Promesa de navidad

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Summary

Elizabeth es una mujer que está pasando un divorcio, no puede tener hijos y decide dedicarse a dar amor a niños de orfanatos. Allí conoce a Bartazar quien le hace una promesa de amor.

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

1.

—Elizabeth, muévete que vamos a llegar tarde. —grita desde la puerta principal Cesar, su esposo.

—Ya voy amor. —contesta desde la segunda planta de la casa donde se está poniendo sus zapatos. —baja casi corriendo para montar rápido en el auto de su esposo. Apenas es febrero pero es el picó de la temporada fría en Nueva York.

—Por poco no llegas. —escupe algo malhumorado, no le interesaba llegar tarde. Él cómo gerente de personal tenía que dar el ejemplo y llegar temprano.

—No exageres, amor. Aún falta una hora y estamos a quince minutos de la fábrica.—comenta la mujer de 27 años que trabaja como obrera en el mismo lugar. Allí se conocieron y desde entonces no se han separado.

—Eso lo dices porque no tienes mis responsabilidades. —Elizabeth siente que el tono que usa no es el usual.

—¿Te molesta algo? ¿El dueño te dijo algo? —pregunta tratando de descubrir qué le pasa a su esposo.

—Nada de eso, no te metas en las cosas que no te importan. Por cierto, ¿te hiciste la puebla de embarazo? —pregunta y esta baja la mirada triste.

—Aun nada. —susurra con un taco en la garganta.

—Llevamos cinco años de casados y aún nada, quiero tener hijos, entiendelo, meteremos en la mente, sea contigo o con quien sea, quiero descendencia, si me amaras ya hubieras quedado embarazada para complacerme. —grita furioso haciendo que las lágrimas de Elizabeth bajen por sus mejillas.

—Yo te amo, pero no tengo el control. —sugiere y este detiene el auto.

—Deberías tenerlo, porque yo quiero tener hijos y si no me los das ve pensando en el divorcio. —escupe antes de bajarse del auto para entrar a la fábrica donde trabajan. Elizabeth lo ve entrar sin mirar atrás. Siente cómo su corazón se rompe una vez más. Desde hace meses está con el mismo cuento, no quiere ir al médico, solo quiere que ella haga el milagro de quedar embarazada y aunque lo ha intentado no ha podido. Suspiro y limpio sus mejillas antes de bajar del auto. Entró a la fábrica y fue directo hacia su armario para poner sus cosas e ir a la cafetería donde la esperaba su compañera Greisha.

—¿Lo hizo otra vez? —pregunta su amiga. Elizabeth mira a todos lados y hace un gesto a su amiga para que se calle.

—No digas nada, ya sabes que tiene ojos y oídos en toda la fábrica. —susurra Elizabeth para que su amiga no comience con la letanía.

—Es que lo que me dan deseos es de matarlo, pero allá tu amiga. Sabes que para lo que decidas yo te voy a apoyar. —Elizabeth sonrió y asintió.

—Gracias.

Las horas pasaron y el trabajo no era muy pesado pero si había que hacer algo de fuerzas cuando llegaban cajas pesadas que tenían que pasar de un lado al otro. A la hora del almuerzo se percató de que había dejado su lonchera dentro del auto y decidió subir hasta la oficina de su esposo. El elevador abrió sus puertas y caminó hasta la oficina de su esposo. Le extrañó que su nueva secretaria no estuviera en su lugar por lo que procedió a abrir un poco la puerta escuchando los gemidos que salían de allí.

—Oh si, que rico la chupas. —gime el hombre con sus ojos cerrados—. Eres la mejor chupando pollas. —susurra tomando la cabeza de la mujer para follar su boca. Elizabeth abrió un poco más la puerta. Sabía que era una tortura pero tenía que tener pruebas de su infidelidad así que comenzó a grabarlo todo. Su esposo estaba de costado y no la veía pero ella veía perfectamente todo lo que hacían. Era una peli porno. Su secretaria sonrió al darse cuenta de su presencia más no lo alertó. En cambio abrió más sus piernas para que este llegara más profundo y agudizar sus penetraciones.

—Eres malditamente rica, te la voy a echar adentro, quiero ver como corre mi leche por tus muslos. —Elizabeth no podía dar crédito a lo que escuchaba, ese no era su esposo. Si el con ella era sexual, pero no llegaba a las vulgaridades que le decía a su secretaria. Volteo a la joven poniendo sus pechos sobre su escritorio y comenzó a embestir desde atrás escurriendo todo su simiente en ella. Sonrió al ver como esta se corría expulsando todo lo que él le había echado.

—Eres un maldito cerdo. —grita al fin teniendo todo guardado en su celular. Cesar abrió grandes sus ojos.

—¡Elizabeth! —dice saliendo de su secretaria para ir tras su esposa.

—Te odio, nunca más vuelvas a tocarme, quiero el divorcio.