Chapter 1
Advertencias: Una vez más estoy haciendo uso del mundo de Harry Potter el cual no me pertenece. Y aquí habrá temas algo fuertes, relaciones sexuales que a más de uno pueden desagradar. Está es una relación de híbrido x mago. Así que si no te gusta esa clase de contenido. Te pido de favor que no lo leas. Está algo fuerte y muy extraño. Pero si aun así quieres continuar. Adelante(?
También aviso que no sigo al pie de la letras las reglas establecidas en el mundo mágico inventado por la autora.
~*~*~*~*~∆~*~*~*~*~
Arthur venía de una familia de sangre pura, era más que obvio que quedaría en Slytherin.
La casa era perfecta. Sus compañeros a pesar de no ser muy agradables sabían mantener la distancia con él. Los únicos amigos que tenía era un chico llamado Lukas y un mitad vampiro de nombre Vladimir.
Su estancia en Hogwarts fue de lo mejor. Aprendía con facilidad los hechizos, era bueno en el quiddicht y sobre todo: iba poco a poco cumpliendo sus ambiciones. Cada pequeña meta la alcanzaba. Sabía que si seguía así en un futuro sería un gran mago digno de admirar. Y el nombre de su familia seguiría en lo alto.
Y todo hubiera sido fantástico si en su sexto año no hubiera aparecido ese peculiar maestro: un bellísimo centauro que le robó de inmediato el corazón.
En un principio lo atribuyó a qué solo admiraba su belleza. Pero pronto tuvo que aceptar la realidad de sus sentimientos.
Arthur está seguro de que nadie podría culparlo pues la mayoría de las chicas se sentía hechizadas por él.
Así fue como la materia de herbología paso a ser una de sus asignaturas favoritas. En los años pasados nunca le había interesado mucho, lidiar con plantas exóticas realmente no era lo suyo. Pero con ese maestro las ganas le surgieron.
Fue algo completamente nuevo para él, pronto se vió así mismo estudiando con fervor sobre cada especie de plantas, de raíces y la forma en que podía mezclarlas para producir antídotos, medicamentos o pociones. Se la pasaba leyendo gruesos libros que a menudo veía sobre el escritorio de su maestro. Era una forma de sentirse cercano a él, Arthur buscaba la forma de tener alguna clase de conexión que los uniera.
La primera vez que lo vio no pudo apartar la vista ni siquiera para disimular. Igual todos se habían quedado embobados viéndolo. Era una criatura mística salida de un cuento de hadas. Arthur tuvo un nudo en la garganta y la boca se le secó. Aquel ser poseía un cabello rubio casi tirándole a blanco, sus finas hebras de oro se movían con bastante facilidad por el aire. Algo dentro de Arthur burbujeo. Admiró con atención aquellos preciosos ojos azules que claramente distaban de ser humanos. El maestro los saludo con una deslumbrante sonrisa.
Arthur comenzaba a sudar de sus manos. Bajo la vista en un vano intento de dejar de comerselo con los ojos. Pero ese fue un grave error. Se vio perdiéndose en aquel torso marcado y bien formado que hacía babear a cualquiera.
Entonces sucedió lo más extraño. Algo que hizo que sus tripas se revolvieran. La atracción debió terminar ahí mismo, cuando se topo con la otra mitad, con aquella que lo hacía ser un centauro.
Arthur tuvo que tragar duro. Descubrió que no le incomodaba en absoluto que de la cintura para abajo tuviera un cuerpo de caballo. Le daba ganas de acercarsele a acariciarlo. Muchas veces había fantaseado con deslizar sus dedos por aquel suave pelaje color crema. El cual parecía brillar un poco al contraste con el sol.
—Joven, Arthur.
Él ojiverde seguía perdido en sus fantasías.
—Arthur, ¡Arthur!
Abrió los ojos con sorpresa dando un pequeño brinco en su lugar.
—¿Qué?, Ah... Sí. Perdón— agachó la cabeza desconcertado.
—¿Por qué te distraes tanto en mi clase?— trotando se fue acercando al pupitre del Slytherin.
—Lo siento, señor. —hizo un énfasis burlón en la última palabra.
