Parte Única
Jungkook parpadeó sorprendido un par de veces mirando fijamente al pequeño chico que ahora se encontraba fuertemente atrapado entre sus brazos sosteniéndose de él como si dependiera de aquella acción para poder sobrevivir.
Probablemente había sido así.
Era el momento más surrealista y extraño que había tenido en su vida, el chico seguramente no debía medir más del metro setenta, con cabellos rosas que estaban apuntando hacia todas las direcciones, nariz de botón fuertemente fruncida junto a sus labios color cereza pomposos en un extraño mohín de tensión acompañado de sus ojos cerrados de una manera que Jungkook consideraría dolorosa y sus pequeñas y lindas manos apretadas en sus bíceps con rudeza.
¿Había literalmente caído del cielo aquel bello chico?
Efectivamente, sí.
Jungkook no podía sentirse más incrédulo por el hecho.
—¡JiMin! —el grito completamente aterrorizado de otro chico le hizo apartar la mirada a Jungkook del adorable peli rosa para alzarla en dirección al hombre que los miraba desde el balcón, los ojos marrones del susodicho estaban abiertos de par en par con desconcierto y asombro en partes iguales —. ¡Dios santísimo, JiMin!
Jungkook podría considerar al hombre completamente escandaloso, ignorando su presencia y algarabía volvió a bajar su mirada al peli rosa —de aparente nombre JiMin—quién todavía se aferraba con firmeza a él, parecía temer soltarlo y en realidad, Jungkook no se quejaba de ello, no obstante, quería detallar mejor al chico y asegurarse que se encontraba bien. Había sido una caída inesperada y peligrosa después de todo.
—Oye... —murmuró en voz baja y suave para que sólo el chico entre sus brazos le escuchara, él se sacudió —. ¿Estás bien? ¿te hiciste daño?
El peli rosa abrió los ojos lentamente mostrándole a Jungkook unas impresionantes e hipnotizantes esferas doradas. Jungkook contuvo la respiración casi como si la belleza extrema del bonito chico lo hubiese golpeado fuertemente en el tórax.
Técnicamente podría decir que era así.
El peli rosa era bello, ahora que sus hermosas esferas doradas le miraban con asombro y —si no se equivocaba— admiración; no podía estar más de acuerdo con el pensamiento de que el chico tenía la viva imagen de un ser celestial.
—Lo siento mucho —susurró en cambio con sus brillantes esferas llenas de preocupación, Jungkook negó con la cabeza por inercia —. Estaba poniendo unos adornos en el balcón de mi apartamento cuando resbalé —declaró alzando la mirada hacía el sitio mencionado.
Jungkook arrastró su mirada al mismo tiempo hacia la misma dirección; la distancia era considerable para una herida crítica, pero no mortal. JiMin había tenido suerte de que Jungkook hubiese estado pasando frente al edificio cuando escuchó un grito lleno de terror y logró atraparlo entre sus brazos al notar a un chico caer del cielo, como si de un ángel se tratase.
Un ángel muy torpe, aparentemente.
Hubiese sido un golpe fuerte para ambos si JiMin hubiese caído de un piso superior al segundo, afortunadamente, no había sido el caso y aunque los brazos y las rodillas de Jungkook se sentían ligeramente resentidas por la inesperada fuerza ejercida, estaban bien y eso era lo importante.
—Es bueno que haya estado pasando por aquí —mencionó en un suave tarareo regresando su mirada al peli rosa, el chico hizo lo mismo sonrojándose furiosamente por la vergüenza, o al menos, eso podía asumir Jungkook —. ¿Realmente no te has hecho daño?
—No... —sacudió la cabeza sonriendo completamente abochornado —. No, gracias a ti...
—¡JiMin! —el chico histérico finalmente llegó a ellos obligando a Jungkook con algo de rudeza a que dejara al peli rosa en el suelo, lo hizo casi con malestar sintiéndose extraño de dejar ir de sus brazos a tan precioso ser —. ¡Te dije que te alejaras del balcón!
El desconocido abrazó de manera efusiva y dura al de cabellos rosas sacándole un pujido que seguramente significaba la falta de oxígeno circulando en sus pulmones por tan intenso abrazo.
Jungkook sonrió.
—Estoy bien, Seok, no me hice daño —declaró en tono apesadumbrado chocando su mirada con la oscura del rubio, JiMin se sonrojó al notar la mirada del atractivo hombre sobre él —. Fue gracias a él que no recibí un rasguño.
Seokjin se puso rígido en el abrazo separándose repentinamente del pequeño cuerpo para mirar en dirección al susodicho, el rubio arqueó una ceja borrando su sonrisa, probablemente incómodo por la mirada peliaguda que su hermano mayor le estaba dando.
JiMin quería que la tierra se lo tragara por ello.
Gimió malhumorado. —¡Seok!
—¿Qué? —gruñó todavía sin apartar la mirada del rubio, el chico se cruzó de brazos para nada intimidado con la intensa mirada del de cabellos violetas —. Te tenía todo apretado entre sus brazos, debió bajarte hace tiempo al suelo en vez de sostenerte de ese modo —se quejó.
JiMin blanqueó los ojos soltando un resoplido.
—Yo lo tenía sujeto, Seok, no le permití soltarme, fue culpa mía, ¿quieres dejar de hacer esto? —gimoteó humillado por lo que su hermano mayor estaba haciendo con su salvador, su mirada se arrastró al hombre encontrándose con su oscura mirada, sonrió tímido —. Lo siento mucho, no sé cómo pagarte el haberme salvado.
La tensión en el cuerpo del atractivo hombre pareció desvanecerse regalándole una sonrisa perezosa que se veía completamente sexy y sensual en su hermoso rostro. El hombre era alto, de metro ochenta con ojos grandes y oscuros, cabello rapado a los laterales, pero largo en el centro y rubio. Tenía algunas perforaciones en sus orejas, y tatuajes que salpicaban aquí y allá bajo su camiseta blanca de gimnasio.
Estaba construido como un edificio, aun así, su rostro complementaba su gran físico, sus labios delgados con un piercing en ellos y su nariz prominente que hacía juego con su quijada fuerte y marcada. Era un adonis que JiMin había visto nunca.
—Está bien, JiMin, me alegra que estés bien —musitó manteniendo incluso la pereza en su tono haciéndole ver aún más sexy.
Sintió a Seokjin resoplar a su lado, JiMin lo ignoró completamente enfocado en el gran semental delante de él, sonrió con sus mejillas totalmente calientes debido al sonrojo del bochorno que estaba viviendo en ese instante.
—Sabes mi nombre... —murmuró manteniendo su timidez con sus manos jugueteando entre sí.
El rubio ladeó la cabeza con una mirada juguetona y divertida brillando en sus oscuros ojos.
—El histérico a tu lado te ha llamado JiMin, supuse que era tu nombre —recordó haciendo sentir a JiMin estúpido y avergonzado mientras escuchaban el chillido indignado de Seokjin.
—¡No soy ningún histérico, idiota!
—¡Seok! —volvió a gemir JiMin llevando su mirada hasta su hermano mayor, Seokjin le dio una mirada inquisitiva —. ¿Qué demonios? No insultes a mi salvador.
—¡Jim, por todos los cielos! —gruñó sacudiendo la cabeza —. ¡Pudo hacerlo cualquiera!
—No es tan simple como recibir en brazos a alguien que de la nada cae del cielo —declaró el rubio sin tono, ambos hermanos le miraron, su rostro era ahora una mueca seria —. Ten cuidado la próxima vez, rosita, es muy peligroso y puede que no esté allí para recogerte en brazos —volvió a declarar con un tono casi cariñoso.
JiMin se halló riendo tontamente, asintiendo como si fuera un buen niño. Jungkook sonrió un poco más amplio paseando su mirada sobre él sin descaro alguno, JiMin se sintió acalorado bajo el escrutinio para nada disimulado del rubio.
—¡Deja de mirar a mi hermanito como si fuera un pedazo de carne, animal!
