CAMILLE
Las nubes oscuras amenazaban la pureza del cielo azul aquella tarde de otoño, como de costumbre Camille salió a caminar por las calles de aquel viejo pueblo escondido en algún lugar de París, las calles rurales las fuentes simples, las personas, simples, nada ocurría ahí, todo era monótono, desde la mujer que iba por el pan a las cuatro y cuarto, hasta el pescador qué se sentaba junto a la fuente a contemplar el atardecer, Camille podría hacer una pintura del pueblo completo con cada uno de los habitantes haciendo lo que estarían haciendo exactamente en ese momento del día, monotonía total, qué aburrido. Como era costumbre, Beatriz lo estaba esperando afuera de la biblioteca, es que hasta Camille se había vuelto monótono, cada tarde iba y leía un poco para inspirarse y así crear nuevas pinturas.
—Buenas tardes, Camille - Soltó Beatriz alzando un viejo abanico frente a ella para desviar la atención del chico a sus ojos coquetos.
—Señorita Beatriz - Dijo Camille asintiendo con la cabeza.
Un grito se escuchó a lo lejos, un hombre corría a toda prisa gritando sin parar —¡LA HE VISTO! —Camille lo vio acercándose, el hombre tropezó y calló frente a él —la he visto —murmuraba el hombre, Camille le ayudó a levantarse y le cuestionó qué era lo que había visto —He visto a la bestia de los Grim–la gente al rededor hizo el mismo gesto de sorpresa, algunas mujeres cubrieron sus bocas al escuchar al hombre.
—Llegue al viejo camino de piedra, y a lo lejos podía escuchar una melodía, parecía ser la de un violín —Contó el hombre mientras la gente se acumulaba al rededor de él - creí que estaba por entrar a un pueblo, pero a lo lejos vi una casa enorme, parecía un viejo castillo, me acerqué para observarlo.
Beatriz se había aferrado al brazo izquierdo de Camille, incluso ella estaba de cierta forma asustada - ¿A qué se refiere ese hombre con lo de la bestia?— Le cuestionó Camille a Beatriz, la chica alzó la vista —Había olvidado que llegaste hace unos meses-dijo Beatriz mirando al hombre quien contaba como fue su encuentro con la bestia - Se supone que solo es un rumor o un cuento para asustar a los niños y que no vayan a la casona abandonada que está después del río, pero ya van varios hombres que vienen al pueblo diciendo que vieron a la bestia de los Grim, porque no le preguntas al señor Malziue, él sabe todo acerca de las historias del pueblo.
Camille asintió con media sonrisa en los labios y se desprendió del agarre de Beatriz —Nos vemos después Bea— se despidió Camille yendo a la vieja biblioteca, ahora tenía otra excusa para ir, la primera, buscar una historia que pudiera inspirar su nueva pintura, y la segunda, su curiosidad, Beatriz dijo que es un cuento para asustar a los niños, pero aquel hombre estaba pálido por el miedo, quizá un animal salvaje, pero eso no explicaría el violín que dijo escuchar el hombre, la intriga lo estaba consumiendo. Llegó a la biblioteca, el viejo señor Malziue estaba acomodando un par de libros en los estantes, su paso era lento, se apoyaba con un viejo bastón de madera que terminaba en la forma de un cráneo de ave —Buenas tardes, señor Malziue - Dijo Camille acercándose al hombre quien le devolvió el saludo y una sonrisa, el señor Malziue era el tipo de persona que parecía tener tanto que contar, tenía la pinta de un Papá Noel solo que más delgado, y un traje café en lugar de rojo y un par de lentes que bien podrían hacerlo pasar por un viejo búho
—¿cómo está hoy, Señor Malziue? - Preguntó Camille mirando los libros que habían llegado esa tarde.
—He estado mejor hijo, ¿qué libro vas a querer esta vez? - Cuestionó el hombre sentándose en un sillón polvoriento que hizo toser a Camille al momento.
