una goccia di sangue puro, un lago di sangue marcio

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Summary

En los callejones en sombras de la ciudad, donde las lealtades son tan fugaces como las sombras que las albergan, se teje una trama de intrigas, poder y, sobre todo, legado. Aquí, en el oscuro corazón de la mafia italiana, el "Lignaggio d'Oro e di Sangue" (LOS) impone su presencia. Su nombre resuena en susurros, temido y respetado en igual medida. En este mundo de secretos sepultados bajo capas de lujos ostentosos, las líneas de sangre son la moneda más valiosa. El poder se hereda, se transmite a través de generaciones, y cada gota derramada cuenta una historia. Los Machetti, con su legado dorado y sus manos manchadas de sangre, se sientan en la cima de esta jerarquía. Pero incluso en la cúspide, las sombras del pasado amenazan con oscurecer el futuro. Enfrentados a desafíos inesperados y peligros desconocidos, los líderes de la LOS deben navegar con cautela. ¿Qué significa realmente llevar la carga de un linaje lleno de secretos? ¿Puede el legado de sangre ser más fuerte que los caprichos del destino? A medida que las tensiones aumentan y los lazos familiares se estiran hasta el límite, solo una cosa es segura: en este mundo de intriga y oscuridad, la lealtad es tan frágil como el cristal, y el legado de sangre puede ser tanto una bendición como una maldición.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1



Los Machetti, mejor conocidos en el bajo mundo como los líderes de la “Lignaggio d’Oro e di Sangue”, eran los grandes mandamases del inframundo bajo el nombre de “Machetti Corporation” a los ojos de la sociedad italiana.

Alessandro Machetti fundó “Machetti Corporation” en 1920 desde cero. La empresa aduanera creada por Alessandro se convirtió en una de las más famosas y exitosas de su tiempo. Incluso sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, superando la crisis económica que la siguió.

La herencia de “Machetti Corporation” pasó de barón en barón a lo largo de los años, hasta llegar a manos del joven Damon II Machetti. Esta tarde, en un evento organizado por su padre Alessandro II Machetti, Damon anunciará su jubilación, delegando toda la responsabilidad a su primogénito, tal como hizo su padre, Alonzo Machetti, hace 30 años. El evento tendrá lugar en Vía Giardino Giusti, Verona, Italia.

—Lo intenté. La reportera habla el italiano más confuso que he oído en mi vida —se quejó Dante, irritado después de un mes en Italia. La vida era complicada sin conocer el idioma. —No puedo creer que nuestra madre italiana jamás se haya molestado en enseñarnos su idioma natal.

—Claro que lo hizo. Lo que pasa es que tú eres un haragán y nunca aprendiste nada. Incluso el tailandés lo hablas chueco. Es un milagro que sepas inglés—opinó su hermano mayor, Christian, mientras escribía en su computadora.

—Te han dicho que eres muy ofensivo y directo.

—Sí, pero jamás mentiroso—aseguró con una sonrisa de oreja a oreja.

—Cuando vamos a volver a Tailandia, extraño a papá— dijo Dante, aunque su padre era un viejo cascarrabias, le hacían falta sus quejas diarias. “Genial, iba a entrar en crisis desde cuando extraña a su padre.”

—Vaya que te vuelves loco en estas cuatro paredes pequeño. Te recuerdo que estamos en Italia por tu culpa—regañó el mayor.

—Sí, si me echas la culpa me siento peor—bufó frustrado mientras iba a la cocina por su quinto café del día.

—La abuela dijo que, si conseguíamos trabajo y lo manteníamos dos semanas, podríamos regresar a Tailandia—recordó Christian.

—Yo también—preguntó el menor.

—No, claro que no. Tú quédate aquí viendo televisión y comiendo chucherías mientras yo consigo dos trabajos, y en uno me llamaré Christian y en el otro, Dante, para así engañar a la abuela—dijo el mayor, con sarcasmo evidente, aunque Dante no era el ser más inteligente de la tierra.

—¿Es en serio?

—Claro que no es en serio, Dante Buyotwi—gritó un poco exaltado, propinándole un buen golpe. “Pero no me grites que lloro”, se quejó Dante mientras sobaba su golpe.

—Me voy.

—No te vayas. Te prometo que seré un mejor hermano, lavaré los trastes, intentaré entender tu sarcasmo, pero no te vayas—rogó Dante, dramático por naturaleza.

—Aunque ganas no me faltan, no te preocupes. Siempre voy a volver, por desgracia.

