1| Dulces Vidas
En el pequeño pueblo de Evergreen, ubicado en medio de las montañas, envuelto por el cálido espíritu navideño. Las calles adornadas con luces de colores y las casas brillando con sus mejores decoraciones. Repleto de emoción y alegría mientras diciembre avanza y la Navidad se acercaba con rapidez. Los copos de nieve caían suavemente del cielo, cubriendo las calles y tejados con un manto blanco brillante, creando un ambiente encantador y mágico.
Los adornos y luces parpadean, coronas de navidad y festones repletos de ellos en todas partes, el aire desprendia ese hermoso brillo festivo. Las calles llenas de vida, animadas con la música navideña que fluía desde los altoparlantes, el delicioso aroma de galletas y pasteles recién horneados que seduce, tentando a todos los que pasaban.
La campana de la pastelería repica tintineante; mientras los clientes entran y salen, llevando consigo deliciosos pedidos de dulces y panes de chocolate. El cálido aroma a recién horneado impregna el ambiente, provocando sonrisas en cada rostro que cruza por la puerta.
Los habitantes de este acogedor rincón se saludan con familiaridad, compartiendo amables palabras y chistes entre ellos. En este lugar, los lazos comunitarios son fuertes todos se conocen cada uno crea un ambiente de cercanía. Cada visita a la pastelería se convierte no solo en una simple transacción comercial, sino en un momento para compartir, conectar y disfrutar de la dulzura de la vida.
—Serían… doce marcos con ochenta y ocho peniques
—¡Gracias, Linda! y… ¡felices fiestas! —Dice la amable señora de avanzada edad.
—¡Gracias! Igualmente, ¡felices fiestas! —regreso tan felices deseos a la agradable señora que sale de la tienda.
—¡Vaya! Tienes muchos clientes —alegre—
¿Necesitas ayuda? —Su rostro transmite una mezcla preocupante y contentamiento al mismo tiempo.
Sonrió y cuando estaba por hablar Maliya se me adelanta, Maliya y su madre son personas muy gentiles que se preocupan por los demás, de hecho la preocupación y el bienestar en el pueblo es mutuo estoy agradecida por vivir aquí el amor nunca falta.
—Y ¡cómo no va a tenerlos! madre, es una increíble ¡Mmm!... horneadora de tan ¡ricas delicias! —expresa saboreando uno de los pastelillos que estaba cobrado.
—Gracias, señora Elyanna. Pero ¡estoy bien! —Sonrió— ¡Me encanta mi trabajo!
—Entonces, Te dejamos niña Lucy
—¡Adiós, Lucy! Mmm… —comiendo—, y ¡gra…gracias por los manjares!
—¡Un placer!
—¡Ya deja de comer! o llegaremos a casa con las manos vacías. —expuso Elyanna a la glotona de Maliya, quién no paraba de comer.
—¿Hay algo para mí? —La voz de Jack, mi niño favorito de este pueblo, de tan solo ocho años.
—¡Claro que sí! —¡Claro que sí! —Me volteo hacia el mostrador, tomando una porción de tarta de Sarchie de Limón, la perdición de Jack, a quien le había prometido el martes pasado que vino cuando se había terminado.
Constantemente cambio la variedad de postres que tengo disponibles para la venta y nunca me limito a ofrecer solo uno. Además de los panes, rellenos y sin relleno, suelo ofrecer alrededor de diez opciones de postres diferentes. Sin embargo, en ese día en particular, todos parecían deseosos de probar el postre de Jack.
—¿Qué te parece? —Sonrió.
—¡Estupendo! —Puedo ver su felicidad en sus ojos, color chocolate.
—¿Puedo acompañarte?
—¡Por qué no! —Se pone muy contento mientras se sienta cerca mío a lado del mostrador.
—¿Estás cansada? Y ¡no me mientas! —Es increíble como Jack, puede cambiar a un niño tan lindo a una cara de inspector solo para preguntarme si estoy agotada.
—¡poquito!...sí. Pero acabaré pronto. —hable, mientras corregí un mechón de cabello. Intentando ordenar cada cosa en su lugar.
—Toma —Alza hacia mí un bocado de la tarta que el comía.
—¡Gracias, Jack! Pero estoy limpiando; descuida, aún tengo tarta. Cuando termine, comeré un poco. —Estoy limpiando el mostrador, colocando algunas cosas en su lugar, y otras seguían vagando allí; puede que aún las utilice...
—Sabes..., —Le prestó, atención— aunque lo hayas preparado tú, aún así ¡me dolerá! —dramático— Cómo… si ¡despreciaras una parte de mí! —Río por tales ocurrencias de Jack.
—¡Te han dicho que eres un niño capricho! —Mencionó en tanto probaba un bocado, mientras Jack sonríe con orgullo a mis palabras.
—Además, ¡cuando termines! —Arruga su frente—, no estaría seguro de si realmente lo comerías.
