Bugambilia (ChanLix)

Summary

AU en donde Felix es el todo de Chan, pero ya volverá su tiempo de reencontrarse. Inspirado en Bugambilia de Nasa Histoires.

Genre
Romance/Drama
Author
Jenn
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Parte única

-Felix, deja de hacer eso.


Aquello le daba cosquillas en la nariz.


-Vamos Channie, a ti te encantan estas flores.


Chan abrió los ojos, encontrándose con la sonrisa de Felix en contra de la luz del sol.


Tan brillante y tan hermosa, aquella sonrisa podía hacerle competencia incluso a la misma luz solar.


Felix aún balanceaba aquella flor de bugambilia frente a su rostro.


-Se parecen a ti, por eso me gustan.


Un momento de silencio de hizo en aquel parque una tarde de domingo.


Chan acostado en el regazo de Felix bajo un árbol, pasando los últimos momentos del día que les quedaba juntos.


Ambos mejores amigos, ambos con sentimientos no tan ocultos.


-Me gustas, Felix.


El pecoso lo miraba con la boca ligeramente entreabierta, la flor cayendo al pecho del mayor para después ser llevada por el viento.


Con cada segundo que pasaba, Chan era más y más consciente del rechazo inminente que se le avecinaba. Llegar a gustar de Felix fue tan fácil, se dio casi naturalmente.


El muchacho era risueño, alegre, entusiasta y muy cariñoso. Un cálido rayo de sol al medio día.


Si, llegar a gustar de Felix era una cosa.


¿Pero como pudo siquiera llegar a pensar que él se sentiría del mismo modo?


Eran amigos. Mejores amigos.


¿Cómo pudo arruinarlo?


-Perdona, no quería hacerte sentir incómodo- el mayor se aclaró la garganta, mostrando su mejor sonrisa mientras se levantaba del regazo ajeno- esto... creo que el viento está más intenso ahora, déjame acompañarte a casa.


-No quiero ir a casa.


Chan volteó a ver al menor aun sentado en el césped, este lo miraba con la sonrisa más luminosa que alguna vez pudo ver en su vida.


¿Acaso podía ser más bonito?


Felix se levantó de un salto, acercándose a Chan hasta rodear con sus brazos el fuerte cuello del mayor. Estaba tan cerca y olía tan bien.


-También me gustas, tonto.


Pudo vislumbrar una última sonrisa antes de que Felix lo atrajera a un beso tímido pero dulce. Tan cálido y tierno que Chan se sintió desmayar.


Ese fue el inicio de su romance de cuento de hadas. Un beso inexperto junto a emociones fuertes y una cascada de bugambilias cayendo sobre ellos debido al fuerte viento.




+*+*+*+*+*+*+*+*+




Ver a Felix era sin duda un pasatiempo para Chan.


Pasatiempo que podría volverse un trabajo a tiempo completo. Claro, si le pagaran por ello.


A su hermoso novio le gustaba hornear. Y a Chan le gustaba verlo hornear, mancharse de harina, sonreir, comer, respirar, vivir.


Sin duda era una relación en equilibrio.


-Ya está- exclamó el pecoso cerrando la puerta del horno- ahora solo falta que se horneen.


-¿Entonces ahora si me levantas el castigo?


Felix le dió una mirada malhumorada.


-No


-Vamos Lix, no es justo- Chan puchereó intentando ablandar el corazón de su novio, sacandole una sonrisa- solo quería darte un poco de amor.


- ¿Un poco de amor? – Felix levantó una ceja, cruzándose de brazos- Christopher, cogimos justo en esta misma mesa hace media hora. Me quitaste tiempo para hacer las galletas y ahora vamos tarde al cumpleaños de Jeongin.


-Pues lo siento por querer darle a mi precioso novio la atención que se merece.


- ¡Te dije que te detuvieras, pero no me hiciste caso!


- ¡Mientras te abrazabas y llenabas de marcas mi cuello! - contraatacó Chan, provocando un ligero sonrojo en Felix- además, ¿de que sirve que me digas que me detenga si luego me pides más? En mi defensa yo solo estoy para complacer.


Felix solo miraba el horno como si fuera lo más interesante en esa habitación.


El rubio siempre había sido tan vergonzoso para casi todo, pero Chan descubrió lo vocal y desvergonzado que podía ser al momento del sexo. Una faceta que sin duda le encantó.


Los gemidos graves y jadeos de Felix podían hacerlo llegar sin siquiera tocarse.


Y ni hablar de aquella figura esbelta que poseía, junto con aquellos muslos tan apretables y esa cintura estrecha.


