PRUEBA DE AMOR: El deseo prohibido de Elisa

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Summary

Cuando Alphonse le propuso a Elisa Downey que fuera su esposa para terminar con sus angustias económicas, a la joven le tomó tiempo tomar una decisión. Alphonse le aseguró que su matrimonio sería solo de nombre. Todo saldría bien si es que Elisa pasaba una prueba, la más dura de su vida. Con su actitud, debía convencer al frío Gabriel Hendricks que sería una digna esposa, pero cómo lograrlo si era tan evidente lo mucho que la atraía y él estaba dispuesto a seducirla solo para confirmar que era una mujerzuela, aunque fuera virgen.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
4.9 7 reviews
Age Rating
18+

PREFACIO

Elisa

Con cada acto, con cada muestra de protección hacia los que amaba y con una férrea voluntad para hacer lo que debía por encima de sus propios deseos, fue que me enamoré de Gabriel Hendricks, aun sin conocerlo... Y cuando lo tuve frente a mí tan solo confirmé lo mucho que lo amaba y lo deseaba como jamás a nadie.

Era una chica de 21 años, virgen y muy ingenua. Sabía que la razón por la que estaba frente a él era por mi compromiso con su hermano menor, un compromiso forzado por la gratitud, pues no iba a permitir que mi gemelo en silla de ruedas fuera a parar a la calle conmigo, después de que el banco amenazó con embargarnos. Además, no podía ser ingrata con Al, el hombre que pagó mi deuda de manera desinteresada.

Lo que no sabía era que Gabriel, su hermano mayor, el monstruo del que siempre me hablaba y que era el albacea de la familia, me iba a atender una trampa.

—Elisa... —murmuró con dolor por las ganas contenidas y rozó su piel con el aliento, provocándole una fuerte sacudida que la hizo apretar la mano masculina tan cálida. Gabriel acarició su sien y le dio un beso pequeño que le gritó que se cuidara, pero la tentación fue más grande. Lo sintió descender a su mejilla y de la misma manera sutil y seductora se fue acercando a sus labios—. Me gustas tanto —murmuró haciéndola cerrar los ojos para entregarse a lo inevitable.


Gabriel levantó una mano y le acarició el rostro un poco más, quería verla, grabarse ese momento tan ansiado. La estrechó un poco y se acercó por fin para rozar su boca con los labios, lo cual fue casi tan placentero como hacerle el amor.

Elisa entreabrió los labios y lo dejó entrar suavemente, lento y sensual. Su cuerpo empezó a estar plenamente consciente de lo que era el deseo y no le importó, que con cuidado, Gabriel la atrajera aún más.

La joven le rodeó el cuello provocando que el beso se volviera más afrodisiaco y la hiciera gemir al sentir en su vientre la creciente necesidad de algo más. Gabriel bajó a su garganta y se topó con la tela del cuello cerrado. Se apartó un poco de Elisa y una mano fue al botón principal de la blusa.

—¿Qué haces? —preguntó ella y Gabriel se detuvo.

No sabía que todo era parte de su siniestro plan, desde antes de conocerme, que no fui la única víctima que cayó en sus redes. No puedo culparlo del todo, pues ya estaba advertida. Al, mi falso prometido y yo habíamos quedado en que yo no caería en las trampas que me pusiera, pero mi corazón y mi cuerpo fueron más fuertes que yo e hicieron a un lado mi voluntad y terminé cediendo en todos y cada uno de sus juegos.

Estuvo a punto de arruinar el momento, pensaba Gabriel cerrándole la puerta del auto para llevarla a su casa, pero es que al sentirla por fin en sus brazos descubrió que fue aún más intenso de lo que imaginó, pues lo que había fantaseado muchas veces fue una emoción inocente comparada con lo vivido, con sentir su cuerpo contra el suyo, con saborear sus besos, con escuchar su respiración.

La culpa me corroía, pero también sabía que ese hombre sin alma, al que su hermano apodaba El Vampiro, conmigo más que nunca iba a darle vida a ese apodo secreto.

Elisa no podía creer que la hubiera besado y menos aún que le hubiera correspondido como lo hizo, si lo hubiera hecho con algún compañero de la escuela tal vez no habría tenido mayor problema de conciencia, pero se trataba de Gabriel Hendricks Powell, ¡un hombre muy poderoso! No un muchachito inexperto, quien además era el hermano de su novio. Tenía que hacer algo, tenía que tomar una decisión drástica y asumir las consecuencias de sus actos.

Gabriel conducía mirando de reojo la lucha interna que estaba viviendo. Apartó una mano del volante y tomó una de Elisa, quien apretó la suya sin atreverse a mirarlo.

Llegaron a su casa, la calle estaba vacía. Era casi medianoche. Gabriel se apeó del auto y le abrió la puerta para ayudarla a bajar. Era un caballero, sin duda, pensó Elisa sintiendo en los labios el sabor de su boca.

—Quiero verte el fin de semana —dijo él, casi con un suspiro que empeoró la situación entre los muslos femeninos.

—No...

El hombre le tomó la barbilla para que lo mirara.

—Ambos lo necesitamos —sus ojos azules la hipnotizaron.

—Gabriel... —su débil réplica fue callada por un abrazo repentino que la pegó contra la pared y enseguida llegó su boca para arrasar con el último resto de cordura, cuando su lengua enredó a la suya, obligándola a entregarse por completo a ese placer que no sabía que existía.

—Mmm —Gabriel la escuchó gemir y pegó su hombría en el estómago de la joven bibliotecaria, quien le permitió jugar con su boca como si fuera suya.

Gabriel lamió y chupó esos labios sedosos a su placer. Debía ser motivo suficiente para romper con ese matrimonio por interés, pero ahora que la tenía en sus brazos deseaba mucho más que un simple beso de adolescentes hormonales.

Elisa Downey tenía los días contados: sería suya y después tendría que desaparecer de sus vidas.


Gabriel Hendricks era un muerto viviente, Gabriel Hendricks no tenía corazón, Gabriel Hendricks hizo todo para que me entregara a él.

Gabriel, Gabriel, Gabriel... Gabriel me llevó al cielo y me echó al infierno, después de asegurarme que tendríamos una relación formal antes de entregarle mi cuerpo inexperto. Juró que no le importaba que hubiese sido la novia de su hermano.

Tal vez perdí mi virtud en manos de un hombre que solo vivía para proteger la fortuna inmensa de su familia, pero también sabía que cuando descubriera la verdad sería demasiado tarde. Cuando descubriera cuáles fueron los motivos por los que yo estaba en su casa, ya no habría nada que rescatar entre nosotros, pues había destrozado mi corazón. Mi tonto corazón estaba enamorado de un ser que nunca existió y de quien me llevé un recuerdo al que me aferro y al cual consideraré por siempre mi mayor prueba de amor hacia él. Prueba de amor que no merece conocer.

Voy a desaparecer de su vida, tal como siempre lo deseó para demostrarle que antes de conocerlo fui una mujer digna y respetable, que no lo necesito para seguir adelante con el recuerdo de ese fin de semana.

Esta es mi historia con él y comenzó con una desgracia. Debí saberlo, pero era muy joven y él... él podía leer mis pensamientos.