11*. El dragón y el Templario ✿⁠ Kookmin

Summary

Park Jimin es un Templario, pero él nunca ha matado a un dragón. Él se siente culpable cuando llega un nuevo prisionero, especialmente éste último, un hombre tan guapo que le hace temblar. Cuando le ordenan que vigile a este hombre, que parecía tan delicioso cuando miraba a Jimin, Jimin se encontró con algunas reflexiones muy serias acerca de la vida que ha sido forzado a vivir. Jeon Jungkook es un guerrero dragón, aunque él no se siente como un guerrero cuando es capturado y encadenado. Odiaba a los Templarios, pero este nuevo que lo vela por la noche, le lee y le cuela alimentos, era especialmente interesante. Él siente algo pasando entre ellos, pero no es hasta que convence a Jimin para abrir la puerta, y dejar a que Jungkook le mostrara todo tipo de placer, que Jungkook se da cuenta de la verdad. Este Templario es su compañero.

Status
Complete
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Park Jimin era un Templario.

Había sido uno desde que se hizo legal, en el extraño sentido de la palabra, para que fuera uno.

Eso significaba que lo era desde los dieciocho años, y después de su vigésimo cumpleaños hacía dos semanas no tenía ninguna muerte de ningún dragón a sus espaldas y con la pésima reputación de haber vomitado la primera vez que él había arrancado una escama de la espalda de un dragón, más o menos era considerado el más débil y el peor, de sus hermanos.

A veces era una bendición, y otras veces, era una maldición. Era algo que no quería tener que soportar, las miradas, las palabras susurradas a sus espaldas, o los comentarios aduladores que odiaba especialmente.

Otras veces, no le importaba tanto. Si él fue considerado como uno de los peores del lote, también significó que nunca le llevaron a la batalla, nunca se le dio el honor de matar a un dragón él mismo, que no quería hacerlo, y también significó que generalmente era empujado a hacer tareas que se consideraban mundanas y mortalmente aburridas.

Como vigilar la habitación donde se guardaban todas las armas de repuesto, como estaba haciendo ahora.

Eso le permitió tener tiempo para ponerse al día con su lectura. Él estaba terminando el libro El Hobbit por quinta vez desde que se lo encontró en un cubo de descarte en la biblioteca por sólo cincuenta centavos.

Los Templarios estaban destinados a vivir sus vidas con moderación. Eso significaba que no tenían mucha riqueza o lujo, y casi dinero para cualquier cosa que no fuera considerado necesario.


Era así básicamente cómo Jimin había llegado a amar tanto la lectura. Era un pasatiempo barato, y generalmente podía recoger algo en la biblioteca que él podía guardar para sí mismo, en lugar de tener que devolver.

Ahora, él secretamente estaba ahorrando para un e-book. Esas cosas eran cada vez más baratas, y las casas de empeños tendían a tenerlos en stock de vez en cuando. Si él consiguiera poner sus manos en uno de esos, entonces su vida sería genial, porque entonces podría tener muchos más libros para leer, y tendría que ser obligado a deshacerse de alguno de ellos cada vez que su campamento se trasladaba a una iglesia diferente.

Él tampoco tendría que ocultar lo que estaba leyendo.

Su madre pensó que cualquier cosa escrita por J.R.R. Tolkien era obra del diablo, no le importaban los libros de Star Wars o StarTrek.

¿David y Leigh Eddings? Sólo Olvídalo.


Él consiguió conservar su copia de El Hobbit solo porque le dijo a su madre que el dragón al final era asesinado, que era esencialmente lo que les hacían los Templarios a los dragones. Él le dijo que lo leyó para conseguir más coraje para matar a un dragón, lo que le detuvo de

darle ninguna mirada rara cada vez que ella lo pilló sosteniendo el libro, pero eso no significa que lo aprobara.

Nunca aprobó lo que hizo su hijo más joven, porque él no era la ex estrella de fútbol en la escuela secundaria que era su hermano.

Lo que sea.

No voy a pensar en eso ahora.

