Única Parte
La primera vez que Louis ve a Harry es en un callejón demasiado oscuro. Hay muchos otros Harry allí que le miran de la misma forma, esperando obtener algo de beneficio de su parte, pero Louis elige a uno solo entre tantos. Suele preguntarse qué hubiera pasado si su mirada se desviaba solo un poco y seleccionaba a alguien más, a un Harry menos malcriado y desobediente. Y ese es el problema, que el BDSM se basa en todos los aspectos que Harry no tiene. Desde un principio, estaban destinados a no funcionar.
—Tú… —Louis señala a uno de los chicos. En primera instancia, todos creen que han sido llamados, pero a quien Louis señala es a uno más pequeño, que se recoge sobre sí mismo y mira con duda hacia el castaño—. El de la camiseta rosa…
Harry se señala a sí mismo, todavía dudando por mucho que Louis no pueda sacarle la mirada. El maestro asiente, esperando a que se acerque a él de una vez por todas y poder cambiar de él todo lo que desea cambiar.
—Ven conmigo. —Harry corre hacia él apenas escucha lo que dice. En su interior se dice que debe hacerlo rápido, escapar de las calles antes que sea encarcelado a ellas para siempre y pierda cualquier atributo que pueda ofrecerle la oportunidad de huir lejos de la suciedad y el hambre. Ya no quiere tener hambre nunca más—. ¿Papeles…?
El rizado rebusca entre sus grandes bolsillos y le entrega al maestro lo que pide. Son papeles sucios que muestran toda su información. Antes de que comenzara en el mundo de la prostitución, muchos le dijeron que era necesario llevar consigo papeles que corroboraran su edad, aunque nunca los necesitó hasta este día. Sin embargo, sabe por qué para el señor castaño frente a él es necesario saber su edad… No es necesario, pero así lo requiere él, y Harry agacha la cabeza en sumisión para demostrarle que va en serio. Se colocó la gargantilla de cuero con la esperanza de tener suerte.
Louis hojea los papeles en silencio, todos a la espera de que hable, incluso las opciones que no tomó y que lo siguen mirando desde la oscuridad del callejón.
—¿Quieres venir conmigo? —Louis le pregunta y Harry asiente sin demora—. Sabes que tenemos una larga charla sobre muchos asuntos, ¿no?
—Sí, señor —Harry susurra, sin atreverse a verle. Es lo poco que sabe al respecto de aquel mundo, más allá de conocer que estos hombres están dispuestos a darle la vida que él espera tener.
—Muy bien, Harry.
El rizado respinga al oír su nombre, pero lo finge demasiado bien cuando toma la mano del maestro y se deja guiar fuera del callejón. En silencio, ambos pasean por calles de mala vida hasta que los rayos del sol golpean el rostro de Harry al salir a la calle principal, donde un hermoso Audi les espera con las puertas bloqueadas.
—Yo me llamo Louis —le dice mientras abre la puerta de acompañante—, pero debes llamarme señor. Si quieres dirigirte a mí en público, solo omítelo. No me llames de otra forma ni uses cualquier otro mote que se te ocurra. ¿Está bien, Harry?
—Sí… —Harry se sienta sobre el caliente asiento del auto, sorprendido de no sentir frío pese a las corrientes de viento que golpean fuerte afuera. Cuando alza la mirada, Louis todavía yace parado a su lado con la puerta abierta. Le mira fijamente, con la mandíbula tensa y el ceño fruncido. Oh…—. Sí, mi señor.
Louis asiente y cierra la puerta por fin. El auto se vuelve mucho más caliente, pero comienza a arder cuando el maestro se sienta junto a Harry y este puede sentir todo de él: su perfume, la seguridad en sus movimientos, el simple olor a varonil que se separa de la esencia que parece haberse echado solo en el cuello y muñecas… Harry lo sabe porque el olor lo cachetea con más fuerza cuando se inclina hacia él para abrocharle el cinturón de seguridad.
—Debemos hablar de tus límites —dice luego de voltear el rostro y arrancar el auto.
Harry mira su perfil con atención, deseando en secreto poder verse tal como él luce. Quiere tener la misma seguridad en la mirada y los movimientos seguros en cada cosa que haga. Desea no dudar de nada en su vida, no tener cuidado de nada tal como Louis parece hacerlo mientras acelera el auto y deja atrás el maloliente lugar de donde Harry provino.
—No tengo límites —Harry murmura. Se hunde en el asiento, casi ronroneando—. Puede hacer conmigo lo que le plaza, mi señor.
Louis se gira a verlo con curiosidad. Lo examina con la mirada y sonríe de lado en medio de un bufar.
—Todos tenemos un límite, lindo. —Harry mancha sus mejillas de rojo—. Primero debemos comprarte ropa… La que llevas no me produce ganas de cogerte.
Harry guarda silencio por un largo instante, pensando que ya no es necesario esconderse detrás de piezas más grandes que él. Está en un auto muy lujoso junto a un señor mucho más rico de lo que podría imaginarse. Ya no tendrá que dormir en aquel callejón nunca más si aprende a complacerlo.
El rizado espera hasta que Louis se detenga en un semáforo rojo para quitarse la ropa que lleva puesta. La camiseta rosada, dos tallas más grandes que la suya, acaba en el piso del auto al igual que el short inmenso que alguien alguna vez le donó. No lleva ropa interior, no está acostumbrado a usarla porque en su trabajo no es para nada necesaria, así que pronto está desnudo en el asiento junto a Louis, sintiendo la calefacción calentando su culo a la par que lo hace su propia excitación.
Louis no lo mira mientras lo hace. En silencio, el maestro maneja con mirada firme hasta donde los autos dejan de ocupar tanto espacio en la autopista. Los grandes edificios desaparecen y Harry se mantiene recto, paciente al toque que su nuevo dueño pueda darle. Ahora los arboles rodean el espacio donde sea que Harry mire, y ya sabe lo que está por suceder cuando Louis aparca en una calle desolada.
—No debes quitarte la ropa hasta que yo te lo ordene —le dice con paciencia. Termina de estacionarse y voltea para por fin verlo, pero no tiene ningún gesto de enfado o de rigidez en su rostro antes se mostró. Más bien, le mira con adoración cada rincón del cuerpo, desde sus clavículas marcadas hasta sus grandes muslos donde descansa su miembro. Louis lo toma entre sus dedos fríos por sus anillos antes de que Harry pueda responder—. ¿Has entendido lo que te he dicho, lindo?
—S-sí, mi señor… —Suspira como una colegiala enamorada, abriendo las piernas y pidiendo más en silencio.
—Ahora, ambos vamos a pensar una palabra de seguridad. No la vas a necesitar ahora, porque seré bueno contigo y te daré lo que tu cuerpo me pide, ¿sí? —lo dice en calma, palabra por palabra dicha de una forma que hace a Harry hundirse más en el asiento y alzar sus caderas para que el toque ya no sea toque y se convierta en algo más. Quiere estar húmedo entre sus dedos—. Sabes lo básico sobre esto, ¿no es cierto? Lo he visto por cómo has actuado cuando me viste…
—Sí, señor.
—Entonces, tus palabras serán las usuales. Verde, amarillo y rojo… Luego las cambiaremos.
Ese «luego» hace que Harry tire la cabeza hacia el respaldo del asiento, pese a que los dedos del maestro ni siquiera se han movido sobre su pene.
Lo próximo que sucede, se ve borroso para Harry. Louis desabrocha el cinturón de seguridad con su mano libre mientras hunde la yema de su dedo en la hendidura de su miembro. El rizado ahoga un gemido, más que nada porque no tiene tiempo a procesar todo. Pronto está sobre el regazo de Louis, con las piernas abiertas a cada lado de su cintura y con el culo alzado frente al parabrisas del auto.
Harry hunde el rostro en el cuello de Louis, comprobando que efectivamente colocó perfume en aquel lugar. Siente unas enormes ganas de clavar los dientes y chupar, callar cada uno de los jadeos que suelta de forma inconsciente para solo escuchar cómo la humedad en su agujero resuena en todo el auto.
Sabe que Louis no lo va a follar. Él tampoco lo haría si sacara a un putito de un callejón de mala muerte durante una tarde cualquiera. Deduce que el maestro esperará hasta hacerle exámenes respectivos de salud solo para prevenir; de igual forma, Harry sabe que está limpio, pero no va a insistir ser follado en ese instante.
Harry se siente complacido al instante de tener los dedos de Louis rondando por las mejillas de su culo. Aprieta los ojos con fuerza y arruga el saco de Louis entre sus dedos cuando el maestro separa sus nalgas y comienza a tantear en busca de algo… En busca de dónde hundir sus dedos hasta el fondo y desprender de él todo rastro de su orgasmo. Y casi lo logra cuando encuentra la bajada donde se halla su agujero, expuesto y no tan abierto por la ambientación en la que todo está sucediendo. El rizado se sonroja más de lo que ya lo está cuando recuerda dónde se halla y cómo está. Cualquiera que pase podría ver el culo de Harry abierto de par en par si se asoma lo suficiente…
—No seas tímido —Louis le susurra. Gira su rostro y besa la mejilla de Harry—. Deja que pueda sentirte entre mis dedos, lindo.