Jungkook resopló dándole una mirada desapasionada al de cabellos violetas antes de regresar sus ojos al adorable peli rosa, sus mejillas parecían competir arduamente con el color de su cabello. Sonrió.
Era tan hermoso y había caído del cielo directo a sus brazos.
¿Sería esa una señal de que debía hacer al chico suyo? Jungkook sonrió extasiado con aquel fugaz pensamiento.
Por supuesto que sí.
—Tengo que irme —dijo, ignorando por completo al de cabellos violetas que parecía maldecirlo entre dientes. Su atención estaba fija en el chico de cabellos rosas —. ¿Podré verte de nuevo?
—¡Si! —JiMin carraspeó dándose cuenta de su entusiasta respuesta, aunque el rubio sonrió complacido por su reacción seguía siendo un acto patético para él —. Quiero decir, sí, claro. Por supuesto.
—Bien —el rubio asintió extendiendo su mano hacía él, JiMin observó su brazo notando las marcas rojizas de donde seguramente su cuerpo había impactado contra él —. Jeon Jungkook, un gusto.
JiMin trató de sonreír tomando la mano ofrecida. —Kim JiMin, el gusto es mío.
Jungkook pareció notar lo que él veía, su pulgar acarició suavemente el dorso de su mano tratando de reconfortarlo, sus miradas volvieron a encontrarse.
—No te preocupes por eso, rosita, ha valido la pena —le guiñó un ojo de forma coqueta soltando lentamente su mano, JiMin lo dejó ir casi con reticencia —. Te veré de nuevo.
—Si —murmuró sin aliento.
Jungkook le regaló una última sonrisa, dándole una mirada poco impresionada a su hermano quién enfurruñado sobre su sitio se había dedicado a maldecir al rubio mientras se presentaban. Giró sobre sus pies comenzando a desaparecer acera abajo, JiMin ni siquiera había sido capaz de darse cuenta del cúmulo de gente que había a su alrededor preocupados por lo ocurrido, sus ojos sólo podían estar clavados con intensidad en la espalda de su salvador mientras se alejaba cada vez más de la escena.
—Mi salvador... —suspiró con una sonrisa suave pasando por alto las palabras de su hermano y el ruido de los transeúntes chismosos que querían saber sobre lo sucedido —. Jungkook...
—Lindo angelito —murmuró Jungkook apretando sus puños dentro de su jogger consciente de que el peli rosa le seguía con la mirada —. Volveremos a vernos, mi angelito.
Jungkook definitivamente se encargaría de ello.
—¡Jim! —JiMin se sobresaltó alejando su mirada de la muy borrosa silueta de Jungkook para mirar a su hermano —. Te estoy hablando, tonto.
JiMin puchereó. —Lo siento, Seok, estaba distraído.
—Sí, ya lo noté —comentó en tono sarcástico, el puchero de JiMin se pronunció. Seokjin suspiró —. Oye, ¿estás bien? Vamos adentro, te prepararé un batido de fresas, ¿quieres?
—¿Le pondrás crema batida en la parte de arriba? —Seokjin sonrió abrazando al menor por los hombros dirigiéndolos al interior del edificio.
Los transeúntes habían comenzado a alejarse al ver que ninguno de ellos les prestaba atención para saciar su morbosa curiosidad.
—Por supuesto, Jim, ¿quieres que le ponga también chispas de colores?
—¡Si! —chilló corriendo hacia el ascensor para llamarlo —. ¿Qué esperas, Seok? Vamos, vamos.
Seokjin sacudió la cabeza riendo entre dientes viendo la felicidad de su hermano menor. Ignoró de momento la incómoda sensación que aquel chico le había provocado, sus oscuros ojos le habían parecido extraños y siniestros. Probablemente, JiMin como el alma inocente y distraída que era no lo había notado, pero él sí.
Mirando tras de él hacía la entrada del edificio, sólo podía esperar a que fuera una terrible coincidencia y su hermanito no volviera a cruzarse con tal personaje. No podía desestimar el hecho de que había salvado a JiMin de un gran accidente, no obstante, aquello no borraba el sentimiento de protección que le inundó el pecho al ver la manera hambrienta en que el rubio había mirado al menor.
Tendría que averiguar quién demonios era Jeon Jungkook y qué intensiones tenía con su hermano. Era su deber como hermano mayor proteger al menor incluso de sí mismo.
JiMin soltó un bufido cansado mirando con malestar la alta estantería de la biblioteca que parecía estarse burlando con ganas de él. Necesitaba un libro de literatura inglesa que, justamente, se encontraba ubicado en la parte más alta del estante. JiMin sabía que no era muy alto, por lo que, tratando vanamente de pararse en puntas había intentado, aunque sea, tocar el libro con las puntas de sus dedos sin éxito alguno.
—Bien —gruñó entre dientes mirando hacia los lados del pasillo —. ¿Dónde demonios habrá una escalera? —murmuró para sí mismo.
Asomándose al pasillo buscó entre las diferentes secciones una escalera encontrando una al final de la sección de libros y recetarios de cocina, sonriendo triunfalmente arrastró como pudo la escalera a la sección en la que se hallaba anteriormente ubicando la herramienta en el espacio de la estantería que necesitaba.
La escalera no se veía muy firme, JiMin la sacudió un poco tratando de encajarla de manera correcta, pero parecía que el seguro de la parte de arriba estaba dañado, soltó otro bufido.
Genial. Pensó.
No importaba, ya había tomado la escalera y hecho el esfuerzo de llevarla hasta allí, la iba a utilizar sea como sea. Así que, afianzando sus manos con fuerza a los escalones, subió con cuidado a la altura que necesitaba sacando del estante el libro que buscaba.
—¡Bingo! —musitó para sí mismo con una sonrisa triunfal.
Empezó a bajar los escalones manteniendo su amplia sonrisa, olvidando por un momento que, cuando sonreía de ese modo sus ojos se achicaban imposibilitándole ver de forma correcta. JiMin no se había percatado de que su cordón del zapato estaba desatado, por lo que, no podría haberse dado cuenta que al pisarlo resbalaría de la escalera cayendo hacía atrás.
Cerró los ojos soltando un pequeño chillido esperando el terrible golpe. Eso no sucedió.
—¿Estás bien? —aquella voz le hizo abrir los ojos inmediatamente encontrándose con una mirada conocida —. Deberías tener cuidado, JiMin.
—Jungkook… —susurró.
El rubio le sonrió, JiMin apretó el libro entre sus brazos abriendo la boca con impresión cuando el chico lo tomó mejor en brazos alzándolo para llevarlo a una sección alejada. Algunas personas que estaban dentro de la biblioteca les miraron con interés, pero rápidamente apartaron la mirada al darse cuenta que era nada más y nada menos que JiMin.
El torpe JiMin.
Jungkook lo llevó hasta una mesa donde había una laptop con un par de libros y una agenda llena de apuntes, una maleta negra reposaba en el asiento de al lado y la silla frente a ellos estaba corrida hacía atrás. El rubio tomó asiento con él sobre sus piernas, el bochorno subió por las mejillas del peli rosa quién se sintió de repente tímido por su torpeza.
—Lo siento, otra vez me has salvado —musitó sin atreverse a mirar a los ojos a Jungkook —. Lamento ocasionarte problemas.
—No me ocasionas problemas, JiMin, es todo un honor para mí ser tu salvador por segunda vez —JiMin levantó la mirada viendo la sonrisa cálida de Jungkook en su atractivo rostro, volvió a sonrojarse de forma más intensa —. ¿Te hiciste daño?
—Oh no, en lo absoluto. Realmente me has salvado —JiMin rio cortamente, Jungkook mantuvo su sonrisa —. ¿No te lastimé yo a ti?
—No, estoy bien —aseguró, Jungkook lo maniobró entre sus brazos notando sus cordones desatados —. Tienes los cordones desatados, permíteme.
