Prólogo
Eran aproximadamente las tres de la madrugada, Kazumi se encontraba durmiendo tranquilamente por la ausencia de sus padres en la casa, el silencio no duró mucho tiempo, la puerta de la entrada de la casa se escuchó abrirse de forma brusca y cerrada de la misma forma, se escuchaba desde su habitación los pasos torpes de sus padres recién llegados de aquel bar que frecuentaban.
Se escuchaban cosas cayendo al suelo y el cómo ellos se tropezaban contras las paredes para mantenerse en pie, ambos reían y murmuraban algunas cosas, Kazumi había despertado desde que la puerta se abrió así que solo cerró los ojos escuchando atentamente en caso de que sus padres llegaran a su habitación.
—¿Acaso esa mocosa no puede limpiar bien? Está hecho un chiquero la casa. —su madre habló con desprecio y arrastrando un poco las palabras por su estado de ebriedad.
—Da igual mujer, al menos nosotros no debemos hacerlo, mañana la regañamos por eso, ya estoy cansado.
A tropezones los dos se fueron a su habitación mientras la pequeña Kazumi suspiraba levemente sentándose en la cama viendo hacia la puerta con desilusión y tristeza en su mirada.
—Ojalá las cosas fueran como antes…
Susurró Kazumi para sí misma mirando unos minutos la puerta con pequeños temblores en su cuerpo y con la respiración levemente descontrolada esperando que no llegará ningún de sus padres a despertarla porque querían algo o simplemente para molestar su descanso molestandola de madrugada. Al asegurarse de que no entrarían respiró profundo de forma lenta para relajar tanto su respiración como sus temblores, se recostó en la cama abrazando su pequeño oso de peluche, único regalo que conservaba de su tío.
A la mañana siguiente Kazumi se despertó lentamente viendo por su ventana como los rayos de sol querían filtrarse por su cortina, se levantó abriendo la cortina viendo por la ventana el lindo clima que haría. Ordenó su cama para no recibir más tarde insultos de parte de sus padres por ese pequeño detalle, abrió la puerta asomándose levemente para verificar que sus padres aún dormían, encontrándose la puerta cerrada afirmando su sospecha dándole una gran sensación de paz.
Al salir habían varias cosas tiradas en el suelo por la llegada de sus padres, empezó a recoger todo lo que tiraron con cuidado, para su suerte no habían cristales ni nada filoso como para lastimarla, ese tipo de cosas las habían roto meses atrás.
Kazumi se fue a la cocina a preparar el desayuno, su madre solía hacerlo pero desde que empezó aquel vicio ella era la que se encargaba de todo al menos desde sus siete años cuando inició el infierno donde vivía. Después de preparar el desayuno llevó los platos de sus padres con mucho cuidado y sigilo a sus mesas de noche, regresó a la cocina para volver con dos cervezas para ellos saliendo con cuidado de la habitación regresando a la mesa para desayunar sola.
—Provecho… —se dijo a sí misma antes de comer cabizbaja— Sería mejor en familia…
Kazumi comía con una gran paz, estaba centrada en sus pensamientos hasta que escuchó los golpes de la puerta principal, eran golpes algo suaves a comparación a los de los cobradores, la pequeña se acercó a está tomando un banco para asomarse por la mirilla viendo sorprendida a la persona detrás de la puerta, bajó del banco quitandolo de la puerta abriendo esta rápidamente con notable emoción.
—¡Tío Hizashi! —lo miro con una gran sonrisa acercándose a abrazarlo.
—Hello my lady, ¿cómo se encuentra mi sobrina preferida? —él se agacho a su altura abrazándola alegre de verla después de casi dos años de ausencia.
—Estoy bien, pasa… Pero en silencio, mami y papi aún duermen y no quiero que se despierten, se enojaran mucho.
—Está bien, no te preocupes vamos.
La pequeña niña rubia tomó la mano de su tío entrando a la casa con cautela para evitar problemas con los padres de ella, pasaría por la sala observando un poco incomodo un pequeño desorden con algunas botellas en el suelo junto algunas cosas que normalmente irían en los muebles de la sala o cercanos, Kazumi notó la mirada incómoda de su tío así que juntó las botellas dejándolas en la caja que tenían para el vidrio volviendo rápidamente para juntar los demás pero Hizashi la detuvo sentándose en el sofá imitando ella su acción.
—No tienes que ordenar porque llegue descuida.
—Está bien, ¿por qué viniste a visitarnos? Hace dos años no te veía tio.
—Pues cierta señorita cumplió años hace poco y quería darle un regalo de mi parte. —de su chaqueta sacó una pequeña caja plateada adornada con un lazo azul.
—¿En serio? —lo miraba con ligera confusión— ¿Por qué un regalo?
—Porque fue tu cumpleaños princesa, normalmente se da un regalo a la cumpleañera, ¿tus papás te regalaron algo verdad?
—Papi dice que los regalos solo se les dan a las niñas que no son inútiles en casa…
—¿Qué? Que estupidez, ten es tuyo mi niña.
Hizashi le dio la cajita a su sobrina, ella miró el regalo por unos segundos antes de mirarlo seria, causando confusión en él.