—Me gustaría saber la historia de la bestia de los Grim, un hombre llego gritando hace un rato diciendo que había visto a la bestia, ¿sabe algo al respecto? - dijo camille aun buscando entre los estantes. El hombre abrió los ojos con sorpresa, pero no le extrañaba la petición del joven, dio un suspiro y se aclaró la garganta para empezar con su relato.
“Hace ya algunos años había una joven, su nombre Mery Grim”
Camille dejo de buscar y se acercó al hombre, sentándose en el suelo con las piernas cruzadas como si fuera un niño, y escuchó atento al hombre.
“La joven recién había cumplido veinte años, su padre le había organizado una gran fiesta en la vieja casona, a las afueras del pueblo, unas millas después del río, aunque todos los habitantes del pueblo le decían “el palacio”, todo el pueblo fue invitado, pues el padre de Mery era conocido por su bondad y su buen corazón, el hombre decía que sin el trabajo del pueblo “el palacio” jamás habría sido lo que era en aquel momento. La joven tenía cientos de pretendientes, y no era para menos, su blanca piel y rosadas mejillas, sus ojos negros y brillantes como una noche estrellada, su cabello oscuro y ondulado, sus bellos y delicados labios color carmín qué despertaban esas ganas de querer morderlos, le hacían destacar por encima de cualquier otra mujer.”Camille sacó una pequeña libreta y un lápiz, y comenzó a dibujar —¿Qué haces? - Le cuestionó el hombre – siga con el relato, solo quiero hacerme una idea de la chica de la que me está hablando - le dijo Camille sin apartar la vista del cuaderno, sus trazos eran finos y delicados, el hombre esbozo una sonrisa y siguió con la historia. “No solo era una joven bastante hermosa, era sumamente inteligente, tocaba el violín por las tardes a las afueras de su balcón, aprendió herbolaria y mil cosas más, durante la fiesta hubo varios jóvenes que querían ganarse el corazón de aquella doncella, cientos de chicos lo intentaron, pero hubo dos jóvenes que tienen mayor peso en nuestra historia, el primero un chico alto dos años mayor que Mery, su nombre, Gastón, un joven de cabello negro y bastante atlético, el chico había intentado impresionarla con actos de fuerza, pero esto no fue del agrado de Mery, amablemente como solía hacer siempre, rechazó al joven Gastón quien no se lo tomó bien y salió furioso de la velada haciendo énfasis en que regresaría por ella, la fiesta siguió con normalidad hasta que un joven en especial había despertado aquella “chispa” en ella, cuando sus ojos se encontraron, fue amor a primera vista, el joven Caleb, alto y fornido, de buen vestir, con ojos claros como el cielo, se acercó a ella con una bella rosa color carmín oscuro, al estar frente a Mery este la tomó de la mano y le dio un delicado beso en el dorso de la misma, gesto que hizo ruborizar a la chica, le entregó aquella rosa y esta la aceptó con gusto, acercándola a su nariz para que él aroma impregnara sus pulmones.
Todos en el pueblo miraron expectantes, un baile tras otro de los jóvenes enamorados.”
Un golpe en la puerta fue suficiente para interrumpir la historia del anciano, era su esposa quien iba a buscarlo, como cada tarde, para volver a casa juntos.
—Tendrás que esperar a mañana si quieres saber el resto de la historia - Le dijo el hombre a Camille quien bajó la cabeza, en señal de derrota, ahora tenía el doble de curiosidad, miro su reloj de bolsillo, casi las seis de la tarde se quedó pensando un momento y se dirigió al hombre.
—Vendré mañana - Dijo Camille poniéndose en pie y saliendo de la biblioteca, no sin antes darle un beso en la mejilla a la esposa del señor Malziue.
La imagen de aquella joven se había clavado en su mente, saco su libreta y observó el dibujo que había hecho momentos atrás, algo faltaba, ¿pero qué era?, se cuestionaba en sus adentros.