Las entrañas del profesor se retorcieron.
—¿Acaso no te gusta como doy la clase?
—No es eso.
Él centauro se cruzó de brazos inspeccionado al muchacho.
—¿Te incómoda lo que soy?
Arthur se apresuró a alzar la vista.
—¡Por supuesto que no!
Lo dijo demasiado alto provocando la risa de los demás. Las orejas se le pusieron rojas.
—No, claro que no.
—Hablaremos más tarde de eso, pequeño. Quédate al final de la clase.
Arthur sintió como su corazón bombeaba sangre al mil. Su adorado profesor había tocado su pupitre antes de irse de nuevo al frente de la clase.
El centauro fue explicando con lentitud los procedimientos que conllevaba una medicina que contrarresta las alucinaciones del mortal hongo angelical.
Era fácil entenderle y llevar a cabo las tareas que él ponía. Alfred hablaba fuerte y claro, si alguien no entendía se acercaba hacia esa persona a explicárselo una vez más.
Cuando pasaba eso, Arthur no le quitaba la vista de encima, no dejaba de mirar lo que hacía su maestro ni el alumno al que atendía.
Era algo que hace mucho que no experimentaba: celos.
Al menos con el tiempo logró controlarse, después de todo no eran nada y nunca lo serían.
Alfred era de los mejores maestros que habían tenido. Él venía de una tribu de centauros que habitaban el bosque prohibido. Él antes era curandero y había sido invitado a Hogwarts para compartir sus conocimientos. Él centauro con gusto aceptó.
Alfred se llevaba bien con los humanos, si no tuviera cuerpo de caballo encajaría perfecto entre ellos.
La clase se pasó con demasiada rapidez. Arthur guardo sus cosas una vez que había vaciado su antídoto en una botella.
Al dejarla sobre el estante se acercó a su maestro sin mirarlo a los ojos.
—Ponte cómodo.
Arthur se sentó en la banca de adelante quedando frente al centauro.
—Bien, dime ¿Cuál es el problema?
¿Problema?
Solo tenía uno.
Y es que se sentía endemoniadamente atraído hacía él.
Tanto que le resultaba un pecado.
—No hay ninguno, maestro— comenzó a mover sus dedos con nerviosismo.
—He hablado con tus otros maestros y ellos me dicen que eres un estudiante modelo. No te cuesta ninguna materias y lo puedo comprobar con tu historial académico. Incluso esta materia la pasaste con extraordinario promedio, claro los años anteriores— su animada voz se fue deteriorando— Di la verdad. ¿Te incómoda que te dé clases? O es que algo estoy haciendo mal.
Por fin Arthur se digno a mirarlo a los ojos. Se quedó hechizado de nuevo. Tenerlo tan cerca hacía que notará detalles que de lejos no se distinguían. Cómo que sus azules ojos eran cristalinos, como que sus bien marcados pómulos tenían un leve color melón al igual que sus labios. Vió como lentamente las pestañas de Alfred descendía y ascendían. Sus pestañas eran abundantes y largas.
—¿Arthur?— sacudió la palma enfrente del chico— Arthur vuelve. Te necesito aquí, no que estés orbitando por el espacio.
Él ojiverde reaccionó quitando su cara de tonto.
—Disculpe.
—A esto es a lo que me refería. Me da la impresión de que te aburro tanto que prefieres perderte en otra cosa— su boca se curvo hacia abajo— me ofende un poco que no te resulten tan gratas mis clases, Arthur
—¿Qué?
—Arthur entiendo que no sea lo suficientemente interesante para ti. Pero disimula un poco. Ten consideración por mis sentimientos— a pesar de la tristeza que le causaba que un buen alumno tomara sus clases a broma, sonrió.
—No crea eso— Arthur se levantó rápidamente haciendo que la silla casi se volteara— No me concentró del todo bien porque no puedo parar de fantasear con usted.
El silencio reino por unos segundos.
El Centauro parpadeo algo confundido. Cómo si no hubiera escuchado bien. Retrocedió impactado por tal confesión. Sus mejillas melocotón se tornaron rojas.
Arthur acababa de cometer una gran estupidez.
