Alleys (Adrinette) +19

Summary

Summary: Marinette era la mejor y más temida ladrona/asesina. Y un día recibe un nuevo trabajo: hurtar documentos de la pandilla rival... Disclaimer: PWP "Porn Without Plot" o "Plot? What Plot?" A veces me pregunto, porque escribo esta clase cosas... Pero la verdad es que si me gusto como quedó :v La bellísima portada fue hecha por: NayCari *.◦ °◦✯◦°◦*◦ °◦✯◦°◦.**.◦ °◦✯◦°◦*◦ °◦✯◦°◦.* PROHIBIDA TODA COPIA TOTAL, PARCIAL O ADAPTACIÓN ASÍ COMO SU DISTRIBUCIÓN

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Chapters
1
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n/a
Age Rating
18+

『 °*• ❈ Alleys ❈ •*°』


Marinette dio una calada a su cigarro. Estaba recostada contra la pared de un callejón, su cabello se movió con el pesado aire de París.


Esta noche tenían un trabajo.


Pero era demasiado fácil.


Aun así, sus chicos estaban tardando mucho; ella solo estaba mirando mientras jalaban con fuerza el cabello y muñecas del objetivo, quien estaba ensangrentado, muy lastimado, pero nada muerto – notó con desdén.


El humo nubló su visión, curvándose y desapareciendo. Marinette dio otra calada, y sonrió al pisotear su cigarro.


«Cobardes,» pensó.


En este mundo no podías dudar aún si no querías asesinar.


Marinette caminó hacia adelante, mirando fijamente a su víctima, mientras rápidamente sacaba la navaja del bolsillo de uno de sus chicos.


Un fuerte jalón en la ropa del objetivo y Marinette sonrió más cuando el otro soltó un quejido.


Listo, pensó lamiendo sus labios.


Al menos sabía quién era la peligrosa entre ellos.


Y ella amaba cuando le temían. Hacía que asesinar fuera más placentero. Se inclinó más cerca hasta que su aliento se mezcló con los rápidos jadeos de su presa, sus labios casi se rozaban.


Volvió a lamer sus labios mientras trazaba la navaja lentamente por la piel del otro, disfrutando los pequeños quejidos de su presa.


Y luego, con un rápido movimiento, Marinette llevó la navaja al pecho de su presa, asegurándose de hundirla antes de lentamente sacarla.


La sangre goteaba de la navaja cuando la llevó a sus labios y la lamió, saboreando el gusto de otro asesinato mientras sonreía. El objetivo – ahora muerto, estaba contra la pared, mirándola sin mirar.


Lanzándole la navaja a uno de sus chicos, quien la miró aterrado, Marinette se alejó del callejón. Encendió otro cigarro, y la nicotina se mezcló con el metálico sabor de la sangre contra sus labios.


«De regreso con el jefe,» pensó, sonriendo y pasando sus dedos por sus cabellos.


~✧~❃~✧~


Toda su vida, Marinette no había pasado un día lejos de la sangre. Crecer en este mundo era difícil. Demasiadas peleas. Demasiados callejones sangrientos. Pero tenía qué. Tuvo que aprender a sobrevivir y pararse por sí misma, o si no sería asesinada antes de los veinte.


Le tomó un tiempo, pero después de que el jefe tomara cierto gusto por ella, todo había sido más fácil. Al menos ahora tenía un techo – y no le importaba matar por ello.


Creció entre muertes, y ahora era un juego que disfrutaba. No por nada era la integrante más temida de la pandilla. Ayudaba que tuviera un bonito rostro que engañaba a las personas a que creyeran en una falsa sensación de seguridad.


Se dirigió a su base, sus chicos la seguían como si temieran que Marinette también fuera a matarlos. Su jefe estaría satisfecho. Siempre lo estaba cada vez que enviaba a Marinette a una misión.


Sonrió, por fin podría descansar.


~✧~❃~✧~


—Tengo otro trabajo para ti,— fue lo que dijo su jefe, ganándose un pequeño frunce de ceño por parte de Marinette, pero nada más. Desde hacía mucho aprendió a mantener sus emociones a raya para poder sobrevivir aquí.


Marinette asintió, y encendió otro cigarro, pasando su mano libre por sus muslos.


—¿Qué es?


—Necesito que robes algo de ellos,— dijo su jefe, enfatizando particularmente en la última palabra. Marinette de inmediato entendió lo que quería decir, y se tensó un poco. Era la pandilla rival – la única que tenía tanto poder como ellos. Era un riesgo, claro, pero nada que Marinette no pudiera manejar – o eso pensaba.