JiMin abrió la boca apunto de preguntar qué quería decir con eso, cuando el rubio lo alzó en brazos dejándolo sobre la silla para agacharse frente a él y atarle de manera correcta los cordones. Sus mejillas podrían competir con el color intenso de sus cabellos ante tal sonrojo que le ocasionó el gran acto caballeroso de Jungkook.
—Gracias —susurró una vez terminó su tarea, Jungkook sonrió —. Eres todo un caballero, Jungkook.
Jungkook rio. —Para nada, sólo soy amable.
—Oh —JiMin alzó las cejas —. ¿Eres así de amable con todos? —aunque su duda salió medianamente cantarina, JiMin realmente esperaba que la respuesta fuera negativa.
Él se sentía especial siendo tratado de tal modo por Jungkook, no quería imaginar que, en realidad, no le estaba dando ningún trato diferente a cualquiera que se cruzara en su camino.
Jungkook ladeó la cabeza. —¿Por qué haría eso?
—Pues… —JiMin frunció el ceño —. Dijiste que estabas siendo amable.
—Hablaba de ti, rosita, no me interesa ser amable con alguien más —aclaró encogiéndose de hombros.
JiMin no pudo dedicarle mucho tiempo al pensamiento, Jungkook se había levantado del suelo volviendo a alzarlo en brazos para sentarlo otra vez sobre sus piernas.
—¿Qué haces aquí? —Jungkook arqueó una ceja, JiMin se sonrojó. Dejó el libro que todavía había mantenido apretado contra su pecho sobre la mesa sentándose de lado en las piernas del rubio —. Me refiero a… bueno ya sabes.
Jungkook rio entre dientes. —Supongo que, vine a lo que todos vienen a la biblioteca, JiMin. Estoy estudiando.
JiMin arrastró su mirada hacía la pantalla de la laptop leyendo por encima sobre la teología en las leyes, parpadeó sorprendido regresando su mirada al rubio.
—¿Estudias derecho? —Jungkook asintió —. ¿Estás haciendo un ensayo?
—Algo así —volvió a asentir —. ¿Tú qué haces aquí?
—Oh —JiMin señaló tímidamente el libro de tapa verde que había dejado sobre los apuntes de Jungkook —. Vine por un libro de literatura inglesa.
—¿Estudias literatura o idiomas?
—Idiomas —aclaró, Jungkook asintió.
El silencio se extendió sobre ellos por algunos minutos, JiMin comenzó a sentirse extrañamente incómodo sin saber cómo proseguir con la conversación. Él no era muy bueno para socializar, solía hablar hasta por los codos al punto en que las personas terminaban sintiéndose fastidiadas de su presencia; los únicos que soportaban su vomito verbal era su hermano mayor, Seokjin y su novio Taehyung; además de Namjoon, el hermano de Taehyung con quien no convivía a menudo. Estaba seguro que se debía a que tenían que hacerlo porque eran familia.
No quería asustar al guapo chico con su verborrea.
—¿Pasa algo? —JiMin se sobresaltó mirando a los oscuros ojos de Jungkook, su rostro estaba encogido en una mueca que aparentaba preocupación —. De la nada te ausentaste, ¿a dónde fuiste?
JiMin sonrió. —No, yo sólo… —hizo una mueca. No quería mentirle, pero tampoco quería admitir su lamentable pensar —. Sólo pensaba en que debería irme, estás estudiando y no quiero molestarte más de lo que ya lo he hecho.
Cuando hizo el ademán de levantarse de las piernas del rubio, Jungkook lo ancló en su lugar con un fuerte agarre sobre su cintura que no lo lastimaba y al tiempo le impedía moverse.
—No me molestas —dijo suavemente, JiMin volvió a mirarlo —. Además, no es un trabajo por el que deba preocuparme realmente.
—¿Ah no? —preguntó frunciendo el ceño.
Jungkook negó. —No, rosita, es un trabajo para dentro de un mes. Sólo me gusta hacer las cosas con tiempo para poder tener horas libres.
—Oh —JiMin sonrió con entendimiento —. Yo en realidad dejo todo para última hora. Debo hacer un ensayo sobre tres grandes escritores angloparlantes del siglo XX y hasta ahora he venido a buscar libros sobre ello —musitó levantando el libro de tapa verde, Jungkook lo miró —. Soy un desastre, es para pasado mañana.
—Todavía tienes tiempo —comentó con tono ligero, JiMin resopló —. ¿No eres bueno haciendo trabajos?
—Me distraigo con mucha facilidad —admitió avergonzado, saber que Jungkook era alguien tan aplicado le hacía sentirse abochornado de su propia negligencia escolar —. Cuando se trata de concentración, soy el peor.
—Oh, no digas eso —Jungkook peinó con cuidado sus cabellos rosas mientras veía la mirada afligida de JiMin —. Seguro usas un método incorrecto de aprendizaje.
—¿Método incorrecto? —Jungkook asintió —. ¿A qué te refieres?
—No todos aprendemos de la misma manera, puede parecer que alguien es malo para el estudio cuando en realidad necesita métodos que se complementen con su manera de procesar la información —aclaró, JiMin ladeó la cabeza, curioso —. Hay gente que aprende escuchando música, otros con notas, dibujos, sonidos, etcétera. No eres malo en el estudio, JiMin, sólo debes encontrar tu método de estudio.
—Guau —susurró, Jungkook sonrió. Su mano se había mantenido peinando de forma dulce sus cabellos —. No había pensado en eso.
—No mucha gente lo entiende —se encogió ligeramente de hombros —. Yo podría ayudarte a estudiar, si quieres.
—¿De verdad harías eso por mí? —Jungkook sonrió más amplio, los ojos dorados de JiMin brillaban preciosamente para él.
—Por supuesto, rosita.
—¡Entonces, si! —chilló.
Algunas personas giraron a verlos de mala manera, JiMin se encogió en su sitio sonrojado por su accionar. No debería gritar en la biblioteca, Jungkook, por el contrario, envió una mirada de muerte a todos aquellos que le dedicaron una mala mirada al peli rosa.
—Lo siento —murmuró JiMin, Jungkook negó con la cabeza —. ¿Cuándo empezaríamos?
—Bueno, depende de en qué necesitas ayuda —musitó, JiMin lo pensó en silencio por largos segundos —. ¿Qué te parece si intercambiamos números y me escribes lo que necesitas? Así yo puedo organizarme para ayudarte.
—Está bien —la sonrisa que le dedicó fue amplia y hermosa haciendo que las manos de Jungkook picaran por tocarlo —. ¿Me das tu teléfono o lo anoto en tu agenda?
Jungkook sacó su teléfono del bolsillo esperando que JiMin anotara su número, el peli rosa lo hizo procediendo a marcar el número para así tener también en su teléfono el número del rubio.
—Listo —le regresó el teléfono, Jungkook miró el número unos segundos asintiendo —. Te escribiré y… —el teléfono de JiMin comenzó a sonar, Jungkook observó la foto del hermano del peli rosa en pantalla —. Dame un momento.
JiMin se levantó de sus piernas, Jungkook tuvo que dejarlo ir con una mueca enfurruñada. Aprovechó el momento para tomarle un par de fotos distraído.
Más fotos para su colección privada. Pensó con una sonrisa.
—¿Dónde andas, Jim? —JiMin suspiró —. Debiste llegar al apartamento hace buen rato.
—Sigo en la biblioteca, Seok, tuve un pequeño accidente y…
—¿Otro accidente? —chilló con preocupación, el peli rosa hizo una mueca —. ¿Estás bien? Iré para allá… ¡Tae, debemos irnos!
—¡No! ¡Dios, estoy bien! —chilló en voz baja alejándose un poco más de la zona, miró a su alrededor esperando no estar llamando la atención —. No me lesioné, Jungkook logró salvarme a tiempo así que…
—¿Jungkook? —le interrumpió de nuevo, JiMin blanqueó los ojos —. ¿El rubio de la vez pasada?
—Si Seok, el rubio de la vez pasada. Mi salvador —declaró en tono quejumbroso —. Jungkook ha estado aquí en la biblioteca estudiando y…
—¿Qué haces con él? —JiMin suspiró —. No me agrada ese chico, tiene algo raro, te lo dije.
