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Más allá de las Nornas.

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Summary

Bestla Olafddøtir, una escudera, es entregada para desposarse con el que ha sido su mejor amigo de la infancia, Asger Baldersson y quien ahora dirige el destino de su clan. Sin embargo, su familia no está de acuerdo y quieren obligarla a ser una völva. Según los preceptos las aspirantes debían mantenerse puras para que su vínculo con los dioses fuera fuerte. Ella, no obstante, se niega a serlo y a renunciar a su amor. El jarl Asger muere justo en la ceremonia delante de todo su clan. El fallecimiento es tomado como castigo de los dioses tras la dura acusación de su prima Weth Svenddøtir. Bestla se convierte en una paria. Años después estalla una guerra entre clanes. El suyo la entrega como ofrenda de paz a un sangriento jarl enemigo. Pero, el destino tiene un sentido del humor muy curioso... Más allá de las Nornas.

Status
Complete
Chapters
31
Rating
n/a
Age Rating
18+

El retorno de la expedición.

—Lo tengo a tiro—susurró Asger, mi mejor amigo, tensando su arco a mi lado.


—Despacio—dije y acaricié su suave mano indicando que no hiciera más ruido del necesario.


De repente escuchamos el inconfundible sonido de la punta de una flecha estrellándose contra la piedra al lado del enorme alce que estábamos a punto de cazar.


El gran animal levantó la cabeza mostrando su imponente cornamenta de doce puntas, soltó un terrible balido mirándonos con furia y cargó contra Asger y yo.


Los dos maldijimos y echamos a correr lo más rápido que nuestras piernas lo permitían. Entonces teníamos diez años.


La risotada de mi prima Weth, de catorce años, junto con sus amigos en la dirección contraria me puso furiosa.


Amaba a mi prima con locura pero, a veces, era una completa gilipollas.


Trepé deprisa a un árbol tratando de ponerme a salvo. Tiré de la trenza de Asger. Él miró hacia arriba al mismo tiempo que levantaba sus manos hacia mí.


Tiré de él con todas mis fuerzas para ponerlo a salvo.


—¡Te tengo! —Dije y lo abracé—Tranquilo, Asger. Te tengo. No te dejaré caer.


Mi amigo se aferró a mí a sabiendas de que si se caía se enfrentaría a una muerte más que segura. Ya fuera por la altura hasta la que habíamos subido abrazados o por las coces y cornadas que le podría asestar el furioso alce.


Asger se acomodó detrás de mí en la rama, a unos seis metros y medio del suelo, como si montara a caballo.


—Usa tu cuerno—le pedí a tiempo que yo calculaba mi siguiente movimiento.


El característico sonido del cuerno de Asger se abrió paso por encima de los furioso balidos del alce haciendo que se distrajera lo suficiente.


Ni me lo pensé cuando me dejé caer de la rama empuñando el cuchillo de caza de unos treinta centímetros.


El potente gruñido que soltó, herido de muerte, restalló por encima de los sonidos del bosque.


Entonces éste se quedó en silencio.


—¿Lo has matado? —Mi amigo sonó bastante asustado.


—Está muerto—afirmé hundiendo más el cuchillo en el corazón que había dejado de latir.


Los hombres del clan que nos socorrieron se hicieron cargo del enorme alce cuando escuchamos el potente cuerno que anunciaba el regreso de la expedición.




—¡Espérame, Bestla! —Gritó Asger


—¡Date prisa! ¡El jarl Balder acaba de llegar con los guerreros! —Grité yo por encima del fuerte retumbar del cuerno del clan.


—¿Estáis bien? —Dijo Weth cuando se unió a nosotros mientras regresábamos al poblado. Sonaba preocupada—. No pensé que os fuera a perseguir. Creí que iría en otra dirección.


—Claro que sí, Weth "Lokidottir"—murmuró mi amigo sin que ella se enterara.


—¡No seas malo! —Gruñí entre dientes.


Asger y yo nos habíamos ido por la mañana temprano junto a mi prima mayor Weth y otros niños y jóvenes del clan a cazar para el invierno. Aquella labor siempre la llevaban a cabo los cazadores pero, éstos se habían ido con el jarl Balder Odinsson de viaje.


Asger y yo habíamos nacido el mismo día con un par de minutos de diferencia. Por lo que estábamos destinados, por las Nornas, a compartir nuestra vida en el futuro. Pero, nosotros nos veíamos solo como hermanos. Así que la idea de nuestra unión carnal no era muy del agrado de ninguno.


Mientras bajábamos por la ladera a toda carrera miré de reojo a mi prima Weth. Era muy guapa. Con una larga trenza del color del trigo maduro. Un rostro de porcelana con pequeñas pecas diseminadas. Tenía las piernas muy largas y esbeltas. Desde hacía un tiempo había comenzado a resultarle atractiva a los jóvenes y, no tan jóvenes, del clan.