El rizado suspira aire frío en medio del calor, destensando sus hombros y alzando su culo para que su entrada se abra más. Funciona para Louis cuando introduce el primer dedo en el interior del chico, y funciona otra vez cuando lo comienza a bombear en su interior con la sensación de que aquella parte de su cuerpo se encuentra en llamas. Lentamente, el fuego se expande y confabula con la electricidad para que el maestro sienta un pinchazo en su hinchado miembro. Es complicado incluso sostener a Harry si siente que el pene del contrario gotea sobre su camiseta blanca, como queriendo apagar lo que él mismo está provocando.
—Buen chico… —Louis nalguea su trasero con su mano libre. Clava sus dedos en la piel y expande su mejilla trasera para que se abra más ante él. Los resultados que consigue es que un segundo dedo pueda entrar y acompañar al primero, y ambos se mueven al mismo ritmo y produciendo el mismo sonido cuando la palma llega a chocar con la unión de ambas nalgas—. Lo estás haciendo bien, precioso.
Harry gime sobre el hombro del maestro. Aprieta los ojos para ver estrellas y suspira cuando cree que ha acabado al sentir la ausencia de los dedos de Louis. Sin embargo, el maestro escupe sobre sus dedos y los vuelve a llevar donde pertenecen para hundirlos más profundo, más sucio e intenso. El pobre chico debe dejarse sostener por Louis para que sus caderas no caigan ni su trasero acabe sentado sobre el pene gordo que roza de vez en cuando debajo de sí mismo. Se dedica a sollozar y lagrimear, tratar de controlar el temblor en sus piernas y concentrarse en llegar a su punto límite cada vez que las puntas de los dedos del maestro rozan aquella zona… Su próstata.
—Mi señor… —se queja de manera incomprensible. Sus caderas dan una sacudida cuando otra vez rozan su zona sensible, y rueda los rojos hasta no ver nada cuando Louis vuelve a nalguear su trasero con su mano libre—. Mi…
—Está bien —Louis dice como si nada. Como si no estuviera hundiendo dos de sus dedos en el culo más delicioso que nunca antes había visto en su vida; tan pequeño pero a la vez abultado, tan estrecho pero dispuesto a abrirse por él—. Está bien, precioso, puedes correrte. Tienes mi permiso.
Harry no sabía que necesitaba su permiso para correrse hasta que lo hace. Se sacude y tiembla de forma violenta, corriéndose sobre la camisa de Louis y dejando caer todo su peso sobre el regazo del otro. Los movimientos involuntarios que hace por haber llegado al éxtasis mueven su cadera de arriba hacia abajo, cabalgando la nada y rozándose al mismo tiempo contra la erección de Louis. El maestro tiene que apretar sus manos alrededor de la cintura de Harry para que deje de moverse.
—Señor… —Harry suspira. Louis ríe mientras le acaricia la espalda, cuestionándose si lo llama a él o a alguien más.
—Lo hiciste bien —consuela—. Voy a comprarte ropa bonita por esto.
Harry sonríe sobre el hombro de su dominante, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo. Louis también lo hace, sentirse de aquella forma; todo es una extraña mezcla que hace a su corazón acelerarse. No ayuda para nada que Harry salga de su escondite en su cuello y le bese la mejilla. El maestro sabe que no debería hacerlo, que besarse es un término que todavía no han hablado, pero prefiere callar y acomodar a su nuevo sum sobre su asiento. Le abrocha el cinturón e ignora la palpitación en su entrepierna y en su pecho mientras enciende el auto.
Y tal vez desde ese preciso instante, Louis comenzó a ser un mal dominante para Harry.
(…)
Harry aprende algunas cosas durante la semana que pasa en el departamento de Louis. Lo primero que aprende es que a Louis le encantan las reglas, tanto así que hay una lista pegada a la nevera sobre el horario de sus actividades. Por supuesto, Harry tuvo su horario al día siguiente de llegar al departamento. La segunda cosa se basa más en el BDSM, pues Louis lo sentó en la mesa y comenzó a explicarle la razón de haberlo seleccionado y un poco más sobre el estilo de vida que llevaba. Porque sí, el BDSM es algo así como un rutina de vida, cosa que Harry no sabía. Nunca le tocó atender a un cliente que le pidiera cumplir con ciertos parámetros para estar con él. Y eso lleva a Harry a la tercera cosa que descubrió: Harry es el segundo sumiso que Louis tiene. El primero no pudo hacerlo; no pudo seguir con ese estilo de vida y abandonó a Louis. Era el prometido del maestro.
—¿Lo ves? —fue lo primero que Louis le dijo luego de confesarle aquello—. Dejé a mi prometido porque no podía seguirme el ritmo. Quedamos en buenos términos y nos llevábamos bien, pero si no puedes comprenderte con tu sumiso, es mejor seguir tu camino. Y a mí no me costó seguir mi camino con él, así que me costará menos hacerlo contigo, Harry.
Harry quiso tomarlo como una amenaza, pero no pudo hacerlo. Louis sonreía mientras lo decía, por lo que el rizado se limitó a asentir y seguir preguntando sobre su nuevo estilo de vida.
Harry y su maestro están en el nivel primer, por así decirlo. Significa algo así como un pre-noviazgo antes del verdadero noviazgo; deben conocerse antes de poder seguir al siguiente nivel. Lo que al rizado le sorprendió de esto, fue la ceremonia que Louis le explicó que debía llevarse a cabo.
—Es como entrar en una secta.
Louis rodó los ojos cuando lo escuchó.
—Esto no es una secta. Si alguien más te escucha referirte así sobre esto, te van a tachar de maleducado. No vuelvas a repetirlo o tendré que castigarte antes de hacer la ceremonia de aceptación, ¿está bien?
—Está bien, mi señor.
Pese a que Harry se sonrojó y bajó la cabeza con la vista hacia sus manos entrelazadas, siguió pensando que el asunto se trataba más a la conceptualización de lo que es una secta. Pero Louis no le prestó demasiada atención al asunto, solo fingió que realmente Harry aclaró su ignorancia y respetaría lo que estaba a punto de iniciar. Error tras error.
—¿Recuerdas la falda que compré?
Harry le asintió.
—¿La pequeña? —preguntó—. ¿Esa que dije que funcionaría bien para follar en el auto?
Louis suspiró profundo.
—Sí, Harry, esa. —Harry volvió a asentir con fingida inocencia—. Tienes que llevarla ese día. También lleva ese trapo que llevabas amarrado en el cuello el día en que te conocí. Vamos a reemplazarlo.
—Oh, está bien, mi señor. ¿Después me vas a coger?
Louis volvió a suspirar.
—Primero tienes que saber cómo deberás estar. De rodillas y en la posición que te expliqué.
Louis descubrió que educar a Harry con ejemplos es más sencillo que hacerlo solo bajo palabras. Lo es porque el rizado es demasiado fácil de manejar y posicionar, y posee una flexibilidad que en primera instancia sorprendió al maestro y lo calentó demasiado en medio de la exposición de cómo debía recibirlo el día en que Harry recibiera su collar de consideración.
Cuando el maestro terminó de explicar las posiciones, simplemente bajó el cierre de su pantalón y sacó su miembro. Harry se lamió los labios desde el suelo y alzó su mirada hacia él con un brillo de hambre que produjo una punzada en Louis. Se calmó a sí mismo masajeando su punta y esparciendo su líquido preseminal por toda su longitud mientras Harry miraba con atención.
—Has sido muy bueno —Louis lo elogió en medio de un gruñido—. Te has ganado un premio… Un dulce.
Harry gateó hasta estar justo debajo de su pene, moviendo sus caderas de un lado a otro como si se tratase de un gatito al acecho por su presa. Lució más como uno cuando llegó hasta el maestro y restregó su mejilla contra la tela de su pantalón, a un lado de donde su longitud se encontraba levantada.
—He hecho caso, mi señor… Estoy aprendiendo.
Louis apreció cómo el trasero de Harry se veía desde su postura alta; la ropa interior de seda que le había comprado se perdía entre los pliegues de sus nalgas y cada mejilla trasera lucía apretada fuera de la pieza. Sus muslos estaban tensos, tan firmes que Louis sintió la necesidad de morderlo y forzar su pene entre ellos. Quería unir sus piernas, crear un agujero entre ellas y follarse sus muslos hasta que quedaran mojados de su semilla. Quería a Harry suplicando.
—Dime qué es lo que quieres, lindo. —Louis apretó la mandíbula y se obligó a mirar hacia el rostro de su sumiso—. Pídelo correctamente.
—Amo —Harry dijo con voz suave. Lamió la tela debajo de su mejilla y se separó para mostrarse suplicante y con mirada cristalina—, quiero que me folles la boca, por favor. Por favor, amo. Mi señor…
Louis dejó ir su miembro y enredó su mano en los cabellos de Harry, aquellos que un peluquero profesional había tratado luego de que el maestro lo llevara a revisar y a comprarle todo lo necesario.
—Ma-… —Antes de que Louis terminara, Harry ya llevaba sus manos cruzadas sobre su espalda—. Buen chico…
Acarició la cabellera de su sumiso, quien sonrió de costado y se lamió los labios.
