Mesa 2

Summary

Namjoon es un cliente que visita todos los fines de semana la cafetería Tentation. Y Jimin, un mesero coqueto pero amigable que le gusta tomar la orden de Kim.

Genre
Romance/Poetry
Author
:]
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Único

— ¡Un Americano para la mesa cinco!


De aquí allá Jimin junto a sus compañeros meseros, se paseaban con bandejas de comida, entregando órdenes a las mesas del lugar, los llamativos patines que los empleados usaban para desplazarse por el lugar llamaban la atención de la gente mientras que a otros simplemente no les importaba.


— Llegó él come libros —susurró Sam en su oído, un compañero suyo de confianza y amigable—, ve atenderle.


Era un apodo que le habían puesto al hombre, con solo su mención le erizo los bellos, no de una manera negativa, sino que aquel cliente que únicamente visitaba la cafetería los sábados y domingos, lo ponía nervioso, todavía recuerda la primera vez que lo atendió y la sensación que sintió esa ocasión permanece intacta con el tiempo.


Era una tarde linda, el sol comenzaba a ocultarse para descansar de su jornada diaria, dejando como despedida un paisaje digno de admirar. Jimin limpiaba las mesas del exterior de la cafetería, sumergido en su acción sin percatarse del nuevo cliente que ingresaba al lugar, hoy el negocio cerraba temprano y lo último que le quedaba hacer es limpiar las mesas, la jornada fue pesada como todos lo días pero desde esa vez esos días se iluminaron de deseo y anhelo.


Él terminó de limpiar las mesas, lo único que le quedaba por hacer es registrar la hora en la que terminó su turno y se iría a casa.


— Disculpa, ¿no planeas atenderme? —el tono para nada fue brusco, pero tampoco amigable, era tan neutro que ninguna emoción lograba reflejarse en aquellas palabras.


Jimin retuvo las ganas de gritar de fastidio, solo pudo dejar el trapo amarillo sobre la mesa y secarse las manos con su mandil, dirigiéndose a la mesa número dos para tomar el orden de aquel joven.


— Bienvenido a la cafetería Tentation, ¿puedo tomar su orden? —Preguntó usando su usual tono amigable, sacó su pequeña libreta de órdenes junto a su pluma y esperó atento la orden.


— Gracias. Me gustaría un capuchino y una rebanada de tarta, cualquier sabor estaría bien. Eso sería todo. —El mesero anotó el pedido asintiendo despacio.


— En ese caso tendría que esperar diez minutos para traerle su orden, espero que eso no le moleste o lleva prisa. —El hombre negó distraído, buscando algo dentro de su bolsillo.


— Y por favor, lávate bien las manos con agua y jabón y gel antes de traerme mi pedido.


Jimin no le respondió, solo asintió para confirmarle al hombre que lo haría, sin agregar nada más se retiró de la mesa para llevar el pedido a la cocina.


Ese día Jimin supo que el hombre tenía algo en contra de las bacterias. Apenas y se retiró él sacó un pequeño frasco de gel antibacterial para lavarse las manos, el segundo detalle que no pudo dejar pasar era la tranquilidad con la que leía su libro, Jimin no sabía que libro era pero para aquel hombre parecía interesante, y al mesero juguetón le fue irresistible ver las pequeñas expresiones que el hombre hacía mientras leía.


Le daba más atención de la que debería, solo era un simple cliente más al que debía atender, un cliente muy peculiar que parecía ser una persona pacífica y reservada.


— Aquí tiene —aviso, interrumpiendo la lectura del cliente, quién al percatarse de su presencia solo pudo mirar con deseo el café y el postre que pidió—, le corté una rebanada de manzana y canela, es la que más me gusta a mí pero si no es de su agrado puedo cambiarla.


— Así esta bien, gracias. ¿Se lavó las manos como le pedí?


Jimin miró al cliente fijamente por unos segundos, error, su corazón pacífico comenzó a latir un poco más rápido de lo habitual, confundiéndolo a el mismo.


— Sí.


El mesero juguetón batió un poco coqueto sus pestañas hacia el hombre, usando su encanto adorable, éste solo lo miró cortamente suavizando sus expresiones faciales, desviando la mirada de inmediato al sentirse apenado. Park solo pudo sentirse satisfecho y tal vez un poco atraído por el hombre desde ese momento.


