Voy a doler como el infierno

Summary

Cansado de lo mismo pero sin poder hacer algo por cambiar tu sufrimiento. Prefieres seguirte encadenando a una persona que solo te destroza, Kirkland tu nunca aprendes ¿verdad?. Es por eso que en este juego el ganador seré yo. Ni tú, ni Alfred podrán detenerme. Los personajes no me pertenecen.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1. Dolerá

Les aviso que no esperen mucho de esto. Ya que es corto. 

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Una vez más. Que tonto, nunca aprendes Kirkland, dices que lo dejarás, que para ti es fácil olvidarlo. Sigues creyendo que él sin ti no es nada pero la triste realidad es que tú no eres nada sin él. Él ya formó su vida, la unió a alguien y ese alguien no eres tú. Lo sabes. Todos los días de tu miserable vida te lo repites frente al espejo para no hacerte falsas ilusiones.


Lloras una vez más, eres patético. Te repites mil veces la basura que eres.


Te echas al suelo a seguir perdiendo tu dignidad entre lágrimas, te desahogas durante un largo rato y pasada la hora decides levantarte, secas los restos de tu humillante comportamiento. Respiras profundo agarrando fuerzas de donde sabes que no hay más. Vas a tu habitación donde te sientas en la cama a esperar su regreso. Él ya no tarda en llegar. Oyes el ruido de la puerta abrirse, tu corazón da un salto de emoción, es un sentimiento llega a doler. Lo ves frente a ti. De un momento a otro posee con fiereza tus labios, te quita la ropa sin delicadeza alguna porque no eres valioso para él, por lo tanto no mereces ser tratado con amor. Lo sabes. 


Pero no podría importarte menos. 


Por otro lado tienes suerte de que alguien como él te toque, te bese, te haga sentir vivo.


Sin preparación, sin palabras dulces, sin cursilerías: te penetra hasta el fondo. No es la primera vez que es así de salvaje, ya lleva bastante tiempo desde que lo hace, sin embargo aún no te acostumbras a que entre de esa forma y tan poco te acostumbras a que te trate así. Te duele físicamente y emocionalmente. Él te hace daño y tú se lo permites. Te embiste con fuerza haciendo rechinar la cama, sientes el placer combinado con el punzante dolor. Ese placer te condena a seguir aferrándote a un hombre casado. Piensas en esa dulce mujer ingenua que lo espera en casa. Ella no se imagina lo que su adorado esposo en realidad hace. De alguna forma te satisface que no seas el único utilizado.


Por tu cabeza a pasado la misma pregunta una y otra vez sin darte ni siquiera un descanso. ¿Por qué rebajarse a ser visto como el plato de segunda mesa?. Un hombre no debe de valer más que su propio bienestar. ¿Entonces qué era lo que le llevaba a estar así?. El gran Kirkland siempre fiel a sus principios, él imperturbable, serio y educado Kirkland... se arrodillaba antes los pies de un hombre cualquiera.


¡Ahí está el problema!.

Alfred Frederick Jones no es cualquier hombre. Lo conoces desde hace cinco años. Y te atrapó por completo.


Aún recuerdas cómo lo conociste. Fue en la cafetería escolar donde lo viste por primera vez, aunque desde antes habías oído algo sobre el nuevo profesor que llegó de Estados Unidos. No le tomaste importancia a su buena fama después de todo enseñaban diferentes materias. Tu literatura y él astronomía. Parecerían a simple vista dos materias sin relación alguna.

¡Error!. Para tu mala suerte. La literatura va de la mano con todo.


Por casualidad en el descanso él se sentó a comer al lado tuyo, trato de hacerte la plática, tú lo miraste como si se tratase de un alienígena. Te sentiste extraño con su presencia. Como si algo te advirtiera que te alejaras de inmediato de él.


En ese entonces no podías escuchar mi voz. 


Eras reservado. Toda la vida fue difícil debido a lo cerrado que eras. Lidiar con las personas no era lo tuyo. Gracias a tu falta de comunicación a menudo pasabas tu tiempo libre solo. Recuerdo que te creaste un mundo a parte donde sólo podías existir tú. 


Como yo soy parte de ti. Venía incluido. Quisieras o no.

Nuestro mundo fue perfecto. Salir de nuestra comodidad costó trabajo.

Durante tanto tiempo fuimos únicamente tú y yo. Nadie había logrado  atravesar las barreras de tu alrededor...o no quisieron. 

Debo admitir que hacer que te abrieras era cosa fácil. Claro, si alguna vez alguien se hubiera interesado en ti. Pero no había nadie dispuesto a conocerte como en realidad eres. Nadie te apreció lo suficiente.


