Ese Chico
Deian salió muy molesto de su casa, se había peleado de nuevo con sus hermanos, ya que según él, su hermana menor no entendía que su mamá ya no iba a volver, que tenía que crecer y aceptarlo de una vez.
—Esa niña tonta, ¿qué tan difícil es aceptarlo? A mí me lo dijeron una vez a los 10 años y se me quedó, lo digerí, así de fácil. Pero con ella no, que hay que tenerle paciencia, niñita boba —se quejó y comenzó a hacer ademanes con las manos, estaba muy molesto.
Si bien eso le molestaba, había algo adentro de él que lo hacía enfadar un poco más, una cosa que le hacía doler el pecho y hasta casi que le daban ganas de llorar. Pero no se lo iba a decir a nadie, nunca (según él).
—Vaya, sí que tienes una linda familia —dijo un chico acercándose a Deian.
—¿Quién eres? —preguntó dándose la vuelta y viéndolo directamente a los ojos.
—Hace 5 años que soy tu vecino —dijo el chico, aunque no sonaba ofendido o algo parecido, pero Deian seguía sin entender, así que él le señaló su casa—. Ahí es donde vivo.
—Ah, eres el chico raro de ese pórtico. Oye, ¿hay fantasmas en tu casa o algo?, ya que esos son los rumores que andan saliendo por ahí.
—Em, no, no hay, siento decepcionarte —dijo el chico sentándose al lado de Dei.
Los dos estaban sentados afuera de la casa de Deian, la gente pasaba, el viento soplaba y movía las hojas de los árboles, se oía a los pájaros cantar y personas hablar por lo bajo, pero ahí no había nadie más que ellos.
—Soy Deian, ¿y tú eres? —preguntó dándole la mano.
—No te interesa saberlo —respondió frío.
—¿Por qué? —preguntó curioso, pero a la vez algo ofendido.
—En unos meses me voy de aquí, así que no tiene sentido que seamos amigos, si ya me voy a ir —respondió el chico.
—Ah, pero en unos meses, mientras eso pasa seamos amigos. Mira —dijo el más pequeño de los dos agarrándole la mano y haciendo que ambos la estrecharán en una especie de saludo—. Mucho gusto, soy Deian, ¿y tú eres?
—Ay, está bien, seré tu amigo, pero con tres condiciones. 1: No sabrás mi nombre; 2: No preguntes sobre mi familia; 3: Nunca iremos a mi casa, si tenemos que ir a alguna que sea a la tuya.
—¿Okay?, eres raro chico misterioso, pero me agradas.
—Creo que eso te hace más raro a ti que a mí —rio.
—Bueno, ya que somos amigos ahora, vamos a jugar.
—De acuerdo.
Había pasado una semana desde que eran oficialmente amigos, en el poco tiempo que se conocieron vieron que tenían varias cosas en común: el amor por las películas de ciencia ficción y dramas basados en hecho reales, el odio hacia la agridulce, además de los insectos, sobre todo a las hormigas.
En esos días habían obviamente seguido las reglas que tenía el chico, así que sin más remedio Deian lo nombró como “El Chico del Pórtico” o de broma “Pórtico Boy” o solamente “Pórtico”.
—Ey Pórtico —lo llamó Deian.
—Que no me llames así —. Nombre el cual el chico odiaba, más o menos, ya que hasta ahora había mostrado una pequeña sonrisa cuando lo llamaba de esa manera, además de al tener que pasar tiempo con Deian.
—Pues si me dices como llamarte, te llamaré de esa forma, pero mientras no me digas algún apodo o nombre con el que te gusten que te llamen, no me queda de otra que decirte Pórtico —recalcó Deian.
—Ya te dije, llámame como quieras, menos Pórtico.
—Ya, vamos.
Él y Deian se alejaron lo más posible de sus casas, ambos también tenían ese mal, ese mal llamado familia, o al menos el más pequeño de los dos lo decía libremente, mientras que “Pórtico” no hablaba sobre eso, solo asentía al oír las quejas del otro, por su parte Dei sabía que algo pasaba en la casa de su amigo, pero si él no quería hablar de eso le parecía bien.
“Todo el mundo tiene familias o a algún familiar de mierda, nada es completamente perfecto o bueno, yo lo digo, si los otros los quieren decir está bien y sino también, total cada drama se queda con la persona que lo vive, los demás son solo metiches que se meten en asuntos que consideran más interesantes que los suyos” así lo expresaba él.
—Los odio —dijo Deian tirando una piedra al lago.
—Lo sé, lo has dicho tres veces esta semana.
—¿En serio?, no lo note.