Mientras Jack seguía deleitándose con su exquisito postre, las personas no dejaban de llegar y marcharse con una variedad de deliciosos postres y panes, ansiosos por disfrutar de ellos en la comodidad de sus hogares.
—¡Nos vemos Lucy! ¡Jack!
—¡Adiós, señora Mäkinen!
—¡Regrese bien a casa! —Uff al parecer ella era la última…
¡El tiempo, sí que vuela! Es hora de cerrar el lugar y poner fin a tan exitosa jornada de trabajo. La mayoría de las ventas casi se terminaron, a excepción de dos paneras: una de champurradas y otra de marraquetas. Por lo tanto, ordené todo con un poco de asistencia. Casi olvidaba la reserva guardada: empaqué los bollos de panes rellenos con queso, los preferidos de mi abuela.
—¿Listo?
—¡Siempre! —Apagamos las luces y salimos de la pastelería, asegurando el sitio.
Mientras caminamos, Jack me cuenta de sus aventuras. Nos detenemos junto al grupo de villancicos que canta en un kiosco muy adornado, utilizando este como escenario.
Los cantos llenaron el aire con una magia especial, mientras el grupo cuptura la atención de todos los transeúntes, envolviendonos en el ambiente festivo, solo faltaban unos días para navidad.
—¡Wow! Mami mami ¡es mágico!
Simplemente... Mágico, esas fueron las palabras de la infante a quien veía con un rostro lleno de felicidad hablándole a su madre. ¡Es hermoso! Mientras el espectáculo continúa, la estrofa y el instructor mueven la vara de guía. Comienza a nevar y sí, ¡sí es mágico! A pesar de tener veinte, mi fe es tan grande o incluso mayor que la de un niño.
La canción finalizó y todos aplaudimos. Así mismo, agradecieron con una reverencia.
—Sí cariño, es hora de ir a casa.
—Será mejor que también vayamos a casa. —Expuse. La nieve es hermosa, puedes jugar con ella y todo lo que pueda ser. Pero también es una advertencia para resguardarnos en ambiente cálido y evitar lo que pueda contraer.
—Es verdad, la nieve puede intensificarse.
Avanzamos a paso veloz, el frío estaba aumentando. Llegamos a casa de Jack, despidiéndome a la orilla de la cerca —:¡Entra! El aire es intenso.
—No tanto. Descuida ¡Saluda a tus padres de mi parte! ¡Adiós!
—¡Está mal! ¡Sabes que no hay problema si te quedas!
—¡Lo sé! Pero mí abuela, me espera.
—¡Está bien! ¡Cuídate de regreso!
No vivo tan lejos, pero el aire es un impedimento para avanzar. ¡Cielos Santos! El viento está listo para desnudar. Siento que traspasa todo; incluso podría llevarse mi alma si pudiera. Por suerte, no es Halloween.
Entró a una cabina de llamadas, marqué el número de casa. ¡Abuela! ¿Qué estarás haciendo? Ahora, ¿en dónde se metió esta abuela escurridiza? Marqué y marqué, pero mi abuela no me contestó. Bueno, ¡será mejor que me de prisa!
—¡Ahhh! —Chilló, parecía un murciélago que vino hacia mi— ¡Tenía razón! Suerte que no es Halloween porque con este grito del susto que acabo de dar, seguro y se llevan mi alma. Yo no creo en los fantasmas. —Sólo era una prenda de abrigo de alguien, que el viento se lo arrebató; en fin, se fue—. ¡Bye prenda!... —Me pregunté, ¿a dónde terminará?…
¡Al fin! Tocó la puerta de casa… Olvidé mis llaves y la abuela, linda no me habré. Bueno tendré que ir por atrás… ¡Genial! Una ventana abierta, suerte que no es un pueblo peligroso, o las cosas ya habrían desaparecido.
Me quité los zapatos antes de entrar, quedando en calcetines. Bueno, mi abuela no está aquí. Fui a la cocina y no hay señal de ella. ¿Habrá salido? Pero con este frío, ¡ni siquiera a la esquina! ¡Ah! La encontré durmiendo como un bebé. Qué bien que no grite a su llamado. Le di un beso en la frente y la cubrí con la sábana calentita.
Cerré con cuidado la puerta y me dirigí a la cocina tomé un vaso de leche a temperatura, cene una pequeña porción de lasaña guardada y luego me senté en el cómodo sillón, por lo general me gusta leer, sobre todo libros de poesía. Continúo leyendo el que casi terminó, estoy a la esquina de unas hojas.
Sin sentir, mí cabeza recae en el sillón...
Sin darme cuenta, ya eran las diez en punto. ¿Cómo es que dormí tanto tiempo? Me levanté y tenía una cobija. No sentí en qué momento me la puso mi abuela. Me dirigí al baño, me cepillé y regresé a la cama, pero no sin darme cuenta de cómo estaba mi abuela; volvió a dormir, ¡eso es bueno!
—¡Ahhhhhhhhh! —bostezo.