—Seok —su paciencia se estaba yendo al carajo, adoraba a su hermano más que a nadie en el mundo, pero a veces el mayor lo trataba como si fuera un niño chiquito. Era torpe, no estúpido —. ¿Quisieras dejar de interrumpirme? Si me escucharas sabrías.
La línea se quedó en silencio por un minuto.
—Sí, lo siento —la voz del de cabellos violetas salió ligeramente estrangulada como si le costara aceptar su error, JiMin sonrió —. Continúa…
—Cómo te estaba tratando de decir… —bufó —. Jungkook está aquí en la biblioteca estudiando, estaba bajando de la escalera después de sacar un libro que necesitaba de una estantería alta cuando pisé mi cordón desatado y me caí. Afortunadamente Jungkook estaba allí para recibirme en brazos.
—Oh… —Seokjin sonó desconcertado —. ¿Cómo se dio cuenta de que estabas cayendo?
—Pues… —JiMin dudó, no estaba seguro de eso —. Supongo que debió haberme visto arrastrando la escalera por las secciones, tuvo que haberme reconocido y de pronto se acercó a saludarme cuando me caí —se encogió de hombros a pesar de que nadie lo veía.
—Sí, seguro… —Seokjin sonaba poco convencido, JiMin lo ignoró —. ¿Vas a tardar? Tae va a hacer de cenar.
—¿Enserio? No, ya estaba a punto de despedirme de Jungkook —brincó sobre su lugar con emoción —. Estaré allí pronto.
—Bien, no tardes. Te esperamos.
Con esas últimas palabras la llamada se cortó.
JiMin sonrió girando sobre su sitio golpeándose inesperadamente con un pecho sólido. Levantó la mirada encontrándose con los oscuros ojos de Jungkook quién sonrió, JiMin le regresó el gesto.
—Lo siento, venía a ver si todo estaba en orden —comentó Jungkook dando un paso atrás para darle espacio.
JiMin asintió. —Sí, sí, sólo era Seok preocupado.
—¿Tu hermano? —JiMin volvió a asentir —. ¿Tienes que irte ya?
—Si —guardó su teléfono en el bolsillo trasero de su pantalón —. Tae cocinará hoy noche y no me lo quiero perder por nada del mundo.
Jungkook arqueó una ceja. —¿Tae?
Su mandíbula se tensó.
¿Quién demonios era Tae?
—Taehyung, es novio de mi hermano —aclaró sin percatarse de la peculiar tensión que había embargado al rubio por un momento —. Llevan juntos desde la universidad, es un amor conmigo.
—Ya veo —sonrió —. ¿Quieres que te acompañe?
JiMin se sonrojó. —¿No tienes problema?
—En lo absoluto, rosita, puedo dejarte en casa y seguir mi camino —se encogió de hombros aparentando indiferencia.
JiMin brincó en su lugar. —Está bien, vamos.
Jungkook lo tomó de la mano regresando sobre sus pasos hacía la mesa para que el rubio pudiera guardar sus cosas. Tomando los libros que había estado utilizando regresó un par a su sitio, dejando otros de lado para poder llevárselos. Registraron juntos los libros que sacarían de la biblioteca y finalmente, dieron rumbo al edificio de JiMin.
Mientras JiMin hablaba sobre mil temas con Jungkook escuchando atentamente sus comentarios y comentando de vez en cuando algo, JiMin sintió que, por primera vez, estaba conociendo a alguien fuera de su hermano y cuñado que aparentemente no se veía irritado por su excesivo vómito verbal.
Eso estaba lejos de suceder. Jungkook se sentía totalmente atraído al hermoso chico de personalidad torpe e inocente.
—Aquí es —JiMin sonrió sintiendo sus mejillas entumidas de tanto sonreír y reír —. Gracias por acompañarme, Jungkookie.
Jungkook apretó su puño guardado en su pantalón dándole una sonrisa perezosa al de cabellos rosas.
—No es nada, rosita, te veré pronto —peinando con cuidado los cabellos del bajito le sonrió de manera coqueta inclinándose para besar su mejilla —. Esperaré tu mensaje.
—Seguro —susurró.
Jungkook se separó, regalándole un guiño para alejarse del menor retomando su paso en dirección a su apartamento. JiMin suspiró con ilusión ingresando al edificio ignorando el hecho de que dos pares de ojos habían observado su interacción desde la ventana del segundo piso.
Jungkookie.
Jungkookie.
Jungkookie.
Jungkook se mordió el interior de la mejilla, su dulce angelito era tan adorable. Esperaba que le escribiera pronto o tendría que buscar otro sitio frecuente del más bajito para encontrárselo “accidentalmente” justo como en la biblioteca.
Porque sí, aquel encuentro no tenía nada de casual. Pero JiMin no necesitaba saber eso.
—¡Ya voy! —el grito de JiMin que resonó del interior del apartamento hizo sonreír a Jungkook quién esperaba pacientemente en la entrada a que le abriera la puerta —. ¡Jungkookie!
Jungkook sonrió aún más amplio viendo la preciosa sonrisa de ojos rasgados del peli rosa, la puerta había sido abierta abruptamente demostrando la emoción del más bajito por tenerlo allí.
En realidad, a Jungkook le estaba tomando todo de sí mismo para no tomar al peli rosa por la cintura y estamparlo contra la pared regalándole un beso demandante. Afortunadamente, había tenido que esperar un total de cuatro días antes de que JiMin le enviara un mensaje de texto pidiéndole disculpas por no haberle escrito antes, había estado ocupado con trabajos de la universidad y luego, pidiéndole el favor de ayudarle a estudiar para un examen que tendría dentro de poco esperando que sus métodos pudieran hacer algo por él.
A Jungkook le había faltado muy poco para acudir a su plan B, encontrarse casualmente con el bajito en su restaurante favorito hubiese sido toda una coincidencia. De todos modos, lo guardaría para futuras necesidades.
—Hola, rosita —su mano se estiró peinando con delicadeza un par de cabellos rosas que se salieron de su lugar cayendo sobre el hermoso rostro del chico —. ¿Me dejarás pasar?
—Oh si —JiMin carraspeó sonrojándose, se hizo a un lado —. Pasa, bienvenido.
—Gracias, con permiso —Jungkook hizo una pequeña reverencia entrando en la zona principal. Se retiró sus zapatos comenzando a pasear su mirada por todo el lugar —. Bonito apartamento.
—Lo compró Seok hace un par de años —JiMin también registró el lugar con la mirada, su sonrisa se volvió tenue —. Lo compró para nosotros.
—¿Su novio no vive con ustedes?
—Oh no, Tae vive con su hermano Nam en un apartamento a unas calles de aquí —señaló, Jungkook asintió —. Les he dicho que podría quedarme con Nam, pero Seok teme que le cause muchos problemas al hombre.
—¿Problemas? —preguntó.
JiMin asintió. —Sí, ya sabes… soy bastante torpe, suelo acarrear muchos problemas —murmuró.
Tomando su mano, JiMin lo arrastró por el apartamento hacía su habitación. Jungkook se dejó hacer observando todo con ojo crítico, analizando cada esquina del lugar.
—No creo que causes problemas, me parece adorable tu forma de ser —JiMin le dio una mirada de reojo haciendo una mueca —. ¿Acaso Seokjin te hace sentir como un problema?
—No, bueno… no lo hace intencionalmente —aclara dejándolo pasar a su habitación —. Adelante, es mi habitación.
Jungkook le sonríe antes de ingresar en el sitio. La habitación es de un tamaño mediano pintado suavemente de un rosa palo, divisa algunas repisas pegadas en las paredes de color blanco que combinan con todos los muebles de la habitación, hay un closet de pared a pared de su lado izquierdo y un escritorio lleno de hojas, agendas, libros y una laptop de su lado derecho. La amplia cama está llena de peluches de diferentes tamaños y colores y al lado de ella hay una estantería con más libros, cajas y fotografías.