—Señor… —suplicó.
El maestro volvió a tomar el cabello de Harry en un puñado, deteniendo las caricias que Harry pasó por alto. Louis es una persona de caricias, pero descubrió durante el poco tiempo que llevaba con Harry que él no era para nada así.
Lo siguiente que Louis hizo fue acercar el rostro de Harry a su entrepierna. Hundió el rostro del chico por todo el sitio, provocando que su miembro lo golpeara por todas partes y su rostro quedara medio embarrado de su líquido.
Harry jadeó cuando Louis lo separó, queriendo más. Deseaba ensuciarse, que cada rincón en él acabara tan manchado que necesitaría horas en la ducha para quitarse la corrida de su dominante del cuerpo.
—Termina de bajarlo con los dientes, bonito.
El sumiso asintió. Mantuvo sus manos cruzadas lo mejor que pudo mientras se inclinaba sobre el pantalón negro de tela de su dueño y lo bajaba con los dientes junto a su bóxer. Louis lo guio todo el tiempo, sin aflojar su agarre en sus cabellos.
El cabello de Harry quedó suave luego de visitar la peluquería. Louis le compró ropa y lo vistió de forma elegante, como Harry deseó vestirse por años. Luego de la visita al mall, Louis llevó a Harry al médico donde tomaron las muestras de sangre y todo lo demás que pudiera comprobar que Harry estaba en buena salud. Los resultados fueron que el rizado no tenía ninguna ETS, pero estaba algo bajo del hierro y necesitaba tomarse un montón de vitaminas por la mañana. Le explicaron a detalle cómo consistía tomarlas, sin embargo, Harry solo podía pensar en los tantos zapatos que su dueño le había comprado. No llevaba ni veinticuatro horas siendo un sumiso y ya amaba serlo.
—Listo, mi señor —Harry murmuró cuando acabó de bajar las ropas hasta la cadera de Louis—. Quiero más, amo.
—No seas caprichoso. —Louis soltó su cabello y apretó sus dedos en la mandíbula del chico—. Tienes mi permiso para mover tus manos y golpear el suelo si sientes que estás llegando a tu límite, lo sabes, ¿verdad? —Harry asintió, incapaz de poder hablar por el agarre de su maestro—. Ahora mantente callado, cachorro.
Louis dejó ir la mandíbula de Harry, quien ignoró el dolor y abrió más las piernas, preparado para lo que se venía. De esa forma, el maestro tomó la cabeza de Harry entre ambas manos.
—Abre la boca —ordenó.
Harry lo hizo al instante. Lo siguiente que sintió fue la repentina invasión del miembro viril de su dueño, empujando profundo en su cavidad bucal hasta tocar su úvula. El sumiso reprimió la sensación de vomito, apretó los ojos y ahuecó las mejillas para que el trabajo de entrar y salir de su boca se sintiera delicioso. Y así pareció serlo cuando Louis gruñó alto y se clavó contra él más profundo, tirando de su cabeza más cerca hasta que incluso la nariz de Harry cosquilleó sobre los vellos púbicos de su maestro.
Louis usó a Harry al mismo tiempo que gemía entre dientes y lanzaba su cabeza hacia atrás por el placer que le producía sentir lo cálido de la saliva del sumiso al interior de su boca. A su vez, provocaba que la misma saliva se colara fuera de los labios del rizado cuando se empujaba fuera, creando una mezcla blanquecina donde también podía apreciar los rastros de su líquido preseminal. Era demasiado excitante y sabía que no duraría demasiado.
—Abre los ojos, cachorro. —Harry lo hizo, siendo obediente cuando quería y le complacía.
El maestro siguió bombeando su pene entre los labios de Harry, sintiendo las arcadas del chico cada vez que la punta de su miembro golpeaba su pared bucal.
Sentía demasiadas ganas de atravesarlo, correrse en su interior y ver todo de él manchado; su lengua, su paladar, sus dientes, que no se pudiera saber qué clase de rosado se hallaba en el interior de la boca de Harry por estar tan sucio de él.
En medio de ese pensamiento, Louis se corrió con su glande volviendo a golpear la úvula del sumiso, quien soltó una arcada mientras el semen caliente del maestro se soltaba por todas partes en el interior de su boca. Cuando Louis dejó ir a Harry y soltó su cabello, el chico se separó y tomó una gran bocanada de aire en medio de su ahogo.
—Amo… —Harry jadeó, buscando nivelar su respiración.
Louis chocó su palma contra la mejilla izquierda de Harry. El muchacho se sostuvo el lugar donde su dueño había golpeado con sorpresa y una corriente bajando hasta su hinchada entrepierna.
—No te he dado permiso para que hables, bonito. —Louis sonrió de lado. Guardó su pene satisfecho dentro de sus pantalones y señaló hacia su zapato—. Allí, se te escapó un poco. Límpialo ahora.
Harry agachó la mirada hacia donde Louis apuntada. El zapado del maestro se encontraba sucio solo por una pequeña gota de semen que, al parecer, se había escapado del interior de la boca del rizado. Entonces, el sumiso dejó de sostenerse el cachete de su rostro y se agachó hasta el zapato. Sacó su lengua y lamió la traviesa corrida de su dueño.
—Eres un buen chico —Louis halagó. Se agachó hacia él y lo tomó en brazos con simpleza—. Ya puedes hablar.
—Señor —Harry lloró, abrazándose hacia el cuerpo de su dominante.
—Aaaw. —Louis rio y acarició la espalda de su chico. Lo acomodó mejor para que pudiera aferrarse a su cintura—. Lo hiciste bien, mi amor. Tu dueño está muy orgulloso de ti por hacerlo. Pudiste mantener tus manos tal como te lo dije… —Harry asintió desde su cuello, sollozando—. Ahora te llevaré a la cama y te atenderé, precioso.
A Harry no le interesó demasiado el cuidado que Louis le dio después. Lo que sí le hizo sentir bien fue cuando Louis le dijo que le compraría joyas, que lo llenaría de tantos lujos que pronto ya no recordaría su vida pasada. Solo entonces, Harry dejó de llorar y, en silencio, dejó que Louis le regalara caricias suaves y besos cargados de los que comenzaban a ser sentimientos confundidos.
Unos días después, cuando Harry visitó varios lugares de la ciudad y obtuvo un nuevo armario con ropas lujosas, el día de la entrega del collar daba inicio.
—¿Tienes que ser hoy? —Harry explota mastica el chicle en su boca, crea una burbuja y luego la revienta con sus propios labios.
Louis, desde el otro extremo de la habitación, le mira con seriedad.
—Estás siendo maleducado… otra vez. —El rizado sonríe con inocencia y se recuesta sobre sus brazos. Sus piernas patalean al aire, y Louis no puede apartar la mirada hacia el short que el chico lleva esa mañana. La pequeña camisa que deja a la vista gran parte de la espalda de Harry tampoco ayuda—. Tienes que estar listo para las cinco de la tarde, tal como lo hemos ensayado.
—Hoy abría una nueva tienda de zapatos… —Harry murmura con pesadez.
—Harry…
—Sí te escuché, amo. Solo estaba pensando…
—En voz alta, como siempre haces.
Harry sonríe, y Louis no puede estar enojado mucho tiempo más, así se acerca hasta la cama del muchacho y se sienta en el borde de esta. Pronto, Harry se sienta sobre su regazo y se abraza a su cuello.
—Hoy estás muy guapo —le dice con coquetería—. ¿Es porque vamos a ser novios oficialmente?
Louis rueda los ojos. Aun así, sus manos se aprietan alrededor de la cintura fina de Harry y lo acomoda mejor sobre sus piernas.
—Te dije que no lo llamaras así, Harry. Te daré el collar de consideración, no una propuesta para salir. —Harry hace un puchero exagerado—. Ya hemos hablado al respecto.
—Sí, sí —Harry dice un fastidio que Louis decide ignorar—. El collar de consideración solo aprueba que ambos queremos tener una relación de dominante y sumiso… Me lo has repetido mil veces, amo.
—Te lo seguiré repitiendo hasta que puedas respetarlo. —Louis pasea su dedo por la mejilla de su sumiso, pasando por alto el bufido que el rizado suelta contra su rostro—. Por fin será hoy, ¿no estás emocionado, bonito? Por fin podré marcarte como mío cuando me sumerja en ti y te llene con mi semen…
Harry suspira, asintiendo y acercándose a su maestro hasta que ambas narices rozan.
—No sabes lo mucho que he soñado con eso, papi… —Harry aprieta sus dedos sobre los hombros de Louis, mientras que este hace lo mismo sobre la cintura de su sumiso. La camiseta negra tipo top que lleva permite que inclusive pueda sentir cómo la piel del rizado se eriza bajo su toque—. He querido que me folles tan duro desde que me recogiste en aquella calle…
—Ya no tienes que volver allí. —Louis besa la comisura de los labios de Harry, sabiendo exactamente qué decirle a su sumiso para que se relaje en sus brazos. Esas primera palabras tienen el efecto que esperaba—. Te llenaré de mí tantas veces a partir de hoy… No vas a recodar a nadie más tocando tu cuerpo nunca más, solo yo en cada poro de tu cuerpo.