Dios, de solo recordarlo ya volvía a ponerse duro.


Ambos ya estaban vestidos, listos para ir a la fiesta. Y sobre todo, Felix se miraba tan bien en esa camisa violeta suave, pero a alguien se le antojaba desvestir al pequeño rubio y vestirlo nuevamente, pero con besos y mordidas.


- ¿Sabes qué Lixie? Creo que a Jeongin no le hará daño que lleguemos dos horas más tarde.


- ¡¿Qué?!


De un momento a otro Chris ya tenía a Felix entre sus brazos, sus labios recorriendo su cuello con parsimonia a la vez que sus manos tanteaban debajo de su camisa.


Simplemente no podía tener suficiente.


Felix se derretía bajo sus manos y boca, emitiendo pequeños ronroneos a la par que se sostenía de los amplios hombros del mayor, hundiendo un poco fuerte sus uñas en la espalda formada cada vez que Chris succionaba un punto especial.


Para cuando se dieron cuenta Felix ya se encontraba desnudo del torso hacia abajo, siendo empotrado contra la mesada de granito de la cocina. Sus uñas apenas podían hacer algo por él en sujetarse mientras Chan se hundía duro pero lento en su cálido interior.


La piel de Felix era tan fácil de marcar y tan sensible, Chan amaba ver las huellas de sus manos y labios en aquel lienzo con aquellas pequeñas pecas adornándolo. Era sin duda una majestuosa obra de arte.


Tan suave y tan tersa, el olor avainillado apenas perceptible entre el olor a sexo y sudor de ambos, pero el aroma de Felix era irrepetible. Incomparable.


Felix era todo, el desenfreno y la tranquilidad, la pureza y lo profano.


Aquellas pequeñas manos aferrándose al granito mientras curvaba su espalda, pidiendo más entre dulces gemidos y ojos cristalizados. Una boca deliciosa y esas mejillas furiosamente rojas.


Era un ángel y a la vez un demonio invitándolo a pecar.


Felix era simplemente él y no podía ser más perfecto.




+*+*+*+*+*+*+*+*+




-Chan, ya es hora de que regresemos.


Él solo negó con la cabeza, viendo aquella lápida nueva con el nombre de su amado en ella.


Apenas se sentía consiente, no recordaba cómo es que habían llegado al cementerio, pero no quería irse aún. No todavía.


Felix estaba ahí, ¿cómo podría irse?


Changbin no se molestó en repetírselo. Solo le tocó el hombro en aviso que ya se marchaba y se fue.


Sabía que no podía hacer cambiar de opinión a su amigo, nadie más que Felix podría haber logrado tal hazaña.


Chan era un testarudo y orgulloso de primera, pero el pecoso podía ablandarlo hasta volverlo gelatina.


Felix se había enamorado primero, pero Chan fue el que cayó más fuerte por el rubio.


Casi quince años juntos y ahora de aquello no quedaba más que una lápida y las palabras grabadas en ella.


"Fuiste un rayo de sol en la vida de todos los que amaste"


Felix se había ido.


-Perdóname, debí haber ido contigo.


La garganta le dolía luego de haber gritado y llorado tanto, pero necesitaba oír algo que rompiera aquel silencio.


-Debí haberte llevado a la playa ese día, debí acompañarte.


Las lágrimas hacían que sus ojos ardieran y el viento gélido no ayudaba en lo absoluto.


El invierno se acercaba y con ello las bajas temperaturas y las lluvias torrenciales.


Felix había quedado con sus amigos de la universidad en realizar un viaje a la playa, lejos de aquel frio que se vivía en la capital.


Pero Chan no estuvo de acuerdo debido a que sentía que el menor pasaba más tiempo con sus amigos que con él últimamente.


Chan había estado ocupado por meses debido a proyectos de trabajo en los cuales él era el compositor, dejando de lado sin querer a su novio. El estrés y la tensión lo ponían de un humor horrible, llegando incluso a decirle a Felix que lo dejara tranquilo, que si seguía siendo tan infantil y necesitando su atención todo el tiempo no podría siquiera sentirse tranquilo en su propia casa.


No era culpa de Felix, él solo quería a su novio cariñoso y protector. Quería a Chan de vuelta. Lo quería en sus reuniones de amigos y fiestas de cumpleaños. En las salidas al cine y acurrucados en la cama un domingo a la tarde viendo alguna película tonta.


Pero Chan lo ignoraba esas últimas semanas así que le vino de maravilla el plan del viaje y aceptó ir con sus amigos a distraerse un poco.