—¿Puedo abrirlo ya? ¿O debe ser cuando te vayas?
—Puedes abrirlo, es tu regalo linda
Ella asintió abriendo su regalo dándole a entender a su tío que los regalos que le enviaba todos los años estarían en la basura o fueron vendidos por su no tan querido hermano. Kazumi al abrir la caja encontró un collar con aretes a juego plateados. el collar tenía un dije con la letra “K”, ella lo miró con una sonrisa en su rostro sin creer que eso era para ella pasando su mirada a su tío.
—¿Me ayudas a ponermelo?
—Claro mi princesa, a ver esto va…
Hizashi a como pudo le coloco el collar junto los aretes ya que no tenía gran experiencia colocando ese tipo de joyería a alguien, la niña no dejaba de ver el collar con una gran sonrisa y un pequeño brillo en sus ojos azules causando alegría al corazón de su tío al verla tan contenta con su regalo, ella miraba aún el collar hasta que escuchó unos pasos torpes a lo lejos tomando la mano de su tío para llevarlo al closet de la entrada para esconderlo.
—Oye oye ¿qué pasa? —siguió a la niña como ella quería sin entender lo que le pasaba.
—No se quien se despertó pero no les gusta que entre alguien sino dieron su permiso, ni siquiera tú, espera aquí.
La pequeña cerró la puerta del closet sin dejar hablar a su tío volviendo a la sala metiendo la caja bajo el sillón, también ocultó con su cabello los aretes y el collar bajo su camisa simulando que estaba recogiendo las cosas que sus papás tiraron ayer. La persona que llegó a la sala era su papá quejándose de su resaca debido al exceso de alcohol que tomó ayer por la noche, miró a su hija con desprecio acercándose a ella causando que ella un escalofrío en su cuerpo y que su respiración se agitará un poco, Kenji se agacho a su altura mirándola con esa expresión de siempre.
—Más te vale limpiar bien esta vez, tú mamá se quejo de como limpias, ¿acaso tampoco puedes hacer eso bien? —alzó su voz hablando cerca del oído de Kazumi.
—Y-yo limpié bien ayer, l-lo hice tres ve… —empezó a tartamudear tratando de explicar la situación hasta que su padre alzó su mano dándole una bofetada en la mejilla sin dejar que terminara la oración.
—¿Estás llamando a tú mamá mentirosa? La próxima limpia bien y deja de cuestionarnos, ¿entendiste maldita inutil?
—S-si papi… —alcanzó apenas a decir aguantando sus lágrimas para que no la golpeara nuevamente.
Su papá simplemente se fue recogiendo algo de la cocina para volver a su habitación sin decir más, por otro lado Hizashi estaba escondido en el closet aguantando sus ganas de salir a golpear a su hermano por haber lastimado a su sobrina, pero él sabía que si se metía en esa situación cuando se fuera de la casa sería peor para Kazumi, ella abrió el closet viendo con los ojos llorosos a su tío con su mejilla roja por el golpe, causándole gran dolor de verla de esa forma, se acerco a ella abrazándola.
—Mi niña, ¿eso siempre pasa? —se agacho para abrazarla.
—A veces… Me duele la cara… —escondió su rostro en el hombro de su tío dejando salir al fin las lágrimas que trataba de retener.
—Lo sé, a ver —la alejó de él para verle el rostro acariciando su mejilla— estarás bien, eres una niña muy fuerte.
Hizashi le dio un beso en su frente mientras acariciaba sus mejillas para darle consuelo, ella lo miró con una pequeña esperanza en sus ojos de que por lo menos a alguien le importaba su bienestar. Kazumi limpió sus lágrimas y su nariz goteante viéndolo con una pequeña sonrisa para tranquilizarlo ya que la situación no era solo dura para ella.
—Seré fuerte tío, no te preocupes.
—Esa es mi niña… Kazumi, vendré de nuevo pero me tardare un poco ¿si? Cuando vuelva estarás mejor, lo prometo.
—¿A qué te refieres con eso tio?
—Lo verás después, no te preocupes.
—Está bien, nos vemos otro día tío.
—Nos vemos princesa.
Él se fue sin decir nada cerrando la puerta suavemente para no hacer ruido y causarle más problemas a ella. Kazumi se dedicó todo el día a limpiar nuevamente la casa para evitar más regaños.
En la noche la pequeña ya había cumplido con lo que le pidieron, limpió, lavó e hizo la comida, ya los dos habían salido para ir a beber al bar de siempre dejando a la niña sola en casa como era costumbre.
Kazumi estaba acostada en su cama abrazando su oso de peluche y jugando con el collar en su cuello que le regalaron ese día, todavía pensaba en lo que había mencionado su tío de que se encontraría bien cuando el volviera, no comprendía a qué se refería pero no quería tener ilusiones de que ella podría estar bien o que podría cambiar la situación en la que se encontraba, no hizo mucha mente en el tema y se recostó lista para dormir antes de que llegaran sus padres de madrugada a molestarla o simplemente que la despertaran mientras tiraban cosas por la casa por su ebriedad como ayer en la noche.