Los detalles llegaron luego.


«Debo entrar, robar los documentos y salir sin ser atrapada. Fácil.»


—Llévate a esos dos.— El jefe señaló a los dos hombres de pie sumisamente.


«Esos no matarían ni para salvar sus propias vidas.»


Marinette frunció el ceño cuando dio un paso adelante, ansiosa pero con algo de resquemor.


«Esos dos solo estorbarían y retrasarían. Pero...órdenes eran órdenes.»


Suspiró, y se marchó con los otros siguiéndola.


Bueno, pensó echando una mirada a los hombres y sonriendo cuando jugó con la navaja en su bolsillo, pasando el filo ligeramente por sus muslos.


«Ya vería qué haría con esos dos.»


~✧~❃~✧~


Entrar fue fácil. Lo había hecho muchas veces. Los otros dos estuvieron sorprendidos por la aparente facilidad de Marinette al entrar a la base enemiga, pero bueno... era Marinette después de todo.


«Lo difícil aquí sería tomar los documentos.»


La adrenalina recorría sus venas cuando Marinette dio un paso adelante, moviendo los ojos constantemente.


«La tercera habitación de la izquierda», pensó, y se abrió camino por el pasillo, teniendo cuidado de no activar ninguna alarma.


Volvió a sonreír.


Era peligroso, sí, pero también divertido. La emoción de estar cerca... bordeando la muerte...


Le excitaba. Pero ahora no era el momento para tener la entrepierna mojada y menos estando en la presencia de sus acompañantes.


Cierta persona se enojaría.


Pronto, llegó a la habitación y probó el picaporte. Para su sorpresa, se abrió con relativa facilidad. Los documentos estaban en la mesa, la luz de la luna caía sobre ellos.


Lamió sus labios y se dirigió a ellos. Estaban tan cerca.


Podía sentir el fresco aire cuando ya salía.


Pero un movimiento torpe y todo se echó a perder.


El siguiente paso de Marinette activó una alarma cuando pisó un sensor, resonando en los oídos de todos.


«Carajo», pensó frunciendo el ceño mientras los hombres entraban. Giró para ver a los que le acompañaban – ya que pensaba usarlos como chivo expiatorio – pero la habitación estaba vacía. Se habían acobardado y huido.


Gruñó, entrecerrando los ojos al ser rodeada por varios hombres que no se veían muy amigables.


«¡Rayos!», pensó al sentir un golpe en la cabeza antes de que el mundo se oscureciera.


~✧~❃~✧~


Cuando Marinette se revolvió, estuvo de cara con un par de familiares ojos verdes que la miraban con diversión.


—Vaya, si es Adrian Agreste en persona,— Marinette se burló. Trató de estirar sus brazos solo para darse cuenta que estaba esposada a un pilar, desnuda.


«Maldición», pensó.


La situación era peor de lo que pensó, mientras miraba sus alrededores. Adrian no estaba solo. Había cinco hombres tras él.


—Marinette, Marinette, Marinette, ay, Marinette — Adrian sonrió, trazando sus dedos por los pechos de la menor, quien peleó contra un escalofrío.


El cabello de Adrian seguía tan claro como siempre, sus brazos estaban expuestos y el tatuaje de su brazo estaba tan cerca del rostro de Marinette, quien contuvo las ganas de lamerlo.


Adrian se inclinó hacia adelante antes de hablar.


—¿Y qué es lo que hace Marinette Dupain-Cheng por aquí?— susurró, acariciando con su aliento el lóbulo de la oreja de la menor.


Los ojos de Adrian ardían mirándola con lujuria. Marinette evitó tragar en seco, y trató de mover su mirada, pero falló y sus mejillas se sonrojaron.


—Déjame ir,— gruñó, revolviendo las manos esposadas. La sensación de ardor en sus muñecas envió escalofríos de placer por su cuerpo. De alguna forma, la situación estaba excitándole y tuvo que morder su labio inferior de mala gana.


Adrian solo rió.


Se inclinó y sujetó el mentón de Marinette, acariciándola antes de atrapar sus labios, usando su lengua para explorar su boca. Inconscientemente, Marinette gimió y se revolvió bajo el roce de Adrian y antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo mordió con fuerza el labio del mayor.


—Carajo...— Adrian gruñó mientras abruptamente se alejó, limpiando la sangre que salía de su labio inferior. Sujetó con fuerza los oscuros cabellos de Marinette. —¡Pequeña...!— gritó, y la empujó contra el pilar.