El insomnio carcomía la mente de Camille, apenas y podía cerrar los ojos, aunque siempre había tenido problemas para hacerlo, aquella noche en particular se sentía diferente. Se levantó y encendió la vieja lámpara de aceite que su madre le había regalado años atrás, tomó su caballete y colocó un lienzo en blanco, la paleta estaba lista, tomó un poco de pintura rojiza y se acercó a su lienzo, su mente estaba en blanco, estaba decidido a pintar a Mery, pero algo no estaba bien, algo dentro de él lo frenaba, frustrado dejo todo de lado, se quedó sentado en aquel viejo sillón con su libreta y volvió a mirar el dibujo que había hecho, algo estaba mal, las proporciones estaban bien, el cabello, los ojos, la boca, el rostro, todo estaba perfectamente bien, pero algo dentro de Camille le gritaba que algo faltaba, lo miro por un largo rato, hizo un par de mechones más en su cabello, un pequeño listón, aún faltaba algo, pero no podía descifrar que era, quizá tenía que terminar de escuchar aquel relato ¿Cómo es posible que no pueda hacer un retrato de la chica?, para él era sencillo, pero aquella noche algo lo frenaba jamás había visto una foto de ella, lo único que tenía en mente era aquella descripción qué había escuchado en la historia inconclusa, resignado volvió a la cama para intentar conciliar el sueño, tendría que ir por la tarde a la biblioteca para que el anciano Malziue le contara el resto de la historia.
La luz del sol se colaba entre los cristales de las ventanas tocando con suavidad la piel de Camille, la luz lo hizo despertar, al igual que cada mañana, se quedó sentado en la orilla de la cama, la cabeza le dolía, se sentía como un zombi ese día, se lavó la cara y se vistió, tomo su café de siempre con un poco de pan algo duro, no se sentía ahí, era como si su mente estuviera en otro lugar, terminó su comida, y salió para darle de comer al viejo caballo que le dejó su madre, un precioso Frisón de pelaje negro y brillante, Camille lo alimentó y le dio algo de agua, su rutina de todos los días, salió de su casa a comprar un par de medicinas para el dolor de cabeza. En el camino se volvió a cruzar con Beatriz, en cuanto divisó al joven no dudó en ir tras él.
—Buenos días, Camille - Dijo la chica tomándolo del brazo con fuerza mientras caminaba junto a él.
Camille hizo un gesto leve de incomodidad, pero no se resistió, pues esto también se había vuelto un hábito de Beatriz hacia él.
—Buenos días, Bea - respondió dando un largo suspiro.
—Entonces, ¿el señor Malziue te contó la historia de la bestia de los Grim.?
Camille le lanzó una mirada rápida a Beatriz, suspiro de forma pesada.
—¿Tú sabes algo acerca de esa leyenda? - Le cuestionó, deteniéndose y poniéndose frente a ella. La chica le dio una sonrisa juguetona - ¿Qué me darás si te digo lo que sé? - otra de las tretas de Beatriz - Ah - suspiro bajando la cabeza - ¿qué quieres a cambio? - Le cuestionó cruzándose dé brazos, Beatriz volvió a sonreír - Que me pidas ser tu esposa - Le dijo ella con una gran sonrisa, Camille la miro fijamente sin expresión y volvió a caminar esta vez con más prisa dejando atrás a Beatriz - Camille espera - Dijo ella yendo tras de él - Está bien, un beso - Dijo ya sin aliento, Camille se giró - ¿un beso? - pregunto él mirando con cierto disgusto a Beatriz, comenzaba a molestarse, no había dormido bien, cualquier cosa lo irritaría a lo grande - si, un beso - Camille la miro, suspiro hondo y acepto. — Primero dime que sabes, después tendrás tu beso. La chica soltó un pequeño chillido de emoción, Camille se encogió de hombros al escucharla, estaba seguro de que si su chillido hubiera sido más agudo solo los perros la habrían escuchado.