Bajaste la guardia. Ya acostumbrado a las pláticas efímeras. Recargaste la mejilla en la palma de tu mano aburrido esperando a que en cualquier momento el americano también se aburriera de recibir respuestas secas, cortas y carentes de emoción. 


No esperaste a que se quedará.


Te asustó. No era normal que alguien después de ser tratado así, siguiera insistiendo. Querías llorar. No comprendías nada. 


En un rato le tomaste la suficiente confianza como para hablar cosas sin sentido. Como maestros no disponían de mucho tiempo. Te sentiste desilusionado. 


¿Creíste que entre ustedes podía haber algo?


A pesar de que en ese entonces no podías escucharme. Disfrutaba burlarme de ti.


Ese sólo fue el primer encuentro de muchos.


La segunda vez en que los dos volvieron a cruzar palabra disponían de tiempo. El suficiente como para estar horas hablando.


Él señor don perfecto. No estaba contento con su vida. Se quejaba hasta por seguir respirando. Su vida era un caos. Llena de decepciones, obligaciones, rencores, sueños rotos y frustración.


Al parecer Alfred tenía objetivos que estaban por encima del trabajo de ser un maestro medianamente mediocre. 


—¿Entonces, qué haces aquí perdiendo tu valioso tiempo?—tu curiosidad fue más fuerte que los años de educación y buenos modales.


—Lo que pasa es que no sirvo. No cumplo con los requisitos. Fue decepcionante darme cuenta de que por más que sueñes y luches con todas tus fuerzas... no siempre puedes hacer realidad tus sueños.


Escucharle decir aquello fue un flechazo para ti. Te gustó su sinceridad.


Sin darte cuenta, tu mirada se concentraba en su expresión; triste, reflexiva, molesta y a la vez conformista. Verlo perdido en sus pensamientos hizo que tu corazón reaccionara con un leve latido distinto a los que normalmente daba de su diario latir. Esa fue el primer síntoma que te advirtió de que en cualquier momento en que te descuidaras ese tonto americano se apoderaría de cada parte de tu ser. Sobre todo de tu alma.


—Debo de parecer un estúpido —sus mejillas se tornaron de un suave y apenas visible color carmín.


Te pareció encantador un chico tan fresco como él. Por tu inexperta mente jamás pasó la ridícula idea de que tal vez ese chico tan simpático sería tu perdición.


En cambio yo si lo esperaba.


Pasaron semanas en las que se frecuentaban en horarios fuera del trabajo. Al ser opuestos descubrían cosas que en toda su vida jamás llegaron a oír hablar. Se convirtieron en buenos amigos.


Cuando se ríen de cosas sin sentido no puedes evitar perderte en su mirada, analizas cada insignificante cambio en su expresión, te fascina las miles de facetas que puede tener. Lo que más te gusta contemplar es su encantadora sonrisa la cual te lleva a imaginar un mundo donde los dos estén juntos, fantaseas con besarlo. Te quedas embobado pensando en lo maravilloso que es ese hombre. Eres afortunado de que él sea lo suficientemente estúpido como para no darse cuenta de lo que sientes.


Él es como un niño, es divertido, espontáneo y ríe con la misma alegría de un infante. Incluso te contagia de su buena vibra. Los dos se dejan caer al pasto. Hay un hermoso cielo azul y nubecillas blancas que de vez en cuando pasan. Es un día hermoso pero lo que realmente te deja sin aliento es ver al americano tan cerca de ti, respirando agitadamente, su pecho sube y baja, él sigue riendo despreocupado. El viento sopla y sus cabellos se mueven suavemente. Entonces sientes unas ganas irrefrenables de besarlo.


Y lo haces.


Fueron tus cinco segundos en el cielo. Sus labios son suaves, y saben a café. El contacto provocó mariposas en tu estómago y un aceleron en tu pecho.


Creiste que él se espantaría y te empujaría muy lejos.


Te contuviste para no saltar de la sorpresa cuando el te abrazó por la cintura. Quedaste arriba de él, y el beso no hizo otra cosa más que profundizarse. Eran las caricias más dulces que habías experimentado en toda tu vida. Sus labios se conocieron hasta entrada la noche. Sus bocas danzaron en una bella danza que les provocó a ambos un desastre en sus ropas.


Ese día perdiste el buen juicio.



De un momento a otro a tu cabeza llega una pregunta: ¿tendrá pareja?. Eso hasta el momento fue impensable, como si fuera una cosa que no puede suceder. No quieres ver la realidad. 


Sería muy extraño que él no tuviera a alguien. Te preocupa que su corazón ya este ocupado.


Tragas saliva. Él día en que se besaron no dijeron absolutamente nada después de terminar.


