Uno
Jihyo caminaba por las calles de Japón, había viajado hasta allí, desde su país natal, Corea del sur, para conocer a sus familiares de parte de papá. Fue obligada a ir por su madre, y no tuvo nada que hacer.
Una extraña persona encapuchada pasó corriendo a su lado, dejando caer un extraño objeto de su bolsillo. Jihyo intentó avisarle sobre esto pero ya era tarde, se avía marchado. Esta con curiosidad se acercó para tomarlo. Parecía ser una brújula descompuesta. La guardó en su cartera y siguió caminando.
Estaba en busca de algún local para poder comprar el pan de la once. Luego de eso iría a dejar el extraño objeto encontrado en una estación y pudieran devolverla a su dueño.
Caminó y caminó, cuando a lo lejos vió un almacén. Frente a él alguien encapuchado, dejando ver únicamente sus ojos la miraba fijamente. "Es el" se dijo a si misma. Aceleró el paso. Que la mirara tanto ya le empezaba a incomodar.
—¿Por qué tan sola? Se ve que está perdida— dijo con un tono un tanto extraño. Su voz sonaba a la de un joven hombre
Le preguntó que es lo que buscaba para acegurarse de que fuera el chico que paso corriendo a su lado pero no obtuvo respuesta.
Se fue acercando cada vez más a la puerta del lugar y alejarce del encapuchado.
La dueña del lugar la miró preocupada.
—¿Se siente bien?
Jihyo asintió y compró lo mas lento posible para asegurarse de que al salir estaría libre de cualquier cosa.
Se despidió con una sonrisa nerviosa y se fue alejando. Ya se sentía a salvo cuando sintió un silvido tras ella no muy lejano. Se paralizó por un segundo y siguió luego su marcha sin prestar atención a nunguna palabra o sonido.
Un hombre que observaba todo se puso entre medio de estos dos para generar una distancia notoria y Jihyo pudiera seguir tranquila su recorrido, "Oh, muchas gracias". Jihyo le hizo un gesto de agradecimiento al chico.
Llegó sana y salva a la casa de sus abuelos, tíos, no sabía de quien exactamente. Buscaba su celular entre sus cosas y se dió cuenta que olvidó ir a la estación. No volvería a salir. Tomó la rara brújula y giró las ruedas a sus costados. "50 años. P." Presionó el único botón que este tenía y comenzó a sentir una rara sensación, como si estuviera flotando. Cerró los ojos un momento y cayó de golpe.