—Eh... Gracias— el profesor se encogió un poco de hombros sin saber cómo debería reaccionar. Pensó en miles de maneras de rechazarlo suavemente.
Arthur seguía sin poderse creer lo que acababa de decir. Se puso blanco como el papel.
—Es decir... Em... No quise decir eso. Bueno si, pero no de es forma. Usted entiende que es muy bello. Y simplemente uno no puede evitar pensarlo— su voz se fue quebrando dando la impresión de que se pondría a llorar— Creo que soy un imbécil. Él más grande que pueda existir. Porque, porque usted, es decir yo... Creo, más bien sé que estoy perdidamente enamorado de usted.
Milagrosamente terminó de hablar. Había quedado como un idiota frente a la criatura que le gustaba. Esa debía ser la confesión más patética de la historia. Ahora no solo sus orejas se habían puesto rojas sino todo su rostro.
El corazón le latía con fuerza y la cabeza se le había nublado por completo. Se le había trabado el pensamiento. No hallaba ninguna idea que le ayudará a salir de ese enredo. Ni siquiera se le ocurría una buena mentira que pudiera desacreditar su inesperada y estúpida confesión.
¿Serviría decirle que todo se trató de una broma? ¿Él maestro le creería? O solo le quedaría la opción de dejarse caer de la escoba durante los partidos de Quiddicht. Así moriría con honor. No tendría que afrontar la vergüenza durante el último año que le faltaban para concluir sus estudios.
La cálida mano del centauro se posó en su cabeza despeinadole su ya desarreglado cabello.
Su mente dejó de dar vueltas concentrándose solo en ese especial toque.
—Arthur, no soy quién para decirte de que o quién te debes enamorar. Pero no creo que debas dejar que esos sentimientos crezcan— había una sonrisa muy amable plasmada en su rostro.
Arthur no encontró ni un rasgo de asco o desagrado. Alfred le trasmitía una sensación de seguridad, es como si le dijera que podía confiar plenamente en él. Fue por eso que se atrevió a más.
—¿No podría corresponderme?
Ahora fue Alfred quién se sintió abrumado por la mirada intensa del ojiverde.
No estaría bien estar con un alumno, mucho menos si este era humano. Era imposible.
No iba a darle esperanzas. No era tan cruel para hacerle eso.
—Maestro acérquese— la voz del Slytherin tembló.
Alfred obedeció más que nada por curiosidad. Escucharía hasta la última palabra del pequeño, después lo ayudaría a entender que unas cosas son simplemente imposibles. Y que serían mal vistas en cualquier sociedad.
Arthur lo tomó del cuello dejándole un beso en los labios. No duró mucho, Arthur se separó de él a tiempo, cuando otro alumno entraba para recoger su varita olvidada. Arthur salió detrás de él chico sin mirarlo.
Alfred al quedarse solo tocó sus labios que aún cosquilleaban como un hormigueo. Lo había tomado por sorpresa. Cuando más desprevenido estaba.
Sus mejillas enrojecieron, podía sentir el calor nublado un poco su pensamiento.
Sintió un profundo pinchazo en el pecho.
Aquello no le había desagradado en lo más mínimo. Por el contrario; se había quedado con ganas de más.
En ese momento lo atribuyó al morbo de hacer algo completamente prohibido. Algo que ni loco hablaría con el más cercano de su familia. Algo que era solo suyo y que jamás podría mencionar.
Su corazón empezó a acelerarse. Podía culpar a los nervios.
Y es que nunca había besado a un humano. Su estómago se retorció sintiendo como la culpa se deslizaba como una pesada piedra. Estaba claro que no podía contárselo a nadie, era un secreto que se llevaría a la tumba.
Pasó la lengua por su labio inferior.
Aunque le costara, tenía que admitir que le gustó, le provocaba curiosidad y el sentimiento de buscar más iría creciendo poco a poco hasta convertirse en algo más.
~*~∆~*~*~∆~*
Las clases continuaron casi igual. Solo que Alfred ahora era más consciente de las miradas intensas que Arthur le echaba. Lo ponían tenso y nervioso.
