Babysitter |HisoSuku|

Summary

Hisoka tiene que cuidar de un niño problemático y de alguna manera se convierte en su prometido.

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
Age Rating
16+

Parte Única

En el instante que Hisoka vio el ceño fruncido y los labios trazados en línea recta en el rostro del infante, supo que tendría muchos problemas mientras cuidaba de él. Hisoka Morow no necesita trabajar para sobrevivir; su familia es millonaria gracias al patrimonio de una cadena de hoteles creada por su bisabuelo. Tampoco estaba haciendo esto como un servicio a la comunidad y menos como un favor a una persona allegada a él. No, Hisoka sería el niñero de un niño de siete años porque su madre lo obligó.

El breve informe que su madre le dio acerca del niño fue jodidamente problemático. El pequeño bastardo es el epítome del caos. El niño se metía en peleas con sus compañeros de clases, trataba con dureza a la gente que le desagrada, desobedece a su padre y abuelo, y siempre les hacía bromas pesadas a sus niñeras anteriores. Esta última información es la causante de por qué un adolescente de quince años debe cuidar del maldito hijo de Satanás.

El mocoso se hizo una mala fama en los servicios de niñera, nadie quería hacerse cargo de él. Y con justa razón, porque ese niño no tenía contemplación con ninguna mujer de la agencia. La última niñera salió corriendo de la casa Itadori luego de que el niño le arroja un balde con sangre de cerdo, y solamente Dios sabe de dónde carajos lo habrá conseguido. Existen más anécdotas, pero Hisoka prefirió no indagar más a fondo, ya que se encontraba bastante asqueado con la broma a lo Carrie.

Ese mocoso ya le estaba dando una migraña y sólo han transcurrido cinco minutos desde que se conocieron.

Itadori Jin, el padre del mocoso, y su madre mantienen una estrecha amistad. Jin debía partir a Shanghái por asuntos del trabajo y no tenía una persona de confianza para que cuidara de su hijo. Su padre, Wasuke, se encuentra internado en el hospital por una enfermedad, la agencia de niñeras lo vetó y ninguno de sus conocidos quería cuidar del niño por su terrible comportamiento.

El señor Itadori tiene gemelos, y es el menor el que le causa problemas. Sin embargo, el gemelo mayor fue acogido en la casa de un amigo de la escuela. El gemelo malvado no tuvo la misma suerte porque sus compañeros de clases le temen.

Su madre se enteró de la situación y propuso que él cuidara del mocoso.

Aquello es un castigo porque descubrieron que Hisoka se escabulle por las noches a un club de peleas clandestinas. Y, como cereza en el pastel, le hallaron ciertas sustancias ilícitas. Pero esto no le pertenecía, el idiota de Nobunaga le pidió que ocultara sus drogas por un tiempo y él resultó perjudicado. (La próxima vez que lo vea, le partiría las piernas). Lo único que detuvo a su padre en ahorcarlo fue su madre. Aun así, ella no estaba contenta con lo que su hijo había hecho, y la hora de su castigo llegó.

Mierda.

Hisoka escuchó muy atento a las instrucciones del señor Itadori, y al cabo de una hora se encuentra en la sala común del departamento con el niño.

Sukuna, el nombre del niño, lo miró con frialdad, cómo si estuviera juzgando severamente su alma con esos ojos de un extraño color carmesí. Hisoka enderezó su cuerpo e intentó mantenerse tranquilo. Una de las leyes de supervivencia es que jamás debes mostrar debilidad ante el enemigo, y Hisoka no permitirá que un niñato de siete años lo intimide. (Joder, la humillación. Y tiene una reputación que mantener).

Empero, Sukuna no dio señales de hostilidad y tampoco lo atacó verbalmente. El niño adoptó una actitud calmada y casi risueña; causando una terrible incredulidad en el adolescente. ¿No se supone que el mocoso es el mismísimo Anticristo?

Durante los tres días que Hisoka cuidaba de Sukuna, comprendió que el infante poseía una extrema necesidad de atención. Sukuna se apegó a él como chicle al cabello; Hisoka no podía estar a solas porque el niño inmediatamente lo perseguía y se sujetaba a su cadera. El mocoso incluso se volvió exigente y caprichoso: le ordenó que lo bañara, que lo alimentara y, para colmo de males, quería dormir con él. Hisoka intentó disuadir al pequeño, pero Sukuna se mostró firme e hizo una rabieta que logró convencer al adolescente.

Un día antes de que el señor Itadori regresara de su viaje, Sukuna se volvió fúrico cuando vio a Hisoka conversando feliz por celular.