Marinette dejó salir un pequeño quejido, pero fue notado por Adrian, quien sonrió victorioso antes de inclinarse, y con fuerza separar las piernas de Marinette, colocándose entre ellas y presionando a la menor contra la superficie, dejando que su mano libre viajara por los blancos muslos de la chica.


—Por favor,— Marinette susurró, ganándose otra sonrisa por parte de Adrian. Acercó sus labios y acarició los cabellos de la chica, girando para mirar con seriedad a sus chicos. Una clara señal de que se largaran.


Salieron rápidamente de la habitación y cerraron la puerta ya que temían lo que Adrian pudiera hacerles. Después de todo, él era el jefe. Aquel al que toda la mafia temía.


—Ahora Marinette,— Adrian dijo, abriendo sus pantalones. —Dime lo que quieres.


Después de escuchar las palabras de Adrian, y la puerta cerrándose, Marinette dejó su fingido miedo y rió traviesamente.


—Menuda actuación, ¿huh?— comentó ganándose una risa por parte de Adrian, quien se inclinó aún más, presionando a Marinette.


—Solo contigo.— Susurró, mordiéndole el lóbulo de la oreja, arrancándole un gemido. —Pero...— frunció el ceño. —¿Tenías que morderme tan fuerte?


Marinette sonrió, y lamió sensualmente sus labios.


—¿No merezco..., ser castigada?— movió sus caderas contra las de Adrian, sacudiendo las esposas.


Adrian gimió y volvió a empujarla para besarla con fuerza, esta vez arrancándole gemidos mientras sus lenguas peleaban.


—¿Qué estabas haciendo?— Adrian preguntó jadeando. —Aquí y sola.


—Estaba con otros dos.— Marinette respondió, frunciendo el ceño. —Mi jefe quería unos documentos.


La mirada de Adrian se endureció cuando Marinette envolvió sus muslos en su cintura.


—Sabes que no te los daré.


Marinette se inclinó hacia adelante, su aliento acariciaba el cuello de Adrian mientras depositaba ligeros besos.


—Lo sé.— Dijo, besando su pecho. —No estaba planeando darle los reales.


—Y fuiste atrapada.— Adrian sentenció, deslizando sus manos hacia la entrepierna de Marinette. —Por mí,— sonrió y apretó.


—Ah...— Marinette gimió, girando la cabeza a un lado. —Por...por favor, Adrian...— rogó, moviendo las caderas hacia adelante y maldiciendo las esposas.


—Por favor, ¿qué?— la sonrisa de Adrian se hizo más grande mientras fijaba a Marinette contra el pilar, acariciando sus pechos sumamente lento usando su mano libre para masajear el trasero de la menor.


«Tan suave,»


Pensó acariciándole las nalgas, tratando de ignorar los necesitados quejidos saliendo de la menor.


—Por favor Adrian...— las palabras de Marinette fueron interrumpidas con un gemido cuando Adrian acarició sus nalgas, apretando sus pechos otra vez. Marinette se revolvió, jadeando al sentir sus pezones endurecerse. La saliva cayó por la comisura de sus labios y volvió a gemir cuando los dedos de Adrian se deslizaron dentro de ella. —Adrian...— Marinette rogó necesitadamente.


—¿Sí, milady?— Adrian amaba tentar a Marinette. Deslizó su dedo, lamiendo sus labios cuando la entrada de la menor se apretó contra su dedo, sin estar dispuesta a dejarlo ir.


—Yo- —Marinette jadeó siendo interrumpida por otro gemido. Adrian deslizó otro dedo y embistió con rapidez, dilatándola. Inconscientemente, sus piernas se abrieron más, invitando a Adrian a que la tomara. —Ah, Adrian...ungh...— Marinette gimió, moviendo sus caderas contra los dedos de Adrian, intentando que entraran más profundo.


Adrian sonrió pagado de sí, y curvó los dedos para que pudiera tocar justo donde era necesario, ganándose un lascivo gemido.


—Quiero- —intentó decir mientras los dedos de Adrian presionaban el puñado de nervios, enviándole olas de placer.


—¿Qué es lo que quieres, Marinette?— ronroneó, cubriendo sus dedos con saliva antes de deslizar tres en la entrada de la menor, preparándola.


—Ungh...— Marinette gimió cuando los largos dedos de su amante golpearon dentro de ella. —¡Métemelo, maldición!— gruñó, empujando sus caderas hacia Adrian.