—Sí!!—celebró Dante con uno de sus bailecitos.

—Hay veces que me cuesta creer que tienes 22 años. Actúas tan infantil—comentó Christian, arrepintiéndose inmediatamente de sus palabras cuando vio los ojos de Dante volverse a su oscuro destello.

—Sí, lo sé. Perdón, es mi método de defensa, Christian—murmuró Dante, y en cuestión de segundos, se escuchó un portazo por toda la casa.

—Soy un imbécil—se susurró a sí mismo.

—Vamos, Dante, ya me voy a mi primer día de trabajo y no me quiero ir mientras tú estás enojado conmigo—habló a través de la puerta. Dante no había salido de ahí desde su mal comentario.

—Ya vete, Christian. No pienso abrirte—apenas se escuchó el susurro, alertando a Christian.

—Dante Buyotwi, si no me abres la puerta, voy a tirarla—advirtió Christian, sabiendo que los susurros de Dante eran preocupantes.

—Estoy bien, Christian. Solo que si te veo la cara, te daré un puñetazo. Así que ya vete, Ngī̀ ngèā (estúpido)— alegó en su tono normal, y eso calmó a Christian. Decidió dejar que su hermano se calmara.

—Xokhe læ̂w cex kạn c̄hạn rạk khuṇ (está bien, te veo después, te amo) —agarró sus cosas y salió de su casa. Estaba nervioso; era su primer día trabajando para una gran empresa como “Machetti Corporation”.

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Dante

Odiaba este mundo. Siempre todo es mi culpa y la verdad que lo es. Cada cosa que hice, lo hice conscientemente y no me arrepiento. “Para qué arrepentirse, lo que hiciste ya lo hiciste. Es mejor admitirlo y superarlo que quedarse estancado”, esa voz.

8:00 PM

¿Nunca les ha pasado que tienen un colapso mental, luego duermen horas para superarlo y despiertan cubiertos en sudor y con los ojos pesados de tanto llorar? ¿No? Pues a mí sí.

La verdad, llorar ha perdido sentido para mí. Creo que lloro para no recurrir a la violencia.

Yo sé que Chris no me lo dijo de manera ofensiva, pero esas palabras me traen malos recuerdos y él lo sabe. Pero bueno, siempre me recupero. “No caigas en el mismo charco del que saliste, Dan”. Su voz aún suena en mi cabeza.

Odiaba Italia. Me traía malos recuerdos de la niñez. Mi madre escapaba a Italia siempre que podía. Saben, no la culpo. Si yo hubiera tenido la oportunidad de alejarme de los Buyotwi, lo habría hecho sin pensarlo.

—Mierda, creo que dormí demasiado. El sonido distorsionado del televisor se oía a lo lejos. Al parecer, mi hermano se olvidó de apagarlo antes de irse.

No se han reportado fallecidos hasta el momento. El personal de seguridad de los Machetti supo controlar la situación.

—Machetti —el noticiero habló sobre ellos esa mañana. Recordó que se hablaba de que hoy había un evento público muy importante. Su curiosidad lo sacó de su cuarto. No sabía italiano muy bien, pero entendió la palabra “decessi”.

Se asegura que fue un intento de asesinato hacia el heredero Damon II Machetti. Los culpables huyeron llevándose como rehén a un miembro del personal de seguridad, a quien los Machetti aseguraron es Christian Buyotwi.

Dante sintió su mundo irse a la mierda. Christian era lo único que le quedaba, y de un momento a otro se estaba enterando de que se lo habían arrebatado. Qué mierda estaba pasando. Ellos iban a cumplir un castigo que su odiosa abuela les daba casi siempre para enseñarles a “valorar su dinero”, y ahora no sabía si su hermano seguía con vida.

Necesita una maldita explicación.

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Horas antes.

—¿Niño, estás seguro de que tienes la experiencia necesaria? Pareces bastante joven —cuestionó el jefe del personal de seguridad de los Machetti. La responsabilidad de garantizar la seguridad de Damon recaía sobre él, y no estaba dispuesto a arriesgarlo con novatos.

—Por supuesto que sí. Mírame, soy perfecto para el trabajo. Ya he demostrado mis habilidades —Chris alardeaba, poseyendo destrezas notables en combate, puntería y una forma física envidiable. Aunque nunca había trabajado en seguridad, la urgencia de conseguir empleo para liberarse del castigo y regresar a Tailandia lo motivaba. El jefe asintió.