Apenas estaba leyendo las palabras en las páginas de su libro amarilleado. Su rodilla daba golpecitos nerviosos y Jimin estaba casi temblando, no porque supiera que iba a ir a arrancar una escama de dragón o a matar a un dragón, que era una tarea en la que él falló en realizar cada vez que se le ordenó.

No, Jimin estaba tan emocionado que iba a dar saltos de alegría, porque su hermano Matthew, el ex atleta de la escuela secundaria, no podía ser molestado con todo lo que hacía su hermano menor, a menos que su madre le delatara de que jugaba a Magic the Gathring con el resto de los marginados, finalmente le fue cortando un descanso.

Matthew iba a dejar que Jimin protegiera al nuevo prisionero.

Un dragón había sido traído unas semanas atrás, el único que había sido tomado vivo cuando los Templarios habían invadido el castillo que estaba escondido dentro de la roca de la Black Mountain.

Jimin había estado emocionado y aterrado a partes iguales cuando su madre y su hermano habían ido a ese asalto, dejándolo solo para velar por el sótano de la iglesia y asegurarse de que nadie robaba cualquiera de las armas que habían escondido allí abajo.


Paul Constantine, el ex líder de los Templarios de esta zona, se rumoreaba que estaba muerto y desaparecido. Nadie lo sabía con certeza, pero básicamente significa que cuando todos los Templarios habían sido asesinados en el castillo, todos le habían culpado.

Y la madre de Jimin y su hermano habían regresado ambos como héroes por lo que habían conseguido en la gran lucha. Hablaron de los dragones que habían matado, y habían traído secuestrado a uno de ellos que fue paseado alrededor de los otros Templarios para que lo vieran.

Debido a que Jimin era considerado tan importante para el grupo como el portero local, había estado en la parte posterior de la muchedumbre que animaba lo que había sucedido, y él no había sido capaz de ver nada.

Bueno, ahora podía.

Matthew dijo que había querido dar una oportunidad a Jimin. Ni de coña Jimin tendría el estómago para matar a un dragón o incluso arrancarle una escama, pero él no era pequeño y débil. Bueno, no era grande y fuerte, pero era rápido, y de altura media con un tono muscular que trabajó duro para lograr. Él todavía podría probar su valía a la causa, mostrando que él podría vigilar más que las armas. Él podría velar a los dragones que fueron traídos.


―¿Estás leyendo ese maldito libro otra vez?

Jimin levantó la cabeza hacia y sonrió ampliamente a su hermano, algo que no hacía muy a menudo, cuando apartó el libro, plegándolo y lo guardó en su ropa.

Estaba acostumbrado a hacerlo, así que le resultó bastante fácil de lograr.


―Te estaba esperando. ¡Dijiste que estarías aquí hace quince minutos!


Por supuesto, Matthew siempre le hizo esperar. Jimin no estaba seguro de por qué debería ser distinto ahora.

―Quedé atrapado con algo – dijo Matthew encogiéndose de

hombros.


Jimin arrugó la nariz.

―Si mamá se entera de que tienes sexo con cualquiera de las chicas de arriba…

―Ella no se va a enterar y tú no vas a delatarme – dijo Matthew, sonando demasiado orgulloso de sí mismo y en absoluto preocupado.

Claro, Jimin no iba a delatarlo, porque no era como si le importara un comino. Park Mary era prácticamente la líder de los Templarios ahora que Paul faltaba, y a pesar de que la mujer caminaba alrededor con un Rosario alrededor de su cuello, escuchar que su hijo mayor no había esperado hasta el matrimonio antes de perder su virginidad sólo para chocar los cinco con sus amigotes, antes de que ella se encogiera de hombros y culpara a la chica que había dormido con él por tentarle. No es como si hubiera pasado nada que mancillara la reputación de Matthew de todos modos. Era un hombre de veinte años y un héroe local. Las chicas guapas se habían lanzado a sus brazos cuando era sólo el héroe del campo de fútbol. Ahora que tenía armas y las manos manchadas de sangre de dragón, era aún peor. Matthew era un tío apuesto lleno de confianza en sí mismo.

