Siendo nada en tu corazón

Summary

Una breve despedida del primer amor. Alfred se ha rendido con Arthur Kirkland y no hay forma en que lo arreglen. Es solo un adiós.

Genre
Drama/Other
Author
Usuk
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Chapter 1

Quise enamorarme de cualquiera, menos de tí. No sabes cuánto hubiera dado por amar a una persona que me ame con la misma intensidad, sobre todo que me lo demostrara. Cuando pienso en toda esa gente que lastimé gracias a que yo no sabía nada sobre el amor, me siento pésimo, en ese entonces creí que exageraban. Pues un rechazo no es la gran cosa. Al menos eso es fácil de decir cuando tu no eres el protagonista.


Nadie me advirtio que el amor dolía tanto hasta dejarte sin ganas de vivir. No se atrevieron a contarme que no todo sería felicidad como yo  esperaba y vaya que mis expectativas eran altas, las caras de alegría de mis amigos al enterarse de la noticia de que por fin tenía pareja, cada uno me felicito...


Pero hubo uno que me miró con lastima. Ese amigo sólo me deseo suerte.


Si fuera una persona más observadora me hubiera cuidado más


Conocerte fue cosa del destino, del tiempo, a decir verdad, algo del más allá,  fuera lo que fuera nos juntó. Estabamos marcados, nuestro encuentro sería algo especial y que me marcaría de por vida. Aunque hay veces en las que me arrepiento de haberte conocido. Debí de decirte que no. Un no, hubiera hecho una gran diferencia en mi futuro. Me habría evitado tanto dolor. Pero sin duda me hubiera perdido de una valiosa experiencia. Puede que me contradiga. No hay claridad en mi cabeza pues el dolor persiste como una molesta espina que se hunde dentro de la piel y por más que se intente no se puede sacar. Quiero desahogarme, dejaré el peso que he cargado hasta ahora. Por fin lo haré.


Cuando pienso con tiempo, llego a la conclusión de que a veces es necesario sufrir para entender ciertas cosas. A golpes la visión se aclara.


Así entendí que el primer amor no necesariamente tiene que ser bueno. Amar es complicado, es una responsabilidad. No puedes jugar con los sentimientos de la otra persona ya que esta depositó su confianza en tí, la persona que de verdad te ame se entregará por completo. Amar no es un juego. Con unas palabras, con los actos puedes hacer mucho, mucho daño. Yo no lo sabía. Cuando lo conocí, no comprendía que significaba amar tanto a alguien como para darle cada pedazo de tu alma. Pues darlo todo por alguien me pareció absurdo. Según yo, nunca llegaría a rebajarme por nadie.


Cuando conocí a Arthur cambié por completo y para bien, él me hizo mejor persona, no me obligó a cambiar, en realidad Arthur nunca hizo nada por cambiarme sólo me acepto como era, el simple hecho de permanecer a su lado fue lo que me hizo ser otro, tal vez, mi verdadero yo.


El pasado es confuso, la mente a veces o casi siempre distorciona los recuerdos. Es por eso que no puedo fiarme de mi mismo pero, antes no me cabía en la cabeza llegarme a enamorar, esa idea parecía tan lejana.


Pensaba: «Sí ni si quiera sé quererme a mí mismo mucho menos a alguien ajeno»


En toda mi joven vida a nadie le había dado la oportunidad de adentrarse en mi corazón. Hasta que me tope con él: el hombre que me destruiría de la manera mas hermosa posible. Aquel que con una sonrisa provocaría un caos en mi interior.


Aquel que me enseño que amar va de la mano con el sufrimiento. Aunque claro, en esto debía de haber un equilibrio, si el dolor ganaba la relación estaba perdida.


Arthur Kirkland. 


Recordarlo me provoca sensaciones agradables con un toque amargo.


Su cabello fino del color del trigo, siempre rebelandose contra los peines o cualquier intento de mantenerlo quieto. Sus ojos verdes, al principio los comparé con los árboles, pues para mí verlos y decifrar los secretos ocultos en ellos era una necesidad, algo que no podía faltarme, Arthur era mi vida. Con el tiempo me dí cuenta de que en realidad se asemejaban más con los gatos: astutos, perversos, ocultan miles de secretos, nunca se puede estar seguro de si lo que harán será bueno o malo.


Sus rasgos del rostro tan marcados lo hacían parecer afeminado pero con esas gruesas cejas se reafirmaba su hombría.


Ah, su imagen sigue siendo tan clara como la primera vez en que lo ví, con una mirada atrajó mi atención.


Habiendo tantas personas en el mundo, tuve que cometer la estúpides de ilusionarme contigo. La seriedad que demostrabas ante los demás te daba la imagen de ser un quisquilloso, engreído y hasta patán por eso cuando te quedaba a solas conmigo yo me sentía tan especial de ser el único a quien le sonrieras de esa manera coqueta y encantadora. Creí que era alguien importante en tu vida, más tarde demostraste que no era así, me trataste como a cualquiera. No se si de un momento a otro perdiste interés en mí, no sé lo que ocurrío. 


La última vez que te ví fue cuando trate de hablarte, saludarte, lo que fuera con tal de que clavaras tus ojos en mí, en cambio me ignoraste dandome la espalda. Fue duro ver como te alejabas, el rechazo me golpeo donde más dolía, en ese momento supe que no darías marcha atrás, te ibas para no volver. No pude ni decirte adiós, ni pude darte un beso de despedida, no hubo nada, ante esto siento entre arrepentimiento y felicidad el no haberte dicho lo mucho que te amaba, lo mucho que te seguiría amando. Si te lo hubiera dicho tal vez me sería sencillo el poder desprenderme de lo que aún siento por ti. Por otro lado confesarme sólo hubiese hecho que te burlaras, te daría la oportunidad de lastimarme. Y sinceramente ya me canse de andar rogando, ya me canse de ti. Por eso te deje, seguir peleando por una causa perdida. No soy tan masoquista como para quedarme.


Te extraño, sin embargo no volveré a molestarte.


A pesar de lo malo que fuiste conmigo te deseo lo mejor. Quiero que un día encuentres a alguien que ames y que te ame. Esa persona deberá romper las murallas invisibles que sin darte cuenta colocas a tu alrededor. Espero que aprendas a querer Kirkland, te hace mucha falta...


Te ama (a pesar del tiempo): Alfred Frederick Jones.


Arthur apretó la carta con fuerza entre sus manos. Alfred era un cobarde, se lo había demostrado en repetidas ocasiones, esa no era la primera vez que le decía algo importante por medio de algo escrito, no se atrevía a darla la cara. De seguro se le quebraría la voz a la mitad de lo que quisiera expresar, Arthur lo conocía bien.


Lo extrañaba, estuvo conciente de lo mal que lo trató. Por eso dejarle de hablar fue lo mejor que pudo hacer. Ya no quería seguir lastimandolo.


Suspiró con pesadez. Debía empezar a aprender a querer: debía comenzar por apreciarse así mismo, puede que eso le salve de la destrucción a la que él mismo se sometía.


—Que idiota he sido.



~∆~~∆~


Es corto xD. Pero era necesario que lo subiera. Prefiero que algunos pocos le den una oportunidad de leerlo a qué se sigan empolvado guardado entre un sin fin de historias que tengo xD. Juro que me estoy apurando con lo que aún no termino. Pero tengo miedo de publicar (?