Jimin pensó que esa sería la última vez que vería a su cliente misterioso pero no fue así, esa solo sería una de las muchas que le tocaría atender al hombre, que únicamente volvía los fines de semana con un libro diferente a la mano, pidiendo el postre que le escogió la primera vez. Aquello se había vuelto rutina para esas dos tímidas personas, Park era el único que podía atender al "come libros", y eso lo había descubierto la vez que faltó al trabajo por enfermar, su compañero Sam le comentó que se ofreció atenderlo pero el hombre preguntó por él, ese detalle le sorprendió pero fue suficiente para que su débil corazón sintiera calidez, según su compañero él hombre había dado una tierna descripción de su persona y físico, por lo que recuerda fue: "un mesero de baja estatura con carita de un cachorro mimoso, coqueto pero amigable al mismo tiempo, ¿es mucho pedir que el muchacho me atienda?"


Y oh vaya, esas palabras quedaron grabadas en su mente y tatuadas en su pecho, desde que se enteró que el hombre se retiraba cada que se ausenteba, procuró no enfermarse mucho para poder tomar la orden del come libros, y sin imaginarlo le había agarrado cariño y aprecio.


El  día de hoy su cliente especial iba vestido con un abrigo largo color crema, el tope del largo de la prenda siendo arriba de los talones, abotonado hasta el último botón cubriendo cualquier piel expuesta, acompañado con unos pantalones de mezclilla ligeramente holgados y una playera blanca, aunque no se alcanzaba a distinguir del todo, solo podía notarse por el escotado de V en el abrigo. Y unos tenis blancos.


Jimin se acercó al hombre como imán, vistiendo el habitual uniforme de su trabajo, él deseó que el come libros tuviera la oportunidad de verlo fuera de esas prendas por unas mejor.


— ¿Lo mismo de siempre?


— Por favor, pero en esta ocasión trae para dos personas, el segundo café es a tu elección.


Jimin asintió retirándose, se cuestionó duramente para quién sería el segundo pedido, ¿el come libros tendría novia?, o peor aún, esposa. Pensar en eso lo atormentaba pero tristemente su trabajo solo era atender y tratar bien al cliente, algo en el tierno mesero se rompió.


Vamos Jimin, sólo es el típico cliente que solemos atender, reservado, lector, con una pasión por los libros de plantas, alto, nuestro tipo ideal, y sobre todo atractivo.


El mesero cerró los ojos odiandose a sí mismo al halagar a una persona con el cual y apenas cruza unas cuantas palabras, un cliente y lo peor, su favorito y único come libros.


Park tomó la orden lista dejándola sobre su bandeja, patinando de nuevo hasta la mesa número dos, dejó el pedido sobre la mesa en silencio, para ellos era costumbre el silencio, no había molestias ni nada de otras cosas por el estilo, al contrario, lo disfrutaban muy adentro suyos.


¿Existiría un nosotros en ambos?, no lo saben, pero Kim dice: El que no arriesga no gana.


— Disculpe mi atrevimiento, coqueto, ¿Te gustaría acompañarme a merendar esto?


Coqueto.


Jimin nunca en su vida sintió tanta felicidad de ser llamado así, hasta ahora, la respiración se le detuvo por unos segundos y su mente apenas procesaba la petición del hombre. Quería gritar de emoción pero no podía, en vez de eso le tocaba hacerlo internamente, tal vez y más tarde al llegar a casa lo haga.


— ¡Sí! —confirmó asintiendo frenético de emoción—, que diga, sí, está bien. Super.


— Increíble, por favor toma asiento enfrente mío. —Ni siquiera lo dudó dos veces y se sentó en la silla restante, sentía vergüenza de estar en una situación así pero al mismo tiempo lo alegraba.


— Soy Jimin, Park Jimin.


— Y yo Kim Namjoon.


Namjoon vago en sus recuerdos proyectando el primer encuentro entre él y el mesero, recordando con cariño su rostro amigable, esa libreta llena con stickers del oso Winnie Pooh y la pluma infantil con un muñeco bordado en la punta, vaya, el quería unos de esos lapiceros bonitos que el mesero tenía, pero no sabía donde conseguirlos y robar es malo, no podría robarle su lapicero por más que le haya encantado.


Desde esa ocasión extrañamente amó la tarta que el chiquillo escogió para el, también sentía una paz yendo al lugar y disfrutaba ver cuando Jimin se quedaba limpiando las mesas pretendiendo no verlo, porque sí, Kim sabía que ese coqueto mesero lo miraba mientras el se hundía en su lectura. Y en silencio amaba los gestos tiernos que Jimin le hacía, y justo como le sucedió al pequeño mesero, un sentimiento nacía dentro suyo.


Esa presentación era solo el inicio de una bonita y floreciente historia de amor que recién comenzaba.