Es una habitación bastante adorable para un chico adorable.
—Es muy tú —dice finalmente al notar la fija mirada de JiMin sobre él, como si esperara su opinión —. Me gusta.
JiMin sonríe sonrojándose ligeramente. —Me alegra, nadie nunca ha entrado en mi habitación además de Seok y Tae.
—¿No tienes amigos? —JiMin señala el escritorio por lo que se dirigen a el, hay dos sillas blancas ubicadas de frente al mueble —. Te creería una persona sociable.
—Oh no, la mayoría de personas se disgustan por mi verborrea —otra mueca aparece en su rostro, a Jungkook no le gusta ver esos gestos de tristeza en el más bajito. Si por él fuera, destrozaría a todos aquellos que le hicieron sentir a su dulce angelito que su hablar era molesta —. Soy alguien muy solitario en la universidad.
JiMin comenzó a recoger los diferentes papeles que había sobre el escritorio mientras Jungkook tomaba asiento esperando pacientemente a que el menor terminara de organizar.
—Bueno, a mí me parece muy agradable tu compañía y no me molesta en lo absoluto que hables mucho —los ojos de JiMin brillaron de felicidad regalándole una de sus hermosas amplias sonrisas —. Así te ves mejor, sonriendo y no triste por ese tema.
—Está bien —el sonrojo regresó a sus mejillas —. ¿Tú tienes amigos? Tienes esa aura de llamar la atención y ser popular.
Jungkook arqueó una ceja. —¿Eso parezco?
—Si —asintió dándole una mirada de reojo continuando con su trabajo —. Tienes todo el aspecto.
Jungkook rio. —No, en realidad, no me gusta mucho la gente.
—¿Ah no? —Jungkook negó —. ¿Por qué?
—Las personas son demasiado estúpidas, superficiales y molestas —declaró sin tono. JiMin dejó de recoger papeles para mirarlo, Jungkook estaba serio —. No soporto a las personas, pero me gustas tú.
JiMin se sonrojó nuevamente. —Oh.
Jungkook lo apreció en silencio después de eso, viéndolo terminar de organizar. Una vez el escritorio estuvo despejado se dedicaron a reinventar los apuntes de JiMin, Jungkook le enseñó un par de cosas que realmente le estaban sirviendo para memorizar datos. Dibujar las fechas con marcadores de una forma llamativa hacía que JiMin recordara con facilidad la información que acompañaba dicha fecha, era un poco más interactivo y de ese modo, retenía la información necesaria.
Al final de la tarde, JiMin estaba sorprendido de saberse todo el temario sobre el examen que tendría en unos días.
—Guau —murmuró viendo a Jungkook dejar el lapicero sobre su libreta —. Realmente he aprendido todo esto —señaló el montón de hojas llenas de garabatos, resaltador y borrador.
Jungkook sonrió. —Te dije, no eras tú, era el método de estudio.
—Tenías razón —JiMin le regaló una sonrisa tímida —. No sé cómo compensarte todo lo que has hecho por mí, Jungkookie.
Jungkook ladeó la cabeza. —Podrías aceptar tener una cita conmigo.
JiMin amplió los ojos con su boca abierta en forma de "O" haciendo sonreír a Jungkook por la adorable expresión.
—¿Una cita? —Jungkook asintió —. ¿Quieres una cita conmigo?
—Si.
—¿Por qué? —la pregunta salió sola de sus labios, Jungkook arqueó una ceja, inquisitivo —. Me refiero a que… tú has podido apreciar lo torpe que soy, ¿por qué querrías salir con alguien como yo?
—¿Me preguntas de verdad? —JiMin bajó la mirada tímidamente mordiendo con frustración su labio inferior. Jungkook lo tomó del mentón levantando delicadamente su rostro acariciando con suavidad su labio pidiendo con aquello que dejara de maltratarlo con mordidas. JiMin obedeció —. JiMin, eres el chico más hermoso que he visto nunca, además de eso, eres jodidamente adorable, parlanchín y llamativo. Me gusta tu personalidad y me gusta cómo luces. Por eso quiero una cita contigo, pero si tú no quie…
—¡Si quiero! —brincó sobre él cubriendo su boca evitando que completara la frase, Jungkook sonrió bajo la palma del bajito —. Acepto la cita, Jungkookie.
—Genial —musitó cuando JiMin retiró la mano, abochornado por su impulsivo actuar —. ¿Qué te parece mañana en la noche?
—Está bien —asintió entusiasmado —. ¿Vendrás por mí?
—Por supuesto —Jungkook tocó con su dedo la punta de su nariz, JiMin la frunció en un adorable gesto —. Tengo que irme, debo recoger a mi hermano.
—¿Tienes un hermano? —Jungkook asintió —. ¿Cómo se llama?
—Heeseung. Puede que después lo conozcas.
JiMin le sonrió dulcemente. —Me encantaría.
Recogiendo lo utilizado, salieron de la habitación del menor hacía la sala en dirección a la salida. Jungkook se puso nuevamente sus zapatos dándole una rápida mirada a la sala antes de posarla sobre JiMin, el chico se veía nervioso sobre su sitio con ojos brillantes y mejillas sonrojadas. Jungkook quería besarlo y joderlo tan mal, todavía no podía, su plan era metódico pero efectivo.
Iba a conquistar primero a su adorable angelito antes de hacerle todo lo que quería.
—Gracias por haberme ayudado, Jungkookie, no habría podido aprender todo eso sin ti.
Jungkook negó con la cabeza. —Tienes que darte más mérito, lo hiciste todo tú, rosita.
JiMin pasó su peso de una pierna a otra asintiendo débilmente con una sonrisa tímida, Jungkook sonrió.
—Debo irme, pero te escribiré —prometió.
JiMin volvió a asentir, mordiendo su labio inferior lo tomó del brazo impulsándose en las puntas de sus pies para dejar un tierno beso en su mentón. Jungkook se paralizó por unos segundos mirándolo fijamente viendo al peli rosa retroceder avergonzado.
—Hasta mañana —murmuró.
—Hasta mañana, rosita —inclinándose a la altura de JiMin, beso su mejilla.
Salió del apartamento sin mirar atrás consciente de que sí lo hacía mandaría su plan al carajo y tomaría en ese instante al chico. Respiró hondo bajando las escaleras para salir del edificio, al levantar la mirada se encontró con el hombre de cabellos violetas acompañado de un castaño que le miró con curiosidad cuando su compañero se detuvo dedicándole una mirada de total repulsión.
Jungkook sonrió.
—¿Qué demonios haces aquí? —gruñó en el momento en que se plantó frente a él, Jungkook arqueó una ceja —. ¿Estabas con Jim?
—Si —fue lo único que dijo.
El ceño de Seokjin se frunció. —¿Con qué jodido permiso entraste a mi apartamento?
—Cariño… —intentó intervenir el castaño, Seokjin le hizo una seña silenciándolo, el hombre suspiró.
—JiMin me invitó —se encogió de hombros totalmente desinteresado de la actitud desdeñosa del mayor —. ¿Algo más?
—Aléjate de mi hermanito —ladró malhumorado, Jungkook estrechó los ojos sobre él —. He visto tu verdadera máscara, no me gustas en lo absoluto y no te quiero cerca de JiMin.
—Es una lástima —suspiró dramáticamente, una sonrisa lenta se plantó en sus labios —. JiMin si me quiere cerca y es lo que a mí realmente me importa.
Seokjin apretó la mandíbula, su dedo empujó sobre su pecho con rudeza. Jungkook suspiró.
Paciencia. Pensó.
Era el hermano mayor de su angelito, no podía hacerle daño.
Pero vaya que quería lastimarlo.
—JiMin no sabe con quién trata —masculló ferozmente, Jungkook frunció el ceño —. Te lo advierto, aléjate de JiMin.