Hisoka apenas soltó un chillido cuando su celular fue arrebatado de sus manos con ferocidad.

—¡Sukuna! —exclamó en tono molesto, mirando cómo el niño sostenía su celular—. ¡Devuélveme mi celular!

—¡¿Con quién estabas hablando?! —Sukuna ignoró la demanda de su niñero. Exigiendo saber con quién estaba riendo al otro lado de la línea.

—¿Eh? ¿Y eso a ti que te importa? —Arqueó una ceja.

—¡Eres mi prometido y no puedes engañarme!

Hisoka parpadeó confuso.

Prometido.

Prometido.

Prometido.

La palabra resonó como eco en la mente del adolescente. Tras unos segundos de procesar lo anunciado por el niño, Hisoka abrió sus orbes de par en par.

—¡¿Quéeee?! —gritó, mostrándose desconcertante por la barbaridad que soltó el niño—. ¡¿Cómo carajos puedes decir eso?!

—Porque es verdad. —Los rasgos faciales del niño exhibieron una seriedad que dejó helado a Morow.

«Ay no», pensó Hisoka.

Demonios, el mocoso iba enserio.

—Sukuna, no entiendes lo que significa esa palabra.

—No me trates como un tonto. Soy más inteligente que esos estúpidos niños de la escuela —dijo petulante.

—Me refiero a la connotación de ser el prometido de una persona. —Se sobo las sienes—. Sukuna no puedes decir que soy tu prometido.

—¿Por qué no? —Hizo un mohín y Hisoka tuvo el fugaz pensamiento de que el niño es adorable.

—Primero que todo, el compromiso es algo que no se puede tomar a la ligera. Segundo que todo, tengo quince años y soy tu niñero temporal. Y tercero que todo, ¡eres un niño! —explicó con irritación.

Sukuna ladeó la cabeza, frunciendo el ceño.

—Entonces, estás diciéndome que no puedes casarte conmigo ahora, pero sí puedes cuando sea mayor.

Hisoka abrió los labios con incredulidad.

—No, Sukuna. —Se apretó el puente de la nariz—. Estoy explicándote que no puedo casarme contigo.

—¿Por qué?

—¡Porque eres un menor de edad! —exclamó.

—Técnicamente, tú también lo eres. —Se cruzó de brazos y alzó una ceja.

—¡Soy ocho años mayor que tú!

—¿Y eso qué tiene de malo?

Morow meneó su cabeza, perplejo. ¿Es qué ese niño no entendía lo malo de la situación o simplemente le estaba tomando del pelo?

—Escuchame —Sukuna habló en tono solemne y cogió la mano de Hisoka—. Nos casaremos cuando sea mayor y no habrá problema.

—Sukuna. —Suspiró—. No puedo casarme contigo. Eres un niño y yo no puedo estar con un niño.

Los ojos del niño empezaron a escocer.

—¿Me estás rechazando? —habló entrecortado, y enseguida las lágrimas brotaron con premura.

Los alarmantes y vehementes sollozos de Sukuna resonaron en la sala común. El llanto del pequeño creó un agujero del tamaño de Tokio en el estómago de Hisoka. Sukuna no era un angelito, aun así, sus lamentos atormentaron los tímpanos de Hisoka, poniéndolo nervioso y haciéndolo sentir como un monstruo por ser el responsable del desgarrador llanto. Hisoka tomó en brazos a Sukuna e intentó tranquilizarlo, pero el niño no paraba de llorar y la cabeza empezaba a dolerle por escuchar el terrible llanto.

El pelirrojo mecía al niño mientras susurraba palabras dulces a su oído; sin embargo, fue inútil.

Cansado y desesperado, Hisoka eligió mentirle al niño para que se tranquilice.

—De acuerdo, Sukuna. Me casaré contigo cuando seas mayor.

Al decir eso, el llanto cesó y Sukuna lo contempló con euforia.

—¡Eres mío, Hisoka Morow! —gritó y sonrió taimado.

«Pequeño bastardo manipulador».

Una venita palpitó en la sien de Hisoka.

El niño aprovechó la poca distancia entre sus rostros y besó la mejilla de su niñero.

—Eres un tipo interesante y me has hechizado, por eso no te dejaré ir. Quédate a mi lado y seré un buen esposo, y a cambio tú debes ser una buena esposa —manifestó engreidamente.

—Mocoso, ¿por qué tengo que ser la esposa? —Entrecierra sus ojos, molesto.

—Naciste para el papel.

—Hijo de…

Hisoka se calló y prefirió no seguir con la estúpida discusión.

Con suerte, Sukuna se olvidaría de esto más temprano que tarde.