—Escuche que Caleb y Gastón se pelearon después de la fiesta, a Gastón le molesto ver a Mery con Caleb, el padre de Mery le dijo a Gastón qué se fuera, en ese momento fue cuando Gastón advirtió que regresaría por Mery, Caleb estaba herido, y se quedó uno o dos días en el palacio, pero Mery se veía diferente, como apagada, todos dicen que se sentía culpable por lo que pasó.
Beatriz terminó de hablar, Camille estaba intrigado - ¿Eso es todo? - Le cuestionó a Beatriz esperando a que dijera más - Es toda la información que poseo, ahora, que hay de mi beso Camille - le dijo con voz seductora acercándose a él, Camille dio un suspiro, tomo el mentón de Beatriz y lo elevó ligeramente, Beatriz sentía la respiración tibia de Camille sobre sus labios, la chica cerró los ojos, Camille la hizo voltear y le plantó el beso en la mejilla, enseguida la soltó, Beatriz lo miró molesta - Nunca dijiste que un beso en los labios, estamos a mano Bea.— Le dijo volviendo a caminar, la chica se quedó plantada ahí con su gesto de molestia, Camille compró lo que le hacía falta, miro su reloj de bolsillo, ya eran las cuatro y cuarto, era hora de ir con el viejo señor Malziue para despejar todas sus dudas.
Entro a la biblioteca, ya no fue directo a los estantes - ¿Señor Malziue? - Le llamó - Aquí estoy hijo - La voz del anciano resonó por detrás de uno de los estantes, el hombre venía caminando despacio acariciando su barba canosa - ¿Viniste a escuchar el resto de la historia? - pregunto yendo en dirección a su sillón polvoriento, Camille asintió con un poco de entusiasmo y media sonrisa en los labios. — ¿En qué nos quedamos ayer?— cuestionó el hombre mientras Camille buscaba una silla para sentarse con el - En el baile, pero Beatriz me ha contado que después de la fiesta Gastón y Caleb pelearon, y que luego de eso Mery cambió mucho - Le dijo frotando sus manos para calentarlas un poco.
—Entonces - Prosiguió el anciano - dos días después de aquel incidente Caleb se encontraba mejor, lo que Beatriz no te dijo, es que durante su pelea, Gastón empujó a Caleb quien se golpeó el hombro contra una piedra causando que su hueso se moviera de lugar, el padre de Mery tuvo que intervenir, exigiéndole a Gastón qué se fuera, Mery cambio totalmente, se había vuelto callada y sería, ya no quería convivir con nadie, todos en el pueblo notaban su ausencia, pues siempre iba a la plaza por las tardes a comprar flores o se le veía jugando con los niños, todos en el pueblo asumieron qué se sentía mal por lo que le había pasado a Caleb, pues la pelea empezó por ella, por ver quien era merecedor de su corazón. Caleb regresó a su hogar en el pueblo vecino, en cuanto Gastón se enteró de eso, no dudo en ir en busca de Mery, ella accedió a hablar con él, el padre de Mery los dejo a solas un rato a petición de su hija, unos instantes más tarde vio a Gastón sujetando con fuerza las manos de Mery mientras ella lloraba, el hombre se enfureció y terminó amenazando a Gastón para que nunca volviera a acercarse a ella, Gastón la miro mientras ella lloraba, y se fue del lugar sin más. Los días pasaron, ahora Caleb frecuentaba un poco más a la chica, aun así su personalidad vívida y alegre nunca regresó a ella, muchos dicen que cada vez que miraba a Caleb se recordaba a sí misma lo que había pasado esa noche, algunas veces el joven Caleb se quedaba en el palacio haciéndole compañía a Mery, intentando animarla diciéndole que no fue tan grabe lo que sucedió, y pronto la tragedia llegó al hogar de los Grim, el padre de Mery escucho los gritos de su hija a mitad de la noche, sin pensarlo dos veces tomó su rifle y fue directo a la habitación de su hija quien gritaba terriblemente, al llegar encontraría a su hija sobre el suelo en un charco de su propia