Weth era la hija de mi tío Svern, hermano menor de mi padre, Olaff. Él y mi madre habían muerto cuando yo era muy pequeña. Mi tío Svern y mi tía Brunilda se hicieron cargo de mí. En su casa siempre fui una hija más. Ni Svern, ni Brunilda hacían distinciones entre Weth o yo. Ambas éramos sus niñas.


Asger era el hijo del jarl Balder Odinsson. El único superviviente de cinco hermanos y hermanas mayores. Aunque tenía muy buena relación con su padre, éste era estricto con su enseñanza y entrenamiento. Su madre murió cuando él tenía un año durante una de las incursiones de su padre. El jarl Balder nunca se volvió a casar.



Corríamos por la ladera nevada con el corazón bombeando con fuerza. El enorme cuerno retumbaba por los alrededores. Ya empezábamos a escuchar la algarabía con la que recibían a los recién llegados.


Weth fue la primera en cruzar las grandes puertas de madera maciza que delimitaban nuestro poblado. En el suelo se mezclaban el barro y la fina capa de nieve que se estaba derritiendo convirtiéndolo todo en un lodazal resbaladizo. Las casas, con altos techos a dos aguas, se disponían rodeando la inmensa casa comunal. El hogar de la vidente era la única que se encontraba aislada del resto.


El poblado contaba con todo tipo de comercio: pescadería, curtidores, herreros, alfareros, ebanistas, carniceros, taberna, telares, mozos de cuadra, artistas y skaldos (algo así como un bardo o un juglar).


Incluso teníamos un par de matronas o tres.



Todos se habían congregado en el muelle de madera mientras los enormes drakares maniobraban para atracar. Los aplausos y vítores eran ensorcedores. Balder, hijo de Odín, era un jarl muy querido y respetado.


Asger y yo estabámos junto a mi tía Brunilda y mi prima Weth buscando con la mirada a mi tío Svern. Éste apareció al poco rato con su sonrisa luminosa ayudando a colocar la rampa por la que el pasaje del drakar del jarl comenzó a descender.


Nuestros ojos se abrieron como platos al ver la enorme cantidad de cofres llenos con fantásticos tesoros. Traían también grandes rollos de pieles, armas y personas extrañas.


Con diez años apenas prestaba atención a algunos detalles, como por ejemplo, la presencia de aquellas extrañas personas. Los hombres me parecieron más bajos que el jarl o mi padre pero, es que ellos eran muy altos. Las mujeres eran menudas y sin apenas músculos. No parecían hechas para la lucha.


Weth, Asger y yo nos unimos al resto del clan en el amplio salón de la casa comunal para los festejos por el regreso de nuestro jarl y la expedición al completo.


Era la primera vez que ocurría algo así. Los mayores se lo tomaron como una bendición de los dioses. Thor, dios del trueno y la fuerza, los había cuidado durante el viaje.



El papel del gran Thor no se limitaba solo a los trueno. De él dependían el clima, las cosechas, la justicia, la protección, los viajes y, como no, las batallas. Thor era la puerta de entrada a las consagraciones.


Si Thor estaba de muy buen humor las expediciones eran, como en este caso, todo un éxito.



—Mi dulce Bestla—dijo mi tío y me alzó en sus poderosos brazos.


Yo me aferré a su fuerte cuello y hundí la cara en éste. Su poblada barba me hizo muchas cosquillas.


—Recé todos los días al buen dios Thor y al Padre de Todo para que cuidaran de ti y del jarl Balder, padre.


—Ya sabes que Odín, el Padre de Todo no va a abandonar a su hijo más amado—me recordó—. Así que todos los que estemos cerca de él, cuidándolo, gozamos de su máximo favor.


En nuestra cultura, Balder fue hijo, ilegítimo, de Odín (el Padre de Todo). Según las antiguas historias fue el más amado. Tanto que, incluso, bajó a buscarlo al mismísimo Nifleihm, el reino de los muertos, porque no aceptaba su pérdida. Balder es considerado el dios de la luz y la verdad.


Como ya os habré contado Svern era mi tío pero, yo lo amaba como a mi propio padre. De ahí que lo llamara de ese modo.


—Me han contado una cosita—afirmó con una sonrisa orgullosa a tiempo que me ponía en el suelo junto a Asger—. En realidad tiene que ver con los dos...


—Bestla mató al alce—le cortó mi amigo con enfado–. Weth...


—Tuve mucha suerte—le interrumpí con nerviosismo—. La verdad es que...


