Prólogo

—¿Un bebé?
—Se que hablamos acerca de no tener hijos por ahora pero... —habló, tomó mi mano entre las suyas y jugaba con mis dedos. Él estaba nervioso—. Realmente me gustaría tener un bebé contigo.
Tal vez estaba entusiasmado porque sería tío. Diana estaba embarazada y todos estábamos felices por eso.
—Podemos salir juntos y hacer muchas cosas. Le enseñaré todo lo que sé, y estaré pendiente de los dos desde el primer momento del embarazo.
Sonreí al imaginarlo como padre y simule estar considerándolo.
—Tú me haces sentir muy segura, así que estoy consciente de que estarás al pendiente de todo y de que serías un buen padre, pero...
—¿Pero?
—Estoy nerviosa por la idea.
No quería arruinar su emoción pero la idea de tener un bebé me asustaba un poco.
Los días pasaron y Elian mantenía la ilusión de tener un bebé, siguió hablando de eso en las semanas siguientes. Me asustaba el dolor que yo podría sentir durante el parto, pero admito que comencé a desear tener un bebé con él.
Me sentía segura en todos los sentidos, no había algo en él que no me gustara. Siempre me sentía amada, deseada y protegida a su lado.
Lo intentamos. Dejé de usar mis pastillas, pero me decepcionó un poco ver mi periodo el siguiente mes. Así que lo volvimos a intentar y él siempre decía bromas para que no me sintiera triste.
—¿Qué? —solté una risa por las ocurrencias de mi esposo.
—Lo hice bien —comentó, con la taza de café en sus manos. Me tapé el rostro y volví a soltar una risa—. Con todas mis ganas.
—¡Basta! —exclamé con diversión y negando con la cabeza.
Lo busqué con la mirada, tenía las mejillas encendidas. Dejó la taza sobre el mesón y caminó hacia mí en cuanto la música de la tv cambió.
Ahora hacía movimientos sensuales y seductores, sonreí y tomé su mano para bajar del banquito. Comenzamos a bailar Cheri Cheri Lady como si realmente estuviéramos en una pista de baile de ese año.
Él movió sus hombros invitándome a seguirlo, fue un movimiento lento mientras su mirada estaba fija en la mía. Mis hombros danzaban al igual que los suyos, al igual que mi cintura.
Mi corazón da un brinco al verlo, Elian es tan hermoso. Siempre asegura que se pone nervioso conmigo pero soy yo quien termino flechada de nuevo con tan solo una mirada suya.
Se hundió en mi cuello al mismo tiempo que sus manos tomaron mis caderas, la sensación me causaba cosquillas porque mi cuello era una zona sensible y él lo sabía.
Me giró en sus brazos y quedé de espaldas a él.
Desde hace unas semanas, comenzamos a ver un programa de música. Son muy buenas.
Elian y yo amamos la buena música y nos conectamos enseguida con nuestros pasos cada vez que escuchamos nuestras canciones favoritas. Disfrutábamos mucho el tiempo en casa.
No teníamos mucho tiempo de habernos casado pero se sentía una eternidad maravillosa.
Después que la canción terminó, besó mis labios antes de recibir una llamada. Me apresuré en bajar el volumen de la tv mientras él atendía su teléfono que estaba sobre el sofá.
—Ya envié los datos analizados, revisa bien los paquetes, es información muy clasificada —aseguró, y supe que hablaba con alguien de la agencia.
Elian trabajaba durante las mañanas, lo hacía desde casa y era muy eficiente. A veces solía escuchar un poco sobre las misiones o solo miraba como tecleaba en su computadora. Era muy solicitado y le pagaban bien por eso.
Hoy era su día libre pero a veces cuando el deber llamaba, él no podía negarse. Después de hablar, colgó la llamada y yo ya estaba recogiendo los platos del desayuno.
—¿Todo bien? —pregunté, mientras llegaba a mi lado.
—Sí, preciosa. Hay un retraso con una información que envié ayer —respondió. Comencé a lavar los platos y se los pasaba para que los secara—. Información que no se puede enviar en un correo.
Siempre hacíamos las tareas del hogar juntos. Me sentía feliz de que fuera mi compañero además de un buen esposo.
Aunque él siempre quería que hiciera lo menos posible.
—Amor —llamó.
—¿Hum?
—Cuando tengamos al bebé, tendremos que mudarnos. Éste espacio se hará pequeño —afirmó—. Quiero que mi bebé tenga un espacio grande para que crezca y caminé por donde quiera.
—Una casita con jardín —entoné, le di una mirada y me sonrió enseguida.
—Te lo prometo —aseguró, dejando un gran beso en mi mejilla.
Los días comenzaron a transcurrir y volvimos a comprar pruebas de embarazo pero aún no quedaba en estado.
—No estoy embarazada —dije al salir del baño, me sentía triste.
—Está bien, mi amor —me abrazó—. No te preocupes, vamos a ir al médico para saber que está pasando.
Él siempre me animaba y mantenía la esperanza, ese mismo día fuimos al hospital pero nos dijeron que tal vez se debía a las pastillas. Que pronto tendríamos la noticia de un bebé. Regresamos a casa y nuestros días fueron como siempre.
Salíamos a ver a Diana y a Matt, que para ese entonces ya tenían a su bebé recién nacido. Visitamos a mi madre y los mellizos, salíamos a comer o simplemente nos quedábamos en casa viendo películas y haciendo comidas deliciosas que pudiéramos disfrutar.
Yo llegaba del trabajo temprano, durante estos días Diana estaba de reposo. Así que las chicas nos ayudaban en la supervisión de las fiestas pero mi amiga decidió acortar el horario.
Elian me recogía y volvíamos a la casa, dónde el almuerzo ya estaba listo y podíamos hablar de lo que quisiéramos. Aparte de eso, comenzamos a prepararnos de alguna manera para el embarazo.
Teníamos esperanzas de que pronto quedaría embarazada y podríamos formar nuestra pequeña familia juntos.
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Hola preciosas, estoy agradecida por su apoyo y paciencia mientras esperaban este segundo libro, la continuación de "Rompe mis miedos" . Espero que les guste, me emociona compartirlo con ustedes.