sangre que brotaba más y más de su pecho, el hombre logró ver una sombra en la habitación, era Gastón, qué tenía un cuchillo en las manos, al ver al padre de Mery este saltó por el balcón en un intento de escape, provocando su muerte tras la gran caída que tuvo, se dice que Gastón había subido por la barda del palacio y subió usando algunas macetas de barro que adornaban las paredes con bellas flores para llegar hasta la habitación de Mery, y al huir este resbaló, muriendo en el intento, Caleb entró a la habitación, encontrándose al padre de Mery en el suelo llorando por su hija a quien abrazaba con fuerza mientras acariciaba su cabello, cuando Caleb se acercó hasta él, vio el rostro de la chica, ahora estaba desfigurado, tenía cientos de cortes por el rostro, le faltaba un pedazo de carne qué dejaba ver parte de su mandíbula, sus ojos habían dejado de brillar, ya no había alma dentro de ellos, Caleb quedo horrorizado ante esto, no pudo evitar soltar unas cuantas lágrimas por su amada, las noticias pronto llegaron al pueblo, todos lloraron la pérdida de la joven, su padre se sumergió en una profunda tristeza, su esposa murió cuando Mery nació, y no se volvió a casar, Mery era todo lo que tenía, y ahora lo había perdido todo, John Grim murió a los pocos meses, pues el dolor era demasiado intenso, y no se supo nada más sobre Caleb, el tiempo pasó, y el palacio fue olvidado.
El hombre terminó su relato, Camille estaba con los ojos bien abiertos, mordiéndose los dedos de forma compulsiva, imaginando cada detalle, se escuchó unos cuantos golpes en la puerta, era la esposa del señor Malziue, lista para ir con su marido a casa - Dígame la casona, ¿aún está en pie? - cuestionó Camille, el viejo asintió - Pero está escondida, el camino dejo de transitarse por miedo a “la bestia” - Dijo haciendo unas comillas con sus manos arrugadas - Se ve lúgubre y descuidado, pero esta después del río, muchos lugareños no se atreven a ir más haya del río y prefieren rodear aquel camino.
Camille sonrió ligeramente y salió de la biblioteca junto al señor Malziue - Tengo otra duda, ¿de dónde surgió el rumor de la bestia de los Grim? - pregunto Camille
— Un hombre, quizá algún ebrio, en una noche oscura caminaba por el sendero, cuando vio el palacio no dudo en entrar, saltó la barda y exploró un poco, hasta que por fin entró, encontró muchas cosas de valor, como no vio a nadie las tomó, hasta que la voz de una mujer lo sorprendió a sus espaldas, cuando el hombre volteó se encontró con una mujer cuyo rostro estaba cubierto con un cráneo de ternero a forma de máscara, el hombre se asustó y salió del lugar dejando todo lo que había tomado, llegó al pueblo diciendo que había visto a una mujer ternero, cuando le preguntaron en qué lugar la había visto, contó lo que ahora te cuento, todos se sorprendieron, pero estaban escépticos ante esto, pero esto siguió sucediendo, todos en el pueblo dicen que es el alma de Mery en busca de venganza por lo sucedido, y al ver su aspecto decidió ponerse aquel cráneo para ocultar las marcas en su rostro.
Terminó el señor Malziue dándole una sonrisa al joven, quien le dio las gracias por haberle contado la historia.
Camille regresó a casa, tomó su libreta y volvió a dibujar, esta vez el retrato sería diferente, ahora la imagen de Mery con aquel cráneo en su rostro estaba clavada en su mente, comenzó a dibujarla, hasta que terminó, la alejo para observarla, algo faltaba, Camille volvió a frustrarse, arrojó la libreta al suelo respirando fuertemente, era la primera vez que le pasaba, algo no estaba bien, comenzaba a desesperarse con el mismo, tomó sus medicinas, pues su cabeza había comenzado a doler y al poco rato se fue a la cama, «Quizás estoy cansado» pensó mirando al techo.