Harry gime bajito, asintiendo. Mueve sus caderas en circulo sobre Louis, chocando su erección hacia la de su maestro para que pueda saber cómo se encuentra a consecuencia de sus palabras.
—Me haces tan feliz, amo…
—Lo sé, precioso, lo sé. Y haré que seas el hombre más feliz sobre la tierra cada vez que te portes bien.
Harry reniega, restregando su nariz sobre la marcada mandíbula de Louis.
—Pero a mí me gusta portarme mal, mi señor. Me gusta cuando me golpeas y me castigas por ser un chico malo… —Harry mete sus traviesos dedos en los bordes del pantalón de Louis. El maestro sabe que no puede ir más allá por el cinturón que lleva puesto, pero de ser posible, sabe que Harry es capaz de tomar su miembro y acariciarlo por debajo de la ropa—. Me gusta cuando me marcas con tus mordidas y orinas en mí…
Louis sabe lo que Harry está haciendo. Conoce su juego a la perfección ya, pero no puede ceder a él… mucho menos cuando falta tan poco para realmente tenerlo. Además, un dominante no es dominante si no tiene autoridad y control. Louis quiere ser un buen dominante para Harry, pese a que él no sepa e ignore la importancia de ser uno dentro del estilo de vida que llevan.
Lo siguiente que sucede es rápido. Louis levanta a Harry y luego lo deja recostado sobre la cama, en un movimiento tan veloz que el rizado no tiene tiempo de reaccionar para cuando Louis ya se encuentra en el marco de la puerta.
—Recuerda todo lo que hemos hablado —le dice mientras guarda sus manos hechas puños en el interior de su pantalón—. No quiero que cometas ningún error, Harry. Te he enseñado lo suficiente para que puedas hacerlo bien durante la ceremonia.
Harry parpadea, sentándose sobre la cama con molestia por haber sido rechazado.
—Sí, ya lo sé. Falda, de rodillas, en posición de collar… Me lo sé de memoria, amo.
—Eso espero… —Louis está a punto de marcharse, pero retrocede y llama la atención de su sumiso—. Y no te depiles —le dice.
El rizado frunce la frente.
—¿Qué?
—Que no te depiles, Harry. Tienes que darme algo a cambio por el collar.
Harry se sonroja desde las mejillas hasta el pecho.
—Está bien… —susurra. Louis alza una de sus cejas, expectante—. Está bien, amo. No me depilaré —Harry se corrige enseguida y observa cómo Louis abandona la habitación.
A Louis le toma poco tiempo tener todo listo para el recibimiento oficial de Harry como su sumiso. Desea poder ofrecerle un contrato a Harry para que todo sea mucho más profesional, pero sabe que no es totalmente necesario tener uno; además, no quiere complicar más el tema, en especial porque el rizado apenas ha terminado de comprender las bases de lo que es tener una relación de dominante y sumiso.
Todavía le cuesta demasiado, sin embargo, Louis sabe que está dando lo mejor de sí para lograrlo. Puede percibir en sus ojos la fuerza de voluntad cuando le corrige algo que hace mal, como aquella vez que se enojó por no llegar a tiempo a la tienda donde deseaba comprar un bolso nuevo. Siendo justos, la culpa fue de Louis por demorar tanto en la reunión y recoger a Harry tarde en el departamento, así que prefirió no castigarlo y en su lugar lo consoló y prometió que le conseguiría aquel bolso. Conseguirlo fue lo fácil, lo difícil fue convencer a Harry de que no podía ceder a sus emociones cada vez que se sintiera enojado por algo. No siempre obtendría algo a cambio. Debe respetar a su dominante incluso cuando no estén en una situación privada.
Louis decidió comprar el collar para Harry unos tres días después de sacar a Harry del callejón. Fue demasiado pronto, pero se dijo a sí mismo que debía hacerlo ya para que el collar no terminara siendo comprado por alguien más. De cualquier forma, envió dicho collar a que fuera personalizado y tuviera las siglas de su nombre y apellido en el interior del cuero negro.
Se abrocha por delante, justo donde la manzana de Adam se encuentra. No tiene candado ni muchos adornos, solo pequeños lazos azules que se relucen en la pieza. Un collar no tiene que ser tan llamativo, para que así pueda usarse incluso fuera del rol, pero Louis sabe que Harry adora las cosas brillantes y todo lo que pueda hacerlo destacar entre los demás, por lo que fue fácil escoger ese collar. Fue demasiado fácil saber qué tipo de persona es Harry desde un principio, no obstante, Louis deja que el asunto pase sobre él.
Cuando el sol comienza a esconderse tras los altos edificios, el maestro decide que es hora de tener todo preparado. Se dirige en silencio hacia la habitación que puso a su disposición para momentos así, donde quisiera cogerse a quien quiera sin el problema de que alguien más lo escuche gracias a las paredes insonorizadas que mandó a colocar, y aprecia todo el espacio y los objetos del interior cuando la llave termina de quitar el seguro. Dentro yace todo un espectáculo en colores morados y negros, solo porque el rojo realmente no le gusta demasiado.
Lo primero que ve es el columpio de cuero en media habitación, detrás se encuentra la enorme cama con sábanas fucsias oscuras de seda. Del techo, justo debajo de la misma cama, otro columpio se encuentra recogido para que no sea un estorbo. Pero su lugar favorito es donde se encuentra el strafbock, un mueble de madera que luce como un enorme asiento. A Louis le recuerda a las bancas de madera que se encontraba en la granja de su abuelo cuando lo visitaba fuera de la ciudad. La diferencia se encuentra en que el mueble de Louis está diseñado para que el cuerpo de su sumiso se recueste sin problema sobre la larga almohadilla que cubre toda la parte de arriba del asiento. A los costados, dos pequeñas tablas para las rodillas también están cubiertas por el mismo material acolchado de color negro.
Es perfecto para recostar a Harry y exponer toda su entrada, amarrarlo y tenerlo quieto mientras se folla su culo sin piedad.
Sobre una de las paredes también se encuentran el armario y la cajonera especial para sus juguetes, sus fustas, palas y látigos. Por supuesto, también tiene usual sillón tántrico frente a la otra pared.
Sin mucho más que hacer, Louis se dirige hacia la cajonera y abre el primer cajón, de allí toma el collar de Harry entre sus dedos. El olor a cuero llega enseguida a él, por lo que se dispone a abrir el segundo cajón donde guarda varias fragancias, velas y demás productos necesarios para las actividades que tiene en mente hacer dentro de la habitación. Perfuma el collar y lo lanza a la cama; también tira a un lado la correa de cuero opcional.
Pronto se encuentra sin camisa, solo con un bóxer totalmente negro que se presiona sobre todas sus partes. Se encuentra seleccionando una fusta del armario cuando la puerta es golpeada.
Es Harry. Louis abre la puerta y lo ve de pie frente a él, con la cabeza gacha y vistiendo solo la falda rosa que le compró semanas atrás.
—Entra —Louis ordena. Harry obedece sin chistar, sin atreverse a levantar la mirada y yendo a posicionarse exactamente como Louis le indicó antes—. Estás siendo un buen perrito.
Harry no responde. Abre mejor las piernas y permanece con las manos descansando sobre sus muslos, con las palmas hacia arriba y la mirada enfocada en el suelo de caoba.
—Puedes hablar —le indica el maestro mientras vuelve al armario y toca la fusta con mango rojo y tiras de cuero cortas al final de esta—. Voy a revisarte para ver si me has obedecido.
El chico rizado se levanta con la lentitud exacta, aún sin atreverse a su dominante. Lo siguiente que hace es abrir sus piernas mientras permanece de pie y juntas sus dedos detrás de su nuca.
—Te hice caso, amo —susurra—. No he tocado nada en mí sin tu consentimiento.
—Ya lo veré… —Louis se acerca a él con la fusta en mano. La pasea por todo el pecho del sumiso hasta llegar a sus pezones expuestos, los cuales se endurecen al pasar las tiras de cuero por encima de ellos. Harry, quieto en el mismo sitio, solloza una respiración—. Lo estás haciendo bien, relájate…
Harry asiente ligeramente.
Louis sigue con su trabajo, ahora la fusta jugando con el dobladillo de su falda. Al final, la alza lo necesario para que se pueda ver lo que el maestro desea: el pene de Harry ya se encuentra duro y levantado, rodeado por una ligera capa de vello púbico que Louis observa con atención.
—Está bien —termina diciendo—. ¿Recuerdas que hablamos sobre darme un regalo a cambio de yo darte el collar, Harry?
—Sí, amo. Mi cabello… —murmura con duda.
—No quiero tu cabello —Louis interrumpe—. Quiero que sea más íntimo… Quiero que seas más mío.
Harry y Louis se miran por un par de segundos, el rizado con la respiración acelerada y el castaño con las palmas heladas. Al final, el sumiso termina asintiendo y el maestro traga saliva con fuerza antes de regresar hacia su cajonera y sacar del primer cajón la tijera que compró para este momento.