Lo peor de todo es que su calvario no hacía más que empezar. Pues al finalizar las clases Arthur era el último en salir.
Alfred se mostraba tranquilo y cordial. A pesar de que ya sabía que las conversaciones que Arthur le hacían tenían un objetivo: conquistarlo.
Al principio se mostró reacio a caer en las tácticas de un joven inexperto. No sé dejaría llevar por más que la curiosidad le pícara.
Una cosa era disfrutar de un beso sorpresa y otra muy diferente era el desear que volviera a ocurrir. Eso sí que no. No caería tan bajo. Se arriesgaba lo suficiente estando ahí, en una escuela de magia enseñando tácticas de sus antepasados que por siglos no habían sido reveladas.
Durante las noches, salía del castillo a dar un breve recorrido mientras miraba las estrellas queriendo leer un poco del futuro que le esperaba. No podía dormir tan agusto como antes, no después de hallarse así mismo pensando en aquel casto beso. Y es que estando en la comodidad de su habitación, se dejaba arrastrar por la ternura que le embriagaba el pecho. Hace mucho que no se sentía amado por nadie. Hace mucho que nadie lo miraba con tal anhelo. Y preguntándose si Arthur haría cualquier cosa por él.
Si estuvieran juntos, ¿Qué tan lejos llegarían?. ¿Arthur era algún chico con deseos morbosos hacia él?, ¿O por qué parecía desearlo con tanta fuerza?. ¿Por qué parecía quererlo?
Su suave trote se convirtió pronto en una carrera. Quería dejar atrás todos esos pensamientos y sobretodo quería eliminar ese pequeño y oscuro deseo que había comenzado a crecer.
Ni siquiera se permitía seguir pensando en ello: en que tal vez podría corresponderle o simplemente experimentar algo nuevo. Sus entrañas se retorcieron. Sentía asco de sí mismo por excitarse con algo tan espeluznante.
Se negó a caer en los encantos de un muchacho obsesivo.
Pero con el tiempo fue cediendo, se dejó convencer por aquellos ojos llenos de honestidad. Dejó de dar respuestas secas, se vio así mismo contándole anécdotas íntimas al chico, quién apreciaba cada palabra que salía de su boca. Arthur podría distraerse con facilidad en su clase pero cuando hablaba de su vida privada el chico era todo oídos. Y mentiría si dijera que no disfrutaba la sensación de ser deseado, escuchado y mirado con tanto amor.
Era algo completamente nuevo.
Y así fue como casi sin darse cuenta se iban volviendo cercanos. Realmente tenían química.
Alfred cada vez gustaba más de ese niño. Y eso le revolvía el estómago. No podía estarse dejando llevar por un chico que apenas estaba saliendo de la adolescencia.
No, no, su mente se estaba volviendo algo enferma. Debía controlarse. No quería perder su empleo, en verdad lo disfrutaba y tampoco quería que Arthur fuera expulsado. Él venía de una buena familia y tenía un futuro prometedor.
Se repitió hasta el cansancio. Pero como su hermano Matthew, (otro centauro), había predicho alguna vez: él se vería arrastrado hacia un intenso amor que lo consumiría por completo. Y debía creerle puesto que Matthew era un gran sabio que interpretaba perfectamente los astros.
Debió hacerle caso cuando le advirtió que si entraba a ese colegio jamás volvería a ser el mismo. Todavía recuerda, con dolor de cabeza, el dicho de su profecía:
"Al entrar a aquel lugar donde los hechizos se han de dar, tú dejarás parte de tu moral para poder cambiar y no volverás jamás a regresar. Será tu condena y también tu premio. Algo pasará y de ahí ya no escaparas."
Alfred nunca fue bueno siguiendo indicaciones ni reglas, (algo que le había causado muchos problemas en su tribu y lo que lo había conducido a quedarse en Hogwarts dónde se sentía libre), por lo que ahora debía pagar las consecuencias.
La tentación estaba ahí enfrente y podía caer ante ella en cualquier momento. Solo bastaba un pequeño empujón y lo que tanto deseaba hacer se cumpliría. Afortunadamente pasó un año tranquilo y sin ser descubierto, dejándose besar de vez en cuando por Arthur.