—JiMin no es ningún estúpido, Seokjin, si sigues tratándolo de esa forma lo vas a terminar alejando de ti —Jungkook se quedó en silencio unos segundos enviando su mirada hacia el cielo —. Oh, en realidad, sigue haciéndolo por favor… así dejas de estorbarme el camino.
—Tú pequeño hijo de…
—Suficiente, Seok —el castaño se interpuso entre ellos protegiendo a Seokjin del alto rubio. La mirada oscura del chico era tétrica e incómoda —. Vamos cariño, Jim está solo y puede tener algún accidente.
Seokjin se quedó por largos segundos mirándolo fijamente con odio antes de asentir bruscamente y comenzar a caminar al interior del edificio. El castaño suspiró mirando de nuevo al rubio quién miraba sin expresión alguna en el rostro a su pareja.
—Tú debes ser Jungkook.
Jungkook le miró, sonrió. Aunque su sonrisa no llegó a sus oscuros ojos.
—Así es, asumo que eres Taehyung —Taehyung alzó las cejas con impresión, Jungkook rio entre dientes —. Rosita me habló de ti.
—¿Rosita, eh? —sonrió peinando sus cabellos castaños —. Sí, Seok también me hablo de ti. Gracias por salvar a Jim.
—No es nada —hizo un ademán con la mano restándole importancia —. Haría cualquier cosa por él.
Algo en su tono le hizo sentir un escalofrío de total terror y desconcierto a Taehyung. El castaño sonrió regalándole una falsa sonrisa llena de tensión que Jungkook se encargó de ignorar.
—Yo… debería entrar. No quisiera que Seok y Jim se peleen por ti —murmuró señalando torpemente el interior del edificio.
Jungkook asintió. —Sí, claro. Adiós, Taehyung. Cuida de tu novio.
El rubio le dio una palmada amistosa en el hombro comenzando alejarse, nuevamente, el tono de voz empleado le hizo sonar una alarma en la cabeza a Taehyung. Giró sobre su eje observando el paso relajado de Jungkook mientras desaparecía calle abajo.
—Qué tipo tan extraño —susurró para sí mismo, iba a omitir aquella extraña interacción a Seokjin. No quería que el de cabellos violetas se volviera más paranoico de lo que ya estaba.
—Dios, Seok, ¿puedes tomarme enserio por favor? —chilló molesto viendo a su hermano sentado en el sillón mirando sus uñas de forma desapasionada —. ¿El suéter azul o el suéter blanco?
—¿Qué tal una camiseta naranja? Estoy seguro de tener una en mi closet. Es viejita —señaló con un chasquido de lengua.
JiMin gimió malhumorado, Taehyung sentado a un lado de Seokjin negó con la cabeza.
—Esa camiseta es mía, cariño, y la usas para dormir.
—Detalles —Seokjin le restó importancia.
JiMin sintió sus ojos llenarse de lágrimas.
¿Por qué su hermano se empeñaba en arruinarle esto?
Al ver la reacción del de cabellos rosas, apretó los dientes soltando un sonoro suspiro. Taehyung le dio un ligero codazo mirándolo con ojos acusadores.
Ya sé, maldición. Pensó el mayor.
—El blanco, te verás más adorable con ese —respondió finalmente, JiMin le miró —. Además, las puedes combinar con las zapatillas blancas.
La sonrisa de JiMin fue amplia saltando en su sitio, corrió hacía su habitación no sin antes gritar un agradecimiento a su hermano mayor. Seokjin se desinfló sobre el sillón recibiendo besos en las mejillas y el cuello de parte del castaño.
—Estará bien, irán a un restaurante, cariño —Seokjin hizo una mueca.
—No quiero a ese lunático cerca de Jim, siento que lo está manipulando —Taehyung se alejó del mayor para mirarlo a los ojos, sus luceros marrones estaban empapados de preocupación.
—¿Quieres seguirlos? —preguntó en un murmullo bajo, odiaba la idea de traicionar la confianza de JiMin, pero odiaba aún más la idea de ver así de preocupado a su novio —. Podemos ser sigilosos.
La mirada de Seokjin se iluminó. —¿Crees que sea buena idea?
—No, pero qué otra opción tenemos.
Taehyung tenía un punto.
Cuarenta minutos después, la puerta fue golpeada avisando la llegada de alguien. Seokjin se levantó de su sitio escuchando de fondo los chillidos histéricos de JiMin. Al abrir la puerta, se encontró con el rubio que menos deseaba ver en la vida de pie con un ramo de tulipanes de colores en su mano.
Arqueó una ceja, impresionado, al menos sabía cuál era la flor favorita de JiMin.
—Se ven marchitas —dijo mordazmente, consciente de que era mentira. Jungkook sonrió.
—No seas envidioso, hombre. Le diré a Taehyung que te traiga flores —guiño el ojo de manera burlona, Seokjin apretó los dientes, lleno de coraje —. Dile a JiMin que estoy aquí.
—No quiero —gruñó.
Taehyung que también se había levantado, suspiró girando en su sitio mirando hacía el pasillo.
—¡Jim, es Jungkook!
—¡Tae! —chilló Seokjin dándole una mirada asesina, Taehyung blanqueó los ojos.
—Cariño, Jim escuchó los golpes, ya debía suponerlo.
—Voy, voy, voy —gritó JiMin saliendo de su habitación con las zapatillas en sus manos.
Corriendo por el pasillo tropezó con la alfombra dejando caer los zapatos mientras soltaba un grito sorprendido. Jungkook estrelló los tulipanes sobre el pecho de Seokjin corriendo al interior empujando a un lado a Taehyung para alcanzar a JiMin.
—Te tengo, rosita —JiMin abrió los ojos viendo a Jungkook sonreírle dulcemente peinando con delicadeza los cabellos que lograron desordenarse de su peinado —. ¿Estás bien? ¿te hiciste daño?
—Estoy bien —afirmó.
Jungkook se levantó con el más bajito en brazos sentándolos en el sillón. Taehyung y Seokjin no podían creer la velocidad con la que el rubio se había movido para evitar la terrible caída del peli rosa.
Lo había logrado con éxito.
—Taehyung, ¿puedes pasarme las zapatillas de JiMin? —Taehyung se sacudió del reciente shock asintiendo.
Recogió las zapatillas pasándoselas a Jungkook quién le dio un bajo agradecimiento. Jungkook dejó a JiMin sentado sobre el sillón procediendo a ponerle con cuidado las zapatillas, JiMin se dejó hacer avergonzado y embelesado en partes iguales.
—Listo —le regaló una sonrisa besando su mejilla dulcemente, JiMin cerró los ojos por el acto —. Andando, rosita. Tengo planes para nosotros.
—Si —tomando la mano del rubio se puso de pie caminando hacía la entrada. Allí estaba congelado Seokjin con un ramo de tulipanes en sus manos —. ¿Y eso?
—Oh, lo traje para ti —señaló Jungkook, JiMin le miró con ojos brillantes —. Se las pasé a tu hermano en cuanto te vi a punto de caer.
—Jungkookie —su sonrisa se amplió mientras el sonrojo decoraba de manera preciosa su rostro —. Son hermosas y mis favoritas, gracias, ¿puedes dejarlas en agua en mi habitación, Seok?
Seokjin salió de su trance asintiendo lentamente. JiMin le sonrió.
—Traeré a JiMin sobre la una, vamos.
Sin esperar respuesta jaló de la mano al más bajito dirigiéndolos al ascensor para salir del edificio.
Taehyung tomó los tulipanes de las manos de Seokjin, el de cabellos violetas miraba afligido las puertas del ascensor cerrarse observando la enorme sonrisa de su hermano menor estando acompañado de aquel perturbador rubio.
—Nunca había visto sonreír así a Jim —comentó ligeramente Taehyung buscando un florero entre los estantes, Seokjin suspiró —. Tal vez no sea necesario seguirlos, viste lo que hizo Jungkook.
—Lo vi —masculló entre dientes cerrando la puerta, regresó a su lugar en el sillón sintiéndose agotado —. Todavía no me agrada.