—Pilla,— Adrian dijo desaprobatoriamente, pero aun así sonrió. Usó su mano libre y apretó con fuerza el pequeño pezón de Marinette, arrancándole otro gemido. —Quieres que te lo meta, ¿verdad?— giró a Marinette y sujetó sus nalgas, apretándolas con fuerza. —¿Quieras que lo haga hasta que no puedas caminar bien durante días?— Adrian deslizó su dureza y la rozó entre las nalgas de la menor, y su mano apretó y giró sus pezones hasta que estuvieron rojos y endurecidos.


—Sí, métemelo ya... ¡Ah!— Marinette jadeó cuando Adrian la embistió en un solo movimiento y yendo a ritmo rápido. —Ungh...Adrian...


Adrian sonrió mientras embestía el apretado calor.


«Tan estrecha», pensó.


La entrada de Marinette se ciñó alrededor de él, sin estar dispuesta a dejarlo ir.


Y de súbito, Adrian se detuvo, muy para enojo de Marinette. La dureza de Adrian estaba firmemente atrapada en la estrecha calidez de la menor, pero había dejado de embestir.


—Adrian...— Marinette susurró necesitadamente. Movió las caderas e hizo que su entrada se apretara más. —¿Por qué te detienes?


Adrian sonrió, astutamente. Un movimiento y Marinette encontró una pequeña navaja acariciando sus muslos en círculos haciéndole gemir.


—Te gusta, ¿verdad?— Adrian murmuró, acercando la navaja a la entrepierna de Marinette, a quien había reducido a un puñado de incoherentes gemidos.


Adrian ronroneó llevando la navaja y presionándola lo suficiente para arañar ligeramente pero sin llegar a lastimar.


Con lentitud, empezó a embestir la estrecha entrada de Marinette, llevando la navaja a sus pequeños pezones.


—Ungh, Adrian...— Marinette gimió cuando Adrian incrementó la presión de la navaja en su pecho antes de llevarla a sus labios y lamer cuando sangró.


Besó a la menor, quien al saborear su sangre junto con el movimiento de la lengua y caderas de Adrian, sintió que estaba a nada de correrse.


—Podría matarte...— susurró sabiendo que estaba excitando aún más a Marinette e incrementó la presión. —Podría dibujar alas en ti...— hundió la punta de la navaja en los muslos de Marinette, ganándose un audible grito cuando la sangre bajó. —Y,— lamió el lóbulo de su oreja aumentando la velocidad de sus embestidas. —Lamería tus heridas y te tomaría hasta que no pudieras volver a sentarte ni sentir tus piernas.


—Adrian...— Marinette gimió con lujuria, sus caderas iban al mismo ritmo que las embestidas de Adrian. Escalofríos de dolor debido a las cortadas en sus muslos hicieron que su excitación creciera. Se sentía tan bien. Adrian lo sabía – aunque amaba matar, Marinette amaba aún más el dolor. Las esposas hicieron ruido, cortando la circulación en las muñecas de Marinette, enviando grandes olas de dolor por su espalda, volviendo a gemir.


Justo cuando estuvo a nada de correrse, Adrian se retiró.


—Adrian,— Marinette hizo un ofendido puchero. Adrian siempre cedía a sus pucheros, pero esta vez no pareció funcionar.


El mayor rió y jaló el cabello de su amante hasta que sus labios se encontraron.


—Has sido una niña mala, ¿no Marinette?— Adrian besó sus labios, alejando la navaja. —¿No dijiste que merecías ser castigada?— sus manos encontraron su camino al trasero de Marinette, creando pequeños círculos.


Marinette sonrió sensualmente y empujó su trasero.


—Sí...,— ronroneó, moviendo su trasero, temblando cuando el frío aire ardía en sus cortes. Echó una mirada hacia atrás, y encontró los ojos de Adrian con una seductora mirada antes de lentamente lamer sus labios. —¿No vas a castigarme?— Marinette ronroneó.


—Pequeña....— Gruñó, alzando su mano y bajándola al trasero de Marinette antes de darle una sonora palmada. Marinette gimió de placer, y empujó más su trasero, tentando a Adrian a seguir golpeándola.


Y así fue, Adrian lo hizo una y otra vez hasta que el trasero de Marinette estuvo rojo.


—Adrian~— Marinette gimió, la sensación de ardor en su trasero estaba enloqueciéndola. Abrió más sus piernas, revelando sus pequeñas entradas. —Métemelo ya...— susurró excitada.


Adrian sonrió, y acarició su dureza, cubriéndola de presemen para deslizarse en la estrecha entrada otra vez.


—Con gusto,— murmuró, girándola, asegurando sus piernas en sus caderas y mordiendo el pezón de Marinette y embistiendo.