El sumiso toma las tijeras sin chistar cuando se las entregar, pide permiso con la mirada y recibe un asentimiento que le permite alzarse la falda otra vez, tomar parte de su vello y cortarlo. Se lo extiende hacia su dominante con la mirada baja, casi tembloroso y demasiado excitado como para no suspirar como un enamorado. Louis también suspira como tal cuando toma la ofrenda que Harry le entrega.
La boca se le hace agua y se le dificulta caminar hasta llegar una vez a la cajonera, donde guarda la tijera y mete los vellos de Harry en un sobre rojo. Cuando regresa a él, el sumiso le mira con labios brillantes y la mirada casi perdida. El maestro lo ignora mientras va hacia la cama y toma el collar y la correa.
—Me la tienes que dar a mí. —Harry asiente mientras toma la correa, porque es algo que ya han hablado—. Ponte en posición.
Harry se mueve exactamente como debe hacerlo. Se arrodilla y se sienta sobre sus talones, alzando la cabeza alto y dejando expuesto su cuello tal como Louis se lo indicó varias veces. Sus manos yacen extendidas por encima de la falda, cruzadas en sus muñecas sosteniendo la correa de cuero. Louis desea atarlo, pero sabe que debe esperar un poco para poder hacerlo.
—Harry —Louis comienza con un nerviosismo que espera no hacer notar—, pondré este collar en ti con la esperanza de ser aceptado como tu dominante. A cambio, te prometo ser digno para ti, cuidarte, complacerte y atender tus necesidades por encima de nuestra relación y de mí mismo. Seré sensible a tus sentimientos y te apoyaré en tus deseos y peticiones. Honraré la confianza que posas en mí y te tomaré como mi responsabilidad agradeciendo tu confianza. —Louis toma un respiración, sin dejar de ver fijamente a Harry—. Tu confianza, la que nunca humillaré ni desprestigiaré. Creceré con ella y seré digno para ser tu amigo, tu pareja y acompañante. Ahora… te reconozco como mío y acepto tu regalo de sumisión. Este collar será el símbolo que represente mi pertenencia en ti.
El rizado sonríe, asintiendo.
—Acepto tu collar, reconociendo tu pertenencia en mí —lo dice de forma sistemática, como si lo hubiera repasado muchas veces. Y Louis siente que no es buena señal, aun así, le sonríe y también asiente hacia sus palabras. Acorta la distancia mientras abre el collar, y lo envuelve alrededor del cuello de Harry, sintiendo cómo su piel se calienta bajo su toque—. Prometo ser digno de ti. Prometo honrarte, cuidarte, complacerte y atender tus necesidades por encima de nuestra relación y de mí mismo. Agradezco la confianza que has puesto en mí y tomo la responsabilidad que conlleva esta relación y este gesto de confianza. Tu confianza, la que nunca me atreveré a romper. Me esforzaré para ser digno de ti, para ser tu amigo, pareja y acompañante. Nunca olvidaré que esta es una relación de amor. —Harry extiende la correa hacia Louis, aún con sus manos cruzadas—. Te reconozco como mío y acepto tu regalo de dominación. Esta correa es el símbolo que representa du dominio sobre mí.
—Acepto tu correa —Louis susurra, cerrando el collar y tomando la correa de Harry—. Ahora eres mío…
—Ya lo era, amo. —Harry sonríe con coquetería.
Louis no espera más para arrastrar a Harry y tumbarlo sobre el borde de la cama. Presiona sus manos por encima de su cabeza y arranca la falda de él, descubriendo alrededor del agujero de Harry el plug con diamante que regaló durante la primera noche que estuvieron juntos.
(…)
Harry ahoga los gemidos en la almohada debajo de él, a la vez que Louis persiste en embestirlo mientras lo clava sobre dicha almohada.
—P-papi —suplica con dificultad.
Louis ignora los gemidos de Harry y sigue follando su culo con fuerza. Tira de la correa de su sumiso y lo obliga a levantar el rostro.
—Mírame —gruñe entre dientes, al borde de correrse. Harry obedece con lágrimas corriendo por sus mejillas, con la boca abierta y la lengua afuera. Louis escupe sobre ella, mete cuatro de sus dedos al interior y comienza a joder también su boca mientras sus dedos tocan lo profundo de su garganta, provocándole al pobre chico ahorcadas que debe aguantar—. No quiero que hables, cachorrito. Papi está cerca de darte lo que quieres…
Antes esas palabras, Harry empuja su culo hacia el pene de Louis, recibiendo gustoso sus embestidas por mucho que también se contenga de correrse. De hecho, no es que se esté conteniente: Louis colocó un cockring en la base de su miembro para que no se corriera sin su permiso como sucedió la última vez.
—Tan cerca… —Louis empuja con las fuerza, tanto su cadera como los dedos dentro de la boca de Harry.
El sumiso no se mantiene callado, pese a ello. Suelta quejidos que se combinan con el sonido húmedo que se forma durante cada embestida. Las mejillas traseras de Harry están rojas y mojadas por…
—Ugh. —Louis tira la cabeza hacia atrás mientras se corre.
La mejor sensación del mundo es esa, cuando su corrida se mezcla con la humedad dentro del apretado agujero de Harry. Puede sentir cómo su semilla se esparce dentro de él y la manera en que busca salir cuando se retira de él con lentitud. Pero Louis es ambicioso y ama ver a Harry suplicando y jadeando, así recoge todo lo que puede de su corrida con la punta de su pene y vuelve a introducir su semen dentro de él, al lugar donde pertenece.
Cuando queda satisfecho, saca los dedos de la boca de Harry y embarra los rastros de saliva por todo su pecho, tirando con brusquedad de su pezón derecho a tal punto que la piel se expande. Harry, que se encuentra demasiado ocupado en su subspace, no emite ni un solo sonido mientras cae como peso muerto sobre las sábanas blancas.
Louis ríe un poco, acercándose hasta él y acomodándolo sobre su pecho.
—Lo hiciste bien, bonito —le susurra mientras aparta su cabello de la frente. Harry se queja bajito, sacudiendo sus piernas y parpadeando con los ojos casi en blanco—. Estoy muy orgulloso de ti, amor…
Louis retira el cockring de Harry con cuidado, sin atreverse a tocarlo.
—Amo… —Harry murmura en medio de su viaje, sacudiendo sus caderas cuando el juguete de metal está lejos de él—. Quiero…
—Shh, ya sé lo que quieres, bebé. Te lo daré —le promete antes de comenzar a bombear su miembro.
A Harry le toca un poco más de un minuto para correrse sobre la mano de su maestro, su cintura simulando embestidas mientras su rostro se esconde en el sudado cuello de Louis. Cuando el temblor en todo su cuerpo se detiene, es capaz de sentir los besos que su amo deja sobre él; en sus labios, mejillas, frente y hombros cubiertos.
—Gracias, amo. —Harry limpia sus ojos con su mano hecha puño—. Estoy cansado…
Louis lo envuelve en una sábana, sin que importe mucho si la misma está limpia o no.
—Iré a buscarte algo de comida. No te duermas mientras tanto, ¿me escuchaste?
—Sí…
—Si te encuentro dormido, azotaré tu culo hasta que despiertes y entonces te haré comer mi polla otra vez. —Harry ríe, asintiendo—. Estoy hablando en serio, Harry.
Pero la sonrisa en su rostro no dice lo mismo.
—Sí, ya te escuché.
Sin embargo, Harry está dormido cuando Louis regresa con un jugo de naranja en botella y un sándwich. A pesar de ello, Louis arrastra a Harry hasta que está sentado sobre su regazo desnudo y lo obliga a alimentarse.
—¿Mañana saldrás?
—Sí —dice el rizado con la boca llena.
—Harry —llama Louis en tono de advertencia.
El sumiso traga la comida y sonríe con fingida inocencia antes de poder hablar.
Son tantas las reglas que debe seguir, que a veces las olvida todas de un rato para el otro.
—Abrirán una nueva tienda unas calles hacia abajo. Es de trajes.
—Tú no usas trajes —le recuerda—. Eres más de tops y esos pantalones cortos sueltos que tanto me encantan. —Louis besa la mejilla del rizado mientras este se encuentra pensando a qué hora es adecuado estar en la inauguración de una tienda.
—¿Me puedes recoger luego? Estoy seguro de que acabaré con las piernas destrozadas.
—No piensas recorrer todo el local, ¿verdad?
—Si no lo hago luego me dará ansiedad. —Harry ni siquiera está bromeando.
Louis rueda los ojos y no responde, aun así, el rizado sabe que su maestro estará allí para él.
Un dato más que descubrió de Louis luego de haber recibido el collar de consideración, es que se lo puede manipular demasiado fácil. Hacerlo mientras ambos están follando es lo único complicado, porque Louis no cede por mucho que Harry le suplique que quiere correrse o que desea tocarlo como él desea. Luego, cuando Louis ya se ha corrido y entra en aquella fase de estar al pendiente de su sumiso, Harry sabe que es el tiempo perfecto para pedir todo lo que desea. De cualquier forma, incluso si no se encuentra en ese estado de ánimo, resulta relativamente sencillo para Harry tener la tarjeta de crédito de Louis.
—Puedes comprar lubricante, ya que estarás de compras.