—Cariño, lamento decírtelo, pero Jungkook tiene razón al decir que a quién debe agradarle es a Jim no a ti —Seokjin le miró, Taehyung arreglaba las flores ya puestas en el florero —. A tu hermano le gusta el chico, no le quites eso.
—No quiero que le haga daño —murmuró.
Taehyung caminó hasta él arrodillándose entre sus piernas, sus miradas se encontraron. La brillante sonrisa cuadrada de Taehyung hizo que el corazón de Seokjin se sintiera un poco más ligero.
—Tenle un poco de fe, con lo que ha hecho ahorita dudo que quiera hacerle daño.
Seokjin hizo una mueca. —Puede que tengas razón.
Al menos, eso esperaba.
—Nunca te había visto por aquí antes —Jungkook giró la cabeza viendo a una chica de pie cerca de él observándole con una sonrisa sugerente —. ¿Buscas a alguien?
—¿Te importa? —contestó toscamente volviendo su mirada al frente, la pelinegra se congeló en su lugar completamente anonadada del claro rechazo del atractivo rubio —. Vete.
—Oye, no tienes que ser grosero. Sólo quería ser amable.
Jungkook la ignoró, la chica bufó quedándose en su sitio. Esperaría para ver a quién demonios estaba buscando el adonis a su lado. El rubio sacó su teléfono cuando lo sintió vibrar debido a una llamada entrante.
Sonrió al ver la foto de JiMin en su pantalla.
—Hey, rosita, estoy afuera —fue lo primero que dijo al descolgar la llamada, la pelinegra le miró curiosa —. ¿Ya sales?
—Estoy yendo Jungkookie, tuve que quedarme unos minutos más resolviendo unas dudas de mi clase de psicología del habla.
—Está bien, te espero.
—Estoy yendo, juro que estoy yendo.
La llamada se cortó después de esas cantarinas palabras del más bajito. Jungkook sacudió la cabeza manteniendo su dulce sonrisa, guardó el teléfono en el bolsillo cruzándose de brazos.
La cita que habían tenido había sido todo un éxito, ¿y cómo no? Si Jungkook sabía todo lo que a JiMin le gustaba, había hecho la cita perfecta para el peli rosa. Llevándolo a cenar a su restaurante favorito y luego yendo a patinar juntos a una pista de hielo que estaría disponible por la temporada de invierno.
Después de eso, habían ido a un pequeño parque donde Jungkook había armado una carpa, llenándola de sábanas y cojines con una cesta que tendría aperitivos para el rato. Había llevado un pequeño bafle escuchando música suave mientras conversaban de todo y nada.
Para JiMin había sido la mejor primera cita de todas. Había caído por completo en el encanto natural del rubio quién se esmeraba en sorprenderlo y conquistarlo. Aquella noche le había admitido lo muy enganchado que había quedado después de haberlo atrapado entre sus brazos cuando cayó del balcón; quería conquistarlo, enamorarlo y posteriormente, hacerlo su novio.
Habían pasado varias semanas y ciertamente, Jungkook iba en buen camino. JiMin estaba deseando que le pidiera pronto ser novios, quería presumirles a todos al maravilloso hombre que había conseguido accidentalmente.
Jungkook sonrió al ver al peli rosa corriendo rápidamente en su dirección, sin embargo, su sonrisa se convirtió en una mueca de preocupación en cuestión de segundos cuando lo vio tropezar con sus propios pies cayendo al suelo en un estrepitoso golpe. Sus pies se movieron veloces corriendo hasta el más bajito que sollozaba en su sitio escuchando las risas de los transeúntes que habían visto su lamentable caída.
—¡Amor! —JiMin alzó la mirada viendo los oscuros ojos de Jungkook completamente empapados en preocupación —. Hey, angelito, ¿te hiciste daño?
—Jungkookie —gimoteó sorbiendo por su nariz con sus palmas y rodillas ardiendo adoloridas —. Me duelen mis manos.
—Déjame verte, angelito —Jungkook se dejó caer frente a él atrayéndolo entre sus brazos sentándolo sobre sus piernas, JiMin le mostró sus palmas —. Oh, mi dulce angelito, tienes un par de raspones —la mirada del rubio se trasladó al pantalón viendo la suciedad, la tela desgarrada y la sangre caer de allí —. Rompiste el pantalón.
—Seok me va a matar, es el tercero del mes —se quejó con sus ojos llenos de lágrimas, sollozó —. Soy tan torpe.
—Oh amor, está bien. Te compraré otro, eso no es importante —trató de consolar apretándolo entre sus brazos. Su mirada se levantó notando a la gente que los observaba con curiosidad y burla, sus ojos se oscurecieron apretando la mandíbula con molestia —. ¿Se les perdió algo o qué mierda están viendo? —gruñó malhumorado.
Sorprendidos por el abrupto cambio en la actitud del rubio, comenzaron a dispersarse queriendo alejarse de la incómoda mirada del sujeto. Era una mirada escalofriante de la que no querías ser el foco de atención.
La pelinegra miraba completamente sorprendida al hermoso hombre rubio consolar con total dulzura al pobre diablo de Kim JiMin, el idiota más torpe de la universidad.
Su risa burlona llamó la atención de un par de miradas incluyendo la de la pareja. Jungkook arqueó una ceja en su dirección.
—¿Enserio estabas esperando a Kim idiota JiMin? —su tono de voz denotaba tanta burla que JiMin terminó encogiéndose en su sitio dolido por aquel horrible apodo —. Por Dios, te creí con mejores gustos, cariño.
La mirada de Jungkook fue en cuestión de segundos siniestra mientras su rostro quedaba completamente en blanco. Lo único que no había cambiado era su agarre tierno y posesivo sobre el chico de cabellos rosas.
—¿Quién demonios eres? —ella sonrió —. No he conocido a nadie más molesto que tú, de verdad.
Los jadeos de asombro, incredulidad y burla se reflejaron ante las burdas palabras del rubio en dirección a la pelinegra. JiMin incluso amplió los ojos sorprendido por la tosquedad que la voz de Jungkook denotaba.
—¿Cómo te atreves? —ella se cruzó de brazos alzando el mentón con superioridad —. Soy Lee Minjae. Soy la hija del decano.
—¿Eso es relevante? —Jungkook se levantó del suelo con JiMin en brazos, procediendo a recoger las pertenencias del más bajito que salieron disparadas cuando cayó. Minjae no sabía cómo reaccionar ante la falta de interés del rubio —. Si eso es todo, agradecería que dejaras de fastidiarme, enserio.
—Tú…
—Jungkookie —Jungkook ignoró por completo lo que sea que la chica iba a decir centrando toda su atención en el peli rosa —. Me arden las rodillas, ¿podemos irnos?
—Claro que sí, rosita. Anda, enrolla tus piernas en mi cintura, te llevaré hasta mi auto —JiMin asintió ubicándose entre los brazos del más alto escondiendo su rostro en el cuello del susodicho, Jungkook besó su cuello apretando su cintura.
Comenzó a caminar alejándose de allí, la población estudiantil estaba sorprendida de que aquel hombre estuviera con alguien como Kim JiMin.
¿Era acaso una broma? Debía serlo.
—¡Espera! —gritó enojada la pelinegra. Jungkook la ignoró continuando su paso —. Te dije que esperes.
Jungkook se detuvo girando ligeramente en su sitio dedicándole una mirada de total repudio a la chica.
—Mira, no sé quién demonios te crees que eres, pero no me interesa lo que tengas por decir. Estoy ocupado con algo más importante, así que, déjame en paz —gruñó entre dientes retomando su paso.
—¿Estás diciendo que Kim idiota JiMin es más interesante que yo?
El cuerpo de Jungkook se llenó de una terrible tensión ante la mención de ese apodo. JiMin salió de su escondite mirando con preocupación al rubio, Jungkook le sonrió dejando un suave beso sobre sus labios de forma dulce.
—Jungkookie —susurró, escuchando los murmullos de sorpresa y asombro a su alrededor.