Jimin sabía que él era un chico apuesto, e incluso cuando él había sido un tranquilo empollón en la escuela secundaria, todavía logró captar la atención de unas chicas guapas.

Siempre había pensado que no le interesan porque o bien no eran su tipo, o simplemente había estado muy ocupado estudiando para los exámenes para prestarles mucha atención, o tener alguna relación más allá de un par de citas.

No fue hasta que empezó a recibir atención de un muchacho que él había sospechado la verdad, y no fue hasta su primer beso robado en la biblioteca de la escuela que lo supo con certeza.


Él era gay.


Él era gay en una familia muy religiosa que estaba en una secta súper religiosa, dedicada a matar dragones.

El muchacho que Jimin había besado y con el que empezó a salir en secreto, a Jimin le había gustado demasiado. Pero entonces, la vida escolar había terminado y con el temor de ser descubierto por la familia de Jimin, poco a poco se distanciaron. Después de unos cuantos e-mails y una video-llamada o dos cuando el primer amor de Jimin se fue a la Universidad, bueno, ambos se dieron cuenta de que no funcionaría.

No iba a funcionar. Se habían mantenido como amigos, y desde entonces había sido el secreto de Jimin.

Esa era la razón por la cual esperaba que pudiera probar que sería útil por lo menos para esto. Si él pudiera demostrar que no tenía miedo de los dragones, que no era eso, que por lo menos podía vigilar a los presos, aunque él no pudiera matar o arrancar sus escamas.

Entonces tal vez, sólo tal vez, su madre no se enojaría cuando un día saliera del armario y le dijera la verdad acerca de sí mismo.

Demonios, él no esperaba aceptación. Eso era lo último que quería. Lo que él estaba esperando era que ella no lo enviara a una de esas clínicas que curaban la homosexualidad. Había oído sobre lo que les sucedió a algunos de los hombres que fueron enviados allí. Siempre se suicidaban, o tomaban un montón de pastillas para poder casarse con una mujer en un matrimonio sin amor, o simplemente se marchaban y no volvían a ver a sus familias nunca.

Jimin no iba a correr el riesgo de ir a una de esas clínicas, incluso si él pudiera caer en la categoría de alguien que lo dijera y se marchara para no volver. Él había mirado algunos de esos lugares en el ordenador en la biblioteca local, y cuando leyó que la terapia de choque seguía siendo una opción que era ampliamente utilizada, inmediatamente había cerrado la página.

No dejaré que me envíen a una clínica de esas.

Jamás.

Matthew chasqueó los dedos delante de la cara de Jimin .

―¿Hola? ¿Hay alguien en casa?

Jimin parpadeó.

―Sí, lo siento. Tenía la cabeza en las nubes.

Que no fue lo más adecuado para contestar, porque entonces Matthew sólo lo miró con las cejas levantadas.

―No quiero que pierdas la vida por ello. Tal vez deberíamos volver.

―¡No! – dijo Jimin, y agarró al brazo de su hermano. Que fue probablemente un poco demasiado desesperado, pero por el momento, realmente no le importaba – No, estoy listo. Puedo hacerlo.

Quiero hacer esto – dijo Jimin , y él intentó poner tanto entusiasmo y coraje en su voz como fuera posible.

Él realmente no tenía miedo de los dragones. Era la verdad. Temía lo que sucedería si él no podía probarse a sí mismo que era capaz de manipularlos, porque él ya sabía de hecho que nunca podría matar a uno.

Matthew se encogió de hombros, y el atisbo de preocupación desapareció de los ojos de su hermano.

―Vale, si tú lo dices. Pero no me vengas llorando cuando esa cosa te sisee entre dientes.

―No tengo miedo de los dragones – murmuró Jimin, siguiendo a su hermano por el pasillo.

―Por supuesto que no – dijo Matthew con una sonrisa, y Jimin quiso borrarle la sonrisa de un puñetazo.

Nunca voy a conseguir que se olviden de que vomité cuando intenté arrancar una escama a un dragón, me lo van a estar restregando durante toda mi vida.