La idea te desgarraba por dentro, hervías de celos al pensar que alguien más ya lo tuviera, quieres ilusionarte creyendo que él es demasiado joven como para estar en una relación. Deseas creer de nuevo en el amor. Has llegado a pensar que este chico es el indicado para ti. 


Pero tus miedos van calmandose cuando notas que Alfred busca tomarte de la mano cuando van por los pasillos vacíos. Tu corazón suspira tranquilo cuando los besos de Alfred no se detienen. Él busca cualquier oportunidad para estar contigo.


Es tierno, es bobo.


Por lo cual no esperas que te haga daño.


Los meses siguen pasando y su relación ni hace otra cosa más que crecer.


Hace poco le hiciste un oral en el baño de profesores. Los dos estaban muy calientes. Ya no había alumnos en la escuela y como siempre ustedes no perdieron el tiempo. Terminaste arrodillado frente a él, tu boca fue llenada por el grueso y venoso miembro de tu tan amado Alfred. Lo saboreaste con morbo desde la punta de dónde salía un poco de presemen hasta sus bolas rasuradas. Tu boca atrapó una de esas bolas y la succionaste con delicadeza para luego volver al plato principal. Se la chupaste primero recorriendolo con la lengua para ya después volver a chuparle la punta, metértelo un poco más adentro. Te encantaba la cara de placer que él ponía. Alfred a menudo cerraba los ojos. Te miraba constantemente y se veía claramente cuánto te deseaba. Gemía de una manera deliciosa. Te hacía querer llevarlo al límite. Al final agarraste un ritmo constante dónde tu mano y tu boca trabajaron en conjunto hasta hacerlo venir. El líquido caliente llenó tu boca por completo, no pudiste tratarlo todo de golpe, algunas gotas quedaron en tus mejillas y barbilla. Con tus dedos te limpiaste y los lamiste, dándole un espectáculo al ojiazul.


No sabes que lo detuvo de hacerte suyo en aquel momento. Porque después de hacerlo venir te tomó con desesperación de la cabeza y te implantó un caliente beso.


Él mientras te comía la boca, te hizo venir con su mano.


           ~*~*~*~∆~*~*~*~


Te gusta mucho no puedes negarlo, estas creando tu propio mundo de color rosa junto a él. El amor logró cegarte. Ya todo era perfe. Las horas para ti pasan rápido. Sin darte cuenta tu jornada llega a su fin.


Desde hace tiempo atrás has querido atreverte a invitarlo a cenar. Se lo merece. Es hora de que formalicen un poco más las cosas.


Una chispa de valentía surge de ti, tomas valor. Abres la boca: 


—¿Alfred te gustaría...


Te interrumpe una bella mujer, quien se lanza a lo brazos de tu amado y éste la recibe gustoso. Ese es el momento en que te presenta a su adorable esposa.


Tu utopía se rompe en un millón de pedazos.


Esa chica te bajo de golpe de tu nube.


Por un momento te sientes quebrar, pero logras controlarte y disimulas una felicidad por ellos que no sientes. Para ocultar tu dolor decides decir una tontería que no hace más que solo lastimarte.


—Es preciosa —tomas su delicada mano y le das un beso de cortesía —Jones si te descuidas no dudaré en robarla.


Ella ríe tontamente como la retrasada mental que es.


Sin querer, sin poder evitarlo: ya la odias. La odias por tener al hombre que te gusta. Al hombre que se suponía era tuyo. Aunque en el fondo siguieras aferrándote a la idea de que no deberías odiarla por algo tan absurdo. Y sin embargo la odias con todas tus fuerzas. Sientes envidia, ya ni siquiera recordabas que era eso; hasta que te encontraste con ella.


Alfred la abraza por detrás tomándola por la cintura. Una imagen conmovedora a la vista de los demás pero para ti es la cosa más desgarradora. Sonríes forzadamente.


—Que lindos se ven juntos.


Ellos se miran con ternura y se besan en tu cara.


Abres la boca con enorme sorpresa. Pero no emites ningún sonido. Eres incapaz de reclamar nada. No sabías de eso. No tenías ni la más mínima idea. Pero pronto otras cosas toman sentido. Cómo el hecho de que fueran tan lento, el hecho de que él jamás intento llevarte a su casa. Ahora lo entiendes.


Los maldices a ambos. Desde ese día te distanciaste de él con la intención de superar tu amor no correspondido pero como el hijo de puta que es, te buscó. Casi, casi te obligo a mantener su amistad. Comenzaste a tomarle odio porque odias quererlo.


Y te dolía que Alfred no sintiera remordimiento. Ni siquiera te ofreció una disculpa o una explicación.


Te dejó en pedazos. Y no le importó.


Vuelves a ser un amargado.


Alfred realmente te extraña.