—No te preocupes por nada, rosita, déjamelo a mí. Yo te cuido mi chico torpe —JiMin sonrió asintiendo un par de veces para retomar su escondite —. No tengo intención de discutir con una niñata como tú, pero si te daré una advertencia —mirando sobre su hombro se encargó de encontrarse con los ojos de Minjae, ella se congeló en su sitio desconcertada por lo macabra que se veía la oscura mirada del rubio —. Escucho nuevamente ese estúpido apodo dirigido a mi novio y tendremos problemas.
—¿Y tú quién demonios eres? —gruñó ella altanera no queriendo dejarse intimidar.
Jungkook sonrió. —No quieres saberlo.
Continuó con su paso en dirección a su auto ignorando los cuchicheos y las miradas de incertidumbre y desconcierto dirigidas hacia él. No le importaban, ninguno de ellos le importaba.
El único que merecía su lado humano, su lado emocional y sensible era JiMin, el dulce angelito que había caído del cielo a sus brazos como si el destino y la vida se lo hubiesen regalado. Jungkook no iba a permitir que lo hicieran sentir inferior o menos, deseaba que JiMin se diera cuenta lo asombroso y hermoso que era sin importar la torpeza que habitaba en su motricidad.
Sí, JiMin era torpe, pero no lo hacía estúpido. La coordinación entre sus miembros no era la mejor, pero eso no le quitaba belleza o encanto. Jungkook estaba completamente obsesionado con todo lo que implicaba el hermoso ser de nombre Kim JiMin.
Por supuesto, era torpe, pero esa su chico torpe.
—Gracias por cuidarme, Jungkookie —JiMin sonrió viendo a Jungkook terminar de curar las heridas de sus rodillas.
Heeseung se acercó con una pequeña bandeja que traía leche de fresa y un par de galletas, le sonrió al hermano menor de Jungkook, éste le regresó la sonrisa de manera más sutil.
—Siempre voy a cuidarte, rosita. Estás hecho para mí —murmuró dejando un beso cerca de la herida, JiMin se estremeció —. ¿Te sientes mejor?
—Si —asintió con una corta sonrisa, Jungkook recibió la bandeja que Heeseung le ofrecía para extenderla en dirección a JiMin —. Gracias Seung.
—No es nada, rosa —Heeseung se cruzó de brazos —. Debes tener cuidado al correr, podrías lastimarte peor.
JiMin asintió abochornado. —Tropecé con mi propio zapato, que vergüenza.
—No hay nada de qué avergonzarse, angelito, lo importante es que no te has hecho mucho daño —Jungkook le dio un suave apretón permitiendo que comiera tranquilo —. ¿Hiciste lo que te pedí? —preguntó en dirección a su hermano.
Heeseung asintió. —Está en tu habitación, yo me iré. Saldré con Sunwoo, Jongseong y Jake.
—Saludos a tu novio —se burló recibiendo un golpe juguetón del menor, Heeseung gruñó.
—Idiota —musitó, sus ojos oscuros se dirigieron a JiMin, el peli rosa parecía dubitativo —. Adiós, rosa. Te veré después.
—Adiós Seung, saludos a tu novio.
Heeseung torció el gesto escuchando el bufido burlón de su hermano. Salió del apartamento dejando a los dos chicos solos, Jungkook notó al bajito con gesto pensativo.
—Hey, ¿sucede algo? —JiMin le miró en silencio por largos segundos negando lentamente con la cabeza, Jungkook frunció el ceño —. ¿Seguro?
—Sí, yo sólo… —hizo una mueca —. Estaba pensando que, les dijiste a todos que soy tu novio.
Jungkook asintió. —Eso hice.
—Pero en realidad, no me has pedido que sea tu novio.
Jungkook sonrió. —Ven, tengo algo para ti.
JiMin parpadeó, dejando el vaso de lado, se levantó de su lugar acercándose a Jungkook quién tenía una mano estirada en su dirección. El rubio los guio a su habitación deteniéndose frente a la puerta dándole una amplia sonrisa al de baja estatura.
—Cierra los ojos, angelito.
JiMin obedeció, se dejó guiar por el mayor al interior de la habitación lleno de curiosidad por lo que sea que Jungkook había planeado para él, Jungkook observó su regalo con una sonrisa llena de satisfacción. Heeseung lo había hecho bien.
—Muy bien, ábrelos.
JiMin obedeció de nuevo, abriendo los ojos parpadeó un par de veces antes de llevar sus manos a la boca viendo el precioso regalo que allí había. Un enorme peluche en forma de conejo con un disfraz de pollo descansaba sobre la cama de cobijas negras, trayendo una cajita de regalo entre sus piernas.
—Jungkookie… —sus ojos se llenaron de lágrimas, Jungkook sonrió —. ¿Qué es esto?
—Es para ti, anda, míralo —instó. JiMin asintió emocionado acercándose al enorme peluche, apreció la suavidad del material cuando sus dedos acariciaron el regalo —. Espero te guste.
Tomando la cajita entre sus manos, la destapó con sumo cuidado encontrando dos anillos de banda dorada diferenciadas por un único detalle en piedra blanca y negra.
—Oh, Jungkookie —su voz se quebró —. Son hermosos.
—Me alegra que te gusten —Jungkook se acercó tomando el anillo de piedra blanca para deslizarlo suavemente por el dedo anular de su mano izquierda, la sonrisa de JiMin se hizo más amplia imposibilitándole ver de forma correcta —. Esta es mi promesa, sin importar lo torpe que creas que eres te prometo que, para mí, eres perfecto JiMin. Haberte recibido entre mis brazos aquella primera vez fue la manera en la que el universo me hizo saber que estabas destinado a mí, prometo no dejarte ir nunca, amarte siempre y curar todas tus heridas. Sé que no hay hombre que pueda cuidar de ti como yo lo hago, todo lo que necesito para cumplirlo es que aceptes ser mi novio. ¿Qué dices, angelito?
JiMin sollozó lanzándole a los brazos del rubio siendo bien recibido. —Oh, Jungkookie, por supuesto que acepto ser tu novio, no hay con quién mejor esté que contigo.
Jungkook los separó besando con intensidad y dulzura al hermoso hombre entre sus brazos, JiMin se aferró a él con fuerzas feliz de que alguien como el rubio estuviera dispuesto a tanto por él. Una vez separados, JiMin tomó el anillo sobrante de la caja deslizándolo en el dedo anular de Jungkook.
—Gracias Jungkookie, te quiero —susurró, Jungkook negó abrazándolo nuevamente.
—Te quiero más, angelito.
JiMin se separó comenzando a brincar alrededor de la habitación y sobre el gran peluche dejando en el olvido su reciente accidente. Jungkook lo observó con una amplia sonrisa y un enorme sentimiento de satisfacción y realización en el pecho.
Había logrado su cometido, de ahora en más JiMin no se iba a alejar de él. Porque efectivamente, y como le había dicho él estaba seguro de que JiMin estaba destinado a ser sólo de él, únicamente de él.
Su chico torpe por fin estaba donde debía estar, con él.
Jungkook haría lo posible por mantenerlo consigo, se había tomado la molestia de crear un plan y perfeccionarlo. JiMin estaba tan enamorado de él que, sabía no lo dejaría por ningún motivo. El peli rosa era todo lo que necesitaba en su vida, y se había encargado de hacerle ver al más bajito que, Jungkook también era todo lo que él necesitaba en la suya.
Hechos el uno para el otro, claro que sí.
Hola!
¿Cómo están?
Comenzamos este 2024 con un Os en el que llevo trabajando un par de días esperando que les guste tanto como a mí me gusta escribirles. Ya saben lo mucho que amo escribir JK's psycho y por supuesto, está no pudo ser la excepción. Algunos son más psychos que otros, pero siempre psychos.
En fin, espero lo disfruten, lo apoyen y nada. Ojalá se queden otro año conmigo porque tengo muchísimas ideas que deseo regalarles a ustedes mis fieles lectores.
Eso es todo, ¡gracias por leerme!
Hee♡