La iglesia por encima de ellos era grande, y el sótano a continuación era aún más grande. Hubo todo tipo de pasillos serpenteantes, algunos de los cuales tenían un propósito real a la iglesia por encima de ellos, con sillas adicionales, un piano y algunos instrumentos para el coro, papeles, Biblias extras, ese tipo de cosas.

Las otras habitaciones eran para los Templarios, y contenían las armas, las cadenas, las jaulas y las grandes pinzas desagradables que fueron utilizadas para la extracción de escamas.

Dios, odio las tenazas esas… ¡Me dan náuseas solo de pensar en tener que usar una!

Matthew se detuvo ante una de las grandes puertas metálicas, el lugar que se utilizaba para los presos, y sacó un gran llavero lleno de llaves, algunas de las cuales eran llaves esqueleto reales. Sacó y se la entregó a Jimin.

―Vale – dijo, poniendo su mano en la puerta de metal – ¿Qué recuerdas de nuestro prisionero?

Jimin recitó todo lo que había aprendido de las historias que habían corrido alrededor, como si hubiera tenido que estudiarse los documentos.

―Poderes desconocidos, él no ha hablado con nadie, pero a pesar de las medidas que se tomaron, puede convertirse en un dragón verde y por su tamaño probablemente es un dragón guerrero.

Matthew asintió con la cabeza.

―Bien, entonces sabes que tienes que tener cuidado alrededor de él, ¿verdad? – preguntó.

Jimin asintió con la cabeza, con ganas de acabar la conversación y finalmente hacer algo.

―Sí.

Matthew le miró durante unos segundos duros más, y entonces él se apartó del camino, permitiendo que Jimin metiera la llave dentro de la ranura pequeña, y luego la girara.

Él podía oír y sentir el mecanismo interior y la manera en que el perno pesado se deslizó fuera de lugar para que pudiera girar el pestillo y abrir la puerta.


La puerta chilló como un pájaro moribundo, y Jimin hizo una nota mental de ponerle aceite más tarde.

―Bien, ahí está – dijo Matthew, y Jimin juró que, con el rabillo de sus ojos, vio el pecho de Matthew hincharse hacia fuera con orgullo, como si él estuviera presumiendo de un oso que había cazado, o de un enorme alce que había matado o algo así.

Jimin apenas podía mirar a su hermano, porque en lo único que podía centrarse en ese momento era en la increíblemente hermosa criatura delante de él. Tan potente y peligrosa, con esos intensos ojos que parecían estar mirando a través de Jimin, dentro de su cabeza y en lo más hondo de su alma.

Y no estaba aún en su forma de dragón. Bueno, de lo contrario la excitación que había pasado por el cuerpo de Jimin podría haber sido mucho más vergonzosa de lo que ya era.

El hombre en la jaula estaba de rodillas, el cabello castaño dorado todo desordenado hasta los hombros era sorprendentemente hermoso.

Este chico tenía más músculos que Matthew. No es de extrañar que su hermano estuviera tan orgulloso de haberle capturado. La diferencia era que no parecía que este hombre se esforzara demasiado en mantener en forma su cuerpo, mientras que Jimin tenía que trabajar como un loco y beber batidos de proteínas sólo para mantener la forma que tenía.

El hombre, el Shifter dragón, también estaba muy, pero que muy desnudo. Nadie había dado al hombre nada de ropa, y él ni siquiera tenía una manta ahí.

Jimin tragó con fuerza, y estaba haciendo un gran esfuerzo para mantener los ojos lejos de la vista del pene del Shifter dragón, aunque sus ojos volvieron un par de veces.

Él tuvo que apartar la mirada lejos del preso y de su hermano, para conseguir que la sangre volviera a su cabeza en lugar de su entrepierna.

―¿Por qué no lleva ropa?



―Le dieron un conjunto de túnicas, pero trató de utilizarlas para escapar.