Confiaba en que él último año pasaría igual. Pero una situación los haría dar ese esencial paso.
Para un proyecto final. Alfred debía acompañar a un reducido grupo de alumnos a las entrañas del bosque para poder recolectar los materiales que ocuparían. Solo esperaba que Arthur no se atreviera a ir sin sus amigos.
La suerte no estaba de su lado cuando le tocó acompañar a Arthur a solas. En un inicio el chico iría acompañado por sus fieles compañeros; sólo que resultaba que uno tuvo que regresar de improvisto a Rumania y el otro había enfermado mágicamente de la nada.
Alfred intentó actuar con naturalidad. La tensión entre ellos era palpable. Pero Arthur se mantenía callado, recogiendo plantas que podían resultarle útiles.
—¿Te falta mucho para encontrar lo que buscas?— se esforzó para que su voz no se escuchara nerviosa.
—Puede ser— contestó natural mientras seguía adentrandose en el bosque.
Después de una hora de caminar. Alfred decidió ponerle fin a la excursión.
—Creo que ya ha sido suficiente. Debemos volver— se dio la vuelta pero luego regreso al ver qué Arthur no lo seguía.
—Le bajaré cinco puntos a Slytherin si no obedeces. ¿Arthur?
Se fue acercando al chico que permanecía frente a unos arbustos.
—Alfred, ¿Antes has estado por aquí?— abrió los arbustos revelando un hermoso lago. En medio se hallaba un terreno donde residia un enorme árbol.
—Allá se encuentra lo que necesito.
Él ojiverde se apresuró a saltar sobre las rocas. Se deslizó con increíble facilidad. Alfred solo estiró su brazo a la par que su voz moría.
Era demasiado tarde. Arthur ya había cruzado y no le quedaba de otra que seguirlo. Él tuvo que tener mucho más cuidado con aquellas traicioneras rocas. Cuatro patas no era lo mismo que dos.
Para cuando llegó al centro buscó con la mirada a Arthur quien recogía unas fresas de color morado.
—Con esto estará listo.
—Bien, ya tienes lo que querías. Ahora vamos— con el pulgar señaló hacía atrás por dónde habían llegado.
—Oh, espere maestro. Creo que hay algo extraño en esta fresa— la sacó de la canasta poniéndola a la altura de sus ojos.
Alfred se inclinó hacia la fresa. No veía nada anormal en ella. Tal vez Arthur solo se estaba confundiendo.
—No veo que hay de malo en ella.
Antes de que pudiera regresar su cabeza a su lugar. Arthur lo había tomado del cuello para besarlo.
Él no se negó pues lo hacían a menudo. Alfred dejaba que aquel mago experimentará y lo besará con aquella ternura que le removía el corazón.
Ese momento lo habían estado esperando con ansias. Alfred en vez de apartarlo, (que hubiera sido lo correcto), correspondió con ahínco el beso. Devoro como pudo aquellos carnosos labios. Atrapando y chupando el labio inferior del chico. Se inclinó un poco más profundizando el beso, sabía que pronto metería la lengua y comenzarían a jugar, excitandose en el proceso. Alfred probablemente lo tocaría por encima de la ropa. Aprovechando que no había nadie alrededor. Le masajearia un poco los testículos y pronto volverían con los demás como si nada. Era algo típico.
Alfred lo acercó más estremeciéndose cuando Arthur acariciaba sus costillas con sus delgados y ásperos dedos.
El tiempo pareció pararse. Dejaron de tomarle importancia, se besaron hasta que los labios se les hincharon.
Se separaron por unos instantes para contemplarse el uno al otro. Los dos tenían las mejillas coloreadas, el sudor les recorría las frentes y tenían esa misma expresión de jubiló plasmada en sus rostros.
—Tocame más— Arthur le tomó la mano guiandosela hacia sus pantalones donde ya se podía distinguir un bulto.
Tal vez debía poner un límite. Habían llegado demasiado lejos
Pero como siempre. Arthur se apresuró a dejarlo sin opciones.
Se bajó los pantalones junto con la ropa interior. La mano de Alfred no necesitó mucha ayuda para envolver aquel miembro hinchado y goteante.