No pasó mucho antes de que Marinette se corriera, ya estando en la cima de su clímax desde antes. El líquido salió y gimió de placer, sintiendo que sus piernas temblaban. Adrian gruñó, embistiendo unas cuantas veces más antes de correrse dentro de la estrechez de su amante.


—Ah...— Marinette gimió apretando más las piernas y con el cuerpo cansado.


Adrian se retiró y el semen salió del cuerpo de Marinette, apoyándose en él y sonriendo suavemente.


—¿Me quitas esto?— Marinette miró a Adrian, haciendo otro puchero. Y esta vez, funcionó, mientras las mejillas de Adrian se encendían. Tomó la llave y abrió las esposas con un suave 'click' antes de dejarse caer sobre el sofá.


Marinette suspiró contenta y frotó sus muñecas antes de subir sobre Adrian, dejando que el semen bajara por sus muslos.


—Te amo.— Susurró enredando sus dedos entre los de Adrian, quien sonrió y besó suavemente las mejillas de Marinette.


—Yo también te amo.— Respondió, acariciando el cabello de Marinette con su mano libre.


Era sorprendente cómo es que llegaron a estar juntos en primer lugar; cuando se vieron por primera vez casi se mataron.


Marinette era su enemiga – aún ahora – su rival. Pero, aun así, a Adrian no le molestaba tenerla de amante. Después de todo, Marinette era la persona más importante en su vida.


—Mmm,— Marinette ronroneó suavemente, acercando sus labios a los de Adrian. A veces las cosas eran muy arriesgadas; estar con Adrian lo era...pero no le importaba. —Adrian,— susurró, sus labios se curvaron en una sonrisa, recostándose en el sofá mientras deslizaba un dedo en su entrada.


Los ojos se Adrian se abrieron grandes. Vio la entrada de Marinette ciñéndose alrededor de su dedo, cubriéndola de semen, antes de que lo llevara a sus labios y los lamiera sensualmente. Marinette supo que tenía que regresar pronto, antes de que su jefe enviara a sus hombres a buscarla a la zona de Adrian.


Pero eso podía esperar un poco más.


—Gatito, sabes delicioso.— Marinette ronroneó más, y movió sus caderas. Adrian gruñó, y fijó a una risueña Marinette antes de volver a tomarla.


~✧~❃~✧~


Días después, Marinette se encontró a sí misma en el callejón otra vez, fumando otro cigarro. Jugó con la navaja en su mano mientras el humo nublaba su visión.


Pasos.


Sonrió sabiendo quién era.


—Llegas tarde.— Marinette dijo, arañando la pared con la navaja.


La otra figura rió, y acarició su cabello suavemente para calmarla.


—Lo siento.


Marinette suspiró y sonrió mirando el par de familiares ojos verdes.


—¿Qué tienes que hacer hoy?— Adrian preguntó.


Marinette ladeó la cabeza, sonriendo.


—¿Me ayudarás?— pasó el filo de su navaja por el cuello de Adrian, antes de besarlo.


—¿A ti?— Adrian sonrió. —Siempre.


Las mejillas de Marinette se sonrojaron.


Solo Adrian podía sacarle esa respuesta.


Se adelantó y Adrian cuidadosamente la siguió desde atrás.


—Tengo que acabar con cierto jefe.— Marinette sentenció, dejando que su navaja brillara con la luz de la luna.


—En tanto ese jefe no sea yo.— Adrian lamió sus labios.


Marinette rió.


—No lo haría, aún si fueras tú.— Respondió, ganándose un suave beso en su mejilla.


Adrian sonrió, complacido.


Eran tan similares, ambos amaban lo que hacían – más de lo que deberían.


Sacó su navaja y la mantuvo cerca, siguiendo los estables pasos de Marinette. El objetivo definitivamente no iba a escapar esta noche.


Después de todo, Adrian y Marinette juntos, eran imparables.


THE END



Este fic tenía ganas de publicarlo, pero habia esperado hasta hoy porque una de mis mejores  amigas cumple años hoy y como le gustan los fics así, dije: "Hoy es cuando!!"


Loonie! Feliz cumpleaños!!!! Creeme que me costo decidir entre este o Bon Enfer, pero los criminales te gustan más, y sobretodo porque con ellos nos conocimos aqui!!!


Gracias por los regalos, el apoyo y entender que soy más seca que un limón de taqueria al demostar mi cariño, las palabras escritas son mi mejor forma de expresarme.


Si quieres el archivo madre me avisas y te lo paso!!!


Besitos de murciélagos para todos!


(Nota: La palabra Alleys significa pasos o callejones)