―¿Qué? ¿Cómo podría hacerlo? – le preguntó Jimin, mirando de vuelta en el preso y tomando nota de las cadenas que lo mantenían encadenado al suelo. Él no podía mantener los ojos alejados de la polla del hombre, y se dio cuenta de que estaba empezando a verse un poco duro.

―Eso fue antes que le encadenáramos. Estaba en la jaula. El chico estaba realmente cabreado con las túnicas rojas que le dieron y trató de utilizarlas para doblar los barrotes. Realmente estaba funcionando, y casi consiguió escapar antes de que algunos hombres vinieran aquí y le detuvieran.

Jimin estaba en shock. Había visto cosas como esas en las películas de acción que había alquilado de la biblioteca, pero no había pensado que realmente funcionaría. Se encontró sonriendo por lo inteligente que era.

Su estúpida excitación latía otra vez, y gracias a Dios que llevaba puestas sus ropas sobre los pantalones. Al menos así su hermano no sería capaz de saber lo que estaba pasando con él.

Como si el dragón supiera lo que estaba pasando entre las piernas de Jimin, sus fosas nasales se ensancharon, y sus ojos comenzaron a brillar con el menor atisbo de una sonrisa tirando hacia arriba en sus labios.

―Hey, ¿por qué sonríes? – dijo Matthew, claramente irritado mientras caminaba hasta los barrotes de la celda, sujetándolos con las manos. Como llevaba unos guantes de metal, el sonido metálico resonó en las paredes de cemento.

El preso dejó de sonreír, y esta vez él miró a Matthew.

―Sí, no creo que tuvieras algo que decir – dijo Matthew, como si el silencio del dragón fuera un producto de la intimidación, más que el simple hecho de que él se negaba a hablar con nadie – De todos modos, te dejaré aquí hasta el amanecer. Puedes permanecer aquí, ¿verdad? – preguntó Matthew, ya rumbo a la puerta.

Jimin no había pensado que estaría aquí por tanto tiempo. No había dormido exactamente para prepararse para un turno de toda la noche, pero él no estaba dispuesto a echar esto a perder.

―Puedo hacerlo – dijo, y lo haría.

No me quedaré dormido.

―Buen chico, volveré por ti cuando termine tu turno – dijo Matthew y entonces se dio la vuelta y salió de la habitación dejando a Jimin con la única llave para entrar o salir, y viendo al prisionero en la sala, que estaba mirando a Jimin con esos intensos ojos color ámbar.

Jimin tragó, y trató de forzar a estúpido su corazón para que dejara de hacer tantos saltos mortales en su pecho.

No me dan miedo los dragones. ¡No me dan miedo!

¿Por qué me late tan deprisa el corazón? ¿Qué me pasa?

Jimin se dirigió al único asiento en la habitación y se sentó en él, preparándose para una larga noche. Él sacó su libro y comenzó a leer.

Al menos el taburete es incómodo. Eso hará más difícil que me quede dormido… Tengo que permanecer despierto.

Los ojos de Jimin se desviaron de las gastadas páginas de su libro, al dragón en la jaula, que había cambiado de posición lo suficiente como para mirarle directamente.

Si el hombre estaba tratando de hacerle sentir incómodo, entonces estaba haciendo un trabajo de puta madre, y Jimin volvió a tragar. Él apenas podía leer más que unas palabras a la vez, su estúpida verga le estaba causando todo tipo de problemas entre sus piernas, y aún no estaba completamente dura.

Es simplemente que estoy viendo el cuerpo desnudo de un tío que está como un tren.

Era algo que le había pasado unas cuantas veces antes en el cuarto de las duchas y él supo controlarse, por lo que sólo iba a tener que controlarse ahora. Eso era todo.

Excepto que las palpitaciones no desaparecieron. Y después de pasar una hora allí se convirtió en una total y absoluta tortura. Jimin no sabía qué hacer al respecto.


―No tienes otro libro, ¿verdad?



Jimin hizo una mueca, como si le hubieran echado agua helada sobre su espalda, y se volvió para mirar al prisionero, el único en la sala, quien acababa de hablar por primera vez después de semanas de silencio.


―¿Qué acabas de decir?