Lo claro y oscuro del placer

All Rights Reserved ©

Summary

Leo Lombardi, si el mismísimo Leonardo Lombardi. Estaba acostumbrado a la buena vida sin esfuerzos, ni mucho trabajo solo disfrutaba del dinero de su padre sin pensar mucho más allá. Era descarado, liberal, desentendido y odiaba el compromiso; Uff como le encantaba el sexo casual aquel hombre, tener el control absoluto en el acto sexual y jugar demasiado sucio eran su especialidad; sin embargo nadie conocía lo que ocultaba detrás de todo eso. Pero aquel día no pudo evitar poner sus ojos en la cuñada de su primo Alessio, aunque ella tenía un solo problema, algo que no podía pasar por alto y era la niña de cinco años que se encontraba junto a ella. Genave Steven se ha dedicado total y rotundamente a criar a su hija de cinco años Rubí, después de la muerte de Rubén su hija se había convertido en todo su mundo, era el fruto de su amor por aquel hombre prohíbo, que al final se había convertido en el amor de su vida. Pero el destino le tenía algo guardado aunque se había cerrado al amor, no podía negarlo la mirada de aquel hombre después de tanto tiempo le había removido algo por dentro.

Status
Complete
Chapters
41
Rating
4.6 16 reviews
Age Rating
18+

Prefacio

Prefacio

Leo

Miraba aquella mujer con intensidad mientras el juez comenzaba a leer los detalles del caso. Mi padre me lo había advertido, meterme con una polaca solo me traería problemas, pero aquella mujer era malditamente sexy y sucia en la cama, como podía simplemente haberla rechazado yo no era de los hombres que me intimidad frente aquel tipo de propuestas, por el contrario siempre buscaba la manera de tener el control sobre ellas.

—La señorita Irina alega que usted señor Lombardi, abuso física y mentalmente de ella—la sonrisa en el rostro de la muy maldita me hizo enojar, pero sabía que eso era lo que ella buscaba. Que perdiera el control.

—Todo lo que hicimos fue consensuado—dije acercándome al micrófono —tengo pruebas de lo que digo—ahora era yo quien tenía una sonrisa petulante en el rostro. Mi padre me había enseñado muchas cosas, una de ellas era siempre a tener un as bajo la manga.

— ¿Trajo esas pruebas con usted?—pregunto el juez y yo asentí mientras mi abogado se aproximaba al estrado.

—Pero me gustaría antes de presentar esas pruebas saber si la señorita Irina estaría dispuesta a llegar a un acuerdo—ella y su abogado se miraron como no entendiendo mis palabras—No me gustaría ver manchada su reputación—el rostro de Irina palideció y sabía que ella había descubierto de que se trataban aquellas pruebas. Ella le dijo algo al oído a su abogado y sabía que todo aquel teatro había llegado a su fin.

—Podemos hacer un receso señor Juez—pidió el abogado de la mujer, escuche al juez resoplar con fastidio y luego otorgo dos horas de receso.

Baje del podio bajo la atenta mirada de aquella mujer, no dudo en acercarse a mí. Ella estaba más que clara que tenía todas las de perder, para un hombre como yo era muy fácil destruirla, pero quería darle una oportunidad por las buenas cogidas que tuvimos, por el buen sexo oral que me había proporcionado, a fin de cuentas yo era un caballero y los caballeros no tenían memoria.

— ¿podemos hablar fuera de aquí? —preguntó. Mi abogado hizo un asentimiento de cabeza y acompañe aquella mujer fuera del juzgado.

— ¿Qué demonios son esas pruebas?—se apresuró a preguntar, su rostro se encontraba enrojecido por la rabia y me podía imaginar todo su cuerpo de la misma forma, me mordí los labios solo de imaginarlo.

Saque mi móvil y le mostré uno de los videos, donde ella se notaba completamente complacida de lo que yo le estaba haciendo. Irina había sido muy ilusa, aunque debía admitir que la había dejado llegar demasiado lejos, llevarme a los tribunales había sido un error de novatos, otra mujer me hubiese pedido dinero, pero ella era demasiado ambiciosa y esa había sido su peor error.

—Retírate ahora y podrás irte a Polonia tranquilamente, no pienso impedirlo—me acerque a ella para decirle en voz baja las siguientes palabras—Si lo que quieres es dinero, te lo daré, a fin de cuentas solo eres una puta barata—Sabía que tenía muchas cosas que decir, pero no lo haría, porque con aquellas últimas palabras nuestro trato se había cerrado.