Al principio le dio placer con su mano. Pero después buscó hacerlo sentir mejor. Contempló todas sus posibilidades. Parecía que el destino se empeñaba a ayudarlo a realizar actos prohibidos. En aquel pequeño paraíso. Pegado al enorme tronco del árbol había una roca. Dónde Arthur se recostó. Esa roca estaba inclinada pero no lo suficiente para que alguien resbalara. Una vez que terminaron de acomodarse Alfred procedió a chuparle el pene. Dándole pequeños besos, sorbiendo de a momentos. Moviéndose de arriba a abajo ayudado de su mano hasta provocar un orgasmo en su estudiante. Se tragó todo el líquido que el ojiverde había derramado.
Para su sorpresa no sabia terriblemente amargo.
Alfred se avergonzó de si mismo al comprobar que el semen tenía un sabor distinto al original.
Sabía a uva.
Realmente sabía a uva. Miró a Arthur esperando una respuesta que no tardó mucho en llegar.
—Fresas azules con un poco de brebaje— sonrió victorioso.
—Buen truco— admitió satisfecho— Va siendo hora de que... Espera... ¿Que haces?— preguntó alarmado.
Él Slytherin no tenía suficiente. Aquel chico se había ido aproximando a su miembro para chuparle la punta.
Él también estaba goteando demasiado.
Normalmente no dejaba a la vista sus genitales. Pero estando tan excitando no podía ocultarlo y su enorme pedazo resaltaba a la vista.
Su lujuria nublo su buen juicio. Por los pequeños y suaves besos que Arthur le estaba proporcionando. Gimió con fuerza cuando el muchacho comenzó succionarle.
—Oh, no Arthur— las piernas le temblaron. Aquella queja fue lanzada al azar. Alfred no deseaba que parará.
Arthur le acariciaba las bolas y también se dio el tiempo de chuparselas mientras que con su mano frotaba de arriba a abajo su pellejo. Su lengua se deslizó por toda su grandesa.
Tenía que detenerse o se vendría. Sería demasiado raro e íntimo. Ya no podía permitirse más pecados. Así que con su enorme fuerza de voluntad se fue haciendo hacia atrás. Dejando desconcertado al ojiverde.
—Lo siento, hemos cruzado la raya. Es momento de ponerle fin a esto.
—Alfred.
—No me interrumpas. Hablo en serio. Nunca debí darte esperanzas. Debí ignorarte o tratarte mal cuando empezaste a acercarte a mi. Si hubiera sido fuerte no estaríamos en esta situación.
Arthur volvió a encararlo.
—El hubiera no existe. Esto es lo que hay. Tómame ahora, o dime adiós para siempre.
Lo puso en un grave aprieto. Alfred no quería romper lazos por mucho que lo dijera. Arthur era su primer amigo. Uno de verdad
Sin embargo tampoco podían mantener relaciones tan "directas". Podría desgarrar a Arthur y este moriría desangrado.
No iba a matarle de ningún modo.
Él ojiverde aprovechó su indecisión para tomarse una pócima.
Le tomó el rostro entre sus manos y lo acercó para besarlo una vez más.
Alfred se tragó parte de aquella pócima.
Se limpió los restos que se derramaron de su boca.
—¿Qué me has dado?
—Planee esto con mucha antelación. Estoy seguro de que puede adivinar que te di.
Se fue recostando en la misma roca abriendo las piernas mientras metía un dedo en su entrada, él tenía en la mano un lubricante. Además la misma poción le haría producir un lubricante natural que le facilitaría la penetración.
Con incredulidad miró su canasta.
Él se había preparado demasiado bien para eso.
Arthur lo ponía caliente de una manera incontrolable. Pero aquella pócima le alteraba por completo. Se trataba de un afrodisíaco que prácticamente lo obligó a buscar alguien con quién descargar esa necesidad. Arthur era el blanco perfecto y lo sabía de sobra.
Notó que la pócima no solo alteraba sus hormonas sino que también reducía el enorme tamaño de su pene. Seguía grande pero ya no tanto como para matarlo. Y suponía que esa misma pócima ayudaría a Arthur haciendo que su entrara pudiera expandirse más de lo normal.