Un día que parecía común y corriente él te invita a tomar juntos. Tú aceptas porque sientes un gran aprecio por tu verdadero amor; el alcohol.


Bebieron hasta cansarse. Al retirarse del bar a donde fueron caminaron un rato para poder despejarse y en todo el camino no dejaron de mirarse deseosos, observando cada gesto del contrario. Se sonreían coquetamente, en ese instante hubo una conexión: fue una chispa que avivó las llamas de lo prohibido. 


La pasaron bien la primera vez. El sexo fue demasiado placentero como para dejarlo en cosa de una noche.


Al despertar, había un hombre arrepentido y el otro decepcionado.


Alfred lloró desconsoladamente. Y tú lo escuchaste atentamente. Estabas totalmente decepcionado de ti mismo por no ser tan fuerte.


—Lo siento, Arthur, realmente lo siento. Me gustas, en verdad me gustas y sé la horrible persona que soy por hacerle esto a ella. Esa mujer a estado conmigo en las buenas y en las malas. Es injusto lo que llevo haciéndole desde que te conocí. Pero no puedo dejarte.


En realidad si puede pero no quiere.


—Mierda, Alfred.


Arthur, ¿de verdad creíste que ese simple calentón pudo haber significado algo?. ¿Escuchaste lo que te dijo? Él pensó antes en ella que en ti. No quiere herirla pero no le interesa si tú te quiebras por cualquiera de sus errores.


Eso fue lo que te dije aquella vez cuando él te dejó a solas en tu departamento. Te dijo algo sobre que guardarás el secreto y que lo que hicieron no volvería a repetirse jamás. Él se fue sin siquiera voltear a verte, ni siquiera te dijo adiós. Te quedaste solo.


Solo, conmigo.

¿Sabes quién soy?.

Soy parte de ti.

Y para que vayamos conociéndonos te diré algo importante.

Voy a doler como el infierno, no me detendré hasta que me dejes salir.

Pero tranquilo no te espantes todo estará bien. Tomaré el mando.

Yo seré el jefe.

Aunque no te mentiré, haré que la pases pésimo, no te quedaran ganas de seguir respirando.

No lo olvides, sabrás lo que es el infierno. De ahora en adelante...


Esa también fue la primera vez que me presente ante ti. Tú no pareciste prestarme mucha atención, pensaste que mi existencia era debido a que estabas volviendote loco. Bueno no estabas muy lejos de la verdad.


Yo te volveré loco.

No quedará nada de ti.


Los dos dejan escapar un gemido de placer. Se liberaron. Sus respiraciones agitadas, sus corazones no dejan de palpitar apresuradamente, gotas de sudor resbalan por sus pegajosos cuerpos. Son buenos amantes.


—Siento ser tan brusco a veces, lo siento Arthur —te abraza protectoramente.


Las misma palabras de siempre. 


—No importa, está bien.


Dices de manera comprensiva. Estás feliz de que él no se haya ido, aún.


—Te quiero Alfred —expresas con gran amor a pesar de saber que no serás correspondido.


—Lo sé, Arthur.


¿En serio estás feliz con lo que te dice?


¡Rayos!, la respuesta es más que obvia. Eres un idiota.


—¿Alfred, hoy... ¿podrías quedarte?


Es palpable el miedo en tu voz. 


¿Estas asustado a pesar de que ya sabes lo que te dirá?, te lo ha dicho millones de veces, ¿por qué insistes tanto? ¿Qué más quieres de él?


Te mira con mala cara. No deseas escuchar una respuesta negativa, solo quieres que él te responda que se quedara por siempre contigo.


Caes tan bajo como el perdedor que eres.


—Sabes bien que no puedo hacer eso. Hay alguien que me espera en casa.


Eso debe ser doloroso. 













                      ~*~*~∆~*~*~

Espero y esto les guste :3.

Perdón si encuentran faltas de ortografía :'v, si tienen dudas pregunten :3.

ACLARACIONES: Sip, la persona que describe todo es un demonio de Arthur que quiere salir cuanto antes de su encierro. En pocas palabras, a Arthur le patina el coco :v. 

Y pregunten sino entienden algo porque siento que de alguna manera complique todo XD. Lo siento por eso :'''v

Y aclaro que esto lo escribí hace cinco o más años. Así que lamento que este tan raro(? Y si se preguntan si, lo había subido en otro perfil el cual ya perdí la contraseña del correo electrónico xDx. Pero ¡Ey!, Por lo menos pude reestablecer la contraseña de este perfil xDx jajaja.

Y le hice algunas modificaciones para más placer(?. Espero y lo disfruten uwu. He estado ausente porque quiero entrar en la universidad. No me doy por vencida.