Cuando Felix le dijo un día antes a donde se iba por el fin de semana, Chan estalló en cólera.


Cuando al fin él había terminado el proyecto que más cargado lo tenía, cuando al fin había hecho tiempo para poder pasar con su novio un fin de semana tranquilo en casa, él salía con que se iría de viaje sin él.


Esa noche lluviosa Felix trató de convencerlo de ir con él, pero Chan y su orgullo se lo impidieron. Entonces el pecoso le dio la idea de, al menos, llevarlo en el auto hasta la playa, podrían pasar tiempo juntos durante el viaje y se encontraría con sus amigos allá.


Quizá con un poco de suerte convencía a Chan de quedarse con ellos, ya que había conducido toda la ruta hasta ahí.


Era el plan perfecto.


Pero el mayor prefirió desearle las buenas noches y encerrarse en su estudio en casa.


No fue sino hasta la mañana siguiente que recibió la llamada de un desconocido desde el teléfono de Felix.


Escuchó "Felix" y "accidente" y no le tomó más de un minuto en llegar al auto y conducir como un demente hasta el hospital.


Todo después pasó tan borroso, como en un sueño.


Felix ensangrentado conectado a tantas máquinas como fueran posibles, las enfermeras prohibiéndole el paso a la sala de operaciones, el pésame del doctor y luego el cementerio.


Así de rápido habían pasado dos días y él estaba entumecido.


Lo único que sabía era que Felix estaba bajo tierra y el aún, malditamente, respiraba.


-Siempre me dijiste...que era... tan sentimental- una sonrisa triste se asomó a sus labios, hasta realizar ese gesto le costó más energía de la necesaria- supongo que tenías razón, ¿verdad?


A pesar que conocía la realidad, Chan esperaba una respuesta.


Un susurro, un latido, una brisa... algo.


-Por favor dime que me escuchas- el dolor en pecho era casi asfixiante- por favor...dime que aún no te has ido... te lo suplico.


Una fuerte brisa hizo volar todo a su alrededor, las hojas caídas y algunos pétalos de las flores traídas a Felix.


Y junto con ellas, bugambilias moradas.


Caían a cascadas sobre su cabeza, su rostro y sus manos.


Hyunjin había ayudado a Chan, o más bien se había hecho cargo, de los arreglos para el funeral y el entierro.


Había pedido las más bellas flores, el más elegante féretro, el mármol mejor pulido para la lápida y el más fino grabado para este. Pero junto con eso, como pedido explícito y sin lugar a discusión, había pedido que el lugar de descanso de su más querido amigo fuera bajo un árbol de sus flores favoritas.


-Sigues aquí, yo lo sé- Chan se miraba las manos llenas de aquellos pétalos púrpura, sus lágrimas cayendo sobre ellas- te lo imploro...no me dejes.


El viento corrió más gélido, más fuerte, más implacable. Aquel fue el día más gris del año.


Al parecer el clima también lamentaba la perdida de aquel rayito brillante de sol.


Chris solo pudo apretar aquellas flores entre sus manos y llorar con sus últimas fuerzas su dolor.


Su bugambilia, su flor morada, se había ido.




+*+*+*+*+*+*+*+*+*+




El pelinegro desechó el residuo de aquel cigarro y encendió otro casi al instante.


La mujer rubia dormía profundamente a su lado, desnuda y saciada.


Chan simplemente no soportaba verla.


Con un gesto de molestia dejó que le humo escapara de su boca y cubrió a la mujer con la sábana del hotel.


Sarah era hermosa y sensual. Tenía pecas adornando su rostro esculpido y las curvas en el lugar correcto. Era divertida y fácil de contentar.


Se movía tan bien cada vez que lo montaba, parecía danzar sobre él. Tan lento y placentero. Si cerraba los ojos el tiempo suficiente y se concentraba casi podía llegar a parecerse, pero no.


No era Felix.


Nunca lo sería y eso estaba más que claro.


Admiró sus torneadas piernas que sobresalían de las sábanas, hasta sus delgados muslos y frunció el ceño.


De ninguna forma podría parecerse a él.


Se levantó de la cama y comenzó a vestirse con paciencia, terminó su cigarrillo y peinó su cabello lo mejor que pudo.


No se quedaría, a pesar que ella se lo había pedido incontables veces. Él no compartiría cama con nadie.


Evadió las ropas en tonos violetas regadas por el suelo y salió sin hacer ruido.


Violeta. El color favorito de Sarah.