Arthur ya no se puso arriba de la roca. El tiempo que Alfred tardo en acercarse fue suficiente para lubricarse como era debido.
Para cuando Alfred llegó a su lado ya estaba con las piernas abiertas listo para recibirlo.
Él centauro acomodo sus patas delanteras a los costados mientras que las traseras daban pequeños pasos, su pene por instinto ya estaba buscando el orificio. Y lo halló. Tuvo que reprimir las ganas de entrar de una sola estocada.
Su punta logró introducirse en el estrecho ano.
Los dos suspiraron porque lo mejor apenas iniciaba.
Arthur pese a no parecerlo. Tenía todavía algo de miedo combinado con nervios. Era su primera vez y aunque había investigado mucho, aún le atemorizaba salir lastimado.
Se fue deslizando despacio hasta quedar completamente adentro.
Arthur a pesar de todos sus esfuerzos para que esa acto fuera posible se retorció adolorido por el tamaño.
—¿Te encuentres bien?— aquella bella criatura seguía preocupándose por su bien estar incluso en momentos así.
—Mejor que nunca— respondió con la voz ronca.
Alfred se movió dando embestidas profundas pero lentas que le sacaron más de una lágrima a Arthur.
Era delicioso. No sé trataba solo del sexo, sino de la imagen en sí que le proporcionaba tenerlo ahí a su merced, con el torso desnudo y los pantalones abajo. Puede que antes se haya imaginado lo bien que se sentiría follarselo, pero nunca creyó que sucedería así; a la intemperie, en el bosque prohibido, en un pequeño paraíso muy cerca de sus demás alumnos.
Estaba mal, jodidamente mal. Y sin embargo seguiría hasta el final.
Metiendo y sacando, robando suspiro.
Alfred había tenido sexo con los de su especie pero nunca con un mago. Era una experiencia muy diferente. Su pene estaba apretado entre aquellas cálidas paredes. Iba a desbordarse en cualquier momento. Joder ni siquiera se habían tomado el tiempo para usar alguna protección. Por la mierda, Alfred ni siquiera sabía que algo así iba a suceder. Era tan inesperado y difícil de imaginar.
Esta vez coloco sus manos alrededor de las caderas del muchacho. Solo así logró empujar con más fuerza arrancando un gemido ronco. Alfred podía apostar que había dado justo en el punto que volvería loco a Arthur.
Volvió a pegar en ese punto dulce. El ojiverde se estremeció y con ojos llorosos le rogó por más. Él obedeció, penetró más profundo, más fuerte, más directo y lo hizo en repetidas veces, siempre dando en aquel lugar.
Todo llegó a su máximo clímax cuando Arthur se vino sin previo aviso, su semen salió con tal violencia que incluso llegó a salpicarle un poco el vientre. Las entrañas estrechas de su trasero se cerraron ordeñando su polla hasta que estuviera seco y listo para retirarse.
Cansados se dejaron caer sobre el césped.
El efecto de la pócima ya había concluido por lo que su pene volvió a su tamaño original, aunque luego se encogió por su cuenta, su piel se abrió y lo guardo para que no anduviera a la vista.
Tembloroso Arthur comenzo a colocarse las ropas.
—Debí imaginar que ya no eras virgen. Tienes cierta experiencia, ¿no es así?
El alumno sonrió orgulloso.
—¿Estás desilusionado?
—No realmente.
—Pero tienes curiosidad por saber con quién fue mi primera vez, ¿no?
El centauro asintió débilmente. Se cubrió los ojos con el antebrazo. El sol brillaba mucho.
—Fue con un viejo amigo de la infancia. Él era muy pervertido. Cuando teníamos ocho años se la pasaba tocando mis partes privadas y robandome besos. A los catorce años dejé que me tocara cuanto quisiera, me hacía pajas, juntaba su pene con el mío y los masturbaba al mismo tiempo. Me enseñó a besar y a los dieciséis me follo como un puto animal.
Alfred se dio cuenta del trasfondo de la historia, pero no dijo nada y prefirió preguntar otra cosa.