—Sí, lo hiciste, pero no es eso lo que me molesta. Sino el hecho de que si bien dices que los odias no te vas o haces algo al respecto. Eso es lo que de verdad me enoja —dijo el chico.
—¿Y vos? ¡Ah!, lo que quiero decir es, si tú estuvieras en mi situación, tipo: ¿qué harías? ¿Te irías? —preguntó Deian.
—Es lo más probable, hay cosas que simplemente hacen llegar a uno a su límite, y cuando ya no aguantas... tienen que irse.
—¿Y... a qué lugar irías? —preguntó Deian—. Hay ciudades cerca que son muy lindas o al menos lo que vi y me contaron de ellas, desde que llegué aquí cuando tenía 12 de mi pueblo natal, jamás me fui.
—Creo que no me entendiste. Pero bueno, hablando de la edad, ¿cuántos años tienes? —preguntó.
—15, casi 16, ¿y vos? —preguntó.
—17 años.
—Joder estás a punto de cumplir la mayoría de edad, ¿qué se siente estar tan cerca de ser un adulto? —preguntó Deian algo emocionado.
«Es casi como un niño pequeño» pensó Pórtico.
—Se está de la verga.
Dos semanas y contando los minutos para volver a verse, apenas habían pasado 14 días desde que se vieron por primera vez, pero ellos querían seguir viéndose, había algo, algo pasaba, ninguno de los dos sabía qué, todo lo que sabían era que algo estaba ahí... Solamente que estaba realmente bien escondido.
Se habían juntado en el lugar de siempre, donde escapaban de todos para ser ellos mismos, aunque todavía no lo sacaban libremente, sabían los dos que esa cosa extraña estaba ahí.
Ambos estaban sentados en el suelo, el musgo y la vegetación rodeaban el lugar, frente a ellos había un gran lago, rodeándolos podían ver árboles, pastos bastantes altos, flores de varios colores, como amarillos, rojos, también naranjas, además arbustos. Casi que parecía un paisaje sacado de una película, a los dos les gusta porque se les hacía muy lindo, cerca de ese sitio se encontraba otro, este por poco y no estaba hecho trizas, se trataba de una estructura hecha de concreto, si bien estaba un tanto húmedo porqué llovió, no tuvieron problema a la hora de sentarse y hablar.
—¿Te gusta alguien? —preguntó Deian saboreando una galletita, mientras miraba al frente.
—No, ¿y a ti? ¿Hay alguien que esté ocupando el corazón de mi compadre? —preguntó Pórtico.
—N-no, no hay... nadie.
El chico miró a Deian, claramente no le creía nada de lo que estaba diciendo, había algo en la forma en que lo dijo y ese tono nervioso de voz que uso.
—Ya, en serio. ¿Soy o no soy tu amigo? —preguntó el mayor.
—Sí, lo eres, solo que...
—¿Qué?, es alguien peligrosa, mala, ¿no puedo saber de ella? ¿O es algo tipo Romeo y Julieta? —bromeó.
—Si te lo digo vas a dejar de ser mi amigo, me vas a ver como alguien raro, y no quiero eso, en serio me agradas y me dolería mucho si ya no quieres estar conmigo, eres el único con el que puedo estar después de la escuela y es una excusa para salir de casa —. El chico lo interrumpió.
—Oye, oye, oye. Cálmate, ¿quién te dijo que te iba a dejar de hablar? ¿Nadie verdad? ¿Entonces por qué presupones? —preguntó.
—Lo siento.
—No te disculpes, no tienes porque, no has hecho nada malo. Eres alguien muy bueno, y seguramente quien te haya dicho que te guste esa persona está mal, pero te puedo asegurar que el que te dijo eso es la que esté mal. Oye, mírame, ¿quién te gusta? ¿Es alguna profesora?, a mí a tu edad me gustaban varias —. Deian no respondía, únicamente ignoraba todo lo que venía de Pórtico, así que este creyendo saber lo que pasaba, daría paso a su plan número 2—. Y profesores también, el de tecnología me traía loco, y el de química era muy tierno.
Ahí Deian levantó la vista, Pórtico había adivinado, aunque para él eso fue casi que pan comido.
—¿Te gustan los hombres... también? —preguntó Deian viendo a al mayor como si fuera un mesías.
—Sí, de hecho no me fijo mucho en lo que tiene entre las piernas la persona que me gusta, si me llega a gustar, es así y punto. No entiendo la verdad por qué la gente le da tantas vueltas a lo que el otro se vaya a coger, mientras que sea legal, tenga el consentimiento y lo haga con protección, ¿a los demás qué mierda le interesa una vida que no sea la suya? Es como: “Cariño, si lo que haces no es lo suficientemente interesante como para que te importe más lo que vaya a hacer con mi trasero que tu propia vida, lo siento, pero mi drama no es”.