—Está bien, pero ten cuidado. Si haces algo estúpido, te destruyo, muchacho —amenazó, entregándole un elegante uniforme y un arma.

—Siempre he querido una de estas —Chris estaba emocionado como un niño con un juguete nuevo. Su fascinación por las armas era evidente, gracias a las enseñanzas de su tío, cuando era joven el hermano de su madre solía llevarlo a cazar al bosque.

—Prepárate en 5 minutos. Formarás parte del grupo C. Eres nuevo, así que no puedo darte mucha responsabilidad —ordenó el jefe.

—Sí, señor.

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—Vaya, parece la preparación para la coronación de una princesa —se burló un rubio adentrándose en la oficina de Damon.

—Tan bromista como siempre, Esteban —el pelinegro no estaba de humor para los chistes de su primo. Además, no entendía por qué estaba en esa oficina.

—Es lo mío, primito, lo sabes.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Damon, intuyendo que su primo no venía a felicitarlo, como los demás.

—No quieres esto, Damon —Esteban fue directo.

—¿Y tú sí? ¿O solo buscas las riquezas de ser el jefe? —acusó Damon, esbozando una sonrisa engañosa.

—¿Insinúas que busco esto por avaricia? —respondió Esteban, ofendido.

—Eres igual que tu padre, exigiendo un puesto en esta familia cuando es un simple colado —aseguró Damon.

—Soy un Machetti —las palabras encendieron la ira de Esteban. Después de años de maltratos, esperaba finalmente ser aceptado por los Machetti, y ahora no reconocían su sangre.

—No lo eres. Tu padre se apellida Moniwong; nunca serás un Machetti —Damon se sintió ridículo al decirlo, como si fuera un privilegio. Pero sabía que eso era lo que más odiaba Esteban.

—Mi madre es una Machetti, tu tía y la primera hija del abuelo. Por ende, merezco este puesto —Esteban estaba perdiendo la paciencia.

—Sabes el valor que tienen las mujeres en esta familia. Ríndete como tu madre y lárgate de mi oficina —demandó Damon, con poca paciencia, llevándolo hacia la salida.

—No me das órdenes —dijo Esteban, decidido. Damon río irritado, no tenia tiempo para los berrinches de su primo, en una hora toda la responsabilidad de la familia recaería en él.

—Si no te largas, te quitaré lo poco que tienes, Moniwong —advirtió Damon, malhumorado.

—Para ser un debilucho, hablas como si fueras un hombre hecho y derecho. Damon, sabemos lo débil que eres — se burló Esteban con una sonrisa maliciosa en su rostro. Damon soltó una risa fría.

—Eso no quita que yo sea superior a ti en todos los aspectos. Y si hablas de mi desastrosa juventud, recuerda que no fui el único iluso que sangró frente a un tiburón —acuso firmemente Damon.

Esteban, sintiendo que la paciencia se le agotaba, apretó los puños. —No te confundas, Damon. Yo tengo mis propias cartas bajo la manga. Pronto, la familia Machetti reconocerá mi sangre.

Damon, sin inmutarse, señaló hacia la puerta. —Hasta entonces, Esteban. Espero que disfrutes de tu paseo por las sombras, porque cuando caigas, no quedará nadie para ayudarte a levantar.

Damon, después de que Esteban fuera conducido fuera de su oficina, se volvió hacia el guardia que guardaba afuera.

—Asegúrate de que Moniwong se vaya sin problemas —ordenó, con un tono que denotaba cansancio—Pero si se queda al evento de esta tarde ofrécele el mejor asiento en el evento.

El pelirrojo, nervioso, se adelantó para guiar a Esteban fuera de la oficina. Damon se quedó en su escritorio, contemplando el caos que se avecinaba en su familia. Sabía que las luchas internas no tardarían en intensificarse y se preguntaba cuántos más intentarían derribarlo de su pedestal.

Damon no pudo evitar esbozar una media sonrisa, sabiendo que, por lo menos en ese momento, había logrado mantener a raya las tensiones familiares.

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Chris se sentía completamente perdido. Al salir de los vestidores, se había extraviado en la imponente mansión. Había esperado recibir instrucciones del jefe de seguridad, pero nunca se imaginó que la mansión fuera un laberinto sin aparente salida. En un momento dado, avistó a unos guardias resguardando una puerta, pensando que podrían conocer mejor el lugar.

—Hola, soy nuevo aquí y... —no pudo terminar de hablar, ya que el guardia lo interrumpió de inmediato.