—¿Y lo disfrutaste?
—Creo que sí. Se sintió bien —terminó de arreglarse la ropa y volvió a recostarse.
—¿Realmente querías que tu primera vez fuera de esa manera?
El Slytherin torció la boca.
—No, no quería que fuera así y tampoco quería perderla con él. Pero sucedió y nada.
—Vaya. Siento que la culpa debería estar devorandome vivo. Pero estoy en paz.
—La primera vez que estuve con alguien y toco terminó...Admito que me sentí fatal, fue triste y me hizo sentir usado. La segunda persona con la que estuve fue más cariñoso pero aún no dejé de sentirme usado.
La mente de Alfred se prendió en alarmas.
—Pero ahora me siento a gusto y satisfecho.
Alfred volteó a verlo. La suavidad de sus palabras lo atrajo como a un imán.
Tenía que comprobar que aquello era cierto.
Observo su rostro buscando alguna muestra de arrepentimiento, repulsión, tristeza. Y sólo se topó con una plena sonrisa. Arthur cerró los ojos dejando a la vista sus largas y rizadas pestañas más oscuras que su cabello. Sus mejillas estaban rosas y Alfred no pudo resistirse a ponerle una mano encima, acariciandolo con el pulgar, se acercó más para poder percibir las pequeñas y casi imperceptibles pecas.
Se inclinó lo suficientemente y le dio un beso con tanta suavidad y cariño.
Vertió su corazón en ese simple beso y Arthur le correspondió derritiéndose ahí mismo, aferrándose a su cuello.
No pensaron en el mañana, no pensaron en ser juzgados. Solo se dejaron llevar por lo que tenían ahí. Algo que llenaba sus vidas y aceleraba sus corazones. Un amor que no comprendían del todo pero al que no iban a renunciar tan fácilmente.
Fin.
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Yo sé que más de uno está sacando de onda. Perturbado hasta la meluda. También sé que este one-shot puede resultar controversial. No estoy a favor de la zoofilia ni nada parecido. Esto solo es un escrito formado con ideas descabelladas y para entretener. Es algo súper ficticio por lo que espero que nadie lo cuestione o lo ataque(?
Si ven errores favor de señalarlos para que puedo corregirlos. Yo entiendo que cuando una palabra está mal escroto (xD), incomoda. (Mal chiste de mi parte, pero aquí seguimos).
Bien si esto te gustó te lo agradezco. Tarde mucho en acabarlo. Para mí lo más difícil siempre es el final. No sé porqué me cuesta tanto trabajo concluir algo. Pero aquí está.
Actualmente ya no escribo para el fandom de hetalia pero tengo escritos como estos guardados esperando a que los edite y los saque a la luz. Así que puede que vean más cosas raras de mi parte. Están advertidos xD.
Datos innecesarios y aclaraciones:
Punto uno:
Cuando Arthur concluye su año escolar, abre una tienda de pociones y antídotos. Se vuelve una pareja formal con Alfred y ya no se esconden. El gringo sigue trabajando en Hogwarts xD.
Punto dos:
Estoy segura de que más de uno notó los extraños comportamientos del "amigo" de Arthur. Todos sabemos que me refería a Francis y su comportamiento, (sí, así es, te voy a confirmar lo que ya sabías o sospechabas), se debe a que era abusado por algún familiar suyo y lo reflejo en Arthur, de quien estaba enamorado desde niños. Y puede que Francis nunca lo obligara a tener relaciones con él. Pero Arthur no quería realmente y solo lo hizo para no perder a un amigo.
Y pues eso en parte explica porque Arthur fue el primero en dar el paso. Para él fue una forma de perderle el miedo a las relaciones sexuales. A sentirse insatisfecho.
Punto tres:
La segunda persona con la que Arthur intimó fue con kiku. Ya saben porque me gusta el asakiku xD.
En fin nos leemos pronto. ¡Cuídense todas preciosuras!.
PD: todavía recuerdo que tengo un fic pendiente pero ese lo actualizo hasta octubre. No me he decidido si debería actualizarlo el primero o el último día del mes. Creo que será el primero. Todo depende de cuánto avance xD.