—¡Buenas noches! para tí también kyrah. —Acaricio su cabeza, luego voy directo a la cama acurrucarme para volver al sueño exquisito que fue cortado ayer; o eso espero ver, dónde me quedé.
***
A la mañana siguiente me despierto por Kyrah, La ardilla loca que me despertó, gracias al cosquilleo de su cola en mi barbilla.
—Hace mucho que terminé la escuela Kyrah, ¡déjame dormir! —Me doy vuelta al lado contrario de kyrah, y antes de que la tumbara por algún lado, Kyrah se va. Mientras me tapó la cabeza con la sábana calentita.
—¿Soñando de nuevo?
Me descubro la cara y aún soñolienta, veo a mi abuela que se acerca a mí y me da un beso en la cabeza—: Buenos días, abuela.
—¿Cómo amaneciste corazón? —Se sienta a un lado de la cama quitando cabello de mí rostro.
—Bien. Veo que hoy amaneciste más radiante.
—Eso es gracias a tí. —Sonríe— Me encantaron los bollos.
—¡Enserio! —Asiente— que bueno que te gusto.
—¡Ella tiene razón! —¿Ehh? Estoy confundida.
—¿Qué cosa? Abuela.
—Es hora de levantarse. —Hace una pausa despues de que su vista recallera al mueble sorprendida—. Pero ¿qué le pasó a tu reloj?
—¡Ah! Eso, lo encontré en el suelo la mañana de ayer…
—Pero ¿cómo se pudo haber caído? No creo que decidiera suicidarse por sí mismo. Era muy bonito.
—Tal vez..., lo pueda enviar arreglar. Creó que fuí yo, estaba tan apurada que tomé algo del cajón y lo cerré bruscamente. —¿Se escucho bien eso? En realidad fue Kyrah, quién botó el reloj, no podía decirle qué una ardilla ha estado husmeando por toda la casa.
En parte también tengo la culpa, siempre escondo nueces por mi habitación o en cualquier parte de la casa donde me encuentre. Esto es un juego para ambas yo escondo su comida y ella las busca es buena rastreadora. Fue mala idea poner una nuez en la estantería pequeña que se encuentra justo arriba del mueble donde se encontraba el reloj.
—¿Crees que tiene arreglo? Es muy antiguo, tal vez, —Mira el reloj y toca los dibujos de relieve—. está vez haya dicho adiós por completo.
—Todo tiene arreglo abuela, no está tan jodido; volverá a vivir, lo llevaré arreglar mañana.
—Bueno, me voy linda. No te levantes tarde ¿De acuerdo? —Sé levanta de la cama, dirigiéndose a la puerta.
—¿A dónde vas tan temprano? —pregunté desconcertada.
—¿Temprano? ¡Lucía, son las nueve! Haré un poco de ejercicio.
—Es domingo.
—¡Qué va! Eso no me detendrá. —Sale dejando entre cerrado la puerta— ¡Chao linda! ¡Volveré en unas horas!
—¡Espera! —Grito desde mi cama—, qué significa eso de "en unas horas". ¡No te excedas!
—¡No lo haré! —Grita desde abajo. Luego de escuchar la puerta golpearse cuando sale.
Salgo disparada de la cama rumbo a mi ventana y veo que ya está doblando la esquina, pues ¿qué ingredientes le habré echado a esos bollos? parecía una niña que fue corriendo a la tienda de helado para ser la primera en probarlos y al mismo tiempo una adolescente ¡que rayos! quiso decir "en unas horas" algo se trae pero no se que, sea lo que sea más vale que regresé pronto.
—¡Dios! Me siento como madre exasperada porque su hija salió de casa y no sabe a qué hora regresará.
***
Me encuentro en el patio trasero, trepando un árbol como mono, intentando bajar una de las manzanas que está más en lo alto. La escalera no es suficiente, así que subo a una de las ramas.
—¡Por favor Viljämi!, se que ya me has dado muchas manzanas pero por favor dame esa gran, roja, jugosa —me rozo los labios con la lengua— y deliciosa manzana.
El viento no me favorece ¡pero quiero esa manzana! ¡y la voy a conseguir, cueste lo que cueste! ¡Oh Dios mío! Se ve muy alto desde aquí arriba. ¡Dios! O ¡Dios! Estiro mi mano para tomarlo...
—Solo un poco más —Todo mí cuerpo tiembla, arrugó mi nariz y mis dientes se estremecen, cómo si eso ayudará a alcanzar mi manzana.
No sé cómo sucedió, pero luego me di cuenta de que me había soltado del agarre de la rama, perdiendo el gran apoyo de mi pie que resbaló. ¡Maldición!
Siento cómo caigo de espaldas y veo todo oscuro…
Doy un salto repentino, como si mi espíritu regresara a mi ser, y eso es exactamente lo que sucede. Abro los ojos rápidamente y me incorporo.
—¡Dios! Pero qué sueño más surrealista, solo estoy soñando.