—Por fin llega el relevo, necesito descansar —dijo el guardia antes de irse, sin darle oportunidad a Chris de explicar que no debía estar allí.

—¿Puedes quedarte solo un momento? Revisaremos el perímetro antes de salir —preguntó otro guardia.

—Sí, claro —se regañó mentalmente; no debería estar allí, y ahora se encontraba solo, cuidando algo seguramente importante, ya que, al llegar, había cinco guardias. Estaba en graves problemas.

Minutos después, se encontraba guiando a alguien a la salida, aunque él mismo no tenía idea de dónde estaba la salida.

—Señor Moniwong, ¿asistirá al evento o se retirará? En ese caso, le pediré un taxi para cualquier destino que elija —preguntó Chris, irónicamente sin tener ni idea de dónde pedir un taxi en ese lugar.

—¿Taxi? No soy lo suficientemente especial para uno de los vehículos de la familia Machetti —respondió el rubio en un tono poco amigable. Chris se estaba muriendo de nervios; definitivamente lo despedirían.

—Mis más sinceras disculpas. Soy nuevo y no tengo ni idea de cómo funciona todo aquí. Además, ni siquiera debería estar aquí, y para colmo, no sé dónde está la salida, señor —dijo Chris en un intento de salvarse en su primer día. “Lindo”, pensó el rubio.

—Está claro que eres nuevo; de lo contrario, no te habrías disculpado —se burló el rubio, levantando la mirada que hasta hace un momento estaba fija en el suelo, intentando calmar su ira. Ahora, sus ojos se posaban en el afligido pelirrojo. Chris reconocía esos ojos afligidos.

—¿Christian Buyotwi? —preguntó el rubio muy entusiasmado. Nunca pensó volver a encontrarse con el único amigo que tuvo en sus años viviendo en Tailandia, y mucho menos en un lugar así. ¿Qué hacía este “niñito ricachón” trabajando para los Machetti?

—El mismo —respondió confundido. No tenía idea de quién era ese rubio; para ser honestos, no era muy bueno recordando. Ni siquiera recordaba lo que había comido ayer.

—No te acuerdas de mí, ¿verdad? Eres muy olvidadizo. Preescolar, yo tenía el cabello negro, no hablaba con nadie, y tú te me acercaste ofreciéndome tu amistad. Fuimos amigos hasta los 10 años, cuando me fui de Tailandia.

—Ah, ya recuerdo. Tu madre hacía un delicioso pan de maíz —recordaba muy poco, pero eran buenos recuerdos. Siempre huía a casa de ese niño cuando sus padres peleaban.

—Sí, aún lo hace —aseguró el rubio con una sonrisa. Increíblemente, el enojo que sentía Chris desapareció. Definitivamente, este pelirrojo siempre sería especial—. Sabes, sé dónde está la salida y sé dónde queda el evento. ¿Qué te parece si te llevo para que no pierdas tu trabajo? —propuso amablemente, y el pelirrojo sintió un alivio. Tal vez no lo despedirían en su primer día.

—Gracias, eres mi salvación.

—No hay de qué —aseguró el rubio

Te tengo, y esta vez no te voy a soltar, bozhestvennyy ogon’.

La obsesión que había permanecido latente durante tanto tiempo finalmente había resurgido, como un fuego que ardía con renovada intensidad.

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Bajo la fría luz de un almacén abandonado, un grupo de encapuchados se preparaba meticulosamente para el inminente tiroteo. La tensión en el aire era palpable mientras revisaban sus armas, ajustaban las capuchas y compartían miradas cómplices. Cada estaba gesto impregnado de determinación y una mezcla de ansias y temor.

El líder del grupo, una figura sombría en el centro, delineaba la estrategia con voz serena pero amenazadora. Los murmullos de los encapuchados y el sonido metálico de las armas siendo cargadas resonaban en la oscura atmósfera del lugar. Los ojos de cada uno reflejaban la ferocidad de su causa, y la determinación de deshacerse del capo Damon Machetti ardía en sus corazones.

—Si no se deshacen de Damon, sería mejor que los maten, porque si no, yo mismo los asesinaré.

Así es el oscuro mundo de la mafia, donde la sed del poder lleva a intrincadas conspiraciones para derrocar al líder actual. Los juegos de traición y ambición son moneda corriente, y cada paso puede ser una jugada mortal en el tablero del crimen organizado.


Daniela Arce.


espero sea bien recibido es mi primer libro y le eche muchas ganas.