Harry traga lo último de sándwich con los ojos en grande.
—¡No lo haré! —chilla—. ¿Eso no es algo que debe hacer el dominante?
Louis suspira, entregándole el jugo a Harry.
—Pero yo no soy quien lo usa, Harry.
Es turno de Harry para rodar los ojos.
—Está bien, voy a comprar el maldito lubricante para mi flaco trasero.
—Yo no diría que es flaco. —Harry golpea a Louis en el hombro mientras ambos comienzan a reír a carcajadas.
Durante el mes que llevan siendo sumiso y dominante, han soltado muchas iguales, pero ninguna se sintió como la última. La que sueltan en ese instante tampoco, sin embargo, lo es.
Harry va a la apertura de la tienda con su mejor ropa. La camisa de lana que lleva puesta recae sobre sus hombros y deja expuestas sus clavículas, por otro lado, el pantalón de tela se aprieta contra su plano estómago y termina con las bastas anchas. No resulta complicado caminar con un pantalón como ese cuando llevas unos tacones negros altos que apenas logran verse bajo la tela, pero que le dan la elegancia necesaria al look como para que varios en la tienda le sonrían y le ofrezcan productos gratis.
Antes, cuando no tenía ni un centavo para un pan, soñaba con ser un diseñador de modas reconocido que no tuviera que penar por ropa nueva para vestir. Cada una de las piezas de ropa que utilizó mientras estaba en la calle le pertenecieron a otra gente antes de él. Nunca tuvo nada nuevo en su vida hasta que Louis apareció y le ofreció la vida que tanto soñaba por las noches, cuando las pesadillas también se cansaban y le permitían creerse por un instante con el derecho de fantasear con tener algo suyo.
Ahora tiene tanta ropa que ya comenzó a donarla a la caridad. Lleva un mes y medio fuera de las calles, dos armarios llenos y tres estanterías grandes para sus zapatos. Louis incluso mandó a remodelar el lugar para que su armario fuera del tamaño de una habitación. Al final de cuentas, no necesitaban la habitación de huéspedes. Las únicas personas que los visitaban eran los señores de la limpieza y las mujeres que le servían la comida a Harry cuando Louis no se encontraba en casa. Nadie se quedaba tanto tiempo con él. De hecho, la persona que más tiempo pasaba con Harry era el chofer; aun así, este poco hablaba.
—¿Algo más, señor?
—Señor no —Harry le corrige con espanto—. Y eso es todo.
La mujer le asiente y comienza a guardar la joyería que Harry seleccionó para él. Hay un collar de perlas, un par de pulseras y un hermoso anillo con varios diamantes incrustados en él. Sabe que este último le encantará a Louis. Él ama regalarle diamantes cada vez que tiene la oportunidad.
—Uhm… ¿Hay una farmacia aquí?
—En el tercer piso, joven.
—Estaré de regreso pronto. —La mujer le asiente—. Tú… Quédate aquí, voy a comprar algo.
—No puedo dejarte solo —le recuerda el chofer—. El señor Louis me dijo…
—El señor Louis no va a querer que me veas comprando lo que voy a comprar —le dice con arrogancia—. Así que quédate aquí. Cuida las bolsas, no demoro.
El chofer no chistea.
Harry se toma su tiempo para subir al tercer piso. Les echa el ojo a varias tiendas del lugar, por mucho que no sean el tipo de tienda que él visitaría. Llega a la farmacia antes de darse cuenta y camina con seguridad hacia la zona de cuidado íntimo.
Para su grata sorpresa, resulta que hay varios tipos de lubricantes disponibles, todos con una cualidad distinta que hace fruncir la frente al rizado.
—¿Necesitas ayuda?
El chico de rizos alza la mirada del lote de lubricante de fresas que sostiene y mira hacia el señor a su lado.
—¿Me hablas… a mí?
El señor, que no luce demasiado mayor, asiente hacia Harry con una sonrisa de costado. Harry, disimuladamente, se palpa el cuello para darse cuenta de que no lleva el collar de sumisión. Se lo quitó para probarse uno de los collares que se compró y se olvidó por completo volverlo a dejar en su cuello.
—Sí, te hablo a ti. ¿Necesitas ayuda en algo? —Es claro el tono de coquetería que usa.
—Uhm, bueno… Estoy tratando de hallar el lubricante adecuado. —Harry le sonríe y le muestra el que tiene en las manos, confundido—. No sé cual sea adecuado para mí.
—Oh, este es bueno. No necesitas calentarlo ni nada de eso. —Él lo toma de sus manos, quizá demorándose más de lo debido—. ¿Lo quieres para… algo en específico?
Harry se sonroja y aparta el toque.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunta a cambio. El chico suelta una pequeña risa y mete su mano en su bolsillo, de donde saca una tarjeta que no demora en entregarle a Harry. Él lo lee interesado—. Jason —susurra con sorpresa—. Eres el Jason de la propaganda de bienes raíces.
—Ese mismo. —Asiente con orgulloso—. ¿Y tú eres…?
Harry estira su mano hacia él, todavía con las mejillas sonrosadas.
—Harry Styles, un chico con suerte —murmura—. No tengo millones en mi bolsillo ni un honorifico en una tarjeta de presentación.
Jason vuelva a reír, tomando la mano que Harry estira hacia él para saludarlo y luego para entregarle el lubricante. Se toma la molestia de asegurarse que Harry sujete bien el lubricante entre sus dedos.
—Entonces déjame invitarte esto —le dice en tono bajo y con una sensualidad que logra derretir a Harry a tal punto de inclinarse cerca de él—. También podría invitarte un trago y ver qué…
—No.
Louis parece de la nada. Tira del brazo de Harry que Jason sujeta y lo con fuerza contra su pecho. Harry, aturdido por el movimiento, mira a Louis sin comprender lo que está sucediendo hasta que todo cae sobre él como un enorme piano.
—Louis…
El dominante no emite ni un ruido más. Simplemente, afirma su agarre en el brazo de Harry y se lo lleva a rastras hasta las escaleras. Ninguno de los dice palabra alguna hasta que llegan al auto, Harry por la sorpresa de haber sido descubierto y Louis por la furia que acumula en su interior.
Cuando ambos ya se encuentran dentro del auto, Louis es el primero en hablar antes de que Harry pueda justificarse.
—¿Dónde está el collar? —le pregunta sin mirarlo, fijando su atención en el asiento de adelante.
Harry, avergonzado, mira al chofer que maneja y trata de hallar su bolso en el algún sitio del auto.
—Me estaba probando…
—¿Dónde está el maldito collar, Harry? —Esa vez, Louis realiza la pregunta mirándolo a los ojos.
—En el bolso… Lo dejé en el bolso.
—El bolso —Louis le dice al chofer, quien enseguida saca la cartera plateada de Harry de la guantera. Se la entrega a Louis sin decir palabra alguna, y este revisa el interior de la bolsa hasta que encuentra el collar y se lo tira a Harry sobre su regazo—. ¿Qué demonios crees que estabas haciendo?
Harry mira el collar, sin saber qué hacer.
—Louis, yo…
—¿Has olvidado tus malditas promesas, Harry? ¿Lo de ser digno fue meramente algo aprendido para ti?
Harry observa el rostro reflejante de dolor de Louis, sintiéndose culpable por haber sido descubierto.
Louis se mantiene en silencio por el resto del camino. Aun cuando se encuentra enojado, ayuda a que Harry pueda bajar del auto y lo toma de la mano mientras caminan hacia el interior del edificio. En el ascensor, Harry puede percibir la furia aún emanando del cuerpo del dominante, pero se mantiene en silencio mientras los dos esperan a ser dejados en su piso. Cuando eso sucede, Harry deja que Louis lo lleve hasta la habitación especial.
—Quítate la ropa —le dice sin mirarlo. Louis se desnuda por su cuenta, rebuscando en el armario.
Harry obedece con una sutil sonrisa pintada en sus labios. Totalmente desnudo, se recuesta en la cama y cruza las pierna mientras sigue a Louis con la mirada.
Pocas veces ha tenido la oportunidad de estar en la habitación especial de Louis. Su lugar favorito en definitiva es el columpio, tiene un buen recuerdo de ello. Espera a que alguna vez se pueda repetir lo que sucedió semanas atrás.
—Voy a darte diez nalgadas con esto… —Harry mira la pala negra que Louis le muestra, asintiendo con una sonrisa—. Vas a agradecerme después de cada golpe. ¿Recuerdas tus palabras de seguridad? —Harry vuelve a asentir, levantándose de la cama y esperando a que Louis se siente en ella para estar en su regazo—. Dime si lo has entendido o no, sumiso.
El chico se sorprende por el término.
—Uh… Sí, amo.
Sin expresión alguna en su rostro, Louis se sienta en el borde de la cama y palmea sus piernas para que Harry pueda estar sobre él. El rizado obedece sin chistar, alzando su culo y dejando que Louis lo acaricie y lo acomode.
El primer golpe sucede, sorprendiendo a Harry.
—Gracias, amo… —Harry susurra inseguro.
—Dilo fuerte. —Otro golpe en su culo, mucho más duro.
—Gracias, amo.