Cuando Hisoka era un niño, sufría ataques de pánico producidos por extraños sueños. Él soñaba con un lugar lleno de gente y dos hombres peleando, y luego veía cómo la gente atacaba a uno de los hombres y ese hombre moría por una explosión. Ahí terminaba el sueño y se despertaba llorando y gritando.

No recuerda cuando dejó de soñar con eso, pero agradece que haya terminado.

En ese tiempo, no quería dormirse porque temía volver a soñar con esos hombres.

Actualmente, su temor a dormirse ha regresado; pero no por una pesadilla. Teme que al quedarse dormido ocurra una masacre.

—¡Hisoka, prometiste que jugaríamos voleibol!

—¡Quita tus malditas manos de mi prometido!

—¡Hisoka no es tu prometido! ¡No tiene un anillo!

—¡Que no lo tenga no significa que no lo sea, cara de rana!

Morow se encuentra sentado en un sillón de su dormitorio, con sus brazos siendo agarrados con fuerza por dos niños. Uno de ellos es Sukuna, y el otro es Gon Freecss. Gon es el hijo de un viejo amigo de su padre, Ging Freecss. El señor Freecss es un arqueólogo y está en Egipto para un «nuevo descubrimiento», aunque no tiene idea de que se trate. Ging no tenía con quien dejar a Gon, así que su madre otra vez lo puso de niñero. Gon vivirá con ellos por una larga temporada y él se hará cargo.

Él conoce a Gon desde hace mucho. Recuerda que una tarde el señor Freecss apareció con un niño de dos años en su casa y Hisoka se encargó de jugar con él.

(Aparentemente, ser niñero es su destino).

Gon es un niño alegre y educado. No obstante, Sukuna lo ha sacado de sus casillas.

De haber sabido que esos dos mocosos se llevarían como perro y gato, le hubiera dicho al señor Itadori que no podría cuidar de los gemelos.

—¡Hiso-nii! ¡¿Te vas a casar con Suku-nii?! —soltó emocionado.

Yuuji es lo opuesto a su gemelo. Es demasiado dulce y tierno; Hisoka lo adora.

—¡Por supuesto que nos casaremos, mocoso!

—¿En serio vas a casarte con ese bastardo? —Hace una mueca—. Pensé que tenías mejores gustos, Hisoka.

—Cierra la puta boca, Gojo.

—¡Suku-nii, no le hablas así a Satoru-kun!

—¡Yuuji, te amo! ¡Deberíamos casarnos también!

Ah cierto, Hisoka también está cuidando de su pequeño primo, Gojo Satoru. Y para volver está situación más problemática, Satoru está enamorado de Yuuji y es el archienemigo de Sukuna.

En el hipotético caso de casarse con Sukuna, las reuniones familiares serían caóticas.

—¿Casarme con Satoru-kun? —Yuuji se puso pensativo, y luego respondió con alegría—: ¡Sí! ¡Me casaré con Satoru-kun!

—¡Yuujiiii!

Satoru atrapó a Yuuji en un abrazo y restregó su mejilla contra la de él.

—¡Maldita rata albina, aléjate de mi hermano!

—Jódete, querido cuñado.

—¡Te cortaré como un pescado!

Hisoka suspiró, y luego se sorprendió al sentir unos labios sobre su mejilla. Miró a Gon y éste lucía sonrojado y tímido.

—Leí que los besos pueden mejorar el estado de ánimo de una persona.

—Gon…

—¡Conoce tu lugar, basura!

Morow se apresuró en sostener a Sukuna antes de que saltara sobre Gon.

—¡Hisoka es mío!

—¡No, Hisoka es mío!

—¡¿Acaso mi palabra no cuenta?!

—¡¡No!! —exclamaron los niños.

La puerta de la habitación fue abierta y entró un niño de cabello oscuro con un bol de palomitas de maíz.

—Suguru, ¿por qué trajiste palomitas de maíz? —preguntó Satoru, todavía sosteniendo a Yuuji.

—Para disfrutar de la pelea —dijo, señalando a Sukuna y Gon—. Por cierto, Yuuji, ¿tú papá es soltero, verdad?

—¡Lo es! ¿Pero por qué preguntas, Suguru-kun?

Suguru sonríe de manera nihilista.

—¿Qué opinas de que me convierta en tu padrastro?

—¿Qué es eso? —parpadeó confundido.

—¡Geto, maldito bastardo! ¡Con mi padre no!

El resto de la tarde, Hisoka tiene que evitar que Sukuna mate a Gon, Satoru y Suguru.

Si ellos son así siendo unos niños, ¿cómo serán al crecer?

Y así, Hisoka Morow tiene un nuevo miedo.