se preguntan. Esta es su historia.

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Gatita y lobito V: El lobo más grande

Basto unos pocos segundos para que la ciudad fuera cubierta por una enorme neblina. Desconcertados, científicos y gobernantes no podían explicar el surgimiento de ese fenómeno. Edificios, casas, parques, monumentos, todo había sido invadido. Obviamente lo que más preocupaba eran los efectos que podría tener en los humanos. Sin embargo, no se detectaba cambio alguno.

Las personas continuaban comportándose para los científicos bajo parámetros normales. “Conducta regular y sin alteraciones físicas en los humanos”, decía uno de ellos, mientras miraba la pantalla de una computadora. No obstante, otro de ellos señalaba: “muestra que posee tres elementos que no se encuentran en la tabla periódica y que por lo tanto no podemos explicar”. “Requerimos de más investigaciones, aunque de momento podemos decir, que si bien desconocemos de qué forma combatirlo, al parecer no es peligroso para el ser humano”, dijo un tercero.

Los gobernantes trataban de tranquilizar a los ciudadanos. “No es un problema, es un reto”, decían tratando de minimizar el tema. “Tenemos a los mejores científicos trabajando, pronto daremos con la solución y pasara a ser solo un hecho aislado; una pequeña y breve contrariedad de nuestra historia”, informaron en un comunicado a la prensa para que fuera difundido. “Es en estos momentos en los que debemos ser más grandes y fuertes para acabar con lo que podemos llamar nuestro enemigo”, se leía al final de ese comunicado.

Sin encontrar una explicación, la ciudad continúo sumergida en la neblina. Los días pasaron, uno tras otro, y la gente comenzaba a acostumbrarse. La poca visibilidad era contrarrestada con un mayor uso de lámparas en las calles y casas. Los trabajos se habían vuelto, cada vez más, de forma remota. El tránsito en las avenidas disminuía, pues a nadie le agradaba adentrarse en la incertidumbre.

El primer incidente fue observado a través de la pantalla por los científicos. “¡Tumulto en el metro de la ciudad!, dos hombres se agarran a golpes por entrar al vagón”, decía un reportero en las noticias. Las cámaras enfocaban la pelea. “¡Yo debo ir primero, porque soy más grande y más fuerte!”, decía uno de ellos. Sin embargo, el otro le lanzaba un derechazo, y decía: “No, aquí el más grande soy yo, ya lo veras”.

“Es un hecho aislado”, repetían los científicos entre ellos. “Pronto regresara la calma”, informaban a la comunidad. A pesar de ello, las escenas de violencia entre los ciudadanos iban en aumento. La neblina había provocado poca visibilidad, pero las voces se escuchaban muy claras por toda la ciudad: “¡Yo soy más grande, más fuerte!, ¡tú eres el enemigo!”.

Sin poder ser aislado, el hecho escalo a lo más alto. “¡Encapuchados toman las instalaciones del Congreso! Demandan que los gobernantes renuncien por no ser lo suficientemente grandes y fuertes para dar solución al problema de la neblina y querer normalizar el tema”, informaba un reportero. “¡Asalto al edificio de los científicos! Un grupo numeroso de personas irrumpe en sus oficinas y toman rehenes”, comunicaba otro reportero.

“No tienen por qué tener miedo”, decía uno de los científicos tomado por rehén. “Aquí, en este edificio, estarán a salvo. Es una gran fortaleza, construida con alta tecnología, innovación y seguridad”, continúo diciéndole a lo que entonces era ya una mancha inmensa de gente. No obstante, su anuncio se perdía poco a poco entre la multitud, que enfurecida comenzaba a destrozar todo.

A lo lejos, la gatita y el lobito observaban lo que sucedía. “¿Puedes verlo gatita linda?, esa neblina está compuesta de tres elementos: enojo, frustración y miedo”, le dijo el lobito. “Como si se tratase de un virus, el edificio no bastará para protegerlos. Por su comportamiento, puedo ver que la mente y el corazón de estas personas, ya han sido invadidos”, continuo.

En la ciudad se escuchó, entonces, un gran estruendo, el edificio de los científicos, emblema de tecnología, ciencia e innovación se derrumbaba, mientras la gente salía despavorida. De igual forma, en otros puntos importantes comenzaban a notarse pequeños incendios. En los supermercados, en las fábricas, en el Congreso, en las oficinas de las empresas, surgían pequeñas explosiones y derrumbes.

“Sabes gatita linda, lo veo y pienso que hasta puede que esas personas sean más lobos que yo, y que en algún momento acabaran devorándonos y devorándose entre ellos”, le dijo el lobito con un tono de preocupación. “Tal vez si yo fuera un lobo más grande; con mucha más fuerza; y con unos colmillos más afilados, nunca lleguen a alcanzarnos esos sentimientos. Así, podría protegerte siempre”, continuo él, cambiando su tono a uno lleno de mucha emoción.

“Quizás así sería”, le dijo la gatita mirándolo con mucha ternura. “Pero no creo que ese tipo de grandeza y fuerza que me dices pueda hacerle frente a esos sentimientos, mi lobito. Porque si fueras más grande y fuerte, ¿cómo evitarías lastimarme con esa gran fuerza y con esos colmillos afilados?, ¿o cómo podrías verme?, tal vez hasta me aplastarías y ni cuenta te darías”, continuo ella.

En la ciudad, las explosiones y una gran conmoción continuaban. Gritos y fuertes estruendos se podían escuchar hasta en la calle más aislada. La gatita no dejaba de ver aquella escena con algo de tristeza en los ojos. “Al ver el deterioro y la decadencia de esta ciudad, no puedo dejar de pensar que se debe precisamente a su grandeza. Les ha hecho sentir y pensar a estos ciudadanos que son tan inmensos, que pueden pasar por encima de cualquier obstáculo, incluso si ese es otro ser humano”, le dijo al lobito.

“Mi lobito, no quisiera que fueras un lobo más grande”, le dijo la gatita. “Quiero que siempre seas como eres. Que si llegas a usar tu fuerza la utilices para abrazarme tan fuerte, que seamos una sola alma; que tus colmillos sirvan para que los hundas en mis cicatrices, y que estas sean ahora tuyas; y que si creces lo hagas a mi lado, para que juntos estemos por encima del enojo, la frustración y el miedo”, le dijo la gatita, mientras abría sus bracitos al cielo.

“Dime qué seremos enormes, mi lobito. Muy grandes y nobles. Dime qué seremos tu y yo en este maravilloso mundo, siempre”, le dijo la gatita. El lobito la observaba minuciosamente, como si tratará de mirar hasta lo más profundo de su alma. Miraba su pelaje brillante; sus ojitos llenos de bondad; pero también la nobleza de sus sentimientos. Entonces, no dudo en decirle: “Sí, tú y yo en este grandioso universo, gatita linda. Eternamente”.

Alberto Pascual