—Eres alguien... Asombroso.
—No soy asombroso, soy realista. Le duela a quien le duela, pero es así.
—Aun así, te admiro.
—Pues, te dejo admirarme todo lo que quieras —dijo Pórtico señalando su cuerpo y guiñándole un ojo.
Ya había pasado un mes, se veían todos los días, hablaban, jugaban, reían, se la pasaban genial, pero aún no habían continuado la conversación sobre quien le gustaba Deian, y Pórtico aún le entraba la duda de quién era el que robo el corazón de pequeño amigo.
—Oye —Pórtico llamó a Dei.
—¿Sí? —dijo Deian bajándose de la hamaca y yendo hasta donde estaba él.
—No sé si quieras seguir esta conversación, si no quieres, está perfecto, pero me quede con la duda de quien te gustaba —dijo Pórtico.
—Ah, bueno, no es como que me moleste, solo que jamás lo he dicho en voz alta, solamente es eso.
—Bueno, si te da vergüenza decirlo en voz alta, susúrramelo en el oído —. El mayor se acercó al más chico y se arrodilló para estar a su altura, ahí se lo podría susurrar mejor, pensó él.
—Mi compañero de clase, se llama Nicolás —susurró.
En esos momentos Deian se volvió a sentir como si fuera un niño, le gustaba esa sensación de calidez y protección que tanta falta le hacían, ya nunca conoció a su padre y su único hermano hombre estaba por y nada en su casa, esa fue una de las razones por las cuales él creyó que había salido “defectuoso” o que no era normal.
—¿Y hace cuánto que te gusta? —preguntó Pórtico.
—Hace unos años, desde que soy muy pequeño; ya que podríamos decir que lo conozco pacíficamente desde que nació. Su mamá y mi hermana mayor son amigas y nos criaron juntos —comentó.
—¿Y por qué piensas que te gusta? —preguntó.
—Me han dicho que si quieres tomarle de las manos a alguien, besarlo, y que este contigo para siempre es que te gusta. Y yo siento todo eso y más con él.
—¿Seguro que quieres estar para siempre con él?, no sé por qué, pero siento que es mucho tiempo.
—Una vez fuimos a un lago a nadar, él no sabía y yo tampoco, ahora que lo pienso, fue mala idea ir ahí sin ninguno de los dos saber. Bueno, nos separamos de los mayores, ahí fue cuando él cayó, y por no saber, no quería tirarme a buscarlo, por lo que pedí ayuda. Ese día, él estuvo a punto de ahogarse, casi lo perdí, fue entonces que lo entendí, no quiero estar si no es a su lado —dijo Deian.
Pórtico se apartó y puso sus manos sobre el hombro de Deian, lo miró fijamente a los ojos y le habló.
—Entonces está a su lado para siempre, obviamente ve que opina él de eso, pero una cosa quiero que tengas segura y que lo platiques con cualquier amor que tengas. No puedes dejar que la gente se meta y opine de cosas que no las entienden y mucho menos les va a importar entenderlas, esa gente son mierda, no valen la pena, solo te van a estropear, van a ser una pierda en tu camino. Consigue los mejores argumentos para callarles la boca, y que ya no fastidien, y hay personas que simplemente no merecen tu amabilidad o que te comportes de manera gentil, tampoco te digo que dejes de serlo, de hecho esa es una cosa buena que tienes, lástima que sea un arma de doble filo. Y por último, únicamente me gustaría que seas la mejor versión de lo que puedes llegar a ser, y si vas a cambiar por alguien, que ese alguien seas tú mismo, ni tu amor, ni tus vecinos, ni tus amigos, nadie de ellos te conoce como tú y sabe lo que es realmente bueno para ti. Así que por una vez deja de pensar en lo que piensan ellos y piensa un poco más en ti mismo, que si tú no lo haces nadie lo hará o no te dirán que piensan de ti porqué seguramente sea algo malo ante sus ojos.
—Está bien, entendí, lo entendí... Muchas gracias.
—Era necesario que alguien te lo dijera, y yo a tu edad o antes hubiera querido que alguien viniera y me lo dijera —dijo Pórtico.
—¿Tú estabas en la misma situación que yo? —preguntó Deian.
—No te lo puedes ni imaginar.
En ese momento, Deian considero que una de las mejores cosas que le había pasado en la vida, fue conocer a Pórtico.