Las otras ocho suceden igual, teniendo a Harry en llanto cuando llega al quinto golpe. En cuanto acaban, Louis tira la pala al otro extremo de la habitación y voltea a Harry en su regazo, acomodándolo sobre la cama y arrimando sus piernas contra su pecho.
Harry está más sorprendido que antes por la actitud de Louis. Lo que esperaba eran caricias y las palabras reconfortantes que Louis siempre le dice después de golpear su culo, por mucho que las veces anteriores hayan sido con su mano y solo unas cuantas. Sin embargo, no puede quejarse para cuando Louis ya se encuentra alineándose en su entrada.
—No tenemos lubricante —dice mientras se empuja entre sus nalgas—, así que lo haremos así.
El rizado asiente, tratando de no tomárselo como un gran problema. De hecho, lo disfruta mucho cuando la punzada en su parte baja se mezcla con la necesidad de tener a dueño cerca. Pronto se encuentra gimiendo mientras ayuda a Louis a mantener sus piernas en el mismo lugar sobre su pecho.
—Amo… —gime, mordiéndose el labio y sintiendo la brusquedad de las embestidas de Louis—. ¡Amo, amo!
Louis no responde. Y Harry comienza a sospechar que las cosas no van a terminar del todo bien cuando toma su propio miembro entre sus manos y comienza a masturbarse.
Al final, los dos se corren al mismo tiempo, pero Louis no hace esa cosa que Harry tanto adora que haga. Harry piensa que es porque se moverá hacia él para abrazarlo y consolarlo, por fin le dirá que lo hizo bien y que le quiere… Pero eso no sucede.
Harry se sienta mareado de la cama, observando a Louis también sentado a un lado con la cabeza entre las manos. Repentinamente, el rizado siente que le falta el aire. Un enorme agujero se abre en su pecho y la desesperación toma lugar sin que pueda hacer algo, tan vulnerable que solo se echa a llorar en silencio con unas intensas ganas de ser consolado.
Una vez más, no sucede. Louis lo escucha llorar desde su lugar y no hace nada, no responde. Se mantiene en sumo silencio.
—Dia-… Diamante —Harry dice su palabra de seguridad entre sollozos y respiración entrecortada—. Mi señor… —vuelve a suplicar—, diamante.
Louis niega.
—Ya no estamos haciendo nada —le dice en seco.
Harry siente como si hubiera sido golpeado en el pecho.
En medio de su desesperación, busca su collar. No lo encuentra, y entonces recuerda que lo dejó en el auto. Lo volvió a olvidar.
—Amo, no…
—No quiero escucharte —Louis dice con fastidio. Harry exhala ante su tono—. No quiero escucharte ahora, Harry. Cállate por un segundo.
—No, no… Mi señor, yo no… Lo olvidé porque… Yo no…
Louis se levanta de la cama y camina hacia la pala que antes tiró. La recoge, aún sin decir nada, y es el silencio más dañino que Harry ha tenido en su vida. Ni siquiera los callejones más solitarios le produjeron el mismo temor que siente ahora.
—Diste tu palabra y te importó una mierda —Louis susurra. Harry lo escucha atento, con las lágrimas secándose en sus mejillas y queriendo derramar muchas más.
—¡No hice nada! —chilla—. ¡Solo estaba hablando con él!
—Te dio su maldita tarjeta y tú la tomaste, Harry. Te vi haciéndolo.
Harry se sonroja de la pena.
—¡Ni siquiera sé dónde está ahora! ¡Dios, es una maldita tarjeta! —Se limpia el poco rastro de lagrimas que quedan en el con furia—. ¡No me cogió, no me folló!
Louis guarda la pala en su lugar, ignorando a Harry.
—Da igual si no lo hizo —dice al finalizar—. No llevabas el collar y cediste a sus provocaciones. No tuviste la decencia de decirle que tenías un dominante y un acuerdo conmigo.
—¡No he firmado ni un jodido acuerdo! ¡¿Por qué te tomas esto tan en serio?!
—¡No firmamos nada, pero me diste tu jodida palabra! —grita en respuesta—. ¡No respetaste nuestra relación, maldita sea! —Harry observa cómo Louis patea las puertas de su armario.
Parpadea, sintiéndose también enfadado.
—Ahora sí que somos novios, ¿no? —dice de forma sarcástica. El rostro le duele por las terribles ganas que siente de echarse a llorar, pero no piensa mostrarse débil por algo tan absurdo.
Louis se gira a mirarlo, como si Harry le hubiera clavado una estaca en su pecho. Para el dominante, eso es exactamente lo que su sumiso hizo al entregarse y coquetear con alguien más. Por quitarse el collar y creer que las promesas dichas durante la ceremonia no valían nada.
—Es algo que va más allá de ser novios, Harry… —Pese a su enfado, ya no grita—. Debemos mantener el respeto hacia nuestra relación, incluso si no podemos llamarnos novios. Yo lo dije y tú lo dijiste, pero al parecer soy el único idiota que se ha estado tomando esto en serio. Soy el único idiota que se ha tomado tantas molestias para que estés cómodo y nada de esta vida te incomode…
Harry rueda los ojos para ocultar la humedad en sus ojos.
—Es un maldito juego que te estás tomando muy en serio. —Apenas lo dice, se arrepiente.
Louis no le responde. Simplemente suspira, camina hasta la cama y se sienta en el borde de esta, dándole la espalda a Harry una vez más. El rizado, quien todavía siente el agujero en su pecho y un sentimiento raro que no le es para nada cómodo, hace el amague de acercarse a él, pero el castaño se levanta antes de que pueda tocarle el hombro.
Harry no sabe cómo asimilar lo que está sintiendo.
—No te lo dije… —comienza Louis en voz baja, aún de espaldas—, pero un dominante puede darte otro collar… Se le llama collar de protección, para que los demás sepan que un dominante te protege, así no podrán acercarse a ti para hacerte lo que quieran.
Harry arruga la frente, sin comprender.
—¿Por qué…? ¿Por qué me estás diciendo esto?
Louis por fin se gira, mirándolo fijamente a los ojos.
—Si otro dominante te ve, sabrá que tienes experiencia y te será más fácil.
Harry no lo sabe, y tal vez no lo entienda aún, pero para Louis el asunto va más allá de un simple coqueteo… Para él representa no haber sido suficiente, tanto así que su sumiso tuvo que buscar los brazos de otro para sentirse completo y atendido. Para Louis, que Harry hubiera hecho lo que hizo, significa que simplemente no siente lo mismo que Louis lleva sintiendo desde un principio.
—¿Qué…? —Harry recoge la sábana con la que se cubre, intentando levantarse de la cama. El cuerpo le falla, pese a las ganas que tiene de correr y abrazar a Louis.
—¿Quieres el collar de protección?
Louis no lo dice, pero Harry sabe lo que significan esas palabras. Louis está rompiendo con él; lo está dejando libre.
—Louis… —llama, sin evitar que el nombre de su amo abandone sus labios. Cuando Louis reniega verlo otra vez y toma sus ropas del suelo, Harry se siente incapaz de demostrar lo que siente en su interior. No sabe cómo pedirle disculpas y demostrarle que lo siente; se sospecha que, pese a que hayan sido horas desde el suceso, ya es demasiado tarde para hacerlo. No debió hacerlo desde un principio—. No, no lo quiero…
—Está bien. —Louis abandona la habitación.
Pero nada lo está, porque Louis también abandona la vida de Harry como consecuencia de los actos que él mismo quiso llevar a cabo sin siquiera llegar a cuestionarse lo que ello significaría para Louis, e incluso para él mismo, porque en ese instante siente que ha sido abandonado en la misma calle donde fue recogido. Sin embargo, el dolor en su cuerpo y corazón no se deben por haber regresado al mismo inicio, sino por saber que quizá ya no volverá a tener a Louis en su vida.
(…)
// Diez años después //
Louis está demasiado nervioso. No quiere estar en este sitio, pero se ha cansado de llamar entre sueños a alguien que no vendrá a consolarlo.
En la entrada del lugar, le piden la invitación que compró a más de cinco mil dólares. Y la recepción ya lo vale cuando es recibido por varias chicas y chicos que portan mordazas y andan desnudos entre cada invitado mientras ofrecen algo de beber. Louis simplemente les sonríe y niega con la cabeza, adentrándose a la fiesta de prisa.
Trata de convencer a su mente que, en realidad, ha ido a la fiesta para buscar un nuevo sumiso. El asunto con Charles no resultó del todo bien, tal como viene sucediendo con sus sumisos anteriores. Ya ha perdido la cuenta de cuántos ha tenido desde que pasaron los diez años desde su primer sumiso real: Harry. Pero si es honesto consigo mismo, se encuentra allí por él.
Lo ha visto desde las pantallas desde entonces. A veces es realmente difícil pensar que lo tuvo en su cama, que observó la forma en que respiraba mientras dormía cuando lo ve en la televisión siendo uno de los más grandes representantes de la moda. Ahora es una celebridad, y Louis sigue siendo Louis. Ahora Harry es incluso más rico de lo que alguna vez lo fue Louis durante el tiempo que estuvo junto a él. Harry ya no viste ropa holgada y vieja, ya no para en una esquina a la espera de que un milagro suceda; su ex sumiso ahora vive como un rey, la vida exacta que Louis esperó darle con el tiempo.