O al menos eso dijo ella luego de que a Chan, con algunas copas encima, se le escapara que amaba las bugambilias moradas. Que eran su flor favorita en el mundo y su color favorito.


Cada vez que se encontraban le quitaba la ropa con rapidez no por querer verla desnuda, sino porque no soportaba ver aquel color tan característico en otra persona. No quería asociar el color con ella.


Felix era su morado. Su bugambilia.


Felix era su todo favorito en el mundo. No ella.


Chan sabía que Sarah estaba enamorada de él.


Con un demonio que lo sabía. Y se estaba aprovechando de eso.


Pero necesitaba también aquel apoyo emocional que ella le brindaba.


Chan le había dejado en claro que solo eran amigos con derecho, que no habría más. Jamás.


Pero sabía que botones exactamente apretar en Sarah para volverla débil y maleable entre sus manos.


Tan sumisa y dispuesta a complacerlo.


Sabía que estaba tan jodido, haciendo que ella aceptara lo poco y nada que él estaba dispuesto a darle.


No era un hombre, era un cobarde manipulador.


Un bastardo.


Por eso cortaría todo contacto con ella.


Desde esa noche estaba por su cuenta, ella encontraría a alguien mejor.


Alguien que si la amara.




+*+*+*+*+*+*+*+*+*+




La puerta se abrió y entró a su casa. Dejó su chaqueta sobre el sofá, tomó un cambio de ropa interior y fue a darse una ducha.


Se la merecía.


Jisung había sido despiadado, no le había dado ni un minuto de descanso en estos últimos tres días, pero el resultado había valido la pena.


El álbum se había lanzado con éxito y ahora solo debían esperar la crítica.


Sabía que no les iría nada mal, modestia aparte.


Se secó, vistió con solo ropa interior y acurrucó en su cama.


Antes de acostarse tomó el pequeño pote de crema regeneradora de su mesita de noche y untó un poco en aquel tatuaje aun fresco sobre su pecho.


El color había quedado bien en su piel blanca y las flores se veían tan reales que casi podía sentir la textura de los pétalos.


Sonrió leve.


Él aún estaba ahí, más vivo que nunca.


Ya listo el cuidado de su tatuaje recién adquirido, se acostó con cuidado sobre su espalda y esperó paciente a que el sueño llegara.


No tuvo que esperar mucho.


Pronto estuvo de nuevo en el parque donde siempre se encontraba con Felix los domingos a la tarde, acostado en su regazo mientras el pecoso acariciaba su cabello amorosamente.


Solo podía sentirlo ya que tenía los ojos cerrados.


Cada vez que el sueño se repetía luchaba por mantenerlos así. Sentía que, si los abría, despertaría y no volvería a estar con él.


Pero la tentación a veces era tan fuerte que dolía físicamente.


No sabía que en los sueños se podía llegar a sentir dolor.


-Abre los ojos, tonto.


Chan negó con la cabeza, pequeñas lagrimas queriendo escapar de sus ojos cerrados.


Por Dios, era la primera vez que oía su voz después de tantos años.


-No me iré a ningún lado, Channie. Abre los ojos.


No pudo contenerse más.


Ahí estaba, su rostro brillante y sonriente frente a él.


Y Chan sentía que su corazón iba a estallar.


-Te sigues viendo tan guapo, es injusto, ¿acaso no envejeces?


El mayor estiró una mano, logrando acariciar la piel aterciopelada del rostro de Felix.


Aquellas mejillas llenas de manchitas adorables no habían cambiado en lo más mínimo.


Lo adoraba tanto.


-Llévame contigo.


Felix negó con una leve sonrisa, dejando un beso sobre su mejilla derecha.


-Aún tienes muchas cosas que hacer.


-Corazón, llévame contigo.


La sonrisa de Felix se hizo más grande, pero también más triste de alguna forma.


-Cuando el momento sea el correcto, volveremos a estar juntos. Todo a su tiempo.


Las caricias de su amado pecoso se hacían cada vez más leves, casi imperceptibles, pero su calor y aroma seguían allí.


-Estoy contigo y siempre lo estaré hasta que vuelvas. Lo prometo.


Un leve toque en su pecho, una risa grave y traviesa y Chan despertó.


Sus manos apretaban las sábanas con fuerza, pero el toque lo había sentido en el lado izquierdo de su pecho, justo sobre el tatuaje de bugambilias.


Sonrió y por primera vez en años se estiró plácidamente sobre la cama, relajado y dispuesto a continuar su sueño.


Felix estaba con él.


Y cuando fuera el momento volverían a estar juntos.


Solo debía esperar.


Aunque muriera por volver.