—Estoy orgulloso de los dos—remató él con su gran sonrisa tan parecida a la de mi padre—. Id a jugar y no os metáis en líos—se despidió con la atención puesta en mi madre, Brunilda.



—Me parece que hoy me toca dormir en la casa comunal—bufé al verlos tan acaramelados.


—¿Por qué no le contaste que fue obra de "Lokidottir"?


—¿De verdad quieres que lo preocupe con esa tontería después de volver, con tu padre, de un extrañamente, bienaventurado viaje?


—A decir verdad, no. No me gustaría que Loki pudiera burlar a Thor para el siguiente—confesó arrepentido.


Asger solía llamar a Weth "Lokidottir" (hija de Loki) porque en ocasiones hacía jugarretas que te hacían recordarlo.


—Sin embargo—volvió a hablar—. No lo podemos dejar así. Es...


—Lo sé, Loki es el dios del fraude y del engaño. Pero, no siempre fue así—rebatí—. Gracias a él Thor consiguió su martillo mágico, el Mjölnir. De no haber sido por él, Odín no habría conseguido a Sleipnir, su caballo de ocho patas.


—Se dice que él será el responsable del Ragnarök—se empecinó—. Ella será tu...


—¿Vas a saludar a tu padre o seguirás gimoteando como un bebé? —Le corté en voz alta provocando que muchos de los adultos que estaban cerca estallaran en carcajadas.


Asger me sacó el dedo corazón mientras caminaba hacia el enorme trono de madera donde su padre iba recibiendo a quienes se acercaban a saludarlo y a felicitarlo por la buena ventura de la expedición.






—Shhh. No pasa nada. Soy yo, pequeños—susurró el jarl Balder con su profunda voz de trueno mientras cargaba con Asger y conmigo—. Vuestros ancestros están muy orgullosos de vosotros. Casi os habéis acabado entre los dos el cuerno de hidromiel. Vamos. A dormir.


Sentí cómo nos depositaba con mucho cuidado en la gran cama de Asger y nos cubría con las pesadas mantas de piel.


—Dormid, pequeños. La diosa Bestla, madre de Odín, vela por vosotros.




—Asger—lo llamé mucho más tarde entre susurros—. Acompáñame. Tengo que ir a mear y no quiero ir sola.


Mi amigo masculló unas palabras ininteligibles, se dio la vuelta y siguió roncando. Gruñí y le di un codazo justo antes de levantarme.


Salí armada con mi daga. No es que corriera peligro por alguno del clan. Era por las personas extrañas que había traído el jarl.


Me detuve justo debajo del dintel que daba acceso a la habitación de Asger. Estaba escuchando unos sonidos que reconocía a la perfección.


Eran de alguien teniendo sexo.


Asomé la cabeza.


Desde mi posición vi al jarl Balder. Estaba desnudo de cintura para arriba exhibiendo sus férreos músculos cubiertos por los tatuajes tribales y de los dioses. Se movía con seca brusquedad gruñendo y bufando. La persona que tenía sexo con él me daba la espalda. Estaba sentada a la cabecera de la enorme mesa comunal, en el lugar en donde solía posicionarse el jarl durante las comidas. Ella estaba desnuda de cintura para arriba y su falda parecía estar levantada.



Iba a salir a buscar un sitio para orinar cuando un destello llamó mi atención. Corrí a toda prisa con un único pensamiento en mente: salvar a mi amado jarl.


—¿¡Qué coño haces levantada, Bestla!?


Antes de responderle siquiera hundí la hoja de mi daga en la espalda de la mujer de largos cabellos negros. Ésta gritó de sorpresa y dolor dejando caer el arma con la que pretendía matar a Balder Odinsson.


Él me miró estupefacto. Reaccionó deprisa apresando a su atacante con su enorme cuerpo contra la mesa comunal.


—No grites—me pidió con la situación controlada. Sacó mi daga del pulmón de la mujer y mirándola a los ojos se la hundió en el corazón—. Puta–dijo y la escupió en la cara en clara señal de desdén—. Date la vuelta—me pidió entonces—. ¿Se puede saber a qué le debo la fortuna de que salvaras mi vida, pequeña? —Habló agachándose.


—Tengo que mear... No me aguanto.


Él sonrió y cogió mi mano. Ambas resbalaban por la sangre de la malograda asesina.


—Deshaceos de la desgraciada que está tirada en el suelo junto a mi sitio en la mesa comunal. Me intentó matar—avisó a los que se encontraban de guardia—. La pequeña Bestla Olafddøtir me ha salvado la vida—dijo con orgullo—. Mañana comenzaré a entrenarte como escudera—aseguró con amplia sonrisa—. Vamos antes de que...


—Lo siento—dije notando el calor de la orina bajando por mis piernas.

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Compelling Plot

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