Ya no lo tiene cerca, ya no lo puede abrazar. Durante un tiempo le costó demasiado asimilarlo, tanto así que se obligó a asistir a terapia y dejó atrás el mundo del BDSM por un par de años hasta que tuviera la estabilidad mental de poder pasar la página. Sin embargo, de vez en cuando le gusta retroceder en la historia e imaginarse lo que hubiera podido ser. Le gusta dormir con el collar que fue de Harry cuando las noches se vuelven demasiado complicadas como para echarse a dormir sin pesar.
Ni siquiera le guarda rencor a Harry por reemplazarlo con otro dominante. No lo odia en lo absoluto, por mucho que se haya dicho que lo hacía en un principio. Lo ama. Él ama a Harry, a su niño necesitado, que no supo lo que era amar como para poder compartir el sentimiento. Ahora lo entiende.
—¿Algo para beber? —Un chico se le acerca provocativamente. Llevaba una cuerda atada en el cuello que rodea todo su torso hasta su parte baja, donde la cuerda se divide en dos y se pierde en su parte trasera.
—No, gracias. —Louis se separa de él luego de darle una sonrisa.
Hay muchos más chicos como él, varios recostados en las diversas camas que hay en el lugar. Varias chicas también se hacen presentes de la misma forma, y todos se dividen en múltiples actividades que Louis decide pasar por alto mientras camina hacia uno de los sofás alejados.
Desde su asiento en la obscuridad, observa todo con aburrimiento. El sitio pronto se inunda de diversos olores conocidos; del sudor, de lubricante, incluso del látex. El que más resalta es, por supuesto, el olor a sexo. Pero Louis no está interesado, incluso se debate en irse pasada la hora y media cuando siente que está a punto de quedarse dormido. Ha rechazado a varias personas que se ofrecieron a estar con él y aceptó alrededor de cinco vasos llenos de whisky que lo ha dejado lo suficientemente mareado como para caer desmayado sobre el mismo sofá.
—¿Estás solo? —Louis mira hacia el chico quien le habla.
—No estoy interesado —murmura.
El chico ríe, sentándose a su lado de todas formas.
—Está bien —responde—. Te he visto solo desde hace un rato.
—¿De verdad? Entonces, vete.
Louis escucha al sujeto suspirar a su lado, acercándose más a él sin prestar atención de cómo el castaño lo ignora gloriosamente.
—¿Estás buscando a alguien?
—No.
—Parecías buscar a alguien.
Louis se gira a mirarlo. Justo en ese instante, comienza a alucinar con el rostro de Harry.
—Vete de aquí —le vuelve a pedir, con mucha menos fuerza—. Te dije que no estoy interesado. No estoy buscando sumiso.
El chico arruga la frente y se acerca más a él. Louis puede sentir su respiración chocando en su rostro.
—No —susurra lentamente—. No estás buscando un sumiso… Estás buscando al tuyo.
Louis arruga el entrecejo. Parpadea varias veces para poder limpiar la imagen que está viendo, pero el rostro del chico no cambia para nada. Sigue siendo Harry… Es Harry.
—¿Harry?
Por fin, el chico sonríe y asiente.
—¿Estoy demasiado viejo que ya no me reconoces?
Louis lo mira fijamente, sin poder creérselo. Quiere decirle que sí, a cambiado demasiado tanto desde la última vez que lo vio, pero que aun así sería capaz de reconocerlo en cualquier lado. Quiere decirle que lo ha imaginado tantas veces a su lado que la realidad se ha vuelto ficticia desde que lo dejó.
—Ya no eres un niño —es lo único que puede decir.
Harry se ríe de forma delicada y niega.
—Pero nunca lo fui —le recuerda—. Me portaba como uno, pero nunca lo fui…
Louis traga saliva, sintiendo que las lagrimas se le van a caer en algún rato.
—Eras mi niño —confiesa con temblor en el suspiro que luego suelta—. Para mí, eras mi niño.
La sonrisa en Harry se borra enseguida y aparta la mirada. Louis duda en disculparse o no; al final, no sabe si realmente Harry es quien se encuentra delante de él. Ha tenido tantas conversaciones solo, con meras sombras que fingen ser él.
Estuvo a punto de levantarse e irse a casa cuando la sombra, Harry, se lo impide al sentarse sobre su regazo.
«Se siente igual», es lo único que puede pensar Louis mientras sus manos lo sujetan.
—Mi señor —Harry dice. Le sostiene las manos y se las guía hasta su rostro, para que acaricie sus mejillas. Louis lo hace con el mareo provocando un agujero en su estómago; en realidad, es el mismo Harry quien lo provoca—, sigo siendo tu niño. Sigo…
—¿Harry? —Louis vuelve a preguntar con inseguridad.
—Sí, sí, soy yo… —No lo cree hasta que las lagrimas del chico comienzan a mojar sus manos. Solo entonces su agarre sobre su rostro tiene seguridad, y comienza a mover sus dedos para palpar la piel debajo de sí—. Soy yo, mi señor… Soy yo.
Harry se deja caer sobre su frente hasta que sus narices rozan. Louis ya no duda más, no puede hacerlo porque ni sus mejores fantasías hubieran creado lo que sucede luego… Porque Harry besa sus labios y los mueve con delicadeza, permitiendo que su lengua se tome su tiempo para salir y enredarse en la lengua contraria. Los gemidos que él suelta tampoco son producto de su imaginación, ni la forma en que se abraza contra su cuerpo y luego se separa para acurrucarse en su cuello.
—… Eres tú —Louis dice con sorpresa, apretando el cuerpo contrario contra sí mismo—. De verdad eres tú…
Harry se separa para asentirle en respuesta.
—Yo… —Traga saliva audiblemente—. Yo te busqué… Traté de ir al departamento, pero… pero ellos me dijeron que te habías ido. Que te fuiste del país y no regresarías a casa y yo… —solloza, interrumpiéndose para negar—. Yo lo siento mucho, Louis… No sabes cuánto lo siento.
Louis vuelve a sostener su rostro, pasmado por sus palabras y por tenerlo tan cerca.
—Estás aquí…
Harry le asiente con una sonrisa tímida, aún llorando.
—Te juro que… —Suspira profundo, avergonzado—. Te juro que no busqué a nadie. No se sentía bien. No estuve con nadie durante mucho tiempo porque… porque no eras tú y no quería. Me costó tanto estar con alguien, pero comprendí que… Comprendí por qué yo estuve mal. No sabía lo que quería hasta que ya no te tuve, Louis. Me sentí vacío y… me quería morir por lo que te hice.
Esa vez, quien lo besa es Louis. Se toma su tiempo para explorar su boca, sin miedo a quedarse sin respiración cuando sus propios sollozos intentan interrumpir el momento. Pero Louis no deja que suceda hasta que el pecho le duele tanto, hasta que el corazón parece haberse olvidado del dolor que cargaba por años.
—Yo también te busqué —le dice en voz baja, con ambas frentes juntas. Intercambian respiraciones y se regresan el aliento—. Te busqué entre sueños sin rendirme, pero nunca… Nunca me atreví a verte de frente por miedo a…
Harry niega, apretándose más a él.
—No, no… Yo tenía miedo a que me rechazaras, tanto miedo que me rendí… —Harry se ríe, sonando más herido que cualquier otra cosa—. Pero supe que estarías aquí y yo… Solo te vería de lejos y me iría, te lo juro, pero no pude… No pude irme. Quería disculparme contigo… Quería decirte que te amo.
Louis cierra los ojos, suspirando.
Los recuerdos de Harry dejando atrás su collar aparecen frente a él, tan vividos que lo ahogan en dolor. Pero rápidamente desaparecen cuando Harry vuelve a apretarse contra él, lloriqueando en necesidad y sintiéndose tan sincero.
—Yo también te amo —le dice en voz baja, tan baja que Harry llora con tanta fuerza para remediarlo. Llora tanto que Louis deja que se abrace a él hasta que el temblor de su cuerpo se calme.
De repente, no han sido diez años los que han pasado. El Harry que se encuentra entre sus brazos es el mismo que recogió de la calle, solo con la mirada distinta. Solo con los sentimientos tan cambiados que lo próximo que le dice es que lo ama más que a nada en el mundo.
Nota: holaaa, es mi primer one shot basado en el bdsm, así que pido disculpas públicas. de todas formas, algunas cosas están hechas mal a posta para poder reflejar un poco cómo tanto Louis y Harry no supieron llevar bien esta vida; Louis por complacer a Harry, y Harry por tomárselo a juego.
el one shot forma parte de un fest, pero realmente no recuerdo cuál): si saben pueden hacer saber para dar créditos correspondientes del prompt, porfa y graciasss.









es la primer historia que leo de esta pareja después de más de un año donde (con disculpa a los títulos que me encontré) todo lo que leía me parecía demasiado soso, no digo que esta historia me sacó del bloqueo lector pero si me dejo un buen sabor de boca para seguir leyendo.